Cultura de Ecija

Historia de Écija – Ramón Freire Gálvez (2004) 

2.- Ecija Romana.

IlipaLa Astigi turdetana, debió ser ocupada por los romanos durante la campaña desarrollada por Scipión y su colega Sílano en el año 208 a.C, precursora de la batalla de Ilipa y de la liquidación de hecho del dominio cartaginés en la Península. La plaza de armas de la referida campaña parece haber sido Osuna, desde la cual los romanos, entre el 208 y el 206 fueron extendiendo sus conquistas y su labor política de captación de los príncipes turdetanos.

La dominación púnica en España, concluyó después de una guerra de trece años con las legiones de Roma, siendo conquistada la Turdetania por Ileno Scipion, si bien ocurrieron dos casos desastrosos y muy poco conformes con el político proceder que hasta esa fecha había observado aquel caudillo con los españoles.

Astapa, cuyas ruinas existen inmediatas a la actual Estepa, fue una de las poblaciones que se decidieron por el partido de Cartago, en cuya sazón Lucio Marcio, que ya que se había apoderado de Córdoba, Ecija y otros pueblos comarcanos, se dirigió a aquel pueblo que estaba destinado a dejar de existir en breve, lo que consiguió tras verse sus moradores sujetos al más riguroso asedio, aunque el asombro de los vencedores fue grande al no encontrar un ser viviente que esclavizar, ni riquezas de que apoderarse, al haberse arrojado todos sus moradores a un gran hoguera. El otro caso fue el de Iliturgis, actual Ubeda, cuyos habitantes fueron inhumanamente pasados a cuchillo por haber ofendido dicho pueblo al padre de Scipión.

La proximidad a Ecija de esta base de operaciones y las precarias condiciones defensivas de aquella, inducen fundadamente a suponer que su sometimiento a los romanos data de la fecha de aquellos acontecimientos.

Desde esta época quedó considerada la Península como una de las provincias romanas, siendo dividida por el Senado en citerior y ulterior, hallándose comprendida en esta última la Bética, gobernada por un Pretor o Precónsul.
Formado el primer triunvirato compuesto de César, Craso y Pompeyo, tocó a este último el gobierno de la provincia española, cincuenta años antes de Jesucristo. Cuando se interrumpió la buena armonía seguida hasta entonces por aquel triunviro y Julio César, que residía en las Galias, este se dirigió con sus legiones contra aquellos, arribando así a la Península Ibérica, donde unos se decidieron por Pompeyo y otros por César, ocurriendo la mayor parte de la guerra en la Bética. César triunfó, conquistando Córdoba, Osuna e Hispalis, únicas poblaciones de la Bética que abiertamente se declararon por Pompeyo.

Astigi, cuyos moradores estuvieron constantemente por César, obtuvo de este conquistador distinciones de aprecio, teniendo en cuenta para ello no sólo que le hubiese sido adepta, sino la numerosa población y alta categoría que representaba Astigi en la España ulterior.

Al principio, Astigi fue una población sin importancia, poco cotizable en cuanto a su valor militar y decaída la importancia comercial que pudo haber tenido en la época del imperio tartesio y de las colonizaciones, por el lógico desplazamiento que el comercio marítimo hubo de sufrir en los primeros tiempos de la dominación romana hacia los puertos de Levante.

Cayo Cesar Augusto
Cayo César Augusto – Ciberecija

Sólo cuando la romanización avanzó y con la paz subsiguiente, volvieron a ponerse en valor las riquezas naturales de la antigua Turdetania, Astigi recuperó el valor que le daba su posición central en la que se llamaba Bética, su calidad de lugar de cruce de vías comerciales y la importancia debida al hecho de estar a orillas de un río navegable, precisamente desde el mismo lugar en que la ciudad se asentaba, según expresamente hace constar Plinio. Pronto estas causas actuaron y Ecija debió crecer rápidamente en importancia preparándose al importante papel que le estaba destinado en los tiempos imperiales entre sus hermanas de origen.

Es preciso llegar a la época de Augusto para encontrar el nombre de Astigi en las fuentes literarias. Octavio la elevó a la categoría de Colonia, honrándola con un título honorífico tomado de su propio nombre: Colonia Augusta Firma. Su importancia ya era considerable cuando fue elegida para ostentar la capitalidad de uno de los cuatros conventus de la provincia Bética, equiparándola a ciudades del conocido abolengo y categoría de Córduba, Hispalis y Gades, con motivo de la reorganización provincial llevada a cabo entre los años 27 y 2 antes de J.C., en cuya época cabe pensar, que Astigi era una de las cuatro grandes ciudades de la Bética.

La importancia de tal designación, queda demostrada por el extenso y rico ámbito territorial que comprendía el convento jurídico astigitano, de modo que su límite bajaba por Osuna hasta la costa, lindando con el de Cádiz a las orillas del Río Verde y Guadiaro; desde donde proseguía por las marismas hasta el Río Vélez.

Muerto Julio César se constituyó el segundo triunvirato compuesto de Octavio, Antonio y Lépido, el cual en prueba del aprecio y confianza que le merecía la provincia española, designó para su guardia una legión de naturales de ella, primer ejemplo de esta especie conferido a extranjeros. También dio Octavio Augusto nueva denominación a la península, que en lugar de Citerior y Ulterior, vino a llamarse en adelante Imperial y Senatorial; esta última comprendía la Bética, gozando por lo tanto el privilegio de ser gobernada directamente por el Senado, sin que quedara en su territorio legión alguna. Más adelante se dividió la España en tres provincias, la Tarraconense, La Lusitana y la Bética.

A partir de su elevación al rango de colonia por Augusto y de la fijación en ella de la capitalidad de un conventus, la antigua Astigi se engrandeció rápidamente. Las inscripciones encontradas muestran a prefectos imperiales desempeñando las magistraturas municipales de la ciudad; a sacerdotes de la domus Augusta y Augustales, referencias a cultos de diferentes divinidades, a baños públicos, a funciones relacionadas con el comercio de exportación de aceitey la existencia en Astigi de edificios monumentales destinados a espectáculos y la suntuosidad de sus mansiones privadas, así como la profusión de fustes, capiteles y basas, algunos de tamaño colosal, que aún se conservan en esquinas, portadas y soportales.

El emplazamiento del puente sobre el Genil, reconstruido repetidamente sobre un antiguo puente romano, indica el punto de entrada en Ecija de la calzada militar que venía de Córdoba, que hubo de ser necesariamente la puerta que en la época musulmana se llamó del Puente, donde se iniciaría, en dirección este-oeste el decumanus maximos, que siguiendo aproximadamente el trazado de la actual calle del Conde, terminaría en la puerta situada al poniente donde está Puerta Cerrada, desde la cual y siempre en dirección oeste, la calzada, después de atravesar el arroyo del Matadero por el puente que existía, se dirigía al anfiteatro que dejaba a su izquierda y atravesaba más adelante la necrópolis situada algo más a poniente.

En sentido contrario, es decir dirección norte-sur, encontramos el probable trazado del cardo maximus, entre las puertas de Palma y Osuna, por las hoy calles Santa Cruz, Cintería y Canóvas del Castillo. Por la Puerta de Palma hubo de tener su salida la vía militar de Astigi a Emérita que atravesaba al Guadalquivir por Peñaflor. Desde Puerta Palma, dirección a Puerta Cerrada, se han encontrado en diferentes ocasiones sepulcros e inscripciones funerarias que justifican el nombre de Osario con que era conocido aquel sitio y es bien sabido que las necrópolis solían colocarse próximas a las puertas de las ciudades, a los lados de las calzadas que por ellas salían.

En cuanto a la puerta del sur, llamada en la época medieval de Osuna, en la época romana e incluso antes, debió ser el punto de arranque del camino que conducía a la ciudad que le daba nombre y por el que las legiones cesarianas, procedentes de Córdoba, debieron marchar a combatir a Osuna, fiel a la vencida causa pompeyana. Ambas vías principales, cardo y decamunus, hubieron de cruzarse aproximadamente hacia el mismo sitio en que hoy se encuentra la Plaza Mayor o Salón, lugar donde se supone estuvo ubicado el foro de la Astigi romana, centro de su vida administrativa, religiosa y comercial, afirmación que tiene su fundamento en el número y magnitud de los restos arquitectónicos e inscripciones dedicatorias que en sus alrededores han aparecido en diferentes ocasiones.

La actual plaza de toros fue el anfiteatro romano, situado al lado derecho y a menos de 100 metros de la calzada que venía de Hispalis, y como era regla general en esta clase de edificios, fuera del recinto de la ciudad. Sus dimensiones eran de 133 metros del eje mayor de la elipse, orientado en dirección este-oeste y 106 metros el menor, dimensiones que coinciden a poca diferencia con las de los otros anfiteatros españoles conocidos, Tarragona y Mérida, excepción hecha del de Itálica, de proporciones poco corrientes en el mundo romano.

Varios ejemplares de mosaicos encontrados atestiguan la suntuosidad de las casas astigitanas. El mosaico que actualmente se encuentra en la Sala Capitular, fue encontrado hace varias décadas en la huerta del antiguo convento de la Merced, próximo al cerro del Alcázar, hallándose a metro y medio de profundidad. Sus dimensiones totales son de 6,25 por 2,20; la composición central se halla encerrada en un recuadro constituido por una simple línea negra; carece de orla, hallándose decorada la cenefa comprendida entre el recuadro y el borde del mosaico con ibis trazados simplemente con líneas en negro; dos de ellos, completos, aparecen afrontados en el constado izquierdo del mosaico, en el que la cenefa está mejor conservada, pero en los dos lados largos se ven perfectamente los extremos de las patas de los ibis que los decoraban, al parecer igualmente por parejas afrontados.

La escena, bellamente representada en el mosaico con figuras de tamaño natural, es la misma que inspiró el célebre grupo escultórico llamado el Toro Farnesio; los dos hijos de Antiope acaban de atar a la reina Dirce a un toro salvaje y mientras uno, colocado delante, tira del animal, el otro le hostiga por detrás blandiendo un bastón; el árbol colocado por el artista musivario detrás del toro, es evidentemente una representación convencional del paisaje boscoso del monte Citerón, donde según algunas versiones de la fábula, tuvo lugar la venganza de los dos hermanos. Lo mismo que en el célebre grupo escultórico aludido, Dirce parece dirigirse con gesto suplicante a uno de los hermanos, posiblemente Anfión, el más piadoso de ellos.

Todos los departamentos de las casas romanas se hallaban pavimentados con mosaicos. Estos tenían motivos geométricos, rombos, triángulos, cuadrados, exágonos, círculos, etc.

Hemos dicho anteriormente, la costumbre romana de situar la necrópolis, a ambos lados de los caminos que llevaban a las ciudades y en las cercanías de sus puertas, por lo que el hallazgo de un emplazamiento de necrópolis suele ser una prueba indiciaria para la ubicación de aquellas. En Ecija están perfectamente localizados tres cementerios de época romana que se acomodan a las normas expuestas.

La primera de estas necrópolis se hallaba entre las puertas de Palma y la Cerrada; sobre ella dejó escrito el Padre Roa:

“…una parte de tierra llana que de antiguo se llama el Osario, sirvió a los romanos para los sepulcros y lo muestra bien la muchedumbre de los que allí se han hallado y los ataudes de plomo, con muchas piedras escritas. Casi siempre que para edificios se abren cimientos se han descubierto muchas piedras de sepulcros y otras antigüedades. Uno estaba de ladrillos grandes colorados que llamaban tegulas o tejas los romanos y dentro una urna pequeña al uso antiguo y un anillo de oro con una amatista…”

Cerca de esta necrópolis pasaba la calzada de Astigi a Emérita. Esta necrópolis debió ser la mayor de la colonia Augusta Firma, ya que a ella debieron pertenecer también las dos inscripciones funerarias encontradas en el área del convento de Santa Inés del Valle y quizás también el sarcófago encontrado cerca del Humilladero de Nuestra Señora del Valle sobre la misma calzada de Emérita.

La segunda necrópolis se encontraba al lado izquierdo de la carretera de Córdoba en la Huerta de Tejero, poco más allá de la salida del puente sobre el río Genil, a una distancia de 700 metros de la puerta del Puente.

La tercera necrópolis se encontraba en el lado opuesto de la ciudad, es decir al poniente, pasado el Arroyo del Matadero, por donde hubo de entrar en Astigi la vía militar de Hispalis. Por los hallazgos de varios epígrafes funerarios en el sector de la Puerta de Osuna, pudiera suponerse la existencia de otra necrópolis al sur de la ciudad, lo que se compagina bien con la presunta salida por allí del camino que llevaba a la antigua Urso hoy Osuna.

La riqueza agrícola del término de Ecija, explotada desde muy antiguo y la importancia comercial adquirida con la exportación de sus productos, provocó que la comarca ecijana estuviese muy poblada, determinando la existencia de varios núcleos de poblaciones en su propio término aparte del que ocupaba la propia ciudad, dado que el intenso cultivo de sus tierras, óptimas para los cereales y el olivo, creó una tupida red de explotaciones agrícolas.
El papel de primer orden que Ecija y su territorio desempeñaron en el activo comercio de exportación del aceite de oliva, se refleja de un modo patente en el gran número de importantes alfarerías romanas, escalonadas especialmente a lo largo de la principal arteria fluvial, el Genil, donde se fabricaban los envases necesarios para llevar a cabo la referida exportación.

Los restos encontrados en el término de Ecija, demuestran la importancia que en la época romana desempeñó la región central de la Bética, debiendo ser citados los núcleos urbanos de la “Isla del Castillo”, “Quiñones”, “Alhonoz”, “Los Cosmes”, “Fuentidueñas”, “Las Mezquitillas”, “El Caño”, “Isla Redonda”, “El Mocho”, “El Nuño”, “Castillejo del Río”, “El Guijo”, “Ruy Sánchez”, “Santo Siervo”, “Salinas de la Torre”, “Pascualejo”, “La Fuente de los Cristianos”, “Friillas”, “Garrotal”, y “El Batán”.

En todos los anteriores núcleos rústicos citados, se han encontrado numerosos restos que atestiguan haber sido asentamientos de población en la época romana, como son inscripciones, fragmentos de estatuas, vasijas, monedas, aljibe, necrópolis, etc.

Anforas EcijaLos dos principales centros de fabricación de ánforas destinadas a envasar los productos agrícolas y sus derivados, que constituían base importantísima del comercio de exportación de la Bética en la época romana, fueron Astigi y Arva, esta en término de Alcolea del Río, a juzgar por la frecuencia con que aparecen las marcas de sus alfarerías en todo el ámbito del mundo romano, a donde llegaron los productos del mediodía peninsular.

Ambas poblaciones, se encontraban situadas sobre la gran vía comercial que constituía el río Betis hoy Guadalquivir. La primera, Arva, asentada directamente en sus márgenes; la segunda Astigi, por intermedio del Genil, navegable precisamente hasta el emplazamiento de la ciudad.

De todos los productos del fértil término ecijano, indudablemente el aceite ocupaba el primer lugar. Encontramos incluso el cargo de difusor eloearius que aparece en un epígrafe astigitano, ejercido por un cierto Iulius Hermesianus, natural de Ecija probablemente, quien debió ser importante, ya que su hijo y nieto le elevaron una estatua en terreno público cedido por el Ordo de los decuriones astigitanos.

La dedicación a este personaje estuvo en el Palacio de Vilaseca, siendo trasladada por su dueña, la Duquesa de Medinaceli a Madrid para que figurase en su museo privado, cediéndola finalmente a la Real Academia de la Historia, tratándose de una inscripción pintada sobre una ánfora del Monte Testaceo con el nombre de Iulius Hermes, cuya inscripción decía:

“A Marco Julio Hermesiano, expendedor del aceite, padre piadososisimo Marco Julio Hermesiano Frontiniano, su hijo y Marco Julio Hermesiano su nieto, la pusieron. Habiendo recibido el lugar para esta obra pía del esplendidisimo Orden Astigitano.”

Posiblemente la función encomendada a este personaje consistiese en la organización y vigilancia de la distribución y exportación del aceite de Ecija y su distrito, demostrativo ello de que en esta capital de conventus radicaba uno de los más importantes centros de exportaciones béticas. Esta exportación de aceite originó que en las márgenes del Genil, sobre todo en la derecha, se establecieran aceiteras o muelles de embarque de ellas, así como alfarerías para la fabricación de los envases necesarios para el transporte del aceite.

El punto de convergencia de la Bética romana fue Astigi, naciendo de ella varías vías que partían hacia todas las direcciones de los puntos cardinales, siendo la más importante de las calzadas, la Vía Augusta, gran calzada militar que ponía en comunicación la capital del Imperio con el extremo sur de la Península Ibérica y que aprovechando sin duda caminos más antiguos, ya utilizados por los romanos durante la conquista de la Turdetania, había sido puesta en servicio por Augusto, del que recibió nombre.

Dicha calzada penetraba en la Bética por las cercanías de Andújar, que aparece como punto de arranque, poniendo dicha vía Augusta en comunicación las capitales de los cuatro conventus béticos: Corduba, Astigi, Hispalis y Gades, en la última de las cuales tenía su punto final.

La parte correspondiente al trayecto de Córdoba a Sevilla tenía un recorrido de 130 kilómetros. La Vía Augusta debió penetrar en el término de Ecija atravesando el arroyo del Garabato por un punto muy próximo en lo que es hoy la autovía de Madrid y sobre la orilla derecha del citado arroyo y penetrando en Ecija a la entrada del puente sobre el río Genil. Salvando el río por el puente que ocupaba el mismo lugar que el actual, penetraba en Astigi por la puerta que en la época musulmana se llamó del Puente y tenía su salida por la de Puerta Cerrada. A la salida de Ecija atravesaba el arroyo del Matadero para salir por la que fue antigua carretera general.

Barbaros ecijaLo relatado sobre la dominación romana de Ecija, atestigua la importancia de Astigi dentro del imperio romano, desde que la Turdetania, llamada la Bética, fuese conquistada por Roma, que con su esplendoroso imperio permaneció en nuestra tierra, hasta que, a principios del siglo V, sobre el año cuatrocientos nueve, aprovechando los bárbaros del Norte el estado de dislocación en que se hallaba el imperio romano volvió a sublevarse, apoderándose de Roma, siendo los Vándalos y los Silingos quienes se internaron en la Bética, que se convirtió en desgraciado teatro de sus correrías y bestial destrucción.

Así concluyó el poder de Roma, sucumbiendo el imperio más potente conocido hasta entonces, que lo ostentó desde el año 206 antes de Cristo hasta el 410 de nuestra Era aproximadamente.

Notable omisión sería concluir la época de Roma sin decir una palabra acerca de la predicación de los Apóstoles, dado que Astigi fue una de las ciudades que durante la dominación romana, se vio favorecida con la visita de San Pablo, siendo nuestra ciudad una de las primeras que desertó de la idolatría, convirtiéndose al cristianismo, entre otros muchos, Probo, que era presidente del Convento Jurídico Astigiano.

Tanto la Astigi romana como la Ecija cristiana, se han visto recompensada a lo largo de su historia con el protectorado de dicho apóstol, al que hicimos patrono de nuestra ciudad, sin que podamos dejar de citar el célebre milagro obrado en el joven Antón de Arjona, que rememoramos el 25 de Enero de cada año en el convento de Santo Domingo y con la procesión del citado apóstol.