FANTASÍA ECIJANA
POR D. JOAQUÍN J. NOGUERAS ROSADO – 1982
Dibujos: D. Cesáreo Cambronero López.

HISTORIA DEL PICADERO

El lugar que hoy conocemos en Ecija con el nombre de “El Picadero”, por haber sido el recinto en que los caballeros ecijanos, de los años de 1700 al 1800, se ejercitaban en el noble arte de la equitación, y que ha llegado a nuestros días convertido en “suburbio dolidos” como dijera el poeta local Manolo Mora, que luego en las últimas estrofas de su romance nos cantara:

Ahí quedo el Picadero
antes Alcázar de siglos,
como un zarpazo en la tarde,
como un tiburón herido,
como una acorralada fiera,
como un enfermo sin cuido,
en una olvidada altura
a donde trepan los niños,
por montones de basuras
y estiércoles repodridos,
sin una mano extendida,
sin un “contamos contigo”,

fue en tiempos de la dominación árabe, impresionante atalaya defensiva, cuya visión, desde cualquier punto, sobrecogía por la majestuosidad de su conjunto.
Estaba situado en el ángulo suroeste del recinto amurallado de la ciudad, sobre el altozano que había servido de emplazamiento al primitivo poblado turdetano.

Foto antigua Iglesia de San Gil EcijaEste impresionante castillo o calahorra tenía planta rectangular, altas torres en sus ángulos, aparte de otras tantas en los lienzos de murallas que lo circundaban: “Torre del Agua”, junto a la puerta del mismo nombre y donde existía un enorme aljibe para el almacenamiento del agua al servicio y abastecimiento del alcázar, que traían de Uad-el-Genil por medio de acequias y elevada a través de gigantescas norias. “Torre de la Mazmorra”, por estar construida sobre las dependencias destinadas a prisión. “Torre del Concejo”, donde tenían lugar las reuniones de alto nivel y se administraba la justicia. “Torre de Calahorra”, junto a las caballerizas. “Torre de la Plaza de Armas”, morada de la guarnición defensora de la fortaleza, y “Torres del Homenaje” que por su altura, coronaba el recinto que encerraba en el interior un gran patio.

Cuatro puertas daban acceso al Alcázar: “La del Agua”, la de “Las Cadenas”, la del “Sol” y la de la “Plaza de Armas” que era la principal entrada al palacio.
La zona noble o morada de los Gobernadores (luego fue residencia oficial de los reyes berberiscos, cuando la instauración de una monarquía taifa, allcanzando entonces su máximo esplendor, magnificencia y lujo) era de una majestuosidad y belleza impresionante, aparte de un depurado refinamiento decorativo. Amplios patios porticados con columnas de mármoles y artísticas fuentes centrales de levados surtidores. Salones de grandes proporciones, bellamente pavimentados de azulejería multicolor; paredes y techos decorados con yesería policromada de excepcional finura y elegancia, sobresaliendo por su particular belleza y riqueza ornamental y decorativa el Salón de Honor, donde tenían lugar las recepciones y actos mas importantes de la vida local; así como igualmente el Salón Real , donde se celebraban las entrevistas diplomáticas y audiencias reales. Ambos salones lucían pavimentos de baldosas, alto zócalo en las paredes hechos con mosaico de azulejería (alicatado), y por encima decoración con relieves de yeso, pintado con colores muy intensos. La cubierta del Salón de honor era en armadura de madera, con decoración de lazo, y la del salón Real a base de piñas de mocárabes, fabricadas con yeso y madera.

En el terreno que declinaba hacia el río y terminaba en el amurallamiento, desde la Puerta del Agua a la del Sol, estaban los frondosos jardines con amplios estanques y artísticas fuentes, y zona de recreo de los harenes. Allí también se ubicaban las piscinas y baños, aprovechando viejas ruinas termales de la época romana.

Pues bien. Aquel suntuoso Alcázar ecijano era ocupado en el año 318 (930 antes de nuestra era) por el Gobernador Muhammad-Ibn-Suhaid, hombre ya de madura edad, pero de exquisitos y refinados gustos muy especialmente en los referidos al genero femenino, por lo que disfrutaba de un bien surtido harén de bellísimas jóvenes. Y entre todas, sobresalía por su singular hermosura Zulaija, casi una niña, de ascendencia egipcia, y por la que Mucama se sentía profundamente atraído, lo que hizo designarla su favorita.

Los días pasaban en la vida del Alcázar y sus moradores con gran placidez y normalidad, hasta la llegada de una remesa de prisiones cristianos que venían a cumplir su cautiverio en las mazmorras del Castillo o Alcázar.

Entre los prisioneros se encontraba don Felipe Gil de Mendoza, joven noble y apuesto capitán de mesnadas, que por llegar con sus heridas aun sin cicatrizar y en un avanzado estado de debilidad, se alojó, provisionalmente, en una de las dependencias contiguas a los jardines, morada de los servidores del Alcázar.

Al noble capitán se le permitió, dada su juventud, su categoría militar y sobre todo como parte de su proceso curativo, dar algunos paseos a determinadas horas, por los jardines del palacio. En uno de estos paseos y por pura causaliad, pues los horarios no coincidían, vino en conocer la bellísima Zulaija, de cuyos encantos quedó prendado don Lope. Desde aquel momento también el carrazón de la linda favorita del Gobernador, solo latió para el apuesto capitán cristiano.
Los amores se normalizaron entre los dos jóvenes que, a escondidas, tenían sus furtivas entrevistas. Pero como nada hay oculto en este pícaro mundo y mucho menos en el reducido núcleo social de una Alcazaba, no tardó el Gobernador Muhammad-Ibn-Suhaid en tener conocimiento de esto amoríos. Y encolerizado por la traición de su favorita, la embarcó con rumbo a sus lejanas tierras de Egipto, para allí ser vendida como esclava en pública subasta.

No mejor suerte le cupo al apuesto capitán que, aherrojado, fue conducido de por vida a la mazmorra más profunda y lóbrega del Alcázar, sin ni siquiera con derecho a rescate.

Allí murió poco al poco tiempo, minada su escasa salud por la humedad y oscuridad del recinto y las malas comidas. Pero ese corto tiempo que estuvo encerrado, se lo pasó maldiciendo:
—¡Yo os maldigo piedra a piedra, orgullosos alcázares; maldigo tu lujo y tu grandeza!. ¡Y hago votos por su destrucción total, para que las generaciones futuras no puedan sufrir cautiverio en estas lóbregas mazmorras, ni puedan tampoco ser testigos de tu actual grandeza!. ¡Voto al cielo para que te conviertas en ruinas irreconstruibles, y sobre ellas jamás vuelva a relucir el lujo y el poderío; sólo la miseria y el abandono, la indigencia y la penuria sean tus huéspedes!.

Y hasta hoy, los deseos del capitán de mesnadas, enamorado de la bella Zulaija, se están cumpliendo: Apenas conquistada la ciudad por el Rey San Fernando en 1240, el Alcázar fue paulatinamente demoliéndose piedra a piedra, y en nuestros días solo queda un angosto pasadizo que se cree conduce a la mas profunda mazmorra del castillo; y al decir de los pocos que han intentado visitarla, a determinada distancia del pasadizo. se apagan misteriosamente las luces que portan, por lo que han tenido que desistir de su empeño.

Hay quien dice que tal vez sea el alma en pena de don Lope Gil de Mendoza, que aún vaga por el recinto, para que se siga cumpliendo su ardiente deseo de que sorbe las ruinas de aquella suntuosa fortaleza que se miraba ufana en el río, orgullo de la Medina Estigia de los sarracenos, solo existía miseria y abandono.

Y para colmo ni el nombre sonoro y épico del Alcázar le ha quedado, solo el apodo doloroso de “El Picadero”

como un zarpazo en la tarde,
Como un tiburón herido,
Como una acorralada fiera,
como un enfermo sin cuido.

Iglesia de SantiagoEL MORO DE SANTIAGO

La iglesia de Santiago el Mayor de Ecija, tiene acceso a través de un hermoso patio claustrado, con fuente central y rodeada de floridos jardines, cuyo conjunto lo preside una singular portada típica del mudejarismo propio del siglo XVI, coronada por un ventanal de formas flamígera.

En el ángulo izquierdo de la entrada a este singular patio, se encuentra la airosa torre, construida entre los años 1757 y 1766, dándose nuevo emplazamiento, ya que la anterior torre, derruida por ruina, ocupaba otro lugar, precisamente al fondo de la actual iglesia, al lado de la puerta principal de la vieja ermita de Santiago, que quedaba entonces fuera del recinto amurallado de la población.

La actual torres -gran cuerpo de ladrillo en forma piramidal, con tres elegantes cuerpos decorados confino alicatado de azulejería- dice la leyenda que se construyó sobre la tumba de un moro, cuya mascarilla de piedra figura adosada a la fachada de la torre que da al patio de entrada ya reseñado.

Pues a esta leyenda del moro de la torre de Santiago nos vamos a referir, y para ello tomamos como base lo que al respecto nos dice Don Manuel Ostos y Ostos en su libro “Prosa Ecijana”.

En el año 756 y siendo Emir de Córdoba Abderramán I, hubo de proveer el cardo de Cadí de Media Astigi, hoy Ecija. Solicitaban este alto puesto Suliman Almostain y Meknesí-Cen-Amer, especie de caciques con babucha y jaique, que traían revuelto al pueblo; tanto, que el Emir decidió que el nombramiento se hiciese, por medio del “sufragio musulmán restringido”. A este efecto hizo venir a varios distinguidos y acreditados “santones”, para que sirvieran de urna o “mesa electoral” que ahora decimos, colocando uno de ellos en las afueras de cada una de las puertas de la ciudad.

Precisamente en el sitio que hoy ocupa la torre de Santiago, se colocó en calidad de urna el “Santón de Alcorhrin”. Y a él fueron llegando los electores de uno y otro partido, depositando en sus faldas una pequeña cuenta de cristal, verde o blanca, según el candidato a quien votaban.

Como ocurre en la actualidad con muchos padres de almas, que si deber se meten en cosas ajenas a su sagrado ministerio, el “Santón de Alcorhrin” estaba interesado en la lucha; y viendo que llevaba peor parte el que era de su agrado, se tragó unas cuantas cuentas de las del contrario, con ánimo de darle el “Cuentazo”, o sea lo que ahora denominamos “pucherazo”. Y hubiera seguido haciendo uso de sus hermosas tragaderas, si un centinela de la muralla inmediata, cuyos restos aún se ven en Puerta Osuna, no hubiera descubierto el juego, y presentada la correspondiente denuncia en el Juzgado de Instrucción de aquel entonces, o su similar de la época.

Santón Torre Santiago
Santón Torre Santiago

Decretado el procesamiento y la prisión provisional del Santón, éste, al ser requerido, negó lo de la tragadera y el “cuentazo”; y ya iba a dictarse auto de sobreseimiento provisional en el sumario, cuando apercibido del caso el sabio de la ciudad -que en todas las épocas los ha habido- Ibrá-hin-ben-Isa-el-Moredí, compareció en el Juzgado, y ejerciendo la acción popular con Letrado y Procurador en turno de oficio, consiguió del Juez una providencia en que mandaba… “Sométase a un ayuno riguroso; désele un activo purgante, y con su resultado se proveerá”. Ejecutada tan sabia providencia, pues no se interpuso contra ella recurso alguno… aparecieron las cuentas, si bien, pues eran las verdes, un poco descoloridas.

Se le incoó sumario de urgencia e inmediatamente fue degollado el Santón, siendo enterrados sus restos en el lugar donde cometiera el delito, es decir el que hoy ocupa la torre; elevándose al momento una especie de monumento funerario encima de la tumba del Santón, pues era creencia de los árabes, que a fuerza de tiempo y de hacerse elecciones legales, iría filtrándose el cuerpo del Santón por los ladrillos y piedras del monumento, hasta salir bueno y sano, para concluir el resto de sus días como los demás mortales.

Ya pueden figurarse las de elecciones que habrá habido desde aquella fecha, y los legales que habrán sido, cuando al pobre Santón no ha podido sacar más que la cabeza.

LA CASA DE LA SINAGOGA

Era el año 70 después de Cristo tiene lugar la mayor catástrofe que registra la historia del pueblo de Israel. Comienza entonces la Diáspora o gran dispersión de los judíos por todo el orbe, tras la guerra contra Roma que termino con la ruina de Jerusalén y destrucción de su templo, desapareciendo Israel como nación.

Pero aun en lejanas regiones, los judíos allí afincados mantienen su vida interna, como reflejo de su honda espiritualidad y su ideología, Ello unido al aislacionismo impuesto por el pueblo hebreo, desde los antiguos tiempos por razones de tipo religiosos, hace que nazcan las “juderías” o “aljamas”, que procede de la voz araba “Al-yam’a” que significa comunidad, y a la que posteriormente en expresión latino-medieval se le llamó “vicus iudaeorum”.

La organización de la aljama tiene un sello particular en España; mantienen su propia autoridad y dirigentes en lo religioso, social. Judicial y cultural. Están regidos por el “rabbí”, personaje clave en la vida israelita: oficiante sinagogal, consultor, maestro de la juventud, docto en las ciencias judaicas y por lo general escritor y poeta.

Tras la invasión árabe, en la que con tanta actividad colaboraron, los judíos vivieron una larga época de paz, bajo la tolerancia de los Omeyas, ocupando importantes puestos económicos-políticos. Pero con los almorávides y almohades se desencadenaron fuertes persecuciones, motivando la emigración judía a los reinos cristianos, donde fueron mas tolerados.

En Ecija, tras la conquista de la ciudad por el Rey San Fernando en el año 1240, se asienta la judería al amparo del Alcázar árabe, zona que hoy podríamos delimitar entre las calles Puente, Bodegas, Merinos, Quintana, Santo Domingo, Comedias, Horno, Juan de Angulo, Arcipreste Aparicio, Caballeros y Cadenas, quedando su Sinagoga en el Centro de esta amplia zona, es decir en la casa que actualmente lleva el numero 48 de la calle Caballeros.

Estaba regida por el Rabbí, al que asistía una corporación de consejeros notables y ancianos, llamado de “los veinte” por el numero que la componían, que promulgaba decretos, leyes y disposiciones, e incluso imponía penas, entre ellas el “herem” especie de excomunión, de tal trascendencia que hasta podía acarrear la ruina social y económica del inculpado.

La prosperidad económica que fueron alcanzando, así como la impopular profesión de recaudadores de impuestos que con frecuencia asumían los judaizantes, le fueron creando un ambiente adverso, que fue creciendo a lo largo de todo el siglo XIV y que culminaron en las matanzas populares del año 1391.

Estas matanzas se iniciaron precisamente en Ecija, debido a las predicaciones del arcediano Hernán Martínez, (condenado posteriormente por el arzobispo), que atacaba fuerte y constantemente a los judíos. Una noche, exaltada la multitud, acometió contra la sinagoga, saqueándola y quemándola, mataron además a cerca de 4000 judíos que vivían en el barrio o aljama, propagándose las persecuciones y matanzas a Córdoba, Sevilla, Toledo, Valencia (donde gracias a la enérgica intervención de San Vicente Ferrer, fueron salvadas las vidas de muchísimos judíos), Zaragoza, Barcelona (la mas sangrienta de todas), Lérida y en menor proporción Castilla.

En 1490 la casa de la antigua sinagoga, en estado ruinoso fue adquirida con tierras anexas llamadas del fonsario (lugar donde los judíos enterraban a sus muertos), por un capitán de los Reyes Católicos, llamado Hurtado de Mendoza, quien la restauro y habito. Fue el año en que se inicio el asedio al reino moro de Granada, y Ecija se convirtió en residencia de Capitanes, Aristócratas y Grandes de España, ya que aquí radicaba la Capitanía General de Andalucía y era además la sede del Cuartel General de los reyes Isabel y Fernando, por tanto albergue de toda la nobleza castellana.

El capitán Hurtado tenia un escudero moro convertido al cristianismo, que había dejado a su amada Zoraida en Granada, la que había entregado a su enamorado, antes de partir, una cinta como presente de su amor.

Como el escudero solo pensaba en su bella amada, el capitán le prometió rescatarla y traérsela hasta Ecija, para lo cual, disfrazado de moro y con la cinta en su poder, partió a caballo rumbo a la encantadora capital de los moros donde, tomado por árabe, fácilmente pudo entrar y buscar a Zoraida, a la que al fin encontró, identificándose ante ella por la cinta que esta diera a su enamorado. La mora siguió sin vacilar al capitán Hurtado, y a la grupa de su caballo iniciaron el regreso a tierras cristianas, Pero en el largo camino, sucedió lo irreparable: el capitán se enamoro ciegamente de la encantadora Zoraida, de la que no obtuvo correspondencia.

Dominado por los celos y la ira, el capitán Hurtado, ya en su casa, encerró a su escudero en el sótano, apresado con gruesas cadenas. La enamorada Zoraida pudo al fin eludir la vigilancia que le impuso el capitán, y presentarse ante la reina Isabel, que se hospedaba entonces en el Real Convento de Santa Inés del Valle, a la que puso al corriente de cuanto ocurría en la casa del Capitán Hurtado de Mendoza.

La Reina Católica hizo justicia: mando al capitán a la zona fronteriza de mas peligro, donde por cierto se cubrió de gloria por sus hechos guerreros, y mando llamar a su presencia al escudero para concertar su boda con la fiel y enamorada Zoraida, cuya boda se celebro luego con gran esplendor, en presencia de la reina, poco antes de partir esta para el campamento granadino de Santa Fe.

La casa, antigua sede de la sinagoga judía, quedo nuevamente deshabitada, hasta que pasado el tiempo fue propiedad de un virrey de América, que se presento con un gran numero de esclavos, ya que tenia facultar de poseer reducciones.

Entre el pueblo y debido a las vicisitudes padecidas por la casa, empezaron a narrarse extrañas leyendas. Se decía que del sotano salían unos ruidos que hacían temblar de manera ostensible los ventanales del claustro alto de la casa, como si se tratase de un terremoto. Extraños ruidos y temblores que hoy días aun se notan.

Puestos a investigar su motivo, el actual propietario de la casa, por cierto gran ecijanista amante de las tradiciones de su pueblo, nos da la siguiente explicación: Cuando se abre la trampa o puerta de acceso al sótano, el aire caliente y húmedo que de el procede, se expande por la casa produciendo un extraño ruido, semejante al de un terremoto, que hace vibrar los ventanales y cristaleras. Todo pues se reduce a un fenómeno físico, sin mas trascendencia.

Su actual propietario nos dijo también que del sótano saco infinidad de grilletes y cadenas, hoy expuestas en el claustrado patio de la casa (casi un museo) que puede datar de la época judía, o ser propiedad del Capitán hurtado de Mendoza o quizá, con mas exactitud, procedentes de los esclavos del virrey de América.

Una de estas cadenas, la mas larga y gruesa pende, como un simbólico atributo de la casa, del circular torreón lateral, único que existe en Ecija, con escalera en forma de Tornillo, y ménsula sustentada por labor de alarife propio del protobarroco.