ECIJA, LO QUE NO CONOCIMOS… LO QUE PERDIMOS…
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ -2004

MONASTERIO DE SANTA INES DEL VALLE

Hasta mediados del siglo XIX permaneció en pie, aunque en estado ruinoso como más adelante comprobaremos, el Monasterio donde tuvo su morada la Virgen del Valle, Patrona de esta Ciudad. Muchas fueron las generaciones que no pudieron contemplarla en dicho edificio y sí en la Parroquia Mayor de Santa Cruz, donde quedó, tras la bendición de la capilla que, expresamente, fue construida para ella, en el año de 1929.

Con independencia de las publicaciones que sobre el desaparecido Monasterio se han realizado, todas de gran interés, las primeras noticias escritas que hablan de la existencia y descripción de dicho Monasterio, las encontramos en la publicación titulada: Historia de la Gloriosa Virgen Santa Florentina, hermana de San Leandro y San Isidoro, Arzobispos de Sevilla y de San Fulgencio, Obispo de Ecija; en que se replican muchas antigüedades de España y otras cosas de varia doctrina; con una genealogía cumplida de los Reyes de España traída desde antes de dicha santa hasta ahora, compuesta por el P. FRAY RODRIGO DE YEPES, Profeso y Predicador de San Jerónimo el Real de Madrid, publicada en el año de 1584.

Fue dicho autor conocedor sobrado del citado Monasterio, dado que en el estuvo como miembro de la Orden de los Jerónimos, siendo en los capítulo VI y VII de la citada obra, al escribir sobre De otros adminículos y fundamentos que hay, allende la tradición, para la verdad y certividad de esta historia y de De cómo además de la tradición y otros argumentos hay también escritura de estas cosas, cuando, con independencia de otras circunstancias relacionadas con Santa Florentina y concurrentes en el Monasterio, lo refiere de la siguiente forma:

“De haber vivido en este Monasterio Santa Florentina, con las demás religiosas, allende la tradición y sucesión de doctrina, hay grandes indicios y significaciones de la antigüedad, que toda la gente tiene muy bien sabidos, como es una torre antigua que aquí está en este Monasterio, que la llaman todos la torre de Santa Florentina y en medio del claustro hay vestigios y cimientos que parecen y dicen haber sido celdas de las religiosas que tuvo aquí Santa Florentina. Lo segundo es, que hay en esta Ciudad, un hospital y Cofradía antiquísima, que se dice de Santa Florentina y ninguno sabe de su primera institución y los cofrades de ella traen a esta casa y Monasterio de Nuestra Señora del Valle, con gran solemnidad y clerecía, la imagen de Santa Florentina, vestida con hábito de monja y hacen una fiesta de vísperas y misa y tienen sermón en que se tratan todas estas cosas, y digo que la traen como a reconocer su antigua habitación y morada, por el camino que tiene ello muy sabido, para que vea y reconozca los vestigios que han quedado de su morada y Monasterio y se alegre de verlos y diga :”Holgárame de ver mis reinos, donde yo serví a Jesucristo, a quien servir es reinar y donde tuve espiritual jurisdicción y reino en el gobierno de las doncellas que aquí vivían y desde las que regía desde aquí por toda España.” Y para traer aquí esta santa imagen de Santa Florentina, no tienen otro mandamiento y principio sino la tradición de sus padres y mayores que lo hacían así y porque está en esta casa el altar y la capilla de Santa Florentina, que antiguamente estaba todo en pie, aunque la capilla y sepultura antigua no se eche de ver tan claro como antes por el edificio de la nueva iglesia.
Otro sí vienen los cofrades mismos de Santa Florentina un día en cada una de las tres Pascuas del año, a decir una misa cantada en el altar de Santa Florentina por el mismo respecto.

Por todas las cuales consideraciones que habemos dicho, como se hubiesen dado provisiones en el Consejo real, para que en todas las ciudades se hiciese reducción de los hospitales a algún pequeño número, para que hubiese mejor hospitalidad y se hubiera de hacer también la reducción de los hospitales en esta Ciudad de Ecija el año de 1570, para que queden sólo tres o cuatro, en que hubiese mejor hospitalidad, Su Majestad el Rey D. Felipe, nuestro señor, que por su benignidad se quiso aposentar en este pequeño y pobre Monasterio de Nuestra Señora del Valle, pasando de camino a visitar su reino de Andalucía, a suplicación mía, que servía en aquella casa, mandó que el hospital antiguo de Santa Florentina no se redujese a alguno de los otros, sino que quedase por sí, como estaba, en la collación de Santiago, para que perpetuamente se conservase la memoria y repetición de tan célebre antigüedad de la santa imagen de la Santa Florentina, que ella y sus hermanos, los Arzobispos de Sevilla y Obispo de Ecija, son mucha gloria de los Reyes de España y pertenecen a su linaje. De todo lo cual se renueva la memoria en la solemnidad, fiesta y sermón que allí se hace, como ya se deja dicho.

También se confirma esta tradición y sucesión de doctrina, porque los niños en esta Ciudad y todos los que ahora viven, se destetaron con decirles la devoción de Nuestra Señora del Valle y de la santa imagen y de haber vivido aquí Santa Florentina y las santas vírgenes de su Monasterio y las abuelas decían a sus nietos que tuviesen devoción con el camino del Valle, que se dice el camino de las Vírgenes o del ahulladero, porque todo él, desde la Iglesia Mayor de Santa Cruz hasta el Monasterio, estuvo regado de sangre de las doncellas santas que aquí tuvo Santa Florentina y martirizaron los infieles, que fueron los herejes arrianos, o en tiempo de moros en la destrucción de España, como aconteció en Córdoba y aparece en el libro de San Eulogio.

Y en el camino hay un paso que se llama la puentezuela de las Vírgenes, que son como las estaciones que se hacían en el monte Calvario, por los pasos de la pasión del Señor y muchas personas devotas traen esta consideración por este camino. Y en la antigua puerta de Palma, de esta Ciudad, están unos mármoles que dicen se regaron con la sangre de las santas doncellas, cuando desde el Monasterio las iban martirizando los infieles. Y antiguamente los maestros de escuela, cuando despedían los niños, los enviaban por allí y besaban en los mármoles con gran devoción.

En confirmación de esto, hay memoria en esta Ciudad, de una mujer, que se decía María Alonso la calera o de la Cruz y aún viven los que la conocieron, la cual afirmaba que una mañana, antes de amanecer, que solía ella acudir al Monasterio todos los días, se le apareció una procesión de las vírgenes, con candelas encendidas y diéronle una de ellas, la cual guardó para la hora de la muerte. Y de esta manera, por reverencia de estas cosas y devoción de tan gran santuario, muchas personas vienen gran parte del camino desde la Ciudad descalzadas y otras arrastrando las rodillas por tierra hasta ver con sus ojos la Santa Imagen de la Madre de Dios y el lugar donde vivió la Santa Virgen Florentina con la santa compañía de doncellas mártires de Cristo y su capilla y sepultura. Hablo de esto no sólo por relación de otros, sino como testigo de vista, de dos años que residí en aquel santo Monasterio, donde consideré la singularísma devoción de la gente y el grandísimo concurso que hay de venir allí, especialmente a la misa del alba todos los sábados, que desde antes que amanezca está a la puerta mucha gente devota y con lágrimas y con gran confianza de hallar allí remedio y consuelo a sus trabajos y necesidades. Y lo mismo es en los viernes de Cuaresma, que poco menos que toda la Ciudad hace allí su estación y por todo el año entero, se echa de ver la misma devoción. Y especialmente quedé admirado de algunas mujeres pobres que trabajando y ganando de comer del sudor de sus manos e hilando al torno, no tenían otro cuidado sino el de ahorrar alguna limosna de su pobreza para hacer que se digan algunas misas en el altar de la Santa Imagen de la Madre de Dios y a esto vienen y a ponerse en su presencia y orar, con grandes ansias y amor de su corazón. En lo cual hacen gran ventaja a la gente rica y gruesa, que por sus pecados y con todas sus riquezas, en las cosas de devoción son tibios, en la limosna cortos y en la adoración de los santos secos e indevotos; teniendo ellos más necesidad de esto que los pobrecitos y humildes. Donde tiene lugar la compasión de San Agustín, en caso semejante, donde dice: “Los simples y sin letras se roban el cielo por humildad y devoción y los poderosos y letrados somos con nuestras letras y riquezas llevados al infierno.” Con todo lo cual que habemos dicho está bien ayudada y favorecida la tradición y sucesión de doctrina de los mayores, de la antigüedad y devoción de este Monasterio de esta Santa Imagen de Nuestra Señora, de la habitación que aquí hizo Santa Florentina con las monjas y antes doncellas mártires que aquí tuvo debajo de su regimiento, sin que sea necesario que de esto hubiese alguna escritura. Y quien de esto dudase, aunque no sea hereje, da muestra de que sabe poco de Dios y de los favores que hace a sus santos, para consuelo de sus fieles y de las vías y medios que tenemos para saber la doctrina y verdad. Y ninguno hay que esto lo pueda contradecir, ni tenga fundamento de dificultar sobre ello.

…Otro sí acerca de la antigüedad de la santa imagen de Nuestra Señora y de la gran devoción que la gente tiene en ella, es buen testimonio los muchos milagros que aquí han hecho, de lo cual me afirman haber un libro en los archivos de esta Ciudad de Ecija. Y es buena prueba de estos milagros los despojos de enfermos y cojos y cautivos que aquí por las paredes están colgados in significatione accepti beneficii “Agradeciendo a Nuestro Señor la merced que les hizo”. Y desde Turquía y Africa se encomiendan a Nuestra Señora del Valle, para que los libre del cautiverio y traen aquí los grillos y cadenas de sus prisiones, a ofrecerlos a Nuestra Señora que los libró de la prisión. Y estando yo en el dicho Monasterio, vino allí un hombre que había estado cautivo en Marruecos y fue libre y se huyó con el favor de Nuestra Señora del Valle de Ecija y se vino allí a servir de gracia en el Monasterio, es decir, sin salario alguno. Hay también en el camino, entre la ciudad de Ecija y el Monasterio, una Ermita y debajo de ella una fuente, que allí apareció por milagro y la llaman la fuente de Nuestra Señora; acuden a ella por agua para los enfermos y es una de las estaciones donde hacen oración en aquel camino, regado con la sangre de las vírgenes mártires. Muestranlo todo esto los vecinos de esta Ciudad y los moradores de los pueblos comarcanos, en las velas ordinarias que allí vienen a hacer, donde suelen pesar a trigo sus hijos pequeñuelos, allí en la iglesia. Con esto y con decir algunas misas en aquel Santuario, vuelven con grandísimo consuelo y alivio de sus trabajos, porque tienen a Nuestra Señora del Valle de este Monasterio, en que vivió Santa Florentina, por refugio y patrocinio de toda la provincia de Andalucía, como lo es Nuestra Señora de Montserrat en Cataluña, Nuestra Señora de Loreto en Italia y Nuestra Señora de Guadalupe en Castilla, y como lo eran aquellas ciudades de refugio, de que habla el Testamento viejo, donde se amparan los que se veían apretados y en necesidad de favor.

El sitio de esta casa es excelente y muy agradable, porque está junto al río Genil y sobre él y la huerta del Monasterio hacen ribera y el río cerca para la huerta. Los religiosos se salen a él por una calle de cipreses. Tiene una muy buena iglesia edificada y delante de ella una grande posesión para edificar la casa si quisieren al Mediodía, aunque como por ser tierra tan calurosa, está bien la iglesia delante y la casa y habitación al cierzo, como está también San Jerónimo de Yuste. Y por estar tan cerca de la ciudad y por ser casa de tanta devoción y antigüedad y de tan santos respectos, como queda dicho y haber tanto concurso de gente y de caballeros que se precian de acudir a allí, hay necesidad y obligación de los religiosos que alelí estuvieren haya personas doctas y letrados que puedan confesar y predicar y responder a la devoción del pueblo y darle ejemplo de mucha santidad.”

Más adelante, demostrativo de la estancia en el Monasterio de Fray Rodrigo de Yepes, escribe este, dentro del capítulo IX, titulado: En el que se hace una consideración del linaje y cualidad de los Reyes de España, lo siguiente:
“…Toda la perfección de este linaje de reyes, sacerdotes, santos y otros títulos amables, se debe atribuir a la cepa y principio que tenían de Santa Florentina, que vivió en este Monasterio del Valle de Ecija y sus santos hermanos.

Por todos los respectos dichos, como el año pasado de 1570, Su Majestad el Rey D. Felipe nuestro señor, estuviese en la ciudad de Córdoba y habiendo de pasar a Sevilla y visitar otras partes de su reino de Andalucía, yo que al presente vivía en este Monasterio del Valle de Ecija, le fui a dar relación cumplida de estas cosas tan agradables e importantes y de los medios por donde se le daba de ello tan cierta noticia. Y juntamente le suplique fuese servido de camino irse a aposentar a aquel su Monasterio, aunque de humildes edificios, pues por tantas razones era suyo y se podía decir casa real, así por haberle hecho reducir a nuestra Orden de San Jerónimo –como se dijo más arriba,- como por haber sido de sus progenitores y mayores de su linaje, de más de novecientos años atrás. Su Majestad lo oyó con la humanidad y clemencia que suele cosas semejantes, de lo cual es ejemplo raro entre los reyes y príncipes. Dijo iría Su Majestad por allí, haciendo el camino a Sevilla y así lo puso por obra. Y por esto fue a la vuelta de allá y en el Monasterio, que está al Septentrión –respecto de la ciudad,- se hizo una puente de madera, para que Su Majestad pasase el río Genil, saliendo del Monasterio para entrar en Ecija por la puerta de Córdoba.

A la entrada y recibimiento en el Monasterio, hice poner en alto, en lugar patente, estos tres epígrafes e inscripciones, en que brevemente se comprenden las cosas dichas y son las que siguen:

PARA LA ENTRADA DEL REY D. FELIPE, EN EL MONASTERIO DE SANTA MARIA DEL VALLE DE ECIJA, AÑO DE 1570.-

Primer epígrafe o inscripción: Haber habitado en esta casa, ahora novecientos años, Santa Florentina, virgen, hermana de los santos obispos Fulgencio, Leandro e Isidoro, siendo aquí abadesa de monjas, pruébalo constantemente la común tradición de la ciudad de Ecija.

Segundo epígrafe o inscripción: Que todos los reyes de España traigan su origen de Santa Florentina, virgen y de sus hermanos los santos Obispos, por su hermana Teodosia, mujer del rey Leovigildo y que se haya conservado su linaje de la sangre famosa de los godos, en ochenta generaciones, la verdad de las historias lo manifiesta.

Tercer epígrafe o inscripción: Conforme a esto, la virgen real y religiosisima Florentina, al rey D. Felipe, religiosisímo, de las Españas, que viene a visitar su antigua morada y entrada en ella, le recibe y abraza con gran voluntad y alegre rostro, como a hijo carísimo y predilecto.

Con posterioridad a la publicación de Yepes, encontramos que el Cabildo de Ecija, el 28 de Agosto de 1592, designó una comisión para que, en nombre de la Ciudad de Ecija, se dirigiese al Prior del Convento de Nuestra Señora de Guadalupe, apoyando y ratificando la petición del Prior del Monasterio del Valle de Ecija, aquel monasterio cediese a este uno de los sudarios de Jesucristo de los dos que poseía. En la siguiente centuria, encontramos notas documentales sobre el estado ruinoso del Monasterio, ya que en 1 de Septiembre de 1625, el Prior del Monasterio del Valle, solicita ayuda al Cabildo Municipal para la fábrica del convento, cuyo Cabildo, en 27 de Octubre de 1625, le cede, por un periodo de seis años, las rentas de las tierras del Palmar de la Nava, “para la reedificación de la Iglesia y Convento de Nuestra Señora del Valle que estaba ruinoso”, cuyas rentas habían venido siendo concedidas al Convento de Santa Inés del Valle para la reedificación de su iglesia.

El año de 1629, el jesuita Padre Martín de Roa, que igualmente ejerció su labor eclesiástica en esta Ciudad y que, por ende, llegó a conocer el Monasterio que nos ocupa, publica su obra Ecija, sus Santos y su antigüedad, eclesiástica y seglar, refiriéndose al Monasterio del Valle, dentro del capítulo VII, en el apartado dedicado a los Conventos de Religiosos que hay en esta Ciudad, con el siguiente contenido:

“El de Nuestra Señora del Valle, religioso y célebre por la antigua y venerable imagen de la Santísima Virgen que tiene en su templo y si bien insigne por su grandeza, lo es mucho más por la majestad de esta Señora que lo habita…Los señores de Palma tenían en esta Ermita gran devoción, pidiéronla con intento de fundar allí Monasterio y enterrarse en la capilla mayor de la iglesia que pensaban levantar. Trajeron licencia del Papa y diéronsela el año de 1486. Entregáronla a los monjes ermitaños de S. Jerónimo, de la familia de los Isidoros y edificáronles luego un paño de celdas, donde pudiesen vivir hasta seis religiosos. Dotaron también la Capilla mayor para su entierro en cincuenta mil maravedíes de renta y veinte cahíces de trigo al año. Está asentada esta casa en la ribera occidental del río Genil, a media milla de la ciudad. Tiene dentro del pobre claustro una torre bien antigua, que no le supieron dar otro nombre, sino la torre de Santa Florentina. También afirman que estuvo aquí el altar, capilla y sepultura de la Santa y no se sabe el lugar porque con la nueva iglesia que hicieron los Isidoros se trocó el sitio y después con el tiempo la memoria.”

En el año de 1740, de nuevo es patente el estado ruinoso de la iglesia del Monasterio, pues consta una petición para obras de reparación al Cabildo Municipal, fechada el 27 de Junio, acordándose por dicho Cabildo en 16 de Septiembre del citado año, concederle la suma de 1.500 reales para dichas obras.

Como consecuencia de la extinción de diversos monasterios, en el año de 1820, dentro del expediente formado a tal fin, consta una petición del Ayuntamiento de Ecija a S.M. pidiéndole que continúe la iglesia del Monasterio del Valle como Ermita, para que siga allí el culto a la Virgen así como acuerdo del Cabildo, de conformidad con los curas párrocos de Ecija, para que la Virgen se traslade provisionalmente a San Gil.

Lo cierto es que en el año de 1823, se había acordado la supresión del Monasterio, dado que en 22 de Agosto de dicho año, Fray José Escalera, Prior del citado Monasterio, solicitó y obtuvo la concesión, en depósito, de la imagen patrona de Ecija, que recibía culto en la parroquia de Santa María por la supresión del dicho monasterio, alegando haber tomado posesión judicial de él; en Cabildo del 17 de Diciembre de 1845, respecto del Convento de los Jerónimos, se proponía la enajenación a particulares por el estado ruinoso de la iglesia y convento, mientras que en el año de 1849, a petición de varias personas, se accedió a que quedase fuera del trámite de la subasta decretada, la iglesia y sacristía del Monasterio del Valle.

De los últimos ecijanos que vio en pie el Monasterio de Nuestra Señora del Valle, aunque en estado ruinoso, fue Juan María Garay y Conde, quien lo detalla fielmente como se encontraba, en su obra Breves Apuntes Históricos-Descriptivos de la Ciudad de Ecija, publicada en el año de 1851 y que dice así:

“…Hemos dejado el ex convento de monjes Jerónimos para hablar de él concluidos que fuesen de describir los otros que como Capillas, se hallan sirviendo a el culto público, ya por estar distante de la población, como por deber detenernos alguna cosa más en su descripción arquitecnográficas, atendidas sus circunstancias excepcionales, aunque antes diremos algunas cosas de dos edificios que hay que pasar para llegar a él que nos ocupa… Desde esta Capilla sigue el camino hasta el extinguido Monasterio edificado no lejos de la margen occidental del Genil; allí mismo existía el año de mil cuatrocientos ochenta y cinco una antigua Ermita bajo la advocación de Santa María del Valle, que D. Luis Portocarrero y Doña Francisca Manrique, causantes de los condes de Palma, duques de Híjar, convirtieron a su costa en Monasterio de Jerónimos bajo ciertas condiciones convenidas con el Prior de las Ermitas y la competente bula del Papa Inocencio octavo, por cuya causa eran aquellos señores los patronos del Monasterio con panteón en la Capilla Mayor, en que fueron enterrados sus restos mortales. Por tal incidente el que antes fuera sólo un pequeño Santuario de recomendables antecedentes, se elevó a la clase de un edificio notable, cual es el que llegamos a conocer; consta este hermoso Tempo de una nave la mayor de Ecija en su clase, pues desde el altar mayor a la puerta principal que está en el testero al Coro hay sesenta y cinco varas de longitud sobre trece de latitud, que dan una superficie de ochocientas cuarenta y cinco varas y catorce de elevación a el enrasado de la obra; un techo artesonado con armadura de par e hilera y labor de lazo es magnifico; divide la Capilla mayor de los demás de este templo espacioso, un elevado arco apuntado, a que sigue su cubierta elegante y cóncava, toda formada de recuadrados nuegados y figuras poligonares de colores. El retablo principal tallado y dorado en madera, es de hechura moderna con tres cuerpos de graciosos frontispicios de pilastras, hallándose en su centro el costoso camarín en que se custodiaba nuestra amada Patrona; súbese a él por una escalera de veinte y seis peldaños de diez palmos cada uno, de una sola pieza de jaspe encarnado, de cuyo mismo material es el pasamano balaustrado; tiene una sencilla cúpula de cornisas y dobelas de yesos y el pavimento de jaspes de colores formando labor; el coro en alto, que se halla situado a los pies de la Iglesia está sostenido por cuatro arcos adintelados de bastante mérito, atendida la anchura del local; este templo está cerrado desde el año de mil ochocientos treinta y cinco; su muro fural interior con una gran fuga y lo restante del Convento ruinoso en su mayor parte; una pequeña portada gótica facilitaba la entrada al claustro y delante de ella existen los restos de un peso en que se pesaban a trigo los enfermos que obtenían la salud por la intercesión de la Virgen y prometían dar de limosna a los monjes su equivalente en dicha especie a lo que su cuerpo pesaba.”

En casa de los Marqueses de Sauceda, sita en calle La Marquesa de Ecija, se encuentra lo único que quedó del citado Monasterio, además de la sagrada Imagen de nuestra Patrona, cual es parte de la escalera a que se refiere Garay y Conde en su crónica anterior, de cuya escalera aportamos la correspondiente fotografía.

Hasta aquí un pequeño bosquejo del Monasterio de Santa María del Valle, edificio que a pesar de ser tan nombrado entre nosotros los ecijanos, muchas generaciones, concretamente las posteriores al año de 1851, no lo conocieron, al haberse perdido por su destrucción.

LA CRUZ DE SAN PABLO

Desde siempre y sobre todo una vez que leí y escuché (se hace su lectura todos los 25 de Enero de cada año) el milagro de San Pablo en el joven Antón de Arjona, recordado en el azulejo existente sobre la puerta de entrada al Convento de San Pablo y Santo Domingo, me llamó la atención sobremanera todo lo relativo a la famosa Cruz de San Pablo, una de las reliquias propiedad de nuestro pueblo y que después de la invasión francesa, como certifican los testimonios escritos que más adelante incorporaré, desapareció de nuestra Ciudad, por cuyo motivo no hemos llegado a conocerla.

Una de las primeras noticias relativas a dicha Cruz, se encuentran en el testamento del pintor Cristóbal de Mayorga, de 3 de Enero de 1511, donde dice aquel que el Monasterio de San Pablo y Santo Domingo de Ecija, le adeudaba la suma de 15 reales de plata, de la pintura de una cruz de talla.

Posteriormente, concretamente en el año de 1629, al publicar el Padre Martín de Roa, su obra Ecija, Sus Santos y su antigüedad, eclesiástica y seglar, que yo mismo reedité en el año 2000, transcribe, de forma completa, el ya citado milagro, que se encuentra documentado mediante escritura en el Ayuntamiento de Ecija, cuyo texto es el que se lee los días 25 de Enero de cada año, dentro de la función principal que se celebra en el mencionado Convento, adonde es llevada, desde Santa Bárbara, la imagen del patrón de Ecija San Pablo. Dicha escritura sobre el milagro, de forma literal, dice así:

“ESCRITURA AUTÉNTICA, RELACIÓN DEL MILAGRO QUE OBRO EN ESTA CIUDAD EL APOSTOL S. PABLO. CELO DE SUS REGIDORES EN QUITAR PECADOS PÚBLICOS.

YO GERONIMODE GVZMAM, Escrívano de su Majestad i del Cabildo desta muí noble, i muí leal Ciudad de Écija, doi fe a los señores que la presente vieren, que en el arca, i Archivo de las Escrituras antiguas, que los muí ilustres señores de Écija tienen en las casas Reales del Cabildo desta Ciudad está una Escritura escrita en pergamino, de la qual por mandado de dicha Ciudad saque un traslado, su tenor del qual dize assi.

Porque la ingratitud es madre de todos los vicios, i pecados, i consiste principalmente en no acordarse el onbre, ni dar gracias a nuestro Señor por los beneficios de su Magestad recibidos, por donde se haze indigno de recibir otros. E por que los fieles, i Catolicos chrístianos, que moran en esta Ciudad de Ecija, de tanto, i tan grande beneficio no sean ingratos, mas continuamente den gracias a Dios nuestro Señor, por que tanto alto, i tan excelente Patron les quiso dar, como el glorioso i bienaventurado Apostol San Pablo, en el nombre de Jesuchristo nuestro Redendor, e de la gloriosa Virgen Santa María su madre, i abogada nuestra, e de nuestro glorioso Padre Santo Domingo, e de toda la Corte celestial, siguese un testimonio de un Milagro, que en esta dicha Ciudad aconteció, cuyo tenor es este que se sigue:

«En la noble ciudad de Écija, Lunes veinte días del mes de Febrero, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesuchristo de mil i quatrocientos i treinta i seis años a ora de Tercia poco mas, o menos, estando ayuntados en las casas del cabildo desta dicha Ciudad los nobles i onrados Don Gutierre de Sotomayor; Maestre de la orden de Cavallería de Calatrava, i otros cavalleros de la dicha orden, e Tello de Aguilar Alcalde e Alguazil mayor desta dicha Ciudad, e Lorenzo de Figueroa, e Rui Martínez de Prado, e Pedro Fernandez de Saavedra Alcaldes Ordinarios, e Alonso de Çayas, e Hernando Diaz de Eslava, e Juan de Godoi e Diego de Malaver Regidores desta Ciudad, i Alonso Coronado, e Iuan Sanchez Iurados de la Collacion de Santa Cruz; e Sancho García, e Iuan de Ortega Iurados de la Collacion de Santa María, Iuan Gonzalez e Gonzalo Martinez Iurados de la Collacion de Santa Barbara, e Diego Fernandez, e Rui Fernandez Iurados de la Collocion de S Gil e Iuan de Santael/a, e Fernan Martínez Iurados de la Collacion de Santiago, en presencia de mi Alonso Fernandez de Guzman Escrivano Publico del Reí nuestro Señor y Escrivano del Goncejo desta ciudad, pareció e vino al dicho Cabildo de la dicha Ciudad Diego Fernandez de Carmona, vezino desta ciudad de Écija en la Collacíon de Santiago, el qual trajo consigo un su hijo, que a nombre Anton moio de edad de catorze años poco mas o menos. El qual dicho moio dixo e notificó a los dichos señores en como en la noche pasada, un poco antes que amaneciese, estando en su cama, que viera visiblemente estando despierto, un onbre muí ermoso a maravilla, el qual venía vestido de unas vestiduras blancas e díxo, que el en viendolo ovo gran temor, e el dicho onbre le habló, e dixo que no oviese miedo, ca el era San Pablo Apostol de Jesu Christo nuestro Redentor, que primero avía sido perseguidor de su santa Fe Catolica, i de su Iglesia, e despues avía sido tan grande predicador della, i que le mandava que fuese i díxese i publicase en esta dicha Ciudad, en como nuestro Señor estava muí airado contra las gentes por muchas cosas, en especial por que no guardavan los días santos de los Domingos, e fiestas, como devian, ni los santificavan, e assi mesmo porque hazian, e consentían muchos juramentos falsos e muchas blasfemias de su Magestad, e de los Santos, e assi mesmo por que no hazian caridad ni hazian limosna a los pobres, como segun la verdad deviesen tirarlo de si para mantenerlos, e por otras culpas i pecados. Por ende les dezia departe de Dios nuestro Señor, que hiziesen penitencia, i se confessasen, i comulgassen con devocion, i enmedassen los dichos vicios i pecados i quitasen las ocasiones de las blasfemias, como son los iuegos, e tableros publicos, que sino lo enmendassen que nuestro Señor enbiaria pestilencia grande en la dicha Ciudad. E assi mísmo, que le dixo, que por que las gentes le creyessen, que le diese la mano derecha, i eldicho mozo díosela, i elbíenaventurado Apóstol le ató e anudo los dedos unos con otros, segun los mostró. Los quales estavan desta manera, los quatro dedos mayores bueltos, e ligados unos con otros, tan maravillosamente que bien parecía ser fecho tal ligamento por poderío de Dios i no artificialmente por mano de onbres. E por ningun arte el dicho ligamento se podía tirar. I dixole mas el dicho glorioso Apostol S. Pablo, que despues que eso oviese notificado, que fuessen al Monasterio de Santo Domingo de la Orden de Predicadores desta Ciudad, e que truxesse aquella mano ligada por la Cruz, que está en el dicho Monasterio, i que luego se abriría, í desataria, e se tornaría tan sana como la tenía. E dixo mas el dicho mozo, que mientras el dicho glorioso Apostol S. Pablo, cuando estuvo con el hablando esto, que no pudo hablar, e que despues, que desaparecio, quedó, un rato sin hablar de grande espanto, que avía recibido. I los dichos Señores preguntaron al dicho Diego Fernandez, si el dicho mozo su hijo tenia antes la mano sana, el qual dixo que sí. I dixo mas, que a este dicho su hijo se /le quitó una vez la vista el día de la Conversion de San Pablo, e que su muger prometiera de hazer decir una Misa a Santa Lucia, la qual hizo decir, pero no vido el dicho mozo. E que una su vezina le dixera que lo ofreciese al Señor San Pablo, que podria ser, que por que avía hilado en su día le avía venido aquel mal a su hijo, e que la dicha su muger lo hizo ansi; e prometio de hacer un retablo de la Historia de San Pablo en dicho Monasterio de Santo Domingo, e que hizo medir su estadal de cera, e que luego vido. E que algunas vezes se le tirava la habla al dicho su hijo, e la madre hincavase de rodillas, e rogava a Dios nuestro Señor, i al bienaventurado Señor San Pablo, que le sanase el hijo, i que ella haría el retablo lo mas presto que pudiese.

E luego los dichos Señores oyendo aquesto, ordenaron algunas cosas cumplideras al servicio de nuestro Señor i a la enmendacion de los vicios, i pecados, e provecho del bien comun desta Ciudad, e mandaron para el Martes siguiente fuessen los Clerigos de la Vniversidad con toda la gente desta dicha Ciudad en Solemne procesion al dicho Monasterio a rogar a Dios nuestro Señor oviese piedad dellos, i que quisiese demostrar, si era verdad, lo que el dicho mozo dezia. I otro día fueron en procesion todos los dichos Señores con toda la gente comun, assi onbres como mugeres, e dicha Misa solenemente, e fecho Sermon, tomaron la Cruz del dicho Monasterio algunos Religiosos del, í algunos Clerigos con mucha reverencia, e pusieronla en comedio del Altar mayor, í el dicho mozo fue delante í hincadas las rodillas llegó con la mano a la manzana de la Cruz, e subiendo arriba por ella, llegando a la imagen de nuestro Señor, que está en la dicha Cruz, abrio la mano, e tornose tan buena,i sana, como antes la tenía, salvo que le quedaron los dedos un poco mas gruessos í esto por la memoria del milagro. Lo qual fue visto por toda la gente, testigos que fueron presentes los dichos señores con todo el pueblo. I desto según passo, yo el dicho escrívano a pedimiento de todos los dichos Señores, di dello testimonio. Fecho día del año i mes susodichos. Yen memoria deste tan gran milagro, e por que por el parece, que el glorioso Apostol Señor San Pablo es Patron, i tiene señalado cuidado de esta Ciudad, e que se deven tener por bienaveturados todos los moradores della, acordaron los dichos Señores de cada un año hazer una solene procesion el día de la Conversión del bienaventurado Apostol Señor San Pablo, que cae a veinte i cinco dias del mes de Enero; en la qual todos los Regidores viniesen con candelas en las manos, e todo el Pueblo viniese con devocion a este glorioso bienaventurado patron, de lo qual hizieron voto a Dios gracias.- Alonso Fernandez de Guzman. Esc. Publ. I del Cabildo, Etc.- Corregido concertado con el dicho original que fue hallado en el arca del Cabildo escrito en pergamino del cual fue sacado este traslado.- Gerónimo de Guzman, Escribano del Cabildo.”

El mismo jesuita Martín de Roa, en su citada obra, fechada al año de 1629, cuando escribe de los conventos ecijanos, al referirse al Convento de San Pablo y Santo Domingo hace constar: “También guarda, con justa veneración este Convento, la Cruz en que se obró el milagro que hizo el apóstol S. Pablo, por cuya devoción obra el Señor muchas maravillas, y se ha llevado a Madrid tres veces para los partos de la reina nuestra señora.”

Cuando Roa se refiere a la llevanza, por tres veces, de la Cruz de San Pablo a Madrid “…para los partos de la reina nuestra señora.”, se trata de Isabel de Borbón, Princesa de Francia y Reina de España por su matrimonio con el Rey Felipe IV. Cuando este contaba quince años de edad, consumó su matrimonio. En los veinticuatro años que duró este primer matrimonio, la reina Isabel de Borbón dio luz a seis hijas y un hijo. En 1629, tras la muerte de cuatro niñas, Nace el príncipe Baltasar Carlos, junto al que sólo sobrevivió una niña, la infanta María Teresa, que se convertiría en la esposa del rey Luis XIV de Francia. Probablemente las tres llevanzas a las se refiere Roa, lo fueron para los nacimientos de María (1606), Carlos (1607) y Fernando (1609).

Siguiendo el orden cronológico, aparece que El Cabildo ecijano, en 19 de septiembre de 1633, acordó conceder al citado Monasterio, la suma de 200 ducados para poner en lugar decente la Cruz de San Pablo.

Del documento original encontrado (facilitado por mi ecijano amigo José Antonio García Prieto desde Madrid), por la llevanza de dicha Cruz a Palacio en Madrid, en el año de 1635, para un nuevo parto de la reina Isabel de Borbón, demuestra igualmente que la Cruz fue llevada para el parto de la reina en el año de 1629 (Príncipe Baltasar Carlos de Austria), cuyo documento de 9 de febrero de 1635 (está decretado al margen personalmente por el Rey Felipe IV), encabezado por Fray Pablo de Carmona, Prior del Monasterio de San Pablo y Santo Domingo, aprovechando su estancia en la corte con dicho motivo, le recuerda al Rey, la promesa real de entregar la suma de 1.500 ducados al convento, con motivo del nacimiento en el año de 1629 del Príncipe de Asturias Baltasar Carlos de Austria (1629-1646), concediéndole el Rey, con cargo a las arcas reales, a cuenta, la suma de 200 ducados solicitados, ordenándose por el Rey que así se hiciera y el resto lo hiciera el Concejo de Indias en Sevilla, a la mayor brevedad posible.

El contenido literal del mencionado documento que a continuación reproducimos, dice así:

Al margen: “Está bien lo de los 200 ducados y lo demás he mandado al Consejo de Indias se lo pague con la mayor brevedad posible”.- Firma del rey Felipe IV.

Contenido de la petición: “El Maestro Fray Pablo de Carmona, Prior del Monasterio de San Pablo y Santo Domingo de la Ciudad de Ecija, por un memorial por V.M. remitido a este Prior dice que ha venido por mandado de V.M. a traer la santa reliquia de la Cruz del Apóstol de San Pablo que está en aquel convento, para el feliz acontecimiento de la Reina Nuestra Señora y que con la dicha reliquia ha venido él y otros religiosos cinco veces haciendo gasto considerable a que atendió V.M. por los otros viajes y fue servido de hacer merced al convento cuando el feliz nacimiento del príncipe nuestro señor de mil y quinientos ducados situados en el Consejo de Indias y por no haber tenido efecto su cobranza, suplica a V.M. le haga merced al convento de consignar la dicha cantidad en el gasto de la casa y despensa de su Majestad y no habiendo lugar en otra parte donde tenga efecto su cobranza y que en cualquier caso se le haga merced de una ayuda de costa para que se vuelva a su casa llevando la Santa Cruz con la decencia que se debe y él la trajo. Al buen parecer siendo V.M. servido por ser la causa tan justa y que el dicho convento consiguiese y gozase con efecto de la merced que V.M. le tiene hecha de los dichos 1.500 ducados se podía mandar al Consejo de Indias los haga pagar con toda la brevedad posible y que si de presente no hubiese dinero para ello se haga a despacho para la primera venida de galeones y ahora se le pueda dar 200 ducados del dinero de la despensa de la Casa de la Reina, Ntra. Señora para que el dicho Prior y religiosos vuelvan a llevar la Santa Reliquia con la decencia que se debe V.M. lo manda saber y en todo lo que más sea de su real servicio. A 9 de febrero de 1635.”

En Septiembre de 1638 y cuando la Reina Isabel de Borbón se encontraba nuevamente embarazada, el Prior del Convento de San Pablo y Santo Domingo, recibe una orden real, en la que se le ordena y manda que envíe enseguida la Santa Cruz de San Pablo a Palacio, para el parto de la reina. El Prior Juan de Morales acude al Cabildo ecijano, en solicitud de fondos para sufragar los gastos del traslado, y así aparece reflejado, durante la celebración del Cabildo Municipal de 6 de Septiembre de 1638, en el que comparece Fray Juan de Morales, Prior del Convento citado: “…leyó a la Ciudad una carta del señor Patriarca, en el que le ordena y manda S. M al dicho Prior, que envíe enseguida con un religioso la Santa Cruz del glorioso San Pablo, que está en dicho convento, para el parto de la Reina. La Ciudad acordó, dado lo forzoso del caso y su interés por el buen parto de la Reina, que se le de licencia al Prior para el traslado, y como el convento no podía sufragar los gastos de una litera en que la cruz fuera decentemente, que se costeara el gasto de los propios…”

El documento original del traslado de la Cruz a la Corte, que hasta mi ha llegado por igual conducto que el anterior, acredita dicho traslado de la Cruz, para el parto de la reina, fruto del cual nació MARIA TERESA, posteriormente Reina de Francia por su casamiento con Luis XIV.

El citado Prior realiza el siguiente escrito;

Anverso:

“El Mro. Fray Juan de Morales, Prior del Convento de S. Pablo y Santo Domingo de la Ciudad de Ecija dice, que ha venido a esta Corte con otros dos religiosos de orden de V. M. a traer la Cruz de S. Pablo para el parto de la Reina Ntra. Señora por cuya intercesión le ha tenido tan feliz que le adoró fue Dios servido pariese. A V. Majestad. suplica que atento, que ha venido seis veces a todos los partos de la Reina Nuestra Señora con tanta puntualidad, gastando muchos ducados en los caminos, que son de 70 leguas y en ninguna vez ha tenido efecto la merced que V. Majestad. le ha hecho, se la haga de mandarle dar la ayuda de costa, como otras veces se les ha hecho. Y para el convento, que es muy pobre, hacerle la limosna que V. Majestad. fuese servido, señalándola sobre los millones o donativos de aquella Ciudad en que reciba limosna y merced.-

“ Sigue al reverso: “En 27 de Septiembre de 1638.- Dice acudió a esta Corte a traer la reliquia de la Santa Cruz de San Pablo de Ecija para el parto de la Reyna Ntra. Señora…”

El 6 de Octubre de 1638 recibe el Prior de dicho Convento, orden real para el cobro de 200 ducados, con cargo a la despensa de la Reina, que dice así:

“P. Prior y Religiosos del Convento de San Pablo de la Ciudad de Ecija que vinieron a traer la Cruz de San Pablo.- 6 de Octubre de 1638.-

Su Majestad, Dios le guarde, por consulta mía de 1º del presente mes ha sido servido de resolver que al P. Mro. Fray Juan de Morales, Prior del Convento de San Pablo y Santo Domingo de la Ciudad de Ecija se le den por la despensa de la Reyna Ntra. Señora doscientos ducados de ayuda de costa por una vez por haber venido a esta corte con otros dos religiosos a traer la Santa Cruz de San Pablo para el parto de la Reyna Ntra. Señora, en esta conformidad se ejecutará lo que S. Majestad manda. En Madrid a 6 de Octubre de 1638.-“ Al pie: “Dirigido a la despensa de la Reyna.”

Todo lo anterior, acredita la llevanza de la Cruz de San Pablo a la Corte para los partos de la Reina, debido a la fe y devoción que se tenía a la misma, no sólo por parte de la Ciudad de Ecija, como consecuencia del milagro en el joven Antón de Arjona, sino por toda España, como se demuestra de las peticiones en su llevanza a la propia Corte.
Imagino que en los años y centurias posteriores a la fecha que nos ocupa seguiría siendo igual o mayor su veneración, pero ello duró hasta el año de 1810, como consecuencia de la invasión francesa, siendo despojada Ecija de dicha Cruz y para ello, de lo escrito por el ecijano Manuel Ostos y Ostos, en su obra Alfajores de Ecija, publicada en el año de 1909, que, relativo a la misma, aporta lo siguiente:

“Está probado hasta la saciedad que los franceses arrastraron de matilla con cuanto tropezaron sus pecadoras manos. En Ecija robaron infinidad de objetos valiosos en Iglesias y Conventos; pero únicamente ha quedado demostrado el robo de la CRUZ DEL MILAGRO DE SAN PABLO, por ser esta objeto de veneración por todos los ecijanos y por formar parte, su adoración, de la solemnidad religiosa a que asiste el Ayuntamiento el 25 de Enero de cada año.

En aquella época, ósea, antes de la invasión francesa, al concluir la función religiosa el día de San Pablo, se colocaba la Cruz en el Altar Mayor de Santo Domingo y empezando el Ayuntamiento, la adoraban y besaban todos los fieles asistentes, cual ahora se hace en Santa Bárbara, en igual día, con la imagen de nuestro patrono, al regresar de Santo Domingo.

Efectuado el robo por el francés y arrojado este del suelo patrio, nuestro Ayuntamiento, pasados los primeros años siguientes al de nuestra independencia, trató de justificar y justificó el robo, para dar anualmente al pueblo una explicación de por qué se omitía la adoración de la Cruz del Milagro, en la función religiosa del 25 de Enero. Y, en efecto, a virtud de acuerdo Capitular de 5 de Septiembre de 1823, se instruyó un expediente por ante el Corregidor Don Juan Antonio Ruano, para justificar el extravío de la Cruz, expediente que tiene la siguiente carpeta: “Milagro del Apóstol Sr. San Pablo hecho en esta Ciudad de Ecija en la madrugada del día 20 de Febrero de 1846 y extravío o extracción de la Stma. Cruz que lo acreditó, que se conservaba en el Convento de Religiosos de Sr. S. Pablo y Sto. Domingo de ella.”

Encabeza el expediente un escrito sin fecha, firmado por el Procurador de este Ayuntamiento Don Pedro Marzo y Herrera, y por su Letrado Don José Torres y Lasso, los cuales, a nombre del Regidor Don Juan de la Puerta y del Jurado Don José Martín, después de hacer una pintoresca relación de los robos ejecutados por el Ejército Imperial en Ecija, mencionan el de la Cruz del Milagro y piden se admita y reciba información testifical para justificarlo.

Entre las cosas, por demás curiosas que se dicen en este escrito, encuentro y copio: “…esta Stma. Cruz ha sido siempre tenida en la mayor veneración por propios y extraños, pues todos los habitantes de Ecija recurrían a ella en sus enfermedades y particularmente las señoras que se hallaban en cintas, tocándose en la Santa Cruz, lograban por su virtud prodigiosos y felices resultados; asimismo ha sido llevada por cinco veces a la Corte y Villa de Madrid para iguales necesidades de las Reynas, siendo la última vez en el tiempo de el Sr. Don Felipe Cuarto y, en su regreso, conducida por el R.P. Maestro Fray Pablo de Carmona, hijo de Ecija y de este mismo Convento…”

Del último de los documentos aportados, se demuestra que fueron seis y no cinco las veces que fue la Cruz a la Corte y Villa de Madrid, dado que la quinta ocasión a que se refiere la documentación aportada por Manuel Ostos y Ostos, hace referencia al Prior Fray Pablo de Carmona, resultando de dichos documentos que el citado Prior la llevó en el año de 1635, y la sexta ocasión que por el documento añadimos, era Prior Juan de Morales, por lo que fue este el último que la llevó en el año de 1638. Siguiendo con lo escrito por Ostos y Ostos, concreta:

“Admitida la información por auto de 25 de febrero de 1824, firmado por el Corregidor Ruano y por el Escribano del Cabildo Don José de Payba y Saravia, comienza el desfile de testigos y declaran:

En 11 de Marzo siguiente, el Muy R.P. Fray Miguel de Navas, Doctor o Maestro en Sagrada Teología, actual Prior del Convento y Religioso de la villa de Cabra…el cual dice:… que en el año pasado de mil ochocientos diez, se hallaba de Prior en este dicho Convento de S. Pablo y Santo Domingo, Orden de Predicadores, que en los días veinte y seis, veinte y siete, veinte y ocho de Enero del mismo año, entraron en esta Ciudad las tres primeras divisiones de tropas francesas, cuando invadieron las Andalucías; que en la noche del citado día veinte y siete cuando estaba diluviando, atropellaron y se apoderaron de este mencionado convento, en número crecido y considerable de soldados de aquella tropa, con la mayor disolución, libertinaje y desesperación, atropellando y maltratando a cuantos individuos se encontraban en el Convento, y temiéndose fundadamente el R.P. declarante por ello, de ser víctima de unos hombres tan forajidos, se vio en la indispensable necesidad de abandonar su Convento y figurase, temiendo a la crueldad de aquellos, ocultándose en las casas de su hermano el Presbítero Don Antonio de Navas, Beneficiado propio de la Iglesia Parroquial de Santa María y actual Vicario eclesiástico de esta Ciudad; que en la referida noche del veinte y siete de Enero, los mencionados soldados franceses, saquearon y destrozaron todas las dependencias y oficinas del dicho Convento, principalmente la Iglesia y la Sacristía…

No se puede pedir más detalles al P. Navas. El lo dice…era el año de 1810…era el mes de Enero…era de noche…y sin embargo llovía…cuando los franceses…entraron en el Convento y en Ecija.

No sigo copiando hasta llegar al robo de la Cruz por reservar esta parte al P. Pacheco.

En 13 de Marzo del propio año 1824, declaran el Muy R.P. Fray Francisco Angelina, Lector en Teología, “…y el Muy R.P. Fray Miguel Pilares Pro, del mismo Orden y Lector en Sagrada Teología “…ambos hacen relación del saqueo y robo, afirmando igualmente que los franceses entraron en Ecija en 1810. Y en 25 del mismo mes de Marzo se extendió la declaración del Muy R.P. Fray Joaquín Paria Pacheco, Lector en Sagrada Teología de dicha Orden…quien aseguró…que en una de las noches fines de Enero del pasado año de mil ochocientos diez, en que el Ejército francés entró en esta Ciudad y se apoderaron y estuvieron en dicho Convento, permaneciendo en él, el declarante vio, que sin bastar fuerza alguna ni resistencia que lo impidiera, los mencionados franceses con el mayor escándalo y abandono y aún desesperación atropellaron y maltrataron a cuantos individuos encontraron en el Convento, destrozando, saqueando y robando sus oficinas y celdas, lo mismo la Iglesia y la Sacristía, llevándose muchos vestuarios y alhajas, echando los Santos de sus nichos al suelo, causando innumerables daños, quiebras y destrozos en las Imágenes de los Santos, en Nuestra Señora del Rosario y, principalmente, en el sepulcro de Nuestro Divino Redentor y Señor Jesucristo y aún en el de cristal y plata en que se veneraba el cuerpo de San Faustino, habiendo quedado este sin figura alguna en sus miembros, hechos pedazos todos ellos, sus huesos tirados por la Iglesia y aún por la calle, de los que se encontraron varios en la misma por diferentes personas, llevándose la planta y alhajas que en sí tenía, y últimamente dejando destrozado el Santuario y robado en un todo. Y entre las prendas de más veneración e interés que extrajeron, lo fue una, la más interesante a esta Ciudad por ser antigua memoria y reliquia, cual lo era la Stma. Y prodigiosa Cruz en la que nuestro Glorioso Patrono el Señor San Pablo obró en esta misma ciudad el gran milagro por medio de Antón de Arjona la madrugada del día veinte de Febrero de mil cuatrocientos treinta y seis, que se hallaba con la mayor custodia conservada en el reservado del Altar de San Pedro Mártir, de este mismo convento, cuya puerta destrozaron y violentaron, sacando y extrayendo la Stma. Cruz, llevándosela consigo dichos franceses, sin que después se haya podido descubrir su paradero…”

Idéntica declaración prestó en el mismo día…Fray José Angelina, Pro. del mismo Convento, del que era y ejerce el encargo de Sacristán…y el 27 del repetido mes de Marzo compareció Manuel Armesto manifestando “…que con motivo de ser comensal en el convento de San Pablo y Santo Domingo y tener en el mismo el cargo de Sacristán en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, durmiendo todas las noches en el establecimiento, en la de veinte y siete de enero del pasado año de mil ochocientos diez, la invadieron las tropas francesas que entraron en esta Ciudad, oyendo el testigo en toda la citada noche mucho ruido y golpes extraordinarios en la Iglesia, Sacristía y demás partes del Convento, hasta que habiéndose levantado a la mañana siguiente…

El Sacristán Armesto describe el robo en iguales o parecidos términos que los demás y comparece, por último, con fecha 24 de Mayo del mismo año, el Médico Don Juan Bautista de Payba y Saravia, quien manifiesta: “…que en la mañana del día veinte y ocho de enero del año de mil ochocientos diez, tercero de la entrada del ejército francés en esta Ciudad, y en el que momentáneamente quedó libre de él por haber pasado adelante…”

Este testigo, como los demás, refiere el saqueo del convento y robo de la Cruz con igual lujo de detalles que se emplean en la declaración de Fray Joaquin María Pacheco, por lo que, no siendo este trabajo de los que se cobran por metros, cual testimonio de Escribano, he creído conveniente no abusar de la copia, limitándola a lo puramente preciso para comprobar el robo de la Cruz y la fecha de invasión. Y como ambos puntos han resultado probados con documentos públicos e información testifical, pruebas más que suficientes para obtener sentencia favorable en las tres instancias, doy por ejecutoriado el pleito y continúo:

Concluida la información testifical, el Corregidor Ruano dictó auto con fecha 18 de Diciembre de 1824, en el que dispuso, que en relación suficiente…se pase testimonio a RR. P. Prior y Comunidad del Convento de San Pablo y Santo Domingo, Orden de Predicadores de esta Ciudad, para que sirvan el veinte y cinco de Enero de cada año, día en que se hace la fiesta votiva en memoria del Gran Milagro que nuestro Glorioso Patrono el Sr. San Pablo obró en esta misma Ciudad por medio de Antón de Arjona en la madrugada del día veinte de Febrero de mil cuatrocientos treinta y seis, cuando se lea el milagro, hacer la relación oportuna sobre la pérdida de la dicha Santa Cruz.

El testimonio fue remitido con fecha 21 de Enero de 1824 y el Prior de Santo Domingo contestó con el correspondiente oficio.

Hasta aquí la relación documentada de uno de los infinitos robos que ejecutó el Ejército francés en nuestra Ciudad, contándose entre aquellos vandálicos hechos, la sustracción de las manos de Nuestra Señora de la Soledad, valiosa y artística escultura que se venera en el ex convento del Carmen Calzado, las cuales, según referencias que han llegado a nuestros días, eran de inestimable valor artístico.

El testimonio referente al robo de la Cruz, se leyó durante varios años al pueblo, en la función religiosa que se celebra el 25 de Enero; ya hace muchos años que no se lee, por no considerarse preciso, dado el tiempo transcurrido, si bien se conserva dicho testimonio en Santo Domingo, unido al final del Libro que contiene el traslado de la escritura en que se da fe de la realización del Milagro de San Pablo.”

Pregunto yo: ¿Sabían los franceses el valor que tenía la Cruz de San Pablo, no sólo ya por su antigüedad (como mínimo sabemos que existía en 1436 cuando se obró el milagro en el joven Antón de Arjona), sino por los dones que a través de la misma recibían los ecijanos?. Es posible, máxime teniendo en cuenta que las seis veces que acudió a la Villa y Corte a requerimientos del Rey Felipe IV, lo fue para estar presente en los partos de la Reina Isabel de Austria, Princesa de Francia y concretamente la última vez, para el nacimiento de la que después fue Reina de Francia María Teresa, por su matrimonio con el rey Luis XIV.

¿Se encuentra la Cruz en algún museo o Iglesia de Francia?. Comentarios que se han ido transmitiendo de generación en generación, así lo dicen, lo que no podemos asegurar, aunque si sería nuestro ferviente deseo, que algún día pudiera ser recuperada y volviera a ocupar el lugar que tenía y del que no debió salir. De ser así, la podríamos contemplar y venerar, además de conocerla, porque ello fue patrimonio ecijano que no sólo no conocimos, sino que la perdimos, aunque en esta ocasión fuese por sustracción de la misma.

TORRE DE LA IGLESIA DE SANTA BÁRBARA

Actualmente los ecijanos podemos ver, como la Iglesia de Santa Bárbara, solamente tiene una espadaña. De haberse conservado, como debió hacerse, podríamos contemplar todos la que sería nuestra torre número doce. Por su construcción y forma, era totalmente distinta a todas las que aún perviven y así lo podemos decir, de la fotografía tomada en el año de 1910 por el retratista ecijano Manuel Salamanca Tordesillas que ha llegado hasta nosotros y la acompañamos a esta publicación.

Las primeras noticias que tenemos sobre dicha torre, las escribe el Padre Martín de Roa en su obra Ecija, Sus Santos y su antigüedad, eclesiástica y seglar, publicada en el año de 1629, que al referirse a la Iglesia de Santa Bárbara escribe:
“…En la torre de esta Iglesia tiene su reloj la ciudad y con su campana se hace seña siempre que se ha de hacer justicia de algún malhechor, sin que se haya faltado en más de doscientos años a esta parte, cosa de que dicen no hay semejanza en España…”

Teniendo en cuenta que Roa escribe en 1629 y ya hace mención a doscientos años antes de la existencia del reloj en la torre, esta databa del siglo XV que, según la maravillosa publicación editada por el escritor ecijano D. Juan Méndez Varo, Catálogo de las espadañas y torres ecijanas, Graficas Sol, año de 1999, escribe sobre ella: “… estaba construida sobre un torreón árabe. Constaba de tres cuerpos octogonales, dos mudéjares y el tercero moderno, constituyendo un ejemplar que era interesantísimo dentro del conjunto de las torres ecijanas, por su singularidad de formas y estado constructivo, así como por su cronología más antigua que las demás…”

Juan María Garay y Conde, en el año de 1851, publica su obra Breves Apuntes Históricos de la Ciudad de Ecija, en la que, refiriéndose a la torre de la Iglesia de Santa Bárbara, que llegó a ver personalmente, escribe:

“…su mediana torre octogonal piramidal, se construyó sobre un torreón de aquella época (se refiere a la reconquista de Ecija en el siglo XIII por los cristianos), sin ninguna clase y de muy mal gusto; es de tres cuerpos y sobre los vértices de su cúspide se eleva una gran cruz pastoral de hierro labrado. En la misma está un reloj descompuesto, perteneciente al Ayuntamiento, cuya campana acostumbraba tocarse cuando eran ajusticiados en la plaza los criminales sentenciados a muerte, y la cual fue vaciada por Antón López el año de mil cuatrocientos once; esta fecha demuestra suficientemente que es la más antigua de la ciudad; tiene bajos relieves figurando castillos, leones, soles y el blasón que usan nuestros Reyes…”

Aunque el estilo de dicha torre no fuera del agrado de Garay y Conde, como se desprende de su opinión (esta se contrapone a otras posteriores), de dicha publicación deducimos no sólo su existencia al año de 1851, sino el inicio de su deterioro, como lo demuestra cuando se refiere al propio reloj (descompuesto), cuya campana al día de hoy, se encuentra, como único vestigio de dicha torre, en el museo de la Iglesia de Santa María.

Otro testimonio sobre la torre de la Iglesia de Santa Bárbara fue el del Presbítero Don Manuel Varela y Escobar, Dr. en Teología y así lo deja reflejado en su obra: Proezas Astigitanas-Bosquejo Histórico de la Ciudad de Ecija, publicada en Sevilla año de 1893, quien al escribir sobre los templos cristianos levantados en Ecija hasta la época contemporánea, sobre Santa Bárbara dice:

“…La parroquia de Santa Bárbara es la más antigua de las que sigue, pues a ella, como se ha dicho, fue trasladada la silla astigitana cuando la invasión agarena y su archivo comenzó en 1513. Ya por los años 1411 tenía un reloj, propiedad del Ayuntamiento, cuya campana vaciada por Antonio López, se tocaba cuando los criminales eran ajusticiados en la plaza. La Iglesia comenzó a reedificarse a principios de este siglo (XIX) y su mediana torre, octogonal piramidal, había sido construida sobre un torreón de la época árabe, sin ninguna clase de adorno.” Como nota a pie de página indica el autor: “Quedó inutilizada por un rayo desprendido en la mañana del día 2 de Septiembre de 1892”.

La investigación realizada por Méndez Varo sobre dicha torre y lo que acaeció sobre la misma, tras sufrir la caída del rayo en el año de 1892, marca un poco la desidia e indolencia de los dirigentes que han gobernado al pueblo ecijano y del propio pueblo, respecto de la conservación de sus monumentos, por lo que, con el ánimo de evitar futuras e indeseadas indolencias, recogemos lo que el escritor ecijano relata sobre ella:

“…A consecuencia de los daños causados por un rayo caído en enero de 1892, se instruyó un expediente, con el fin de que se practicaran en la misma, las obras necesarias para evitar el desplome que parte de ella amenazaba…Con motivo de una virulenta tormenta caída sobre la ciudad el primer viernes del mes de Enero de 1892, en la que un rayo ocasionó importantes daños en la primitiva torre mudéjar, la publicación local La Opinión Astigitana, recogía la crónica de los hechos que, por su interés, reproducimos: “Aterrados por aquella escena, de la población toda salían ayes y acentos lastimeros, que parecían indicar terribles desgracias. Por fortuna no había sido así. Pasado el primer momento de estupor, nos dedicamos a averiguar lo ocurrido y pronto supimos que la exhalación había caído en la Iglesia de Santa Bárbara; atraída la chispa eléctrica por la elevación de la torre descargó en ella toda su fuerza. Gracias al autor de la crónica que describe la tormenta como espantosa, donde el trueno fue horrendo, terrible, no comparable a ningún ruido humano, sino al disparo de cien cañones, y que vio in situ los daños materiales producidos, podemos tener una visión casi exacta de los mismos. Y escribe: Los destrozos causados son tales, que dudamos mucho que le torre pueda salvarse, desde el tercer cuerpo cuya arista antepecho y un pilar se ven desde la Plaza Mayor completamente destrozados, el rayo entró al segundo cuerpo, deshizo casi por completo otro pilar, cuarteó el inmediato, en la dirección perpendicular de los del tercero y después de haber quitado parte de la cabeza o martillo de la campana que hay entre dichos pilares, bajó por el central de la torre, siguió la dirección de la escalera e internándose en el coro alto de la iglesia, cuya puerta destrozó por completo, taladró las bóvedas del mismo y fue a sepultarse al pie del altar de Nuestra Señora de los Reyes, cuya imagen quedó deteriorada bastante; deshecha la cancela de cristales que cerraba la urna y desconchados, con más o menos profundidad, los adornos del altar.” Ante la gravedad del suceso y después del examen pericial efectuado por el Maestro Mayor de la Ciudad, se insta la urgente demolición de la torre y ordenándose en tanto ello se verifique, la clausura de la Iglesia de Santa Bárbara.

¿Era necesaria, a la vista de los daños ocasionados por el rayo, por cierto, recogida con bastantes detalles por el cronista de La Opinión Astigitana, el derribo de la torre?. ¿No se podían haber tomado otras medidas y restaurar el único testimonio de torre mudéjar que nos quedaba en Ecija?. Muchas veces la solución más fácil es esa, derribar. Y hay ejemplos recientes de ellos, como son los casos de las espadañas de las Monjas Blancas y la de Santa Inés, ambas en la calle Mayor.

Por otra parte no se entiende, si era tanto el peligro que presentaba, cómo hubo que esperar veinte años para llevar a cabo su demolición. En efecto, las obras del derribo se inician, junto con algunas otras de restauración en la cubierta de la iglesia, el día 27 de Diciembre de 1918 y concluyen el día 21 de Mayo de 1919…”

El propio autor, al detallar el expediente instruido al efecto, concreta que en los gastos de las obras de demolición y restauración de la iglesia (importe de 13.659,48 pesetas), colaboró el propio pueblo ecijano con un 26% y un 49,55% del total importe recaudado (11.300,- pesetas), casi la mitad de los ingresos, procedente de la venta de materiales de derribo y enajenación de tablas de gran valor artístico de la propia Iglesia, autorizado ello por el Arzobispado de Sevilla.

Mucho más lamentable que el propio derribo de la torre resultó el hecho de que, para pagar la mano de obra que culminase la susodicha demolición, se decidió vender obras de arte de la propia iglesia parroquial de Santa Bárbara; dos decisiones atentatorias contra el patrimonio artístico ecijano derivadas de un solo hecho, que nos privaron a generaciones futuras, no sólo ya de haber conocido la torre de la Iglesia de Santa Bárbara, que era muy importante, sino también dejar de conocer y perder igualmente, las obras de arte que fueron vendidas, tablas de un gran valor artístico, tanto, que el propio anticuario que las había comprado en Sevilla, entregó trescientas pesetas más a la comisión, después de haberlas comprado, quizás cuando le dijeron el valor real que tenía lo que había adquirido a tan bajo precio el año de 1919.

Sirva este testimonio, para despertar la conciencia de las generaciones presentes y futuras, en la preservación de nuestro rico patrimonio.