ECIJA EL MEJOR CONJUNTO BARROCO DE ESPAÑA
REVISTA FERIA DE ECIJA – 1969
Autor: Manuel Bendala

Ecija barroca A noventa kilómetros sobre la general N-IV, en el camino de Córdoba y de Madrid, está, nada menos, que Écija. “El mejor conjunto Barroco de España”, según la definió no hace muchos años un director general de Bellas Artes. La carretera es buena, como corresponde a una general; quizás haya marchado muchas veces por ella, sin fijarse demasiado en lo que tiene a derecha e izquierda porque habrá sentido el entusiasmo de apretar a fondo el acelerador.

Marche hoy un poco mas despacio y dése cuenta de que la llanura en que está el aeródromo de San Pablo es apta para el futuro inmediato de los gigantescos jets, porque es una de las mas amplias y despejadas de la península, que los naranjitos van comiéndole terreno a los olivos seculares, que la inmensa vega – si, la de la famosa diligencia de Villalón- que se extiende desde mas allá de Marchena y que pasando por debajo de la mirada de la Puerta de Córdoba llega hasta Lora del Río en 60.000 hectáreas con aguas llegadas desde el embalse de Iznajar y conducidas por el río Corbones canal principal, que el Castillo de la Monclova es, además, una finca del duque del Infantado que ocupa la mitad del termino municipal de la Luisiana y termino de Fuentes de Andalucía. Precaución en el empalme con la carretera de Marchena, que hasta hace un par de años fue “punto negro” en los mapas de O.P.

Y en seguida uno de los más bellos paisajes urbanos que puedan contemplarse; allá abajo, con el limite del Genil, que en su canción morisca trae perfume de membrillos, entre cal y piedra, entre teja y terraza, la sinfónica vertical de la “ciudad de las mil torres”. Realmente son nada más que once, pero de verdad que valen por mil. Ó doce si se cuenta el rascacielos que en el limite sur y sobre la carretera misma es un buen indicador para entrara hacia el centro de la ciudad.

los descalzos ecijaPero no entre todavía; sáquele bien el jugo a su auto. Tuerza a la derecha y haga como que va a Estepa; cuando haya corrido un par de kilómetros de media vuelta y observe bien la silueta de Écija que ahora estará en el mismo plano. Aun no basta: usted lleva un turismo, no un utilitario y usted va a turistear, no a negociar en escobas o en impermeables (¿sabía que las escobas de Écija barren media España y los impermeables, buen lienzo moreno y buen aceite de linaza, se consumían hasta en Terranova?); prosiga por la carretera general, mire el parque que estuvo a punto de comprar un empresa de Lienchestein para instalar un camping, cruce el puente sobre el Genil y remonte la colina del otro lado del valle; y vuelva para contemplar otra vez la ciudad allá abajo, pero con sus torres como si se hubieran enrocado.

Ahora entre por la calle Miguel de Cervantes –que es la que finaliza en el rascacielos- y llegue hasta la Plaza de España. Le parecerá “sabrosa”, precisamente porque se deja atrás, a la derecha, el único edificio detonante en el sabor dieciochesco. En la fachada del Ayuntamiento el soneto de Eugenio D’ors esculpido en mármol: “Écija al sol, Venecia en llena luna…”

La visita turística comienza en el mosaico romano, pavimento de la Sala Capitular, sigue por Santa Maria y luego por cualquier calle, el mejor conjunto barroco de España.
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