FANTASÍA ECIJANA
POR D. JOAQUÍN J. NOGUERAS ROSADO – 1982
Dibujos: D. Cesáreo Cambronero López.

LA CIUDAD DEL SOL

Ecija ” Civitas Solis, Vocabitur Una. Astigi ” es La frase profética que orla a un radiante, sol en el escudo de la Ciudad de Ecija. “Una será llamada ciudad del Sol”. Y vamos a intentar escudriñar sobre el motivo de este patrocinio Solar.

Se supone, ya que así lo han tratado varios historiadores doctos en la materia, que Ecija fue fundada por Astir, paje de armas que fue de Memmon, a quienes los griegos hicieron hijo de la Aurora, el cual al perder a su señor en la guerra de Troya, vino a España con otros vencidos, y tras haber dado nombre a las Asturias, bajó a la Bética donde fundó una ciudad a la que quiso también dar su nombre, denominándola Astiga, y que corrompida por el tiempo la R en G, pasó a ser Astiga y posteriormente Astigi.
Existen otros historiadores que dan por fundadores de Ecija a los galos-celtas, que tras poblar la Luisiana, llegaron a Andalucía fundando en ella muchos pueblos, entre los que se encuentra Ecija, que se supone fue sobre el año quinientos ochenta antes del nacimiento de cristo.

No faltan autores que achacan la fundación de Ecija al Rey Gárgoris, natural de la isla de Creta, que pobló la Andalucía en tierra de tartessos. Estos ilustres investigadores nos dicen que Gárgoris Melicona, al igual que Gorión y Argantonio, fue uno de los reyes legendarios de Tartessos, fijando la fecha en que fundó Ecija en el año 2789 de la creación del mundo, y si ello es cierto, Ecija fue fundada quinientos doce años antes que Roma que lo fue el de 3301.

Los tartesos ocupaban la parte meridional de la Península Ibérica, viviendo más concretamente en los valles del Guadalquivir y del Genil. Fueron llamados por Herodoto, Íberos, y en la conquista de Andalucía por los romanos, se les conocía por túrdulos y turdetanos. Según Estrabón, era reputados por las más sabios comparados con los demás íberos, pues tenían literatura propia, historia o anales y aún leyes en verso que contaban, según ellos, seis mil años de antigüedad notica que tenemos sobre leyes en España.

Sin Embargo estos pueblos primitivos condicionaban su vida a la naturaleza por lo que son llamados pueblos naturales, es decir, dependientes de la tierra y la ganadería, estando por tanto en estrecha relación con los fenómenos solares y celestes (sol, nubes, niebla, tormenta, etc), de ahí que al querer encontrar la causa primera y concretarla o representarla en un ser determinado, lo hicieran apoyándose en los fenómenos celestes y como su principal representación el Sol, apareciendo la deificación del astro en casi todos los pueblos primitivos, entre los que llegó a tener categoría de divinidad suprema. Se le atribuía el don de la omnividencia y omnipresencia, ya que su viaje diario por el cielo se entera de todo. El dios “que todo lo vé y lo sabe”, dice Homero en “La Iliada” y en la “Odisea”. Omnvidente lo declara Esquilo en sus “Fragmentos” y Sófocles en “Edipto en Colona”. El sol todo lo ve, de ahí que sea el delator de los crímenes cometidos aparentemente a solas y hasta el castigador (Esquilo en “Agamenon”, Eurípides en “Medea” y Virgilio en “Eneida”). Ejercía su influjo en el buen comportamiento de los hombres y toda felicidad, bondad y pureza procedían del Sol, cuya visión de su luz apartaba a los mortales de las acciones malas.

Pero la misión del sol no se limitaba a ver. Además de su luz, daba calor, energía y vida. Sin la luz solar languidece en el tierra la vida; Platón en su libro “República”, le da el calificativo de “El que todo lo nutre” y el “dador del origen, del crecimiento y del alimentos de todos los seres”.

Al dios sol se le aplicaban los epítetos de Divino, Eterno, Invencible, etc. y se le ofrecían sacrificios, siendo el caballo el animal preferido para ello.

Teniendo en cuenta que al dios sol se le atribuía la paternidad de la fertilidad y riqueza del suelo, no es de extrañar que dada la fecundidad de la tierra Astigitana, la ciudad tomara como símbolo un radiante sol, pues no hay otro lugar cuyo suelo sea tan generoso, tan rico, tan fértil y abundante en todo lo que sirve a la vida humana, como el de Ecija.

Las armas y blasones de las ciudades, al igual que los de las familias, son tomados de lo que abunda y sobresale en ellas; y en la vieja Asitigi lo que sobresalía y abundaba era el calor solar, por lo que en justa correspondencia sus moradores hicieron sus armas del Sol. No en balde para los primitivos moradores de esta Ciudad, el astro rey lo distinguía con favorables y particulares influencias, para obrar efectos maravillosos de fertilidad y abundancia de toda clase de frutos.

Se dice que una pared del Cabildo viejo de la Ciudad (Plaza de España nº 20, hoy desaparecido), estaba escrita esta sentencia:

” Sol de justicia con su claridad
alumbre a Soldigna, que es esta Ciudad”

que es tanto como considerar a la Ciudad “digna del sol”. Los romanos tan devotos de la divinidad solar, edificaron en la “colonia Augusta Firma” un monumental templo al sol, que fue orgullo de la Bética y del que solo quedan hoy restos de columnas y capiteles diseminados por toda la ciudad.

Sobre una de estas columnas con su correspondiente capitel bien podrían las astigitanos hoy, levantar un monumento, aunque fuese modesto, a ese Sol que tanta influencia ha ejercido desde siempre en nuestras vidas. Y hacer así honor a la legendaria frase: ” CIVITAS SOLIS, VOCABITUR UNA. ASTIGI”.

Calle Marmoles EcijaCALLE DE LOS MÁRMOLES

La actual calle de Felipe Encinas debe el viejo y tradicional nombre de “los mármoles” a la cantidad de los que allí se encontraban, en cuanto se escarbaba un poco en el suelo. De aquí salieron colosales columnas, frisos, capiteles, bases, etc.. Por esta zona se han descubierto, en casi todas las excavaciones que se efectúan, mosaicos, estatuas, restos de pavimentaciones y enormes piedras que sirvieron de sillares o de cimentación.
La población astigitana durante el periodo romano, dada su posición central en lo que se llamaba Bética, su situación en cruce de vías comerciales y el hecho de estar a orillas de un río navegable (según nos hace constar Plinio, gran historiador de la época), creció rápidamente en importancia.

A partir de entonces y en especial desde los tiempos de Augusto, el nombre de Astigi es frecuentemente citado por historiadores, literatos y geógrafos de aquellos días. Octavio la elevó a la categoría de Colonia, honrándola con el titulo honorífico de “Colonia Augusta firma”. Su importancia siguió creciendo y fue elegida para ostentar la capitalidad de uno de los cuatro “conventus” de la Bética, juntamente con Corduva, Hispalis y Gades en el año 27 antes de Cristo. Su demarcación comprendía parte de las actuales provincias de Sevilla, Córdoba, Jaén, Málaga, Granada y Almería.

A raíz de ello la ciudad se engrandece, muy especialmente en la época del emperador Augusto, en la que en el Imperio se prodiga el mármol y la estatuaria. De esto nos dan abundantes pruebas los innumerables restos arqueológicos encontrados: inscripciones con alusión a prefectos imperiales, a sacerdotes y augustales, referencias a cultos de diferentes divinidades, a baños públicos, a templos, a funciones relacionadas con el comercio, etc.
Y precisamente a esta época de esplendor astigitano, nos vamos a referir al tratar sobre la calle Mármoles, ya que según opiniones muy autorizadas, sobre ella y su zona se levantaba el colosal Foro Astigitanus, por ser el punto de intersección de las dos vías principales de la ciudad: el “cardo máximus” (de norte a sur) y el “decamunus Maximus” (de este a Oeste), con sendas puertas en sus extremos. El foro, como centro neurálgico de la población, comprendía el majestuoso templo dedicado al dios sol; un grandioso palacio donde radicaban las oficinas publicas, centros para la administración de justicia desarrollo del comercio; el “aerarium” y un pequeño local anexo que servia de prisión. Seguía luego el mercado publico; la casa de la curia; el teatro, y al final unas suntuosas termas que llegaban hasta la Puerta del Sol (cuyo nombre aun perdura, aunque la puerta hace siglos que no existe).

Todo este complejo urbano tenia su parte frontal en la actual Plaza de España (“Salón” para los ecijanos) precisamente desde la Iglesia de Santa Bárbara hasta el llamado “Picadero”. De aquí proceden todas las columnas que hoy pueden admirarse en casi todos los templos, fachadas palaciegas, patios e incluso en las esquinas de muchísimas calles. Es también fama que las columnas llamadas de Hércules en Sevilla, proceden de estas edificaciones, según un acuerdo que se halla en los libros de Cabildo del año 1387.

foto antigua calle marmoles ecijaDescribamos ahora el grandioso templo, pues merece la pena por su grandiosidad y enormes proporciones y ser totalmente desconocido en nuestro tiempo. Infinidad de piedras y losas marmóreas se han descubierto con alusiones al dios Sol. En una de ellas se lee la siguiente inscripción: D.S.D (Deo Soli Dicata. “Altar o ara dedicado al dios Sol”); dedicación que encontramos también en las monedas acuñadas por aquellas fechas en Astigi.
El templo al sol era de planta rectangular, sobre zócalo accesible por una escalera interior (“podium”), recubierto de placas de mármol y con colosales columnas de estilo corintio, de hasta diez metros de altura y mas de un metro de diámetro, rematadas por capiteles del mismo estilo (uno de estos puede admirarse actualmente en la portería de la casa numero uno de la calle Miguel de Cervantes, en cuyo subsuelo se encontró). También el entablamiento estaba ricamente adornado, hallándose unida a las “cellas” por unas enormes losas suavemente abovedadas y ricamente esculpidas con diferentes motivos decorativos; rombos, hexágonos, triángulos, que enmarcaban bustos de dioses romanos. Su parte delantera avanzaba y formaba una tribuna, en cuyo centro un semicírculo dejaba lugar para el altar dedicado al Sol, todo ello cubierto por enorme bóveda. Al fondo las tres “cellas”, contiguas y paralelas en sentido longitudinal, dedicada la del centro a Júpiter, la de la derecha a Juno y la de la izquierda a Minerva, ofreciéndose los sacrificios en la puerta de la capilla de quien se quería honrar.

A continuación del monumental templo estaba la casa de la curia o concejo municipal, encargado de velar por las leyes, el orden, las costumbres, administración, etc. y cuyos miembros se elegían cada cinco años. A uno de estos edificio corresponde el mosaico instalado hoy en la Sala Capitular del Ayuntamiento.

Seguían una serie de edificios públicos dedicados a centros oficiales y judiciales, y el “aerarium” (lugar donde se guardaba el tesoro de la ciudad y se acuñaba la moneda). A espaldas de todo ello estaba el mercado y las letrinas publicas.
El Teatro, como todos los del imperio, formaba un semicírculo, muy cerca ya de la ladera de hoy llamado “Picadero”, pero sin apoyarse en ella. La “orchestra” y la “cavea” (gradas) no sobrepasaban el semicírculo y daban frente al “Pulpitum”, tras el cual se encontraba el “frons sceane” (proscenio), ricamente decorado con monumentales esculturas y columnas jónicas, que enmarcaban la “valva regia” o escenario propiamente dicho, tras el cual y separado por gruesos muros estaba el “postcaenium” (detrás de la scaena) zona dedicada a los artistas.

Su capacidad era para unos tres mil espectadores, cómodamente instalados, estando precedidos por los asistentes de honor “tribunalia” o palcos.
El desalojo del local se efectuaba con rapidez y comodidad a través de numerosas “vomitorias” abovedadas y distribuidas simétricamente entre las tres clases de localidades: “cavea summa, media e imma”.

Fue construido a iniciativa de Sexto Elio Mamerco, pontífice perpetuo de la Colonia Astigitana, Flamen de los Divos Augustos y honrado con el grado consular, a quien los decuriones astigitanos le dedicaron una estatua, consteándola por cabezas, según consta en una lápida.
En este teatro, como en el de toda ciudad de gran importancia, se representaban obras de Menandro, así como comedias de Plauto y Terencio, que si no tenían la grandeza y originalidad del autor griego, si abrieron las puertas a la comedia moderna.

Y por ultimo vamos a referirnos a las suntuosas termas astigitanas, tan importantes en aquellas fechas, ya que los baños llegaron a convertirse en una necesidad para el pueblo romano y sus países conquistados, muy especialmente en esta zona cálida de la Bética.
Las de aquí se debieron, según consta en una gran losa de mármol descubierta en el presbiterio de la iglesia de Santa María, a Pio Longino, hijo de Marco y de la Tribu Papía, que habría sido por dos veces uno de los diputados del gobierno y tres Juez de Pleitos.
Las termas o baños eran abastecidas de agua por medio de los “acueductos”, verdaderos alardes del genio arquitectónico romano, que recogían el agua de ríos o manantiales, a veces desde largas distancias. En Astigi la tenían bien cerca, en el caudaloso Singilis; una vez en la ciudad la pasaban a un “castillum aqua” o deposito de agua y a una “piscina limaria” donde se purificaba por decantación, y posteriormente aun “castillum divisorium” desde donde se hacía el reparto del líquido por tuberías.

Augusto fue el que instituyó el cargo de “curator aquarium” (administrador del agua) que en Astigi estaba asistido por una bien nutrida “oficina” de técnicos, con sede en el edificio de los asuntos públicos del foro.

El acceso a las termas se hacia a través de un patio de entrada columnado, a cuyos lados estaban los vestíbulos, independientes para hombres y mujeres, que precedían a los “apodyterum” o salas de espera, igualmente independientes para ambos sexos, y que a su vez comunicaban con la primera sala de baño “caldarium” o baño caliente. Seguía a esta el “tepidarium” (baño templado) y el “frigidarium” (baño frío). En las alas del edificio estaban las habitaciones de elevada temperaturas, con estufas, para sudar (“laconicum” o “sudatorium”). Al fondo, un patio rodeado de pórtico que servia de gimnasio; y como final, las letrinas. A la espalda del edificio estaban las salas de calefacción “preafornium”, que constaba de hornos comunicados con el subsuelo hueco de algunas habitaciones y a la vez calentaban el agua de las caldera metálicas.

Su estructura era rectangular y se cubría con bóveda de arista. El agua llegaba a través de canalizaciones de plomo, directamente desde el “castillum divisorium”. Estaba orientada de tal forma que los baños calientes daban al medio día y los fríos al norte.
La decoración del recinto era riquísima, con mármoles policromos, estucos pintados, relieves artesonados, candelabros, perfumadores, estatuas en hornacinas, columnas, etc.

En aquella la época mas brillante y la de pleno esplendor astigitano, en la que arquitectura romana había dotado a Ecija de toda su riqueza decorativa y monumentalidad; con calles rectas, porticadas y generalmente enlosadas, con acerado, cubetas para la filtración del agua, cloacas para recoger las residuales a través de una perfecta red de alcantarillado subterráneo, que aun se conserva en algunas zonas urbanas de la actualidad; así como una magnifica distribución de agua potable, por tuberías de plomo, que surtían las innumerables fuentes públicas y decorativas.

La ciudad estaba rodeada por murallas de piedras, con torres y puertas, mandadas construir por César, con motivo de su visita y estancia en Astigi.
Y precisamente en esta época de máximo auge y también de máximo paganismo, concretamente entre los años 63 y 66 (d.C.) tras su primera prisión en roma y ya en sus últimos viajes, visita Astigi Saulo de Tarso, aquel curtidor de cueros en la juventud, y que en el camino de Damasco, en plena persecución de los cristianos, sintió la llamada divina, para convertirse en misionero evangelizador.

Nota del Autor:
Terminada esta narración, el Diablo Cojuelo le dijo a su joven discípulo que como lo cortés no quita lo valiente, él reconocía que admiraba a Pablo de Tarso como hombre obstinado y convincente, viajero incansable, buen escritor y magnifico conversador, Y en prueba de esta admiración, la siguiente historia trataría de su predicación en Ecija y de su celebre milagro, aunque ello supusiera elogiar a la competencia.
Yo por mi parte, en el diario intercambio de opiniones con el diablo joven, le obligué a prometerme que consiguiera del Cojuelo todas las historias que supiera, tanto religiosas como laicas, para así poder cumplir más ampliamente mi cometido de intermediario.

San Pablo CarboneroSAN PABLO EN ECIJA

Se supone que Astir o Astur, capitán griego, fue el fundador de la ciudad de Écija, después de la destrucción de Troya. Se supone también que los turdetanos procedentes de raza íbera, de las tribus indoescitas, eran los habitantes de la Bética por los años 1600 (a.d.C.) y por lo tanto Ecija, ya que terreno tan fértil y abundante en todos los elementos que necesitaban para su subsistencia, era propicio a su carácter puramente autónomo e independiente.

En 1500 (a. de C.) los fenicios, primera gente civilizada, invadieron este suelo, adecuado a sus fines mercantiles, pero no como conquistadores, sino como meros traficantes, estableciendo primero factorías y edificando mas tarde algunas viviendas como residencia definitiva.

Desde este sitio tan rico en productos, hacían los fenicios grandes transacciones con sus coligados, conduciendo sus mercancías por el caudaloso Singiles hasta Hispalis, donde amarraban los bajeles de gran tamaño.

Los indígenas a su vez recibían de estos los primeros elementos de cultura, el idioma grecofenicio con su escritura y alfabeto, sus artes y costumbres, y sobre todo la religión que era panteísta, simbolizada en el Sol, a quien tributaban culto en el templo dedicado a Panteo.

Estallada la guerra civil entre César y Pompeyo, aquel lanzo de Italia a su rival, el cual se fue a Grecia con lo mas lucido de su ejercito, y Cesar se traslado a nuestra península, que le había tocado gobernar a Pompeyo en el reparto de las provincias cuando el triunvirato Julio César-Craso-Pompeyo, y que era gobernada por los hijos de este.

Las ciudades béticas, tras los primeros triunfos de César comenzaron a declararse en favor del vencedor, y en este reconocimiento entró Astigi, la cual no solo se apresto a rendirle pleitesía, sino que hasta cambio su antiguo nombre por el de Claritas-Julio.

Vuelto César aquí por cuarta vez, tras derrotar a Pompeyo en Farsalia, deshizo el partido de Cneo y Sexto, gobernadores de la Bética e hijos de aquel, venciendolos en la encarnizada batalla de Munda, donde tomaron activa parte los valientes astigitanos. De ello tenemos una prueba documental dada por Lucio Optato, jefe militar astigitano, vencedor en la lucha que sostuvo con Domicio Thoranio, uno de los jefes del ejercito de Pompeyo, y cuyo hecho de armas se leía en una inscripción a manera de epitafio, encontrada en el camino de Osuna.

El denuedo y bizarría con que debieron luchas los astigitanos en esta batalla y otros muchos servicios que también prestaron, dieron motivo a que César la honrase con el título de “Colonia Julia Firma Astigitana”, y además que la cercase, reparando sus casi demolidos muros, según declara la piedra hallada en una de las torres del Alcázar, que decía: “Cayo Julio César, Emperador, habiendo vencido al hijo de Pompeyo en la batalla de Munda, fortaleció a la colonia de su nombre Julio Augusta Firma, que se lo tenia bien merecido, y reparo sus muros”. (Aún cuando se nota en esta inscripción nombre “Augusta” que no llevo César ni otro emperador hasta Octavio, se juzga que dicha lápida debió colocarse en tiempo de este, en relación a lo que César había hecho antes en la Ciudad). Además, como testimonio del aprecio y gran estima en que siempre tuvo el Emperador Julio César a los astigitanos, declaró “inmune” a la ciudad, esto es exenta de tributos y otras cargas.

Prueba de la opulencia y riqueza de la ciudad es la gran cantidad de bellas estatuas, que solo en esta clase de poblaciones podía levantarse, tales como las eregidas a Júpiter, Juno, Minerva, Hércules, Diana, etc. y en especial una monumental dedicada a Panteo, comprobando por la inscripción en pieza de mármol blanco que se hallaba en el convento de San Francisco. En una decía: “Publio Numerio Marcial Astigitano, uno de los Servirales o Seises de la República, mando en su testamento hacer una estatua de plata a Panteo, de peso hasta cien libras”. En otra se leía: “Cecilia Trophime mando en su testamento que por si, en nombre de Cecilio Silon su marido, se hiciera y pusiese un estatua a la Diosa Piedad, que pesase cien pesos de plata”.

Un ara hallado en el cimiento de una casa de la Plaza, decía: “Ídolo y altar del Buen Suceso, el cual dedico Aponia Montana, hija de Cayo Montana, sacerdotisa de las Sacras Emperatrices, en la colonia Augusta Firma, con gasto de cien y cincuenta libras de plata. Habiendo hecho fiestas publicas de caballos en el circo, una vez en honra de su sacerdocio, cuando le dieron este oficio, y otra cuando dedico este ara”.

Plaza de Toros EcijaEl circo a que hace referencia el Ara, es la actual Plaza de toros, que se encontraba al final de una de las vías principales “decumanus ,áximus”, pero ya fuera de la población, al lado derecho de la calzada militar o “Vía Augusta” que venia de Hispalis, y donde era costumbre en el Imperio construir estos anfiteatros. El astigitano era de enormes proporciones, incluso mayor que el de Merida. En el parecía haberse encarnado la grandeza y prosperidad de la Astigi Romana, reflejada en la imponente fachada exterior y en el grandioso graderío de óvalo interno, con capacidad para veinte mil espectadores. En el Exterior, la fachada seguía el sistema tradicional romano: tres pisos de arcos, en los tres ordenes clásicos; el dórico en el inferior, el jónico en el central y en el superior el corintio. Y en las aberturas de los arcos, una seria de estatuas mitológicas, mientras los frisos se adornaban con figuras de asombroso realismo.

Astigi por tanto era una ciudad rica y floreciente en todos los aspectos, y los astigitanos llevaban una vida prodiga en fiestas y bacanales, allá por la década de los setenta, después de Cristo.

Y en esta época, seguramente en el año 63, es cuando llega San Pablo a España, según lo había prometido (Epist. ad Rom. Cap. XV, vers. 24-28), ya que jamás abandonaba sus proyectos, salvo fuerza mayor (cfr. Rom. 1,13; 15,22), tras sus dos años de prisión bajo “custoria militaris” en Roma, que termino con sentencia absolutoria, quizá porque no se presentaron los acusadores, aunque no se excluye un acto de clemencia Imperial.

Pablo era de media estatura, mas bien bajo. Ojos vivos y de mirada penetrante. Carácter decidió, apasionado, impulsivo y de gran actividad. Elevada inteligencia, segura y profunda (había estudiado griego y posteriormente se formo rabino o maestro de la Ley, probablemente con Gamaliel). Animo viril y afectuoso; emotivo y controlado; pronto a la amistad, pero exigente en que sea sincera (cfr. Act. 15,37-40) Su lenguaje conoce todas la flexiones: desde las tierras efusiones de corazón a los tonos vehementes, a veces irónico, siempre con el buen propósito de enseñar y corregir (cfr. Gal. 6,12; Philp. 3,2). Sabe herir y curar, humillar e infundir coraje, imponer la propia autoridad apostólica y no perder la simpatía.

El evangelizador Pablo ya estaba en España. Su predicación iba surtiendo los primeros efectos, aunque también aumentado el catalogo martirologio. Y durante su estancia en esta provincia romana, no podía faltar su

PRIMERA VISITA

A astigi, una de las poblaciones mas floreciente, rica, importante y pagana de aquella época. (Y decimos primera visita, porque fueron dos las efectuadas a Ecija. La segunda la veremos mas adelante). Tenia Pablo interés en venir a Écija, ya que la conocía a través de referencias dadas por el astigitano Hieroteo (luego santo), que era juez del Aerópago, convertido por San Pablo cuando predicó en Atenas y al cual consagro como primer Obispo de aquella ciudad.

Entró Pablo por la vía augusta y su primera mirada fue para la imponente mole del “circus” astigitano, que había sido construido en el año 6 (a de JC.) de forma elipsoidal con fábrica de ladrillo y hormigón, podium de piedra revestido de tableros de mármol y pórtico monumental con columnas en sus tres pisos.

Pablo detuvo su cabalgadura ante la extraordinaria fachada del anfiteatro, coronada por la estatua de Circe, y pensó en el ingenio de los gobernantes romanos para distraer al pueblo gratuitamente (los espectáculos era costeados por el estado), tan aficionado a los “laudi”, juegos en que se mezclaban los gladiadores, las luchas contra las fieras las carreras de cuádrigas y carros, danzas, carreras a pie, levantamiento de disco y jabalina, etc,.

Una vez en la ciudad Pablo se hospeda en la casa de Probo, que era Prefecto de esta Chancillería y al que convirtió a la fe de Cristo, juntamente con su esposa Xantipe. Fue su primera conquista misionera en Ecija (Astigitani cives per manus a suis majoribus acceptam, servant traditionene de concivibus suis Probo et Xantippa nobilissimis conjugibus quos dicunt á Paulo conversos in Hispania”. Bibar in Dextr. an 64, y cuya cita anotamos por lo que pudiera tener de cierta).

Xantipe tenia una hermana llamada Poligena, que fue también catequizada y posteriormente junto con su hermana, murieron ambas gloriosamente.

En cuanto a Probo, que Pablo consagro como primer Obispo astigitano antes de su marcha, fue martirizado en el cumplimiento de su cargo. En las pechinas de la cúpula de la Iglesia Mayor de Santa Cruz, que fue después sede de a Silla astigitana, existen unos relieves, entre los que figura el de “San Probo, Obispo de Ecija”. También figura ahí el de San Crispín, sucesor de San Probo y por tanto segundo Obispo ecijano, que murió martirizado el 19 de noviembre del año 66, por disposición de Aloto, Prefecto aquí del Emperador Nerón (“in civitate Astigensi B. Crispini Episcopi; qui capite amputato marturii glorian adeptus”. Martirologio Romano).

Se pierde aquí la historia de esta primera visita de San Pablo a Ecija, pero es seguro que admiró la grandiosidad del Foro Astigitano; que acompañado de Probo, visito el gran templo al Sol y quizá presenciaría algunos sacrificios paganos. Seguro que adquirió productos de la tierra en el mercado publico. Y tal vez incluso visitara la termas para refrescar su cuerpo. Pero de lo que si tenemos noticias mas concretas es de su

SEGUNDA VISITA

a la ciudad de Ecija del siglo XV, con motivo de su celebrado y popular milagro.
Era la madrugada del día 19 de febrero de 1436. En una de las casas sobre las que luego se edificaría el Convento de la Victoria, dormía una familia compuesto por Diego Fernández de Arjona, su esposa y su hijo Antón, como de unos quince años de edad. Familia muy devota de San Pablo, ya que su intercesión habíase curado el hijo de una afección a la vista.

Poco antes del amanecer, el hijo de la familia Fernández de Arjona, se despertó sobresaltado y sentándose en la cama, vio delante de si un hombre vestido de túnica blanca, el que le dijo que no tuviese miedo, que él era San Pablo Apóstol de Cristo, primero su perseguidor y luego su predicador. Y que le mandaba que dijera y publicara a esta ciudad de Ecija como Nuestro Señor estaba muy airado contra las gentes por no guardar los días santos de los domingos y fiestas, no hacer caridad y consentir muchos juramentos falsos, proferir blasfemias, así como otras culpas y pecados. Le mandaba de parte de Dios que se hiciese penitencia y se confesasen y comulgasen, enmendando así los vicios y pecados. Y para que la gente le creyesen, le toma la mano derecha, cuyos dedos quedaron ligados y anudados unos con otros. Y termino diciendole San Pablo que una vez notificado todo ello al pueblo, fuese al Monasterio de Santo Domingo de la Orden de Predicadores de esta Ciudad, para poner su mano sobre la Cruz que estaba en el altar mayor, y en presencia de todo el pueblo sus dedos volverían a abrirse y desatarse, y su mano quedaría tan sana como antes.

Al día siguiente, lunes 20 de febrero de 1436, sobre la hora de tercia, poco mas o menos, fue recibida la familia Fernández de Arjona en las casas del Cabildo, donde les esperaban reunidos los nobles señores don Gutiérrez de Sotomayor, Maestre de la Orden de Caballería de Calatrava, junto con otros caballeros de dicha Orden: don Tello de Aguilar, Alcalde y Alguacil Mayor de esta Ciudad; don Lorenzo de Figueroa, don Ruiz Martínez de Pardo, don Pedro Fernández de Saavedra, Alcaldes ordinarios; don alonso de Zayas, don Hernando Diaz de Eslava, don Juan de Godoi y don Diego de Malaver, Regidores de la Ciudad; igualmente se encontraban en dicha reunión dos jurados por cada una de las collaciones de Santa Cruz, Santa Maria, Santa Bárbara, San Gil y Santiago, todos ellos en presencia y asistidos por el Escribano Público del Rey Escribano del Concejo de la ciudad don Alonso Fernández de Guzmán. Una vez oído el relato, organizaron para el martes siguiente una solemne procesión desde el cabildo al dicho Monasterio, para rogar a Dios piedad y demostrar si era verdad lo que el mozo decía.

Hubo procesión y misa solemne en la que terminado el sermón, tomaron la Cruz del monasterio algunos de sus religiosos la que pusieron ante el joven Antón que, de rodillas, posó su mano sobre la imagen de Nuestro Señor que estaba en la Cruz, y ésta se le tornó tan buena y sana como la tenia antes, salvo que le quedaron los dedos un poco mas gruesos, y esto por la memoria del milagro. (Datos tomados de un escrito en pergamino, que se conserva en el archivo del Cabildo Municipal).

La Cruz del milagro efectúo otros muchos en el transcurso del tiempo, hasta la expoliación del Monasterio por las tropas napoleónicas. Hoy esta Cruz se exhibe en un museo británico.