ECIJA, LO QUE NO CONOCIMOS… LO QUE PERDIMOS…
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ -2004

LOS MARQUESES DE CUEVAS DEL BECERRO, ULTIMOS ALCAIDES DE LOS ALCAZARES Y FORTALEZAS DE ECIJA

Quien tenía a su guarda una fortaleza, recibía el nombre de Alcaide. De todos es sabido que el acceso a la ciudad de Ecija, se hacía por siete puertas que atravesaban mediante puentes levadizos el foso de agua que la ceñía. La del Sol, la de Bibiluad o del puente, la de la Verdad o de Palma, la Cerrada, la de Osuna, la de Estepa y la del Agua, que era la de Calahorra o Alcázar. Posteriormente se abrieron tres puertas más, la de San Juan, en la calle Arquillos, la Nueva y la de Sevilla, quedando el recinto de la Ciudad demarcado de esta forma:

La puerta del Sol se hallaba situada en lo más alto de la cuesta de la calle del mismo nombre, dando entrada al Alcázar por la calle Rojas. De aquí partía la muralla por la sinagoga hasta la puerta de Bibiluad o arco de Santa Ana, siguiendo por la calle Bodegas a la puerta o arquillo de San Juan; de este punto en que se ven las torres más inmediatas que en ningún otro sitio, seguía por la calle Adarve, torre de Quintana, calle Merinos, puerta de la Verdad o de Palma y por el centro de la manzana, entre las calles Santa Florentina y Calzada a la torre de la Albarrana y arco de Sevilla; de aquí continuaba por la calle Carrera, al arco de los Descalzos, puerta Cerrada, calle Ancha, hasta la puerta de Osuna, desde la cual se demarcaba el ámbito de la ciudad por la torre de la Hendida, calle Cava, puerta de Estepa, a la torre del Consejo, en el Alcázar; de aquí a la torre de la Mazmorra, que es la del ángulo opuesto, hasta la puerta del Agua y desde este punto, a la torre de la Calahorra o del Rastrillo, atravesando las calles Mostaceros y Céspedes, concluía en la puerta del Sol, donde dio principio.

En toda esta vasta circunferencia de fuertes muros se hallaban a desiguales distancias fuertes torres cuadrangulares coronadas de almenas con sus arbotantes o piqueras de desagüe y además, otras, como la de Quintana y la Albarrana de figura octogonal con mucha más elevación y espesor en sus muros. Estas grandes torres tenían generalmente uno o dos pisos y se comunicaban entre sí por el lienzo de muralla, defendida por una fuerte barbacana, por lo que la fortaleza ecijana presentaría en aquel tiempo un aspecto imponente.

El Alcázar se hallaba situado en lo más alto de la población y comprendía desde el arco que estaba a la subida de la calle Cadenas, que era su puerta principal, desde aquí partía una fuerte muralla por la calle Torcal a la puerta de la plaza de Armas o de la Escalera, en la calle Picadero y proseguía por la torre del Consejo a la de la Mazmorra, puerta del Agua, torre de la Calahorra, puerta del Sol por la Sinagoga a la puerta o arco de las Cadenas. Por la parte del Sur, desde la torre de la Calahorra a la del Consejo va un amplio camino cubierto todo de piedra de sillería, incluso el pavimento, que aún hoy día llega al segundo patio de la casa que fue de los Alcaides. Dentro de este Alcázar existía un gran patio, que dentro de él cabían 2.000 personas, teniendo además amplios salones que, en la época de la reconquista, se hallaban adornados con todo el lujo de los edificios moros.

La anterior descripción quedó hecha por el cronista de Ecija Don José Martín Jiménez, en el proemio de su obra: Alcaides de los Alcázares y Fortalezas de Ecija.

Uno de los documentos que ha llegado a mi poder, fechado en 28 de Junio de 1492 (es decir, antes del descubrimiento de América), relacionado con dicha Alcaidía, se refiere al nombramiento para tal cargo de Ferrán Dianes de Badajos y su hijo Alfón Ferrándes, por cédula firmada en Toro el día 9 de Octubre de 1476 por la Reina Isabel de Castilla, cuyo documento, con independencia de su reproducción fotográfica, en su escritura original dice así:

“En la noble e leal çibdad de Éçija, a veynte y ocho días del mes de junio año del nacimiento de Nuestro Salvador Ihesuchristo de mill e quatroçientos e noventa e dos años, en este día ante el honrado señor el bachiller Françisco Françes, juez e pesquisidor en esta dicha çibdad, por el rey e la reyna nuestros señores, e en presençia de mi, Pedro Suares, escribano público desta dicha çibdad or sus altezas, e de los testigos de yusoescritos, paresció y presentó el honrrado cavallero el comendador Alfón Ferrandes de Montemayor, alcalde mayor desta dicha çibdad, e mostró e presentó una carta de la reyna nuestra señora, escrita en papel e firmada de su nonbre e sellada con su sello en las espaldas, e asymismo presentó dos testimonios escritos en papel e firmados e sygnados, e dixo que por quanto a él le convenía sacar un traslado o dos o más de las dichas escrituras, porque dixo que se las pedía originalmente el bachiller Françisco Gonçales del Fresno, juez de los términos e cañadas desta dicha çibdad, las quales le pedía por títulos que tenía al dicho su ofiçio de alcaidía mayor, juntamente con los otros títulos que pedía a los otros oficiales del cabildo desta çibdad, para los llevar ante sus altezas por su espeçial carta e mandado, e porque él quería dexar el dicho traslado de las dichas escrituras porque por aventura al dicho bachiller Franísco Gonçales se le perdería e quemaría o mojaría o acaesçería dellas otro ynconviniente, por ende que pedía e pidió al dicho señor bachiller e juez susodicho que mandase a mí, el dicho escribano público, que sacase el dicho traslado de las dichas escrituras, en el qual ynterpusyese su autoridad e decreto judicial, para que valiese e fiziese fe en todo lugar e tiempo que paresçiese bien asy e acá conplídamente como sy las dichas escrituras originales paresçiendo pudiese e deviese valer. E luego el dicho señor bachiller e pesquisidor tomó en sus manos la dicha carta de sus altezas e los dicho testimonio e los vio e miró e dixo que por quanto las dichas escrituras estavan sanas e no rotas ni cançeladas ni en parte dellas sospechosas, porque de derecho no pudiesen ni deviese valer, que mandava e mandó a mi, el dicho escribano público, que sacase dellas un traslado o dos o más, los quel dicho Alfón Ferrándes de Montemayor nesçesitase o viese, en los quales dixo quel ynterponya e ynterpuso su autoridad e decreto judicial, para que valiese e fiziese fe en todo lugar e tiempo, donde pareciesen bien asy acá conplidamente como sy las dichas escrituras originales paresçiendo pudiese e deviese valer de derecho a él. El tenor de la dicha carta e de los dichos testimonios, uno en pos de otro, es este que se sigue:

Doña Isabel, por la graçia de Dios , reyna de Castilla, de León, de Toledo, de Siçilia, de Portugal, de Galizia, de Sevilla, de Córdoba, de Murçía, de Jaén, del Algarve, de Algezira, de Gibraltar, prinçesa de Aragón, señora de Viscaya e de Molina, por fazer bien e merçed a vos, Ferrán Dianes de Badajos, mi secretario e de mi Consejo e mi alcalde mayor de la noble e leal çibdad de Éçija, por los muchos e buenos e leales serviçios que vos me avedes fecho e fazeys de cada día, tengo por bien, es mi merçed, que en vuestra vida o al tiempo de vuestro finamiento o en vuestro testamento o postrera voluntad cada e quando que quisiéredes e por bien toviéredes, podades renunciar e traspasar e renunçiades e traspasedes el dicho vuestro ofiçio de alcaldía mayor de la dicha çibdad de Éçija en Alfón Ferrandes, vuestro fijo. Et seyendo por vos renunçiado el dicho ofíçio de alcaldía mayor en el dicho vuestro fijo, es mi merçed e voluntad que lo aya e tenga para en toda su vida e use della e con ella ,segund que so vos el dicho Ferrán Dianes, e lo avedes tenido e usado et los otros alcaldes de la dicha çibdad han usado e usan de los dichos ofiçios de las dichas alcaldías mayores ;e aya e lieve los dichos derechos e salarios e otras cosas al dicho ofiçio anejas e pertenesçientes et goze e le sean guardadas todas las honrras et graçias et merçedes et serviçios et libertades que, por razón del dicho ofiçio de alcaldía mayor, deve gozar e le deven ser guardadas segund que mejor et más conplidarnente se han fecho et fazen con los otros alcaldes mayores que fasta aquí fan sydo e agora son en la dicha çibdad. Et es mi merçed que si caso fuere quel dicho Alfón Ferrandes vuestro fijo fallesçiere después de por vos en él renunçiado el dicho ofiçio de alcaldía mayor, quel dicho ofiçio buelva e corra a vos e gozedes del segúnd que avedes del gozado e usado fasta aquí e fasta que lo renunçiastes. E por esta mi carta mando al conçejo, alcaldes alguasyl, regidores e jurados, cavalleros, escuderos, ofiçiales e ornes buenos de la dicha çibdad de Éçija que cada e quando por vos fuere renunçiado o mandado el dicho vuestro ofiçio de alcaldía mayor en el dicho Alfón Ferrándes vuestro fijo, e por virtud de vuestra renunçiación o manda, syn ayer ni atender para ello ni carta ni mandamiento enseguida interçerá juisio, juntos en su conçejo e ayuntamiento, segund que lo an de uso e costunbre, resçiba al dicho Alfón Ferrándes vuestro fijo el juramento e solepnidad que en tal caso se requiere. El qual por él fecho, lo aya e resçiba al dicho ofiçio de alcaldía mayor de la dicha çíbdad e usen con él e le recudan e fagan recodir con a quitación e derechos e salarios al dicho ofiçio anexos e pertenesçientes, e le guarden e fagan guardar todas las honrras e graçias e franquezas e libertyades e et esençiones e prerrogativas de que por razón del dicho ofiçio debe ayer e gozar e le deven ser guardadas, según en todo ello mejor e más conplidamentye se fizo a vos e con cada uno de los otros mis alcaldes mayores que fasta aquí fan sydo e agora son en la dicha çibdad, todo bien e conplidamente en guisa que le non mengue ende cosa alguna. E yo por la presente, seyendo renunçiado el dicho ofiçio de alcaldía mayor por vos el dicho Ferrán Dianes de Badajos en el dicho Alfón Ferrándes vuestro fijo por la dicha vuestra renunçiaçión o en el dicho vuestro testamento o póstuma voluntad e por virtud dello e desta mi carta, lo resçibo et fe por resçibido al dicho vuestro ofiçio de alcaldía mayor en vuestro logar e a la posesión vel casi e usos e ejerçiçio del, e le do poder, actoridad, facultad para lo usar e jerçer en caso que por los dichos conçejos e ofiçiales e por alguno delios a él no sea resçibido, lo qual todo e cada una cosa e parte dello es mi merçed. E mando que se faga e cunpla asy, como en esta dicha mi carta se contiene, non embargante qualesquier leyes e ordenaças ni otra qualquier cosa que en contrario desto sea o ser pueda. Con lo qual todo yo dispenso e lo abrogo et derogo en quanto a esto atañe o atañer puede. E los unos ni los otros non fagades ni fagan ende al por alguna manera, so pena de la mi merçed e de privanças de los ofiçios e de confiscaçión de los bienes de los que lo contrarío fizieren para la mi Cámara. E demás mando al orne que vos esta mi carta mostrare que vos emplaze que paresca ante mí en la mi Corte, doquier que yo sea, del día que vos emplazare fasta quinze días primeros siguientes, so la dicha pena so la qual mando a qualquier escrivano público, que para esto fuere llamado, que dé ende al que la mostrare testimonio mío signado con su signo, porque yo sepa en comno se cumple mi mandado. Dado en la çibdad de Toro, a nueve días del mes de otubre año del nasçimiento de Nuestro Salvador lhesuchrísto de mill e quatroçientos e setenta e seis años. Yo la Reyna. Yo Ferrán Álvares de Toledo secretario de nuestra señora la Reyna la fíz escrevir por su mandado. Et en las espaldas de la dicha carta avían çiertas firmas e señales que dezian ‘registrada Diego Sánches, chançiller”. En la noble e leal çibdad de Éçíja, lunes dies e ocho días del mes de noviembre año del nasçimiento de Nuestro Salvador Ihesuchristo de mill e quatroçientos e setenta e seys años, estando ayuntados en la casa real del cabildo desta çibdad, segund que lo fan de uso e de costunbre, el señor Luys Portocarrero, asistente en esta dicha çibdad por nuestros señores el Rey et la Reyna e alcayde e alcalde mayor e alguazil mayor desta dicha çibdad en ausençia del señor don Fadrique e regidor desta dicha çibdad por laos dichos señores Rey et Reyna, et el comendador lohan Ferrandes galindo, alcalde mayor e regidor desta dicha çibdad por los dichos señores Rey e Reyna, e Ferrán Dianes de Badajos, alcalde mayor desta dicha çibdad por los dichos señores Rey e Reyna, e Alfón de Hinestrosa e Ihoan de Porres e Pedro de Losa e Ferrand de Villanueva e lohán de Rojas e Rodrigo de Montoya e Pedro de Quiñones,regidores desta dicha çibdad por los dichos señores Rey e Reyna, e Ihoan de Ayora e Pedro de Aguilar e Sacho de Mendoça e el bachiller Luys de Morales e Álvaro de Çayas e Alfón García de Madrid e Alfón de Luque e Ihoan de Shagund, jurados desta dicha çibdad por los dichos señores Rey et Reyna, en presençia de mi Alfón de Aguilar, escribano público desta çibdad por los dichos señores Rey et Reyna et escrivano del conçejo de la dicha çibdad, que y estaba presente para dar testimonio de lo que ante mí en el dicho cabildo pasase e los dichos e los dichos señores hordenasen e mandasen. El dicho Ferrán Dianes de Badajos presentó a los dichos señores del dicho cabildo una carta de facultad de la dicha señora Reyna, escrita en papel e firmada de su nonbre e sellada con su sello, el tenor de la qual es este que se sigue: (Se vuelve a copiar la Real Provisión de 9 de octubre de 1476) et asy presentada la dicha carta de facultad, mandaron los dichos señores del dicho cabildo a mí el dicho escrivano que se leyese, ende la qual fue leyda y visto lo en ella contenido luego el dicho Ferrán Dianes pidió e requirió a los dichos señores del dicho cabildo que la obedescan e cunpliesen en todo e por todo segund en ella se contiene, so las penas en ellas contenidas. E luego los dichos señores tomaron la dicha carta de la dicha señora Reyna suso yncorporada en sus manos e besáronla e pusiéronla ençima de sus cabeças e cada uno de los susodichos dixeron que la obedeçian con la mayor reverençía que devían como carta de su Reyna e señora natural a quin Dios dexe bevir e reynar por muchos tienpos e buenos a su serviçio e que en término del conplimiento que estavan prestos de la conplir e conplan en todo e por todo segund en la dicha carta se contiene. Et el dicho Ferrand Dianes pidió a mí el dicho escrivano que ge lo diese por testimonio para guarda e conservaçión de su derecho. Et luego a poca de ora paresçió ende Alfón Ferrandes, fijo del dicho Ferrand Dianes, en la dicha carta contenido e pidió e requirió a los dichos señores e por virtud de la dicha facultad e por el derecho que de ella le pertenesçía lo resçibiesen desde agora al dicho ofiçío para cada e quando le fuese renunçiado por el dicho Ferrán Dianes, su padre, porque por sola symple renunçiaçión que le sea fecha por el dicho su padre no le sea otra reçebçión alguna nesçesaria, salvo la presente. “

(En cabildo de 14 de julio de 1476 Ferrán Dianes de Badajoz renuncia en su hijo el oficio de la alcaldía mayor de Écija . Alfón Ferrán es recibido como tal).

Al final de su obra, escribe Martín Jiménez, que Don Cristóbal de Castrillo Fajardo y Tamariz de la Escalera, caballero de la Orden de Calatrava, señor de las villas de Montejaque y Benaoján y primer marqués de las Cuevas del Becerro por merced del rey Carlos II, en el año de 1693, fue el primero que se tituló Alcaide perpetuo de los Reales Alcázares de Ecija, el cual de su matrimonio con doña Ana de San Vitores, tuvo a:

Don Marcos Castrillo Fajardo y Tamariz, el cual fue como su padre, señor de las villas de de Montejaque y Benaojan, segundo marqués de las Cuevas del Becerro, Caballero del hábito de Alcántara, Menino de la Reina y Alcaide de los Reales Alcázares de Ecija. Caso en los Remedios de la Laguna a 29 de Enero de 1695 con doña Teresa María de Nava Gritón y Viña de Vergara y fueron padres de:

Don Cristóbal Castrillo Nava y Viña, tercer marqués de las Cuevas del Becerro y Alcaide de los Reales Alcázares de Ecija, que heredó los mayorazgos de su padre y los de la casa de Viña en Tenerife, de donde fue Regidor perpetuo. Casó en Ecija con doña María Ana Galindo Barrientos, los que tuvieron entre otros a doña Ignacio de Castrillo y Viña, segunda mujer de don Julián Esteban de Villavicencio, marqués de Alcántara del Cuervo, Regidor perpetuo de Ecija y a

Don Marcos Castrillo Fajardo, cuarto marqués de las Cuevas del Becerro y Alcaide de los Reales Alcázares de Ecija, que poseyó todos los mayorazgos de su casa. Casó con doña Francisca de Ezeisa y Saavedra, hermana y heredera del marqués de Villaverde de San Isidro y fueron padres de

Don Juan Bautista Castrillo y Nava, quinto marqués de las Cuevas del Becerro, sexto de Villaverde de San Isidro, señor de Benaoján, de Montejaque y del heredamiento de la Picadilla, poseedor del mayorazgo de la Viña de Tenerife, Alcaide de los Reales Alcázares de Ecija, Maestrante de Sevilla y Mariscal de Campo. Casó el 21 de Agosto de 1783 con su tía doña María Agustina de Nava y Gritón. Tuvieron a

Don Marcos José Castrillo Nava Ezeysa, Fajardo y Tamariz de la Escalera, creado Vizconde de Benaoján por Decreto de 21 de Marzo de 1819, luego sexto marqués de las Cuevas del Becerro, de Villaverde de San Isidro, en los que sucedió en 1848, señor de las villas de Montejaque y Benaoján, del heredamiento de la Picadilla y del Mayorazgo de la Viña en Canaria, Maestrante de Sevilla, Caballero de de Santiago y último que se tituló Alcaide de los Reales Alcázares de Sevilla.

La toma de posesión de dicho cargo por Don Cristóbal de Castrillo Fajardo y Tamariz de la Escalera, en 2 de Enero de 1748, debió ser más honorífica que real, ya que en el acta de posesión se dice haberse verificado “…en el sitio que notoria y públicamente se dice haber sido casas palacio o habitación de los caballeros Alcaides de los Reales Alcázares de esta Ciudad y al presente se denomina el Picadero…”

Relativo a lo anterior, mi ya citado amigo José Antonio García Prieto, desde Madrid, me hizo llegar el nombramiento de Alcaide del Alcázar de Ecija, a Don Cristóbal Castrillo y Fajardo, concedido por Real Despacho de 23 de Febrero de 1683, documentado en 31 de Enero de 1752 por la Junta de Obras y Bosques que, para su conocimiento, hasta ahora inédito y lectura, lo reproducimos a continuación:

¿Qué pretendo demostrar con la aportación del anterior documento?. Además de conocer quienes fueron los últimos en ostentar la Alcaidía de los Reales Alcázares de Ecija, acreditar la reanudación de dicho nombramiento que, según el estudio que realizó el cronista de Ecija D. José Martín Jiménez, terminó en Don Fernando de Cea Valcárcel, quien hizo información ante el Ayuntamiento de Ecija en el año de 1665 para pedir la Alcaidía de las Fortalezas de esta Ciudad. Casó tres veces, pero del último matrimonio efectuado con doña Francisca de Torres Saavedra, el 13 de Octubre de 1677, fue hijo Don Juan Diego de Cea Valcárcel, nacido en Ecija el 13 de Noviembre de 1678, el cual sucedió en la casa y poseyó todos los mayorazgos de su padre, titulándose Alcaide perpetúo de los Reales Alcázares y Fortalezas de Ecija, por lo que es de suponer que estuvo en posesión de estos oficios, aunque no se ha podido encontrar el nombramiento, ni en el archivo de los Bobadilla ni en los libros de Cabildo.

El motivo de no encontrar Martín Jiménez el documento o anotación relativa a dicho nombramiento, pudo ser seguramente por no haber existido, como podremos comprobar más adelante.

Siguiendo con el trabajo de Martín Jiménez, dice: “… que el día 2 de Enero de 1748, toma posesión de la Alcaidía y Fortaleza de Ecija Don Cristóbal de Castrillo Fajardo Tamariz de la Escalera, sin que el mismo encuentre explicación a dicho nombramiento lo que relatan varios historiadores, respecto a que Don Diego García de Castrillo, Caballero de la Orden de Calatrava, fue Alcaide de los Reales Alcázares de Ecija en la época de la reconquista, por lo que creyéndose este señor asistido de un derecho, que en realidad hoy es discutido, mientras no aparezca por algún archivo dicho nombramiento, hizo información en el Ayuntamiento de Ecija para pedir dichos oficios. Don Juan María Garay nos dice en su historia de Ecija que Don Diego García de Castrillo, Comendador Mayor de Calatrava, en vista de sus servicios extraordinarios en la citada guerra de Granada, obtuvo el real nombramiento de Caudillo de la gente de Ecija y Alcaide de sus Alcázares como plaza fronteriza que era entonces, cuyo título que hemos tenido a la vista es del tenor siguiente…Estas son las únicas mercedes concedidas a Don Diego García de Castrillo, que aparecen en este libro de cédula, las demás todas están dirigidas a Don Pedro de Castrillo, su hijo y sus descendientes, así es que casi se puede asegurar que Don Diego García de Castrillo no ostentó nunca el oficio de Alcaide de los Alcázares de Ecija, pues buen cuidado hubiera tenido el copista para no dejarse en el tintero tamaña ilustración para el linaje de los Castrillo, que si bien era ilustrísimo, hubiera constituido un honor para todos ellos, las preeminencias del Alcaide de los Alcázares de Ecija, ya que en aquellos tiempos gozaban de los mismos privilegios que los de Sevilla, Córdoba y Antequera, máxime, teniendo en cuenta que el Sr. Garay, que tuvo a su disposición el archivo de los señores de Castrillo, cuando estaba preparando su historia de Ecija, sólo publicó el de Caudillo de la Gente de Ecija, dado elocuente que no cayó en sus manos, pues de haber caído hubiera corrido la misma suerte que el otro…”

Teniendo en cuenta todo lo anterior, en relación con el documento que hemos aportado, donde se dice que la Alcaidía de los Reales Alcázares de la Ciudad de Ecija, se encontraba vacante desde el año de 1621, llevaba razón Martín Jiménez en cuanto a que el último Alcaide de los Reales Alcázares y Fortalezas de Ecija, nombrado por cédula dada por Felipe III en Valladolid el 5 de Diciembre de 1605, fue Don Fernando de Cea Valcárcel, recibiéndole juramento Don Martín Fernández Galindo de la Vega, Caballero de Calatrava, siendo testigo presente Garci-Laso de la Vega, Don Francisco de Zayas y otros muchos caballeros de Ecija y por ante el escribano público y mayor del Cabildo Don Antonio Trapel, el cual dio testimonio de ello. El referido Fernando de Valcárcel, aunque fue casado con Doña María Rivera Tamariz no dejó sucesión.

En el documento aportado de 31 de Enero de 1752, se hace constar que en el año de 1715 se concedió dicho título al Marqués de las Cuevas del Becerro, por dos vidas, siendo el susodicho documento una copia de la citada cédula, por lo que, cuando Don Cristóbal de Castrillo Fajardo y Tamariz de la Escalera, primer Marqués de las Cuevas del Becerro, tomó posesión el día 2 de Enero de 1748, de la Alcaidía de los Reales Alcázares de la Ciudad de Ecija, lo hizo en base al nombramiento recibido en el año de 1715, por lo que el Marquesado de Cuevas del Becerro, desde el anterior hasta Don Marcos José Castrillo Nava Ezeysa Fajardo y Tamariz de la Escalera, fueron los últimos Alcaldes de los Reales Alcázares de la Ciudad de Ecija.

INAUGURACION DE LA NUEVA CALLE MIGUEL DE CERVANTES. - Feria de Septiembre 1912 -

La apertura de esta arteria principal, que partiendo desde la Plaza Mayor o Salón se comunicase con lo que conocimos como “El Cerro” (anteriormente se le denominaba “Cerro de la Pólvora”), supuso un hecho de gran relevancia para el desarrollo de la Ciudad de Ecija, creando un acceso importante hacia el propio centro, donde, en general, se encontraba establecido el comercio. Todavía hoy le seguimos llamado popularmente “la calle Nueva” (no conviene confundirla con la que de verdad se denomina así, que se encuentra en el lado opuesto de la Ciudad, concretamente donde se encuentra el Depósito de Recría y Doma), aunque fuera nominada como calle Miguel de Cervantes que, en un principio, solamente llegaba hasta lo que hoy es la Avenida de Andalucía (antigua carretera general Madrid-Cádiz), para, posteriormente alargarse hasta la que después fue también, al desplazarse la misma, la citada carretera general, hoy llamada Avenida del Genil.

Como demuestran los documentos existentes sobre la misma, no fue fácil su realización, no sólo en cuanto a la redacción y aprobación del proyecto definitivo, dado que todo ello se inició bajo el mandato del Alcalde D. Francisco Rodríguez Chacón en el año de 1876, lo retomó Don Evaristo Mejías de Polanco en 1881 y se aprobó gubernativamente en el año de 1893, para finalizar las obras, de forma definitiva, con su inauguración en la feria de Septiembre de 1912, bajo el mandato del Alcalde D. Felipe Encinas y Jordán. Es decir treinta y seis años en todo ello.

Todo lo anterior, más o menos, aunque lo conocemos, conviene recordarlo y aunque tardara tantos años, demasiados seguramente les pareció a muchos antepasados nuestros que padecieron las vicisitudes que toda obra de tal magnitud conlleva, la inauguración de dicha calle fue un júbilo total, con tanta celebridad que mereció un extenso poema que he conseguido recuperar y darlo a conocer, porque era algo, que, respecto de la calle Miguel de Cervantes no conocíamos. Se trata de un poema escrito por su autor Juan Martín González, fechado en Ecija Septiembre de 1912, impreso en la Imprenta de Reyes Hermanos, c/Santa Cruz nº 4. El autor, debió ser un poeta consumado y conocedor profundo de las costumbres ecijanas, pues son cuatro los poemas que del mismo, originales, hasta mi han llegado, más o menos de la citada época que el que nos ocupa, tres impresos en Ecija y uno en Sevilla, dedicado, uno a las mujeres ecijanas, otro sobre escuela de cortijos y un último titulado respecto a un congreso de ratones.

El cuarto, sobre la inauguración que me refiero, se compone de un pliego de dos cuartillas, escritas por ambos lados, que, en su portada o primera página, aparece dibujado un joven que, látigo en mano, hace saltar a varios ratones. El contenido poético, es un canto, como su título indica, a la inauguración de la calle Miguel de Cervantes, no falto de criticas a gobernantes locales anteriores y de loas a los que la consiguieron, nombrando a los habitantes de todos los barrios ecijanos en su caminar hacia dicha calle, para finalizar, con un viva a todo el pueblo y al ilustre ayuntamiento. Con independencia de la valoración poética que sobre su contenido pueda hacer cada uno, no cabe duda, que estamos ante un documento conmemorativo de una de las construcciones más importantes realizadas en Ecija y para los ecijanos, ya por ello, merecía ser recuperado para conocimiento de algo que no conocimos.

 

Metidos en una caja
tenía versos más de mil,
y como tanto trabaja
el ganado ratonil,
se entraron por una raja.

Yo ignoraba aquel concierto
hasta que un día sentí
ruido dentro, y abrí
y me quedé sin acierto,
cuando mi ruina vi.

¡Que trance tan lastimero!
¡Destruido mi caudal!
Si un tiro me dan certero
en aquel día fatal,
con serenidad lo espero.

Saltaron tres: ¡pun!…los mato,
¡Ay, que desesperación!
Salen cinco.¡¡Venga un gato!!
¡Esto llama la atención!
¡Maldito sea su olfato!

Veamos, pues, el despojo
de mis pobres poesías;
se humedecieron mis ojos
del daño que allí tenía
y estoy que rabio de enojo.

Una décima enterita
que a una Paca dediqué,
se la han comido ¿por qué?
y hasta una glosa bonita
que con trabajo saqué.

Un soneto muy galante
dedicado a una morena,
por detrás y por delante,
sílabas y consonantes
se las tragaron..¡Que pena!

¡Ah, cuanto tiempo perdido!
¡Pobre de mi inspiración!
Muchos días no he comido
y sólo me he entretenido
tachando con un borrón.

También saqué un entremés
¡que bichos tan majaderos!,
que me costó más de un mes
el hacerlo, y de agujeros
lleno todo él se ve.

De mis pobres poesías
sólo quedan los despojos
y miro con sangre fría
las trovas que componía
en mi camino de abrojos.

Y pienso que de mi mente
se marchó la inspiración,
a no venir de repente,
lo confieso francamente,
muero a causa de un ratón.

En este mismo momento,
que hasta me falta el aliento,
me hallo en un tan grave apuro
que mi pecho latir siento;
todo por faltarme un duro.

Una idea… ¿Canto al Genil
o a un arroyo en su corriente?
Compóngale octavas mil
y me dan lo suficiente
para andar en automóvil.

Pero no; en este instante
es la calle de Cervantes
la que llama la atención.
¡Musa, valor y adelante
que principia la función!.

En esta noble ciudad
no ha visto su vecindad,
de antiquísima creación,
ninguna inauguración
de una calle; es la verdad.

Sólo lo que ha presenciado
y con dolor contemplado,
es hundir calles enteras
y ver su erario arruinado
a causa de cuatro fieras.
En esta senda de abrojos
no me arredran los enojos
como a aquel que se cayó
en la nueva calle, y perdió
en un momento los ojos.

Por eso en este momento
daré principio, y lo siento
por no tener capacidad
para hacer un argumento
con toda puntualidad.

Asómate a la ventana,
verás con que grato afán
unos vienen y otras van
para gozar la mañana,
repara aquella gitana
que viene de la Estación,
llamando esta la atención
por el tipo y el vestido,
sin duda que habrá venido
a ver la inauguración.

Mira que golpe de gente
viene con animación
por la calle de Colón
al kiosco que está enfrente;
mira cuanto concurrente,
entre ellos las señoras
ponderando las mejoras
que tiene nuestra ciudad,
pues la municipalidad
es digna administradora.

También de Puerta Cerrada,
calles Azcárraga y Sevilla
salen muchas en cuadrilla
y pasan por la Calzada,
recorriendo aquella entrada
hasta la calle Mayor;
van luciendo con primor,
unas que parecen rosas,
y otras como mariposas
que vuelan de flor en flor.

Las mozas del Matadero
bajan muchas en tropel,
lindas como el oropel,
cada una es un lucero;
mira aquella del sombrero,
lo lleva de “garrotín”,
y con mucho retintín
mira al pollo que va al lado
que es tullido y jorobado,
más feo que un puerco espín.

Desde el barrio de Cañato
hasta la Puerta de Osuna
de veinte mozas no hay una
que no vaya con recato
a pesar un dulce rato,
llenas de curiosidad
de oír en la vecindad
que tocan los redoblantes
en la nueva calle Cervantes,
honra de nuestra ciudad.

De la calle Santa Cruz
y “Torrecilla del gallo”
salen muchos a caballo,
vestidos a lo andaluz;
otras mozas con capuz
visten, y de esta manera,
abultadas de caderas,
la traba y el limosnero,
que jamás un pordiosero
limosna de ellas espera.

También las del Aguabajo
y la barrera de San Juan
todas muy alegres van
andando con desparpajo;
hoy no le cuesta trabajo
ni a los cojos el andar,
porque van a oír tocar
en la plaza del “Salón”
y en la inauguración
la gran banda militar.

De la calle Caballeros
y de aquellos alrededores
salen mozas como flores
con lacayos y cocheros;
van luciendo sus sombreros
con elegancia, a la moda;
toda la nobleza, toda
va llamando la atención,
porque en la inauguración
ni el viento les incomoda.

En fin, serrana, ya ves
en todos la animación;
iremos a esa función
aunque nos pese después;
mira cruzar al través
grupos de mozas coquetas
que me parecen mosquetas
criadas en el mes de Abril,
y mira, coches más de mil;
vámonos a ver las fiestas.

Los que están administrando
a esta grandiosa ciudad
con tesón y lealtad,
mucho la van mejorando;
sus calles van ensanchando
haciendo nuevas plazuelas;
que me digan las mozuelas
si no matan el deseo
por la noche en el Paseo
y de día en las Peñuelas.

¡Vivan los hombres que han dado
trabajo y pan a los obreros,
y miran a sus compañeros
con amor y desenfado!.
¡Viva todo el que ha prestado
su apoyo al buen pensamiento,
quien inicia el movimiento
y los trabajos activa!.
¡Viva todo el pueblo! ¡Viva
el Ilustre Ayuntamiento!.

MOLINOS HARINEROS EN EL RIO GENIL

Sobre los cimientos de los viejos molinos “Malvecinos” y “Cuatro Piedras”, que aparecen en la foto que aportamos, se construyó posteriormente, la fábrica de harinas de “Escalera” (apellido del titular); se encontraban situados en la margen izquierda del río Genil, una vez pasado el puente y quedaron fuera de uso con la inauguración de la citada fábrica, que fue construida en el año 1910 aproximadamente. Esta edificación, fuera ya del uso industrial, permaneció intacta hasta hace unos años que, consecuencia de un incendio, quedó totalmente destruida.

Los molinos mencionados, lo pudimos ver muchas generaciones hasta el momento de su destrucción, por lo que aprovechamos una fotografía realizada por el ecijano Juan N. Díaz Custodio, en el año de 1900, para traer al recuerdo los mismos y la zona donde se encontraba edificada, así como comprobar una de las primeras fotografías que, iluminada en color, se hizo en la Ciudad de Ecija y que he querido sirva de portada a la presente publicación, demostrativo de la vida que tenía nuestro río, no sólo, primeramente con los molinos y después con la fábrica de harina, sino con otras similares y las fábricas de electricidad, edificaciones e industrias, que por desgracia, fue algo que perdimos y muchos no conocieron.