CASOS, COSAS Y CURIOSIDADES ECIJA
POR D. ANTONIO SIRIA GONZÁLEZ- 1995

UN BARCO EN ÉCIJA.

Aunque intrascendentes, no dejan de ser curiosos algunos hechos acaecidos en el transcurso de la historia de nuestra ciudad, como éste que relato.

De siempre, ha existido en Écija, excelentes artesanos y profesionales en todas las materias, pero lo curioso es, que sin ser puerto de mar, estos artesanos en cierta ocasión, tuvieron que construir precipitadamente, nada menos que ¡un Barco¡, Así está recogido en las actas de los cabildos del 7 y 10 de enero de 1.784 y se debió a que dadas las continuas e intensas lluvias que durante mas de quince días venía padeciendo nuestra comarca, se desbordó el Genil, inundando no solo en gran extensión el valle, sino gran parte de Écija, llegando en algunas calles a alcanzar el nivel de las aguas una altura superior a “cuatro varas” unos 3,50 metros.

Muchísimas familias tuvieron que subirse a los tejados de las casas e igualmente centenares de hortelanos se vieron subido a los árboles. Para resolver tan dramática situación, al no existir otros medios, se acordó y así se hizo en una sola noche, para lo cual acudieron todos los carpintero, un Barco.

No se recoge en dichas actas las características ni sus dimensiones, pero si que era una especia de “nave” y que gracias a ella, se salvaron familias enteras en gran número.

ECIJA Y EL REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE BURGOS Nº 36.

No hace mucho tiempo un ecijano sorprendido me explicaba como un familiar suyo que había prestado servicios militares en el Regimiento de Infantería de Burgos nº 36, vió con inmensa alegría que el escudo de dicho regimiento, tenía un sol y rodeándole el lema: “Civitas Solis Vocabitur Una”.

Ello se debe a que dicho Regimiento fue creado y organizado en Écija, donde estuvo instalado. Su creación se debe a D. Luis Navallas, Capitán del Regimiento de Infantería de Murcia y de D. Antonio de la Torres Duran, Capitán de Fragata, ambos militares, ecijanos de nacimiento.

Estos lo proponen al Ayuntamiento, quién en Cabildo de 13 de Febrero de 1.792, acuerdan aprobar tal propuesta y crear en nuestra ciudad un Regimiento de Infantería con 600 plazas de las tres clases: de reclutas, la de aplicados por delitos leves y la de leva.

La solicitud fue elevada al Rey Carlos IV, quién aprobó el proyecto y así el Conde de Campo Alanje, por aquellas fechas, Secretario de Estado y Ministro de la Guerra, expidió en Aranjuez el día 28 de mayo de 1.792, Real Cédula, dirigida a D. Vicente de Saura y Sarabia, Corregidor de Écija, mediante la cual ordena, que parte del antiguo Regimiento de Burgos, se establezca en nuestra ciudad. Así se hizo, ostentando el cargo de Primer Jefe del recién creado Cuerpo de Ejército, el Brigadier Don Antonio Coronel.

Dicho Regimiento estuvo en nuestra ciudad hasta la Guerra de la Independencia, y aunque posteriormente recobró el nombre de Burgos por reclamación de la poderosa abadesa del Monasterio de las Huelgas, al haber sido creado en Écija, siguió ostentando hasta hoy, en su escudo de armas, el Sol y la célebre leyenda, ambos tomados del escudo de nuestra Ciudad.

CUBIERTO CON DULCE, CAFÉ, COPA Y PURO..... !! 60 pesetas !! PENSIÓN COMPLETA.... 300 Pesetas. EL HOTEL CENTRAL.

No sólo en toda Andalucía, sino en muchos puntos de España, era suficientemente conocido el excelente servicio y la abundante y exquisita comida que se ofrecía en el desaparecido Hotel Central de Écija.

Estuvo situado en la casa nº 22 y 23 de la Plaza de España y fue creado en 1.931 por Eduardo Martínez Isla, que antes había regentado dos tabernas, una frente a la Iglesia de Santa Ana y otra en calle Mayor, así como una pensión en la barrera de San Juan, conocida por la Perla. Con tales conocimientos en la profesión, el Sr. Martínez Isla arrendó la parte alta del pequeño y antiguo café El Brillante, que explotaba Domingo Nogueras y, después, arrendó la totalidad del negocio instalando definitivamente lo que llegó a ser el famosísimo Hotel Central.

Además de los exquisitos platos, comenzó a adquirir fama, porque de entrada se te ofrecían entre 25 o 30 entremeses, en bandejas, a cual mas exquisito; a continuación el suculento menú previamente anunciado en la carta, y para terminar un variado postre, en el que no faltaban además de toda clase de frutas del tiempo, diversas piezas de dulces. Todo ello regado con excelente vino, bien de Jerez o de Sanlúcar y si lo prefería tintos de Rioja, también de excelente calidad.

Tan copioso almuerzo, en el que en ocasiones te incluían café, copa y puro, costaba en 1.938 unas siete pesetas y en 1.955, fecha en que yo lo conocí, su precio era de 60 pesetas. El año 1.974 se cerró el comedor y en esa fecha la pensión completa era 300 pesetas.

Por su comedor, durante mas de treinta años, desfilaron toda clase de personalidades, y no era raro que en la mesa de al lado se encontraran comiendo el insigne médico D. Gregorio Marañón; o escritores como D. José Mª Peman, que hacían visita obligada al Hotel a su paso por Écija. También a artistas como Anthony Quinn, Casimiro Ortas, Pepe Isbert, Lola Flores, Manolo Caracol, Políticos como D. Alberto Martín Artajo; militares como D. Gonzalo Queipo de Llano, e innumerables toreros, cantantes y personajes de la vida pública de aquellos tiempos.

Al morir D. Eduardo Martínez Isla, el 8 de diciembre de 1.976, pasa el negocio a manos de su hijo D. Eduardo Martínez García, quién lo cierra en 1.980 y con el cierre de este Hotel, se cerró uno de los establecimientos que en su clase, ha dado más fama y prestigio a nuestra ciudad.

EL BIZCO PARDAL.

Si en tiempos mas lejanos achacan al insigne Quevedo innumerables ocurrencias y chistes, en tiempos mas modernos se hicieron célebres los chistes del Bizco Pardal, aunque como es natural, no fuera este personaje el autor de ellos, aunque sí de algunos.

Este hombre, que adquirió la máxima popularidad en Sevilla, era ecijano. Se llamaba JOSÉ RAMON GARCIA PARDAL y nació en la calle Moleros nº 5 el día 9 de diciembre de 1.877; hijo de familia humilde, su padre era zapatero remendón.

Desde temprana edad, al ser de carácter inquieto, se trasladó a Sevilla, donde se dedica a diversos trabajos, no muy penosos por cierto, incluso quiso ser torero. Ingenioso y ocurrente, estaba dotado de una gracia especial, que él explotaba aprovechándose para ellos de los dos defectos físicos que tenía: el ser bizco de un aojo y ser tartamudo.

Se hizo muy conocido en todos los ambientes artísticos de la capital andaluza y gozó de cierta amistad con los matadores de toros Joselito, su hermano Rafael el Gallo y alguna que otra vez lo soportaba Juan Belmonte. Se le veía con frecuencia en las reuniones y juergas de la época y alternó con cantantes y personajes de altas esferas sociales Sevillana. Murió a la edad de cincuenta años en Sevilla en la calle Juan de Oviedo.

Gracias a las gestiones de Francisco Vargas González “El Chato de la Campanera”, otro personaje peculiar ecijano, se ha reivindicado la naturaleza ecijana del “Bizco Pardal”, logrando que el Ayuntamiento, titule con tal denominación la antigua calle Meleros, donde nació.

UN MARINO HEROICO. “Don Manuel Puyou Dávila”

La bellísima calle ecijana Coronel Puyou, debe su nombre a uno de los ecijanos de más brillante carrera militar de los últimos tiempos, DON MANUEL PUYOU DÁVILA. Nacido en el nº 7 de la calle Merinos, el 19 de Diciembre de 1.846, ingresa muy joven en el Cuerpo de Infantería de Marina con el empleo de Sub-Teniente, yendo por propia iniciativa al ejército que operaba en la Isla de Santo Domingo, donde hizo toda la campaña.

Vuelve a España y se le vé intervenir en la batalla de Alcolea, en Septiembre de 1.868 a las órdenes del Duque de la Torre, ascendiendo a Teniente. Al año siguiente, en 1869, marcha a Cuba, combatiendo en la insurrección de Yara a las órdenes del brigadier Suances, que queda asombrado del valor y la gran inteligencia del joven militar. Interviene en dicha isla en dieciséis hechos de armas, ascendiendo a Capitán y obteniendo la Cruz Roja de 1ª clase y otras condecoraciones.

De nuevo en España, se le nombra a pesar de su juventud, Jefe de la Escuadra del Mediterráneo, concediéndosele el mando de la fragata “Villa de Madrid”, sublevándosele la tripulación cuando iba rumbo a Cádiz, siendo detenido por orden del comité Público de dicha plaza y confinado en el Castillo de San Sebastián, y después en el de Santa Catalina con otros oficiales, consiguiendo escapar y siendo condecorado con la Cruz al Mérito Naval.

Interviene en toda la campaña del Norte, ascendiendo al grado de Comandante por su acción en San Pedro Abanto, a Teniente Coronel, concediéndosele varias condecoraciones, terminando la campaña con el grado de Coronel.

Pasa de nuevo a Cuba y presta servicio como Jefe de Zona Militar, nombrándosele en noviembre de 1.879, Jefe de Columna de Guantánamo, en cuyo lugar a finales de 1.880, se produce la gloriosa resistencia de “La Dama de las Doncellas”, donde queda vivo, con solo 35 hombres, tras emplear diversas estratagemas, para posibilitar la retirada de los heridos y no entregar la plaza.

Este hecho tuvo elogiosos comentarios en el mundo militar y político de España, concediéndosele al Coronel Puyou, la Gran Cruz Laureada de San Fernando.

Se vuelve a España para recobrar su salud perdida como consecuencia de intervenir personalmente en mas de 43 acciones de guerra y sufrir varias heridas, siendo recibido y felicitado personalmente por el Rey Alfonso XII, que mostró vivos deseos de conocer a tan heroico militar.

En la audiencia celebrada, el rey le ofrece premios de alta dignidad, pero Puyou amablemente rechazó tal ofrecimiento, no aceptando cargo honorífico que no estuviese relacionado con su carrera militar. Solicitó el retiro al estar muy cansado físicamente y se vino a Écija, donde reside hasta que la muerte le sorprende el 15 de Septiembre de 1.887, cuando solamente contaba 41 años de edad.

El pueblo ecijano le regaló en vida, una placa y un bastón de mando cuando le fue concedida la “Laureada de San Fernando”; y el cuerpo de la Marina de España, en premio a su brillante carrera militar, le obsequió con una espada de honor en la que figura en letras de oro la siguiente inscripción: “ EL CUERPO DE INFANTERÍA DE MARINA AL HEROÍSMO”.

LOS EFECTOS DEL TERREMOTO DE LISBOA EN ECIJA.

En una ciudad, donde se han construido tantas torres, espadañas, cúpulas de templos, lógico es, que lo que más puede dañarle es un movimiento sísmico. Aunque Écija, a lo largo de su historia, ha padecido numeroso “temblores de tierra” y algún que otro terremoto de cierta envergadura, es el conocido por el “Terremoto de Lisboa”, el que más daño ha causado, dado la fecha en que se produjo, en el cual ya estaban levantadas hacia el cielo, todas nuestras bellísimas torres y también todos los templos.

Según relato de un testigo presencial dicho movimiento sísmico, ocurrió el día 1º de noviembre de 1.755, festividad de Todos los Santos, entre las 9 y las 10 de la mañana, durando unos inacabables ¡quince minutos¡. Venía precedido de un espantoso ruido y se sintió en la mayor parte de España, Portugal y Norte de África, llegando sus efectos hasta Inglaterra e Italia.
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Dicho testigo hace una valiosa relación de los hechos acaecidos por el seísmo en nuestra ciudad, anotándolos al final del libro 51 de los de Bautismo de la Parroquia de Santiago. Por él sabemos, que en Écija se causaron importantes daños en la Iglesia del Carmen, cuarteando su torre; dañó la Iglesia de los Remedios, hundiendo el coro alto y rompiendo su bóveda.

Asimismo sufrieron enormes destrozos la Iglesia de la Compañía de Jesús, la torre de Santa María, la Iglesia y el Convento de la Victoria y el de la Merced. Se abrió la torre de Santa Cruz y sus campanas estuvieron tocando por sí solas durante el tiempo que duró el terremoto, con lo que el pánico aumentó aún más en la población.

Numerosos edificios y casas se vieron afectados por tal fenómeno, si bien a pesar de tan devastadores efectos, sólo hubo que lamentar en Écija la muerte de una persona, concretamente de un muchacho de siete años de edad, que pereció entre las ruinas de una casa situada en la antigua calle de Las Monjas Blancas.

LA ESPOSA DEL GRAN CAPITAN FUE ECIJANA

Don Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido en la Historia, como “El Gran Capitán”, estuvo casado hasta su muerte con la Ilustre dama ecijana DOÑA MARIA MANRIQUE Y FIGUEROA, tercera hija del Alcaide y Alguacil Mayor de nuestra ciudad, Don Fadrique Manrique de Castilla, gran Maestre de la Orden de Santiago y uno de los capitanes de confianza del Rey Enrique IV, batallando con las tropas de éste en numerosas ocasiones, recibiendo en pago de tales favores el Gobierno de Écija en perpetuidad.

Se cuenta que muchas de las estratagemas y ardiles guerreros empleados después con grandes éxitos por el Gran Capitán, eran frutos de las enseñanzas recibidas de su futuro suegro en largas conversaciones mantenidas entre ambos en el palacio ecijano de Don Fadrique. Junto con los Sres. Fernán González de Aguilar y Fernández Galindo, también caballeros ecijanos, Don Fadrique ordenó la construcción del actual Convento de San Francisco.

Su hija Maria Manrique y Figueroa, contrajo nupcias con Don Gonzalo Fernández de Córdoba en Palma del Río, el día 14 de Febrero de 1.489, en el palacio de su hermana Doña Francisca, que resida en dicha población, celebrándose brillantes y esplendorosas fiestas a las que acuden la mayoría de nobles de la época. Doña María Manrique estuvo siempre al lado de su esposo, quién fallece en sus brazos y en los de su hija Doña Elvira el 2 de diciembre de 1.515 en Granada.

Su esposa le sobrevive 12 años, pues Doña María Manrique fallece a las once de la noche del día 10 de junio de 1.527, también en Granada. Nunca olvidó tan ilustre dama a su Écija natal, y lo demuestra, entre otros, el hecho que en su testamento entre otras y numerosas cláusulas, ordenó “manda de 500 ducados para el retablo de la Capilla Mayor del monasterio de San Francisco de Écija, y que se compre un paño de terciopelo negro para encima de la dicha capilla, donde está enterrado Don Fadrique Manrique, mi padre y señor”.

EL CABO “JOAQUINILLO EL DE LA MATEA” EL DEL BRAZO SECO.

Los avatares políticos de la segunda mitad del siglo XIX, influyeron apasionadamente en cierto sectores de nuestra Ciudad, levantando pasiones y motivando hechos muy desagradables.

La noche del 9 de septiembre de 1.873, un grupo de trece hombres, se reúnen en una casa de calle Santiago y conspiran contra las autoridades del municipio. De dicha reunión sale el descabellado acuerdo de asaltar el Ayuntamiento.

El grupo de exaltados llega al Salón y se sitúa detrás del “Aguaducho del Cojo”, que estaba próximo a la esquina de calle Zapaterías. Dicha noche, desde las diez, se celebraba sesión plenaria bajo las órdenes del Alcalde Don Enrique López y López. Desde el kiosco o aguaducho, los exaltados hacen una descarga con sus armas para avisar a los que se encontraban en el Ayuntamiento, pero una de las balas, hirió de muerte a un Guardia que estaba sentado en un banco de la puerta principal, y ante ello los asaltantes salen corriendo asustados, huyendo en todas direcciones.

Al día siguiente, encontraron a uno de ellos, apodado “El Pastor”, escondido en el desván del piso tercero de la casa Telégrafos y avisada la Guardia, acuden varios números, bajo el mando del Cabo “Joaquinillo el de la Matea”. Asustado “El Pastor” al ser descubierto, tiró el retaco que aún portaba, se hincó de rodillas y suplicó llorando que no le hicieran daño, que era casado y padre de varios hijos. A pesar de ello, el Cabo Joaquín le hizo un disparo de pistola, causándole la muerte.

Lo curioso del hecho es que el Cabo Municipal, “Joaquinillo el de la Matea”, autor de la muerte de “El Pastor”, a los pocos días, sin dolores aparentes, ni causa que lo justificara, notó que se le “secaba la mano y el brazo” con que disparó, quedándosele un poco tiempo después el miembro, “como momificado y sin movimiento”.

Enseñaba la mano y el brazo a sus amigos y conocidos, invitándoles a que se lo tocaran, y en toda ocasión sacaba como tema de conversación la persecución y muerte de Pastor, tratando de disculparse y explicar que fue justa su decisión. Comenzó también a padecer fuertes remordimientos, no descansaba de noche, sufriendo en las pocas horas de descanso alucinaciones y pesadillas, que al día siguiente contaba a todo el mundo y pregonaba por el pueblo.

Se le veía cada vez mas pálido y delgado, tuvo que darse de baja para el servicio, apenas salía de su casa, enfermando “de melancolía” según se comentaba, aunque lo más sorprendente, es que al año justo, el mismo día de cometer tan condenable acto, apareció muerto en su casa el Cabo Joaquinillo, a quien todo el pueblo dejó de llamarle “el de la Matea”, por el del “brazo seco”.

EL CENSO DE LA POBLACIÓN DE ECIJA EN EL TRANSCURRIR DE LOS AÑOS.

Aunque forzosamente con anterioridad se han tenido que realizar en España muchos censos de población, los primeros datos fiables que conocemos, pertenecen al que se llevó a cabo el año 1.640 para establecer impuestos, con el fin de ayudar a la Corone.

En dicho año, Écija registró una población de mas de 22.000 habitantes y se la consideró como una de las ciudades mas importante de la Corona de Castilla. Un 35% de dicha población dependía de la agricultura y ganadería. Otro núcleo importante de la industria textil y el resto a otras profesiones. Como curiosidad anotemos que en dicho año de 1.640 existían 45 barberos, 8 médicos, 6 cirujanos y 6 maestros de escuela para niños y una sola maestra para educar y enseñar a “niñas”. El 22% del Censo realizado eran mujeres, gran parte de ellas viudas que vivían en precaria situación.

En el año 1.787, la población ecijana llega a 36.000 habitantes, cifra que vá reduciéndose considerablemente en los posteriores años, pues a mediados del siglo XIX no llegó a registrarse ni 23.000 habitantes.

Este descenso de la población, se debió a la invasión francesa, a la gran sequía de 1.834 que hizo emigrar a numerosos ecijanos y por último a la terrible epidemia a numerosos ecijanos y por último a la terrible epidemia de cólera de aquellos años, que se cobró muchas vidas. Desde primero de siglo, este ha sido el Censo:

En 1.900 … 24.372 habitantes
(El mayor pueblo de Andalucía tras Jerez y Linares.)

En 1.920 … 29.934 habitantes.
En 1.930 … 29.884 “
En 1.940 … 34,944 “
En 1.950 … 41.679 “
En 1960 … 49.762 “
En 1990 … 39.650 “

LA DEVOCIÓN ECIJANA A UNA CRUZ, A LA CRUZ DEL MILAGRO.

Gran mayoría de las súplicas y oraciones que los católicos ecijanos dedicaron durante más de 300 años, entre los siglos XVI al XIX, no iban dirigidas a ninguna imagen en particular, sino concretamente a una Cruz de madera: LA CRUZ DEL MILAGRO, que se encontraba en el Convento de Santo Domingo, y sobre la cual el joven Antón Arjona puso su mano y se produjo la curación prodigiosa que demostraba la intervención de San Pablo en los hechos, que dio lugar al célebre “milagro de San Pablo”.

A raíz de aquel suceso, esta Cruz fue venerada por todos los ecijanos con gran devoción, extendiéndose dicha devoción a poblaciones mas o menos lejanas, acudiendo numerosas personas a orar ante ella, formándose en ocasiones largas colas. Anta esta Cruz, se veían numerosas mujeres embarazadas, las que rezaban fervorosamente para salir bien de sus partos.

Fue tal la fama adquirida, que la Cruz del Milagro fue llevada en cinco ocasiones a Madrid, para que estuviera presente en los partos de las reinas, como ocurriera en el de la Reina Isabel, esposa de Felipe IV, siendo llevada en esta ocasión por Fray Pablo de Carmona.

También se sacaba procesionalmente hasta los próximos campos, en época de calamidad o sequía, como así se hizo el día 3 de Mayo de 1.664, dada la continua falta de agua que se venía padeciendo.

Anualmente era colocada en el altar mayor del Convento de Santo Domingo, donde era besada en solemne función, primero por el Cabildo de la ciudad y, después, por todo el pueblo que asistía a los cultos.

Tan venerada y preciosa reliquia desaparece del Convento, la noche del 27 de Enero de 1.810, al saquear el templo los soldados franceses que violentaron y destruyeron innumerables obras de arte, no sólo de este Convento, sino de otras iglesias y casa principales ecijanas. Se formalizó un curioso expediente en el que se concreta tal desaparición, dicha noche, al parecer en uno de los fuegos que para combatir el frío, hicieron en varios lugares, el ejército francés invasor.

Posteriormente se ha comentado que la Cruz había sido vista en algún museo británico o francés, pero no se ha demostrado.

LA AGRICULTURA Y LA GANADERIA ECIJANA EN TIEMPOS PASADOS.

Para curiosidad de tantos y buenos labradores que aún trabajan nuestra rica campiña, recojo algunos datos relativos a la agricultura y ganadería ecijana en tiempos pasados:

OLIVAR: Hoy casi desaparecido en nuestros campos, fue durante siglos la principal fuente de riqueza de nuestra ciudad, sirviéndose nuestro aceites durante más de dos mil años en gran parte de Europa, desde época romana, puesto que los manjares de los emperadores y principales casa de Roma, eran aderezados con aceites procedentes de la antigua Astigi.

En 1.773 existía 42.210 aranzadas de tierra de olivar. A mediado del siglo XIX aumentaron a 56.000 aranzadas de 36 piés de olivos cada una.

En el año 1.624 se contabilizó una producción de 800.000 arrobas de aceite, si bien en 1.787 existen datos que la cosecha había disminuido en su mitad, pues sólo obtuvieron unas 400.000 arrobas. Los olivares conocidos por “banda morisca”, eran los situados en terrenos caminos de Córdoba, y los de “Valcargado”, por el contrario eran los situados dirección a Sevilla. Los había que producían aceitunas manzanillas, gordales, lechines, judiegas, picadillas y para su recolección tenían que acudir “tareros” de la Mancha, Extremadura, Castilla y parte de Andalucía.

Para la molturación de la aceituna en 1.671 existían en nuestro término 240 almazaras. Un siglo después su número aumenta, pues en 1.778, se contabilizan 261 almazaras. En 1.850 quedan reducidos a 247 los molinos de aceite.

En el año 1.972, sólo quedaban 25.000 Hectáreas de terreno de olivar, siendo en los años de 1.94 a 1.978, cuando se realiza la feroz e indiscriminada fiebre de arrancar de nuestras tierras tan histórico árbol, de tal manera que apenas quedaron 1.200 Hectáreas. Sin embargo a partir del año 1.985, se van viendo nuevos replanteos de olivares en terrenos adecuados y desde dicha fecha al parecer se han plantado más de 500 nuevas hectáreas, sobre todo en terrenos del camino de Marchena, de Córdoba y carretera de Fuente Palmera.

Respecto del TRIGO, en 17.80 se recolectaron en nuestro término más de 500.000 fanegas y casi la mitad de cebada. Hemos de destacar y recoger para la historia, que las “hoces” de Écija eran famosísimas por toda España, pregonándose por los pueblos de Castilla durantes siglos las “hoces de Écija”, siendo la última pequeña fábrica o taller que las producía el de “Rosita” en el Puente.

No hay que extenderse sobre el cultivo del algodón en nuestra campiña, pues motivó su calidad y cantidad, que hasta los árabes denominaran a nuestra Ciudad “Medina Alcotón” y estos algodones producían trabajos derivados para pañería, sederías y toda variedad de telas.

En cuanto a huertas, los productos si nó muy abundante, sí lo eran de exquisita calidad. El padre Roa en 1.629 hace un enardecido elogio de la “graná” ecijana que se servía en las mesas de los Reyes Españoles. También tuvimos viñas, pues en 1.787 se contabilizaron 1.000 aranzadas de tierras de viñedos, que daban trabajo a 86 lagares, en 1.847 sólo existían 13 lagares, y el producto que primordialmente se obtenía de ellos era el vinagre.

En cuanto al ganado, tuvimos una importante y selecta cabaña en todos los tiempos; como referencia los datos que aparecen en 1.851. Esta año se hizo un censo de ganado en que aparecen: 3.570 caballo; 9.412 reses de ganado vacuno; 9.127 de cerda; 1.346 de cabrío; 626 asnos; y 280 mulos. Hay que resaltar que los caballos criados en la cuadras ecijanas eran famosos en toda España, siendo muchos los reyes, príncipes y altos personajes de la Corona que han montado estos caballos, cuya fama aún hoy día se conserva.

EL SALON.

Siendo aún, inmensamente bella, nuestra Plaza Mayor o Salón, no tiene hoy día comparación con la hermosura y belleza que presentaba en otros tiempos y que hacía causar la admiración de propios y extraños.

La antigua Plaza Mayor, Paseo del Pacífico, Plaza de la Constitución, Plaza de España, pero siempre popularmente llamada Salón, de forma cuadrangular, en principio era terriza, hasta que en el año 1.843, se construye un paseo o “salón”, elevado cinco piés del piso natural ( 1,50 mts. Aproximadamente ), con 54 varas de largo por 32 de ancho.

Se subía a este Paseo, por sus extremos y a través de cuatro escalinatas de mármol, a cuyos lados existían 12 pedestales, coronados con graciosas columnas al aire, rematadas con figuras piramidales de 2 varas y media de altura. Estaba sembrado de acacias y tenía unos artísticos y hermosos asientos corridos con espaldares de hierro labrados.

El final de este Paseo, se comunicaba con la “Alameda”, que rodeaba la Fuente de “Las Amazonas” en la que se encontraban instalados asientos de piedra. Estas Amazonas ó Ninfas, eran cuatro, desnudas. Sostenían con una mano una enorme taza de jaspe y bajo el otro brazo portaban un cántaro, del que manaba un constante chorro de agua. Sobre la taza, se levantaba una estatua representando al Dios Neptuno, estatua que el pueblo la llamaba “LA CABA”. En conjunto tenía la fuente dieciséis caños de agua.

En cada una de las esquinas de la plaza había un Kiosco o “aguaducho” y, a la entrada de la calle Aguabajo, existió desde tiempo inmemorial un retablo de grandes dimensiones, con pinturas apenas perceptibles, pero al que se le tenía gran respeto, pués según tradición estaba colocado en el mismo lugar en el que predicó el Apóstol San Pablo la fé de Cristo y convirtió con su palabra, desde dicho lugar, a Hioroteo, Probo y Jantipe.

En 1.866 se quita la Fuente de las Ninfas, igualándose en altura la Plaza y se construye el primer tablado para la música, que es sustituido en 1.925 por otro más artístico y techado. Este año se arrancan las acacias y se sustituyen por naranjos, desaparecen los cuatro kioscos o “aguaduchos” de las equinas, se colocan en dos filas gran número de bancos y se asfalta la parte destinada a carruajes.

La gran última reforma se lleva a cabo en 1.964, desaparecido el tablado de música y lo gran mayoría de bancos. Se coloca la actual Fuente de las Ninfas y se construyen jardines y espacios para aparcamientos, perdiéndose con ello el tipismo, el sabor y sobre todo la belleza que durantes años tuvo esta Plaza…”la más insigne de Andalucía”… según Luis Vélez de Guevara.

LA TRAIDA DE AGUAS DESDE EL PANTANO “El Retortillo”.

Sin lugar a dudas, después de la reparación total de las antiquísimas murallas que rodeaban a la antigua Astigi, realizada por Julio Cesar, sobre el año 45 antes del nacimiento de Cristo, la obra de carácter civil, más importante llevada a cabo en nuestra Ciudad, por su necesidad y resultados, ha sido la traída de las aguas del pantano “El Retortillo”, que acabó con la escasez que de la misma se había venido padeciendo en toda la historia.

Los primeros intentos serios que se hacen, para resolver este grave problema, datan del año 1.880, en el proyecto que se realiza para traer aguas de los manantiales del Vado Pérez, por encima de las Huertas de San Antón, obras que constaban la respetable suma de 1.444.589 reales y que no se llevan a efecto. En 1.920, y con un coste de 77.780 pesetas, se hacen conducciones de agua desde los manantiales de Alcorrín y Dos Fuentes, pero resultan insuficientes.

Es en el pleno municipal celebrado en Julio de 1.966 cuando el entonces Alcalde, Don Joaquín de Soto y Cevallos, pronuncia un discurso, que comienza con la célebre frase “… el agua de Écija, es cara, mala y escasa…”. Se pone en marcha el ansiado y definitivo proyecto. La idea de esta buen Alcalde, es acogida con entusiasmo por todo el pueblo y por el Gobernador Civil de la Provincia, Don José Utrera Molina.

Una vez realizadas laboriosas, constantes y continuas gestiones, llega la petición hasta el propio Gobierno, a través del Ministerio de Obras Públicas que regía Don Federico Silva Muñoz. El importe del proyecto en principio, asciende a 250 millones de pesetas y es aprobado en 1.968, comenzándose las obras al año siguiente.

Por fin sobre los últimos días del mes de Julio de 1.972, el propio Alcalde Sr. de Soto, acompañado por miembros de su Corporación y técnicos, abre el grifo que inunda de tan precioso liquido, los depósitos construidos al borde de la carretera Madrid-Cádiz e inmediatamente surte de abundante, rica y potable agua a la milenaria y sedienta ciudad ecijana.

Con ello desparecen los célebres “Pipas”, que con agua de los Pozos de la Barranca, del Trillo y otros, eran en parte las que apagaban la sed de los ecijanos, y se daba paso a industrias y nuevos progresos de toda clase, que Écija adolecía hasta entonces, por falta de agua.

EL CIEGO LA SOLITA

Cuando en nuestra Semana Santa, al paso de una imagen de un Cristo o de Virgen, por nuestras calles o plazuelas, se oiga desde un balcón, cantar una saeta, muchos de los que le escuchen, temblarán de emoción, pero, a la vez, de dedicarán un emocionado recuerdo, si tienen edad para ello, al apersona de un ecijano, ciego, de mediana estatura, pelo rizado, que siempre tenía en sus manos un pañuelo blanco, el que en un tic nervioso, constantemente llevaba a los labios.

Cantaba como nadie la saeta y se le veía interpretarlas en casa de Don Modesto Cabezas, en la Grillera, en el Rinconcillo, en los balcones del Bar Herrera o en el de la Imprenta Delgado. Se llamó “ANTONIO ARMESTO HIDALGO”, y era conocido por “El ciego la Garria” ó “El Ciego La Solita”.

Nació en Écija el 21 de Marzo de 1.914, y se decía casi todos los cantes, con enorme fuerza y calidad artística. Ganó diversos concursos en Radio Sevilla y actuó varios años en el Circo Price.

Aún sin cantar, era una verdadera delicia oírle tocar las palmas, o simplemente hacer el compás en el mostrador de algún bar con los nudillos de las manos, siempre acompañado de una copa de aguardiente.

Las personas mayores me cuentan que, por mucha conversación o ruido que hubiera en el bar, cuando “El Ciego La Solita”, comenzaba a golpear la madera del mostrador con los nudillos de la mano, todo el mundo se quedaba en el más completo silencio, pués ofrecía un maravilloso espectáculo.

Cantaba sin interés alguno y de seguro que, en los actuales tiempos, este entrañable personaje de la vida ecijana, ya desaparecido, hubiera llegado a ser figura del cante. Fallece en Sevilla sobre el año 1.953.

LA CAUSA CONTRA DON MIGUEL DE ERASO

Una de las mas apasionantes causas criminales, seguida con verdadero interés por todos los ecijanos y, que dio que hablar durante muchísimos años después, fue la llevada por la Justicia del reino contra el caballero ecijano DON MIGUEL DE ERASO,,, rico hacendado, emparentado con las más nobles familias de nuestra Ciudad y aún relevantes personajes de la Corte.

A finales del año 1.590, el caballero Eraso Tenía por manceba a una hermosa y bellísima mujer, esposa de un panadero llamado Pablo Villalba Amores. Ayudado por un hermano de su manceba, trajo con engaños a su casa, al desafortunado marido, con el pretexto de venderle trigo.

En la propia casa, Eraso, con la ayuda del cómplice, dán muerte con un mazo al panadero y lo entierran con cal y sal en los sumideros de las caballerizas, previo descuartizamiento del cadáver. La casa del Sr. Eraso lindaba con la Iglesia de Santa María, en la actual calle Fernández Pintado.

Al notar la falta del panadero, sus padres denuncian el caso a la justicia y apuntan sus sospechas hacia la desleal esposa, lo que presionada, delata los hechos. Se ordena por el Corregidor de Écija D. Diego de Saracoyz, que en principio lleva la causa, que sean detenido el Caballero Eraso y su cómplice, quienes habían huido de Écija, encontrándose a ambos en Sevilla, donde son presos y conducidos a Écija. Aquí son interrogados por el Licenciado Montemayor, confesando el cómplice el delito, pero nó el Sr. Eraso que en todo momento lo negó.

Se dicta sentencia, `por la que se ordena quitar la vida a ambos, y es apelada a varios Tribunales, haciendo uso de sus poderosas influencias el caballero condenado, llegando la causa hasta Madrid, donde se confirma la sentencia.

Vuelve a usar de sus influencias el Sr. Eraso, y consigue remitir la causa a Granada, donde tiene poderosos parientes, pero los Oidores de la Sala de esta capital, vuelven a confirmar la sentencia dictada en Écija, la que al fin se cumple en nuestra Plaza Mayor el martes 21 de Enero de 1.592, donde a la vista del pueblo, muere degollado el caballero Eraso y ahorcado y descuartizado el hermano de la manceba.

Don Miguel de Eraso, dada su condición de noble, fue enterrado una vez ajusticiado, en la Iglesia de San Francisco.

La mujer del panadero, la manceba, estuvo algún tiempo en la cárcel y al salir de cumplir condena, ya mayor, desapareció de Écija y no se supo nunca nada mas de ella, aunque al parecer ingresó en un Convento de Clausura, donde murió arrepentida.

YEMAS “ El Ecijano”

Yemas el EcijanoHa alcanzado justa fama y es conocidísimo en toda España el dulce “YEMAS EL ECIJANO”, que anteriormente tuvo el nombre de “Flan Chino”.

Se comenzó a preparar este dulce sobre el año 1.900 en el obrador existente en la Plaza de España, en la antigua confitería “La Moderna”, que popularmente era conocida por “La Mosca”. Su creador fue un excelente confitero Don Manuel Torres González, que era natural de Estepa y primer marido de Dª Rosario Rodríguez Soria. “La Canana”, cuyo nombre posteriormente fue conocida esta pastelería.

Al fallecer el creador en 1.925, se hacen cargo de la fórmula y fabricación su alumno y también excelente confitero ecijano D. Salvador Benítez Pérez, padre de los actuales Sres. Benítez, y bajo la dirección empresarial de Don Tomás Fernández Clemente, segundo esposo de Dª Rosario Rodríguez “La Canana”. Por estas fechas, eran también celebradísimos “Los ramilletes especiales”, que el maestro Benítez preparaba para bodas y bautizos y que consistían en una gran tarta con rosco acaramelado.

En el año 1.957, se hace cargo de la confitería el industrial ecijano Don Manuel del Mármol Gil, continuando como maestro el Sr. Benítez, hasta su jubilación.

Dada su enorme aceptación en el mercado, al tener que se comercializado a gran escala, por motivos de mayor conservación, el Sr. Del Mármol Gil y su hijo, cambian en algo la fórmula de este dulce, así como el nombre de la marca, pues en 1.959, es patentada con el nombre de “Yemas el Ecijano”, siendo, pués, los Sres. del Mármol, los que realmente han dado a conocer en toda España este exquisito producto ecijano de confitería.

A TAL FIDELIDAD, TAL SEPULTURA

Quizás la única muestra de escultura funeraria que exista dentro de nuestras Iglesias, es la que se encuentra en la nave de la Epístola de la Iglesia Parroquial de Santa María, debajo del retablo dedicado a San Lorenzo.

Muy deteriorado por el tiempo, pués data del año 1.400, se encuentra tallado en alabastro blanco un conjunto de unos dos metros, formado por dos estatuas yacentes en sentido contrario una de la otra y que representan los restos de las personas enterradas en dicho lugar, Don Lorenzo Juárez de Figueroa y su esposa Doña Elvira de Sandoval y Córdoba, aunque algunos historiadores sostienen que la estatua de la mujer representa a Doña Teresa López de Córdoba, madre de Don Lorenzo Juárez. Lo curioso es, que en el espacio que queda libre entre los piés de ambas estatuas, se ha tallado también la figura de un perro, que igualmente se encuentra enterrado junto con sus propietarios ya citados.

Esta noble familia ecijana, crió y tuvo como fiel compañero un perro, que dio muestras de bondad y cariño constante durante toda su vida. Al fallecer primero D. Lorenzo Juárez, dejo encargado a su esposa que, cuando muriera el fiel animal, lo enterraran a su lado. Así lo hizo Dª Elvira de Sandoval a los pocos años después, una vez fallecido el perro.

Por último cuando muere Dª Elvira, es enterrada junto a su marido y el perro, encargando la familia el grupo escultórico que hoy vemos y en el que se incluye entre los piés de sus propietarios, tan noble animal.

ÉCIJA, COMO FUENTEOBEJUNA “El Crimen de Juan López Almendralejo ( El Tigre )”.

Un hecho parecido al de Fuente-Obejuna lo protagonizan un gran número de ecijanos, que ejecutaron al mandato de una sentencia dictada contra un malhechor, y ello motivado por la rabia y desesperación que les embargaban, al conocer un monstruoso delito, cuyo autor no era de Écija, ni aquí tenía familia, sino simplemente residía por unos días, manchando con su vil acción el nombre de nuestra ciudad.

En noviembre de 1.745, desembarca en Cádiz, Dª Luisa de Gandara, viuda de un empleado de la Habana, de apellido Arévalo. Le acompañan sus cuatro hijas, Luisa, Mª Carmen, Teresa y Gabriela, la mayor de 22 años y de 15 la más pequeña. Llegan a Fuentes de Andalucía y al no estar sobrada de dinero la viuda, alquila un carro para seguir hasta Écija.

El 30 de noviembre sobre las dos de la tarde salen de Fuentes en el carro de Alonso Talavera Melgarejo y, al llegar a unos olivares cercanos a nuestra Ciudad, le salen al encuentro cinco hombres armados, siendo uno de ellos y el que les manda, Juan López Almendralejo, apodado “El Tigre”, que era natural de Lebrija. Matan a Alonso Talavera Melgarejo y a Doña Luisa de Gandara y, posteriormente a sus dos hijas Luisa y Teresa, tras ser bárbaramente violadas. Quedan muy mal heridas las otras dos hijas.

En la lucha cae con una herida en el tendón de Aquiles, “El Tigre”, lesión que le causó el carretero Talavera, con una navaja antes que le mataran. Con dicha herida no pudo correr “El Tigre” que fue preso, instruyéndosele urgente causa criminal y condenado a garrote vil y después descuartizado.

Se prepara la ejecución el día 10 de marzo de 1.746, estando la Plaza Mayor repleta de público. Al momento de llevar a cabo la operación, el verdugo era inexperto o se puso nervioso, lo cierto es, que no conseguía poner en funcionamiento el mecanismo. Creyendo el pueblo que lo hacía para perder el tiempo y que llegara un posible indulto, subió en avalancha al cadalso y entro todos ejecutan la sentencia, llevándose los despojos a la “Mesa del Rey” y después cuelgan la cabeza del ajusticiado en “El pimponote del Royuelo”.

LA PLAZA DE ABASTOS DE ECIJA, SU PERSONAL Y AMBIENTE POR LOS AÑOS 1.950.

Hasta mediados del año 1.844, la mayoría de los productos alimenticios que consumían los ecijanos, a excepción del pan, carnes y pescado, se vendían en el Salón, en pequeños portátiles puestecillos, colocándose las hortalizas, legumbres, frutas, etc, sobre grandes esteras en el suelo. El pan se vendía en los soportales de la Plaza de Santa María y, las carnes y el pescado, en puestos algo mejor acondicionados, instalados dentro del antiguo Café Universal.

Los simpáticos puestecillos del Salón, pasan por poco tiempo al lugar conocido por “El Parque”, un solar que quedó, después de derribarse el Convento del Espíritu Santo en dicha calle, aprovechándose la sombra y frescura que ofrecía una gran arboleda allí existente. Es el mes de Junio de 1.844, cuando todos los comerciantes se instalan en la recién construida y moderna Plaza de Abastos, la que actualmente existe.

Nuestra ya vieja plaza de Abastos, está instalada en el mismo lugar que ocupara en su día el Convento de la Compañía de Jesús ( de aquí el nombre de la Barrera de la Compañía ). El Convento fue construido por la Compañía de Jesús y a su costa, comenzando las obras en el año 1.682, bendiciéndose la capilla y dependencias religiosas en 1.707, año en que comienzan a habitarlo los jesuitas, los cuales estuvieron en Écija, hasta que se ordenó la expulsión en toda España, abandonando los últimos sacerdotes el Convento en el año 1.767.

Este gran edificio, en el mismo centro de la población, estuvo cerrado y desocupado durante muchos años, aunque en ocasiones y de forma accidental se utilizó para distintos fines, como ocurriera en la época de la ocupación francesa, que sirvió de almacén de víveres, y posteriormente, en 1.836, se establece en él, la primera Escuela pública ecijana, bajo la dirección del Profesor D. Francisco de Paula Hornero y Jordán.

En el mes de Marzo de 1.836 el Cabildo Municipal acuerda la adaptación de dicho edificio para Plaza de Abastos, teniendo que pasar siete años para que el proyecto se lleve a cabo y no precisamente por el Ayuntamiento, sino por la recién creada Sociedad de Fomento, que firma sus estatutos en 1.842.

Esta Sociedad, realiza unos serios estudios y acuerda en el año siguiente de 1.842, vender 100 acciones a 200 reales cada una, entre futuros propietarios de la Plaza aún no terminada, agotándose rápidamente las acciones. La Plaza se inaugura como tal, en el año 1.844

El Ayuntamiento ecijano, en 1.938, adquiere todas las acciones que aún quedaban y se constituyó único propietario de la Plaza, en la que se han llevado a cabo algunas mejoras, la última en 1.986, pero no han sido las necesarias para adaptar el viejo edificio con los servicios, instalaciones y comodidades que los tiempos modernos requieren.

Nuestra Plaza de Abastos, desde 1.844 era el centro comercial alimenticio de Écija y su comarca. Yo la conozco desde los año 1.950, y recuerdo que sobre ¡las cinco de la mañana¡ en la barrera de la Compañía comenzaban a congregarse numerosas bestias de carga, portando de las cercanas huertas las hortalizas y frutas. Por esas fechas aparecen los primero vehículos de motor en su sus puertas. El trabajo de distribución, preparación e instalación de los numerosos puestos se hacia muy de mañana, comenzando también muy temprano las compras.

Los puestos de pescados, por esta fecha, eran regentados por Renobé, El Rubio, Alfonso el de la Raspa, el Chimiqui, costando por aquel entonces un kilo de sardinas 6 pesetas, el de boquerones 5 pesetas, la pescadilla y el lenguado, casi inaccesible, tenía un precio de 10 peseta el kilo.

En los puestos de carne eran célebres Rafael “El Boca”, “El Chirola”, “Concha la Calahuche”, “El Manchego”, Francisca Sánchez, “El Cordobés”, “El Chía” y “El Tío de los Bueyes” y también “Martinillo”. La ternera se vendía a 15 pesetas, el borrego a unas 10 pesetas y la de cerdo, que era la mas consumida, venía a costar 9 pesetas el kilo.

Era popularísimo el puesto de huevos del “Clarín” y en el patio vendiendo frutas y hortalizas era célebres “La Matea”, “La Marrona”, Juan Villalobos y Carmelita “La Aragona”, esta última era una de las pocas que hacía pregones mientras vendía. Su fuerte voz se oía sentir en media plaza, pregonando las excelencias de sus naranjas. También pregonaba Carmen “La Ollera” sus pucheros y cazuelas de barro.

Aunque en el transcurrir del tiempo fueron abriéndose por calles y barrios infinidades de pequeños establecimientos alimenticios, La Plaza de Abastos, seguía siendo el centro comercial más importante, resistiendo las demás ventas. Hoy día con la instalación de los modernos y amplios supermercados, y la dejadez que viene sufriendo el antiguo edificio, tememos que a la vieja y añorada Plaza de Abastos, le quede muy poca vida como tal.

LA ULTIMA EJECUCIÓN PUBLICA. “ Manuel de los Reyes”.

La última ejecución pública, llevada a cabo en nuestra ciudad, en cumplimiento de sentencia, tuvo lugar a mediado del mes de Noviembre de 1.850, en la Plaza de Puerta Cerrada, siendo ejecutado a garrote vil, el gitano “Manuel de los Reyes”, de oficio herrero.

El crimen que dio lugar a tal castigo, lo cometió dos o tres años antes. Por aquellos tiempos vivían en Écija dos hermanas que tenían un puesto de “buñuelos” en la esquina de Santa Bárbara, conocidas por “Las Galindas”. Una de ellas tenía una hija de 18 0 19 años, bellísima y con un gran tipo, según malas lenguas fruto de sus relaciones con un caballero importante.

De esta “Real Moza” se enamora el gitano Manuel de los Reyes, oponiéndose a tales relaciones la madre y su tía, quienes abusando de la belleza de la muchacha, la vestía graciosamente, incluso con mantón de Manila y servía los buñuelos en “platos vidriados”, todo ello para reclamo de la numerosa clientela, sobre todo la masculina.

A pesar de no contar con la voluntad de la madre y de su tía, la muchacha corresponde los amores del gitano y se casa con él. Siguió trabajando en el puesto de churros, pero ahora en contra de la voluntad del marido, motivando por ello grandes peleas en el matrimonio que termina en la separación.

Durante la “velá” de Santiago de 1.847, la muchacha, estuvo sirviendo en el puesto, aguantando el asedio y piropos de algunos compradores, hechos que presenciaba desde lejos su marido Manuel de los Reyes, volviendo a recrudecerse las discusiones por tal causa.

Preso de celos el gitano, se fue a la casa donde vivía su suegra en calle cañaveralejo, entró en la habitación, le agredió, dándole varias puñaladas, causandole la muerte. De la autopsia resultó que la víctima estaba embarazada de seis meses, por lo que agravó el delito. Manuel de los Reyes, huyó de Écija, hasta que en 1.850 fue reconocido en la Carlota, se le detuvo e ingresó en la Cárcel, formándosele causa.

Toda Écija pidió el indulto, pero no consiguieron el perdón necesario de la madre de la víctima, muy al contrario, las hermanas Galindas pedían públicamente justicia, enseñando por las calles, la camisa de la fallecida que aún conservaban ensangrentada. Incluso se trasladaron varias veces a Sevilla, solicitando se cumpliese la condena y lo antes posible.

A favor del indulto se formó una gran comisión, encabezada por el Sacerdote Maestre y Doña Soledad de la Puerta, sin que dicha comisión pudiera conseguir el perdón, llevándose a cabo la ejecución con todas las Iglesias abiertas y llenas de ecijanos, que pedía por el desgraciado Manuel de los Reyes, mientras oían misa. En un momento determinado la campana gorda de Santa Cruz comenzó a tocar, indicando que la sentencia se había cumplido. Durante mucho tiempo por Écija se cantó:

Mataron a la Galinda
la honra de los gitanos
de catorce puñaladas
el día de Santiago.

Toca la campana gorda
de Santa Cruz la agonía.
Manolito de los Reyes,
ya pagó lo que debía.

EL CRISTO DE SAN GIL ES IMAGEN VIVA DE JESUCRISTO REDENTOR EN LA CRUZ. “Curiosa nota en los libros parroquiales de San Gil” .

Cristo de la Salud EcijaSi piadosa es la tradición de que la imagen de Nuestra Señora Venerada Patrona Santísima Virgen del Valle, es obra nada menos que del apóstol San Lucas el Evangelista, no menos curiosa y bella es también la casi desconocida tradición de que la Imagen del Santísimo Cristo de la Salud (Cristo de San Gil) salió de manos de San Nicodemus, contemporáneo de Jesús y que, además, fue testigo presencial de su crucifixión y muerte en el Gólgota.

El hecho está recogido en el libro 1º de Difuntos de la Iglesia Parroquial de San Gil, dos hojas después del folio 118, en donde se encuentra nota que traduzco al castellano de hoy.

“El Sr. Francisco de Guzmán, maestro de escultor, viendo la hechura del Santísimo Cristo, que en esta Iglesia de San Gil de esta Ciudad de Écija, afirmó que había oído decir a Pablo de Villegas, maestro escultor, natural de Medinaceli y a Juan Martínez Montañés, ser una de las tres copias que hizo el Santo Nicodemus, lo vió en la Cruz.

Así lo afirmó haberlo oído a dichos maestros en presencia de Jerónimo de Morales, vecino de esta Ciudad, en calle Mayor del Valle y en presencia de Miguel Carrasco, Oficial de Inocencio Ortega, sastre, de que doy fé y lo firmé en Écija a veinticinco del mes de marzo de mil seiscientos cincuenta y siete.= Fernando López de Peña”.

D. Fernando López de Peña, fue presbítero Beneficiado de la Iglesia de San Gil, falleciendo el 27 de diciembre de 1.678, y como se desprende de al nota por él redactada, la tradición surge de las apreciaciones hechos sobre la imagen, por los dos grandes imagineros Pablo de Villegas y Martínez Montañés, quienes históricamente está demostrado que visitaron en varias ocasiones Écija para contemplar algunas imágenes, pero sobre todo, la del Cristo de la Salud que les encantaba y emocionaba.

Esta imagen, de estilo renacentista, es atribuida a escultor de la escuela de Jorge Fernández Alemán y es obra realizada sobre el año 1.550. Es la imagen de Cristo Crucificado de más veneración de Écija. La devoción, enraizada en todas las capas sociales, quiso el autor de este trabajo exaltarla en su pregón de Semana Santa de 1.991, manifestando en aquella ocasión, “que cuando un ecijano levanta se frente para mirar cara a cara a Dios, inmediatamente su ojos encuentran al Cristo de la Salud”.

PERSONAJES POPULARES ECIJANOS EN ESTE SIGLO.

No siempre es cierto el refrán de “que cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero si observamos la forma de vivir hoy día, con tanta prisa, el exagerado egoísmo, excesivo materialismo, sin apenas tener tiempo para nada, ni para nadie, el abandono de amistades, tertulias, si podemos decir que, no hace mucho tiempo, en este sentido, la forma de vivir fue mejor.

La actual forma de vida, va impregnando un carácter retraído, adusto, personalista, y quizás ellos cause el que desgraciadamente no exista como en otros tiempos, no muy lejanos, una serie de personajes, curiosos unos, y tan gracioso otros, que en un conjunto dieron cierto pintorequismo a Écija.

Cerrando los ojos, retraigamos la memoria a cualquier mañana de los años 1.945 al 1.955 y haciéndonos idea de que procedemos de uno de aquellas destartalados, sucios e incómodos trenes, pero llenos de gratos recuerdos.

Al salir de la desaparecida “Estación”, con una maleta de madera hecha por Escobar, nos encaminamos a la salida, donde nos encontraremos con una estampa propia de un cuadro: EL coche de caballos de “Perra-Gorda”. En el pescante el conductor con su inseparable boina, delgado, tan delgado como el caballo enganchado al carruaje. Se va a subir otro viajero, que aunque raro en estos tiempos, está bien metidito en carnes y al que Perra Gorda, sin cambiar de postura le dice:

– Hombre, dá la vuelta; que no te vea el caballo –

Al pasar por calle El Conde, se ha cruzado por delante del coche un personaje alto, cabezón, que con voz va pregonando:

¡ -Papas Gerardo. Papas Gerardo -¡

Se trata del PANGA que va camino de la Plaza de Abastos.

Me bajo en el Salón, y como aún no he desayunado, me acerco a la churrería que está cerca del Convento de San Francisco al lado de la librería Bersabé. CONCHITA LA JERINGUERA, acaba de sacar un ruedo que parte entre dos clientes fijos que tiene todas la mañanas. No les cobra, Concha reparte entre los necesitados los tres primero ruedos.

Con los churros en la mano, me encamino para tomar el café al bar “El Triunfo”, paso por los soportales del “Bisturí” y allí está el grandote de SIMEON, betunero, limpiando su primer par. Al tratarse de un buen cliente, en esta ocasión, junta a los zapatos crema Dandy. Hoy no usa la patata cocida como crema, patata que con mucha gracia y un arte inigualable, saca y mete en la caja, sin que el cliente se da cuenta.

Me saluda por el camino, otro tipo curioso y peculiar. Es grueso, tiene un ojo de cristal y en esta ocasión lleva la cabeza fuertemente vendada. Me explica que se debe a ligero tropiezo que ha tenido con un toro cuatreño, en su último éxito como novillero.

Por enésima vez me cuenta su actuación como D. Tancredo. El bueno de MONTANCHEZ, con enorme humildad y corazón noble, mientras lava los coches de la parada, arregla ruedas y otros menesteres, no deja de hablar de toros.

Antes de llegar al bar El Triunfo, me dice adiós con una voz ronca, otro hombre de andar despacio, serio de aspecto, grave de semblante y con sombrero de ala ancha. Es uno de los hombres más graciosos y originales que haya nacido en Écija.

Va camino del trabajo, pues lo han colocado en el cerro “La Polvora” para rellenar los hoyos. El día anterior, como el Sr. Alcalde, Don Ceferino Vázquez le viera que llevaba en “el tajo” un largo rato con los brazos cruzados, inmóvil y la mirada fija en el suelo, cerca del transformador de la luz, le preguntó:

¿ Que haces COPETE ? –

– Nada Sr. Alcalde. Que no sé si me trae mas cuenta quitar esta mierda, o quitar el transformador. El angelito se habrá quedao descansando. ¿Que habrá comío ?.

Ya camino de casa, veo cruzar a un hombre con el cuerpo arqueado por los años. Lleva un canasto en el brazo derecho y de cuando en cuando pregona:

– Que ricas son de comer, las pipas del tío Manuel-.

A un grupo de chavalines, mientras echan a correr, les oigo decir para provocar el enfado de otro personaje:

¡ MIL PESETAS. MIL PESETAS!

Al llegar a mi casa despierto del sueño. En aquella humilde casa, no había agua corriente, ni frigorífico, ni televisor. La radio la escucho en el Casino junto a Manolito Méndez, el de la imprenta, sobre todo las crónicas de todos de Enrique Vila. En mi casa, con muy pocos muebles, me siento en la vieja camilla, muevo con la badila el bracero de picón a quién mi mujer le ha echado un poco de alhucema y empezamos a hablar, hablar…, si querido lector de hoy, nada de culebrones, concursos, películas… simplemente lo que desde hace miles de años, hacen dos seres humanos cuando tras el trabajo disfrutan del descanso, hablar… hablar…

ADEMÁS DE CRIMINAL... CHULO. “El Crimen de D. Francisco de Portocarrero”.

El día 1º de Abril de 1.629, estando en el Monasterio del Valle, Don Francisco de Portocarrero, joven de familia noble ecijana e hijo de D. Alonso de Portocarrero, se puso delante de él un tal D. Luis Montiel, de condición hidalga, famoso por sus bravuconerías. Sintiéndose ofendido Portocarrero, tras una ligera discusión, le dio a Montiel una sonora bofetada a la vista del público, quedando zanjada de momento la cuestión y el noble lavado de su honor.

A pocos días, estando ambos caballeros “en la comedia”, Don Luis Montiel, sacó la espada (hecho que estaba prohibido) y consigue dar varios y contundentes golpes al Portocarrero, sin lograr herirle. Llegada la justicia, se detuvo al agresor y lo ingresó en la cárcel. En ella se encontraba la noche de San Felipe, cuando de madrugada llegó Don Francisco de Portocarrero con varios de sus criados y tras conseguir los favores del carcelero. Don Pedro Estacio, se introducen todos en las dependencias carcelarias. Preguntan donde estaba Montiel, y un guardián, llamado Zayas, les indicó la celda.

Encuentran acostado y dormido a Don Luis Montiel y en el mismo lecho cobardemente, con su estoque le atravesó el cuerpo en tres ocasiones, muriendo el infeliz a los pocos días. La misma noche de autos, huye de Écija, Don Francisco de Portocarrero, prendiendo la justicia a su padre D. Alonso, al carcelero Estacio y a su ayudante Zayas.

La madre del fallecido Montiel, fue a Madrid a pedir justicia y el Consejo nombró para la causa a Don Bartolomé Morgacho (Oidor de Granada), que vino a Écija con sus ayudantes. Practicada la información necesaria, se detuvo nada menos que al Alcalde Mayor Don Juan de la Hoya, por estar implicado en la huida del homicida, condenándosele a 300 ducados de pago a la Corona.

Al carcelero Pedro Estacio se le condena a vergüenza pública y a ocho años de mazmorra, más 600 ducados, salvándose de la horca por muy poco, quizás por la edad, ya que se demostró que estaba bastante implicado en los hechos. Al delator y guardián Zayas y a un cochero de Don Alonso de Portocarrero, se les condena a 200 azotes y pasaron a galeras para cumplir seis años.

La sentencia además, ordenaba que a los criados que intervienen en el crimen, si se les cogía, se les condenaba a muerte y al homicida D. Francisco de Portocarrero a ser degollado en la misma puerta de la cárcel donde cometiera tan horroroso y cobarde crimen.

Don Francisco de Portocarrero no apareció más por Écija, como tampocoo sus criados. Vivió y murió en Italia, desde donde mandó, al poco tiempo de dictarse sentencia en la causa y al mismo juez Sr. Morgacho, la respetable suma de Tres Mil Ducados, para una hija pequeña de su víctima, acompañando una nota que decía “… DE PARTE DEL MATADOR”.

LAS NUEVAS VIVIENDAS EN ECIJA.

Hasta que no llegaron los años de la década de los sesenta del presente siglo, el ecijano que no tenía vivienda propia, o bien alquilaba una de las ya construida y no habitada por cualquier causa, o construía, si sus posibilidades económicas se lo permitían una vivienda nueva, casi siempre al final de las calles extremas de la vieja ciudad; pero la mayoría de ellos no tenía mas remedio que alquilar, sobre todo al contraer matrimonio, una de las célebres “salas” de las viejas y ruinosas casas de vecinos. Algunas de estas albergaban tantas familias que se le conocían por “Laberintos”.

No reunían condiciones de habitabilidad, ni higiene, con servicios comunes para todos los habitantes. En esta “sala”, se hacinaban, camas de padres e hijos, servía de comedor y algunas veces hasta de cocina.

Durante la guerra civil en 1.937, el general Queipo de Llano, ordena la construcción de unas casitas familiares, en lo que hoy es la margen izquierda del Paseo de Lourdes o Avda. de Andalucía y posteriormente se construyen algunos “chalet”, por personas pudientes en la cuesta de la antigua carretera de Sevilla, como igualmente otras casitas en las hoy calles, Yepe y San Fulgencio.

Con posterioridad, ya en el año 1.959, la Obra Sindical del Hogar, construye en Écija, ¡ El primer Bloque de Pisos ¡, son los de la barriada de Santa Ana, popularmente conocidos por los del barrio de “La Guita”, debido, que al ser de tan escasas dimensiones sus habitaciones, a todo el mundo, antes de ocuparlo, se le veía un pedazo de guita en la mano, para comprobar si le cabían o nó los muebles.

Por la familia Sanjuán, se construyen los pisos que así se conocen en la Avda. de Andalucía y, por D. Antonio Marín Gallardo sobre el año 1.960, los pisos de la acera opuesta de esta avenida. Al poco tiempo, ya en 1.962 y en colaboración con la familia Cárdenas, se sigue construyendo desde el moderno Paseo de Lourdes hasta la nueva carretera general, dando lugar con los que edifican los funcionarios del Ayuntamiento, la prolongación de la Avda. Miguel de Cervantes o calle Nueva.

Este bloque de nuevos pisos, lo rematan con la edificación civil mas alta que existe en Écija, con unos 37 metros y once plantas y, para mí, la construcción de esta torre y la del edificio actual Caja Madrid en Plaza de España, son los atentados mas graves cometidos en cuestión urbanística, en Écija. Y sobre esta “torre” de viviendas, quiero hacer hincapié en lo sabios que son los pueblos, pues los ecijanos al ver levantado tan alto edificio, nunca lo han nombrado “torre”, como así acostumbran a hacer en otros lugares, por ejemplo la Torre de los Remedios de Sevilla.

Las Torres de Colón en Madrid, las Torres de Jerez, etc. Los ecijanos con muy buen gusto, para no comparar esta nueva y alta edificación, que quiere disputar el cielo a sus antiguas y bellísimas torres del siglo XVIII, la nombran con una palabra para ellos con amplio sentido despectivo …. ¡LA TORRETA¡.

Posteriormente numerosos particulares en colaboración con Organismos estatales, multiplicaron los bloques de pisos alrededor de Écija, creando nuevos barrios, pero sobre todo, muchas y confortables viviendas, aunque hay que señalar que no en todos ellos ha imperado el buen gusto, ni se han respetado las normas ni criterios, para el bien de la Ciudad, habiéndose permitido también el atropello urbanístico que ha dado lugar barrio de la Alcarrachela, tras la que fue carretera general, creando un tapón que impidió seguir construyendo un nuevo tramo de Avda. Miguel de Cervantes, la que sin duda sería hoy día, una de las más extensas y mas bellas de la avenidas de los pueblos andaluces.