ECIJA, LO QUE NO CONOCIMOS… LO QUE PERDIMOS…
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ -2004

BAÑOS EN EL RIO GENIL

Hasta finales de la década de los años 1960, eran numerosos los ecijanos que, durante el caluroso verano de cada año, acudía a darse un baño en determinados lugares del río Genil a su paso por nuestra Ciudad. Lo cierto es que, raro era el verano que algún ecijano no dejaba su vida en dichas aguas, causando no sólo el dolor de toda una vecindad y a veces de casi toda la población, sino una sensación de temor, que llegó a provocar una prohibición absoluta de bañarse en el río, aunque fuere con un amigo o familiar que lo conociere perfectamente, dado que el río, por diversas circunstancias se hacía cada vez más peligroso. Cierto es que también influyó en ello, el hecho de que se abriesen al público las famosas piscinas de “San Gil” y de “Boquilla”, junto con la municipal años más tarde, circunstancias que dejaban al río Genil sin sus famosos bañistas veraniegos y aquellos intrépidos ecijanos que, no sólo aprendieron en sus aguas a nadar, sino a realizar sus famosos saltos desde la barandilla de su puente.

Pero lo que yo quiero recordar para su conocencia, es que dichos baños no fueron privilegio de los ecijanos de aquella década, sino que nuestros antepasados también lo hacían y así lo encontramos en la publicación titulada Anuario Ecijano, editada en 1865 por Don Mariano Casaubón, donde, refiriéndose a las aguas, las divide en tres clases, las del río, manantiales y llovedizas. En cuanto a las del río, que son las que nos ocupan, refleja:

“Las primeras no dejan de ser abundantes, pues en el verano, el río Genil continúa su curso sin interrupción…En nuestros días, recordamos haber visto porción de enfermos incurables dispuestos a tomar un baño la víspera de San Juan, al punto de las doce de la noche, llevándolos al río con el fin de dejar allí sus males y quedar completamente curados, costumbre que se ha ido disipando. La temporada de baños dura poco más de un mes, empezando por julio y concluyendo en Agosto. Los muchachos son los primeros que, desnudándose a la orilla del río se tiran al agua, zambullen y de aquí exponen sus vidas como ocurre todos los años ahogándose algunos por su atrevimiento e ignorancia. En esta temporada se hacen casillas en ciertos puntos determinados por la Autoridad en la aproximación del río, encargándose los constructores de tenerlas al corriente, aseadas y separadas para cada sexo, recibiendo una pequeña gratificación, bien por familias o por individuos…”

El propio Ayuntamiento de Ecija, en sus ordenanzas municipales de 1889, mejorando las anteriores de 1875, dentro del título III, dedicado a la Policía Sanitaria, capítulo X, artículo 336, dividía en dos clases los establecimientos de baños, uno con la denominación de casas de baño en el interior de la Ciudad y otros en las riberas del río Genil. Sobre estos últimos, regulados en la sección segunda de dicho capítulo, comprendiendo los artículos 343 a 352, ambos inclusive, se establecía:

“Art. 343.- Corresponde al Ayuntamiento la concesión de las licencias para el establecimiento de baños en la ribera del río Genil.

Art. 344.- La temporada de baños en el río, durará desde el primero de julio hasta el ocho de septiembre. Antes o después de estas fechas, sólo podrán bañarse los que justifiquen por certificación facultativa la necesidad de tomar esta clase de medicamento, adquiriendo al efecto el competente permiso de la Alcaldía.

Art. 345.- Todos los años designará la Alcaldía, con la debida anticipación, los sitios convenientes para los baños gratuitos, determinando los que correspondan a cada sexo.

Art. 346.- Se prohíbe terminantemente la reunión de personas de diferentes sexo.

Art. 347.- Los niños menores de diez años no podrán bañarse solos, pudiendo hacerlo cuando estén acompañados de persona interesada que cuide de ellos. A los que pertenezcan a algún establecimiento de beneficencia se exigirá además el permiso de sus jefes.

Art. 348.- Se prohíbe entrar en los baños a toda persona ebria o privada de razón.

Art. 349.- Se prohíbe toda clase de juego y alboroto dentro del agua, como también todo dicho o hecho ofensivo a la moral.

Art. 350.- Todos los bañistas usarán, según su sexo, el traje que la decencia prescribe.

Art. 351.- Los cajones para los baños en el río estarán, además sujetos en cuanto a su construcción y régimen interior, a las reglas de ornato y moralidad que el Alcalde crea oportuno establecer.

Art. 352.- Se prohíbe a los tintoreros, latoneros, pellejeros y otros industriales, lavar los objetos y útiles e sus oficios e industrias en la parte superior del río donde existan baños.”

Gracias a una fotografía del ecijano D. Juan N. Díaz Custodio, realizada en el año de 1900, podemos contemplar los baños de los ecijanos en el río Genil, a su paso por nuestra Ciudad.

 

CATALOGO DE LOS HIERROS O MARCAS DE ECIJA EN EL AÑO DE 1878

La presencia del caballo en la Ciudad de Ecija, dentro de las distintas ganaderías, en el siglo XIX era amplia, tanto cualitativa como cuantitativamente. El caballo en Ecija, al igual que en muchas otras zonas de España, ha jugado un papel muy importante dentro del ejército, concretamente en el arma de Caballería y en especial en Ecija, con cuarteles pertenecientes a dicha arma así como al Depósito de Recría y Domina. Asimismo, el caballo tuvo suma importancia en la ganadería extensiva, dado el amplio término rural de nuestra Ciudad, pero desde principios de siglo, con el abandono del pastoreo y la llegada de la mecanización agraria, aquélla viene sufriendo una crisis que la ha convertido en una sombra de lo que fue, si bien ha llegado a nuestros días la existencia de algunas ganaderías como la de Cárdenas Llavaneras y Osuna Escalera que, gracias a sus titulares, no sólo han mantenido y revitalizado las mismas, sino que han paseado el nombre de nuestra Ciudad por todo el mundo a través del caballo.

Precisamente en la década de los años 1970, se concedió un importante premio al prestigioso ganadero Don Miguel Angel de Cárdenas Llavaneras por sus caballos españoles (entre ellos Válido I y Vasallo II). La fama e importancia de los caballos ecijanos, queda reflejada, de forma documental, desde el siglo XV, pues en el archivo municipal existe una carta firmada en Avila el 13 de Marzo de 1444 por el Príncipe de Asturias, futuro Enrique IV, ante la solicitud de los vecinos y moradores de Ecija, para que pusiese remedio e impidiera la venta, para fuera de la ciudad, de los caballos aquí criados.

La carta del Príncipe, fue presentada el día 22 de dicho mes de Marzo de 1444 a Tello González, Alfonso de Zayas, Pedro Fernández, Juan de Cuadros y Fernando Díaz, regidores de la Ciudad, quienes obedecieron y pregonaron la misma, mediante la cual se prohibía que saliesen de esta Ciudad y su término, los caballos aquí criados, salvo a personas de su casa. Todo ello fue motivado por los altos precios que los forasteros pagaban por los caballos ecijanos, que impedían a los ecijanos, tener acceso a ellos.

La importancia de las ganaderías caballares en Ecija, queda reflejada dentro del Catálogo de los Hierros o Marcas, que usan los criadores para sus ganados caballares en las provincias de Andalucía, Extremadura y Mancha, editado en el año de 1878, por el Excmo. Sr. Don Antonio López de Letona, Director General de Caballería, en los establecimientos tipográficos de M. Minuesa, c/Juanelo 19 y Ronda de Embajadores de Madrid.

Pues bien, uno de los ejemplares de dicho catálogo obra en mi poder, en el cual, ocupando las páginas 35 a la 39, reseña los nombres de los criadores ecijanos con el hierro usado por los mismos, en número de 48 que, para conocencia de los lectores, reproducimos a continuación:

En Septiembre de 1952, por el Profesor Veterinario Don Joaquín Bravo, se publica en la revista de feria Ecija, un cuidado artículo sobre la presencia del caballo en la feria de Ecija, donde se mencionan diversas ganaderías ecijanas, que, para su conocimiento, lo reproducimos seguidamente: “…que no sólo conservaron las razas puras, sino que, en un afán de superación, imprimieron a éstas ciertos caracteres que hicieron famosos a sus propietarios.

Destaquemos entre los más celebrados a Don Antonio y Doña Concepción Cabrera, conocidos en toda la región por su escrúpulo en la selección del caballo español, consiguiendo magníficos ejemplares de pelo castaño, perfil acarnerado y gran alzada. Don José Fernández, también productor del caballo español, acarnerado, grande y de pelo tordo. Don Enrique Martín, igualmente dedicó un especial cuidado al caballo español y con un caballo negro, procedente de don Juan Vázquez y unas cuantas yeguas de Villamarta, dio lugar a unos famosos caballos de cara grande y mucho brío, produciendo por igual tordos y castaños.

En lo que se refiere al caballo árabe, tuvo una notable representación esta bella raza en la ganadería de Don Alfonso Ariza, en la cual se dio el detalle curioso de alcanzar ésta raza, pequeña de por sí, una gran alzada, consiguiendo en un ejemplar hasta diez dedos sobre la marca, único caso en España.

En los caballos procedentes de cruce, también fueron famosos algunos ganaderos de la localidad, destacando los anglo-hispano-árabes de don Francisco Vega, que acusaron los rasgos característicos del pura sangre, de bella estampa y airosa marcha; don Antonio Martel, también dejó fama como criador del hispano-anglo-árabe, caballos espesos, de cara larga, bien proporcionados y mucho temperamento, siendo muy cotizadas las célebres yeguas “marteleñas”. Como detalle curioso y que aún recuerdan los viejos aficionados, recogemos la nota de cuatro jacas que don Juan Díaz vendió a “Guerrita” y que el califa paseó con orgullo por todo Paris.

Entre los criadores modernos, podemos destacar por su preocupación en la selección, los caballos españoles de don Miguel Angel Cárdenas, procedentes de Romero Benítez de Jerez; a don Mariano Rodríguez de Torres, que conserva magníficos ejemplares anglo-hispano-árabes y españoles, y a don Ricardo López S. Varela que cría soberbios caballos anglo-hispanos.

No sólo hicieron famosa nuestra feria de ganado, los ganaderos sino que con su estampa típica y recia, lucieron estos caballos en la feria, jinetes de la fama de don Francisco Díaz Custodio, algunos desbravadores como Enrique Florentino, que puso cátedra en la feria de Jerez y dos famosos domadores de alta escuela, cuyos apellidos sentimos no recordar y que todos conocieron por Luis y Miguel.

En nuestra época, cabe destacar también magníficos jinetes, entre ellos, el prestigioso ganadero Don Mariano Rodríguez de Torres; desbravadores como Curro Baena y el tantas veces admirado por nosotros Pepe Herrera, famoso por su gran escuela en toda Andalucía. Especial mención, por su corta edad, cuando cosechó sus triunfos como jinete, merece la simpatiquísima Sta. Mariri Fernández, hija de nuestro querido compañero don Ramón Fernández Figueroa, que se hizo famosa con su caballo “Macareno”. Y el malogrado Manolo Baena, esperanza, corta a flor, de caballero en plaza.

El caballo hizo también su presencia en la feria, con el alegre sonar de sus cascabeles y el vistoso colorido de sus madroñeras, en los troncos de tiro. Y en esto, también podemos sentirnos orgullosos; tenemos cocheros famosos cuyos nombres aún suenan, como Rafael Riego y el gran Girón. Nuestros ganaderos también sintieron predilección por presentar troncos de magnífica estampa. Destaquemos en esta especialidad nombres como los de don José Joaquín Muñoz; don Manuel Rodríguez de Torres y Don Miguel Osuna.

No podemos terminar, sin hacer mención especial del Depósito de Recría y Doma de nuestra Ciudad, en mantener en todos los tiempos la tradición caballar, que sabe poner año tras año, en un ejemplo de casticismo, la solera de sus troncos, escrupulosamente seleccionados en nuestra Feria. Y no sólo en Ecija pusieron su nota alegre, sino que este año llevaron el nombre del Depósito ecijano a la Semana del Caballo de Jerez, a las ferias sevillanas y cordobesas, al Concurso Nacional de Madrid y cuantos sitios tuvo el caballo un lugar privilegiado…”

UN ECIJANO EN LAS CABALLERIZAS REALES DURANTE EL REINADO DE ISABEL II

Dada la importancia que la caballería siempre ha tenido en España, en la primera mitad del siglo XIX, existían distintas edificaciones en las más importantes ciudades españolas, pertenecientes al Estado, que se denominaban las “Caballerizas Reales”, dependientes del ejército y concretamente del arma de Caballería, en las cuales se daba cobijo a numerosos ejemplares, que en la mayoría de las ocasiones estaban al cuidado de caballerizos.

El documento que aportamos a continuación, puede ser uno más de los muchos que habrán existido, respecto al ingreso de cualquier soldado que hubiese servido al ejército español y tras licenciarse, solicitase de la reina un puesto en algunas de las dependencias reales, pero quizás sea uno de los pocos que se refieran a un ecijano como es el que nos ocupa, concretamente el del ecijano Juan María González, hijo de Juan González y de Rosalía Sánchez, quien en 12 de Marzo de 1834 y quizás, por no encontrarse en buena situación tras su licenciatura del Ejército, presenta una solicitud a la Reina Isabel II, adjuntándole la cédula de licenciamiento obtenida tras su permanencia en el Real Cuerpo de Granaderos Provinciales, Tercera Compañía del segundo Batallón, Regimiento Provincial de Ecija, donde ingresó en 1 de Mayo de 1830 y fue licenciado en 25 de Enero de 1834, haciendo constar que fue condecorado con la Cruz de la propia Reina, por la que solicita de S.M. la Reina, “…se digne mandar se provea en él alguna de dichas plazas de las Reales Caballerizas…”

Como se puede observar en el margen superior izquierdo de la propia solicitud, le fue concedido el destino solicitado.