NOSTALGIAS Y ANÉCDOTAS DEL ATLETIC CLUB BALOMPIÉ Y ÉCIJA FC.
REVISTA FERIA DE ECIJA – 1969
Autor: Domingo Nogueras Ostos

Atletic Club Balompie EcijaAgotada –son ya muchos los años de cantar a la feria- mi pobre inspiración ferial, agravado además, por el desuso literario que exige el trajinar diario, donde la materia ahoga el espíritu, vais a perdonarme –queridos paisanos- especialmente los jóvenes que me lean, que soslaye este año el tema de la Feria, para dedicar mi modesta prosa a evocar nostalgias, añoranzas y anécdotas, que me hagan volver a vivir, aquellos años de mi juventud deportiva, que se marcharon con su bagaje de alegrías, esperanzas e ilusiones, para no volver jamás. Pero antes voy a pedirles que me concedan un mínimo de comprensión, para que no confundan estos recuerdos con “ñoñeces o chocherias” de viejo decrepito o caduco, sino que sepan calibrar el valor sentimental que encierran; ya ellos, cuando como el que escribe, se hallen mas allá del paralelo cincuenta sabrán valorar también, el consuelo y el sedante que supone el rememorar horas, momentos y años, donde todo era eterna primavera y el ambiente que me rodeaba tenia un maravilloso color de rosas. Son mis deseos que estos recuerdos deportivos, sirvan de delicado homenaje a la vieja afición futbolística, que aun superviva, para hacerle refrescar emociones y euforias pasadas que vivimos juntos, y que hicieron vibrar nuestros nervios al unísono. Para aquella veterana afición, vaya todo mi agradecimiento que no he olvidado jamás.

Corría el año treinta cuando los de mi quinta contábamos veinte primaveras. Pero… abramos el álbum de mis recuerdos. Tenia, por entonces nuestra feria dos equipos estupendos con sus campos muy aceptables. ¿Recordáis aquel famoso “Stadium San Cristóbal”, donde el “Chico Alcázar” de medio centro, se agitaba todos los domingos, en un alarde de extraordinarias facultades?. Alcázar que alternaba la fabricación de sus famosas tortas con los despejes a media vuelta, fue el pilar y el sostén del viejo Atletic club Balompié, equipo netamente ecijano, todos trabajadores manuales a los que su afición le robaba el tiempo al descanso con el mayor desinterés. No muy lejos del San Cristóbal, en el reducido campo de Colón, tenia su sede el Écija F.C. el equipo de los “tirillas” como se les llamaba a los que nos poníamos corbatas, y en el, dominguito el portero, hacia alardes de vista, colocación y estilo, solo oscurecida su fama por la “leyenda negra” del “miedo” que se le atribuía, según el decir popular, que no era tal miedo, sino “precaución”, os lo puedo jurar. Tengo ante mi una foto de ambos equipos. Eran los blanco y verde: Los hermanos García, Alcázar, Luichi, loli, Domi, Chani, Quiqui, Ferrero, Perico, Tomás y Gabella y los rojos del Écija: Dominguito, Barrios, los hermanos Real, Vito, el gran Mesa con sus espectaculares galopadas, Hornero, Almansa, los hermanos Gómez e Osuna que nos reforzaban a veces y el popularísimo y veloz “Sietepelos”. Pido perdón, si alguno se quedo olvidado involuntariamente en la punta del bolígrafo. Y que pena da al pensar que, muchos de ambos equipos, nos dejaron para siempre, segados por la guadaña implacable del destino, que no perdona. Para ellos, vaya mi oración y mis emocionados recuerdos.

Todos los domingos en uno u otro campo, mordían el polvo de la derrota los equipos mas gallitos: el “Nervion, Triaca, Recreativo Águila, Triana, Calavera, Coria, Pontanense, Morón, Osuna, Relámpago de la Puebla, Nacional y Electromecánica de Córdoba, lista esta interminable de éxitos que llenaron de copas, banderines y trofeos, las vitrinas de nuestros clubs, sin necesidad de masajes, concentraciones, ni primas, solo con acicate o linimento, una gaseosa de quince céntimos, entre los dos tiempos, y una botella de vino peleón con caracoles, al terminar los encuentros, pagado por nosotros mismos por el sistema equitativo de riguroso “escote”.

Pero lo que resultaba algo emocionante, que a veces traspasaba los limites de la sensatez, era la rivalidad existente entre los dos equipos locales. ¡ Que partidos aquellos entre los Ecijanos del Écija y los del Atletic!. A veces tenia que intervenir la fuerza publica par frenar los exaltados ánimos. Recuerdo una feria en que les vencimos en su campo, por uno a cero, tras un accidentado partido. Salimos escoltados entre las iras de los partidarios atléticos, que en las bocacalles próximas al campo, nos esperaron para obsequiarnos con toda clase de insultantes piropos. En la calle Salto, llevado por la curiosidad, se me ocurrió sacar la cabeza, del coche de los hermanos Greppi que nos llevaba, para ver lo que sucedía. De pronto me dieron una tremenda bofetaza, al mismo tiempo que decía una voz femenina: “ustedes habrán ganado, pero esta no te la quita nadie”. Volví la cara y me eché a reír –manos blancas no ofenden- era la novia del Quiqui, medio izquierda rival, que desahogaba así su momentánea ira. Cuando se lo conté después al Quiqui, pues me unía a el una gran amistad, nos reímos largamente. Ahora me explico, cuando han pasado cerca de cuarenta años, y el fútbol en los pueblos se ha materializado, perdiendo todo su sabor localista, por carencia de jugadores y exceso de interés económico, el por qué, se ha convertido en simple espectáculo, que apenas interesa a una minoría, un deporte que antes se alimentaba y vivía de la pasión, de la rivalidad, que encendían hasta los ánimos de los aficionados mas refractarios.

En mi juventud el veneno de la afición nos llevaba a limites insospechados. ¿Recuerdas amigo Mesa, aquella celebre madrugada, que en complicidad con el inolvidable José Luis Sanjuán, cometimos el gran pecado deportivo de “robar”, esta es la palabra y no la atenúo ni un ápice de culpabilidad, un costero del almacén de su padre, para fabricar la primera portería de nuestro Écija, y que después conducíamos a hombros hasta los llanos del Valle, cada vez que entrenábamos, sin entrenador?.

Voy a terminar, pues no quiero cansaros mas, pero permitidme que finalice estos premiosos renglones, con una anécdota que no me resisto a silenciar, pues la estimo simpática y bastante aleccionadora, en estos tiempos de desorbitados fichajes que vivimos.

El Écija F.C. tenia su sede social en una pequeña habitación, situada en el patio trasero del abasto del viejo Teatro Sanjuán, cedido gratuitamente por mi padre (q.e.p.d) cuando él, llevaba en arrendamiento el bar del citado Coliseo. Todas las noches los “forófogos” del Atletic iban a meterse con nosotros, no precisamente para dirigirnos elogios, y aquellas provocaciones terminaban siempre en terribles “pedreas” en la estrecha calle Comedias. Una noche la coso llego a mayores, pues en su intento de asaltar el local y el repelerlo por nuestra parte, dejo como saldo de refriega, una vez colmados los ánimos, un cristal roto de veinticinco por quince y una silla desvencijada. Estos ataques nocturnos indignaba al buenazo de mi padre –que de fútbol no entendía ni palabra, no así de comercio- y que si nos cedió el local fue solo por complacerme. Pero he aquí un día el Écija desapareció definitivamente y el portero Dominguito quedo sin colocación. A los del Atletic le interesaban mis servicios, y así me lo manifestaron, pero quien era el guapo que convencía a mi padre para que me diese permiso para jugar con ellos, después de que sus hinchas habían roto un cristal y malparado una silla. Mi enorme afición por jugar, me dio valor para afrontar la trágica situación. Tras varios intentos para vencer su resistencia conseguí que accediese a recibir a la Directiva del Atletic, que entonces la presidía el pequeño Briones. Al principio y una vez que mi padre hubo desahogado educadamente su ira, las negociaciones entraron por buenos derroteros. Después de cuatro horas de acalorada discusión, al filo de las dos de la madrugada, dijo mi padre: Dominguito, toma papel y pluma y escribe. Y textualmente me dictó lo siguiente: “Autorizo a mi hijo para que juegue con el Atletic Club Balompié, a condición de que su Directiva se comprometa bajo firma, a poner el cristal roto y a reparar la silla deteriorada”. De esta forma fue saldado y rubricado el armisticio. En total importo mi ficha: una peseta con veinticinco céntimos de cristal y dos pesetas sesenta y cinco céntimos de la reparación de la silla, Cuatro Pesetas.

No me negareis queridos lectores que esta fichaje, único en su especie, no resulto muy lucrativo, pero si muy original y con mucho salero. Y hasta ahora, que yo sepa, no ha habido quien mejore, su “exorbitante” cuantía.