Memorias Salon Paco Rodriguez

MIS MEMORIAS Y RECUERDOS – I (Década de los 50) 
EL SALON DE MI GENERACION.
Autor: Paco Rodríguez – 2020.

Paco Rodriguez EcijaLa generación a la que me estoy refiriendo, -les recuerdo que es la de los años 50 del pasado siglo, a la que pertenezco-.

He tratado de narrar, con leal fidelidad cómo se vivía en la década de los cincuenta, por la mayoría de las familias ecijana. Obviamente, la excepción pudo ser una parte importante de la población que el nivel económico sería más alto de lo normal. Quienes, por su situación desahogada, gozaban de otra economía. O sea, ya se me entenderá a quienes me estoy refiriendo. Nada que objetar por mi parte. Ni envidia ni coraje, la cuestión se acepta tal y como fue entonces y será, mientras que el mundo sea mundo. Naturalmente formaban parte de la sociedad ecijana. Bendito sea el sino de los tiempos que les tocó vivir. Ni odios ni rencores por parte de la familia a la que pertenecí. Nosotros íbamos a lo nuestro, adaptándonos a las circunstancias del momento. Mi familia, como ya he dejado escrito con anterioridad, era de la clase trabajadora, que algunas veces podíamos soslayar las contradictorias circunstancias y otras, por no faltarle el jornal durante un tiempo, nos manteníamos con más desahogo. Es todo lo que puedo recordar, a pesar de mi corta edad.

La Plaza de España, o “EL SALÓN”, como era y es conocida popularmente, ha sido siempre el santo y seña, de la ciudad, tal como en una vivienda suele ocurrir, donde la estancia más sobresaliente siempre resulta ser el salón, a donde se lleva a las visitas para presumir de su decoración y confort. Indudablemente, cada Corporación municipal, a lo largo de los años, ha intentado, a veces manera caprichosa, sin ningún sentido lógico para los ciudadanos, quienes nunca han demandado modificación ni cambios en las estructuras del lugar; quiero decir que la opinión pública no ha exteriorizado, por ejemplo, que se sustituyera el «tablao» de la música por una fuente, ni fue un clamor del Pueblo que se construyera un aparcamiento, previo el levantamiento de todo lo que había construido en tal momento puntual, ni pedíamos tampoco que el salón se quedara sin arboleda que le daba una belleza decorativa especial. Ese SALÓN es el que queríamos enseñar a cuantas personas venían de fuera para visitar nuestro Pueblo. Pero todo comenzó en la década de los sesenta, y así continúa hasta nuestro presente.

* Creo oportuno recoger un comentario que hizo el ilustre escritor é investigador de la cultura ecijana, Don Juan Méndez Varo, en su libro “Memoria de una década” (1960-1969)”, que con su permiso transcribo a continuación:
“No podían faltar en estas páginas las controvertidas obras de reformas de la Plaza de España, nuestro popular “Salón”, entre las que se encuentra la sustitución del “quiosco musical” por la fuente de las Ninfas. La supresión de los “poyos”, para adaptar el espacio a plazas de aparcamiento. Tema este del “Salón” que se empeña en estar presente en el centro de polémicas de los ciudadanos, originado porque Los políticos se aferran en dejar su huella en ella. Y es que nuestra Plaza Mayor es como una joven hermosa que todos los representantes del cabildo quieren conquistar. Pero aquí, como en cualquier aspecto de la vida, será el tribunal del tiempo quien vendrá a juzgar el acierto o desacierto de sus decisiones.”

Claro como el agua. Y es que mi memoria corrobora, desde la primera a la última frase cuanto contiene el citado artículo: siempre ha sido así en esta bendita Ciudad del Sol y del Salón. Porque, “el tiempo”, como bien dice Juan Méndez Varo, en su párrafo, ha juzgado de forma tajante y fehaciente, los continuos aciertos y desaciertos que han ido teniendo los políticos, desde que Écija fue creada o fundada. El Salón, nuestro querido y vilipendiado SALÓN, que los de mi generación de los cincuenta, conocimos y disfrutamos, en nuestra niñez, juventud y más tarde de adultos, siempre fue, como he dicho anteriormente, la mejor estancia de nuestra casa, llamada Écija. El «Tablao», o quiosco de la música, constituía un elemento relevante, decorativo y práctico en la Plaza. Las palmeras mirando al cielo ecijano, junto a los naranjitos, la jacaranda con su radiante color le daba esplendor y aroma en primavera o en cualquier época del año que fuese visitado. Todo ese conjunto de inmueble, árboles y plantas, entre otras competencias, hacían a veces, que a pesar del sol radiante que se implantaba desde la mañana, tuviera sombra donde cobijarse y poder transitar, sin miedo a coger una insolación, como ocurre ahora mismito, en este agosto inhóspito ecijano. Ya al anochecer la abundante cantidad de “poyos” o asientos de mármol a dos caras, procuraba descanso y sosiego a cuantos acudíamos. Aquellas dos hileras de poyos con un pasillo para pasear, francamente eran una bendición a nuestros cuerpos cansados, o para entablar tertulias entre los residentes en el Salón. Confort, frescor y comodidad en un ambiente nocturno, hacían más llevaderas las horas de descanso y ocio.

Tablao de la Musica Salon EcijaCon anterioridad, me he referido al quiosco o «tablao de la música», su utilidad en unos tiempos que no disponíamos de una distracción mejor que la de escuchar música, de la Banda Municipal, sus conciertos los domingos por la mañana en invierno, y las noches de los sábados y los domingos en primavera y verano. Años más tardes, en la década de los sesenta, supimos como hechos consumados, la decisión de la corporación municipal de entonces, de sustituir el «Tablao», por una fuente que se llamó «Las Ninfas». Las razones o motivos que impulsó a aquella corporación a cambiar la ornamentación nunca llegamos a saberlas. Aunque con enfado y decepción lógica por parte de la ciudadanía, una vez se instaló la fuente, se aceptó de buen grado. De un desacierto mayúsculo, podemos reconocer el acierto de la fuente, sobre todo de noche iluminada, le dio un cierto aire de gran Salón. Sin embargo se criticó en su momento, -y manifiesto rotundamente mi enfado-, cuando quitaron los famosos y cómodos poyos, con el argumento de que había que dejar zonas para que aparcasen los coches. En esa época de los sesenta me consta que había un número escaso de vehículos, y por culpa de cuatro coches que entonces circulaban por Écija, sabemos cuál fue el resultado negativo para el futuro: se metieron los coches en el entorno de la Plaza, y se acabó todo lo confortable y vistoso que fue el Salón de nuestros desvelos. Actualmente se ha vuelto al principio de la historia, los coches no pueden entrar al salón, salvo los vehículos de cargas y descargas, o el ciudadano que tenga su residencia en el susodicho Salón. Medida que me ha parecido acertada, naturalmente.

-SEGUIREMOS…