ECIJA, LO QUE NO CONOCIMOS… LO QUE PERDIMOS…
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ -2004

EL DUELO QUE NO LLEGO A CELEBRARSE - Ecija 17 de Abril de 1877.

La enciclopedia nos dice sobre el duelo: “En latín duellum, “combate entre dos”, forma antigua de bellum, “guerra”, enfrentamiento con armas mortales entre dos personas, por lo general después de una citación formal y ante la presencia de testigos por ambas partes.

Se distingue del enfrentamiento más espontáneo por su carácter formal y por las estrictas reglas que marcan el grado de riesgo de acuerdo con la gravedad del caso. La causa normal de un duelo es una afrenta u ofensa infligida a una persona o un desacuerdo sobre una cuestión de honor. En la mayoría de los casos la persona retada tiene el derecho a elegir la hora, el lugar y las armas a utilizar en el duelo. Tradicionalmente las armas utilizadas han sido la espada y la pistola. Los duelos se solían celebrar de madrugada y en lugares apartados debido a que, en época moderna, eran considerados ilegales.

El duelo en su concepción moderna no se practicaba en la antigüedad, ya que los combates tenían lugar en el contexto de guerras nacionales. La práctica moderna del duelo surgió en los pueblos teutónicos a principios de la edad media, cuando se empezó a utilizar el combate legal para decidir la culpabilidad de un crimen o la propiedad de una tierra en litigio. Este tipo de combate fue legalizado por primera vez por Gundobad, rey de Borgoña, en el año 501 d.C. La costumbre se extendió a Francia, donde encontró una gran aceptación, especialmente entre el siglo X y el XII, llegando incluso la Iglesia a autorizarlo para decidir la propiedad de tierras en caso de litigio. Los normandos introdujeron el duelo en Inglaterra en el siglo XI. En 1817 un tribunal inglés autorizó un combate legal entre acusador y acusado para resolver un caso de asesinato.

Sin embargo, el duelo como práctica para vengar el honor de una persona no ha sido nunca totalmente legalizado y su historia ha estado marcada por una abundante legislación en contra. Este tipo de práctica se popularizó en Europa a raíz de la famosa rivalidad entre Francisco I de Francia y Carlos V rey de España y emperador de Alemania. Cuando el monarca francés declaró la guerra a España en 1528 y derogó un tratado entre los dos países, Carlos V le acusó de conducta poco caballerosa. Francisco I, ofendido, le retó a duelo. Aunque el duelo no se llegó a celebrar por las dificultades habidas para concertar el encuentro, el incidente puso de moda esta práctica en Europa, hasta el punto que todos los caballeros se creyeron autorizados a vengar las supuestas ofensas a su honor de forma similar.

A comienzos del siglo XX el duelo estaba casi prohibido por ley y era considerado un delito en todo el mundo. Una de las principales razones de su desaparición han sido los cambios sociales y la desaprobación social. En la reforma del Código penal español de 1932 se suprimió el delito de duelo basándose en que la institución estaba en desuso. Uno de los principales factores ha sido el debilitamiento de la aristocracia, ya que el duelo era una costumbre reservada a las cuestiones de honor de las clases más altas. También se crearon organizaciones que condenaron socialmente el duelo, como la Liga Internacional fundada en 1900 por aristócratas europeos.”

Pues bien, también dentro de la nobleza ecijana, se produjo un desafío o duelo, a celebrar, entre Don Manuel y Don José Aguilar, Condes del Aguila, quienes desafiaron a Don Rafael Fernández de Bobadilla, que lo aceptó allá por los principios del año de 1877.

Hasta mi poder ha llegado el documento que firmaron los apoderados de los contendientes, junto con los testigos, el día 17 de Abril de 1877, plasmado concretamente en un impreso de carta de uno de los testigos, Don Vicente Domínguez Daza, por medio de cuyo documento, dejaron sin efecto el duelo pendiente entre los Sres. Aguilar y Fernández de Bobadilla.

¿Cuál fue la causa exacta que originó dicho desafío o duelo?. Algunas noticias cercanas a los familiares de los contendientes, transmitidas por tradición oral, la basan en el amor que sentía una de las hijas del Conde del Aguila hacia el Sr. Fernández Bobadilla, a quien su fama de Don Juan, le hacía no ser bien visto por los padres de la enamorada joven y llegado ello a oídos del Sr. Fernández de Bobadilla, parece ser que no sólo secuestró a la dama y la depositó en casa de los dueños del Palacio de Benamejí, sino que profirió algunos comentarios acerca de la Sra. Condesa del Aguila y de algunos miembros de su familia, que estos estimaron ofendían el honor de los mismos, hasta el extremo de ser retado el tenorio ecijano a batirse en duelo a campo abierto.

Sea cierta o no la causa antes expuesta, de lo que no cabe duda es de la certeza de dicho desafío, puesto que el original de la carta que ustedes leerán a continuación, demuestra la cancelación o anulación de dicho duelo y las explicaciones ofrecidas por los contendientes en reparación de la supuesta ofensa, concretándose por los apoderados y testigos, la anulación del duelo, en dos declaraciones:

“1ª.- No haber causa bastante para llevar a cabo el duelo y por tanto quedar retirada la proposición de él, que en nombre de los Sres. Aguilar fue hecha por sus apoderados y aceptada por el Sr. Bobadilla.

2ª.- Retirada esta, el Sr. Bobadilla se apresura a declarar, no ha sido su ánimo ofender a la Sra. Condesa de el Aguila, ni a ningún individuo de su familia.”

Por lo anterior, conocemos, después de más de ciento veinticinco años, la existencia de un duelo o desafío, entre caballeros de la nobleza ecijana, que, afortunadamente, no llegó a celebrarse.

DONATIVO DEL REY FERNANDO VII AL HOSPITAL SAN SEBASTIAN DE ECIJA.

Madrid, 18 de Mayo – 7 de Junio de 1828.

Las primeras noticias escritas sobre el número de hospitales existentes en la Ciudad de Ecija, las encontramos en la publicación que hace el jesuita Martín de Roa, en su obra Ecija, sus Santos y su antigüedad, eclesiástica y seglar, publicada en el año de 1623, que los reseña de la siguiente forma:

“Tiene esta ciudad cuatro hospitales, para los fines principales que son necesarios en una república, con edificios a propósito y rentas bastantes para la administración de la hacienda, cura de enfermos, regalo de convalecientes y socorro de pobres pasajeros, habiéndose reducido a solos cinco todos los demás, en tiempos de Felipe II, para que los réditos y haciendas, que repartidas en muchos eran de poco provecho, unidas en menos, sirviesen más al remedio.

I.- El de S. Sebastián, que llaman el Real, del que son administradores el Corregidor por su Majestad el rey y el Vicario por el Arzobispo de Sevilla, a quien después de ganada a los moros quedó anexa la catedral de Ecija; por la ciudad un Regidor, a quien toca el gobierno del Hospital. Tiene ultra de las limosnas, dos mil ducados de rentas para curar pobres enfermos.

II.- El de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora que, dotado de dos mil ducados de rentas, se labró el año de 1593. Es muy sobre lo que generalmente vemos en hospitales, la limpieza y el aseo con que en este se curan los pobres enfermos.

III.- El de la Caridad, dignos entre otros de este nombre, pues suple en los niños expuestos la que faltó en sus madres para criarlos. Tiene de renta setecientos ducados para la crianza de los niñas y otros cuatrocientos para salarios de Administrador y Capellanes.

IV.- El de Santiago, no menos acepto a nuestro Señor, que socorrido para los pobres pasajeros y peregrinos, que allí habían de hospedarse.

V.- El de convalecientes. Se añadió junto al Real de S. Sebastián, donde se reparan los convalecientes que salen de los demás hospitales, socorro tan necesario como muestra la experiencia para evitar las recaídas, que suelen causar las reliquias de las primeras enfermedades, que de muy poco, o nada, se cuida donde primero se curan…”

Concretándonos al Hospital San Sebastián, único que quedó en la Ciudad y que aún pervive, fundado en el último tercio del siglo XVI, estuvo regido por distintas ordenes religiosas y han sido numerosas las ocasiones en que tuvo necesidad del correspondiente auxilio, como veremos en las notas siguientes:

En Cabildo celebrado el 15 de Febrero de 1602, acordó la Ciudad que atento que en el hospital de San Sebastián de ella hay gran desorden y descuido en la cura de los enfermos y poca limpieza en las camas y descuido en su regalo y comida y mucha costa que sigue y tiene el dicho hospital con los sirvientes de él, que para que la dicha costa cese y los enfermos sean curados y regalados se trate de hacer asiento con los hermanos de la Orden de San Juan de Dios, que llaman de la capacha para que asistan en el dicho hospital como sirvientes de él y curen y regalen a los dichos enfermos como gente que también lo ha de hacer demás del aprovechamiento que de ello se seguirá al dicho hospital con las muchas limosnas que juntarán y con excusar los salarios que se dan a los dichos sirvientes.

En 9 de Mayo de 1689 todavía sigue el Hospital regido por los religiosos de la Orden de San Juan de Dios, pues así consta en Cabildo de dicha fecha donde se consiente que los mismos segreguen la hacienda, casa y demás efectos del Hospital San Sebastián a los mencionados religiosos. En Cabildo de 10 de Abril de 1690 se da cuenta del poder otorgado por el Arzobispo de Sevilla Don Jaime de Palafox, al Vicario de Ecija, Don Luis de Valdés, para que en su nombre haga entrega a la Orden de San Juan de Dios del hospital de San Sebastián, extramuros de Ecija, solicitándose por la Ciudad licencia de S. M y su Real Concejo para realizar dicha entrega.

En el año de 1696 es una nueva orden religiosa la que intenta regir los destinos del Hospital San Sebastián y en Cabildo celebrado el 10 de Diciembre de dicho año, se da lectura a una Real Provisión por la que se prohíbe al Cabildo entregar el Hospital de San Sebastián a la Orden de Trinitarios Calzados que querían fundar casa en él, lo que ya había sido aprobado por el Cabildo con la contradicción de varios capitulares, que recurrieron a S. M, argumentando estos que la población de Ecija esta muy disminuida por la peste y que el número de religiosos, de ambos sexos existentes en la Ciudad, eran de 1.237 personas, sin contar criados y sirvientes, distribuidos en trece conventos de religiosos y ocho de religiosas, lo que hacía impracticable la nueva fundación que se pretendía, alegando que con ella, además, se perdería la finalidad con que se había creado el hospital, pues sus rentas se dedicarían a la fábrica y manutención de los religiosos y no al cuidado de los enfermos.

Hasta 1711 no aparece una nueva orden religiosa rigiendo los destinos del Hospital que nos ocupa, pues en Cabildo de 21 de Agosto de dicho año, el Marqués de Peñaflor, Alférez Mayor de Ecija, propuso al Concejo que se entregase el hospital de San Sebastián al cuidado de la Hermandad de Jesús Nazareno, instituida para hombres y mujeres por el presbítero cordobés Cristóbal de Santa Catalina, muerto en olor de santidad, cuyos hermanos, que profesaban vida en común austerísima y usaban hábito de jerga y sandalias de esparto, edificaban en todos los pueblos de la provincia de Córdoba, donde había sido fundada por el referido presbítero y sus colaboradores el Padre Juan Tirado de Pedradas y el Hermano Diego de la Cruz. Aprobado por el Cabildo con las autorizaciones de los Ordinarios de Sevilla y Córdoba, se hace entrega del hospital a la Hermandad de Jesús Nazareno en 8 de Julio de 1712.

La distintas vicisitudes por las que pasó el Hospital de San Sebastián, quedan brevemente reflejadas en los apuntes anteriores, pero las mismas lógicamente debieron seguir, pues obra en mi poder una solicitud, fechada en Ecija el día 18 de Mayo de 1828, firmada por el Hermano Pedro de San José, como Presidente Administrador de la Congregación Hospitalaria de Nuestro Padre Jesús de la Providencia, advocación de San Sebastián, dirigida al rey Fernando VII, en demanda de “en nombre de estos hermanos enfermos que le dispense un socorro para subvenir a las necesidades que experimentan…”

Informada favorablemente tal petición por la Secretaría de S. M. el rey en 18 de Mayo de 1828, con la propuesta de conceder “doscientos reales de vellón por una vez si fuese de su soberano agrado”, el rey Fernando VII firma el Decreto concediendo dicha suma el día 7 de Junio de 1828 y dirigiendo la correspondiente comunicación al contador general de la Real Casa para que hiciera llegar la citada suma al mencionado hospital.

De los términos contenidos en la propia solicitud, concretamente la felicitación al rey, en relación con la fecha de la misma, cercana a la onomástica del rey (30 de Mayo, San Fernando), se desprende que con tal motivo, el rey, para conmemorar la misma, acordase conceder donativos o distinciones, lo que sería conocido lógicamente y de ahí que se cursase dicha petición y por ende su concesión.

Entre los documentos que a continuación insertamos, concretamente en el Decreto Real, aparece la firma del rey Fernando VII, aportándolo a la presente publicación, por entender que era algo que no conocíamos.

SOBRE EL SOL Y EL o LA CALOR DE ECIJA

Mucho es lo que se ha escrito y dicho sobre el o la calor de Ecija. Hemos sito noticias, un verano sí y otro también, por las altas temperaturas que ha soportado nuestra tierra y los que vivimos en ella. Cada año, siempre el mismo comentario; “este año hace más calor que el año pasado”.

Lo cierto es que, como ustedes pueden comprobar en alguno de los documentos que en esta publicación hemos aportado, de siempre ha hecho calor. Desde su fundación, todos cuantos han vivido en esta bendita pero muy calurosa Ciudad, han dejado testimonio de una forma u otra ello. Tanta calor que le impusieron la Sartén de Andalucía y la Ciudad del Sol. La belleza de nuestra Ciudad es tanta como el sol que recibe y así lo entendió el escritor Eugenio d´Ors, como podemos comprobar en el soneto que está grabado sobre piedra, colocada a la derecha de la puerta principal de las Casas Consistorioales.

Pero lo que muchos de nosotros no conocíamos y ese es el motivo de traerlo aquí, es que a tan hermoso soneto, le replicó Don Manuel Iñigo Mateos, parodiándolo respecto al sofocante calor de nuestra Ciudad. Por ello he considerado interesante reproducir un artículo, publicado en la revista de feria Ecija, en el año de 1954, bajo el título Ecija al Sol, donde se hace mención a todo ello.

“Eugenio d´Ors, el insigne y erudito escritor, estuvo en Ecija, no ha muchos años. Enamorole la ciudad (¡y como no!) y le ofrendó su admiración, cincelando, esa es la palabra, un soneto que es una obra de orfebrería de la dicción y del pensamiento. En el soneto que tenía que escribir, el clásico D. Eugenio y el que correspondía escribir, cabe la tierra, muy cercana, donde naciera Góngora.

El soneto, para admiración de todos e incomprensión de no pocos, aquellos a quienes las metáforas mitológicas no les son familiares, y hay que confesar que la Mitología no es fruta del tiempo, se encuentra esculpido en mármol en la fachada de la Casa Consistorial ecijana y dice así:


Ecija al sol, Venecia en llena luna,
Fábrica parangonan soberana;
Canal mitral, la calle astigitana
Y en el Zenit azul, su Gran Laguna.

Ciudad del Sol, la llamaremos, una
Que Ecija archiva sol cada mañana
Como, la crisolinfa paladiana,
En su apretada carne, la aceituna.

Que, bien Titán, bien Hércules divino,
Fruta y ciudad, llevárante a molino
Ganosos de tu aceite y su derroche.

Y saltar vieran, de tu entraña pía,
Tanto sol, que la tierra anegaría,
Hasta llenar de luz la misma noche.

Pero el ingenio andaluz, ansiaba desembarazar el ánimo del agobio de tan difícil descifre, como el magnifico soneto del Maestro d´Ors tenía, y uno muy fino y ocurrente, el de D. Manuel Iñigo Mateos, parodió al soneto Lapidario, como leerán a continuación:

Ecija al sol, es algo sofocante
Canal de fuego la calle astigitana,
Fragua infernal su plaza soberana
Y bajo el cielo azul… no hay quien aguante.

Ciudad del Sol la llamaremos una,
Nada de crisolinfa ni camelos,
Que la Ecija archiva con locura,
No es linfa paladiana, sino fuego.

Que algún Titán o Hércules sin tino,
¡Pobre Ciudad! Pusiéronle en un hoyo,
ganosos de tostar a tus vecinos.

Y saltar hicieron de tu entraña pía,
Tanto sol, que la historia te llamará,
Con razón, “La Sartén de Andalucía”.


No sabemos si D. Eugenio conoce esta parodia, pero si llega a sus manos, estamos seguros que la acogerá con sonrisa comprensiva, y no con desagrado, que en ningún modo fue desagradable la intención. El tan versado en letras clásicas, sabe de sobra que para que hubiera una Batracomiomaquia, tuvo que haber primero una Iliada.”