Memorias PAco Rodriguez Ecija

MIS MEMORIAS Y RECUERDOS -XII (Década de los 50)
MI VIDA LABORAL EN EL REGISTRO DE LA PROPIEDAD
Autor: Paco Rodríguez – 2020.

Paco Rodriguez Ecija

Este organismo, en aquél tiempo, se titulaba: REGISTRO DE LA PROPIEDAD DEL PARTIDO JUDICIAL DE ÉCIJA Y OFICINA LIQUIDADORA DEL IMPUESTO SOBRE LOS DERECHOS REALES. La sede la tuvo en la calle Sor Ángela de la Cruz número 19. Era su titular responsable del control y gestión, en la época a la que me refiero, El Registrador de la propiedad Colegiado, DON GINÉS CÁNOVAS COUTIÑOS, natural y vecino de Madrid. En aquél entonces fueron sus empleados: DON PLÁCIDO DUGO YAMUZA, DON JOSÉ DUGO YAMUZA, DON ANTONIO DUGO SERRANO Y DON JOSÉ MARTÍN TIRADO, éste actuaba como Registrador de la propiedad sustituto, en ausencia del titular. El horario de oficina fijado era de 9,00 en punto de la mañana, hasta las 15.00 de la tarde en punto, ni un segundo antes ni después; al sonar la campana del reloj del Ayuntamiento, comenzaba y terminaba la jornada de trabajo.

Como quiera que Antonio Dugo se incorporaba al entonces servicio militar obligatorio, se planteaba la necesidad de buscar a alguien que, con la categoría de meritorio, desarrollara algunas de las funciones que hacía Antonio, consistentes en: a), ir por el apartado de correo diario; b), gestiones en los bancos, notarias o cualquier otro organismo de Écija (Ayuntamiento, Juzgados etc…), c), aquellas otras funciones que se le encomendaran en la propia oficina, como, las de realizar anotaciones en libros, o la búsqueda de documentos en el archivo del Registro de la Propiedad…

Para tales funciones mi tío, José Martín Tirado, con la conformidad de los demás compañeros del Registro, propuso mi incorporación, mientras durase la ausencia de Antonio. Así fue, y en la primera semana del mes de marzo del año 1956, comenzó mi andadura como meritorio en la Oficina, bajo la tutela y control de Martín Tirado, quién me orientaría en tales tareas. En consecuencia, durante el período comprendido entre Marzo a los primeros días de septiembre, del mismo año, mantuve el tipo, con los errores y algún que otro despiste, propios de la edad y los lógicos de la inexperiencia, aunque carentes de importancia, los cuales eran subsanados sin mayor problema; las muchas ganas e interés de aprender por mi parte, y con toda la constancia de que era capaz. Con la paciencia de Martín Tirado y la perseverancia de los hermanos Plácido y Pepe Dugo, intenté aprender, me convertí en una especie de esponja que captaba todo lo que me decían, poniendo la cabeza y el alma en cada gestión. Aquello llegó a gustarme, a pesar de la férrea disciplina que Martín Tirado me imponía, incluso, a pesar de todo, me entusiasmé con aquél trabajo, desarrollé mis dotes de mecanógrafo, adquiriendo más velocidad y limpieza en la escritura, requisitos sine qua non para llegar a ser un buen mecanógrafo, cuyas aptitudes serían tan necesarias para conseguir los objetivos que me fui marcando a lo largo de mi trayectoria en la administración privada o pública. Consecuencia de todo ello, que estaba progresando adecuadamente. en el segundo empleo de mi vida, dentro de las competencias que me asignaron, y conforme a la aptitud o capacidad que yo iba adquiriendo cada día. Como cuestiones, que quiero compartir en estas memorias, respecto del Registro de la Propiedad, y funcionamiento de las Oficinas en aquellos años, en los que la tecnología y el progreso solo había llegado a la máquina de escribir, que aún se utilizaba muy poco, pues las anotaciones en los Libros se hacían de forma caligráfica y de forma literal, pasando al libro el documento notarial o privado, utilizando pluma y tintero: ¡NADA MÁS!. Tranquilidad y sosiego en la escritura, para no cometer errores que no pudieran ser enmendados. Era requisito necesario tener una buena caligrafía, lo que se suele llamar un buen pendolista, persona que tiene buena letra. O sea, “despacito y con buena letra”. Los tres empleados del Registro de la Propiedad, poseían una caligrafía muy personal: preciosa, tipo “bolina” o sea, una fuente condensada clásica con trazos variables delgados y gruesos, con muchos arabescos, pero muy legible y clara su lectura. Así era la caligrafía de PLÁCIDO DUGO, digna de admiración, extremo que se puede comprobar examinando las anotaciones manuscritas en los libros-registros de los años cincuenta). Así mismo, tanto la caligrafía de PEPE DUGO, como la de JOSÉ MARTÍN TIRADO, eran digna de admirar, ambas con inclinación a la izquierda, sin adornos ni arabescos desde luego, pero con una grafía muy personal. Su disciplina y estilo de trabajo eran siempre las mismas: sentados en sus respectivas mesas, con los ojos puestos en el documento que tenían que copiar en el libro, introduciendo la pluma en el tintero, para poder escribir, con el utensilio al lado, llamado “secante”, que pasaba sobre lo escrito, unido al sonido del rastrear de la pluma al escribir sobre el papel, así como el golpecito del “secante”, eran los únicos ruidos que se escuchaban en el salón del local, donde estaban puestas las mesas. No había charla alguna entre ellos, ningún comentario ni discusión o debate. Solo se escuchaba algo más de charla cuando acudía a la oficina, alguna persona para interesarse por cualquier asunto, o solicitar alguna nota registral. Mínima conversación: “hola, -sí, -no, -quizás, -vale, -de acuerdo, -adiós”- Ese era el diálogo entre el empleado y el demandante del servicio. Quizás un garraspeo o el sonido de una tos inoportuna, un estornudo, con una respuesta verbal -¡¡“Jesús!!”- -“¡¡gracias!!”-, o el ruido de una silla al arrastrarla…etc.- Así era el funcionamiento de la Oficina; de esa manera estaba estructurada; era la norma de cada jornada. Lo presencié durante los meses que he dicho al principio. Quizás parezca increíble, y máxime en los tiempos que corren de tanta tecnología punta. No exagero; y es que, en aquél entonces se trabajaba con disciplina, por lo tanto se rendía más y había menos atraso en la tramitación de los expedientes. La vida laborar en el presente, es otra cosa, no se pueden establecer comparaciones, estamos en diferentes épocas, Saqué buena enseñanza a mi paso por el Registro de la propiedad. En mi mente tengo buenos y positivos recuerdos de aquella experiencia.

HOMENAJE a la memoria del Registrador de la Propiedad, DON GINÉS CÁNOVAS CAUTIÑO y de DON PLÁCIDO DUGO YAMUZA, DON JOSÉ DUGO YAMUZA DON ANTONIO DUGO SERRANO. Personas buenas, honestas, muy inteligentes, competentes, cumplidores de su deber para con el público; MENCIÓN ESPECIAL por cuanto hicieron y dejaron hecho. No me consta que se haya hablado o escrito absolutamente NADA sobre el significado é importancia de un Organismo esencial en la sociedad ecijana, como es el REGISTRO DE LA PROPIEDAD, de su carácter y funcionalidad, así como de sus primitivos empleados. Lo que significó y significa para el servicio de los ciudadanos. A estas alturas de mi vida, no espero presenciar o leer algo al respecto, por ninguna de las instituciones o asociaciones culturales, especializadas en hablar de las COSAS DE ÉCIJA. El que suscribe, como testigo privilegiado, y trabajador temporal en el susodicho Organismo, se ve en el deber moral de exponerlo aquí, en estas “MIS MEMORIAS” del año 1956, lo que hago con sumo placer.

REFLEXIÓN FINAL, MI TIO JOSÉ MARTÍN TIRADO.- A él debo cuanto aprendí, por mor de las lecciones que me daba. Le debo una parte muy importante de cuanto he llegado a ser en esta vida. Él predicaba con el ejemplo: la puntualidad fue su norma en el trabajo. La constancia, la seriedad, la formalidad, honestidad, eficacia y coherencia, su DOCTRINA, que fueron captadas casi al 70% por el que suscribe, desde el primer momento que comencé a trabajar a su lado, hasta que, a la edad de veintitrés años, aprobé las oposiciones a la Administración de Justicia y conseguí plaza en el Juzgado de 1ª Instancia é Instrucción de Écija. Traté de seguir un modelo de conducta como la suya, que me marcó de por vida, pero de una manera íntimamente satisfactoria. Siempre le estuve agradecido por su gesto y comportamiento para conmigo hasta que se lo llevo Dios. Aún después, me he sentido alagado, cuando en algunas ocasiones, se me ha censurado mi seriedad o carácter fuerte e implacable, que adquirí del trato con él. Martín Tirado, tuvo una personalidad diferente al resto de la gente, -valga el pareado- Era todo corazón y bondad, a la vez que cumplidor de cuanto prometía, aunque le costase la incomprensión de algunas personas que no llegaron a entenderlo. Diariamente, cada mañana, a las 8 en punto, entraba en la Oficina y preparaba la tarea de cada uno de los empleados, que entraban como ya he dejado escrito, una hora posterior. Algunas tardes, aunque no tenía la obligación, también acudía al Registro a despachar cuestiones que hubiesen quedado sin acabar en la jornada.

Después de su jubilación, y unos meses antes de fallecer, le fue concedida por el Ministerio de Justicia, la Medalla de la Orden de San Raimundo de Peñafort, por los méritos contraídos en su dilatada vida, como empleado en el Registro de la Propiedad y Oficina Liquidadora del Impuesto sobre Sucesiones y Actos Jurídicos Documentados. Manejaba la Ley Hipotecaria y su Reglamento, como nadie ha sido capaz de interpretar. Incluso acudían a él, a consultarle, abogados y procuradores de la Ciudad. algún Notario me consta que llegaba a consultarle alguna que otra duda interpretativa.* CONDIÓ EXCMO. SR. DON JOSÉ MARTÍN TIRADO. GRACIAS POR TODO. DESCANSA EN PAZ.

-CONTINUARÁ el siguiente Capítulo.- “EN EL JUZGADO”.-