CASOS, COSAS Y CURIOSIDADES ECIJA
POR D. ANTONIO SIRIA GONZÁLEZ- 1995

LOS ECIJANOS EN LA ARMADA INVENCIBLE

Podemos decir con orgullo, que los ecijanos en todas las épocas de la Historia de España, han estado presente en los hemos más memorables de la misma, como es en el caso de la famosísima “Armada Invencible”. Preparada por el Rey Felipe II en el año 1.588, para atacar Inglaterra. Inmediatamente soldados de la vieja Astigi acudieron para alistarse a las filas de embarque.

Para tal acontecimiento, partieron de nuestra ciudad doscientos infantes, al mando del Capitán Don Alfonso de Zayas, que embarcaron en Lisboa, en el navío de Don Pedro Valdés, después de haberse puesto a las órdenes del Duque de Medina-Sidonia, que mandaba la flota.

En el curso de la travesía, a consecuencias del fuerte temporal, se partió el palo mayor de la nave, quedando a la deriva, siendo atacados por los ingleses, y cogiendo prisioneros a la mayoría de los ecijanos, que son conducidos a Londres, de donde fueron rescatados poco a poco, algún tiempo después.

Muchos de estos soldados quedaron en Flandes tras su rescate, interviniendo también en las continuas guerras que se mantenían con los flamencos, haciendo algunos de ellos carrera en la milicia.

EL CHACHE Y EL CRISTO DE SAN GIL.

El miércoles Santos del año 1.976, pasada la 1,30 de la madrugada, la imagen del Cristo de la Salud, se aproxima a su Iglesia de San Gil, para terminar el recorrido procesional. Ante la sorpresa de sus cansados hermanos, dicha Imagen deja atrás la puerta de la Iglesia y paso a paso muy lento, se encamina hacia el barrio de “El Picadero”.

La penúltima bajada que le hacen sus costaleros, al mando del capataz Covacha, es frente a una humilde casa de c/Alcázar, esquina con picadero, donde se abren las puertas de par en par y frente la imagen, en la pequeña habitación de entrada, en una sencilla cama, se ve un hombre anciano y muy enfermo, cuya cara es iluminada por las luces de las velas del paso de Cristo. Se trata de José García Carmona “ EL Chache”, con más de 75 años, devoto fervoroso del Cristo de San Gil de toda su vida.


Tras levantarle la familia, la cabeza de la almohada, el Chache, con los ojos muy abierto, no daba crédito al momento en que vive. Su Cristo de la Salud, frente a él y ante su cama. Se le reza una oración en silencio y, también en el más completo de los silencios. El Cristo vuelve sus pasos y se recoge por último a su Iglesia.

A los pocos días “El Chache”, inesperadamente, cura por completo sus dolencias, falleciendo bastante tiempo después, con mas de 83 años y por otras causas.

El motivo de tal visita fue el reconocimiento que la Hermandad hizo a la constante fidelidad y apasionado amor que la familia de “El Chache”, conocidos por “Los Alesnas”, desde muchos años atrás dedican al Cristo de la Salud.

Según ellos, su padre, la noche anterior al sorteo de soldados, para incorporarse a la temida guerra de Cuba, cuando iba con otros jóvenes de su edad, se encaró ante el mosaico de calle Picadero, que representa al Cristo de San Gil, y en voz alta le dijo:

-“Renegrio” si no voy a Cuba, te arreglo el mosaico.-

No llego a ir, pues se libró en el sorteo y cumplió a duras penas sus promesa. Un hermano de “El Chache”, llamado Antonio, padeció persecución política, durante la guerra civil, resultado condenado a muerte, pena que le fue conmutada por 30 años de cárcel, de los que sólo cumplió siete.

Siempre se encomendó a su Cristo de la Salud y confiesa, que a él debe, seguir viviendo, como igualmente, de que en los años de post-guerra, cuando su familia, como la mayoría de ecijanos, pasaba mucha hambre, un Miércoles Santos, al pasar el Cristo, cerca de él, mientras comía un trozo de pan negro con un “cojollo”, en voz alta y ante la sorpresa de todo el mundo, increpó a la Imagen diciéndole:

-“No te da fatiga “renegrio”, con lo que te quiero y que pase tanta hambre con mi familia”.-

Antonio “Alesna” jura que desde aquel día comenzó a aliviarse el hambre en su casa, y si nó abundancia, siempre ha habido un plato de comida en su mesa, tanto para él como para sus hijos.

Es curioso también que al morir el célebre “Chache”, al amortajarle su hijo mayor, junto con su tío Antonio, deciden quitarle del cuello una cadena de oro, en la que colgaba una insignia de la Hermandad. Desabrocharon la cadena, pero de ella inexplicablemente cae sobre el cuerpo del cadáver la insignia. Por más que la buscan durante un largo rato entre la ropa y la caja mortuoria, la insignia no aparece, hasta que Antonio dijo:

– Sobrino déjalo, ¿ no ves que el “renegrio” quiere irse con él ? – Y “El Chache” se fue con la insignia para la eternidad.

Cristianos a su manera, no practican los Mandamientos, no asisten a los cultos, apenas se ven por misa, ni incluso son miembros de la Hermandad, pero defienden y proclaman la Divinidad del Cristo de San Gil, con sorprendente fé, y la defienden mas que a sus propias vidas, no siendo extraño, cuando la Iglesia de San Gil está sin apenas fieles, oír en un rincón de la capilla del Cristo de la Salud, un monólogo, en voz más alta de lo normal, de una persona, sin que nade le conteste, y es que algún “Alesna”, charla con su amigo, con su padre, y con su Dios. ¡ Con su Cristo de la Salud ¡.

TOQUE Y REPIQUES DE NUESTRAS CAMPANAS ECIJANAS.

Creo que fue, sobre el año 1.954, cuando un representante de tejidos, catalán, en ruta por Andalucía, tuvo que hacer noche en Écija y quedó hospedado en el añorado y célebre Hotel Central. Sobre las ocho de la mañana del día siguiente, este catalán, bajó presuroso, asustado y a medio vestir, buscando en la recepción a alguna persona.

Encontró al dueño del hotel, Don Eduardo Martínez Isla, preparando el servicio del día.

– Oiga ¿Dónde esta el incendio?
– ¿Qué incendio?
– No están tocando las campanas. ¿Habrá algún fuego en el pueblo?
– Eduardo, sonriendo contestó:
– No señor, no hay ningún fuego. Las campana que Vd. Oye, anuncian al pueblo la Víspera del Corpus.

El representante catalán, pidió una copa de coñac y, mientras la saboreaba, le fue explicando Eduardo:

Mire, esa que oye, es la “Socorro” de Santa Cruz. Esta que suena ahora, es la de “San Pablo” de la iglesia de Santo Domingo. Oiga..oiga, ésta que suena más cerca es la “San Lorenzo” de Santa Maria… y ésta otra un poco mas lejana es la “San Antonio” de la Parroquia de San Gil.

El cliente del hotel, tras oír un buen rato el maravilloso concierto de las numerosas campanas, contesto:

Dichosos los pueblos que despiertan a sus hombres con repiques de campanas y más dichosos los hombres que en ellos viven, ya que conocen por sus sonidos cada una de sus campanas, saben sus nombres y el de las Iglesias donde están instalada.

Esta anécdota, sucedida no hace mas de 38 años, me hace meditar cómo, en tan poco tiempo, ha desaparecido por completo en esta Ciudad uno de los mayores y gratuitos placeres que teníamos. El disfrutar a cualquier hora, en cualquier día, del maravilloso sonido de las numerosas campanas que aún tenemos.

Por la falta de dinero que padece la Iglesia y que impide pagar estos servicios, por falta de afición, porque los jóvenes emplean sus ratos libres en algo más rentable, por muchas causas, se ha ido perdiendo lastimosamente el arte, el mucho arte, de saber tocar nuestras campanas. Desde hace algunos años, se han instalado en los campanarios unos sistemas eléctricos, que hacen mover mecánicamente estas antiguas y bien templadas campanas, utilizándose en muy pocas ocasiones pero no es igual.

Ni los toques, ni los signos, ni los repiques suenan igual que cuando, antiguamente, los fuertes brazos de un hombre joven, con su corazón impulsando esos brazos, tiraban con las pausas, el tiempo y el toque preciso de las cuerdas… Era un arte aprendido desde niño, con muchas horas de prácticas, que solo podía ejercitarse en un pueblo único, como lo es Écija, porque puede contar con más de 100 campanas en sus numerosas Iglesias, conventos y capillas, y cada una con un son distinto, de tal manera que al hacerlas revolotear por los aires, intercambiándolas, era un deleite para el oído, y componían partituras musicales, no escritas, sin pausas, que de memoria se sabían solamente los ecijanos.

Para el recuerdo y ante la posibilidad de que, en un futuro, salgan muchachos que aspiren a practicar este arte de tocar las campanas ecijanas y así perpetuarlo para generaciones venideras, he recogido de D. Fernando Vega Ramos, Sacristán de Santa Cruz, entre otros toques, que se daban en casi todas las Parroquias conventos y capillas ecijanas, los siguientes:

TOQUE DE ALBA. Se hacía al amanecer, todos los días y se compone de 7 golpes a la 3ª Campana, con repiquete, seguido de 5 golpes continuos a la gorda, más 2 ligeros a la misma campana gorda.

TOQUE DE ÁNGELUS. A las 12 del día, y se tocaba directamente con 3 golpes a la campana gorda con pausa.

TOQUE DE ORACIÓN. Todos los días al oscurecer. Iguales toques que el alba.

TOQUE DE ANIMAS. Todos los días a las 9 de la noche. Se componía de 3 golpes a la gorda, 3 a la mediana y otra campana. Terminaba con 3 bis (tocan dos campanas a la vez). Al final 2 golpes a la campana mas chica.

TOQUE DE AGONIA. Anunciaba la muera de un feligrés. Con la campana gorda, se daban 9 toques seguidos. Pausa pequeña y 2 toques más, si el fallecido era una mujer. Si la campana gorda, tocaba 9 veces seguidas y tras una pequeña pausa, daba 3 toques, indicaba que el difunto era un hombre.

De tal manera, bien en su casa o en el campo cercano, el ecijano, sabía si había fallecido un hombre o una mujer y si reconocía la campana (cosa que era casi seguro), también sabía a que feligresía pertenecía el difunto.

TOQUE DE DOBLES. Se hacía el día del entierro, y según la categoría de fallecido a la hora de pagar sus familiares los estipendios a la Iglesia, se dividían en entierros de:

1ª Clase … Tres horas de doble general.
2ª Clase … Tres horas con doble de 2ª o sea, sin campana gorda.
3ª Clase … Tres horas con tres campanas chicas.
4ª Clase … Tres horas con las dos campanas chicas.

TOQUE DE VISPERAS. Se solían hacer las Vísperas del Corpus, o del titular de la parroquia, y se componían:

Repique a las 11,30 con campana gorda.

Repique general, a las 12 hora. Este repique general se componía a su vez de 4 tiempos que eran:

1º Tiempo. Repique y vueltas a las campanas.
2º Tiempo. Repiquete general de 10 minutos.
3º Tiempo. Igual que el anterior.
4º Tiempo. Repiquete y signo bueno (último) 1 y 3.

Hay que señalar, que si no había sucedido algún percance humano o fallo en el sistema del campanario, a la campana que se la había tirado del signo bueno, se le daban 2 golpes de gracia. Esto sólo se hacía en Santa Cruz, nuestra Parroquia Mayor o Catedral, y era necesario que todos los repiques hubieran salido limpios y con los requisitos necesarios, para poder dar estos dos golpes de gracia. Se le llama signo bueno, cuando la soga queda recogida de forma tal que es más rápido el volteo.

TOQUES DE CALENDAS. Sólo en Nochebuena. Tenía estos toques:

1º. 7 golpes y repiques de campana 3ª.
2º. Terminado el repiquete, se dan 5 golpes, con pausa a la gorda y después 2 seguidos. Al final del 2º golpe, se lanza las campanas al vuelo. Se para un momento el campanario. Tras este silencio, se empieza con las 3 campanas grandes unidas, en un toque bajo, vá ascendiendo hasta el máximo de las fuerzas del campanero y llegado a este, de nuevo se va descendiendo en intensidad, hasta el mínimo.. (Todo un arte).

Este conjunto armonioso de toques se repite dos veces. Empieza de nuevo con las tres campanas al mínimo, para llegar al máximo y al final, se lanzan alborozadamente todas las campanas que hay, al vuelo. Termina este festejo de sonidos de campanas, con 5 golpes a la gorda y 2 a la mediana. Después de un signo bueno a la mediana.

También era costumbre en Santa Cruz, que si todos los toques y repiques habían salido conforme a la previsto, o sea sin incidentes, con la limpieza y el arte exigido, a la campana que había tirado el signo, se le daban dos golpes de gracia.

Amigo lector ¿ era o nó un verdadero espectáculo musical, el poder oír la tarde-noche del 24 de Diciembre, en la Plazuela de Santa Cruz, en la de Santiago, o en la de Santa María, este complejísimo y único concierto de sones de campanas, con sus altos y bajos, entre mezcladas unas y otras ?. Era, creo yo, un singular homenaje que Écija rendía al Niños-Dios que estaba naciendo, como hace miles de años en un portal.

TOQUE DE DIFUNTOS. Sólo la víspera del día de los difuntos. Se empezaba a las 2 de la tarde de los Santos, con doble general en 3 partes y terminaba a las 3 de la tarde. A continuación y hasta el toque de oración, repiten los TRIANES, que se componen de un golpe a la gorda y otro a las dos campanas menores, a la vez.

El día de los Difuntos, después del toque del alba, prosiguen los trianes, hasta la hora del funeral, que se celebraba sobre las 12 de la mañana, donde comienza con doble general, terminando con un fuerte golpe a la gorda.

TOQUE DE VISPERAS DIARIOS. Todos los días de vísperas de alguna festividad de la Iglesia.

Empieza a las 3 de la tarde, con 3 golpes y 2 mas seguidos a la campana gorda, a la mediana y otra campana de las chicas. Se termina con 5 toques a la gorda, 5 a la mediana y 5 a la chica.

TOQUE DE ENFERMOS E IMPEDIDOS. Anunciaba la salida del Santísimo Sacramento a visitar los enfermos e impedidos.

Consistía en 7 golpes con pausa a la mediana, 7 signos a la campana de Su Majestad (cada iglesia tiene una campana señalada para el toque del Santísimo), terminando con 2 golpes a la mediana.

REPIQUE GENERAL. Anunciando bien la visita del Sr. Cardenal, la elección de Hermano Mayor de alguna Hermandad de la Parroquia o el parto y nacimiento del primogénito de los Reyes (sólo el primogénito), o en algún hecho o acción de gracias.

TOQUE A FUEGO. En caso de incendio, bien en el pueblo, caserío heredad o sembrado cercano. Se hacía con la campana gorda con un toque seguido y prolongado.

TOQUE A HERMANOS. Anunciado para Cabildo o salida procesional de las Imágenes en Semana Santa. Con la campana gorda se daban 2 golpes seguido y uno con pausa, durante media hora.

Caso de que en algún Cabildo hubiese resultado elegido Hermano Mayor nuevo, se hacía repique general sin signo bueno.

TOQUE DE AGONIA DEL PAPA. Se anunciaba el fallecimiento del Primado de la Iglesia con 33 trianes a las 3 campanas mayores. Estos 33 trianes, se hacían en memoria y recuerdo de los 33 años que tenía Cristo en su muerte.

TOQUE DE AGONIA DEL CARDENAL DE LA DIÓCESIS. Se anunciaba la muerte del Sr. Cardenal de la Diócesis con 12 trianes con pausa, con las 3 campana mayores.

REPIQUE DE LAS 40 HORAS. Este tríduo solemne, que se celebra en las Iglesias ecijanas, y con el cual se adora permanentemente al Santísimo Sacramento, se anunciaba:

El sábado a las 11,30 horas con signos parados. A las 3 de la tarde, repique chico. A la oración, repique general.
El Domingo, repique general a las 12 horas con signos parados y a las 3 de la tarde con la campana chica. El lunes iguales toques.

TOQUES DE MISA. Anunciaba a los feligreses, la celebración de la Santa Misa en cualquier Iglesia, Convento o Capilla. Se dan tres toques continuos, con intervalo de ¼ de hora. El primero, media hora antes del comienzo de la misa y termina este toque, con pausa y un solo golpes a la misma campana. (El primer aviso). Al ¼ de hora, el mismo toque, solo al final, tras pausa, se dan 2 golpes (Segundo aviso) y momentos antes del comienzo de la misa, el mismo toque a la misma campana, sólo que, tras la pausa, se dan tres toques o golpes.

TOQUE DE MATRACA. Antiguamente los Jueves, Viernes y Sábado Santo.

Hay que destacar que junto con estos numerosos toques y repiques, los muchísimos conventos de monjas, con sus más humildes campanas, también alegraban los cielos ecijanos, tocando a coro, todos los días en que conmemoraban las festividades de sus titulares o celebraciones especiales.

Hasta hace menos de medio siglo eran famosos, algunos entre otros ecijanos que sabían interpretar a la perfección, sin papel escrito, ni pauta alguna, sólo de memoria y con verdadero arte, todos y cada uno de los toques antes citados, según la festividad, la celebración eclesiástica, o aviso a los feligreses.

Recuerdan los mayores, a “Federico” en la Iglesia de la Victoria, que incluso horcajaba sobre las campanas, daba vueltas, abrazados a las mismas, sacando todo su cuerpo, por fuera del campanario, con verdadero riegos y peligro. Igualmente fue célebre, tocando las campanas,“Barea” en Santa Cruz, como “el Riza” y Francisco Vargas. También eran unos verdaderos maestros, José de la Rosa, “el gordo”, Fabián, Miguel Gordillo, Rojitas, Fernando Ojeda, Pepe Hache, etc, etc. Hoy día es difícil encontrar persona alguna que sepa y recuerde estos toques y repiques, y más difícil aún, que sepa tirar de las cuerdas de un campanario y con las fuerzas justas, los golpes necesarios, y las pausas reglamentarias, haga teñir con agrado y buen gusto, conforme a las normas, alguna de las numerosas campanas que, gracias a Dios, todavía se conservan en los numerosos campanarios y espadañas de Écija.

Buena e interesante tarea cultural, repito cultural, seria, que los responsables eclesiásticos, con la ayuda económica de las autoridades civiles, al igual que hoy día se crean, fomentan agrupaciones musicales, coros, murgas, etc. Tuvieran la feliz idea de crear un grupo de campaneros, formado por personas jóvenes que bajo la maestría de una de las pocas personas que aún conocen todos estos toques y repiques (bien podía ser Fernando Vega Ramos, el único Sacristán que nos queda, y que él, de seguro se prestaría), aprendieran a tirar de las cuerdas con la fuerza, el temple necesario, la pausa requerida y el arte que lleven dentro, hagan mover los numerosos badajos de nuestras campanas, haciéndolas teñir al aire, componiendo las maravillosas sinfonías de antaño, para el placer de todos, propios y extraños, y así, algún que otro visitante, pueda decir, como aquel viajante de tejidos catalán en el año 1.954.

“Dichosos los pueblos, que son despertados, al toque y repique de campanas, y más dichosos los hombres que en ellos viven, pues al oírlos, no sólo conocen la campana de donde salen esos maravillosos sones, sino que también conocen sus nombres y el de las iglesias donde están”.

CRISTÓBAL HEREDIA REYES “ El Tobalo “.

Hace poco tiempo a nuestro último premio Nóbel de Literatura D. Camilo José Cela, la asociación ADEBA, para la defensa del borrico, con sede en Rute (Córdoba), le ha nombrado “arriero honorífico” y además le ha regalado “Golondrina” la mejor burra de la comarca.

Ha tratado de explicar a mis hijas lo que es un burro, pués casi no lo conocen y en la explicación recuerdo, el inmenso placer que era subirse y pasear sobre este noble y tranquilo animal, en peligro de extinción, dada la modernización del mundo agrícola. Indescriptible sensación era, pasar la palma de la mano sobre el suave pelo que los cubre, sensación que maravillosamente describe Juan Ramón Jiménez en su obra “Platero y yo”. También es dificilísimo oír el inconfundible sonido del rebuzno de un asno.

Para esta noticia, sobre todo, me trae a la memoria la estampa curiosa, bellísima e inexplicable hoy día, de un ciudadano ecijano, siempre, siempre, subido sobre su pollina y de la cual departía con sus amigos en cualquier rincón o plaza ecijana, bebía como cualquier cliente en los bares, -eso sí, desde sus puertas-, hacía un trato de granos o ganado, e incluso desde lo alta de tan peculiar montura, resolvía cualquier “papeleo” ante la Administración, como en aquella ocasión al serle negado un permiso de obras, insistió hablar con el Sr. Alcalde. Ejercía tal función, un Teniente de Alcalde, no ecijano, quién de momento, no identificó al “tal Heredia”, que quería hablarle, y ordenó que pasara al despacho de Alcaldía.

El bueno de “Tobalo”, que oyó la contestación, desde la ventana que dá al Salón –pués allí estaba esperando estacionado con su burra-, ni corto ni perezoso, atravesó las puertas del Ayuntamiento y a pesar de las negativas del “Guardia Casilla” y del ordenanza Francisco, lo cierto es, que llegó, hasta las mismas puertas del despacho del Sr. Alcalde, ante el asombro de los empleados y del mismo Sr. Alcalde en funciones, quién por cierto le atendió y resolvió el problema.

Cristóbal Reyes Heredia, fue personaje popular y queridísimo en Écija, durante más de medio siglo. Conocido por “EL TOBALO”, a consecuencia de su defecto físico, nació de familia gitana el 16 de marzo de 1.906, en el nº 68 de la ecijana calla de Zamorano, en la que fallece a los 77 años el día 28 de Enero de 1.983.

Toda su vida fue atendido por su familia, ya que se mantuvo soltero. A la edad de 15 años sufre una parálisis que le afecta ambas piernas, imposibilitándole el andar y por ello, desde niño comenzó a usar pequeños asnos para desplazarse de un lado a otro, asnos que le regalaban amigos y conocidos. Se dedicó al trato y ejercía su trabajo en el Salón, en el Puente, “En Puerta Cerrá”, o en cualquier otro bario, pero siempre desde lo alto de su asno.

También compartía animadas tertulias y reuniones, rodeado de amigos, gitanos o nó, desde el sitial que le ofrecía el lomo de sus pacientes borriquillos. De carácter alegre, cariñoso, durante su vida, gozó del respeto, amistad y consideración de toda Écija. No era raro verle pasear a niños de corta edad en su asno. Creyente fervoroso y, como buen gitano, apasionado del Cristo de la Sangre.

Todos los días pasaba por la Iglesia de Santa Cruz y sin orden alguna (de tanto hacerlo), su borriquillo, paraba un tiempo determinado, el tiempo que necesitaba el bueno del Tobalo para que con los ojos fijos hacia el interior de la Iglesia, moviendo sus labios, dirigiera sus sentidas plegarias al cristo de su devoción y al que pedía poder contemplarlo de nuevo en la próxima Semana Santa cuando recorriera las calles, aunque hubo una excepción, pues cierta tarde que los hermanos preparaban el traslado de tan venerada imagen de su altar al paso, vieron al “TOBALO” en la puerta de la Iglesia, como de costumbre, montado en su borrico, y en habitual escena de sus rezos.

Todos los hermanos, aquella tarde, acordaron que pasara al interior del templo, previo aviso al párroco, que lo concedió, y aquí me tienen al gitano, nervioso, con los ojos desencajados, arreando en esta ocasión al burro, que no le obedecía –pués no estaba acostumbrado el animal a este nuevo camino o senda-, hasta que se coloca frente a su Cristo. Digna de haber sido plasmada para el recuerdo la entrañable escena del “Tobalo”, montado sobre el asno, serio, tremendamente serio, con lágrimas que rodaban por su arrugadas mejillas, las cuales rozaban los piés de su Señor.

Tan sorprendente escena, fue cortada con la cariñosa y benévola regañina de Fernando el Sacristán, quién ordenó al “Tobalo”, saliese de la Iglesia con su medio de transporte, pués comprobó que el asno –al fin y al cabo sin alma, por ser bestia-, ajeno a los hechos y quizás asustado, arrojó sus naturales excrementos sobre las limpias lozas de la Iglesia de Santa Cruz. Al cruzar la puerta del pórtico, el “Tobalo” dirigió la última mirada al Cristo y durante bastante tiempo le solía decir a su hermana Rafaela:

-Que sí, Rafaela, que al salir “Manuel” aún me seguía mirando y le ví como sonriendo, ahora no sé si se reía por las cosas que le dije frente a frente, o por la “faena del borrico”.

LEYENDA SOBRE EL BEATO FRANCISCO DIAZ

San Francisco Díaz EcijaEntre las muchas leyendas sobre hechos y personajes ecijanos, la menos conocida, pero no por ello menos bella, es la relacionada con el Beato Francisco Díaz Rincón.

Nos narra que una mañana, se encontraban por la calle Carmelitas y Cavilla, varios niños de unos 8 años, jugando a moros y cristianos (otras versiones dice, que lo hacían por la Plaza de San Juan). Uno de esos niños, el más vivaracho y travieso, que mandaba en el juego, se había escapado o no había acudido aquella mañana a sus deberes. De pronto por esquina de Arcipreste Aparicio y por lo alto de la ligera pendiente, aparece un sacerdote dominicano, que se para y, después de observar el juego de los niños, llama a uno de ellos, con fuerte voz diciendo:

– Oye Francisco, ven aquí.-
– ¿Es a mí, padre?- Preguntó desde lejos un tanto asustado el jefe de la pandilla de los críos.

Acudió, y el sacerdote de blanco hábito, poniéndole una mano sobre su hombro, le dice:

– Mañana temprano, vé al Convento de San Pablo y Santo Domingo. Quiere hablarte el Prior.-

Se lo contó a sus padres, quienes creyeron que lo llamaría para que prestara servicio en el Convento, que como monaguillo u otro menester, y así al día siguiente, muy arregladito, se presenta Francisco, en las puertas de Santo Domingo y, tras tocar la campanilla, es recibido por el fraile portero, quién a regañadientes lo presenta ante el padre Prior y éste extrañado dijo que no había citado a ningún niño. Para mayor tranquilidad, le presentó a varios frailes y como ninguno de ellos fuese reconocido por el niño, lo despidieron del Convento sin ser creído.

Malhumorado, iba para su casa, cuando se encontró con uno de los compañeros de juego de la tarde anterior, y como era firme de carácter, junto con este amigo, vuelve al Convento, insiste en su versión y le pone de testigo.

El Prior, ante la insistencia de los pequeños, convoca en el coro a todos los sacerdotes, frailes y profesantes, pero ninguno de ellos es reconocido por Francisco, quién despachado, se dispone a salir de nuevo del Convento, atravesando la Iglesia, pero ha aquí, que de improviso se para y empieza a gritar:

-Padre Prior, Padre Prior, éste, éste, fue el fraile que me llamó ayer.-

Acuden a los gritos del niño, el Prior y los demás dominicos y lo rodean con gran sorpresa, pues Francisco, sonriendo, con la mano derecha extendida y su dedo índice, firmemente señalaba la figura de un Dominico. Esta figura representada por una imagen colocada en uno de los altares de la Iglesia y representaba nada menos que al fundador de la Orden; a SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, fallecido hacía más de 550 años.

Hijo ¿ese te llamó?

Si padre Prior, ese fue el fraile que estuvo hablando conmigo ayer, y me dijo que viniera a verle.

El niño Francisco Díaz, comenzó a frecuentar iglesias, actuó como “seise” en la de Santa María. Con once años, ingresó en el Convento de Santo Domingo a los 16, tomó hábitos a los 18 y posteriormente se hizo sacerdote y misionero en Filipinas y China, donde en 28 de octubre de 1.748, a la edad de 35 años, fue martirizado. Es beatificado por León XIII en 1.893. Desde entonces ocupa un altar dentro de la iglesia Católica, aquel niño que una mañana, abandonó sus deberes, y cuando jugaba a moros y cristianos, bien por la calle Cavilla o por Plaza de San Juan, fue llamado por un sorprendente fraile dominico.

“US VAIS DE AQUÍ, O LLAMO AL CONSERJE”.

Mejor nos hubiera ido en la vida y en la propia historia, si en lugar de acudir a una persona superior en categoría social o económica, el ecijano se hubiera acostumbrado a resolver por sí mismo cualquier problema, que de improviso le surge en su cotidiano vivir. No siempre ha ocurrido de esta última manera, como lo resume esta frase, pronunciada en cierta ocasión y no desprovista de momento histórico muy reciente.

Resulta que el Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Andalucía, Don José Rodríguez de la Borbolla, máximo representante del Gobierno Autonómico Andaluz, visita nuestra ciudad, un día del mes de Marzo de 1.986, acompañado de varios Consejeros (sus ministros) y altos cargos de su Gobierno. Recorridos diversos monumentos, entre ellos el Palacio de Benamejí, pasa la comitiva a su regreso por la acera del Casino de Artesanos, donde un grupo de ecijanos, disconforme con la política dl Gobierno Andaluz sobre Écija, y concretamente sobre el tema del Hospital Comarcal, increpan al Excmo. Sr. Presidente con palabras y gestos nada agradables, incluso arrojando algunos productos alimenticios.

Entre este grupo de ecijanos se distingue un Concejal de nuestro Ayuntamiento, perteneciente a formación política distinta de la que milita el Sr. Rodríguez de la Borbolla. Dicho Concejal se dirige al Presidente del Gobierno Andaluz, y a la vez que se toca repetidamente la mejilla derecha con la palma de la mano, en voz alta le dice “cara dura”. El Sr. Presidente, en plan conciliador le pregunta las causas y motivos de tal actitud y de tal frase. El Concejal en tono despectivo, le contesta:

“Que me dejes”. “No sé como tienes el valor de venir a Écija, después del lo del Hospital”.

Pronunciada esta frase, vuelve la espalda y se encamina hacia el interior del Casino, atraviesa el vestíbulo, el patio y entra en la sala de juegos, ocupando un sitio en una mesa de dominó, donde otros tres socios, compañeros de juego, pacientemente le esperaban, ya que había interrumpido la partida para ser protagonista de los hechos relatados. Hasta dicha mesa le sigue nuestro Presidente de la Junta, y, como es natural, sus Consejeros, altos cargos, policías de Seguridad y otros acompañantes, o sea la totalidad de la comitiva oficial.

Ya sentado el disconforme ecijano, socio del casino y Concejal de nuestro Ayuntamiento como hemos dicho, se va a reanudar el juego, cuando de nuevo el Sr. Rodríguez de la Borbolla, le requiere para que le explique las razones que motivaron su actitud, sus gestos y sus frases, a él dirigidas, momentos antes, en las puertas del casino. Se forma un pequeño tumulto verbal, y es, en este momento, en este preciso momento, cuando uno de los componentes de la partida de dominó, ajeno a los hechos, sin participación política conocida y que para nada había intervenido en el incidente, levanta la vista de las fichas que le habían correspondido y que estaba ordenando sobre la mesa, y en alta voz exclama:

¡QUE JALEO ES ESTE. US VAIS DE AQUÍ O LLAMO AL CONSERJE!

Ante tal frase, el tono y la rotundidez con que es pronunciada, se produce un pequeño silencio, que es cortado por el Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Andalucía máximo representante del Gobierno Autonómico Andaluz, Don José Rodríguez de la Borbolla, quién como político, sonriendo, vuelve la cara hacía sus acompañantes y le dijo:

¡ Vámonos, porque este hombre es capaz de llamar al Conserje ¡

ACCIDENTADA FUNCION RELIGIOSA, POR LOCURA DE AMOR.

Durante algún tiempo se habló en Écija del incidente ocurrido cundo se celebraban determinados actos religiosos en la Iglesia de Santa Cruz como… “consecuencia de una locura de amor”.

Un martes del mes de abril de 1.886, por la tarde y cuando al Iglesia se encontraba rebosante de público, pués se celebraba una solemne función religiosa, oficiada por tres sacerdotes, a mitad de la función “el honrado y conocidísimo industrial D. Ricardo Limones, de 40 años de edad, muy alta y fornido”, cuando más en silencio se seguían los actos religiosos, se puso en pié y sin motivo alguno, la emprendió a bofetadas con los fieles que tenía a ambos lados.

Se formó el consabido revuelo y el Sr. Limones, sin dar explicación alguna, muy despacio y ceremonioso, pero en silencio, se encamina por el pasillo central hacia el altar mayor, y a su paso, siguió repartiendo “bofetadas y mamporros a diestro y siniestro, sin respetar a damas ni a caballeros”. Al llegar a la escalinata del altar, se encontró con dos monaguillos, los que sufrieron sendas agresiones, cayendo al suelo y rodando por los escalones.

Le sale al paso uno de los tres sacerdotes ( que habían irrumpido el acto), y sin explicación alguna, recibe otras dos sonoras y fuertes bofetadas. A la vista de ello, rápidamente desaparecen del altar todos los curas, el sacristán, ayudantes y monaguillos y buscan apresuradamente refugio en las dependencias interiores, no sin antes dejar bien cerradas las puertas de acceso. El público asistente, corre hacía la puerta de salida, donde se agolpan y otros lugares de seguros.

Mientras tanto el Sr. Limones, como un gigante, con los brazos en jarra, se sitúa en el centro del altar desafiante, hasta que al reto acuden Agentes de la Guardia del Cabildo, quienes lo reducen a duras penas y terminan por trasladarlo a la Cárcel del Partido.

Cuentas las crónicas que el espectáculo fue motivo de risa, ver, cómo después de llevarse los Agentes de la autoridad al iracundo y agresivo fiel, los asistentes al acto religioso, salía de insospechados escondites.

La mayoría de debajo de los bancos; hubo confesionarios que sin saberse como acogió hasta tres personas, sin distinción de sexo y no precisamente con ánimos de cumplir con el sacramento de la penitencia e incluso hubo algunos que salían, todavía asustados, de detrás de las imágenes que en sus respectivos altares se hallaban, lugares a los que habían accedido más por el miedo, que por agilidad.

El incidente se debió a “un ataque de locura sufrido por el referido conocidísimo y honrado industrial Sr. Limones joven aún, de elevadas proporciones y fuerte envergadura, y la causa de tal trastorno fue la reciente pérdida de su esposa, de la que se encontraba enamoradísimo. Su estado después del incidente era grave. No he podido averiguar cual fuera s posterior suerte.

HUEVOS PARA SANTA CLARA

Fachada

Sabido es, que toda España en general y en Andalucía en particular, cuando se prolonga la falta de lluvia y éstas son muy necesarias, sobre todo para el campo, existe (por muy pequeño que sea el pueblo o el lugar) una imagen, la que, motivada por la fé, es sacada procesionalmente en rogativas, para que por su intercesión, aparezca el imprescindible elemento del agua, riegue los campos, haga crecer sus cosechas y por lo tanto el bienestar y la vida de esos pueblos.

Lo que ya no es normal, es que pueden existir imágenes a las que con la misma fé y devoción, se acuda, pidiéndole ansiosamente que ¡NO LLUEVA!. Y mas sorprendente aún es, que en una de las poblaciones más calurosas de Europa, donde el estío y la falta de agua ha sido en numerosísimas ocasiones motivo de grandes calamidades y carentías, aquí en la célebre “Sartén de Andalucía”, en nuestra querida Écija, exista esa imagen y esa tradición.

Desde fechas antiquísimas, que se pierden en el túnel del tiempo, si algún ecijano o ecijana no quiere que llueva un día determinado, porque para esa persona en especial es necesario, acude la tarde anterior o en fechas anteriores al Convento de Santa Inés en la calle Mayor y pide a la tornera, dos o tres docenas de huevos, de los que ellas misma venden de su granja, o bien los lleva comprados.

En cualquier caso, a través del torno, le ruega a la monja que se los ponga a SANTA CLARA, a los mismos piés de su altar y con la intención de que no llueva el día que se desea y que se le indica a la monja.

Así lo han hecho de siempre muchas novias, para que el día de su boda luzca el sol y no les llueva, ya que creen que si se casan en día de lluvia, es señal de muchas lágrimas en su futuro matrimonio. También lo pide el hortelano o pequeño labrador, que no desea que se molesten determinados sembrados, cuando se va a realizar un viaje, cuan se van a encalar las puertas de las casas, cuando se van a cometer obras… y en otros casos.

Santa Clara de Asís, junto con San Francisco de Asís, fue la co-fundadora de la Orden religiosa franciscana, que afortunadamente y en dicho Convento de Santa Inés, tenemos en Écija, desde el año 1.487, en cuyo Convento se venera la imagen de dicha Santa, se les dio las reglas y a la que desde hace siglos los ecijanos con verdadera fé y devoción, aunque sea inexplicable, acuden, pero acuden para que…! NO LLUEVA ¡

SUPERCHERÍA, CURANDISMO Y ADIVINANZAS

A pesar de la ferviente religiosidad, que de siempre ha distinguido al ecijano, hay que destacar que muchos de ellos, y en todo tiempo, se han dado a actos de curandismo, superchería y adivinanzas, confiando sus problemas físicos, morales o económicos a ciertas personas que “con dote o gracias” especiales, usando ciertos elementos o artilugios, y siempre con conversación convincente, daban “eficaces remedios” a dolencias, pesares y contratiempos de sus clientes.

A curanderos, magos, sabios y adivinos de nuestra Ciudad, han acudido a lo largo de la historia, personas de toda índole y clase social, e incluso de ciudades y pueblos más o menos cercanos, atraídos por su fama. Sin olvidar lo de “echar las cartas” la receta de la pócima o toma para el desenamorado varón, lectura de las rayas de la mano, etc, traigo a la memoria y recuerdo, por curiosas y ya desparecidas dos suertes:

ECHAR EL SEASO. La palabra popular “seaso”, se refiere al sedazo, objeto de forma de tamiz, con marco de madera, que sirve para cerner las partes gruesas de otras más finas o pulverizadas de determinadas sustancias. Antiguamente en casi todas las cocinas, había un cedazo pequeño, que se usaba para cerner sobre todo la harina o el azúcar.

Pues bien, cuando una persona perdía un objeto de valor, quería saber sobre el regreso de un familiar o de un posible casamiento, acudía a que le “echaran el seaso”. En la entrevista, una vez expuesto el problema la “adivina o echadora” (casi siempre eran mujeres) cogía el “seaso” y en el borde de la madera, pinchaba fuertemente unas tijeras, por la hoja que termina en punta. Fija las tijeras, por debajo ojal, colocaba horizontalmente el dedo corazón de su mano derecha. En ese momento, cerraba los ojos y solamente recitaba la siguiente oración:

Seasito, seasito, seasito,
por San Pedro, por San Juan,
por la Corte Celestina,
dime la mentira o la verdad
de lo que te voy a preguntar.

A continuación rezaba un Padrenuestro y sobre un paño de color rojo o verde, colocado sobre una mesa, al pulso, sosteniendo de la forma ya explicada el “seaso”, lo acercaba al centro del paño. Como consecuencia del movimiento del dedo, por muy buen pulso que se tuviera, también se movías las tijeras y a su vez el sedado, y según el movimiento de éste, la “echaora”, sacaba sus consecuencias y el resultado, que manifestaba al cliente más o menos de esta forma: Mira, el anillo no te lo han quitado, lo has perdido y lo encontrarás en tu casa…
“Tu hijo no ha muerto en la guerra, volverá sano y salvo dentro de unos meses,,,”

“Hija lo siento, pero ese mocito no te conviene, y además tiene puestas sus miras en otra mujer…”

QUE VA A SER, ¿NIÑO O NIÑA?. Desde hace algún tiempo, gracias a los adelantos de aparatos auxiliares a la medicina, con antelación al parto, los futuros padres saben o pueden saber si es niño o niña el futuro descendiente. Pero antes, mucho antes, de estos adelantos, las mujeres ecijanas, también según ellas, conocían de antemano el sexo de su futuro hijo, acudiendo a ciertas mujeres, que tenían un “don o gracia especial”, para averiguarlo.

Cuando el embarazo cumplía el 5º o 6º mes, se visitaba a una de estas “adivinas”, la que tendía a la embarazada sobre una tabla, colocada en una cama. Desnudando el vientre, la “adivina” cogía su instrumento auxiliar, que no era otra cosa más simple que una puntilla (pintada de amarillo para que pareciese de oro), puntilla que colgaba de un hilo brillante.

Hecha la oportuna concentración, muecas, rezos entre dientes de extrañas oraciones, la mirada al techo con ojos perdidos, la “adivina o sabia”, sostenía entre sus dedos medio pulgar el extremo del hilo, del que colgaba la puntilla y la acercaba al vientre de la futura mamá, eso sí, sin rozar la piel, pero lo más próxima a ella.

Traslada despacio, muy despacio, la puntilla de un lado a otro por todo el vientre de arriba, abajo, de izquierda a derecha y tras realizar esta operación varias veces, al final dejaba quieta la mano en la altura del mismo centro del vientre. Si a partir de ese momento la puntilla se movía en línea recta, era varón y si por el contrario la puntilla se movía en forma circular, era hembra.

EXCESIVA PASIÓN POR LA MONARQUÍA.

Si entre estos apuntes incluyo el presente, es porque el hecho histórico a que se refiere, que fue recogido en su día por los contemporáneos y narrado maravillosamente por el gran historiador D. Manuel Ostos que lo publica en su célebre obra “Alfajores de Écija”, nos demuestra que no sólo en fechas recientes, sino de siempre, han existido hombres que han cambiando de forma de pensar políticamente de la noche al día, pasando a figurar del lado de los perdedores, al carro victorioso de los gobernantes, sin importarles lo más mínimo, el llegar con tales actitudes a los mayores ridículos, ya que a nadie escapa tan rápidos “cambios de chaqueta”.

Los hechos ocurren con motivo de la visita del Rey Fernando VII a nuestra Ciudad el día 24 de octubre de 1.823.

Muchos ecijanos, por aquellas fechas, no sólo eran contrarios a la política absolutista del Rey Don Fernando, sino a la propia monarquía, y así venían demostrándolo ardorosamente. Consolidado el poder del Rey sobre España, estos individuos, iban cambiando de ideas políticas de tal manera, que los más destacados antimonárquicos fueron los que más entusiasmados acogieron la visita, apuntándose rápidamente a la Comisión que preparaba el recibimiento real.

La llegada ocurre el 24 de octubre de 1.823, esperando gran parte del pueblo a la comitiva en el lugar conocido por “La Virgen del Camino”, y he aquí, que en un momento determinado “unos apasionados monárquicos”, se avalanzan sobre el carruaje real y ante el estupor de propios y extraños, no tienen los “pobrecitos” más feliz idea, que desenganchar el tronco de caballos y echándose los arreos sobre sus hombros, comienzan a tirar, a tirar de la carroza, alcanzando con su rápido “trote” una estimable velocidad, mientras iban dando incansables vivas a los Reyes, hasta que llegaron a las puertas del Palacio de Peñaflor, lugar de alojamiento.

El ridículo que hicieron estos pocos apasionados monárquicos ecijanos, fue mayúsculo, y más sabiendo todo el pueblo que la mayoría del ellos, hasta hace pocas fechas antes, eran los más recalcitrantes enemigos de la Corona.

El lamentable gesto motivó numerosos comentarios y pesadas bromas, llegándose a decir con ironía, que tiraban con tanto ardor y fuerza, que ni obedecían la voz del cochero, cuando les recomendaba “más despacio, hombre, más despacio”, “parar ya… parar”. No tuvo más remedio el cochero, que ponerse de pié sobre el pescante, alzar amenazante el látigo, después de hacerlo “trallar al aire” y decir con fuerte voz “SOOOO…” consiguiendo así dejar clavado tan original enganche.

Por algún tiempo los ecijanos, tuvieron que sufrir dichas bromas y comentarios entre otras poblaciones, pués la noticia se extendió fuera de Écija como la pólvora, tanto que hasta el célebre D. Juan Martínez Villegas, aludiendo el suceso, hizo el siguiente epigrama, en el que –menos mal-, tuvo la delicadeza de omitir el nombre del lugar:

Tanto quisieron tirar
del coche del Rey Fernando,
los realistas de un lugar,
que segura de volcar
iba la Reina temblando.
¡Alto!, Fernando exclamó,
más como iban desbocados
y nadie les obedeció
gritó fuertemente… Soooo
y se quedaron clavados.

UN POSIBLE CASO DE DRACULISMO EN ECIJA.

Aunque las autoridades del momento, trataron de dar convincentes explicaciones, para demostrar que los hechos no tuvieron relación entre sí, y que en ellos, ni mucho menos, existieron motivos ocultos ni misteriosos, lo cierto es, que durante el año 1.850 y algunos posteriores, la población ecijana, creyó en un verdadero caso de draculismo y durante bastante tiempo, al caer la noche, no se veían niños por las calles ni a mujeres, y cuando éstas tenían que salir de casa por algún motivo, siempre lo hacían acompañadas de hombres. Tal miedo y recelo, se debieron a estos motivos:

El día 19 de febrero de 1.850, desaparece del barrio de Cañato una mujer joven que recientemente había dado a luz y que había tenido la desgracia de perder a su hijo al poco de nacer. Se llamaba María Martín, esposa del popular escobero José Saavedra.

Se le busca intensamente, primero por los vecinos del barrio y, días después, por la gran mayoría de los ecijanos, pero no aparece. No existían motivos aparentes para tal desaparición y por ello el pueblo comienza a comentar que ha sido raptada por orden de un rico que se encuentra enfermo y con el fin de poder mamar su leche y chuparle su joven sangre, remedios que por aquellas fechas se creía que eran muy eficientes.

Personas hubo que indicaron que la pobra mujer estaba atada con argollas en los sótanos de una gran casa o palacio, donde acudía de madrugada el enfermo con sus criados y le extraían la sangre y su alimenticia y fortificante leche, e incluso algunos vecinos aseguraban, haber oído leves gemidos por calle Espíritu Santo o Santo Domingo a altas horas de la madrugada.

Pasaron los días y estas versiones corrían de voz en voz por toda Écija, llegándose a decir que María Martín, la mujer del escobero, aparecería muerta en el río o en otro lugar “cuando el señorito le hubiese sacado todo su jugo del cuerpo, pero que éste tendría como castigo, una mala muerte.

El final de la historia, aunque parezca insólito, ocurrió tal y como predijo el pueblo. En la tarde del día 28 de febrero de 1.850, apareció muy cerca del puente, flotando, el cadáver de una mujer, que resultó ser la desaparecida María Martín, extremadamente delgada y pálida.

No se supo aclarar si se arrojó con vida, o fue tirada al río después de muerta. No pasaron cinco días, cuando en la galería de su casa-palacio, de calle Oñate, apareció ahorcado “con dos palmos de lengua fuera”, el Sr. Marqués de Orellana, del que todo el pueblo sabía, que llevaba “tísico” desde hacía algún tiempo, a pesar de su joven edad.

Coincidiera o nó, lo cierto es que a pesar de las explicaciones de las autoridades las investigaciones practicadas, que tuvieron que cerrarse por faltas de pruebas, no hicieron desaparecer durante bastante tiempo el miedo de la población joven de Écija, sobre todo en las mujeres, ni mucho menos que estos hechos históricos, fueran relacionados el uno con el otro entre sí, por lo que quizás con razón se pensara que fue un verdadero caso de lo que hoy conocemos como práctica de draculismo.

CURIOSO MOTIN POR HAMBRE... “ El Aloreño “.

El año 1.863, fue seco en extremo, no recogiéndose nada en el campo, motivando que se padeciesen verdaderas calamidades, las que se agravaron, cuando aparecieron fuertes lluvias el día 10 de Diciembre de dicho año: lluvias que sin apenas interrupción, castigan la comarca ecijana hasta mediado de Marzo de 1.864. Tan prolongado temporal originó numerosas inundaciones, pero lo peor fue el hambre. Raro era el día en que no se congregaban junta a la fuente del salón multitud de personas, pidiendo el más mínimo sustento, llegando a tal extremo el hambre, que comenzaron a aparecer muertos por inanición niños y ancianos en sus propios domicilios, y también por rincones de plazas y calles.

En esta grave y terrible tragedia, se distinguió el Corregidor Don Manuel Queipo de Llanos, gastando todo su caudal para remediar a tanta persona hambrienta, por cuyo gesto el pueblo comenzó a llamarle “El padre de los pobres”, y así fue conocido hasta su muerte.

Durante este periodo de hambre, el Corregidor tomó necesarias medidas contra los acaparadores y “listillos”, castigando comportamientos nada edificantes, como el que a continuación se relata:

En ocasión de que el Domingo de Ramos de dicho año 1.864, el Cabildo en pleno, estaba preparándose para asistir a la procesión de las Palmas, tuvo que atender las denuncias de una gran multitud amotinada frete al Ayuntamiento, daban fuertes gritos e incluso lanzaban piedras contra el edificio. La denuncia iba formulada contra un tal Alonso Ximénez, conocido por “El Aloreño”, propietario de un establecimiento de frutos secos en c/ Conde de Palma llamado “Tienda de Pasahigueros”, y en la que se vendían (cuando había existencias), higos, pasas, azúcar blanca o morena, bacalao, etc.

El tal “Aloreño”, la noche anterior, con gran sigilo mató un cerdo en la azotea de su casa, con el fin de no ser descubierto, ya que estaba prohibido por la autoridad. Oída la denuncia del pueblo, el Corregidor D. Manuel Queipo de Llanos, inmediatamente requirió al escribano de Cabildo Don Lucas de Medrano y a varios ministros ordinarios, y, todos juntos, se trasladan desde el Ayuntamiento a la tienda del Aloreño, siendo seguidos de una clamorosa y hambrienta multitud.

El acaparador Alonso Ximénez, viendo lo que se le venía encima, asustado y temblando cerró las puertas de la tienda con cerrojos y palos, adosándole incluso muebles pesados, refugiándose por último, en un rincón de la galería alta de la casa, donde precisamente aún colgaba despedazado el cerdo que la noche anterior había sacrificado. Fue requerido a voces desde la puerta de la calle, sin que la autoridad recibiera contestación alguna, ni mucho menos se le abriera la puerta, en vista de lo cual el propio Corregidor Sr. Queipo, sabiendo donde se había escondido el temeroso acaparador, se subió por la casa contigua, que era la del Sr. Valpuesta, a la galería alta de la misma y así de galería a galería, se intercambian requerimientos de la autoridad y negativas del comerciante, apercibimientos de multas de varios escudo y perdón y otras súplicas del “Aloreño”, hasta que se convino lo siguiente: Alonso Ximénez, por medio de una larga cuerda, entregó trozo a trozo la totalidad del cerdo sacrificado, pero lo entregó con tal original sistema a la multitud, que entre vítores, aplausos y vivas, lo iba recogiendo desde la calle.

A las dos o tres horas, se hizo en la Plaza un gran rancho de habas con toda la carne, tocino e incluso despojo de cerdo, repartiéndose el rancho entre todos los que acudían. A cambio se le perdona las multas y otras acciones al “Aloreño”, a quién no se le quitó el susto en largo tiempo, ya que estuvo escondido varios días en la galería y su tienda cerrada algunos meses.

NAVIDAD SANGRIENTA.

Muchas han sido los hechos violentos que se han desarrollado en nuestra ciudad y algunos de ellos al acabar desgraciadamente con pérdidas irreparables de vidas humanas, conmocionaban a la sociedad de su época por algún tiempo. Este es el caso de la Navidad más sangrienta que se conocido en Écija. Fue la del año 1.782.

Llagada la temporada de recogida de aceitunas, el duque de Arjete contrató para tales faenas que iba a llevar a cabo en el molino de Culleras, a varias familias. Una de estas familias era la de José Carmona Miranda que vivía en calle de Cristo, y otra, la familia de Pablo Gil que vivía en Cruz Verde. Por motivos de las liquidaciones de las cuentas en el trabajo, varios miembros de las dos familias, se reúnen la noche del 24 de Diciembre de 1.782, en una taberna que había junto a la torre Albarrana y entre copa y copa ajustan la cuentas y comienzan a discutir.

De momento se aplacan los ánimos, porque se trasladan al Convento de San Agustín para oír la misa del Gallo, pero en plena ceremonia religiosa, comienzan a insultarse, originándose el consiguiente alboroto. De las palabras llegan a los hechos, aparecen las navajas y se agreden mutuamente, quedando heridos en enormes charcos de sangre José Carmona y un hijo de Pablo Gil, llamado Alonso, que falleció al día siguiente.

Se hace cargo del asunto las autoridades, acudiendo “el ministro de justicia”, D. Agustín Cubiles Roda a la calle Cruz Verde, para detener a Pablo Gil, pero éste le desobedece y con los demás miembros de la familia, se atrincheran en su casa, cerrando puertas y ventanas, recibiendo a “tiro limpio” a la Justicia y sus acompañantes, resultando heridos de gravedad dos “ministros ordinarios”.

También acuden amigos, sacerdotes y otras personas para convencer desde lejos, dándole voces a Pablo Gil, rogándole que depusiera su actitud, pero nadie lo consigue. Hasta el propio Alcalde Mayor y Ministro de Justicia, Sr. Cubiles Rodas, recibió una fuerte pedrada en la cabeza, causándole una gran herida.

Resistieron el asedio la noche del 23, todo el 24 y la noche del 25, acudiendo al amanecer fuerzas del Regimiento de Milicias, quienes dan un ultimátum a la familia cercada, recibiendo los soldados como contestación varios disparos, por lo que dicha fuerza rodearon la casa, y acribillan a balazos a Pablo Gil y a uno de sus hijos, pués los demás miembros que quedaban en la vivienda, huyeron de la misma con anterioridad.

A las dos de la tarde del primer día de Pascua, en presencia de todo el pueblo se entierran las dos víctimas y el día 1º de Enero de 1.783, se celebró solemne función en el Convento de San Agustín, asistiendo el Corregido D. Juan Cervera y las autoridades.

En dicha ocasión se purificó y se bendijo la Iglesia y se rogó por las almas de la familia Gil.

HERMANAS DE LA CRUZ.

Convento Hermanas de la Cruz, EcijaCurioso y rodeado de cierto hecho milagroso fue el motivo de la presencia en nuestra ciudad de las Hermanas de la Cruz, las que, por su piedad religiosa y sus cometidos humanitarios, han gozado y gozan el respeto y cariño de todo el pueblo desde su llegada.

En ocasión de que D. Juan N. Díaz Custodio, trabajaba en la instalación de la fábrica de la luz eléctrica en Fuentes de Andalucía, se trasladó a dicha población para residir el tiempo preciso, acompañándole su esposa Dª Dolores y su cuñada Dª Pastora Gálvez Laglera.

Esta última toma contactos con las Hermanas de la Cruz, que por aquél entonces residían en Fuentes de Andalucía, y entusiasmada por las infatigables tareas que las monjas desarrollan a favor de los pobres, habla de las mismas a su hermana y a su cuñado Don Juan N. Díaz Custodio quien le comenta a sus amigos, Sres. Francisco Ignacio González de Aguilar y D. Emilio Muñoz Guerrero-Estrella, la posibilidad de que dicha congregación establezcan una casa en nuestra ciudad, idea que fue rechazada en principio, dado que en Écija existían numerosas congregaciones religiosas. Pero el hecho fue que, D. Emilio Muñoz Guerrero-Estrella por esas fechas tenía a su única hija muy enferma, habiéndola llevado para posible curación a los mejores médicos de Sevilla, Granada, Madrid e incluso la tuvo internada una temporada en un sanatorio Suizo, sin resultado positivo, muy al contrario, la muchacha empeoraba conforme iba creciendo.

A instancia del Sr. Díaz Custodio, la enferma fue visitada en cierta ocasión por la propia Sor Ángela de la Cruz, a quién ya conocía D. Juan N. Díaz, y la hermana fundadora recomendó a los padres que orasen con mucha fé en Dios, lo que igualmente haría ella, como la más humilde de sus siervas. Lo cierto fue que, a raíz de aquella visita, la enferma comenzó a mejorar inexplicablemente, sanando al poco tiempo, y gozando de tan excelente salud que, convertida en mujer, contrajo matrimonio con Don Manuel Salazar Murcia, que llegó a ser Alcalde de Córdoba. Esta ecijana se llamó Doña Concha Muñoz Morales.

Como consecuencia de la curación y achacándolo la familia de Muñoz Guerrero-Estrella a un verdadero milagro de Sor Ángela, junto con los Sres. Custodio y González de Aguilar realizan rápidamente todos los trámites e incluso, costean el traslado de las hermanas a Écija.

Don Emilio Muñoz, rico hacendado, había heredado de su padre todas las dependencias del antiguo Convento de los Capuchinos, las que había comprado su abuelo D. Juan Muñoz, cuando la desamortización de Mendizábal en 1.836, y aunque parte de dichas dependencias estaban destinadas a viviendas y a granero, habiéndose conservado la capilla, el Sr. Muñoz, cede a la congregación dichas dependencias y previas las adaptaciones necesarias, las monjas se posesionan de las mismas, el 10 de Agosto de 1.923, bendiciéndose la capilla el 14 de Septiembre de 1.924, a cuyo acto asiste la propia Sor Ángela de la Cruz.

Desde dicha fecha Écija cuenta con la inestimable presencia y, sobre todo, la valiosísima labor cristiana de esta calladas y abnegadas religiosas.

El Ayuntamiento cambió el nombre de Calle Tetuán, donde existe el antiguo Convento, por el de Sor Ángela de la Cruz y al final de la pequeña barrera de la calle, se erije un monumento a Sor Ángela, obra de D. Ricardo Comas, que es bendecido en 1.978, con lo cual, en algo, el pueblo ecijano premia a las Hermanas de la Cruz su fecundo trabajo.

“.... y a la voz de VAMOS A ENDIÑARLE...”: CURIOSO PARTE DENUNCIA.

En una noche de invierno del año 1.950, en “casa la Parra” que estaba en la calle Cárcel, detrás de la Plaza de Abastos, casa “non santa”, como otra de las muchas que existían en Écija, por aquellas fechas, se formó un fuerte altercado entre dos grupos de “clientes”.

Resulta que un grupo había pagado el célebre “Centimillo” una hora de música, y en pleno excitante baile observaron cómo se metían el la “pista” dos graciosos del otro grupo, con sendas “pupilas” y demás dándoselas de “gallitos”. De las palabras llegaron los hechos, por lo que Carmela “la encargá”, avisó rápidamente a la Policía Municipal.

Acuden el Cabo Lorenzo con los guardias “El Panga”, “Dos Reales” y “El Minuto”, quienes inmediatamente separan a los contendientes, haciendo valer su autoridad con las palabras y con los “lapos” sobre todo con “El Quico” que vivía frente al matadero, el que se encontraba en la reunión con sus amigos “El Frasco” y “Adolfo”.

Fue el Adolfo, quién viendo el mal estado en que quedaba su amigo “er Quico”, dio una fuerte voz, en plan de mando, haciendo causa común ambos bandos, que se emplean con gran ardor, dando puñetazos y patadas al Cabo y a los Guardias.

Los hechos son relatados fielmente y por escrito al Sr. Alcalde, con propia redacción de miembros de la Policía y firmando el Cabo este curiosísimo “parte-denuncia”.

“Tengo el honor de participar a V.S. que en la noche de ayer, sobre las 22 horas, fuimos requeridos los miembros de Guardia por Dª………… a la casa nº ….. de calle Cárcel de esta ciudad, donde se había formado una fuerte discusión, que degeneró en pelea tumultuaria.

Junto con los miembros del servicios que después se consignan, acudí a dicha casa y con grandes esfuerzos pudimos separar a los contendientes, haciendo valer mi autoridad, cuando en momento del incidente Adolfo……….. (a) el Adolfo, después de cargarse en los muertos de V.S. en los míos y en los de los Guardias, y a la voz de VAMOS A ENDIÑARLE, todos los contendientes nos acometieron, dejándonos en el lamentable estado en que nos encontramos, por lo que solicitamos de V.S. se nos dé de baja para el servicio en el día de hoy. Lo que participo a V.S. a sus conocimientos y efectos. Dios guarde a V.S

La palabra “endiñar” según el Diccionario de la Real Academia, es verbo transitivo, que se emplea popularmente y equivale a…. dar…. meter. Pocas veces se utilizan en escritos.

Los Guardias y el Cabo fueron dados de baja para el servicio y “El Adolfo” y seis amigos pasaron de la calle Cárcel directamente a la Cárcel.

“LAS GONDOLAS DE ÉCIJA, NO DE VENECIA”.

Sin que tenga relación alguna con el verso “… canal mitral la calle astigitana” del famoso soneto de D. Eugenio D’ors, Écija durante algún tiempo tuvo “sus góndolas”. Esta es la historia de las mismas.

Hasta el 19 de Septiembre de 1.879, fecha en que se inaugura la línea de ferrocarril Marchena-Écija, los ecijanos que tenían que hacer uso de los servicios del moderno invento, no tenía mas remedio que acudir a la población vecina de Palma del Río, ya que por la misma, desde 1.853, existían tales servicios en la línea de Córdoba a Sevilla.

Los viajeros ecijanos acudían a la estación del Palma del Río, bien en coches particulares –los más pudientes-, o bien, como hacia el pueblo en general, acudiendo al maestro “PEPE COBACHA”. El maestro Cobacha, puso un servicio de destartalados coches, donde cabían 6 o 7 viajeros, aunque a veces viajaban hasta el doble, además de paquetes, sacos, bolsas, etc.

Las señoras y ancianos en el interior, los hombres y niños en el pescante y lo más jóvenes y atrevidos por fuera de los coches, en los sitios mas insospechados. Estos vehículos iban tirados por caballos y mulos, cuyas edades presencia y fuerza físicas, no eran las más adecuadas.

El viaje por el antiguo Camino de Palma, era de imaginar, y los viajeros que llegaban al lugar de destino, bajaban destrozados, llenos de polvo y lodo, según se hacía el trayecto en verano o invierno.

Precisamente en fechas abundantes de lluvias, el camino era un verdadero lodozal y, de cuando en cuando, aparecía extensas lagunas de agua, que aún sin ser profundas, dificultaban el deslizamiento de las ruedas, y no era raro, en un viaje, quedar atascado el carruaje en medio de dichas lagunas, teniendo que auxiliar a Cobacha los propios viajeros, que pié en tierra, mejor dicho en agua, mojados hasta la cintura, empujaban los carruajes.

Los ecijanos, con esa gracia innata, le pusieron a estos coches el nombre de “Góndolas”, recordando a las venecianas, y famosas fueron durante muchísimo tiempo “LAS GÓNDOLAS DE COBACHA”.

EL COLEGIO SAN FULGENCIO

La mayoría de los hombres ecijanos que, desde mediados de este siglo, gozaron de una carrera universitaria, o de una preparación cultural elevada, se debe a la existencia en nuestra ciudad de un colegio que gozó de fama y prestigio durante muchos años.

Me refiero al COLEGIO DE SAN FULGENCIO. Fue fundado conjuntamente con un Coadjutor de Santa Cruz, por el célebre Don Celestino Montero, a finales del siglo pasado y estuvo en principio en el nº 47 de la calle Caballeros, cerca del actual Instituto Laboral.

Después y al tener que ampliar sus clases, se traslada a la calle que hoy tiene el nombre de su primer Directo. De nuevo, pasa a calle Caballeros, frente al Palacio de Peñaflor y por último a calla Juan de Angulo, donde incluso hubo internado para alumnos de fuera de la población.

Sobre el año 1.917, figura como director, Don Sebastián Guerrero Estrella y Armesto, hasta que en 1.926, se hace cargo del mismo, un insigne maestro, un hombre ejemplar con una personalidad fuera de los común, Don Rafael Martínez Ibáñez, Licenciado en Derecho y en Filosofía y del que Écija, aún no ha hecho justicia. Recordar nombres como los de D. José Salado, Don José Rodríguez Soria, Don Manuel Bermudo Pórtela, Don Agustín y Don Gonzalo Martín, Don Enrique Capitán Fernández, Don Octavio García de Castro, Don Antonio Jiménez Andrade, como el de otros tantos, es recordar a unos hombre dedicados por entero a la enseñanza, que formaron cultural y moralmente a una generación de ecijanos.

Este añorado Colegio desaparece sobre el año 1.944, con la aparición en Écija de los nuevos y numerosos centros de estudios estatales.

EL CONSEJO DE GUERRA AL SARGENTO MENA.

Los ecijanos, de siempre, han mantenido correctas y cordiales relaciones con la población militar, que por una u otras causas, en distintas épocas de la historia, han residido en nuestra ciudad. Por ello, todo el pueblo, sin distinción de clase, vivió u sintió con profundo dolor y pena, el incidente grave ocurrido dentro de las dependencias de la Comandancia Militar el día 26 de Mayo de 1.949, festividad de la Ascensión y cuando el Regimiento estaba bajo el mandato del Coronel D. Antonio Boceta Durán.

Desde hacía algún tiempo, existían profundas diferencias, en el trato de la profesión, entre un Sargento y un Capitán. El Sargento se llamaba Don Antonio Luque Mena, por cierto casado con una ecijana y padre de dos niñas pequeñas.

Dicho día en un momento de arrebato e ira incontenible, que le hace perder la razón, entra en la oficina del Escuadrón de Campo de la Comandancia y espera la llegada del Capitán Don Juan José Herce Araiza, soltero oriundo de Navarra, con el que mantenía fuertes discrepancias como hemos dicho.

El Capitán tras oír misa de once, en la Iglesia de Santa María, se dirige a la Comandancia, atraviesa la primera dependencia, donde se encontraba el Sargento y se introduce en su propia oficina, contigua a la anterior.

Se desconoce lo que ocurriera en esos momentos entre ambos militares, pero lo cierto es, que totalmente fuera de sí, el Sargento Mena, coge uno de los fusiles que se encontraba en las dependencias y desde la puerta de la oficina del Capitán, le dispara, hiriéndole en el vientre.

Mal herido, dando muchos tumbos llega hasta la oficina, desde donde disparó el Sargento, quien de nuevo vuelve el fusil y realiza otro disparo que alcanza la cabeza del Capitán Herce y le causa la muerte fulminante.

Conforme a las normas militares de aquellos tiempos, se le forma un sumarísimo Consejo de Guerra al Sargento, celebrándose su vistas en las propias dependencias del Depósito de Recría y Doma. Su fallo es el de condena a muerte por fusilamiento.

Dado el buen carácter, la estima y el cariño que le profesan, no sólo en personal militar, sino gran parte de la población civil, se cursan infinidad de telegramas y llamadas telefónicas, en solicitud de indulto para el Sargento Mena, estando muchas personas pendientes de la posible llegada de dicho indulto, e incluso se vieron encendidas las luces de nuestra Alcaldía toda la noche.

El indulto no llegó, y la ejecución se lleva a cabo en las primeras horas de la mañana del día 30 de mayo de 1.949, en el patio del Cuartel de Recría y Doma. Manda el pelotón de ejecución el Teniente Don Vicente Estacio Correo y en dicho pelotón, en contra de su voluntad, formaban parte como soldados, algunos ecijanos, los cuales aún no olvidan los tristes y amargos momentos, que por tal incidente les tocó vivir.

REYES MAGOS GENEROSOS DE ECIJA

Famosos fueron los Reyes Magos de 1.911. No sólo porque fueron los primeros que, con atuendo de la época y lujoso acompañamiento, desfilaron por las calles ecijanas, sino porque han pasado a la historia por su gran generosidad – aún no superada-, en cuanto al reparto de dulces, juguetes y hasta dinero en metálico.

El excelente Alcalde, Don Felipe Encinas y Jordán, tiene la feliz idea en Noviembre de 1.910 de formar una Comisión Ejecutiva de Reyes Magos para el próximo año.

La Comisión, animadísima, se pone en marcha, formalizando los trabajos y preparativos necesarios, adquiriendo, incluso de lugares lejanos, telas, utensilios, para los futuros Reyes y acompañamiento.

Hubo fuerte rivalidad entre comerciantes, personas pudientes y de la sociedad para encarnar a Gaspar, Melchor y Baltasar, pero la Comisión, con buen criterio, incluso rechazando fuertes cantidades de dinero que ofrecían por conseguir una corona, nombraron para tal cometido a tres sargentos de la Remonta, que colaboró eficazmente.

Melchor lo encarnó el Sargento Don León Muñoz, a Gaspar Don Francisco Barea y a al negro Baltasar, Don Juan Ortiz Luna.

La tarde-noche del día 5 de enero de 1.911, las calles ecijanas, estaban repletas de ansioso público, no sólo infantil, sino de toda edad, habiendo acudido también numerosísimas personas de pueblos cercanos, todos ellos por ver por vez primera, desfilar por las calles a los Reyes Magos de Oriente.

La comitiva, lujosísima y con gran orden y brillantez, sale del Molino de Covalea, propiedad de D. Juan N. Díaz Navas, más allá del Puente (vienen de Oriente). Rompe el desfile 3 heraldos a caballo, que con largas trompetas, anuncian la próxima presencia de sus Majestades. Le siguen 24 heraldos a pié y más de 30 pajes, también lujosísimamente vestidos, los que acompañan a los Reyes montados a caballo.

Detrás de los Reyes, iban cuatro enormes carretas, conteniendo dulces, juguetes, toquitas, botas, pañuelos, abriguitos y otras enormes cantidades de diferentes ropas de diversas tallas para niños y niñas. Cerraba el desfile una Banda de Música en traje de gala. Atraviesan el Puente (una hora antes se cortó a toda clase de tráfico), pasan por calle Emilio Castelar, Jesús sin Soga, y el Salón, donde no cabía un alfiler.

Solamente son recibidos a las puertas del Ayuntamiento, por el Sr. Alcalde, Corporación Municipal bajo mazas y numerosas personas de diversas esferas sociales, previamente invitadas. Dieron varias vueltas entre aclamaciones por nuestra Plaza Mayor y, al finalizar, los Reyes se retiraron al interior del Ayuntamiento, pero las 4 enormes carretas con todo los pajes y heraldos se dividieron y se encaminaron a cada uno de los cuatro barrios en que fue dividida la población, acompañando a cada carreta 2 señores de la Comisión.

Ya de noche, llegaron a las más humildes viviendas ecijanas; en toda aquella que había algún niño enfermo e impedido y a muchísimas en las que las necesidades se hacía patente.

Repartieron aquella noche, juguetes, dulces ropas a ¡ 1.600 niños ecijanos ¡ que con anterioridad escrupulosamente habían sido censados. El colmo de la felicidad de aquellos padres de primero de siglo, viendo los obsequios a sus hijos y tan alta visita, fue ver que uno de los pajes al despedirse, dejaba sobre la humilde mesa, un sobre, conteniendo cierta cantidad de dinero, que ayudó a remediar por algunos días las necesidades de toda la familia.

Los Reyes Magos regresan a su Palacio de Oriente, “Molino de Covalea” a las dos de la tarde del día 6, con gran acompañamiento, el mismo orden y brillantez que el día anterior y en la explanada del Puente se celebró a continuación una gran fiesta con refrescos y vinos.

Los actos terminan celebrándose la noche del día 6 un baile con carácter familiar, donde se rinde homenaje a los componentes de la Comisión Ejecutiva y allí reciben la felicitación de las autoridades y desde el balcón del Casino el agradecimiento y el aplauso de todo el pueblo en general.

SAN PABLO, PATRON DE ECIJA.

San Pablo patron de EcijaEs un hecho aceptado, que Saulo de Tarso, el Apóstol de los Gentiles, SAN PABLO, estuvo en la antigua Astigi y predicó la nueva doctrina, convirtiendo al cristianismo, entre otros, al prefecto del Convento Jurídico, Probo, a su mujer Xantipe o Jantipe y a la hermana de ésta Poligena.

También como hecho histórico y verdadero, se tiene el milagro realizado por San Pablo, en la persona del joven de 14 años, Antón Fernández de Arjona, hijo del labrador Diego Fernández de Arjona, cuando acostado en su cama, en la madrugada del 20 de febrero de 1.436, se le aparece el Apóstol , dejándole anudado los dedos de la manos derecha como muestra en señal de tal hecho y para que fuese creído, al dar a conocer el mensaje recibido, cual era de que los ecijanos mejoraran en sus prácticas religiosas y se enmendasen de ciertos vicios y pecados.

Todo ello motivo más que suficiente para que, de siempre, Écija tuviera una especial devoción por San Pablo, y así a petición de nuestro Cabildo, el Sábado 17 de enero de 1.753, el Arzobispo de Sevilla, Don Cristóbal de Roxas y Sandoval, declara fiesta de precepto el día 25 de Enero, fecha que conmemora la Conversión del Apóstol y en el que procesionalmente es trasladada la imagen de nuestro Patrón desde la Iglesia de Santa Bárbara a la de San Pablo y Santo Domingo, en la que en solemne función se renueve el voto que la Ciudad hizo Don Jerónimo de Guzmán el 18 de enero de 1.575 que en pergamino se encontraba en arca y archivo de escrituras antiguas en las casas reales del Cabildo Viejo.

Tras laboriosas gestiones, el Papa Urbano VIII, por bula pontifica de fecha 13 de Febrero de 1.642, declara Patrón de Écija a San Pablo, declaración que es reconocida por el clero ecijano el 11 de enero de 1.644 y aceptada y proclamada por nuestro Ayuntamiento según acuerdo del día 15 de enero de 1.644

La imagen de San Pablo que sale en procesión es obra del escultor ecijano D. Salvador Gómez de Navajas y fue terminada el día 17 de enero de 1.575, depositándose en la casa nº 18 de Plaza Mayor, antiguo Cabildo Viejo, y al trasladarse el Ayuntamiento al actual edificio, la imagen se deposita en la Iglesia de Santa Bárbara.

En la casa donde vivía Antón Fernández de Arjona, se edificó el Convento de la Victoria y precisamente el lugar que ocupa el altar lateral izquierdo de la Capilla Mayor, era el de la habitación donde dormía Antón, la noche del milagro.

Un gran misterio, un reto para los historiadores y una idea que me obsesiona de siempre, es poder saber cómo fuera la vida del mozo Antón Fernández, tras el milagro, pues la historia que conocemos no nos habla nada al respecto.