CASOS, COSAS Y CURIOSIDADES ECIJA
POR D. ANTONIO SIRIA GONZÁLEZ- 1995

LA VIRGEN DEL VALLE “Protectora de Andalucía”

Virgen del Valle EcijaEs la imagen mas antigua de las existentes en Écija y la que goza de más veneración. Según la tradición, fue obra de San Lucas el Evangelista, quien ejerció de médico, aunque también, se dedicó a la pintura y a la escultura.

Cuenta la leyenda que en ocasión de que el Obispo de Sevilla, San Leandro, fue enviado por su sobrino San Hermenegildo a la Ciudad de Constantinopla, a fin de que intercediera por su causa, ante el emperador Tiberio Augusto, en la lucha que mantenía con su padre el Rey Leovigildo, San Leandro entabló una gran amistad con San Gregorio, legado del Papa Pelagio en dicha capital. Fruto de esa amistad, fue regalo que San Gregorio( que después sería Papa con el nombre de San Gregorio “El Grande”), hizo a San Leandro antes de volver a España. Este regalo consistió en una imagen de la Virgen María. Ya en España, San Leandro donó dicha imagen mariana a su hermano San Fulgencio que por aquellas fecha era Obispo de Écija, y éste a su vez se la obsequió, a su también hermana Santa Florentina, monja Superiora de un Convento que se hallaba a media legua de la antigua Astigi. La imagen, pronto adquirió gran veneración, no solo en nuestra ciudad, sino en toda la comarca, comenzándole a llamar VIRGEN DEL VALLE.

Durante su ocupación sarracena, estuvo oculta ante el temor de ser destruida, sin que se sepa la fecha en que de nuevo es expuesta a los fieles.

Curiosa es, aunque no tiene base histórica, la leyenda que cuenta, que en ocasión de que el Conde de Palma, perseguía una paloma que había herido cuando cazaba, el animal se introdujo en un agujero de los muchos que existían en las antigua paredes del ruinoso monasterio del Valle, fundado por Santa Florentina. El Conde metió la mano por el mechinal, dejando caer varios ladrillos, quedando al descubierto un hueco entre las paredes, en el que se encontraba la imagen de la Virgen.

Cierto o nó este hecho, sí fue, el Conde de Palma, el que a sus expensas restaura el antiguo Convento del Valle y obtiene licencia del Papa Inocencio VIII en el mes de octubre de 1486, para que en el recién restaurado convento, se instale la Orden de los Jerónimos, quién mantuvo la devoción a la Virgen, con tanto fervor que algunos autores religiosos incluso la denominan “PROTECTORA DE LA PRONVINCIA DE ANDALUCÍA”.

En numerosas ocasiones fue procesionada desde el Convento a la ciudad, como ocurriera el 4 de abril de 1750, en el que se le traslada a la Iglesia de Santa Cruz. En dicha ocasión lucía un bellísimo vestido de tela de oro sobre campo de esmeralda, donación de Dª María Francisca de Henestrosa, Marquesa de Peñaflor.

Abandonado el Convento por los frailes jerónimos y ofreciendo peligro de derrumbamiento, se forma una Comisión y un curioso expediente de nuestro Ayuntamiento, para tratar el traslado de la Virgen a la ciudad, resolviéndose a finales de Diciembre de 1820 que interinamente se instalara en la Iglesia de San Gil y por último en el año 1835, se traslada definitivamente a la iglesia Mayor de Santa Cruz, donde permanece hasta el día de hoy. Según estudios recientes, la imagen data de finales del siglo XIII o principios del siglo XIV. Mide 0,90 ctms. Y es de madera policromada. El paso del tiempo y el material empleado para fijar sus vestidos y sus joyas, han hecho que hoy, se encuentre muy deteriorada, sobre todo su rostro.

La Hermandad que desde hace años, cuida, conserva y propaga su cultos y veneración, en 1972 estrenó un precioso paso de plata de ley de mas de 190 Kilogramos de peso, realizado en los talleres del maestro Villarreal. En 1994 se llevan a cabo trabajos de restauración por artistas sevillanos en la imagen, muy deteriorada, trabajos que se realizan en el Monasterio de las Felipensas. Se retira del culto y de la iglesia el 17 de abril y vuelve el 2 de julio, siendo expuesta al público. El día 17 de julio de 1994, tras la feliz y acertada restauración es entronizada de nuevo en su camerino.

Sin existir documento alguno que lo acredite, desde tiempos remotísimos la Santísima Virgen del Valle, es venerada como PATRONA DE ÉCIJA.

LAS FERIAS ECIJANAS

Feria Ganado del Valle EcijaEntre otros muchos privilegios con que cuenta Écija, y quizás uno de las mas antiguo, es el de poder celebrar sus ferias y fiestas.

El primero de estos privilegios, lo concede el Rey Alfonso X “El Sabio”, con fecha de 29 de enero de 1.274, autorizando celebrar nuestra Ciudad feria “Cada año, ocho días antes de Cuaresma Maior, mediada y ocho después”.

Posteriormente el Rey Alfonso XI, por otro privilegio, ordena trasladar dicha feria a “Quince días andados del mes de Maio”. Al ser creadas las ferias de Córdoba y de otras poblaciones cercanas, Écija recurre al Rey Enrique III “El Doliente”, para que nos trasladara la feria, al mes de septiembre, y este Rey, por carta de fecha 17 de enero de 1.394 concede tal petición, fijando que la feria se celebre cada año, desde el día 15 de Septiembre a final de mes.

La feria de septiembre, cayó en desuso durante años, hasta que se restituye y con gran esplendor el año 1.611, formalizando el antiguo privilegio, el Rey Felipe IV, por mandato de 8 de septiembre de 1.652, comenzándosele a llamar “Feria de San Mateo”, por conmemorarse la festividad de este Santo, el primer día de feria, o sea el 21 de septiembre, facultándose por este último privilegio el celebrar 16 días de feria y no más. Como dato curioso señalaremos, que según consta, Écija tuvo que abonar por gastos en los trámites del expediente de concesión, le respetable suma de 30.000 reales a la Corona, suma que fue pagada en dos años. Durante siglos, la feria de Septiembre ecijana, tuvo gran esplendor y animación, siendo la más famosa no sólo en la comarca, sino también en gran parte de Andalucía, acudiendo personal de pueblos y ciudades que inundaban casas de hospedajes, y toda clase de establecimientos, sobre todo labradores, ganaderos y comerciantes de toda índole realizándose múltiples transacciones.

Para curiosidad de nuevas generaciones y para recuerdo de mayores, recojo en síntesis el bando del Sr. Alcalde D, Fernando Encinas y Jordán de fecha 13 de septiembre de 1.912, con motivo de las próximas ferias. En él se ordenaba: Que toda clase de ganado, se instalará en terrenos del Humilladero y del Valle.

Los ajos y cebollas en equina de c/. Hospital con el Postigo del Ex-Convento de Capuchinos.

Los capachos desde Capuchinos a Puerta Cerrada.

El mercado de maderas, desde Puerta Cerrada a los Remedios y parte ancha de C/. Carreras.

El esparto, menudo y zarandas y demás artículos en c/ Carreras, cerca del Arco de Sevilla.

El Cobre, hojalatería, metales, pieles, jergas y tejidos en parte ancha de c/. General Azcárraga, o sea en calle Ancha.

Desde la c/ Arroyo al Matadero, se instalarán, el cristal, cuadros, porcelanas, lozas, estamperias, tinajas, ladrillos, cazuelas, ollas y demás productos alfareros.

La recién desaparecida feria de Mayo, fue de creación mas reciente, pues lo fue, por sesión del Excmo. Ayuntamiento de fecha 14 de febrero de 1.880, bajo la presidencia del Alcalde D. Juan de Angulo y Wals, acordándose celebrar dicha feria los días, 3, 4 y 5 de Mayo, concretamente para ganado, destinando el Cabildo para tal fin los terrenos del Valle. Al principio comenzó a llamársele la Feria de la Cruz y a ella acudían muchísimas personas forasteras con toda clase de ganado y animales para la labor del campo. En esta feria y durante muchos años, los carteles de toros, ofrecían la presencia de las más importantes figuras del momento. Con la mecanización del campo y la desaparición de animales para faenas agrícola y transportes, la feria perdió brillantez, en cuanto a su idea originaria, pero no en su carácter festivo. La Corporación Municipal el pasado año de 1.990, acordó hacerla desaparecer, para dar mayor esplendor a la de Septiembre y sustituirla por una serie de actividades culturales y recreativas, siendo por tanto la Feria de Mayo del año 1.989, la última de las celebradas.

LOS TITULOS DE ECIJA

No sólo por su presencia, sino por su activa participación en hechos históricos a través de los tiempos, Écija ha ido recibiendo como agradecimiento a tal labor y premio, los siguientes títulos:

COLONIA AUGUSTA FIRMA. Concedido por el emperador romano Octavio Augusto.

CIUDAD. Concedido al final de la denominación romana, conservando durante la época visigoda, lo perdió al ser invadida por los árabes. Oficialmente se recobra tal título a los 691 años, al concederlo de nuevo D. Enrique III el día 31 de marzo de 1402.

MUY NOBLE. No se ha podido concretar la fecha en que fue concedido tal título, ni la causa que motivara tal privilegio, título que la Ciudad venía obstentando en toda la Edad Media.

MUY LEAL. Concedido por el emperador Carlos I, en agradecimiento por la actitud que sostuvo nuestra Ciudad en el levantamiento de las Alpujarras y la ayuda prestada para ser sofocado. Asimismo en reconocimiento por la postura que Écija mantuvo a favor del Rey en la lucha frente al movimiento de Los Comuneros. Tal postura fue valientemente defendida ante la nobleza andaluza reunida en la Rambla, por el ecijano D. Juan de Henestrosa “El Santo”.

SEÑORIA. Por documento firmado por el rey Felipe IV, el que junto a tal título, concedió también el privilegio de usar dosel y cuadro de María Inmaculada en el Salón de Cabildo del Ayuntamiento.

CONSTANTE, INVICTA Y FIDELISIMA. Fue otorgado el día 8 de septiembre de 1.710 por el Rey Felipe V, en virtud de los muchos merecimientos que Écija había almacenado a través de la Historia en favor de España.

EXCELENCIA. Le es reconocido en el año 1.880 por el Rey Alfonso XII.

CONJUNTO HISTORICO ARTÍSTICO. Dado el conjunto monumental de la Ciudad, exponente vivo del valor histórico y artístico, su Excelencia el General Franco, concede tal título por Decreto de 16 de junio de 1.966.

GARCILASO

Fachada Palacio de Garcilaso EcijaTodos los ecijanos conocen la calle Garcilaso y la mayoría creen, que se denomina así, en memoria del célebre poeta castellano. No es cierto.

Sabido es la visita de los Reyes Católicos, hicieron a Écija, cuando preparaban la campaña que tendría por objeto la reconquista de Granada. Por dichas fechas vivía en Écija, un caballero de apellido GARCILASO, nacido en nuestra ciudad, quién con sus hombres y parte de su hacienda colaboró en tal proeza, acudiendo al campamento de Santa Fé. Intervino en cuantas escaramuzas precedieron la toma de la ciudad granadina, ganándose la estima del Rey. Una noche un grupo de catorce capitanes del ejército cristiano, al mando del célebre Hernán Pérez del Pulgar, entre los que se encontraba nuestro paisano Garcilaso, atraviesan las murallas de la bien defendida Granada, logrando burlas los centinelas y consiguiendo a las mismas puertas de la Alambra, donde son descubiertos, entablándose una feroz lucha, que no impide, que precisamente nuestro paisano Garcilaso, después de enormes esfuerzos alcanzara la puerta principal de la mezquita y sobre la misma clavara con el puñal, que momentos antes había usado para defenderse, un pergamino con el lema “AVE MARIA”.

A la mañana siguiente, los sitiados, sintiéndose enormemente ofendidos, mandan a su célebre caudillo ATARFE, quién con suma arrogancia, logra incluso penetrar algo en el campamento cristiano, llevando atado a la cola de su caballo el pergamino que en su mezquita clavara Garcilaso. De nuevo es, el ilustre capitán ecijano quién monta sobre su caballo y se lanza a toda velocidad sobre ARTAFE, derribándole y dándole muerte, rescatando el lema AVE MARIA, que es presentado a los Reyes Católicos, quienes desde lejos presenciaron la pelea, felicitando a tan bravo capitán y acordando dicho días, concederle el honor de que para siempre él, y sus descendientes pudieran usar y colocar en su escudo de armas, ambas palabras, y así hoy día, contemplamos, al pasar por el hermoso caserón de la calle Garcilaso y en su fachada de piedra, un bello escudo, que contiene en su parte superior este lema “AVE MARIA”.

MURALLAS Y PUERTAS DE ASTIGI.

Calle Sevilla
Calle Sevilla

Cuando paseemos por la Plaza de Colón, Calle Merinos, Puerta Osuna y otros lugares, donde aún podemos ver trozos de antigua muralla, sintámonos orgullosos y tengamos un enorme respeto por tan deteriorados restos. Son testigos mudos de la grandeza y de la historia de Écija.

Posiblemente el pequeño poblado turdetano, situado en el antiguo Alcázar, hoy Picadero, ya estuvo fortificado. Al llegar las tropas romanas se encontró con una población rodeada de murallas que presentaban serios desperfectos, por ello Cayo Julio Cesar, al considerar esta Ciudad enclave importante dentro de la Bética, ordenó la reparación y fortificación de las antigua murallas. Así consta en el Libro del Padre Roa, cuando nos señala, que en una piedra encontrada en una de las torres del Alcázar se podía leer la siguiente inscripción:

“Cayo Julio Cesar, Emperador, habiendo vencido al hijo de Pompeyo en la batalla de Munda, fortaleció a la colonia de su nombre Julia Augusta Firma, que se lo tenía merecido y reparó sus muros”.

A la llegada de los árabes, según se recoge en el Libro “El Rawd”, las huestes de Taric, encontraron a una ciudad con doble línea de muralla, una de piedra blanca hacia el interior y otra de piedra roja hacia el exterior y, entre los huecos de las almenas gran cantidad de estatuas de mármol, representando figuras humanas. Tal fortificación permitió la larga resistencia que ofrecieron los astigitanos a los invasores.

Al haberse rebelado contra Abderraman III las fuerzas astigitanas, envió a su “Hachib” Badr Ben Ahmed en el año 913 con un gran ejército, ordenando al emir la demolición de la muralla, y el puente sobre el río Genil, si bien 80 años después concretamente en el 993, el general Almanzor, gastó enormes sumas para la construcción del puente y posiblemente, también de las murallas, quienes posteriormente sobre el 1.147 sufrieron una importante remodelación de manos de los almohades, quedando de la forma en que durante siglos y siglos se venían contemplando. A finales del siglo XVIII no subsistían mas que pequeños trozos, así como los arcos de sus puertas mas importantes. Su destrucción no era causada por el paso de los años, sino por la mano del hombre, que fue derribando, sin orden ni concierto, pequeños tramos para edificaciones de nuevas casas, al ensancharse el núcleo urbano.

La revolución del año 1.868, entre otros desmanes, fue culpable de la destrucción de las pocas puertas que aún quedaban en pié y de otros valiosísimos restos de nuestra antigua muralla.

Hasta mediados del siglo XVIII el aspecto que ofrecía Écija desde el exterior era impresionante bellísimo. Una ciudad totalmente amurallada, rodeada por un foso exterior o cava, y con numerosas torres o albarranas. Algunas de estas torres han pasado a la historia con el nombre de “Torre del Castillo del Homenaje”, “Torre del Concejo”, Torre de la Mazmorra, “Torre de la Calahorra”. Del foso o cava, aún perdura el nombre de dos calles: calle Cava y Cavilla.

Pero tan importante ciudad amurallada, no tenía más remedio que contar con puertas para sus servicios. Astigi llegó a tener nada menos que ¡ 14 puertas ¡, algunas de ellas impresionantes. Por su antigüedad en construcción las relatamos:

En época Romana:

PUERTA DEL PUENTE ó Puente del Río. Los árabes le llamaron Bab-al Kantara y Bab-al-Wadi. También la denominaron Puerta de Belibuard. Los cristianos la fueron llamando a través del tiempo: Torre de las Guardas, Arco de Santa Ana o Puerta Real.

PUERTA PALMA. Los árabes le llamaron Bab-as Suwaica.

PUERTA CERRADA. Los árabes la denominaron BaB-Risk. Los cristianos comenzaron a llamarle así, tras el asedio de los árabes, por ser la puerta que más tiempo estuvo cerrada al enemigo.

PUERTA OSUNA. Los árabes la conocieron como Bab-Usuna.

En época árabe se abrieron:

PUERTA DEL SOL. En la pendiente de calle Sol con calle Rojas.

PUERTA DE ESTEPA. En calle Estepa.

PUERTA DEL AGUA. En la subida de calle San Marcos. También se le conoció por puerta de Calahorra.

ARCOS DE LAS CADENAS. En calle Cadenas, comunicaba por tal lugar al Alcázar con el resto de la ciudad.

PUERTA DEL PICADERO. Tenía igual función que la anterior y estaba situada al final de la calle Picadero.

Reconquistada Écija por los cristianos con el paso del tiempo se fueron abriendo otras puertas:

Puerta o ARCO DE SAN JUAN. Al final de la calle Ostos.

PUERTA NUEVA. Quizás la última. Estaba situada en la confluencia de calle Parralejo con Puerta Nueva actual.

PUERTA DE SAN PABLO. En la Plazuela de San Pablo con Barrera Quintana.

PUERTA DE SEVILLA. Al final de la calle Sevilla con Colón.

Puerta o ARCO DE LOS DESCALZOS, daba salida a la Cavilla y estaba situada en la confluencia de calle Carmelitas con calle la Marquesa.

UN ECIJANO PRESIDENTE DEL GOBIERNO.

Joaquin Francisco Pacheco EcijaAunque a muchos ecijanos lo desconocen, hace más de un siglo, un paisano nuestro, llegó a regir los destinos de España, al ser nombrado por la Reina Isabel II, Presidente del Consejo de Ministro.

Tan preclaro ecijano, lo fue DON JOAQUÍN PACHECO GUTIERREZ-CALDERON, que nació el 22 de febrero de 1808 en la casa nº 4 de la calle Dávila, que hoy lleva su nombre. Sus padres serán empleados de la casa de los Sres. Marqueses de Peñaflor, y bajo el mecenazgo de los mismos, el joven Pacheco comienza sus primeros estudios en Écija, trasladándose después a Córdoba, donde cursa estudios de latín y filosofía en el Colegio de la Asunción. Pasa posteriormente a Sevilla, donde termina Derecho en el año 1829, no pudiendo ser recibido como tal, al no haber cumplido la edad que le ley exigía.

Sus primero pasos políticos, fueron dirigir un movimiento revolucionario para luchar contra el despotismo, siendo comisionado para tal fin a Córdoba, distinguiéndose sus ideas liberales, que expresa en una oda que bajo el título “La Amnistía” dedica a Dª Cristina. En 1833, se le nombra, Regidor Sindico del Ayuntamiento de Écija. Trasladado a Madrid, comienza sus trabajos en el terreno periodístico como redactor en “El Siglo”, “El Diario de la Administración”, “La Abeja”, y a su vez colabora en el “Boletín de Jurisprudencia”, “La Ley”,”El Español”. En 1838 fundó la publicación “La España” y se hace cargo de “Crónica Jurídica”.

Toma parte activa en las Cortes de 1.841, a la que pertenece desde 1.836, distinguiéndose en los debates sobre la cuestión de tutela, durante la minoría de edad de Isabel II y en la gran defensa que realizó para que no vendieran los bienes confiscados al Clero. Por sus magníficos discursos, sus trabajos de investigación sobre legislación, jurisprudencia y otras materias, lo lleva en 1.843 a ostentar la presidencia de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid. En 1.844 es nombrado Fiscal del Tribunal Supremo y miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua. La Reina en 1.849 le encarga la alta misión de formar Gobierno, designándole Presidente del Consejo de Ministros, reservándose el Sr. Pacheco la Cartera de Estado (hoy Asuntos Exteriores), cargo que ocupó poco tiempo, siendo nombrado Embajador de España en Roma.

Entre sus obras mas conocidas como jurisconsulto están “Estudios de la Legislación”, “Lecciones de Derecho Penal”, “Comentarios a la Leyes de Toro”. Como poeta, literato e historiador, son de destacar: “Meditación”, “Alfredo”, “Los siete infantes de Lara”, “Bernardo Carpio” y la biografías de “Martínez de la Rosa”, Bravo Murillo”, así como la “Historia de la Regencia de la Reina Cristina”.

Fallece en Madrid el 10 de Octubre de 1.865.

El Ayuntamiento ecijano, en reconocimiento a tan brillante personalidad, ordenó colocar en la casa en que nació una lápida, así como un retrato, en lugar de honor del despacho de la Alcaldía, y posteriormente se cambió el nombre de la calle Dávila, donde nació, por el nombre de tan insigne ecijano, el que mas alto cargo político ha ostentado a lo largo de la Historia.

NUESTRO TERMINO UNO DE LOS MAYORES DE ESPAÑA. EL REPARTIMIENTO DE ÉCIJA Y SUS 32 ALDEAS.

Hoy día, uno de los mayores término municipales de poblaciones existentes en España, es el ecijano, con la extensión superficial de 96.850 Hc., según Memoria de Gestión Municipal, llevada a cabo el año 1.964, correspondiendo 96.689 ha. Al término rural o tierras cultivables y 161 ha. al término urbano o edificado. Dicho término aún era algo mayor, pués poseo datos históricos que lo señalan en mas de 97.500 Ha. Tal disminución probablemente se deba ala construcción de las modernas vías de comunicación.

Este término fue concedido a la Ciudad por el Rey Alfonso X el Sabio, firmando las escrituras de otorgamiento 22 años y medio después de que Écija fuese reconquistada a los árabes el 3 de mayo de 1.240 por su padre el Rey San Fernando. El repartimiento se lleva a cabo varios años después de la firma de escrituras, concretamente el 3 de marzo de 1.309, siguiéndose estrictamente las órdenes del Rey Sabio, interviniendo Don Martín de Fitero, Arcediano de Córdoba y Clérigo del Rey, Don Simón, hombre del Rey y Alcalde por la Reina en Écija y Juan López, escribano del Rey, con jurados, hombres buenos de Écija y con caballeros y hombres honrados de Córdoba.

Tanto la ciudad como su término se dividió en cuatro partes y en forma de cruz. Las cuatro collaciones en que se dividió el núcleo urbano fueron:

La primera de Santa Cruz; la del lado diestro, Santa María; la del lado siniestro San Juan y delante de ellas Santa Bárbara.

Al llevarse a cabo el repartimiento del término rural, se contabilizaron 32 aldeas o núcleos urbanos que se llamaban:

Tejada; Aventurada; Alcofria o Alcotrista; La Guardia o la Greda; Merliza; La Higuera; Fuente de Silos; Salinas Menores; Salinas Mayores; Villagordo; Aldea el Cuerno; Fuente del Cuerno; La Cabeza de la Harina; Los Algarves del Camino de Osuna; Villar de Hornos o Fornos; Palomares; La Bastida de Don Nuño; Los Arenales; Villar de Silos; Frías o Friílla; El Almoral o el Almajar; Baños o Bañuelos de la Guarda; La Gran Albuhera o Albufera; Mochales; Torregil; Saeta o Saetilla; San Mateos; Santa Marina; La Legua; Morana; Cestiles y Atalaya ó Alcorrín.

Dicho término, de siempre, estuvo pobladísimo, tanto que en 1.813, Écija era solamente superada en población por sólo diez ciudades españolas, de las 170 que existían con tal título de Ciudad en España, sobrepasando en número de habitantes a la mayoría de las capitales de provincia, lo que motivó con gran razón, que nuestro Ayuntamiento gobernado por D. Marcos José Castrillo el día 25 de Agosto de dicho año de 1.813, elevara al Congreso de la Nación, un memorial, mediante el cual se “Suplica que se erija en provincia de comarca, restableciéndola capital y restituyéndole su Obispado”. Petición que no fue atendida.

EL FERROCARRIL EN ÉCIJA “El poder de los arrieros”.

Durante años nos hemos lamentado, de que la línea de ferrocarril Madrid-Cádiz no pasara por Écija, como estuvo proyectada por el gobierno. A tales lamentaciones, hay que unir, el hecho de que por completo desapareció el ramal de Córdoba a Marchena que durante 91 años ha prestado servicios y que de algún modo unía Écija por ferrocarril con el resto de España. Los hechos acaecieron así:

El año 1.851, la empresa “Ferrocarriles Andaluces”, propone a nuestro Ayuntamiento la colaboración necesaria para construir el tramo correspondiente de la línea Madrid-Cádiz, no prestándosele ni la colaboración solicitada, no la atención debida, en 1.853 la Ciudad de Cádiz, invita a la de Écija, para que se dirigiera a su vez al Gobierno, en demanda de que se terminara el expediente de ferrocarril de Sevilla, y que se proyectaba pasase por Écija. Nuestro Ayuntamiento contestó con “un enterado”. En 1.863 la citada empresa “Ferrocarriles Andaluces” propone la construcción de un ramal que uniera Palma del Río con Écija. Igualmente existieron propuestas de construir una línea, que saliendo de Córdoba, pasara por Écija y terminara en Málaga, creándose en nuestra Ciudad un centro ferroviario con línea para distintas poblaciones. Todas estas propuestas no fueron atendidas, no solo por las autoridades, sino por un gran sector de la población, existiendo un poderoso grupo que tenazmente se oponía al ferrocarril, el “gremio de arrieros”, por ir en contra de sus intereses.

Pasado algunos años, los ecijanos se convencen de sus errores, y al comprobar la utilidad del ferrocarril, forman una comisión encabezada por D. Juan de Angulo y Walls, en la que lucharon activamente D. Ignacio de Soto y Fernández de Bobadilla, Don Francisco Rodríguez Chacón, D. Juan Tamariz-Martel y Sr. Fernández Galindo, con fondos propios de los ecijanos, los que por fin consiguen, que el día 19 de septiembre de 1.879, llegue a Écija el primer tren que cubría el trayecto en principio, de Marchena a Écija. Su llegada a la antigua estación de Pinichi, construida cerca de la Plaza de Toros, fue celebrada por todo el pueblo, asistiendo las autoridades principales y locales, estas últimas bajo el mando del Sr. Alcalde D. Juan de Angulo, bendiciendo las instalaciones el sacerdote D. Vicente Monterola. Hubo repique de campanas, concierto de banda de música, banderas, gallardetes, colgaduras en balcones y posterior comida en los salones bajos del Ayuntamiento a más de cien invitados.

La estación de Pinichi, fue sustituida por la que existió últimamente que se construye en 1.884. Posteriormente el 12 de octubre de 1885, se inaugura el tramo de Écija a Córdoba.

Lamentablemente el día 31 de Diciembre de 1.970, un silencioso tren de mercancía, que iba recogiendo material de desguase, sale de nuestra añorada Estación. Es el último tren y con el se perdió definitivamente un medio de transporte, que hubiese seguido dando progreso y beneficios a nuestra ciudad.

En 1.989 se acondiciona el antiguo edificio de nuestra Estación para Cuartel de Policía Local, Depósitos, Carcelarios y parque de vehículos de Policía.

LOS BIZCOCHOS MARROQUÍES ( Convento ).

Bizcochos Marroquies de EcijaDesde mediados del siglo XVII, son conocidos y con gran fama esta especialidad de dulce. Son elaborados en su Convento de la Santísima Trinidad de calle Secretario Armesto por las monjas Concepcionistas Franciscanas, seguidores de la Orden fundada por Santa Beatriz de Silva. El convento comienza a construirse tras concederse por decreto del Arzobispo de Sevilla Don Rodrigo de Castro de 11 de Noviembre de 1.583, autorización a la hermanas Dª Luisa, Dª Catalina, Dª Francisca Marroquí, hijas de D. Cristóbal Marroquí y de su esposa Dª Mencia de Mantilla, para fundar un convento de monjas. Se edifica en el palacio de D. Cristóbal Marroquí y casas suyas adyacentes, siendo bendecido el día 31 de mayo de 1.596 y su primera Superiora y fundadora Dª Francisca Marroquí.

El origen de este dulce, tiene dos versiones y una de ellas no desprovista de hecho milagroso en relación con su autora.

Una de estas versiones, es que las hijas de D. Cristóbal Marroquí, recibieron la receta de abuelo, quién la obtuvo de algún obrador árabe, cuando este caballero combatió en la reconquista de Granada. Al parecer Marroquí, rico hacendado tenía fama de ser un gran aficionado al dulce, tanto que al ser tomada Granada por las tropas cristianas, este caballero ecijano lo primero que hizo fue visitar obradores árabes de esta especialidad y obtener recetas de maestros árabes en la materia. Una de ella es la del célebre bizcocho que aún podemos paladear.

La otra versión que me dan como cierta, las actuales monjas, es la de que la marquesa de Valdetorres, perteneciente a la nobleza de Navarra, en ocasión de hallarse cierto día en su casa-palacio, tuvo la aparición de la Santísima Virgen y la encomendó se apartarse del mundo y dedicase su vida a la oración y culto, en un convento donde figurase una imagen que representara la forma y el modo en que se le había aparecido. Inmediatamente la Marquesa de Valdetorres, en compañía de cuatro de sus doncellas abandona Navarra y comienza un largo peregrinaje por la multitud de conventos de monjas de Españoles. Llegada a Andalucía, una de las últimas ciudades que visita es Écija y recorre todos los conventos, donde se le exhiben todas y cada una de las imágenes marianas existentes. Ninguna de ellas, representa según su entender a la que tuvo la dicha de ver en casa-palacio. Igual resultado daba su visita al Convento de la Santísima Trinidad, conocido por los Marroquíes y cuando ya iba a retirarse del mismo tan noble dama, una de la novicias del convento indicó a la Superiora:

-Madre por qué no le enseñamos la Virgen pequeñita que está en el Noviciado.-

Se la enseñaron, y al momento cambió su semblante de la Marquesa quién con lágrimas en los ojos reconoció en tan pequeña escultura de la Inmaculada Concepción la misma visión que hacía algún tiempo había tenido.

Inmediatamente ingresó en el Convento de las Marroquíes con sus cuatro doncellas, tomando el hábito el 4 de Diciembre de 1.751, y en él reside, hasta la fecha de su muerte, que ocurre el día 4 de Enero de 1.772. Según la tradición de las monjas, fue esta Marquesa de Valdetorres, la que enseñó a la comunidad entre otras recetas, la de los célebres “BIZCOCHOS MARROQUÍES”, que aún se conserva, igual que ella lo enseñara, como también se conserva la imagen a raíz de los hechos que pasó al refectorio posteriormente con gran cariño donde recibe culto, está en un nicho de una de las habitaciones del convento.

Las monjitas en todos los tiempos han tenido bien guardada la receta de este producto y aunque me indican no tener hecho voto ni juramento que les prohíba publicarla, lo cierto es; que aún nadie la sabe y cuando se le pregunta por la composición esbozan una alegra sonrisa y solo contestan “-…pues…huevos, frescos, azúcar… y mucha gracia de Dios en el alma de la monja que hace los dulces…”

EL CRIMEN DEL “VIVA”.

La historia de todo pueblo se vé empañada por algún suceso trágico o crimen, que por sus peculiaridades se hace famoso. Écija, también tiene en su larga historia, esta página. Un hecho que conmovió y que trascendió a toda España, por las circunstancias singulares que le rodearon. Se trata del “CRIMEN DEL VIVA”.

El “Viva”, se llamaba Andrés Redobladillo Carmona. Estaba casado con Patrocinio Vidal Sánchez y vivían en una casa de la calle La Victoria. No tenían hijos, causa ésta que motivaron no ser normales las relaciones en el matrimonio. Era hombre despierto, de ideas avanzadas y formó parte de un pequeños grupo de obreros que se destacó por su lucha sobre las mejoras laborales.

En el año 1.923, la viuda de Ostos, tenía arrendado por cinco años el Cortijo “Los Mutimentos”, distante unos 10 kilómetros de Écija, al vecino del El Rubio, José Ledesma Pradas, casado con Eduarda Olmedo, viviendo el matrimonio con sus seis hijos en las dependencias del Cortijo. Entre los operarios para las faenas del campo, tenían contratado como “velador de noche” a Andrés Redobladillo y su trabajo consistía en vigilar todas las bestias desde la puesta de sol, al amanecer, según era costumbre. La hija mayor del rentero, era una muchacha de 18 años, llamada Bárbara, que destacaba por su buen talle, su agraciada cara y sobre todo su amabilidad, trato afable y alegre con los obreros, siendo muy querida por estos. Tenía novio, un muchacho de El Rubio llamado Francisco Pardillo Martín, de su misma edad y el que casi todas las tardes, con el consentimiento de los padres de Bárbara, acudía al Cortijo, para “pelar la pava”.

La vida en la finca transcurría normalmente, hasta que llega el Sábado 12 de agosto de 1.923. Ese día, José Ledesma, el rentero, tiene que acudir a Écija para negocia la venta de cereales que se estaba recolectando y, como su mujer, días antes tuvo que marcharse a El Rubio, para cuidar de un hijo pequeño, que se había puesto enfermo, el rentero ordena a su otro hijo Manuel, que traiga del pueblo a su hermana Dolores para que haga compañía a su hija Bárbara. Llegada la tía Dolores, José Ledesma y su hijo Manuel marchan para Écija, quedando por tanto en el Cortijo solas, las dos mujeres, Dolores de 50 años y Bárbara Ledesma.

A la caída de la tarde, llega para hacer su trabajo Andrés Redobladillo “El Vivas”, y al comprobar que en el Cortijo sólo estaban las dos mujeres, se le despierta con gran furia el apasionado deseo sexual que siente sobre la joven y agraciada Bárbara. Se dijo después que la muchacha, se le había insinuado y era culpable en algo, de estos deseos del yegüero. No era cierto, Bárbara tenía novio, al que quería. Llegada la noche, “El Vivas”, ve luz en la habitación donde se recogen a dormir la tía y la sobrina, y decidido, dada sus fuerzas físicas (tenía entonces 38 años), arranca la ventana del dormitorio.

Una vez dentro, se abalanza sobre él, la tía Dolores, quién recibe un navajazo que le afecta desde la clavícula izquierda al pulmón, causándole la muerte. En la cama. Sentada, con los ojos abiertos, las manos sobre la boca, llena de pánico, está, la joven Bárbara Ledesma a quién se dirige el Vivas y trata de abrazar. La joven se resiste y es herida en las manos, brazos y piernas, sufriendo numerosos golpes, como después se demostró en la autopsia, siendo violada, extremo éste que no llegó a saberse, si ocurrió antes o después de muerta. Horrorizado y medio loco, Andrés Redobladillo, observa la situación creada y los crímenes cometidos. Trastornado por completo, corta cuidadosamente la cabeza de Bárbara y la introduce en un saco. Dando traspiés llega a la cocina del Cortijo, coge un pedazo de queso y medio pan, que mete igualmente en el saco. Fuerza un arca, y de la misma saca 5.000 pesetas, saliendo del Cortijo y comenzando su larga huida hacia el río Genil. En la isla del Castillejo, oye por primera vez las voces de la Guardia Civil. Se sube a un álamo y en cuclillas, sobre una de sus ramas, observa los movimientos de los Guardias, hasta que los vé alejarse. Baja del árbol y sobre su tronco, fija prendiéndola por los pelos, con un alfiler, la cabeza de Bárbara y se pone a contemplarla durante largo rato, al igual que había hecho en ocasiones anteriores. Han transcurrido…. tres días del crimen. Junto a la cabeza en el tronco del álamo, también fija un papel, en el que escribe una nota, confesándose autor de los hechos. El día 16 de agosto, es descubierta la cabeza y la nota, siendo identificada el día 17 por su padre, José, ante el Sr. Juez de Instrucción D. Antonio Rueda, que lleva al caso y quién ordena al Capitán de la Guardia Civil, D. Antonio García Doblas, que con los hombres necesarios se proceda a la busca y captura del “Vivas”. Son 50 guardias civiles a caballo y 25 a pié, llegados desde Osuna y Marchena, los que empiezan la persecución. Andrés se oculta durante el día agazapado, entre matorrales o subido a los árboles e, incluso metiendose en el río Genil. EL día 20 de Agosto, en tierras del Cortijo El Colange, a 8 Km. de Palma del Río, entabla amistad con la prostituta, Purificación Delgado y el hombre que la explota, Ángel Ariza, ambos de Puente Genil. “El Vivas”, encarga a esta pareja, que le traigan ropas y comida de Peñaflor, entregándole para ello un billete de 500 Pesetas. Cumplen el encargo a medias, pues la “Puri”, se compró un reloj, nada menos que por 400 Pesetas, cantidad exagerada por aquellas fechas en manos de una mujer como ella. Infunde sospecha, se denuncia y son detenidos, logrando escapar el “Vivas”. La noche del 23 al 24 de Agosto, duerme en el Cementerio de Écija, siendo descubierto por Rosalía Pérez, mujer del Conserje; Rafael Calderón, que lo hecha del Cementerio a voces, sin saber que se trataba del célebre criminal, el que huye corriendo por el Puente Hierro. La implacable persecución, produce hechos erróneos, como el ocurrido en el Cortijo La Albina, propiedad del Marqués de la Gomera, a 4 Km. de Osuna, donde el Cabo, Leonidas Huidrobo y el Guardia Orellana, preguntan la novedad y por “El Vivas” a varios obreros. Uno de estos, se encara con la Guardia Civil, salen en su defensa sus compañeros, se forma un ligero tumulto y se realizan disparos, resultando muerto el obrero Antonio Segura. Al día siguiente se forman manifestaciones en Osuna y otros pueblos contra la Guardia Civil, creándose una fuerte tensión y malestar contra éste Cuerpo. Por fin el día 16 de Septiembre, a los catorce días de cometer el crimen, los Guardias Bartolomé Quintero y Florindo Garzón, encuentran tendido en unos matorrales del Cortijo la Encinilla, a 2 Km. de Écija a un hombre exhausto, rendido, que apenas puede moverse, ni caminar, con los piés casi descalzos e hinchados y la ropa destrozada.

¡ Alto ¡ ¿quién es ?

Soy Andrés Redobladillo, “El Vivas”, a quién buscáis. Ya no “puedo mas”.

Conducido a Écija, en su declaración, confiesa ante el Juez, amplia y detalladamente su crimen, y es ingresado en la Prisión Provincial de Sevilla. Juzgado y condenado a la pena máxima empieza a cumplir su castigo. Al poco tiempo de estar en la cárcel, mantiene una discusión con dos internos, que se mofaban de él, diciéndole “que solo mata a mujeres”. Les acomete y casi destroza a golpes a los dos. Por este motivo se le traslada a la prisión de Figueras, y a la de Tarragona. Su comportamiento en las cárceles fue ejemplar, apenas se reunía con los demás presos, siempre callado y obediente, ayudaba en cuanto podía a la tareas internas de la prisión y por tan buen comportamiento, alcanzándole varios indultos y conmutaciones, fue puesto en libertad cuando llevaba doce años de condena. Al salir de la cárcel era otro hombre. Con mas de 50 años, enfermo, agotado física y moralmente, no olvidando sus horribles crímenes, se encaminó con los medios posibles, a la añorada Écija. Nunca llegó, pues una mañana, a los pocos días de salir de prisión fue encontrado muerto bajo un puente en un pueblo cercano a Alicante.

DON MIGUEL DE CERVANTES Y ÉCIJA “Con la Iglesia hemos dado...”.

Miguel de Cervantes

Uno de los mas ilustres visitantes que haya tenido Écija en su larga historia, lo ha sido el insigne D. Miguel de Cervantes y Saavedra, y su presencia en nuestra Ciudad, está llena de incidencias curiosas.

Por orden de Felipe II y para recaudar provisiones a las galeras reales, el Proveedor general nombrado para tal fin, D. Antonio de Guevara, delega sus funciones en Sevilla en la persona del Alcalde de la Real Audiencia D. Diego de Valdivia, quién expide documentos de comisión a D. Miguel de Cervantes, el que deberá llevar tal cometido en diversas poblaciones. Por primera vez aparece en Écija en el mes de Septiembre de 1.587, con el fin de “sacar todo el trigo que tuviesen los vecinos, dexandole para comer y sembrar”, según así consta de acta capitular de 26 de Septiembre de dicho año, en cuya acta los capitulares ecijanos, acuerdan que la saca de trigo, sea la menor posible—“ dada la falta que de él hay”—. Realizando su trabajo se dirige a Espejo y Castro del Río.

En esta primera visita, le surgen serios problemas, ya que se presentan denuncias contra el comisionado, por una serie de vecinos, encabezados por el Jurado, Garci-Jerez y entre dichas denuncias, la de que “había sacado una partida de trigo propiedad de un eclesiástico”. Por tal causa se promueve expediente de excomunión contra Cervantes, aprobado por el Provisor del Arzobispo de Sevilla, quién ordenó al Vicario de Écija, pusiera en tablillas al excomulgado. Curioso resulta, que la actual calle Miguel de Cervantes, durante siglos se llamara “Garci-Jerez”, en recuerdo de tan díscolo jurado. La injusta pena de excomunión le fue levantada a principios de 1.588 y el 22 de Enero de este año D. Miguel, recibe nueva comisión para que volviera a Écija y sacara 4.000 arrobas de aceite, constando que estaba en nuestra ciudad en Marzo de 1.588, ya que en 8 de dicho mes y año, obra carta de pago del arriero Juan Colorado. En este periodo estuvo Cervantes en Écija hasta finales de Mayo de 1.588, en donde reside hasta final de mes, regresando a Sevilla. De nuevo y comisionado en esta ocasión por el propio D. Antonio de Guevara, llega a Écija el 17 de Junio de dicho año de 1.588, en donde reside hasta final de mes, regresando de nuevo sobre los días 2 o 3 de Julio, en el que realiza el trabajo de recaudación encomendado, esta vez con más ahínco, embargando trigos de los Cortijos, Arenales, Pascualejo, Serrezuela Alta, Serrezuela Baja, La Crespo, propiedad todos ellos de D. Juan Sánchez de Henestrosa. También embarga dicho cereal, en fincas de Isla Redonda, Fuente El Serón, Fuente del Trillo, propiedad de Conde de Castellar y de los Cortijos El Verraco, Portichuelo y Fuente de Dueña, que pertenecían a D. Martín de Saavedra.

Con este trabajo, permanece Cervantes en Écija, hasta finales del mes de Septiembre, pues con fecha de 18 de Agosto obra carta de pago firmada por el arriero Bartolomé de Llerena e igualmente obra documento del Cabildo ecijano de 30 de Septiembre de 1.588, dando satisfacción al recaudador…”porque durante el tiempo que su merced a estado en esta Ciudad, no ha uisto ni entendido que dicho Miguel de Cervantes, aya fecho cosa Yndebida…”.

Otra vez el Alguacil Mayor D. Antonio de Guevara el 17 de octubre de 1.588, ordena a Cervantes, acuda a Écija y recaude de los vecinos 2.500 fanegas de trigo, 500 de cebada y 1.500 litros de aceite, hecho que origina un descontento general entre los vecinos, negándose a las entregas exigidas por considerarlas excesivas, lo que motiva que D. Miguel, dirija escrito a Cabildo, quejándose del comportamiento de los ecijanos, por lo que en 10 de febrero de 1.589, reunido dicho Cabildo, adopta el acuerdo de “ requerir a Miguel de Cervantes para que…” dé certificación del trigo que ha sacado a los vecinos de esta Ciudad”, lo que así se hace, a cuyo requerimiento el ingenioso recaudador contesta en la misma cédula con nota que al final firma, haciendo constar…” que en volviéndose las certificaciones que tiene dadas en particular, dará una en general, de lo que tiene sacado a las vecinos…”.

Parece ser que su labor y paso por Écija termina el 2 de abril de 1.589, donde regresa a Sevilla.

Lástima que no se sepa, la casa que ocupara en Écija, durante sus reiteradas visitas, aunque si obraba en el Archivo de Protocolos del escribano D. Antonio Trapel, una carta de pago de D. Francisco Bermudo Versabé, administrador del Dr. D. Francisco de Villacreces, otorgó a D. Miguel de Cervantes en 1º de Abril de 1.589, de 150 reales de platas castellanos, por tres meses y medio, que éste ocupó con sus ayudantes, en una casa que administraba del Sr. Villacreces.

No es cierto por tanto, que dado su desagradable cometido, las numerosas denuncias presentadas, el insigne escritor, sufriese prisión en Écija, como se ha venido comentando durante bastante tiempo, pero si que por motivo de esas denuncias fuera excomulgado por la Iglesia, lo que posiblemente motivara, que dentro de su inmortal obra, Don Quijote, en cierto lance, dijera a Sancho… CON LA IGLESIA HEMOS DADO….

UN BUEN GOBERNADOR. “ D. Rafael María de Aguilar y Santillán “ .

Rafael María de Aguilar EcijaCon motivo de la celebración del 5º Centenario del descubrimiento de América, no pocas han sido las críticas realizadas a tan memorable gesta, en cuanto a la intervención y comportamiento de los españoles en las recién descubiertas tierras. Críticas, algunas lamentablemente de personajes españoles, que no hacen mas que denunciar las tropelías, desmanes y abusos cometidos por los españoles contra los nativos, culpándonos de casi todos los problemas y males que durante siglos han podido arrastrar las naciones del Nuevo Mundo y olvidando por completo el mucho bien realizado por España, en todos los aspectos en dichas tierras.

Como tengo escrito, Écija presente en cualquier hecho memorable de la Historia del mundo, también lo estuvo desde el principio en el Descubrimiento y, muchos han sido los ecijanos que han dejado su sangre, su trabajo y hasta su propia vida, en pro del bienestar de los pobladores de tan lejanas tierras. A estos apuntes y como modelo del trabajo y comportamiento de estos hombres, traigo la biografía de uno de ellos, la de DON RAFAEL DE AGUILAR Y SANTILLAN.

Perteneciente a la casa de los Marqueses de Santaella, nace en Écija el 26 de Enero de 1.753 y es bautizado en la Iglesia de Santa María. Dedicado a la carrera militar, ascendió rápidamente a los mayores cargos, siendo nombrado Gobernador Militar de San Sebastián a los 40 años de edad. Al poco tiempo, en 1.793, el gobierno español, le nombra CAPITAN GENERAL DE LAS ISLAS FILIPINAS, donde al principio hace un detenido estudio y reconocimiento de todas las islas del archipiélago, remediando en lo posible el mal estado en que se encontraban y fortificándolas. Crea diferentes cuerpos militares, como el de Ingenieros, Milicias Provinciales, el de Artillería y el de Usares, que denominó “Aguilar”, alistándose a estos cuerpos numerosos jóvenes filipinos, que recibían además de la disciplina militar, una gran formación cultural y profesional.

Bajo su mando nacen varias poblaciones en lugares estratégicos, dándole el nombre de NUEVA ÉCIJA, a una de ellas en la Isla de Luzón, haciéndola Cabeza de Partido. Puso en funcionamiento leyes municipales y administrativas, edificó en Manila un magnífico y gran hospicio para asilo de mendigos y necesitados, fomentó al máximo la sanidad, trasladando desde España, médicos y medicinas implantando la obligatoriedad de una serie de vacunas que se distribuían y aplicaban gratuitamente. Durante su mandato, en varias ocasiones los ingleses intentaron desembarcar y apoderarse de alguna de las islas, siendo rechazados, gracias al despliegue militar y táctico que personalmente dirigía el Gobernador Sr. Aguilar.

Aunque la orden para tal cargo, era sólo por tres años, antes de que expirasen, los filipinos habían remitido al gobierno español innumerables solicitudes para que fuese prorrogado en tal destino, lo que se lleva a cabo durante trece años, hasta su fallecimiento ocurrido en Manila el 19 de Agosto de 1.806. Precisamente a los pocos días de fallecer se recibe en Manila escrito, por el cual se le nombra Virrey de Méjico, como premio de la Corona a sus relevantes méritos de buen gobernante. El Ayuntamiento de Manila, colocó sus restos en un elegante y costoso sepulcro de mármol para conservar sus restos y perpetuar el recuerdo de tan ilustre Gobernador.

Es de resaltar que, a su muerte, a pesar de haber ocupado largos años tan alto cargo, no dejó a su familia bienes de clase alguna, ni incluso dinero, tanto es así que el viaje de regreso de dicha familia a España, tuvo que ser costeado por los propios filipinos, quedando en las islas el recuerdo de la enorme caridad, lealtad, buena fama y mejor gobierno del ecijano DON RAFAEL MARIA DE AGUILAR Y SANTILLAN.

Su ciudad natal, también en reconocimiento de sus dotes humanas y labor de gobernante, le ha dedicado una calle.

MUERTE EN LA SALA CAPITULAR. “ Alcalde electo y no posesionado “ .

La bellísima sala capitular de nuestro Excmo. Ayuntamiento ha sido testigo muda, de numerosos hechos y situaciones desagradables a lo largo de su historia, pero ninguna como el ocurrido el día 1º de enero de 1.913.

Se encontraba la sala, profusamente engalanada y repleta de ediles y público, entre los cuales asistía entre otros importantes hombres de la vida política, social y militar, D. Fernando Primo de Rivera y Sobremonte. La mañana de dicho día se iba a dar posesión al recién elegido nuevo Alcalde, en una persona que todo el pueblo tenía puestas las máximas esperanzas, por reunir una serie de dotes y preparación, que le habían granjeado el respeto, la estima y la consideración de todo el mundo.

Comienza el acto con la lectura por el Sr. Secretario de los documentos oficiales del nombramiento, e inmediatamente después, se ponen en pié el Sr. Alcalde saliente y miembros de la Corporación, para recibir en los estrados al Alcalde elegido, el cual debía prestar juramento y a continuación se le haría entrega de las atributos de su cargo. El Alcalde entre cariñosas palmas, se encamina pausadamente a los estrados, sonriendo, pero de pronto se para, contrae bruscamente su cuerpo y se desploma en el suelo. Acuden presurosos a prestarle ayuda, pero sin resultado alguno, ya que había fallecido fulminantemente, al parecer de un ataque cardíaco, entre la consternación de todos los asistentes.

Este Alcalde electo y no posesionado, que encontró la muerte en la Sala Capitular de nuestro Ayuntamiento, se trata de D. José Fernández de Córdoba, que aunque no nacido en Écija, vivió en ella gran parte de su vida, contrayendo matrimonio con la ecijana Dª Teresa Castrillo y Díaz. De profesión marino de guerra, llegó a la categoría de Capitán de Navío. Retirado de la milicia, regreso a su casa de esta Ciudad.
Fue padre del general de artillería Don Mariano Fernández de Córdoba y Castrillo.

El Ayuntamiento honró tal personalidad, dando su nombre a la calle Rejón.

EJEMPLO DE AMOR FILIAL “ El Capitán Alonso Peña “

Reinando Felipe II, una noche en la mas completa miseria, con deteriorada ropa, casi descalzo, sin dinero, abandona su humilde casa de calle Caus, un ecijano que apenas contaba 17 años. Además de un posible fracaso amoroso, la causa principal de su marcha es la de poder aliviar en lo posible la acuciante necesidad que padece su familia, que vivía en la mas extrema pobreza. Como puede, el joven llega a Málaga donde para subsistir, realiza los más humildes y penosos trabajos. Con otros compañeros de la misma edad, embarca en un bergantín para pasar a Italia en busca de mejor fortuna. Durante la travesía se encuentra con una fragata turca cargada de preciadas mercancías. La asaltan y tras una dura pelea, logran apoderarse del navío, llegando el valeroso ecijano a matar con su espada cinco turcos. Desembarcados en Italia, se reparten el botín e ingresa en el ejército, donde pronto destaca por su ingenio en numeras acciones de guerra, llegando alcanzar el grado máximo de Capitán, que le concede el propio Rey Felipe II, conocedor de sus hazañas, colmándole de otros premios y honores, entre ellos el usar escudo con armas propias, que consistia en un cuadro de peñas (en honor a su apellido), una estrella, cuatro cabezas de moros con turbantes y unas conchas de mar, de la que sobresale un capitán armado, en cuya mano derecha tiene la espada y en la izquierda la quinta cabeza de los turcos.

Transcurrido mas de 30 años de su triste marcha de Écija, gozando de gran riqueza y fama, cuando llega un poco de reposo en su agitada vida, desea volver a su ciudad y, por ello invita a compañeros de armas, nobles y personajes importantes de la Corte, formándose una lujosa y gran comitiva.

Écija, conocedora de tan importante ecijano, le prepara un gran recibimiento, alzándole un arco triunfal en Puerta Palma, donde en un estrado le espera toda la nobleza, caballeros y hombres importantes de la Ciudad. Llegada la comitiva a los llanos del Valle, se baja de uno de los carruajes el capitán ecijano y vestido con sus mejores galas, luciendo el hábito de la Orden de Santiago, monta en su caballo y se aproxima a la ciudad, recibiendo los vítores y aclamaciones de sus paisanos. Poco antes de llegar al lugar donde le esperan las autoridades y ante la sorpresa de las mismas, paró el caballo, miró atentamente a un determinado grupo de personas. De pronto de un gran salto, baja de la cabalgadura y con paso firme se dirige hacia un anciano que está sentado en una sillita, pobremente vestido, se hinca de rodillas delante de él, le besa la manos, le abraza sollozando y alzándolo con su brazos, con él se dirige a las autoridades y a la muchedumbre, -mientras con fuerte y emocionada voz grita: !! ESTE, ESTE ES MI PADRE, A QUIEN TODO SE LO DEBO.!!

Se llamó este nombre y ejemplar ecijano Don Alonso de la Peña, quién además de alcanzar los máximos grados en la carrera militar, por decisión del Rey, fue nombrado Tesorero y Regidor de la Ciudad de Santo Domingo, en la recién descubierta isla americana, donde gozó de gran prestigio hasta su muerte. Compró, en el monasterio del Valle, una capilla que se llamó de “Los Peñas”, donó a nuestra Patrona –de la que era gran devoto-, una riquísima zaya y lámparas de plata, instituyendo por escritura pública en la Iglesia de Santa Cruz en el año 1.551, una capellanía con bienes propios de su rica hacienda.

DOÑA SANCHA CARRILLO.

Silencio de Santa Cruz EcijaDotada de una gran belleza, hermosísima figura y con una gracia y simpatía fuera de lo común DOÑA SANCHA CARRILLO, hija de D. Luis Fernández de Córdoba y Dª Luisa de Aguilar, 6º Marqueses de Guadalcázar, a sus 17 años, era la mujer que se disputaban los nobles y caballeros de las mejores familias de España. Por tales dotes, cautivó a la misma emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, quien la nombra Dama de la Corte.

Orgullosa, preparaba en Écija donde reside con sus padres, en su casa de c/ Zayas nº 12, los atavíos y joyas propias para trasladarse a la Corte, junto a los Reyes, cuando su hermano D. Pedro de Córdoba, sacerdote, le recomienda que antes de su partida, confiese con el clérigo Juan de Ávila, que por esos días predicaba en Santa María. A dicha iglesia acude una mañana con sus mejores galas, rodeada de sus damas de compañía, estando largo rato oyendo en confesión la palabra y consejos del Santo varón.

Al regresar a casa, entró sin decir palabra a sus aposentos, donde se desnuda de sus ropas de seda, guardó sus joyas, cortó sus cabellos y cubrió su cuerpo con saya negra, lisa y su cabeza con toca basta. Sorprendidos quedan sus padres y hermanos ante tal visión, solicitándole Sancha que le buscasen cuarto apartado de su casa, pues había decidido cambiar por completo su vida, renunciando a los placeres mundanos para dedicarse a la oración y al servicio de Dios. Siguiendo sus peticiones, sus padres, adquieren una casita, pared en medio con la suya y le acomodan un pequeño oratorio y dos aposentos humildes. Se instala en ella Dª Sancha, sin criada alguna, teniendo por cama un simple corcho, por almohada unos libros, vistiendo silício desde el cuello a los pies y encima solamente una túnica, que apretaba con un cordón sobre su talle tan fuertemente que le causaba heridas sobre sus carnes. Hizo voto de castidad perpetua, y comía las sobras de su casa, ordenando tapiar la puerta de la calle, comunicándose con la de sus padres, los cuales apenas podían hablarle. Bebía sólo el agua de lluvia que recogía en una tinaja en el patio y salía de aquellas dependencias humildes, cuando acudía a la Iglesia. Tuvo varias apariciones de Cristo, una de ellas con la Cruz a cuesta, gozó de la visión de la Virgen, que la sana de una enfermedad. Gracias a sus oraciones, se termina una larga sequía que padecía la comarca ecijana y conforme al pacto hecho con su confesor el dominico Fray Lorenzo, éste se le presenta una vez fallecido.
Gran devota del Santo Ángel de la Guarda, rezaba muchísimo por las Animas Benditas del Purgatorio. Profetizó su muerte, concretando el día y la hora, la cual le llega en olor de santidad el día 13 de agosto de 1.537, cuando contaba poco mas de 24 años, en Guadalcázar, tras larga enfermedad, sobrevenida por sus largas abstinencias en el comer, sus terribles penitencias y sobre todo por haberse introducido una noche de crudo invierno en las aguas de la tinaja que tenía en el patio, acto que realizaba a menudo para así vencer cualquier tentación mundana. Sus últimas palabras fueron:

¡ Oh, que veo ¡ ¡ Oh, que veo ¡

Conducidos sus restos a Córdoba, al pasar el cortejo fúnebre por el puente, las caballerías se asombraron, desbocándose durante largo trayecto, recorriendo calles y plazas, parando los animales, sin mando alguno, precisamente frente a las puerta del Monasterio de San Francisco. Como consecuencia de la carrera, se abrió el ataúd, quedando fuera del mismo la cabeza y parte del cuerpo de Dª Sancha Carrillo, el cual es arrastrado por todo el camino, ante el dolor de familiares y acompañantes, los que al llegar el lugar donde quedaron parados los animales, incrédulos contemplan como el cadáver sin daño alguno ofrece un rostro sonrojado y bellísimo, la frente sudorosa y la cara sonriente. Fue enterrada en la Capilla Mayor de dicho Convento de San Francisco.

De la vida de esta piadosa dama, se ha ocupado y nos ha dejado escritos Fray Luis de Granada, San Juan de Ávila y el padre jesuita Martín de Roa, de cuyos escritos saco la presente nota, debiendo recordarse que la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz, que se venera en la Iglesia de Santa Cruz y que es titular de dicha Hermandad, está inspirada de una de las visiones que de Cristo en tal momento de su pasión, tuvo Doña Sancha Carrillo.

ANTONIO REYES RIVERO

Puerta Palma
Puerta Palma

Yo llegué a conocerlo. Era de elevada estatura, muy delgado, y con una larga, poblada y blanca barba que le cubría parte del pecho. Gitano del “color velón”, como el mismo se decía, no era raro ver a tan impresionante figura, hincado de rodilla en la puerta de Entrada de la Iglesia de Santa Cruz, humildemente rezando. Unas de las noches anteriores a estallar la pasada guerra civil, un grupo de mujeres y hombres, que momentos antes habían apedreado el Casino Ecijano, rompiendo algunos cristales, exaltados, bajan por calle Santa Cruz y Canalejas. Al llegar frente la hornacina donde se venera la Virgen del Rosario, tienen la torpe e infeliz idea de destruir dicha imagen. En esos momentos dormía con su mujer y sus hijos en los pequeños espacios de los escalones que conduce desde una pequeña puerta a la hornacina donde se encuentra la Virgen, el gitano Reyes Rivero. Oye los murmullos y comentarios de esa pequeña y única vivienda, de un salto, vestido solo con unos calzoncillos, sale a la calle, llevando en su mano derecha un pedazo de barra de hierro y con una fuerte voz, que atronó el silencio de la noche, se encara al grupo y les dice: “El que sea hombre que dé el primer paso o tire la primera piedra. Antes de tocar a la Virgen, tenéis que matarme a mí”. Ante la inesperada y sorprendente visión que ofrecía la casi desnuda figura del gitano, la fuerza y convicción de sus palabras, quedaron inmóviles los componentes del grupo, se miran asustados y esperan un rato. El buen gitano sigue firme y valiente en su actitud, lo que motiva que todas aquellas personas, se disuelvan sin lograr sus propósitos.

En premio a tal gesto, el Ayuntamiento ecijano en el año 1.941, cede gratuitamente una casita en el callejón que conducía desde calle Bodegas a la desaparecida fábrica de harinas del puente, a donde se trasladó a vivir con su numerosa familia. Durante muchos años, portó sin faltar un Viernes Santo, el estandarte SPQR de la Hermandad de San Juan y al fallecer, los miembros de la Junta de Gobierno de esta Hermandad, acuden a su humilde casa, y le amortajan con la túnica que tantos años por Semana Santa había llevado, abonando los gastos del entierro y los de un nicho en propiedad en nuestro cementerio.

Era gitano, delgado, muy delgado, altísimo, con larga poblada y blanca barba. Se llamó ANTONIO REYES RIVERO y se ganaba la vida arreglando llaves en los pequeños espacios que había desde la puerta de c/ Canalejas hasta la hornacina de la Virgen del Rosario, en la que crió con extremada pobreza y humildad a toda su familia. Sólo fue arrogante en una ocasión. La noche de aquel día del mes de Julio de 1.936, y se comportó así, sólo por defender la Imagen de la Virgen, que bajo la advocación del Rosario, aún podemos contemplar y venerar en Puerta Palma.

EL METEORÓLOGO OFICIAL DE ÉCIJA, ES ¡SAN PABLO¡.

San Pablo patron de EcijaAún hoy día, a pesar de los avances tecnológicos que en Meteorología existen sobre predicciones del tiempo, no se ha perdido en Écija, la curiosa y bellísima tradición que aún mantienen algunos (cada vez menos, desgraciadamente) labradores de nuestra Comarca de presenciar el 25 de Enero de cada año, el regreso de la procesión de nuestro Patrón San Pablo, desde la Iglesia de Santo Domingo a la de Santa Bárbara. Según estos labradores, de llevar o nó encendido los cirios, el paso de San Pablo, es señal evidente e inequívoca de que el campo va a tener un buen año o, por el contrario se padecerá un año malo.

Antiguamente se seguía con tanta atención este hecho, que incluso se asignaba a cada uno de los cuatro cirios del paso, el porvenir de determinado producto agrícola. Uno era el de la cebada, otro el del trigo, el tercero para el algodón y el cuarto para el olivar.

Lo que se ha discutido, era el lugar idóneo de observación del paso de San Pablo; unos mantienen que lo es, frente a la calle Cintería; otra a la entrada al Salón en la esquina con Mas y Prat, pero la mayoría sostienen que el lugar tradicional y en el que “no falla San Pablo”, es el de la esquina de la Calle Garcilaso con Santa Cruz, precisamente debajo de la “Torrecilla del Gallo”, que debe su nombre a otra hermosa leyenda que he relatado en otro anterior apunte.

EL ARROYO DEL MATADERO.”Un Moisés Ecijano”.

Uno de los mayores azotes que desde siempre ha padecido nuestra Ciudad, hasta hace pocos años, han sido las terribles “riadas” o crecidas del Rió Genil, que al salirse de su cauce invadía gran parte de la población.

Pero también el humilde y pequeño arroyo del matadero, hay canalizado bajo tierra, en época de continuas lluvias, al recoger las aguas sobrantes de los antiguos palmares de los llanos de Cañada del Rosal y de Villanueva, hacía crecer de tal manera el arroyo, que inundaba por completo la parte occidental de la Ciudad y la parte sur de la misma, causando verdaderos estragos.

Recoge la historia que el día 31 de Diciembre de 1.595, cayó tal cantidad de agua en la campiña ecijana, que el arroyo del Matadero se desbordó de tal manera, que aisló por completo al colegio del Carmen, inundó Puerta Osuna y cubrió los altares y hasta las imágenes de la Iglesia Parroquial de Santiago y los del Convento de la Victoria.

El día 22 de Enero de 1.626 la riada del arroyo del Matadero, inunda las Puertas Cerrada, de Sevilla y Puerta Palma y en su curso anegó completamente el Convento de Santa Inés en el que causa graves destrozos y numerosos daños. En esta riada se produjo un caso curiosísimo, que hizo que todo el pueblo lo viviera apasionadamente, por su semejanza con otro hecho bíblico. Las aguas, violentamente, sacan a un niño que estaba acostado en su cunita de madera. Al parecer no tenía mas de cuatro meses, y ello ante la desesperación de sus padres, hermanos y demás familia.

La cunita flotando entre las impetuosas aguas, se veía aparecer y desaparecer, intentando los vecinos desde las ventanas y lugares altas recogerla con largos palos e incluso hubo alguno que aún poniendo en peligro su propia vida, se tiró a la corriente para rescatar al niño, sin conseguirlo. Se hizo de noche y despareció la visión de la cunita, pero no así el continuo llanto del niño, que se fue apagando poco a poco, a pesar de que todo el barrio del Carmen, acordó quedar en el mas completo silencio, par poder seguir los lugares o el lugar donde pudiera haber quedado la cuna.

Con las primeras luces del día, toda Écija se dispuso en su busca y centenares de hombres con el agua al cuello, provistos de palos, rastrearon calles, plazas, parte baja de las casas y los más insólitos lugares.

A medio día, encontraron la cuna en la barrera de Puerta Palma, atrancada entre las muchísimas maderas allí existentes y la alegría corrió por toda la ciudad, ya que el niño se encontró con vida. Este “Moisés ecijano”, recibió el cuidado y el cariño de todo el pueblo, ocupándose muy especialmente de él, las autoridades, aunque desgraciadamente y a pesar de los esfuerzos, murió a los dos días de haber sido rescatado de las aguas.

UN COMERCIAL RAPSODA: DON MANUEL RUIZ BLANCO, “EL PETROLO".

Cuando salimos de nuestra ciudad para hacer compras, es cuando observamos que Écija, ha contado, y aún día cuenta, con verdaderos profesionales del comercio, detrás de cualquier mostrador. Es una pena, una verdadera pena, que el progreso esté haciendo desaparecer las tiendas, ante la implantación de los grandes supermercados, complejos y grandes almacenes, donde se vende de todo y al que acudes para comparte una camisa y sales con una caña para pescar entre tus manos, por aquello de las “rebajas” o las “oportunidades”.

Ya apenas existe el tendero del ultramarinos, el pescadero o el frutero de confianza, con el que se hablaba de lo divino y de lo humano, mientras pacientemente se hacia la compra, te orientaba y te aconsejaba. Aún recuerdo cómo el carnicero o el pescadero de “toda la vida” de mi casa, le hacía un ligero movimiento de cabeza a mi madre, indicación de que debía pasar de largo por su puesto, ya que el producto ese día no ofrecía calidad.

También añoro la curiosa estampa de mi madre sentada en un cómoda silla, ante el mostrador de la tienda de tejidos, mientras el dependiente de casa “Planelles” o “Juanito Martínez” le sacaba piezas de tela e innumerables cajas de ropa interior o camisas, todo ello en animada conversación.

En homenaje a tantos y tantos buenos comerciantes ecijanos, traigo el recuerdo de uno de ellos, que además de ser un verdadero maestro en su profesión, tenía una peculiar manera de vender. Me refiero a MANEL RUIZ BLANCO, aunque se le conocía por Antonio y aún más por “EL PETROLO”, que no fue apodo, ya que se le llamaba así porque su abuela fue Petronila, toda una institución ecijana. Regentaba “El Petrolo”, una gran y surtida tienda de comestible en calle San Francisco, frente a la puerta lateral de la Iglesia.

En su tienda se vendía toda clase de comestible y de gran calidad y en ella se instaló el primer tostador a motor para café, inundando de tan agradable olor toda la calle, el día que tostaba dicho producto. Pero su verdadera fama le vino por el jamón, producto casi inaccesible a la mayoría de los bolsillos de aquella época y que los ecijanos comían – en poca cantidad-, solamente cuando se ponían enfermos.

“El Petrolo” adquirió tal maestría cortando jamón, que aún dicen los viejos que no ha sido superada por ningún otro comerciante, ya que era capaz de cortar de una sola loncha 150 gramos, sin apenas error en el peso. Con su largo babi, su penoso andar, no exento de ingenio, lo sorprendente es que la mayoría de las veces acompañaba su trabajo de cortar jamón, cantando piezas de zarzuela u ópera con verdadero buen gusto, antes los asombrados clientes.

LAS TORRES DEL PALACIO DE BENAMEJÍ DE ECIJA.

Fachada Palacio Benamejí EcijaUna de las facultades o prerrogativas que tenían los reyes absolutista de nuestra monarquía, era la de conceder o nó, si así lo era solicitado por nobles, caballeros o ricos –hombres de su reino la construcción de torres o torreones en sus castillos o casas-palacio, pues estas edificaciones representaban símbolos de poder y dominio.

Basándose en tal facultad real, sobre las dos torres que embellecen el Palacio de Benamejí – hoy Comandancia Militar -, el escritor ecijano D. Manuel Alarcón Martín, dejó escrito un precioso relato recogido en la propia voz de D. Cristóbal Martel, Conde de Valverde, uno de los últimos propietarios del palacio, relato que asimismo recoge el compañero académico D. Juan Méndez Varo, en su magnifico trabajo “Marquesado y Palacio de Benamejí”. Tal relato, que no puede considerarse como cierto, pues documentalmente no está demostrado, es el siguiente:

Cuando se está construyendo el palacio en el siglo XVIII, el monarca reinante, que debió ser Carlos III, paso por Écija y el noble antepasado del Conde de Valverde, alojó y atendió al Rey y a su comitiva. El monarca agradecido, antes de proseguir su viaje, dijo al anfitrión:

– Puedes pedirme una gracia –

El noble ecijano, solicitó le autorizase a levantar una torre en el palacio, no terminado, para embellecerlo y además para que desde dicha altura se contemplara mejor la maravillosa ciudad ecijana. La gracia pedida, le fue otorgada en el mismo acto.

Pasado algún tiempo y ya terminado por completo el palacio, vuelve a pasar por Écija el mismo rey, y también vuelve a alojarse en tal mansión. Habiéndose fijado el monarca en las dos torres, como no tenía mala memoria, dijo al noble al momento de ser recibido:

– Veo dos torres, y creo recordar que me pediste permiso y te lo dí, pero par levantar solamente una.

En efecto Majestad. Una a la que tenía derecho por mi rango y otra la que me concediste. Las dos que veis.

RECOMPENSA REAL A LA MADRE Y HERMANA DE UN HEROE ECIJANO.

En una fría mañana, el Rey Felipe IV, en el Palacio Real, rodeado de gran parte de su Corte, en solemne ceremonia, recibe afectuosamente a los pies de su trono, a una señora de mediana edad, enlutada y humildemente vestida. La acompaña su única hija, aún doncella, muy joven y bellísima. El monarca hizo sentar en mesa contigua a las dos mujeres, con las que departió cariñosamente durante largo rato.

Al finalizar el acto, el monarca entrega a la dama ecijana un documento, mediante el cual la corona le concede un beneficio de 3.000 ducados. Se vuelve a si hija y le entrega a la bellísima doncella también documentos, concediéndole el privilegio de usar hábito en un futuro casamiento y la dote necesaria no sólo en metálico, sino en ricas haciendas.

Ambas mujeres son ecijanas y tales premios otorgados por la Corona, son el reconocimiento a las muchas gestas realizada a favor del reino de España por su hijo y hermano, Sargento Mayor del Reino DON FERNANDO DE SILVA, quién siendo aún muchacho, se marcha de Écija, alistándose en el ejercito combatiendo con las tropas de Flandes, donde pronto, a pesar de su juventud, sorprende por su arrojo e inteligencia con los combates, ascendiendo rápidamente al cargo de Alférez. Recomendado por sus superiores, legan noticias de sus gestas al propio Rey Felipe III, quién le confiere el mando de una compañía, para que con ella sirviese bien en Lombardía o Filipinas.

Fernando de Silva, escogió Filipinas, donde continúa con grades aciertos su carrera militar, luchando con holandeses, Ingleses y japoneses, ascendiendo al cargo de Sargento Mayor del Reino. En ocasión de que, con sus naves, arribando al suya con grandes desperfectos a las costas de Siam. Allí se apodera con solo 100 hombres de una gran nave holandesa, venciendo a sus tripulantes.

Al ocurrir los hechos cerca del puerto del reino de Varo, y enterado su gobernante, requiere a Fernando de Silva para que le entregue la nave y sus posibles riquezas. Se entabla una feroz lucha, muriendo Fernando de Silva al recibir el impacto de una bala de cañón, que dividió en dos partes su cuerpo.

La madre de tan valeroso ecijano Doña María de Prados y Pernía, sobrevivió largos años la muerte de su hijo. Fue persona estimadísima en nuestra ciudad. Su joven hija que le acompañó al Palacio Real, muy pronto contrajo matrimonio con el caballero de la nobleza de Badajoz, Don Pedro de Figueroa, quién a sus bienes propios, aumentó la valiosísima dota que recibiera, de manos del Rey Felipe IV en la Palacio Real, la hermana de tan heroico ecijano.

LOS MEDALLONES DE LA CUPULA DE SANTA CRUZ. “Primeros Mártires Cristianos de Écija”

Muchos creen que las cuatro figuras de los relieves existentes en unos medallones o pechinas, en la cúpula de la nave central de la Iglesia de Santa Cruz, representan cuatro Obispos de Écija. No es así, pues según autores reconocidos solamente dos de ellos si fueron Obispos de nuestra Ciudad. Veamos a quién pertenecen:

Uno de ellos a San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, hermano de San Fulgencio, San Leandro y Santa Florentina.

Otro a San Crispín, que si se tiene por todos los historiadores como primer Obispo de Écija, martirizado por Aloto, prefecto de Nerón en nuestra región. Murió según se cree el 16 de noviembre del año 66 al ser degollado. Según Juliano, sus discípulos escondieron sus restos, sin que hasta ahora se haya sabido el lugar.

El Padre Roa indica en su obra “Écija, sus santos y sus antigüedad”, que “…abriendo estos años pesados zanjas para su Iglesia los Padres Carmelitas Descalzos, se halló una caja de plomo, larga una vara y cuarta, llena de huesos y con ellos un cuchillo, una bujeta o redomilla de plomo, esculpido en ella un cordero y el rostro de Cristo, que dio ocasión a pesar si fuesen las reliquias del glorioso San Crispín…”. Pudo dar luz sobre quién pertenecieran dichos restos un ladrillo escrito, que se halló justamente con la tumba, pero desgraciadamente fue roto en varios pedazos por las personas que trabajaban en tales obras, haciendo imposible su lectura.

El tercer medallón se refiere a San Fulgencio, hermano de San Isidoro, San Leandro y Santa Florentina. Fue Obispo de Écija ocupando tal cargo entre los años 600 al 619.

El cuarto medallón representa a San Probo, que aunque muchos creen que también fue Obispo ecijano, ningún autor sobre temas históricos lo tiene como tal. Si aparece acreditado la leyenda de que en los primeros años de le era cristiana, ostentaba en nuestra ciudad el cargo de Prefecto Jurídico en nombre de Roma. Oyó las predicaciones de San Pablo en nuestra plaza, lo acogió en su casa, convirtiéndose a la fé de Cristo, junto con su esposa Xantipa o Jantipa y una hermana de ésta llamada Poligena.

Tanto Probo, como su esposa y su cuñada después de sufrir innumerables vejaciones, desposeídos de su cargo y bienes, padecen martirio por no abjurar su fé cristiana, siendo los primeros mártires junto con San Crispín de quienes se tengan noticias.

(Hoy la propia Iglesia Católica ha sometido a dura crítica todos los antiguos martirologios, sobre lo que hay abundante literatura. En concreto lo aquí contado no ofrece verosimilitud alguna “ las vidas de los presuntos mártires y amigos de San Pablo “, quedando en simples leyendas piadosas. Ofrecidas como tales, no dejan de ser hermosas).

UN MEDICO BUENO ADEMÁS DE UN BUEN MEDICO. “Don Tomás Sánchez-Malo Ruiz".

Ejemplo de poner una profesión al servicio de la sociedad y de hacerlo además, con una humanidad y cariño sin limite, lo tenemos en el inolvidable médico ecijano Don Tomás Sánchez-Malo Ruiz, recientemente desaparecido. Nació en el nº 53 de la c/ Emilio Castelar el día 29 de noviembre de 1.914 y después de realizar los primeros estudios en el Colegio de San Fulgencio, cursó los de medicina en Cádiz.

Obteniendo su título muy joven, se instala en Écija, la que nunca abandona y por sus consultas de calle Mendoza, Santa Cruz, Sor Ángela, Pacheco y Fernández Pintado, desfilan los enfermos ecijanos de toda una época, la mayoría de tan poco poder económico, que muchas veces no sólo salían aliviados de sus males físicos, sino también remediados en sus problemas con la pobreza y el hambre.

Las puertas de su casa nunca estuvieron cerradas, ni de día ni de noche, intercedía por todos, buscaba empleos y trabajos y gran parte de sus enfermos lo tenía no sólo como médico, sino como protector y amigo donde confiar y aliviar sus penas.

Algún que otro padre de familia, en señal de respeto y cariño ha bautizado algún hijo con el nombre de Tomás, como el caso de los padres del actual famoso torero Tomás Campuzano. Fue Concejal de nuestro Ayuntamiento en los años 1.961 al 1.967, donde empleó al máximo sus muchas dotes humanitarias.

Murió con 61 años el día 4 de Diciembre de 1.975, como consecuencia de las radiaciones recibidas en su cuerpo por el mucho celo y trabajo empleado en radiología. Tiene un busto en Plaza de San Juan, no muy afortunado, y el Ayuntamiento, recogiendo el sentir de todo un pueblo, en plena justicia, ha dedicado con su nombre una de las nuevas Avenidas.

UN BAUTIZO DE RUMBO EN ECIJA. “La Familia del Rey de Thenes”.

Ya tuvo que ser de “tronío el bautizo” puesto que es recogido hasta por los libro Capitulares de nuestro Ayuntamiento. Se celebró ante el regocijo popular, acudiendo no sólo la nobleza y familias importantes de Écija, sino todo el pueblo.

Se celebró con toda solemnidad religiosa en la Iglesia Parroquial de Santiago. Ofició la ceremonia el Párroco de la misma Don Fernando de Aguilar y se administra el sacramento del bautismo nada mas y nada menos que a toda ¡UNA REINA¡ y a su hija.

Ocurrieron los hechos el día 16 de junio de 1.528. Desde hacía algún tiempo, por mandato del Emperador Carlos V, vivía en nuestra ciudad, el Rey Thenes con su familia, el cual tuvo que abandonar su pequeño reino del Norte de África por razones políticas. Pronto fueron cautivados por el cariño que Écija le dispensaba y por las costumbres de nuestras gentes, adaptándose rápidamente a nuestra forma de vivir, incluso asistiendo a todo acto social.

Sin perder su dignidad, le gustaba mezclarse con el pueblo, gozando de la estima y el respeto de persona de toda clase social. Poco a poco se fueron convirtiendo al cristianismo, y el Rey, aceptó que su joven y bellísima esposa, la reina Axa, y su hijita pequeña de dos años, recibieran el bautismo, haciendo publica su fé, organizando una gran fiesta, a la que asistió toda la sociedad ecijana de aquellos tiempos, fiesta que duró varios días.