Por D. Vicente Duran Recio ( 255 Biografías de Autores Ecijanos 1992 )

Uno de los periodos mas interesantes de nuestra historia es el comprendido entre los siglos XVI y XVII. Acontecimientos tales como la invención de la imprenta, el Descubrimiento de América y la configuración definitiva de la clase burguesa, de indudable trascendencia, abren un nuevo mundo al escritor de la España del Renacimiento.

Tras unos titubeos prerrenacentistas de los escritores del siglo XV, la obra del poeta toledano Garcilaso supone la renovación estética de las letras españolas. Sus escritos sirven de luz y guía a la mayoría de los poetas del momento.

En Andalucía y, por ende en Écija, surge en la segunda mitad del siglo XVI una corriente estética con reivindicación de un nuevo lenguaje poético. Su primer gran impulsor es el sevillano Fernando de Herrera que, junto con otros poetas andaluces, abre nuevos rumbos para la poesía española. Esta corriente es continuada, años mas tarde, por la Escuela Antequerano-Granadina y será el camino que llevará al poeta cordobés Luis de Góngora al renacer de la poética futura española.

Sevilla se erige en el siglo XVI en el centro cultura y humanístico mas importante de España. Allí, gracias a los ricos comerciantes que se convierten en mecenas, se reúne lo mas selecto del mundo poético de la época y aparece la famosa Escuela de Gramática que, mas tarde, se convierte en la Academia Museo de Juan de Mal Lara. De estas reuniones, y bajo la dirección de Fernando de Herrera, nace lo que mas tarde se llamaría Escuela Sevillana.

Posteriormente, un nuevo grupo de poetas se da cita en la tertulia del pintor Pacheco y otros lo hacen en Casa de Pilatos, protegidos por el Marques de Tarifa. Estos poetas y escritores son los precursores de una de las revoluciones poéticas mas interesantes de nuestra historia literaria.

Este ambiente cultural y humanístico también invade los círculos literarios y culturales ecijanos en lo que, aparte de escritores religiosos, teólogos, oradores, epistolarios, jurisconsulto, etc. Aparecen otros escritores que hacen sentir esta nueva influencia en el ámbito cultura local y cuya obra alcanzará renombre en toda España, son poetas, escritores como Garci Sánchez de Badajoz, los hermanos Vélez de Guevara, Diego y Luis, Cristóbal de Tamariz o Diego Dávalos y Figueroa.

En el siglo XVII esta corriente literaria Sevillana continua forjando brillantes poetas y escritores de Écija, destacando entre otros Juan Cobaleda, Bartolomé de Góngora, Ana Delgado e Hinojosa y Baltasara Riquelme.

- BIOGRAFÍA DE AUTORES DE ÉCIJA DEL SIGLO XVI -

AGUILAR, Antonio de
Famoso predicador del siglo XVI, nació en Écija, profesó en la Orden Seráfica y fue dos veces Comisario General de la misma. Fue Confesor de la Infanta María, hija de Carlos I y de otros personajes y de otros personajes de la familia real a petición del Emperador Maximiliano, en Atención a su “reconocida ciencia, virtud y prudencia…”.
  AGUILAR, Francisco

Nació en Écija, vistió el hábito de San Agustín en Valladolid y profesó el 5 de Abril de 1558. Prior de Lérida y Catedrático de Teología y Sagrada Escritura en la Universidad Ilerdense. Escribió “Libro de Indulgencias y Gracias Concedidas por Ntro. muy Santo Padre Gregorio XIII y por Otros Sumos Pontífices a los Cofrades de la Correa del Glorioso Padre y Bienaventurado Doctor de la Iglesia de San Agustín…” (Barcelona 1.584)

  AGUILAR, Jerónimo de
Nació en Écija. Se ordenó in sacris y marcho a América en una de las primeras expediciones organizadas para la conquista de aquel territorio. En su viaje a Santo Domingo naufragó en las costas de Catoche. Los indígenas se apoderaron de los supervivientes, inmolaron a la mayoría y aplazaron el sacrificio de Aguilar a causa de su flaqueza.
Ocho años vivió entre los indios, aprendiendo durante este tiempo la lengua de la tierra. Fue rescatado por Hernán Cortés al que le prestó sus servicios como intérprete, junto a la india Malinche, durante la conquista de México, sobre todo con los indios de Tabasco. Después de la conquista se estableció en México, donde ocupó importantes cargos y colaboró en diversas expediciones militares, siendo además el primer hombre que evangelizó en el Continente en lengua indígena, dedicado sobre todo a la enseñanza Mariana para la que se valió de la imagen que Cortés llevaba en su expedición: la Virgen de Guadalupe, posteriormente, advocación de la patrona de México y de la Hispanidad.
Parece que algo debió escribir acerca del chocolate, puesto que el Conde de las Navas en su artículo ELABORADO A PUÑO insertó en “Cultura Hispano-Americana”, nº 9, asegura ser Aguilar el que dio noticias relativas al haba del cacao, antes que nadie en la península Ibérica y en el resto de Europa. Falleció hacia el año 1.526.
  BERMUDO, Juan.

Nació en Écija, tomó el hábito de San Francisco y nunca abandonó la pasión que sentía por la música. Escribió el LIBRO DE LA DECLARACIÓN DE LOS INSTRUMENTOS MUSICALES (Osuna, imprenta de la Universidad, 1.549), reimpresa en Granada en 1.555 y dedicada al Rey Don Juan III de Portugal.

  CANO, Domingo.

Nació en Écija el 21 de Marzo de 1.564. Profesó en la Orden de Santo Domingo. Fue regente de su convento y del Colegio de Santo Tomás de Sevilla. Provincial de Andalucía y Predicador y Confesor del rey Felipe IV, ayo del Príncipe Don Carlos, Consultor de la Suprema Inquisición y Obispo de Cádiz después de renunciar a la mitra de Puerto Rico. Sobresalió en el ejercicio de la predicación y falleció en el año 1.639.

  CARRILLO, Esteban

Nació en Écija. Pasó a Filipinas en el año 1.598 donde fue Prior de Dumaqueque y luego, Definidor y Procurador de las misiones Agustinas al Japón. Fue de los primeros oradores de Manila y, según el escritor Elviro Pérez “dejó al regresar a España un vacío en la Cátedra Sagrada difícil de llenar…”. Falleció en el año 1.617.

  CÓRDOBA, Sor Beatriz de.

Nació en Écija. Fue monja del Convento de los Remedios, poetisa y periodista. Su obra UNA RELACIÓN O DIEGO DE MENDOZA, REGIDOR DEL AYUNTAMIENTO ECIJANO, se conserva como un documento preciado en el Departamento de manuscritos del Museo Británico de Londres y se trata de una crónica periodística en la que se mezclan el verso y la prosa con un excelente estilo informativo y un inspirado sentir poético.

Los versos de Sor Beatriz se leían en los conventos ecijanos, sevillanos y en las tertulias literarias de la época de Lope de Vega.

  CORVERA, Bernardino.

Los padres Ortega y el señor Moreno de Guerra difieren en la fecha del nacimiento, pues mientras el primero la supone en 1.585, el segundo señala el 15 de Junio de 1.581, añadiendo que tomó el hábito de San Francisco en el Convento de Écija a los quince años de edad y profesó un año después, el 6 de Junio de 1.595, en el que no debía de tener más de catorce años. El padre Ortega fija la profesión en 1.597, o sea, a los doce años, lo que parece algo mas difícil. También difieren en el nombre profano, llamándole Moreno de Guerra, Martín de Villa Alta y Corvera y el Padre Ortega, Díaz de Ojeda y Corvera Villa Alta. Ambos convienen en la fecha y lugar del fallecimiento, acaecido el 16 de noviembre de 1.952 en la casa que, en el Patio de Banderas del Alcázar de Sevilla, habitaba el caballero genovés Nicolás de Prato.

Escribió SPECULUM PERFECTIONIS ET EXERCITIA VIRTUTUM PRO SANCTIMONIALIBUS (Sevilla, 1.647, Nicolás Rodríguez, en 8ª), “hermoso tratado místico que no desmerece de los grandes escritores del Siglo de Oro, tanto por su doctrina como por su estilo…” (REvista Archivo-Ibérico-Americana, 1.916).

  DAVALOS Y FIGUEROA, Diego

Hombre de espíritu aventurero, abandonó Écija, su ciudad natal y emigró a Perú, donde sus versos conquistaron merecida reputación. Publicó el libro MISCELANEA AUSTRAL (Lima, 1.602 y 1.602), que consta de cuarenta y cuatro diálogos entre Delio y Cilena, nombre que encubre el de su propia esposa, doña Francisca de Briviesca y Avellano. Trata esta obra de Historia, de cosmética femenina y de otras materias sin conexión. Sigue una traducción de las LAGRIMAS DE SAN PEDRO por Tansillo, asunto que enterneció a los poetas españoles de los tiempos clásicos; un elogio de Écija y otro de la lengua toscana y un poema en octava distribuido en seis cantos y titulado DEFENSA DE DAMAS.

Logró este libro grandes elogios de los mejores literatos, y en la Antología de Poesía Lírica (Edición de la Academia, tomo I, Pag, 83), se inserta un soneto extraído por él.

  DELGADO, Francisco

Religioso astigitano. Catedrático y Provincial de muchísimos méritos, a quien llama Florindo “Maestros de los Maestros”. Fue un eminente predicador y teólogo.

  DELGADO, Francisco

Sobrino del anterior, religioso astigitano como él, adquirió no menos justo renombre de teólogo y predicador ya entrado en el siglo XVII.

  ÉCIJA, Luis de.

Predicador y famoso humanista nacido en Écija, mereció singular estima del célebre Fray Luis de Carvajal. El Padre Ortega dice de él: “Fue Guardián de Sevilla de 1538 a 1544, Definidor Provincial desde 1540 a 1541 y de 1551 a 1553 y dos veces Ministro Provincial, desde 1544 a 1548 y en al año 1556. Cuatro meses después de su último nombramiento falleció en Martos (Jaén)…”.

  ESPINOSA, Juan de.

Nació en Écija, Profesó en la Orden de San Francisco y sobresalió en la Oratoria. Por sus virtudes fue nombrado confesor de la Infanta María, hermana del Rey Felipe II.

  FERNANDEZ PORTOCARRERO, Alonso.

Nació en Écija, fue un brillante militar que tuvo el mando de una de las naves que formaron parte de la expedición de Hernán Cortés en la Conquista de México. El célebre conquistador lo nombró primer Alcalde de Vera Cruz. Aunque se desconoce la fecha de su muerte, al igual que la de su nacimiento, se cree que murió a principios del siglo XVII, aunque nosotros pensamos que debió ser antes, dado que las cartas escritas por Hernán Cortés a la Reina Juana y a su hijo, Carlos V, tomadas de un códice de la Biblioteca Imperial de Viena, hace referencia textualmente “… y acordado por nosotros esto, elegimos por nuestros Procuradores a Alonso Fernández Portocarrero y a Francisco de Montejo, los cuales enviamos a vuestra majestad con todo ello, y para que de nuestra parte beses sus reales manos…”. Esta carta la firma el propio Hernán Cortés, nombrando Procurador en su nombre y ante la reina a Fernández Portocarrero y esta fechada en la “rica villa de la Veracruz, a 10 de Julio de 1519”, por lo que parece poco probable que viviera hasta principios del siguiente siglo.

  HINESTROSA, Leonor de.

Nació en Écija y se casó con Don Tello de Aguilar, noble Mayorazgo de esta Ciudad. Dotada de singulares virtudes y clara inteligencia, mantuvo estrecha amistad con Fray Luis de Granada y el venerable Juan de Ávila. Escribió con el seudónimo de “Doña Leonor del Costado” (CARTAS ESPIRITUALES A FRAY LUIS DE GRANADA).

  MORALES, Juan Bautista.

Natural de la ciudad de Écija en el año 1.597. A los diecisiete años ingresó en el Convento de los Dominicos de San Pablo y Santo Domingo de Écija. Cursó los estudios de Teología y, siendo aún diácono, se afilió a la provincia misionera de Filipinas, incorporándose a la misión que salió de Cádiz en el año 1.629 rumbo a aquellas islas, vía México.

En México terminó sus estudios y se ordenó sacerdote. El año 1.622 salió de Acapulco para Filipinas. Desde este año hasta 1.629 ejerció el apostolado en aquellas tierras, viajando posteriormente al Reino de Camboja donde evangelizó hasta 1.633 que pasó a China lugar en el que desarrolló su labor de apostolado hasta 1.639, año en el que fue desterrado a Macao. En este mismo año regresó a Manila desde donde emprendió viaje a Roma en 1.640 para tratar de resolver ante la Santa Sede el problemas de los ritos chinos. Hizo el viaje por la India, países árabes y Mar Mediterráneo, hasta Italia, donde llegó en 1.643. Regreso a España en 1.644, completando así su viaje alrededor del mundo. Fue el primer dominico andaluz que dio la vuelta al mundo. Volvió a Filipinas y China en 1.648 y 1.649, donde misionó durante quince años hasta su muerte en 1.664.

Entre sus escritos se conserva el relato que hizo de su apasionante viaje de Filipina a Roma a través de India y los países árabes. Existe además un relato de su segundo viaje de España a Filipinas que transmitió, años mas tarde, Fray Domingo Navarrete, uno de los miembros que viajaba con el Padre Morales.

  NUÑEZ NAVARRO, Francisco.

Ilustre Astigitano nacido en el siglo XVI. Ocupó la cátedra de Teología en la Universidad de Osuna a principio del siglo XVII. Adquirió fama por su saber y por su dotes oratorias, “Tal es el gusto con que le escuchan, que toda la comarca lo quiere y a porfía quieren oírlo y lo llaman y no lo dexan”, dice un testigo contemporáneo (Andrés Florindo, en “Adiciones al libro de Écija y sus grandezas”, pag. 64).
Escribió las siguientes obras:
“Tratado de Presecto Evangélico de perdonar y amar a los enemigos, según cap. V. de San Mateo” (Sevilla 1.588)
“Sermón de la Purísima Concepción de la Virgen María. Predicado el 2 de Julio de 1.615 en el octavario de fiestas que se celebró en la iglesia parroquial de Santa Maria de la ciudad de Écija”. (Sevilla 1.615).

  PALMA, Diego de.

El autor Diego de Palma nació en Écija. Argote de Molina dice de él: “Teólogo de los muy famosos de este tiempo y grande hebreo, griego y latino”. Adornado con tan excelentes dotes, brilló entre las mas ilustres oradores sagrados del siglo XVI.

  REYES, Agustín de los.

Nació en 1.551 en Écija, estudió Artes y Teología en la Universidad complutense y profesó en la Orden Descalza de las Carmelitas. Sus conocimientos y virtudes “le merecieron el respecto de todos” (Varela “Proesas astigitanas”, pag. 152), llevándole a desempeñar los cargos de Rector en los colegios de Salamanca, Sevilla y Baeza; Catedrático de los dos primeros, así como en los de Granada y Osuna; Prior de Córdoba y Granada; y Definidor General dos veces de la provincia de Andalucía. Fue fundador de los conventos de Aguilar, Andujar, Bujalance, Écija, Jaén y Ubeda, en la mayor parte de los cuales fue prelado, así como en el Colegio de Sevilla. Era doctísimo en ciencias teológicas y gran conocedor de la doctrina de Santo Tomás.

  RIOS, Antonio de los.

Nació en la ciudad de Écija. Tomó el sayal de San Francisco y llegó a ser un notable orador sagrado. Conquistó tanta fama en el púlpito, que Florindo, en sus adiciones al P. Roa, lo proclama “elengantísimo predicador” , y se refiere Luis de Montoya que “era cosa maravillosa, no sólo en púlpito, sino en cualquier propósito y conversación de letras y costumbres” (Crónica General de San Francisco de Paula, 14ª, fol. 300) Soportó resignado una vida llena de penalidades.

  RIOS, Guillermo de los.

Este insigne teólogo nació en la ciudad de Écija en 1.568 e ingresó en la Compañía de Jesús en 1585, nueve años más tarde se embarcó para México, donde explicó Teología y Filosofía; fue Rector de Puebla y de Pazquaro, y murió en México en 1.635. Imprimió un sermón predicado por él en la iglesia de Puebla de los Ángeles en 1.621, con el título “Panegírico del Apóstol de las Indias”, y publicó “Los Triunfos, Coronas y Palmas de la Iglesia de Japón” (México 1.628).

  SANCHEZ DE BADAJOZ, Garci.

Se le consideró de origen extremeño, al tomar su apellido por nombre gentilicio. Para darle validez a tal hipótesis, se esgrimió con aires de formidable argumento la conocida estrofa de lamentaciones de amores:

Mérida que en las Españas
Otro tiempo fuiste Roma
Mira a mí;

que ni en fuerza de sutileza se podría estimar declaración, cuando el contexto se infiere que el elogio a Emérita Augusta no pasa de un término de comparación con sus penas. Con el mismo argumento se le podría juzgar natural de Babilonia, de Jerusalén de Constantinopla y de Troya, pues a todas estas gloriosas urbes evoca para que contrasten con el poeta a su presente abatimiento.
Garci Sánchez de Badajoz nació en Écija, como lo atestigua y afirma su contemporáneo Juan Aragonés, autor de los Doce Cuentos que Timoneda insertó al principio de su “Alivio de caminantes”.
En la crónica satírica de Carlos V, con mas o menos fundamento atribuida a D. Francesillo de Zuñiga se hacen dos curiosas menciones a Garci Sánchez de Badajoz, aludiendo en una a su naturaleza astigitana.
El mismo Vélez de Guevara se juzgaba paisano de Garci Sánchez (El Diablo Cojuelo, tranco VI).
Debió nuestro poeta pertenecer a elevada clase social. Así lo indica sus amistades D. Diego López de Haro, el Prelado D. Pedro de Cartagena, el Vizconde de Altamira y otros próceres que nos descubre el Cancionero General de Castilla.
Sombras espesas rodean al más trascendental y lastimoso suceso de su vida. De gentil y agudo ingenio, en discretas repuestas revelado, de festivo mozo, emprendedor y decidido, diestro en tañer la vihuela, tornose melancólico y dolorido, hasta caer en la locura. No es su pasión alambicamiento de trovador al uso de la escuela cortesana, ni frío y rebuscado galanteo, sino sincero y hondo sentimiento que, manando del corazón, se desborda por todo el espíritu hasta ofuscar la luz de la razón. La mujer amada, el absoluto dueño de su albedrío, es para Garci Sánchez el centro de la vida, la fuente única de inspiración. Podrían seguirse en sus poesías los sucesivos grados de tan profundo amor, mas arraigado e ingenuo que los de Petrarca y Dante, pues ni enloqueció el primero ni guardó tan severa fidelidad el segundo. Alaba a su adorada en los primeros ritmos y recuerda que “había jugado a los naipes con su amiga”, que esta “le pidió unas coplas en que leyese”; pondera la ventura de “su amiga había estado mala…”. Pero su amor no halla correspondencia, y entonces lúgubres pensamientos invaden el alma del poeta, desesperado empieza a pensar en la muerte, prediciendo que a ella le arrastrará la intensidad de su efecto:

Ansias y pasiones mías,
Presto me aveys de acabar,
Yo lo fío.

A los primeros días de esta primera fase corresponde el Sueño. “Una atmósfera de poética vaguedad y misterio lírico envuelve esta composición, en que Garci Sánchez, cual otro estudiante Lisardo, presencia en vida su propio entierro y oye a los pájaros cantar sus exequias y referirle su muerte” (Menéndez y Pelayo, Historia de la Poesía Castellana, III, 144).
Más tarde, pero todavía tranquilo, representa “Lamentaciones de amores”, tan estimada por Hernando de Herrera, que la reproduce en sus anotaciones a Garcilaso.
Pero el olejae pasional sube al cerebro y el poeta ya no discierne lo sagrado de lo profano; sus dolores exceden a los mayores que se hayan padecido. A continuación escribe ” Las Liciones de Job apropiadas a las pasiones del amor”, las cuales, no sin razón, escandalizaron a los moralistas y provocaron los rigores del Santo Oficio, que mandó expurgarlas en las ediciones del Cancionero General (Menéndez y Pelayo); y termina la triste trayectoria con el Infierno de Garci Sánchez y sus contemporáneos la acreditan, pero nadia ha fijado la época en que ocurrió la desgracia. ¿Quien la causó?. Tampoco lo sabemos de modo nominal. El poeta, acaso por veneración; quizá por respetos sociales, no estampa el nombre jamás. Sus coetáneos respetan el secreto, más Nicolás Antonio alza un apunta de velo y no descubre que la dueña del corazón de Garci Sánchez era una pariente del poeta. D. José Luis de Velázquez (Orígenes de la poesía castellana) fija ya el parentesco y por primera vez se dice que era prima del infortunado amante.
La locura de Garci Sánchez, mas que furiosa, parece haber sido dulce y a veces divertida. Lo comprueban las anécdotas, los dichos mas o menos graciosos, recogidos por sus coevos, Juan Aragonés, Timoneda, D. Luis Zapata en su “Miscelánea”; Lope de Vega, en su comedia “Quien ama no haga fieros”; D. Francisco de Portugal, en su “Arte de Galantería, etc, confirman que la dolencia no eclipsó totalmente los fulgores de tan selecto espíritu.
No menores tinieblas circundan los últimos días del trovador. ¿Dónde y cuándo falleció?. Posiblemente en Écija, pues allí residía por el año 1.525, si hemos de creer a la Crónica de Zúñiga; aunque el agustino Fray Jerónimo Román nos cuente en “República del Mundo” (1.575) una anécdota del vate con referencia a Jerez de los Caballeros, “adonde estaba de continuo después que tuvo esta enfermedad”.
No debió de acaecer mucho después de 1.525 la muerte del apasionado rimador. En el siglo XVIII, D. Vicente Nogueira, autor del Discurso sobre la lengua castellana, insinúa que se suicidó el poeta ecijano, parecer que modernamente sustentaba Carolina Micaelis de Vasconcellos y resolución no extraña en un enajenado.
La muerte, como único remedio a su violento mal, le preocupaba continuamente.
En unos versos, “recontando a su amiga un sueño que soñó”, exclama:

Ya los días no los vivo
Velo la noche cautivo,
Y, si alguna noche duermo,
Sueñome muerto en un yermo
En la forma que aquí escribo.

Después de finado, el trovador va a parar al Infierno del amor, donde se hallan sumidos otros treinta caballeros entre vivos y muertos, todos lamentando sus placeres en versos con frecuencia tomados de los escritos por cada uno de ellos.
La poesía de Garci Sánchez, decires, villancicos y demás composiciones, se reunieron casi todas en las varias ediciones del Cancionero General de Hernando del Castillo, desde la valenciana en 1.511 hasta la antuerpiense en 1.557. Las cuarentas poesías allí esparcidas se contienen en la edición de los Bibliófilos madrileños en 1.882.
El Hispanista doctor Hugo A. Rennet, de la Universidad de Filadelfia, publicó un Cancionero, que se guarda en el British Museum, y en el cual se registran treinta y ocho poemistas de Garci Sánchez, todos de los incluidos en el Cancionero del H. del Castillo.
En el Romancero General publicado el pasado siglo por el señor Durán, se incorporan, tomados del Cancionero General y del de Romances, dos composiciones en octosílabos pareados, que comienzan, la una:

Caminando por mis males……

Y la otra:

Despedido de consuelo.

Asevera D. Nicolás Antonio que en una casa del conde Villaumbrosa había existido un manuscrito con el título Obras Poéticas de Garci Sánchez de Badajoz.
Acaso esta colección sea el Cancionero del que decía el señor Menéndez y Pelayo haber oído hablar, y Bonilla, que, según sus noticias, había sido hallado y se publicaría en breve, cosa que se ignora si sucedió.
Los créditos del poeta astigitano han resistido a la crítica y al tiempo. La verdad es que ningún vate de su tiempo le aventaja en elegancia, donaire y sinceridad de afectos. Cristóbal del Castillejo, en su composición “Contra los que dejan los metros castellanos y siguen los italianos”, los elogia en estos malos versos comparativos:

Porque en solas mis lecciones,
Miradas bien sus estancias,
Que Petrarca y sus canciones
Queda atrás en elegancias.

Pero el autor, sea quien fuere, del “Diálogo de las lenguas”, las coplas de Garci Sánchez “se cuentan entre las que tienen mejor estilo”; Herrera cita las Lamentaciones; Lope de vega escribe en el prólogo de su poema Isidro: “¿Que cosa se iguala a una redondilla de Garci Sánchez o de D. Diego de Mendoza?”; Velázquez, en sus ya citados orígenes, estima a Garci Sánchez igual en la pureza del estilo con Manrique; para Quintana, “escribió las coplas con mucho calor y agudeza”; en fin, Menéndez y Pelayo (Historia de la poesía castellana) le dedica amplio estudio por juzgarle uno de los diez o doce “que merecen campear aparte y salir de la turba en que andan confundidos”. Y así todos lo críticos contribuyen a consolidad la fama de esta poeta, que según J. Ramón “no lo pudo haber mejor en tiempos de los Reyes Católicos”.

Creemos que Garci Sánchez de Badajoz, nació en 1.460 y murió en 1.526.

  TAMARIZ, Alonso de.

Hijo de Jerónimo de Carmona Tamariz y de Ana de Torrres, nació en Ecija el año 1.578. Por su reputación de consumado teólogo, el autor de la Historia del Colegio de Santo Tomás dijo: “Penetró en las obras del Doctor Angélico y de su gran expositor el Cardenal Cayetano, supo el Derecho Canónico, la Sacra Biblia y sus glosas y así llegó a ser el oráculo de este ciudad”. Rigió el citado colegio.

  TAMARIZ, Cristóbal de.

Aunque no hay datos suficientes par determinar el lugar de nacimiento de Cristóbal de Tamariz, la circunstancia de llevar un apellido netamente ecijano, la de figurar en los libros universitarios de la época varios estudiantes llamados Tamariz, todos de Écija, y el hecho de vivir en Sevilla, se cree justificada la condición de ecijano a falta de prueba documental.
Fue fiscal de la Inquisición en Sevilla a mediados del siglo XVI y publicó en poema, cuyos ejemplares hay son muy raros, titulado “Historia de los santos mártires de la Cartuxa que padecieron en Londres” (Sevilla, 1.584). Se trata de un poema, cuyo asunto claramente indica su título, compuesto de dieciseis cantos y escritos en octavas.

  TAMARIZ, Domingo.

Hijo de Diego Bernal y Juana Carmona, nacio en la ciudad de Écija el 20 de Enero de 1.557. Se trasladó a Sevilla, ingresó en la Orden Dominica y llegó a ocupar el puesto de Rector del Colegio de Santo Tomás. Dejó escritas traducciones latinas.

  VELEZ DE GUEVARA, Diego.
Hijo del escrito Diego Velez de Dueñas y de Doña Francisca Negrete y Santander, nació en la ciudad de Écija y se bautizó en la parroquia de San Juan Bautista el 17 de Marzo de 1.586. Era hermano del insigne escritor Luis Vélez de Guevara.
Las nobles aficiones de su padre se transmitieron al hijo, del cual nos queda alguna muestra literaria, aunque debe presumirse producción mas extensa de lo que, o por la poca estima que le diese el autor, o por no haberla perpetuado por la imprenta, se conoce hoy, pues todo se reduce a un soneto a su hermano Luis, impreso en el Elogio del Juramento del Principe Don Felipe, y a otro soneto en la segunda parte de las Flores de Poetas Ilustres de España, ordenado el 1.611 por D. Juan Antonio Calderón (Sevilla, 1986). Por este segundo soneto sabemos que era licenciado.
Diego llama a su hermano Lauro, pues este era su nombre poético. La comedia “El Águila del Agua”, que autógrafa se conserva en la Biblioteca Nacional, y que se publicó en la Revista de Archivos (1.904), termina así:

Pidiéndonos Lauro, Senado.
Perdón de las faltas todas.
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  VELEZ DE GUEVARA, Luis.

Nació el eminente escritor en la ciudad de Écija el año 1.579 y se bautizó en la Parroquia de San Juan Bautista el día 1 de Agosto del mismo año. Fueron sus padres el licenciado Diego Vélez de Dueñas y Doña Francisca Negrete y Santander, por lo que su verdadero nombre era Luis Vélez de Negrete o de Santander, con que firmó sus primeras producciones, y no de Guevara. Parece que el cambio de apellido debió de verificarse, según Pérez y González, en 1.603.
Emprendió estudios y se graduó de Bachiller por la Universidad de Osuna en 1.596, recibiendo gratuitamente la investidura a causa de su pobreza. Pasço después al Servicio del Cardenal Don Rodrigo de Castro en Sevilla; pero falleció éste el 20 de Septiembre de 1.600 y Vélez de Guevara se quedó sin emplo ni apoyo alguno. Resolvió entonces marchar a Italia, donde sirvió en el ejército del Conde de Fuentes. En unión de Andrea de Oria se embarcó para Argel y no regresó a Valladolid hasta el año 1.603, fecha en que, con el ánimo más tranquilo, hubo de consagrarse a las musas, pues en este año escribió para el Vieje entretenido de Rojas un soneto, otro para Lope de Vega, que este insertó al frente de sus Rimas, publicadas en Sevilla 1.604, y su comedia ” La Serrana de la Vega”.

A partir de esta fecha no son tan seguros los datos de su vida; sin embargo, puede afirmarse que por entonces debió contraer el primero de sus matrimonios, pronto deshecho por la temprana muerte de su esposa. Don Gracia de Salcedo y Coronel alude a este triste suceso en una canción fúnebre incluida en sus “Cristales de Heliconia”(Madrid, 1.649). Algún biógrafo sospecha que, fruto de este primer enlace, hubo de ser el D. Francisco Vélez de Guevara, autor de varias compañías. En 1.606, según escribe su hijo, “Volvió la corte a Madrid y él la siguió, viviendo en ella hasta su muerte”. La publicación de un folleto en 1.606, titulado “Elogio del Juramento del serenísimo Príncipe D. Felipe Domingo IV de este nombre por D. Luis Vélez de Guevara, criado del conde de Saldaña”, ofrece dos particularidades dignas de mención:

La primera, el cambio de apellido y la segunda denominarse criado de Saldaña.

La transformación del nombre pudo obedecer a un impulso de vanidad toda vez que el apellido Guevara, famoso en nuestra nobleza, venia usándose desde el siglo XVI escribía, había llegado a la grandeza, ostentando el título condal de Oñate, que gozaba desde los días de Enrique IV.

Mayor dificultad ofrece averiguar cuando nuestro dramaturgo entro al servicio de la casa de Saldaña. En 1.608 debía de llevar ya algún tiempo, pues, según un documento publicado por D. Cristóbal Pérez Pastor, díole el Conde, el 10 de Septiembre de dicho año, poder cobrarse 400 ducados el día 10 de abril de 1.610, crédito que hubo el interesado de transferir a Francisco Diez de Losada, en atención a lo largo del plazo. En el mismo año de 1.608 contrajo segundas nupcias con Doña Ursula Ramisi o Ramisil Bravo, digna señora que también hubo de fallecer a los pocos años, pues en 1.617 no figura su nombre al frente de una comedia. Vélez de Guevara, según costumbre de la época, encabezada cada obra teatral con la misma invocación; Jesús, María y José, pero a estos agregaba otros nombres, cuya explicación no es difícil. Así, por ejemplo, en la titulada “El Conde Don Pedro Vélez” se leen los siguientes nombres: Jesús, María, José Luis, Ursula, Francisco, Juan, Antonio, Ignacio. Luis es su propio nombre; Ursula, el de segunda mujer; Juan, el de uno de sus hijos, nacido el 9 de febrero de 1.611; así como Antonio es el de otro, cuya partida de nacimiento lleva la fecha de 1 de Enero de 1.613, e Ignacio el del último.

En la comedia “El Rey en su imaginación” no se lee más nombre que el suyo; pero en las jornadas segunda y tercera aparece uno nuevo, Ana, correspondiente a la tercera mujer de Vélez, Doña Ana del Valle, con la cual casó en los comienzos del año 1.618 y de la cual tuvo otra hija, Francisco Luisa, cuyo nacimiento debió costar la vida a la madre, pues la partida de defunción de esta corresponde al 20 de Noviembre de 1.619. Pocos años después, adscrito al servicio del marqués de Peñafiel, aprovechó la circunstancia de su hermano Don Fernando para solicitar de éste un cargo de gentil hombre. Así lo pedía su memorial en décimas, pero no le valieron las musas, pues parece que solo le nombró hujier temporero del Príncipe de Gales, cargo que, por insignificante, no debió de satisfacer a Vélez, quien tomó a broma el asunto, escribiendo el soneto que comienza:

¡Cancerbero del Príncipe de Gales¡
¿En que pecó mi padre ni mi agüelo?

La marcha del Príncipe dejo de nuevo a Vélez sin recursos. A pesar de lo que cuentan algunos biógrafos del favor que alcanzó del Rey Felipe IV, Luis Vélez vivió siempre pobre.
El 25 de noviembre de 1.624 entró en Madrid el archiduque Don Carlos, tío del Rey, y por mediación del Conde-Duque de Olivares pasó nuestro poeta a desempeñar el cardo de mayordomo cerca de aquél, mas no pudo disfrutar mucho tiempo del honor; su mala fortuna quiso que el 23 de septiembre falleciese el Archiduque de un hartazgo.

No escarmentado de la escasa fortuna de las musas, dirigiose nuevamente el rey con un memorial en verso, escrito en febrero de 1.625, donde hace mención de sus servicios, solicitando una plaza de guardarropa en Palacio, y, como consecuencia, obtuvo el nombramiento de hujier de cámara, sin sueldo, pero con los gajes de casa, medico y botica, cargo que juró el 4 de abril de 1.625.

Vélez de Guevara se vuelve a casar el año 1.626, esta vez con una joven viuda, llamada doña Maria López de Palacio, de la cual tuvo varios hijos, siendo la primera una hembra que vio la luz el año siguiente de su matrimonio. Desde entonces transcurre tranquila su vida, endulzada con la pensión de 200 reales mensuales que el Rey le concedió en atención a sus frecuentes demandas.

En enero de 1.636 un arrendador de teatros le da 500 reales a titulo de préstamo a cuenta de una comedia.

El 1.641 publicó “El Diablo Cojuelo”; en 1.642 cedió la plaza de hujier a favor de su hijo Juan y siguió escribiendo con apuros económicos hasta su fallecimiento, ocurrido el 5 de noviembre de 1.644.

Pérez de Montalbán, en su “Para todos”, publicado en 1.632, dice que Vélez de Guevara había escrito mas de 400 comedias.

Las obras teatrales de Vélez de Guevara se caracterizan por la riqueza de la invención, la amplitud de los argumentos y el extraordinario aparato escénico.

Buena prueba del merito de sus comedias, además del aplauso del publico y la sanción de la critica, es que eminentes autores las imitaron o plagiaron, como hizo Rojas con la Luna de la sierra para su garcía del castañar, y Calderón con La niña de Gómez Arias.

Una de sus obras, El Pleito del Diablo, en colaboración con Rojas y Mira de Mescua, fue prohibida por la Inquisición. Hay que admirar en Vélez de Guevara, autor de tantas obras dramáticas, la originalidad y la facilidad de su inventiva, la justa interpretación del espíritu nacional, el arte singular con que trata el drama histórico, mejor que ninguno de sus contemporáneos; la propiedad con que dibuja los caracteres, la habilidad en conducir la acción y despertar el interés del publico; la gracia nativa, jamás afectada; el feliz empleo de los elementos populares (refranes, cuentos, coplas, tradiciones…) y la verificación, por lo general fluida y armoniosa, aunque no pudiera en absoluto sustraerse a las imposiciones del tiempo.

Más acertado que los dramaturgos del siglo XIX, supo sin patrioterías extemporáneas, hacer hablar al alma nacional con sus mas nobles acentos.

Ni sus poesías que denotan gran ingenio, ni sus comedias que llegaron a ser de una técnica perfecta, dieron a Luis Vélez de Guevara, tanta fama como le dio una sola novela satírica de costumbres, titulada El Diablo Cojuelo.

Esta obra dada a luz en 1.641 es, como dice Ticknor, la mas picante y animada entre todas las sátiras en prosa de la literatura moderna. La originalidad del pensamiento y el acierto en la ejecución colocan a el Diablo Cojuelo en primera línea dentro del cuadro de las novelas del siglo XVII y figura por derecho propio entre nuestras joyas literarias.

  VIDAL, Alonso.

Nació en la ciudad de Écija, donde vistió el sayal franciscano en el convento de San Antonio. Muy pronto obtuvo fama de gran orador, pues daba “con su predicación ejemplo de virtud y ciencia” (Varela, Proezas astigitanas, pág. 156).

Por su talento, la Orden Franciscana le encomienda algunos cargos de responsabilidad y el Rey le propuso para obispado de Lipari, que gobernó con prudencia durante diecisiete años hasta su fallecimiento a los ochenta años de edad.

  VILLACRECES Y AGUILAR, Antonio de.

Nacido en la ciudad de Écija en la segunda mitad del siglo XVI, fue un gran jurisconsulto y sus créditos en el foro lo exaltaron a Oidor de la Chancillería de Guatemala, donde prestaba servicios por el año 1.632. Don Andrés Florindo, al hablar de los astigitanos ilustres, entre los cuales figura D. Antonio Villacreces, dice “Fue hijo del letrado de mas estima que en su tiempo se conoció”.
Aunque no se conocen ninguno de sus trabajos jurídicos, parece que imprimió diversas alegaciones en derecho.

  ZAYAS, Antonio.

Nació en la ciudad de Écija en el siglo XVI, tomó hábito de San Francisco, profesó en Sevilla y aprovechó cumplidamente en los estudios y no menos en virtud, así como en aquellas dotes de gobierno que lució en importantes prelacías.

En el año 1.575 se embarcó con rumbo a Nicaragua, para cuya mitra había sido propuesto por Felipe II el año anterior, llevando en su compañía treinta religiosos, todos andaluces, a la órdenes del Comisario Fray Pedro Ortiz. Trabajó constantemente por la conversión de los indígenas, predicando con subidos créditos de elocuencia.
No podemos fijar con exactitud la fecha de su fallecimiento, que debió ocurrir entre los años 1.580 y 83, toda vez que en el siguiente era ya otro el Obispo de Nicaragua.
Dejó escrito algunos discursos.