FRASES, DICHOS Y REFRANES ECIJANOS
D. ANTONIO SIRIA GONZALEZ (Edición 1.989)

INTRODUCCION

Por mi amor, mi gran amor a Écija no por otros méritos, fui nombrado miembro de número de la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Buenas Letras “Vélez de Guevara”.

Ese constante y apasionado amor, hace que desde tiempo, con los pocos conocimientos que poseo de la historia, la leyenda o monumentalidad de nuestra incomparable Ciudad, yo, me haya dedicado en cualquier momento, ocasión, lugar y tribuna oral o escrita, a pregonar constantemente las bellezas, la grandeza y el encanto de nuestra antigua Astigi.

El discurso de ingreso en tan docta casa, el 28 de Abril de 1.989, no fue una obra creativa, sino proclamar a los cuatro vientos, el sabio conocimiento, el talento, la gracia, el prudente consejo que conlleva el hombre ecijano, así como la frase que en un momento histórico decisivo pronunciara cualquiera de dichos ecijanos.

De mi discurso de ingreso, y del tema “Frases, dichos y refranes ecijanos” os ofrezco este trabajo, algo aumentado que la Asociación de Amigos de Écija y la Obra Cultural del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla tienen a bien editar. Quitando la mayoría de las frases que aparecen en obras anteriores autores, así como algunos refranes y dichos, los que figuran en esta pequeña obra, fueron por mi recogidos de boca del hortelano en un Bar de El Puente, del comerciante o empleado en mis tertulias, de muchos ancianos paseando en lento caminar por el Salón o sentado con ellos en un “banco” de los jardines o plazas. A todos ellos mi homenaje, reconocimiento y mayor respeto, pues ellos son los verdaderos académicos del saber y de la cultura ecijana.

Antonio Siria González
Julio, 1.989.
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“YO DOMICIO THORANIO, QUE NACI EN LOS PUEBLOS MARSOS DE ITALIA, VINE A ESTAS TIERRAS POSTRERAS DEL MUNDO Y SIGUIENDO LAS DESDICHADAS ARMAS DE GNEYO POMPEYO, DI AQUÍ LA VIDA A MANOS DE LUCIO OPTATO; CIUDADANO DE ÉCIJA”.

Esta frase, es parte de una inscripción o epitafio que figuraba en una piedra funeraria encontrada en el antiguo camino de Granada (la actual carretera Écija-El Rubio) y es importante históricamente, entre otros motivos, porque en ella figura el primer ecijano del que tenemos noticia en la Historia por documentos escritos y además con lo que hoy consideramos nombre y apellidos: LUCIO OPTATO.

Era miembro de una larga e importante familia astigitana e intervino con otros muchos ecijanos en la célebre batalla de Munda, que cambio el rumbo de la Historia universal. Se celebró en el año 45 antes del nacimiento de Cristo, y Julio Optato, acompañó al propio Julio César en el primer cuerpo de ejército, que éste mandaba, porque el ecijano era un gran experto en las artes de la guerra y además conocedor del terreno.

Derrotados los hijos de Pompeyo en tan memorable batalla, celebrada a unos 18 kilómetros de Écija, César reconoció los muchos favores y servicios por parte de nuestra ciudad y como pago de ellos, ordenó la reconstrucción de sus viejas murallas, la dispensó de cargas y tributos, y posteriormente su sobrino Octavio Augusto, fundó en Astigi uno de los Cuatro Conventos Jurídicos de la Bética, llamándola COLONIA JULIA FIRMA ASTIGITANA.


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¡ NO MERECIA TAL MUERTE MI BUEN AMIGO !

El valor y la nobleza de los ecijanos, son reconocidos y estimados en todos los tiempos, hasta por los propios enemigos a quienes se combate. Prueba de ello, fue la frase pronunciada por Mohamed Ben Alhamar, rey moro granadino, cuando le presentan la cabeza de D. Nuño González de Lara, llamado “El bueno”, primer Gobernador que tuvo Écija, tras el repartimiento de Alfonso X y la concesión por parte de este monarca de los fueros y privilegios.

En el mes de Mayo de 1.275, aprovechando que el monarca cristiano, se encontraba muy ocupado en Castilla, el rey árabe de Granada, se alía con los de Fez y Marruecos y lanzan una fuerte ofensiva contra las plazas que habían perdido en Andalucía. Écija se ve cercada por más de 17.000 hombres a caballo, que talaron el bellísimo bosque, con alta arboleda que le rodeaba. Sale a su encuentro el Gobernador D. Nuño, con no mas de 4.000 hombres, perdiendo la vida en la batalla. Su cabeza como trofeo de guerra es trasladada a Granada y al contemplarla el rey granadino Mohamed, tras reconocer de quién se trataba, apartó con horror la vista, se tapó la cara con ambas manos y sollozando exclamó:

¡NO MERECIA TAL MUERTE MI BUEN AMIGO!

Dicho rey, ordenó que respetuosamente, fuese devuelta en caja de plata a Écija, para que junto con su cuerpo se le diese digna y cristiana sepultura, como así hicieron los ecijanos.

“POR QUE LA INGRATITUD ES MADRE DE TODOS LOS VICIOS Y PECADOS”

Con esta hermosa frase, comienza la “escriptura escrita en pergamino”, en que en lunes veinte días del mes de febrero de mil cuatrocientos treinta y seis, dio pública fé, Alonso Fernández de Guzmán y testificado por las personas más significativas de la ciudad, del portentoso hecho, que la ciudad ecijana denomina “MILAGRO DE SAN PABLO”, documento que se conservaba en el arca y archivo de las escrituras antiguas que los muy ilustres señores de Écija, tienen en las Casas Reales del Cabildo de esta Ciudad.


De dicha escritura en pergamino, hizo transcripción el escribano del Cabildo D. Jerónimo de Guzmán el 18 de Enero de 1.575, la que empastó en pergamino el año 1.906 por el Cronista Don José Martín Jiménez, y es ésta, precisamente la que lee un representante de nuestro Ayuntamiento el día 25 de Enero de cada año, festividad de la Conversión de San Pablo, en la Iglesia de Santo Pablo y Santo Domingo en solemne función y donde se cumple el voto prometido por la Ciudad.

La lectura de dicha escritura nos recuerda fielmente el milagro realizado por el Apóstol, en el mono Antón Fernández de Arjona antes de amanecer el día 20 de Febrero de 1.436 y con el fin de que los ecijanos mejoraran sus prácticas religiosas y se enmendasen de ciertos vicios y pecados.

“COMPATRIOTAS, NUESTROS PADRES, NUESTRAS MUJERES Y NUESTROS HIJOS, NOS MIRAN DESDE LOS MUROS, MENGUA Y BALDÓN ETERNO AL QUE AHORA VUELVA LA ESPALDA”.

Esta frase recuerda la pronunciada por Napoleón Bonaparte, a sus soldados en la campaña de Egipto, a los piés de las pirámides, siglos después.

Una mañana del mes de Septiembre de 1.462, llegan hasta nuestra Ciudad noticias de que por el camino de Granada y al mando del rey Muley-Hacen, se aproxima y con intención de sitiar y apoderase de Écija. El gobernador Don Pedro de Aguilar, ordena rápidamente reforzar todas las guardias, preparar la resistencia y anunciar la proximidad del enemigo con campanas.

Se forma con todos los hombres disponibles un pequeño ejército, uniéndose Don Gonzalo Rodríguez Coronado y otros nobles que residían en Écija. El encuentro tuvo lugar en el sitio conocido por la Torre de la Vencida, donde en cruenta batalla, mueren el Gobernador ecijano Don Pedro de Aguilar, al igual que Don Gonzalo Rodríguez Coronado y otros capitanes.

Las tropas cristianas atemorizadas se repliegan hacia nuestras murallas repletas solamente de mujeres, niños y ancianos. En pleno desánimo y temor, surge la figura de DON TELLO GONZALEZ DE AGUILAR, miembro de ilustre familia, el que con gran coraje, recoge con una mano la bandera azul de nuestra Ciudad y empuñando con la otra la espada, señalando las cercanas murallas, dando fuertes gritos, se dirige a las desalentadas tropas con esta frase:

“COMPATRIOTAS, NUESTROS PADRES, NUESTRAS MUJERES Y NUESTROS HIJOS, NOS MIRAN DESDE LOS MUROS, MENGUA Y BALDÓN ETERNO AL QUE AHORA VUELVA LA ESPALDA”.

Terminada la arenga se lanzó a caballo contra las tropas moriscas- que no esperaban tan inusitado ataque-, y tras de este capitán, lo hicieron todos los soldados ecijanos, logrando una memorable batalla, trayendo gran número de prisioneros y los cadáveres de Don Pedro de Aguilar y Don Gonzalo Rodríguez Coronado, a quienes se les hacen solemnes exequias en la antigua Ermita de Santiago, la que desde entonces quedó erigida Iglesia Parroquial.

“RAZON ES, QUE QUIEN ME IMITÓ EN LA VIDA, ME IMITE EN LA MUERTE”

Transcurría el año 1.486, cuando ante la villa y castillo de Coín, tuvieron lugar sangrientas escaramuzas entre las tropas de los Reyes Católicos que intentaban apoderarse de la plaza y, los árabes que bien armados y en considerable número, oponían tenaz resistencia.

En uno de estos combates, cae herido un capitán cristiano, que vestía ropa distinta a las demás y a quienes los árabes desde lo alto de las almenas y desde tierra, dirigieron innumerables dardos y flechas, persiguiéndole con gran acoso, hasta que acabaron con su vida. Tan especial persecución y ensañamiento hacia tal caballero, se debía a que los moros lo confundieron con el propio rey D. Fernando el Católico, dado la especial vestimenta que llevaba.

La confusión tenía sus motivos, pues momentos antes de comenzar el combate, tan valeroso capitán, sabiendo el riesgo que corría la vida del monarca, le suplicó personalmente, tuviese a bien cederle su ropa de campaña o le permitiese vestir con atuendos lo mas parecidos a los usados por el Rey.

Conquistada la plaza y rescatado el cuerpo de dicho caballero, el Rey Fernando, ordena que traigan el cadáver a su propia tienda de campaña. Allí rodeado de todos sus capitanes, le rinde honores y sollozando el monarca pronunció esta frase:

“RAZON ES, QUE QUIEN ME IMITÓ EN LA VIDA, ME IMITE EN LA MUERTE”

El cuerpo de aquel valiente se trataba del ecijano DON TELLO GONZALEZ DE AGUILAR, Copero de la reina Isabel, famoso por sus intervenciones guerreras de la época, amigo personal de los reyes a quienes acompañó en gran parte de la conquista del reino de Granada, hasta el día, que en el sitio de la Villa y Castillo de Coín, cambió sus ropas por las del Rey para preservar la vida de éste.

Cumpliendo los mandatos de D. Fernando el Católico, fue enterrado en el altar a la derecha de la capilla real de Córdoba.

“YO SEÑORES, SOY ANDALUZ, NATURAL DE ÉCIJA Y MI NOMBRE ES JERÓNIMO DE AGUILAR, ¿ QUE DÍA ES HOY ?. QUE SEGÚN PIENSO ES MIÉRCOLES”.

Esta otra frase pronunciada por un ecijano célebre, influyó de sobremanera en la conquista de Méjico, tras el descubrimiento de América. Jerónimo de Aguilar embarcó en una expedición hacia el Nuevo Mundo, mandada por Diego Nicuesa y Vasco Núñez de Balboa, y tras llegar a las recién descubiertas tierras sobre el año 1.511 naufragó con 20 hombres más, cuando iban a la isla de Santo Domingo.

Tras muchísimas penalidades, donde fueron sacrificados gran parte de sus compañeros por los indígenas, Jerónimo logra sobrevivir con otro náufrago, adaptándose a las costumbres y cultura de los pueblos con quién tiene que convivir, aprendiendo sus idiomas, llegando a unirse sentimentalmente con la india Marina, de importante familia.

Cuando el año 1519 llegar los tropas de Hernán Cortés a dichas tierras, concretamente a la isla Azucamil y comienza a explorarla, observan como de una pequeña canoa, baja un grupo de indios, casi desnudos, con larga cabellera y poblada barba, portando arcos y flechas.

Se parapetan tras una loma y se preparan para atacarlos siendo entonces, cuando uno de estos indios al oír a los españoles, levantó el brazo derecho, tiró al suelo el arco y dirigiéndose a los sorprendidos soldados, en perfecto castellano, tras preguntarles sin eran españoles, pronunció la frase que hoy recordamos.

Presentado a Hernán Cortés, le tuvo siempre a su lado sirviéndole de intérprete y conocedor de estas tierras, siendo por tanto un excelente colaborador en la tarea de la conquista de la Nueva España. Según numerosos autores a Jerónimo de Aguilar se debe la fabricación del chocolate, producto que elaboró al observar como los indios aplicaban el cacao como un remedio curativo, tuvo la idea de mezclarlo con lecho y comprobó que además de ser curativo su preparado, tenía un exquisito sabor y resultaba altamente nutritivo.

“LA UNA ES PARA MALOS CABALLEROS, LA OTRA PARA RUINES Y VILLANOS”.

El curso de la historia de España, hubiese seguido otros derroteros, si no es, por el coraje y la leal intervención que a favor de la monarquía, tuvo el ecijano DON JUAN DE HENESTROSA, apodado “El Santo”, respaldado por el Cabildo y gran parte de la población de nuestra ciudad.

A finales de 1.159 o principio de 1.520, la mayoría de la nobleza de Andalucía, se reúne en la Rambla, con el fin de acordar unirse a la causa de Los Comuneros y, por lo tanto contra el rey Carlos I. Es comisionado por nuestro Cabildo Don Juan de Henestrosa para acudir a la reunión y contra la opinión de la mayoría, defiende la tesis de que hay que seguir siendo leal al rey y que por muchas razones que expongan, Écija nunca se unirá a la causa de los Comuneros.

A su regreso le esperan los regidores, a quienes da cuenta de su gestión, agrupándose en esos momentos un numeroso grupo de personajes en la Plaza Mayor dando gritos a favor de Padilla, Bravo y Maldonado y contra el monarca. El Sr. Henestrosa, salió al balcón principal y con enérgica arenga disolvió al pueblo y después, marchándose a su casa, ordenó preparasen su caballo, sus ropas y armas de guerra.

Acompañado de solo cuatro servidores, recorrió la ciudad y viéndola tranquila y sosegada se encamina hacia el Puente y a la derecha del mismo se apostó, haciendo guardia personalmente. Al amanecer procedente de la Rambla, aparece un numeroso grupo de caballeros y uno de ellos se adelanta, hacia D. Juan de Henestrosa que ocupa el centro de la calzada, impidiendo el paso. Al verlo vestido de tal manera y con lanza en la mano le pregunta:

¿Con que objeto lleváis esa lanza de dos puntas?

“LA UNA ES PARA MALOS CABALLEROS, LA OTRA PARA RUINES Y VILLANOS”.

Tras esa contestación, el caballero al comprender que Écija, seguía firme en su lealtad al rey, volvió con sus acompañantes a la Rambla, donde a los pocos días se decidió no formar parte de la sublevación y con ello Andalucía seguía apoyando a la monarquía y a su rey.

La actitud de D. Juan de Henestrosa, fue tan importante en el recién comenzado reinado, que Carlos I, concedió en el año 1.535 a Écija, en reconocimiento a tal hecho, el título de MUY LEAL, que se agregó al de “Ciudad” que se tenía.

“ ¡ SOLTADME Y DARME ARMAS PARA PELEAR ! ”

Sobre mediados del siglo XVI, por las calles ecijanas, se veía pasar constantemente un muchacho de proporciones gigantescas y dotado de una fuerza física, fuera de lo normal.

Iba de un lado para otro, callado, tímido, taciturno, rehuyendo la compañía de los demás y sobre todo la de los jóvenes de su edad. Dotado de un alma noble, sencilla, sus facultades mentales no estaban en concordancia con sus proporciones y fuerzas físicas, ofreciendo permanente una idiotizada sonrisa.

Se llamaba JUAN BOCACHE. Hacían burlas de él y cuando le acosaban, los resultados eran fatales, pués destrozaba todo lo que encontraba a su paso y malhería a los provocadores.

Por estas causas comenzó desde muy joven a estar preso en cárceles y calabozos. En una rebelión de moriscos, los presos de la Real Chancillería de Granada se amotinaron, queriendo escapar, encontrándose en una galería con el ecijano Bocache, quién a pesar de tener atados los piés y manos con grilletes, cogió un bastón o cayado y causó la muerte a varios de los rebeldes e hirió a otros, formando tal tumulto que dio tiempo a que acudiera la guardia y sofocara el motín.

En la más alta ocasión que vieron los siglos –según Cervantes-, momentos antes de celebrarse la batalla de Lepanto, el Capitán General de la Flota, D. Juan de Austria comienza a dar las órdenes oportunas, y es entonces cuando un preso de galera que atado impulsaba los remos de la nave, empezó a dar grandes voces, diciendo: ! SOLTADME Y DARME ARMAS PARA PELEAR ¡.

Tan fuerte eran sus gritos que D. Juan de Austria, ordenó lo liberasen y conforme a sus deseos le diesen armas, ocupando uno de los sitios mas peligrosos.

Terminada la memorable batalla, al día siguiente se ordena que suban al puente de mando de la nave capitana a varios hombres que se habían distinguido en la lucha, para rendírsele homenaje y honores. Allí, con paso lento, desgarbilado, sube un hombre que se destaca de los demás por dos cosas. Por su elevada estatura, casi un gigante y, por su constante y amplia sonrisa.

Se trata del ecijano “JUAN BOCACHE”, a quién se acerca D. Juan de Austria, le saluda, felicita y abraza, comprobando asombrado, que aquél valiente, era el preso de galeras que ordenó liberar, porque no le dejaba transmitir sus órdenes, cuando a grandes voces repetía una y otra vez:

“SOLTADME Y DARME ARMAS PARA PELEAR”.

“! SI TUVIERA VEINTE HOMBRES COMO ESTE, SERIA CAPAZ DE CONQUISTAR EL MUNDO ¡”

En las guerras de Flandes, entre otros muchos ecijanos, destacó el capitán DON ALONSO DE MERCADO, el cual brilló a tal altura en sus estratagemas y planteamientos en las batallas, que Don Alonso de Zayas en carta escrita al Rey Felipe II, indica “que toda milicia, le equiparan a Julio César y a Aníbal”. Igualmente el Príncipe Alberto Carlos, escribe al Rey, narrando y destacando el valor y los méritos contraídos por este ecijano.

Alonso de Mercado, empleó tácticas de guerra geniales, asombrando al enemigo y a sus propios compañeros. En la conquista de la Ciudad de Hulste, fue herido y a pesar de ello, con sólo 70 soldados, emprende el asalto a la fortaleza, llegando el primero entre todos los soldados al interior de la misma, tras sostener un encarnizado combate cuerpo a cuerpo.

El rey francés Enrique IV, con numerosas fuerzas, lo tiene cercado en una villa, contando solamente Mercado, con 50 hombres, y tras oponer tenaz resistencia, empleando numerosas tretas y ardiles, consigue escapar. El rey desde lejos presencia el cerco, la lucha de sus hombres con los españoles, quienes continuamente son sorprendidos y engañados y en un momento el monarca se vuelve hacia sus capitanes y exclama:

“! SI TUVIERA VEINTE HOMBRES COMO ESTE, SERIA CAPAZ DE CONQUISTAR EL MUNDO ¡”

Felipe II le concedió al cumplir los treinta años de servicio a España, una pensión de 600 ducados, nombrándole Gobernador, Capitán General y Alcaide de Puerto Rico. Tan bravo ecijano murió ahogado cuando regresaba a España, donde había sido llamado de nuevo por su Rey, para nombrarle a prestar nuevos y mas altos servicios.

“HABIENDO PASADO GRANDÍSIMO CALOR, PORQUE AUNQUE NO SE CAMINABA LA SIESTA, YO OS DIGO HERMANAS, QUE COMO HABIA DADO TODO EL SOL A LOS CARROS, QUE ERA ENTRAR EN ELLOS COMO EN UN PURGATORIO”

El calor o el calor de nuestra Ciudad, la han sufrido los tartesos, los turdetanos, los romanos o cartaginenses, el visigodo el árabe y cualquier pueblo que en el transcurso de los siglos, en ella residiera. Por ello desde los albores de los tiempos se le conoce por “Ciudad del Sol”.

También lo sufre, cualquier persona que en época estival la visite. Personajes de todas las épocas, por el solo hecho de pasar unas horas, bien de día o peor de noche, comienzan a sudar, se desabrochan los botones, les falta el aire y se echan a morir y así cuando pueden, huyen a toda prisa por los cerros que nos rodean, buscando lo antes posible, tierras menos calurosas, relatando después, sus pasadas fatigas por motivo del calor, en la célebre “Sartén de Andalucía”.

Ni los mismos santos, hoy venerados en altares, al sentir en Écija, en sus cuerpos el efecto del calor, han podido reprimir sus comentarios.

La propia Teresa de Jesús, santa andariega, acostumbrada a caminar por toda clase de lugares, en sus muchos viajes, la mayoría en verano, para aprovechar el difícil tránsito por los malos caminos de sus tiempos, cuando llega a Écija en carros de mulas, acompañada de seis hermanas y dos religiosos, al divisar la primera Iglesia, pasado el Puente del río Genil –la actual Santa Ana-, tan sofocadas llegaron que presurosas se echan debajo de los carros y se introducen en la antigua ermita, donde con el frescor que les ofrece su capilla, oyen misa, no atreviéndose a salir de nuevo a la calle y continuar con su viaje, pués según dejó escrito “oímos misa en una ermita de Écija y en ella nos quedamos la siesta”. No sabemos si, además de quedarse, la durmieron.

Lo que sí nos consta, es que después de la siesta, la Santa Doctora, aquél segundo día de Pascua del Espíritu Santo, que lo fue el 24 de Mayo de 1.575, decidió efectuar el voto de obediencia en el mayor grado de perfección posible. En tal decisión alguna culpa tuvo el calor ecijano, al menos el realizarlo tal día.

Lo cierto es, que Santa Teresa, nunca olvidó el calor sufrida en su estancia en Écija, pues en el Capítulo 24 de su libro Las Fundaciones, relata sus fatigas y nuestra célebre calor de esta manera:

“Habiendo pasado grandísimo calor, porque aún no se caminaba la siesta, yo os digo hermanas, que como había dado el sol a los carros, que era entrar en ellos como en UN PURGATORIO”.

No niego que los carros, tuviesen poca protección contra el sol, pero si Santa Teresa, este pasado mes de Julio de 1.989, hubiese tenido que dormir varias noches en un piso de las 200 viviendas, o en la Bda. de Santa Ana o del Valle, o si en lugar de entrar en un carro, hubiera tenido que entrar en un coche sobre las tres de la tarde, después de estar aparcado varias horas en el Salón o en la Plaza de Colón, le parecería, no entrar en el Purgatorio, sino en el ¡Mismo Infierno!.

“!PERTENECEMOS AL BATALLON DE LA VIRGEN DEL VALLE DE ECIJA!”

Una vez derrotado en Bailén, el más poderoso ejército de aquellos tiempos, el vencedor general Castaño, como premio al ardor puesto en la pantalla, por un grupo de soldados muy jóvenes, algunos casi niños, les confía la difícil y honrosa misión de conducir a puerto a los generales y altos jefes militares del ejercito vencido. Difícil misión, pues junto al trato correcto que debían de darles por sus altas graduaciones, tenía que evitar el paso de pueblos y ciudades, el que fuesen ultrajados o atacados, dado el gran odio, almacenado contra el francés invasor.

Embarcados en la nave, momentos antes de partir, se vé salir a cubierta el General Dupont y a continuación a todos los jefes franceses en ropa de gala. Todos marciales, saludan militarmente al grupo de hombres, la mayoría muchachos y algunos casi niños, que inmediatamente corresponden al saludo, si bien su atuendo era distinto. Unos tenían calzonas, otros pantalones de soldado, algunos casacas, la mayoría sólo camisas, pero todos, tenían una idéntica prenda en común: un sombrero. Y cosido al mismo, un grabado con la imagen de una Virgen.

Desde la cubierta del barco, manteniendo aún el saludo militar, el General Dupont pregunta:

¿Soldats, a quel corps de l’armeé apertenaz vous?
Soldados, a que cuerpo de ejército pertenecéis?

“A NINGUNO SEÑOR. PERTENECEMOS AL BATALLON DE LA VIRGEN DEL VALLE, DE ÉCIJA”.

El batallón Virgen del Valle, fue creado por iniciativa de la Junta de Gobierno de Écija el día 8 de Junio de 1.808, para luchar contra la invasión francesas. Se formó con casi mil muchachos ecijanos, que a las órdenes de Don Pedro Agustín Echevarri, inmediatamente se incorpora al existente Regimiento Provincial de Écija, al mando del Brigadier Marqués de la Cuevas del Becerro.

Heroicamente interviene en la defensa de Córdoba, en las batallas de Alcolea, Ciudad Real y Puente Verde en Aranjuez, donde murió su teniente D. Pedro Galindo, igualmente luchan en Medina-Sidonia, Olvera, Antequera, donde arrojan a los franceses y en otras muchas acciones de guerra, enfrentándose a las tropas de Dupont y del Mariscal Soult, haciéndose famosos entre los enemigos, no sólo por su ardor combativo, sino por su juventud, reconociéndose en los campos de batalla por el sombrero con la insignia de la Virgen del Valle, que todas llevaban.

“ECIJANOS QUE TENEIS A VUESTRA PATRONA EN UNA ALACENA”

Desde finales del siglo VI, es venerada la Virgen del Valle, por todos los ecijanos, y aún sin existir documento alguno, desde tiempos muy remoto se le tiene por Patrona de la ciudad. Esta devoción, fue conmovida y aún más concienciada en los últimos tiempos, gracias a esta frase pronunciada en el púlpito de Santa Cruz por un humilde sacerdote.

Aunque dicha devoción nunca había decaído, el lugar donde se encontraba la imagen hasta el pasado siglo, no era el más digno. Por ello en el año 1.885, en ocasión de celebrarse unos cultos en Santa Cruz, el sacerdote D. Victoriano Aparicio y Marín, en un momento de su sermón, se volvió hacia el lugar donde estaba la Virgen y en alta voz dijo:

“ECIJANOS QUE TENEIS A VUESTRA PATRONA EN UNA ALACENA”.

Ante tan gran acusación, se puso en marcha una Comisión para construir una capilla al lado Norte de la Iglesia de Santa Cruz, obras que se paralizan por la marcha de Écija, de este buen sacerdote.

Don Victoriano Aparicio y Marín, nació en Osuna el 23 de Marzo de 1.853. En Mayo de 1.877, es ordenado sacerdote y tras ocupar la Parroquia de Aguadulce por poco tiempo, es designado para cubrir uno de los tres curatos de la Parroquia de Santiago en Écija cuando contaba sólo 25 años. Siendo el más joven de los sacerdotes de Écija, es nombrado Vicario de nuestra Ciudad. Pasa como Cura Párroco de San Gil, en mayor de 1.879 y hasta el 1º de Septiembre de 1.887 que desempeña su ministerio en Écija, desarrolla una gran labor evangélica, reparando las Iglesias de San Gil, dando gran impulso a los cultos, sobre todo a los titulares de la Hermandad del Cristo de la Salud.

Tras incansables trabajos logra la reconstrucción de la Iglesia y torre de Nuestra Señora del Carmen, donde para conmemorar tal hecho el 16 de Julio de 1.883, se celebran esplendorosos cultos. Gran predicador, trabajador infatigable, siempre al lado de los necesitados, dejó parte de su juventud y su salud haciendo el bien en Écija, donde siempre fue querido y respetado por todas las clases sociales.

El Ayuntamiento en recuerdo de tan buen sacerdote, puso el nombre de calla Arcipreste Aparicio a la antigua calle La Pelota.

“EL AGUA DE ÉCIJA, ES CARA, MALA Y ESCASA”

Si a nuestros hijos hoy, les decimos que en nuestra juventud, en nuestras viviendas apenas existían grifos y que el aseo personal, lo era en barreños con agua del pozo, si lo había, o traída de los pocas fuentes públicas, no se lo creerán.

Como tampoco creerán, que para que, nuestras madres pudieran cocinar, había que esperar y hacer colas en las vetustas y antihigiénicas “pipas”, que con agua de los pozos de “La Barranca”, del “Trillo”, de la “Fuente de las Peñuelas” y otros manantiales, se tenían como más potables y seguras para el consumo.

Sin lugar a dudas, después de la reconstrucción de Julio César, doscientos años antes del nacimiento de Cristo, de las murallas que rodeaban a la antigua Astigi, la obra de carácter civil, más importante llevada a cabo en nuestra ciudad, por su necesidad y resultados, ha sido la traída de aguas del pantano de “El Retortillo”, que acabó con la escasez que de la misma, se ha venido padeciendo en toda la historia.

Los primeros intentos serios, que se hacen para resolver el problema, datan del año 1.880, en el que se proyecta traer agua de manantiales del Vado Pérez, por encima de la Huertas de San Antón, obras que costaban 1.444.589 pesetas y que no se llevan a efecto. En 1.920 y con un coste de 77.589 pesetas, se hacen conducciones de agua, de manantiales de Alcorrín y Dos Fuentes, que resultaban insuficientes. Por fin en un pleno celebrado en día 1.964, siendo el Alcalde D. Joaquín de Soto Cevallos, pronuncia un discurso, que comienza con esta célebre frase:

“El agua de Écija, es cara, mala y escasa”.

Desde ese momento se pone en marcha el ansiado y definitivo proyecto. La idea de este buen Alcalde, es acogida con entusiasmo por todo el pueblo y por el Gobernador Civil Don José Utrera Molina, y así, después de laboriosas, constantes y continuas gestiones, llega hasta el propio Gobierno a través del Ministro de Obras Públicas, Don Federico Silva Muñoz. El importe del proyecto en principio, asciende a 250 millones de pesetas y es aprobado en Abril de 1.968 en Consejo de Ministros.

Comienza las obras al año siguiente. Por fin en los últimos días del mes de Junio de 1.972, el propio Don Joaquín de Soto Cevallos, acompañado de miembros de su Corporación y técnicos, abre el grifo que inunda de tan precioso liquido los depósitos situados al borde de la carretera Madrid-Cádiz e inmediatamente surte de abundante, rica y potable agua a la milenaria sedienta Écija, comenzando un nuevo periodo de bienestar social, económico e industrial.

“¿ SABE A TURULLOTE ? ó “ VAYASE A TURULLOTE QUE ALLA LE CUMPLIRAN JUSTICIA “

Sin lugar a dudas es el refrán más antiguo, netamente ecijano que he podido recopilar. Lo extraigo de la célebre obra “Écija, sus santos y su antigüedad eclesiástica y seglar”, publicada en 1.629 por el padre Martín de Roa.

Su origen, las rencillas que a veces existen entre poblaciones limítrofes y, como tras la reconquista de Écija y su zona por Fernando III, la aldea de Turullote o Turrullote, fue una de las más pobladas, sus moradores, tenían continuos y reñidos encuentros con los de Écija.

Tantos, que por bien de ambos, se convino en que despoblaran la aldea y vinieran a vivir a Écija con sus casas y haciendas. Incluso se hallaba en el Archivo del Ayuntamiento, la petición que los vecinos de Turullote hicieron a Écija, pidiendo que les perdonasen los muchos agravios que les habían hecho y que dejarían el lugar, para que junto con sus familias residieran en nuestra ciudad.

El Padre Roa, indica que los vecinos del Turullote, eran gentes belicosas, hechas a las continuas luchas con los moros, que por todas partes les rodeaban y como los términos de dicha aldea y los de Écija, estuviesen mojón en medio, recrecianse las disputas y peleas que muchas veces terminaban en muertes.

De aquí nació el refrán, que se aplicaba a la persona que era desobediente, indicándole alguna de estas frases “¿sabes a Turullote?” ó “váyase a Turullote que allá le cumplirán justicia”. Sin lugar a dudas los métodos y la justicia que empleaban los de esta Aldea no eran nada recomendables.

“ DON CANTOS... EL 35 “

Esta frase sólo la recuerdan las personas de avanzada edad y desgraciadamente ha desaparecido en cuanto a su uso en Écija.

El popular juego del Bingo, tiene sus antecedentes en las añoradas loterías de cartones que se jugaban en las noches de invierno, en muchas casas, algunos bares y en los Casinos.

Para sacar y cantar los números siempre habían personas con un gracejo especial, que además tenían la virtud de anteponer el número una frase o un apalabra y así cantaba. Los dos patitos.. el 22. La edad de Cristo… el 33. El abuelo… el 90.

Pues bien, en Écija se popularizó en dicho juego la frase DON CANTOS… el 35, cuando salía este número; y se debió a que sobre la segunda mitad del pasado siglo XIX, solía venir a nuestra Ciudad a pasar largas temporadas el Caballero Don Rafael de los Cantos, que era natural de Palma del Río.

Un tipo curioso, ya viejo, venido a menos en dinero, pero que se la daba de guapo y de Tenorio, e incluso escribía poesías amorosas. Su actitud, ademanes y ropaje refinado, le hacían caer en ridículo y en Écija se le tomaba a broma. En algunas casas de la sociedad ecijana, se daban saraos y bailes y como número especial, siempre estaba, el invitar a Don Rafael de los Cantos, a quien ponían en situaciones cómicas y gastaban bromas en dichas fiestas.

Cuando el licor alegraba a los asistentes, no era raro ver alguna dama ecijana, -ya preparada- fingir pasión ardiente por el Sr. De los Cantos y cuando éste correspondía a tales manifestaciones y más entusiasmado estaba, retirado con su dama en algún aposento, se presentaba el “marido o el novio de la Dama”, en actitud desafiante, obligando a que el enamorado caballero saliera de estampida, saltando por las tapias de las casa grotescamente, o bien le obligaban para salvar el honor, esconderse bajo sofás o armarios, en cuyo lugar lo tenían durante largas horas.

Su final fue trágico, pues cayó en poder de la pandilla de los célebres “Cobachas”, quienes una noche, le pusieron una ayuda de aguardiente y así descompuesto y precipitadamente huye hacia Palma del Río, dejando a deber en la fonda donde se hospedaba, lo no despreciable suma por aquellos tiempos de 35 duros.

El propietario de la fonda era Don Manuel González, apodado “El Mono”, quien hizo varios viajes a Palma para cobrar lo adeudado por el Sr. De los Cantos, sin conseguirlo. Con el tiempo Manuel González “El Mono”, se hizo popular por su gracejo cantando los números de la lotería y era solicitado en los bares y en las casas, y acordándose de la deuda no cobrada, cuando salía del bombo el 35, siempre repetía… “DON CANTOS… el 35”. Lo que motivaba a la risa, ya que evocaba a tan singular personaje y a sus avatares por Écija.

“LLEGAR COMO EL SOCORRO DE CÁDIZ”

Refrán ya desaparecido, pero que fue usado muchísimo en Écija, hasta finales del pasado siglo. Indicaba que se había acudido tarde a remediar un mal, un problema o una necesidad, o cuando estos contratiempos habían desaparecido y por lo tanto el auxilio o socorro que se iba a prestar, no eran necesarios.

Se debe, a que habiendo desembarcado los ingleses en las costas de Cádiz, se apoderaron de esta Ciudad y poblaciones cercanas en los años 1.592 y 1.596, cometiendo toda clase de actos de pillajes. Écija, formó un cuerpo de ejército, tanto de infantería como de caballería, en estas dos fechas, para auxiliar a la invadida ciudad y combatir a los ingleses.

Al mando de estas tropas fueron el propio Comendador D. Juan Fernández de Henestrosa. Lo cierto es, que en las dos ocasiones, cuando llegaban dispuestos para el combate a Jerez de la Frontera, se enteraban de que los ingleses habían abandonado Cádiz y la zona invadida, y como en Écija se creyó que más bien el retraso en prestar auxilio, más que a pura casualidad, se debía a otras causas, fue popularizado como refrán lo de “llegar como el socorro de Cádiz”.

“MAS CANSAO QUE EL NONO”

Al “Nono” lo conoció personalmente el célebre escritor ecijano D. Manuel Ostos Ostos, de quien recojo algunos refranes, como éste.

Tuvo que vivir a mediados del siglo pasado y moriría a principios del actual. Era un pobre hombre que se ganaba la vida rifando guitarras, y anunciaba su presencia tocando la propia guitarra que iba a rifar. Solía llegar a sitios de reuniones, a tabernas, barberías, tiendas, y donde él veía algún público.

Sin hablar palabra alguna, se ponía en la puerta del establecimiento y comenzaba a tocar el instrumento incansablemente.

Lo hacía muy mal y repetía por fuerza su escaso repertorio, lo que motivaba que los clientes, cansados y aburridos de tanta y mala música, terminaran comprándole algunas papeletas, mayormente por quitárselo de encima.

Cuando le hacían la compra, mudo, sin decir palabra alguna se marchaba, comino de otro lugar, donde repetía la escena.

“ MAS RICO QUE EL MARQUES DE PEÑAFLOR “

Ya apenas residen en Écija, personas que ostenten títulos nobiliarios, pero en tiempos pasados, no muy lejanos, nuestra ciudad, fue lugar de vida o de descanso de muchas personas importantes en el plano social y hasta en la misma Corte de España.

En el año 1.854, los Sres. con títulos de Castilla que vivían en Écija con sus familias era once, y veintinueve los que no residían, pero tenían propiedades y pasaban algunas temporadas en nuestra Ciudad. En dicho año aparecían registrado entre Condes, Marqueses y Duques un total de cuarenta. Dado sus enormes fortunas, a ellos se debe la construcción de tan hermosos palacios y casonas, que aún se conservan, formando junto con sus mobiliarios, parte de la riqueza monumental y artística, de la que nos sentimos orgullosos.

El Marqués de Peñaflor, a quien se refiere el refrán, no lo era por derecho propio y si por consorte. Se trataba de D. Antonio Manuel Pérez de Barradas, que ostentaba los títulos de Marqués de Cortes de Graena y Alférez de Guadix, títulos que aportó al casamiento Dª Francisca Fernández de Henestrosa, quinta marquesa de Peñaflor.

A sus incalculables bienes, se unieron todos los del marquesado de Peñaflor, que entre otros, tenía el señorío de Turullote, de Pernía y de Gayape, con todas sus tierras y caseríos.

El marqués Pérez de Barradas, fue el que ordenó la ampliación del palacio, agregándole para ello, seis grandes casas y así construyó, graneros, caballerizas y además, a él se debe la bellísima fachada con sus peculiares “balcones largos”, gastándose una enorme fortuna para dejar el singular palacio, igual que hoy lo vemos.

Realizó numerosas obras sociales, entre ellas la de ceder su Cortijo “Orteguilla”, cambiándolo por otro llamada “Barranco Bermejo”, a fin de que en terrenos del primero se fundaran los pueblos de La Luisiana y Cañada del Rosal, y tuvieran tierras sus nuevos labradores. Por tal hecho el Rey Carlos III, le nombró “Grande de España”, de 1ª clase por Decreto de 22 de octubre de 1.771.

“ ESTA DURANDO MAS QUE LAS OBRAS DE SANTA CRUZ”

Frase que emplean los ecijanos, cuando algún negocio o problema, está tardando en solucionarse más de lo debido.

Se debe a que desde que se destruye el antiguo templo de Santa Cruz, hasta que se inaugura al público le nueva Iglesia pasaron muchos años.

Como consecuencia del terremoto de Lisboa, ocurrido el 1º de noviembre de 1.755, el primitivo templo de Santa Cruz, sufrió tan enormes daños que ofrecia el peligro de derrumbe. Se encargan informes a Tomas José Zambrano y Pedro San Martín y del resultado de tales informes, el Cabildo, recogiendo la petición del pueblo, por acuerdo de 27 de Septiembre de 1.763, acuerda dirigirse “…al Sr. Cardenal de Sevilla y Cabildo Catedralicio, encomendándoles y recomendándoles la empresa proyectada por el clero de la Parroquia de Santa Cruz de edificar una nueva iglesia, por se insuficiente la que existía, para las necesidades del culto y nombra una diputación para tal fin…”.

Así en 1.775, se derriba lo que quedaba de la antigua Iglesia y el día 2 de enero de 1.776, reinando Carlos III, comienza a construirse la nueva iglesia, obras que se encargan a D. Antonio Matías de Figueroa, aunque el proyecto definitivo es del maestro Mayor, Don José Álvarez, importando las mismas 754.356 reales. Pero las obras tardan, van lentas, por unas causas y otras.

No se consigue inaugurar solemnemente la nueva Iglesia hasta el 21 de Diciembre de 1.836. Nada menos que 60 años después de sus comienzos, y a pesar de tanto tiempo, solo se construye un poco más de dos tercios de los proyectado, quedando aún al descubierto desde la puerta de entrada de la calle, hasta el actual cancel. Fueron 60 años largos de espera.

La mayoría de los ecijanos que vieron comenzar las obras, no pudieron ser testigos de su terminación. Fueron ellos los que comenzaron a emplear la frase y con razón. Después ha quedado usándose cuando algo tarda mas de lo debido… VA A DURAR MAS QUE LAS OBRAS DE SANTA CRUZ.

“ MOCITA, TE VAS A SAN AGUSTÍN, DESPUÉS VAS A SAN GREGORIO, TE PASEAS POR EL SALON, Y QUIZAS TE SALGA NOVIO “

Con más o menos variantes, he recogido de una anciana de calla Salto, este curioso y desparecido cuarteto. Como refrán o dicho se emplearía por Écija, pero antes de 1.861, ya que en dicho año se cierra al culta la capilla de San Agustín al estar en ruinas y ofrecer peligro.

Igual suerte corrió la capilla de San Gregorio, que se cerró al culto el año 1.907, destruyéndose poco a poco, en años posteriores.

Distantes ambas capillas, la mocita ecijana para visitarlas, tenía que dar un largo paseo por diferentes calles, y si además se le recomendaba diese varias vueltecitas por el Salón, si no era requerida por algún galán, indudablemente, la muchacha no era muy afortunada en amores.

“ AL IGUAL QUE AL POSTIGO DE SAN RAFAEL, QUE TODO EL QUE LLEGA SE CAGA EN EL ”

Frase empleada para sacar a relucir las constantes desgracias, las muchas humillaciones y contratiempos de alguna persona.

El postigo de San Rafael, rincón bellísimo ecijano, está situado en la calle Almonas, tras la Iglesia de Santa Cruz. Hasta hace poco tiempo apenas existían casas en dicha calle (hoy se ha construido un bloque de pisos) pero era camino de paso muy frecuentado.

Esta calle confluye con la de Fernando Labrada que va bordeando las tapias de la parte de atrás de la Iglesia de Santa Cruz y tampoco tiene casas habitadas.

Este trayecto, además muy abandonado, sin apenas luces de noche, cercano a un barrio que aciertas horas no gustaba ser vista –sobre todo los hombres- invitaba a que en tiempos no muy lejanos, que no existían apenas cuartos de aseos en las viviendas y menos aún en el citado barrio, fuese el postigo de San Rafael, que hace esquina, lugar escogido por muchas personas para hacer sus necesidades.

“ SAN CRISTOBALITO, CARA DE ROSA”

Como en otras poblaciones, en Écija de siempre, ha existido la costumbre de visitar las mujeres, ciertas imágenes con fama de “milagreras”, en solicitud de un posible novio y después un buen marido, bien para ellas o para sus hijas.

Una de esta imágenes que gozaron del fervor y oraciones de muchas mujeres ecijanas, durante tiempo, lo fue la antigua efigie de “San Cristóbal”, que sobre una columna de jaspe, existía a la entrada de la antigua Plaza de los Mesones, hoy del Puente. Era muy desproporcionada y sin belleza alguna. Costeada por D. Jerónimo de Henestrosa León, fue colocada en tal lugar el 28 de julio de 1.747, para guía y salud de los viajeros. Cuando la célebre revolución de 1.868, Écija padeció la destrucción de varios edificios, arcos y puertas, entre otros actos vandálicos, lo fue el derribo violento, por medio de cuerdas, del monumento de San Cristóbal la tarde del 27 de Noviembre de 1.868.

Curioso el hecho acaecido a una buena gitana, que todos los días acudía a los pies de la monumental y feísima escultura y con fe, repetía estos versos muy populares por su época, para que a su única hija le saliese novio:

San Cristobalito,
carita de rosa,
dame un novio
“pá” mi hija moza.

San Cristóbal cumplió con la petición, y así la gitana casó a su hija, pero el marido le salió bebedor, juerguista, flojísimo para el trabajo y además “ligero de manos”, o sea un “prenda”. Una noche en que se armó una bronca sonada entre el nuevo matrimonio, la pobre gitana, con su amiga, ya de noche, fue al Puente para buscar a su marido y le ayudase en el incidente.
Al llegar a la altura de San Cristóbal, se paró enfurecida, se “arremangó” el delantal, puso ambas manos en su cintura y de esta manera, se encaró ante la fea imagen y le increpó en alta voz:

San Cristobalón,
pataza, manaza,
cara de cuerno,
“pá” eso me distes el yerno.

Serenados los ánimos, a la mañana siguiente de nuevo pasa la gitana por la antigua Plaza de los Mesones, concretamente la mañana del día 28 de Noviembre de 1.868 y al ver derribado a San Cristóbal, totalmente hecho pedazos por los suelo, creyó que ella con sus “maldiciones” era la culpable de tal desaguisado, por lo que asustada, salió corriendo hasta su casa, comentándose que nunca más en los años de vida que le quedaron, volvió a pasar por el lugar donde estuvo el monumento e imagen del Patrón de los Caminantes, que tan mal fin tuvo.

Nota: Tras redactar la anterior, me avisan y compruebo de que las obras de restauración que se están llevando a cabo, por cierto con gran fortuna, en la Torre de la Iglesia de Santa Ana, en el hueco de la escalera de la torre, han aparecido parte de los restos de tal monumento. He ido a verlos estando en el suelo de la Iglesia, amontonados. No sé si está al completo, pero si es verdad que la escultura es feísima y desproporcionada en sus formas.

“ A MI ME LLAMAN EL TONTO, EL TONTO LA CARIDAD”

Cada pueblo y en cada época tiene, desgraciadamente, una persona que, por su insuficiencia mental es conocido por “El Tonto”. En los años 30 al 60 se hizo célebre en Écija, un deficiente mental, que estaba recogido en la antigua casa cuna, llamada posteriormente LA CARIDAD, porque en ella se atendía a cierto número de personas necesitadas o que carecían de familia o recursos para sobrevivir.

Por dicha causa se le conoció por EL TONTO DE LA CARIDAD. Andaba siempre por las calles y hablaba con lengua temblona y medio ahogándose. Su gran afición eran los trenes. De cuando en cuando, se escapaba montado en los topes de los viejos trenes.

En cierta ocasión muy cerca de Córdoba, uno de estos trenes, arrolló a un hombre que precisamente iba viajando en los célebres “topes”, destrozándole. En Écija, se creyó que se trataba del “Tonto de la Caridad”, incluso algunos familiares le guardaron luto.

A los ochos o diez meses, una mañana se presentó con gran sorpresa, gozando de buena salud física el popular “tonto”, que no debió serlo tanto, pues cuando se burlaban de él contestaba canturreando estos versos por él inventados:

A mí me llaman el tonto,
el Tonto de la Caridad,
todo el mundo come trabajando
y yo como sin trabajar.

“ EN CASA PACHECO TE ESPERO “

Del nombre dado a las tabernas o bares ecijanos, bien por los propietarios o por los clientes, se podía escribir un libro, que con los sucedidos, anécdotas y hechos curiosos acaecidos a través de los tiempos, seguro entretendrían a los lectores.

En la década de los años 40 al 50, en la calla Miguel de Cervantes y donde hoy existe un establecimiento de venta de motocicletas, casi en la esquina con calle Padilla, un tal Pacheco, puso un bar, y tuvo la ocurrencia de poner en la fachada con pintura destacable, esta frase:

“ EN CASA PACHECO TE ESPERO “

La frase se hizo popular y con el tiempo no sólo se empleó para indicar que el sitio de la reunión era en el simpático bar, sino para cualquier otro tema.

El pueblo sabio, que a todo le “saca punta”, contestó al tabernero con otra frase o dicho, que igualmente se popularizó. Resulta que el tal Pacheco, tenía en mostrador a un hijo, que a la hora de ajustar las cuentas de las consumiciones, lo hacia algo a la ligera, equivocándose a menudo, pero siempre a su favor. A este dependiente se le conocía por RICO-PELO y cuando alguien decía: “En casa Pacheco te espero”, se le solía contestar: “Pués llévate dinero, que está Rico-Pelo”.

Por el mismo lugar donde estuvo el Bar Pacheco, después hubo otra bar, que se le llamó “El Negresco” y más reciente, cuando en Écija apenas existían coches, ni mucho menos autobuses, ya formando esquina con calle Padilla, conocimos el “Bar Tranvía”, que ya es fantasía y originalidad.

“ CHUMINA” ó “CHUMINA DE LA CARLOTA”

Por más que lo he intentado, incluso en la misma población de La Carlota, no he podido averiguar el origen de este refrán, que en Écija, se sigue empleando aún con bastante frecuencia, cuando se quiere indicar, que lo manifestado por otra persona, es una simpleza, una tontería, algo sin importancia, o bien que carece de sentido.

La palabras “chominá” ó “chuminá”, no aparecen en los diccionarios, por lo que según creo, sólo se emplea en nuestra Ciudad y parte de su comarca, y como he expuesto, que lo dicho por otra persona, no es para tomarlo en serio o en consideración, por ser cosa sin sentido o sin importancia.

En cierta ocasión me explicaron, que la verdadera causa del refrán, se debe que a principios del actual siglo, o finales del pasado, existía en La Carlota una pastelería, cuyo propietario y maestro, le dio por confeccionar un dulce buenísimo, pero excesivamente pequeño, y la gente sin saber por que, comenzó a llamarlos “chominá” ó “chuminá”. Luego la palabra que existía antes.

Al pastelero le hizo gracia y ese fue el nombre, con que siguió llamando comercialmente al dulce. Cuando algún ecijano iba al vecino y cercano pueblo, la familia le encargaba, que trajese los célebres dulcecitos, diciéndole “tráete chuminá de La Carlota”. De mis indagaciones en este pueblo, ni recuerdan al pastelero, ni al dulce.

En fechas no muy lejanas, a un hortelano, le oí el refrán, aún más completo, pues dijo “Eso es una chuminá de la Carlota, donde van con un zapato y una bota”. Me hace pensar que el origen de este dicho o refrán, se debe a lo que ya he explicado en otros refrenes, a las rencillas que de siempre se han tenido con los vecinos de otros pueblos limítrofes, a los que siempre se ha tratado de poner en ridículo, con frases más o menos acertadas, al igual que ellos hacen con nosotros.

“ TIENES MAS PIÉS QUE EL AMADOR “

Fue este Amador, un hombre de elevada estatura, grueso, de profesión “medidor de granos”, que se hizo popular en Écija entre los años 30 al 50, no sólo por el hecho de tener unos pies de enormes proporciones, sino porque en determinadas épocas del años, se ponía a vender aceitunas verdes para “aliñar” o castañas, en el Salón, en la parte de lo que hoy es asfalto y frente al Casino Ecijano ó Banco Español de Crédito. También lo hacía por la barrera de la Plaza de Abastos.

Los mayores de edad, recuerdan que sobre los años 1.940 iban a comprar una perra gorda de castañas a Amador, y la forma de venderla a los niños o muchachos que acudían, era permitirles que por tal moneda, metieran la mano en el montón y quedarse con todas aquellas castañas que de una sola vez pudieran coger.

Tan grandes eran sus piés, que desde mozalbete, le tenían que hacer las botas a medida el “Venoso o Pepeito”.

“ESTA COMO LA BURRA DE CURRINDIN, QUE LA QUITABAN DE ARAR Y A ENGANCHABAN EN LA NORIA PARA QUE SE REFRESCARA”

Son conocidos por los “Currindín”, desde hace varias generaciones, como los miembros de una familia de hortelanos que cultivan su huerta camino de el Cementerio y cercano de éste.

Son excelentes trabajadores y los productos que cultivan han sido de siempre muy apreciados y hoy día siguen vendiendo en la Plaza de Abastos.

El refrán se le aplica a la persona que está todo el día ocupada en trabajos, sin apenas descanso o bien a aquella otra que trabaja bastante menos de lo que alardea o presume ante los demás.

“ARRIMA MAS PITAS QUE LA CAMPUZANA”

Hasta finales de los años 40, era frecuente ver la curiosa estampa que ofrecía la Campuzana, atravesando el barrio de El Puente, llevando sobre sus débiles espaldas un gran haz de pitas.

Mujer de pequeña estatura, muy delgada, siempre vestida de negro, salía al campo, y cortaba pitas, que transportaba y almacenaba en el patio de su casa. Después vendía por pequeñas cantidades de dinero dicha pita por casas ecijanas, porque refregándola por las ropas, o bien quemándola y echando las cenizas en un cubo al mezclarla con agua se formaba la conocida “clarilla, con la que se lavaba la ropa y quedaba blanquísima”.

Hoy día con lavadoras automáticas, los bio-químicos-detergentes, las nuevas amas de casa, quedaría sorprendidas si conocieran el estimable servicio que durante muchos años prestó “La Campuzana”, acarreando pitas.

“ ¿ QUIEN TE HA PELAO ?, ¿ SAMONO ? “

He aquí otro refrán caído casi en desuso, pero que hasta los años 1.950 0 60, se empleaba mucho en Écija, cuando se veía a alguien, quien el barbero, en su trabajo, no había puesto mucho arte, o no había sido afortunado, en la cabeza del cliente.

“SAMONO”, era un gitano, que vivía en la calle Zamorano, cerca de donde hoy está el hogar del Pensionista. Era alto, delgado, muy serio, siempre con su sombrero negro y en la faja, también negras, sus célebres tijeras de pelar. Se dedicaba a arreglar los numerosos burros o mulos, que por esas fechas habían en Écija e incluso era llamado en Cortijos o cualquier lugar para realizar su trabajo, con el que sacaba adelante su familia. Su centro de operaciones, era mayormente por el barrio del Puente, donde como se sabe, existían cuatro posadas, a las que llegaban por la mañana los labradores con sus animales, para realizar sus compras o transacciones en Écija.

Dejaban el burro o el mulo en la posada, y durante el día hacían sus encargos y a la caída de la tarde, volvían a su finca. Cogían el animal y pagaba el pienso y la estancia, y de cuando en cuando, al llegar, encargaban al bueno de “Samono”, que le arreglara el pelaje, bien al burro o al mulo. “Samono”, realizaba el trabajo, mayormente en el cuadrado terreno, existente a la entrada del puente a mano izquierda, dirección a Córdoba, frente a la desaparecida “fábrica de Escalera”, lugar conocido por la “Piojera”.

Tuvo que morir sobre el año 1.930. Fue hombre conocidísimo y popular en Écija, y un hijo suyo, también conocido por “Samono”, era frecuente verlo por la Estación del Ferrocarril recogiendo carboncilla.

De “Samono”, me narran un curioso hecho, que también se conoció en Écija, por muchos años. Fue que en ocasión de que una de las muchas compañías de “cómicos”, que por esas fechas pasaban por Écija y se quedaban representando su arte, no un día, sino semanas enteras, se hospedó en una de las Posadas del Puente. A “Samono” una mañana muy fría de invierno le salió el encargo de pelar una burra, la que ató aprovechando el sol, a una de las ventanas de la posada.

Detrás de esta ventana, que estaba entreabierta, se encontraba uno de esos cómicos, que tenía la virtud de ser “ventrílocuo” que observaba el trabajo del gitano. Aprovechando que la burra en movimiento animal, moviera la cabeza hacia un lado, desde dentro de la posada, con voz grave el ventrílocuo dijo “que me vas a cortar”.

“Samono”, quedó inmóvil, miró a un lado y a otro y al no ver a nadie, incluso se agachó por debajo de la burra y comprobó que estaba solo. No comprendió el hecho, y siguió nervioso su trabajo. Al ratillo, el asno, volvió de nuevo la cabeza, momento que aprovecha el cómico para repetir con voz más fuerte “que me vas a cortar”.
“Samono”, interrumpe su trabajo, mira de nuevo a un lado y a otro, ve que sigue estando solo, se quita la mascota, se pasa las manos por la frente y por los ojos, espera un momento, respira hondo, y con los nervios rotos y manos temblorosas, quiere terminar cuanto antes su trabajo con la maldita burra, que miraba de reojo.

Tan nervioso estaba, que pinchó con la punta de las tijeras la panza de la burra, quién al sentir el dolor, pegó un ligero respingo, a la vez que desde dentro de la ventana salía ahora con mas fuerza una voz ronca que decía “¿No te le he dicho gitano?, ya me has cortado”. “Samono” tiró las tijeras, salió corriendo por calle Bodegas, llegó a Zamorano, y sin decir nada a nadie, se acostó y se tapó la cabeza con la almohada, estando así dos días.

“TRAGA MAS QUE EL BIGONIO DE CORTES”

A las personas de edad, no hay que explicar, que en Écija, la palabra “bigonio”, se empleaba para identificar el mecanismo construido en alguna parte del río Genil, próximo a las fábricas o molinos que en tiempos no muy lejanos existían, y que hay día han desaparecido, quedando aún algún bigonio, como muestra o testigo de aquellas industrias.

Servían para retener el agua y tienen unas compuertas de hierro, que al abrirse a voluntad, hacia que el agua retenida saliese por ese espacio presionada, regulando así las turbinas de las fábricas que engendraban la fuerza motriz.

La fábrica de electricidad llamada “Cortés”, creada en el año 1.889, por D. Juan N. Díaz Custodio, y que fue la que dio luz eléctrica por primera vez a Écija; para regular sus turbinas, tenía el bigonio más grande, de los conocidos en este término, dentro del río. Al abrirse sus compuertas, salía pro ellas, con gran fuerza, una enorme cantidad de agua.

Los ecijanos, cuando se refieren a algún convecino o conocido, amigo de pagar poco y consumir mucho a costa del ajeno, o bien cuando quieren aludir a alguna mujer, que por su carácter frívolo o alegra, da a entender que es más asequible que lo acostumbrado, emplea el refrán “Traga mas que el bigonio de Cortés”.

Con la explicación de este refrán, quiero recordar, que tanto al molino de harinas, situado frente a dicha fábrica, también llamado Cortés, como en el molino del Valle, acudían por aquellos tiempos para cambiar el trigo cosechado, por harina o por su valor en metálico, los pequeños labradores de la comarca. Llevaban el trigo en costales o sacos y transportados por burros, mulos o en carros.

Bajaban la carga y esperaban que el empleado del molino, pesara los sacos e hiciera el cómputo por medio de vales. En un momento determinado, si dicho empleado observaba que el agricultor, era algo inocentón o incauto, se dirigía al aprendiz del molino –siempre un muchacho-, ya aleccionado, y le decía “niño coge el gato, vete al río y a ver si pesca algo el animalito”.

Sorprendido el labriego, de que un gato pescara, se iba detrás del muchacho, echaba una soga al cuello del felino, lo metía en el río y a grandes voces decía “saca ya, saca ya”. El labrador entendía que se dirigía al gato, pero lo hacia al molinero, que aprovechando la ausencia del cliente, abría los sacos que había descargado y maliciosamente hurtaba pequeñas cantidades de trigo, con que aumentaba sus ganancias como empleado.

En el momento que el labrador comprendía que el gato no pescaba, sino que maullaba y se enfurecía dentro del río, se volvía hacia el molino, mientras el muchacho en la orilla del río, también a voces decía “hoy no saca, hoy no saca”, con cuya frase entendía el cómplice, que tenía que dejar de sacar trigo de los costales, los cuales habían sido rebajados durante ese especio de tiempo en algunos kilos.

Tan original broma, terminó un buen día, cuando uno de dichos labradores, se dio cuenta de la chanza y de sus pérdidas y, encolerizado, cogiendo un buen palo, quiso que pescara en el río, con una soga al cuello, no sólo el gato, sino el muchacho y el pícaro molinero.

“SAN PABLO, SI LLUEVE EN TU DIA, HAMBRE, PESTE Y SEQUÍA”

Frase que componen dos preciosos versos y que reflejan la hermosa tradición ecijana de la fe del sencillo pueblo, sobre todo agrícola a los fenómenos atmosféricos que ocurrían el día de nuestro patrón y concretamente durante su procesión el día 25 de enero de cada año, relacionando dichos fenómenos de la naturaleza, como signos seguros del acontecer en dicho año al campo, a la ciudad y a los ecijanos.

Está casi en desuso –y es antiquísimo-, pues no sólo indica que si llueve el día de San Pablo, Écija padecerá hambre y carestía, sino también “Peste”, terrible enfermedad, hoy desaparecida, pero que en siglos anteriores asoló a Écija como a otras poblaciones españoles en tiempos de epidemia, diezmando sus poblaciones.

“ESTAS MAS VISTO QUE LOS POYOS DEL SALON”

La palabra “poyo” proviene de la del latín “podium”, y el significado en nuestra lengua castellana es: Banco de piedra arrimado a la pared, que se pone generalmente a la puerta de la casa.

Nuestra Plaza Mayor, llamada en otros tiempos, Paseo del Pacífico, Plaza de la Constitución o Plaza de España, de siempre se la ha conocido por El Salón. Fue terriza y cuadrangular, construyéndose el año 1.843 un Paseo o Salón elevado de 5 piés sobre el piso natural con 54 varas de largo por 32 de ancho. Se subía a este maravilloso paseo, por sus cuatro escalinatas de mármol, situada en sus extremos. A los lados de las escalinatas, existían 12 pedestales coronados con graciosas columnas al aire, rematadas por figuras piramidales de 2 varas y media de altura.

Estaba sembrado de acacias y tenía unos bellísimos asientos corridos de piedra con espaldares de hierro labrado. El Paseo se comunicaba con la Alameda, que rodeaba a la antigua Fuente de las Amazonas, que también tenía varios asientos de piedra. Estas Amazonas o Ninfas eran cuatro, desnudas y sostenían en una de sus manos una taza enorme de jaspe y bajo el otro brazo portaban un cántaro, del que manaba un chorro de agua. Sobre la taza se levantaba una estatua representando al Dios Neptuno, que el pueblo vulgarmente le llamaba LA CABA.

En su conjunto la fuente tenía 16 caños de agua. En cada una de las esquinas del Salón, había un kiosco o aguaducho y a la entrada por calle Aguabajo, se conservaba desde tiempo inmemorial un retablo de enormes dimensiones, colocado en el mismo lugar, según la tradición popular, donde predicó San Pablo Apóstol y convirtió a su doctrina a los ecijanos Hioroteo, Probo y Jantipe.

Fue en el año 1.866, cuando se quita la Fuente de las Ninfas, se rebaja la altura de la plaza, igualándola al resto del piso y se construye el primer tablado para la música, que después se sustituyó por otro en el año 1.925. En este año de 1.866, se arrancan las acacias y se sustituyen por naranjos, desaparecen los cuatro kioskos que existían en cada una de las esquinas y se colocan dos largas filas de bancos de piedra, asfaltándose la parte destinada a carruaje.

La última reforma se lleva a cabo en 1.964, en tiempos del Alcalde Don Joaquín de Soto Cevallos, desapareciendo el tablado de la música, en cuyo lugar se coloca la actual fuente de las Ninfas, pero lo que más lamentaron los ecijanos, fue la desaparición de esa doble fila de bancos, de los que quedan solamente 12 y ello para hacer aparcamientos y jardines.

Así pues desde 1.925 hasta 1.964, nuestro Salón, tuvo una doble fila de bancos de piedra, en numero mas que suficiente para ser lugar de descanso, de recreo y tertulias de varias generaciones de ecijanos. También eran lugar de citas y reuniones tanto de jóvenes como de mayores, un banco del Salón.

Por ello estos bancos era popularísimos, y así cuando queremos destacar despectivamente las gracias, la conducta o las repetidas intervenciones en actos o conversaciones de una determinada persona, se le suele decir “ESTA MAS VISTO QUE LOS POYOS DEL SALON”.

“ RESPIGANDO PA CANDONGA”

Se puso de moda esta frase durante muchos años y aún los mayores suelen decirla, para indicar que después de haber realizado un trabajo, éste no ha dado sus frutos o bien las ganancias se las lleva otra persona que no ha hecho esfuerzo alguno.

Se debe a que en tiempos pasados los terrenos cercanos a la Estación de Ferrocarril, estaban sembrados de olivos y además se sembraban de trigo o cebada. Por su proximidad al pueblo, una vez realizadas las siegas, iban algunas personas para llevar a cabo la tarea de “rebusca”.

Cuando los “rebuscadores” habían hecho el trabajo y tenían amontonadas las espigas, de improviso, se presentaba montando a caballo dando grandes voces el Guarda de la finca conocido por CANDONGA.

Las gentes sospecharon de que las apariciones del Guarda no eran al principio de la rebusca, sino cuando tenían el fruto rebuscado, y la razón estaba que, dicho Guarda veía entrar en la finca a los rebuscadores, se escondía en tal actitud y les quitaba le producto o los abandonaban asustados, dado sus voces y seria actitud desde lo alto del caballo.

Por esto quedó tal frase entre las gentes del campo… RESPIGANDO PA CANDONGA… frase que después se ha empleado en iguales casos, de otros trabajos.

“ ESTAS MAS PUESTO QUE LAS LIEBRES DE MOCHALES” ó “ SABEN MAS, QUE LAS LIEBRES DE MOCHALES “

Entre los ecijanos ha adquirido el carácter de refrán, muy popular, que todavía se usa y muchísimo, sobre todo cuando tenemos que resaltar la sabiduría o el ingenio de alguna persona o conocido.

Se debe a la finca conocida por “Mochales”, que está a una distancia aproximada de 4 kilómetros por carretera de Cañada, existían grandes llanos aún sin desmontar, o sea, con muchas palmas, en los que se criaban infinidad de liebres y conejos.

Dada la proximidad de la finca, estos animales estaban muy castigados por cazadores profesionales o aficionados ecijanos. Ello hacía que las liebres, animal listísimo, a fuerza de tan continuos castigos y persecuciones, se sabían todos los caminos, escondrijos y matajes de la finca, en los que se escondían y era dificilísimo atraparlas.

“ QUE TIENES MAS CABEZA, QUE LOS ALCARAVANES DE ALCOTRISTA “

Curiosa frase que se emplea, cuando queremos molestar al contertulio quién la naturaleza le haya dotado de una cabeza más voluminosa de lo corriente.

La finca “Alcotrista” está a unos 10 kilómetros de Écija, por carretera de Palma del Río a mano izquierda, próxima al río Genil y como el alcaraván es un ave zancuda, a dichos terrenos acudían en gran número, encontrando comida y cobijo.

Su cabeza es de color negro verdoso, pero no voluminosa con respecto a su cuerpo, por lo que no existe relación entre este animal y el empleo de la frase. Entiendo que posiblemente al llegar a las proximidades de dicha finca, en ciertas épocas del año, se vieran sobre el terreno destacarse las muchas cabezas de alcaravanes y este hecho llamara la atención y comenzara a emplearse dicha frase, pero en el sentido antes explicado.

“ LAS CUENTAS DEL CHIMENO “

Al recordar este antiguo refrán, he de destacar cómo la industrialización, casi ha extinguido la gran cabaña que de siempre ha existido en Écija y que era fuente de ingresos y trabajo para muchos.

En el “Manual o Anuario dedicado a sus convecinos”, publicado en el año 1.865 y del que creo fue uno de sus autores D. Mariano Casaubón, se recoge que en 1.851 en Écija y su Comarca se había contabilizado: 3.570 cabezas de ganado caballar; 9.413 vacuno; 32.319 lanar; 9.127 de cerda; 1.346 cabrío; 621 asnal y 280 mular.

Pues bien, uno de los muchos pastores ecijanos que por esas fechas cuidaba el ganado, lo fue “El Chimeno”, muy popular y mucho más, desde que en una ocasión el propietario del ganado, con cara de desconfianza, se presentó de improviso en la “maná” preguntando el número de ovejas que había pastando en ese momento. El Chimeno que debía ser un honrado pastor, apoyado en su cayado, quitándose la gorra y mientras se rascaba su revuelta cabellera, sin saberlo, recordó en algo a las “cuentas del Gran Capitán”, cuando contestó al desconfiado amo con esta frase: “POS MIREOSTE SEÑORITO, LAS PARIAS, PARIAS: LAS COMIAS, COMIAS Y LAS QUE ESTAN, AHÍ ESTAN”.

No sabemos si el señorito: fue capaz de contar las ovejas, pero si contó en el Casino, la intrincada contestación de su pastor, y desde entonces, en nuestra Ciudad, cuando alguien preguntaba a otro sobre el trabajo, le requería para ajustar las cuentas del negocio, hacer arqueo o le amenazaba con lo que hoy se conoce como una “auditoria”, contestaba el futuro inspeccionado: Que sí, conforme y que le iba a dar “LAS CUENTAS DEL CHIMENO”.
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“ TIENES MENOS MUELA, QUE LOS PATOS DE LA PALMOSA “

En otros lugares se suele decir cuando a una persona ha perdido por la edad o por enfermedad los huesos de la boca “que tiene menos muela que un pato”, porque ni los patos ni ninguna otra ave suelen tenerlos.

En Écija a dicho refrán se le añade, unos patos; los de LA PALMOSA, y el refrán se completa con “anda, que tienes menos muela que los patos de La Palmosa”.

La Palmosa es una finca situada a varios kilómetros de nuestra ciudad al lado derecho de la carretera que conduce a Cañada.

Son terrenos llanos, que tiempo atrás, cuando venían las fuertes temporadas de lluvias, estaban largos meses anegados, formando grandes lagunas y a ellas acudían numerosos patos entre otras clases de aves acuáticas.

“ ESTA ES ÉCIJA, LA MAS FÉRTIL POBLACIÓN DE ANDALUCIA “

Son tantas las frases, tantos los piropos dedicados por propios y extraños a Écija, que hace ya algún tiempo en mis escritos e intervenciones orales, vengo haciendo una proposición, más bien una súplica a las autoridades que nos gobiernan.

Esta proposición, consiste en que deberían tomas el feliz acuerdo, de que debajo del título de cada calle o plaza, pusieran cualquiera de las muchas frases dedicadas a nuestra Ciudad, por escritores y poetas, que han tenido ocasión de conocerla.

Y así en la entrada del Puente podría ponerse esta frase que emplea el insigne escritor ecijano D. Luis Vélez de Guevara, en el Tranco VI de su inmortal obra “Diablo Cojuelo” y con la que comienza a describir a nuestra ciudad.

Vélez de Guevara, nacido en Écija, fue bautizado en la Iglesia de San Juan en el año 1.579, graduándose en artes en Osuna. Pasa al servicio del Cardenal Arzobispo de Sevilla, Don Rodrigo de Castro. Se traslada a Madrid y después viaja por Italia y Oriente, residiendo en Sevilla, Valladolid y por último en Madrid, donde fallece el 10 de noviembre de 1.644.

Excelente dramaturgo, ingenioso y graciosísimo, compañero de los genios de su época, se dice que escribió más de 400 comedias, entre ellas “Reinar después de morir”, “La Serrana de la Vera”, “La Luna de la Sierra”, “El Diablo está en Cantillana”, “Mas pesa el rey que la sangre”, “La Estrella de Sevilla” y otras. Lope de Vega lo consideró como uno de los más ingeniosos, fecundo y acertado escritor de su época.

“ ÉCIJA, MUSEO ABIERTO “

También podría ponerse en cualquiera de las otras muchas entradas esta otra frase del poeta y escritor Don Manuel Mora Jiménez.

El hombre que mejor y más ha cantado, pregonado y difundido las bellezas y encantos de nuestras Ciudad, lo ha sido durante los últimos años, hasta su muerte, el escritor y poeta Don Manuel Mora Jiménez.

Nacido en Cabra el 15 de Febrero de 1.193, dentro de una familia artesanal, dedicada a la carpintería, al quedar huérfano de padre y madre, a los 14 años, su tío don Manuel Mora Cruz, que poseía una tienda de comestibles en Écija en la calle Mas y Prat, se trae al joven huérfano y lo acoge en su casa con su familia, viéndosele despachar ultramarinos al lado de su tío.

Aficionado a la poesía desde muy pequeño, toma contacto con la intelectualidad ecijana de su época y comienza a escribir en la Voz de Écija, Ecos, Espacio y cuantos periódicos y revistas se publicaban. Durante la guerra civil tomó contacto con escritores y poetas, adquiriendo con ellos mayor formación literaria.

Instala en Écija en Puerta Palma una droguería y posteriormente otra en Plaza de Abastos, y en unión de varios amigos crea la añorada Tertulia Literaria, que fue la base de la actual Academia Vélez de Guevara, en la que forma parte.

En 1.963, crea la revista “Écija” e instala en calle Recogidas una imprenta, que cada vez adquiere mas fama, trabajo y prestigio, dando lugar con el tiempo a las magníficas instalaciones de Talleres Grafisol que no pudo conocer, pues fallece el 13 de Julio de 1.975.