IMAGENES Y RECUERDOS DE LA CIUDAD DE ECIJA
POR D. JUAN MENDEZ VARO – 1995

LAMINA 1. VISTA PARCIAL DE LA CIUDAD.

Panorámica parcial de la ciudad vista desde el altozano situado frente a la plaza de toros, desde donde se podía apreciar el caserío. En primer término la calle Palomar y en el horizonte salta a la vista la monumentalidad de Écija, una ciudad salpicada de torres, espadañas, cúpulas, torreones… Para llegar a ella hay que bajar, y para salir hay que subir. La hondonada en la que se sitúa hace que la llamemos la CIUDAD DEL SOL y que ostente el título de SARTEN DE ANDALUCIA.

Écija invita a pasear y recorrer sus sinuosas calles. Caminar por una ciudad de ladrillo labrado y cal, de sol, palacios e iglesias, de patios y cancelas forjadas. Un caserío que se ha ido labrando lo largo de siglos y que mantiene aún ese esplendor que configura a nuestra ciudad la categoría de ser uno de los más bellos Conjuntos Históricos-Artísticos de España.

 

LAMINA 2. VISTA PARCIAL AÉREA DE LA PLAZA DE ESPAÑA.

La plaza de Écija por antonomasia, corazón de la ciudad, es la Plaza de España, más conocida popularmente por “el Salón”. Aquí se nos ofrece una vista de nuestra plaza mayor prácticamente exenta de vegetación y sin mobiliario urbano, a excepción de los artísticos kioscos que quedaban ubicados en cada una de las cuatro esquinas de la misma. Aún no estaba levantado el templete o kiosco central para la banda de música. Obsérvese el número importante de poyos existente en la plaza y su distribución a lo largo de la mísma.

Coronando las Casas Consistoriales podemos ver el reloj; éste llegó a Écija por ferrocarril el día 3 de junio de 1888. Consta de una sola pieza y tiene un metro y cuarenta centímetros de diámetro. Su campana pesa 400 kilogramos.

Por ser el centro cívico por excelencia, a lo largo del siglo XIX, su denominación variará conforme se sucedan los hechos políticos más significativos de la Historia Contemporánea del país. La nueva centuria la iniciaría con su tradicional nombre de Plaza Mayor. Durante el Trienio Constitucional pasó a denominarse de la Constitución en honor al primer texto constitucional promulgado en 1812. Instaurado de nuevo en 1823 el poder absolutista de Fernando VII, se le cambiaría el nombre por el de Plaza Real o del Rey. Tras la muerte del monarca, proclamada reina de España su hija Isabel, Écija le demostraría su alegría y adhesión nominando la plaza como de la Reina Isabel II Pero tres años después, con la promulgación de la nueva constitución en l$37, tomaría de nuevo el Título de Plaza de la Constitución, que lo mantendría, aunque con la construcción en 1843 de un salón elevado en su zona oeste siguiendo las tendencias urbanísticas de la época, se le comenzaría a conocer popularmente como “el salón”, denominación que sigue manteniéndose en la actualidad. Más tarde, tras el desmonte de este paseo-salón y de las reformas efectuadas en la plaza durante 1866, la Corporación municipal en conmemoración del triunfo de la Armada Española en aguas del Pacífico, acordó denominarlo en lo sucesivo Paseo del Pacífico. Sin embargo y a pesar de estos cambios de nomenclatura, el nombre de Plaza Mayor subsistió a los oficiales, tanto es así que incluso en los documentos emanados del Ayuntamiento, recibe igualmente esa denominación.

La ubicación en nuestra Plaza Mayor de las Casas Consistoriales, así como gran parte de las entidades bancarias que operan en la ciudad y otras oficinas, ha dado lugar a que nuestro “salón”, se haya convertido en zona administrativa de día y falto de vida en la noche.

 

LAMINA 3. VISTA PARCIAL DE LA PLAZA. LADO NORTE.

Desde esta bella panorámica parcial de la plaza se puede ver, en primer término a la izquierda, uno de los cuatro artísticos kioscos que se encontraban ubicados en cada una de sus esquinas. Si las actuales generaciones aún lamentan la destrucción del templete de la música que fue sustituido en los años 60 por la actual fuente, no sin fuerte controversia, idéntica repulsa generó la desaparición de los populares kioscos.

Consta documentalmente que, en sesión celebrada por la Corporación Municipal del Excmo. Ayuntamiento astigitano, con fecha 7 de marzo de 1898, se concedió a don Domingo Osuna establecer en nuestra Plaza Mayor cuatro kioscos, en sustitución de los que ya existían. Estos nuevos kioscos los tenía que construir el señor Osuna por su propia cuenta, sin gravámenes ni arbítrios algunos, pero a cambio obtenía la exclusiva de su explotación. Los kioscos fueron construidos con arreglo a un modelo que fue aprobado por el propio Ayuntamiento, con la posibilidad de construir dos más para los lados centrales, siempre que la Corporación lo considerara oportuno`. La duración de la concesión le fue otorgada por tiempo de veinte años, y se le autorizaba para percibir por sus arrendatarios por vía de indemnización al capital empleado sesenta y dos y medio reales diarios, por cada uno de los dos más próximos a la fachada de las Casas Capitulares, y cincuenta céntimos por los del lado opuesto.

Unos meses después de esta concesión, en concreto en 5 de agosto de 1898, conviene con otro ecijano, don Manuel Roger Rodríguez, la cesión y venta de los cuatro kioscos por precio de dos mil quinientas pesetas, subrogándose el señor Roger en cuantos derechos y deberes le eran inherentes, tales como su conservación, mantenimiento, y la reversión, en perfecto estado, una vez transcurridos los veinte años al Ayuntamiento de Écija. En 1912 sabemos que uno de estos kioscos se encuentra explotado por don Manuel Montes como café y bebidas de todas clases, especialmente la de más consumo popular en la población: el aguardiente de Rute.

A la izquierda de la fotografía se puede apreciar la calle Zapatería, una de las más bellas de la ciudad en la que sobresale la Casa del Gremio de la Seda, que es una de las pocas que conservan aún su fachada policromada y su tejaroz sobre el balcón.

El primero de los edificios, a la izquierda, corresponde al mirador de los Excmos. Señores Marqueses de Peñaflor y Cortes de Graena, de cuatro plantas y fachada policromada, en la que se utiliza como soporte en su triple arquería un pilar poligonal decorado con labores en ladrillo que le da curioso aspecto de estípite, quedando coronado el edificio con el escudo del marquesado.

A continuación del mirador encontramos el edificio del Casino Ecijano, a la sazón uno de los mejores de Andalucía, con espléndidos salones, en los que campeaba un exquisito gusto artístico y cuya ornamentación lujosa quedaba completada con el confort. Centro de reunión de una determinada clase social ecijana, de cierto poder adquisitivo, administrativo o político militar, eran célebres las fiestas que se celebraban en sus salones. Sus puertas no se cerraban durante las veinticuatro horas del día y en él había montado un excelente restaurante. En la segunda planta se hallaban establecidos la Cámara Agrícola y el Ateneo científico literario. Merece la pena reseñar la importante labor cultural y social que tuvo en nuestra ciudad este Ateneo en los albores del corriente siglo.

El Ateneo Astigitano dirigido por un grupo de jóvenes entusiastas fue una de las instituciones modélicas de Écija. A pesar de su corta vida, realizó una extraordinaria actividad organizando conferencias donde se daban cita oradores de la política y de la literatura. En su sede se celebraron conferencias para los escolares ecijanos. Más de un centenar de niños ecijanos, de las escuelas públicas, acompañados por sus respectivos profesores, fueron reunidos en los altos del Casino Ecijano, para que asistieran a las conferencias que impartía el administrador de correos de esta estafeta sobre la historia de las Cajas Postales de Ahorros y a fin de inculcar en estos jóvenes la necesidad del ahorro desde pequeños. Acto seguido se procedió a la distribución de ochenta y cinco libretas, siendo llamados los niños y niñas a la mesa presidencial para recibir el obsequio, donado por el Ateneo y algunos particulares. El coronel de la Remonta, presente en el acto, donó también a los profesores una libreta para cada escuela, que habría de ser entrega a aquél niño o niña que, a juicio del profesorado, fuese más necesitado de ella por su pobreza.

Como difundidora de la cultura dio educación a más de cincuenta jóvenes de las clases humildes. Como centro de iniciativa, fue la organizadora de la Fiesta de la Raza y la Fiesta del Arbol, a las que en estas mismas páginas dedicamos más atención. Como sociedad altruista y humanitaria, organizó diferentes excursiones llevando a las playas a una Colonia Escolar. Y gestionó la implantación en Écija de una Escuela de Artes e Industrias Agrícolas.

Y a la derecha del Casino Ecijano tenemos el edificio del Banco Español inmueble que adquirió esta entidad en marzo de 1945 a don Eduardo Herrera Rodríguez, alzado tras el derribo de otro de soportales de dos plantas y que constituyen el modelo clásica de nuestra plaza mayor: casamirador y soportales. Ello nos hace suponer que todas las casas compredidas desde la casa-mirador de Peñaflor, hasta la calle San Franciscom y que fueron demolidas para la construcción del Casino Ecijano y Banco Español eran casas miradores la planta baja con, soportales.

 

LAMINAS 4 al 7. PLAZA MAYOR.

Nuestra Plaza Mayor, como ya hemos dicho, conocida también popularmente por “El Salón”, corresponde en su configuración a una ciudad medieval, de origen musulmán por su trazado irregular, y la directriz quebrada de sus calles de acceso. A finales del siglo XIX y comienzos del presente sufre las primeras agresiones. En 1912 se abre a la plaza la principal vía de la ciudad, la Avenida de Miguel de Cervantes, y en tomo a los años sesenta, comienzan las obras de edificaciones que mutilan aún más su primitiva configuración. Recuérdese, las obras del Banco Mercantil e Industrial, que supuso entre otros, el derribo del edificio del famoso Hotel Comercio. Este ejemplo, como otros, son testimonio de la paulatina degradación a la que se ha visto sometida.

Sin duda alguna, sus dos principales edificios civiles son los miradores, que se sitúan en los laterales Norte y Sur. Ejemplo de estas casas-miradores son los de: Peñaflor y Benamejí. Estamos, pues, con una plaza cerrada por edificios y con el mayor número de balcones, teniendo en cuenta que éstos servían de palco para los espectáculos y corridas de toros que se celebraban en la plaza, siendo además utilizada para mercadillo, fiestas y actos religiosos.

Nuestro paisano Luis Vélez de Guevara en su obra El Diablo Cojuelo también escribe sobre nuestra plaza, prendado de su belleza: “…Cuando iba el Cojuelo refiriendo ésto, llegaron a la Plaza Mayor de Écija, que es la más insigne de Andalucía, y junto a una fuente que tiene en medio de jaspe, con cuatro ninfas gigantes de alabastro derramando lanzas de cristal, estaban unos ciegos sobre un banco y de pie, mucha gente de capa parda de auditorio…” Este texto, que bien pudiera ser fijado en una placa de mármol en cualquiera de los edificios de la plaza, al igual como se hizo con el soneto que brindó a nuestra ciudad el escritor Eugenio D’ors, es una de las deudas que tiene la ciudad para con tan insigne hijo.

Como se sabe, la fuente a que se refiere Vélez de Guevara en su obra cumbre fue desmontada y sus piezas de jaspe encarnado con las ninfas enterradas al lado sur de la Plaza, a poca distancia y profundidad de donde antes se levantaba, con motivo de las llevadas a cabo en ella en el año 1866. Allí estuvo esperando que una mano caritativa y amante del arte y del embellecimiento de la ciudad la desenterrase e instalara de nuevo como lo había estado durante muchos años”. Estado en que se encontró hasta el año 1928 en que se llevaron a cabo diferentes reformas en la plaza, entre ellas se acometieron trabajos de excavaciones para extraer la fuente que cita en su obra Vélez de Guevara a fin de reconstruir tan singular obra artística, encaminados a unos proyectados jardines en el Cerro de la Pólvora, donde también se iban a colocar las columnas sacadas en las aceras de Santa Bárbara, y coronar con un gran escudo de la Ciudad.

Ni que decir que los trabajos que se fueron llevando a cabo contaron con una verdadera expectación de público que presenciaba las labores de extracción de las famosas ninfas, una magnífica taza de jaspe, un pedestal de mármol bellamente decorado y la estatua que coronaba, lo que era, fundamentalmente, tan monumental fuente, que representa la figura de un personaje de la época de Felipe V, con un tridente atributo del Dios Neptuno, y sin duda, posterior a la fecha en que la primitiva fuente fue erigida”.

El expediente de reforma de la Plaza Mayor (antes llamada del Pacífico), en el que aparece el acuerdo del Ayuntamiento se empezó siendo Alcalde don José María Romero y se terminó el día 17 de octubre de 1866, con el Alcalde don Manuel Pérez Bonilla. Siendo el encargado de llevar a cabo las obras de reformas el Maestro Mayor de Obras don Antonio María de Pradas.

Las autoridades locales siempre pusieron especial empeño en dar a la plaza el mayor esplendor posible. El templete de la música era marco ideal durante el año para los diferentes conciertos, haciéndose especialmente trascendentes los organizados durante el verano ecijano.

El Periódico local El Cronista, número 292 se hacía eco de la colocación de las nuevas farolas en nuestra plaza mayor. La adquisición de las mismas corrió a cargo del contratista de las sillas, señor Pérez. Las pruebas llevadas a cabo con el nuevo alumbrado no fueron lo suficientemente satisfactorias, toda vez que “si la luz de los nuevos aparatos es magnífica colocados en una habitación, en cambio, hay dificultades encendidos al aire libre”.

Pero no quedaban aquí las iniciativas llevadas a cabo por el concesionario de las sillas, todo ello en pro de conseguir que la Plaza Mayor fuera el lugar preferido de los ecijanos. A fin de obtener la máxima rentabilidad en la concesión de alquiler de los asientos, en la temporada de verano se inauguraba con escogidas piezas de música que tocaba la banda municipal; y en las noches tenían lugar fuegos artificiales y otras clases de espectáculos que corrían a cargo del expresado concesionario.

Pero también la plaza tenía sus problemas. Otro periódico local, El Imparcial, se hacía eco de un tema que en Écija es lamentablemente endémico: el estado de los servicios públicos. No se trata, efectivamente, de los actuales, que fueron construidos subterráneos en nuestra plaza, sino unos evacuatorios que de forma provisional fueron colocados en la plaza y en algunas zonas del centro de la ciudad. El cronista expresa su malestar y disgusto escribiendo: “Nada más feo ni más repugnante que el aspecto que presentan los urinarios, todos en general, y más particularmente los de la calle Odrería y esquina a San Francisco, hacia la plaza. 

De este último baste decir, que obstruido por completo su tragante, hace laguna en todo su alrededor, y si mucho ofende a la vista, más molesta al olfato por las continuas y pútridas emanaciones que constantemente despide aquel foco de inmundicia”.

En los años sesenta fue desmantelado el kiosco o templete de la música, que se añadía a la llevada pocos años antes con la supresión de los cuatro kioscos. Las dos ilustraciones recogen el vacío dejado por tan peculiares estructuras. Para sustituir el templete se barajaron varios proyectos, incluso hubo una propuesta de trasladar el monumento de San Pablo existente en el Paseo de su nombre a esta Plaza.

Pero si estas reformas modificaron sensiblemente “el salón” posiblemente las más importantes fueron las realizadas el siglo pasado. En concreto entre los años 1863 y 1866. Ésta se encontraba recrecida más de un metro de altura en buena parte de su paseo central. El paseo central elevado había sido construido en 1843 y en él se habían utilizado los escombros generados por el derribo del antiguo colegio-convento de los Padres Jesuitas (actual Plaza de Abastos). La reforma proyectada consistía en suprimir este paseo elevado, desmontar la antigua fuente de las Ninfas y dotar a todo el conjunto de los correspondientes andenes o acerados.

LAMINAS 8 y 10. TEMPLETE DE LA MÚSICA.

Durante mucho tiempo nuestra Plaza de España, como plaza mayor de la ciudad, ocupó un lugar preeminente en el lugar de reunión y de divertimento de los ecijanos, especialmente en las tórridas noches de verano, al quedar convertida en ameno e interesante lugar de esparcimiento. Tal era así que el propio Ayuntamiento, como ya apuntamos anteriormente, sacaba con periodicidad a subasta el arriendo del impuesto de colocación de sillas para poder presenciar con comodidad los espectáculos y festejos que allí se celebraban.

Lo que comenzó siendo una simple estructura de madera de carácter provisional para albergar a la banda de música, pronto se vio la necesidad de sustituirla por otra más artística y de forma permanente en el centro de la plaza. En 1890 y 1895 el impuesto sobre colocación de sillas se le adjudica a la Archicofradía de la Coronación y del Santísimo Cristo de San Gil. Al finalizar este período la Hermandad quiso seguir con la explotación de este servicio, que por cierto era una de las fuentes de ingresos de la misma, pero en esta ocasión la Corporación presentó nueva propuesta, toda vez que el adjudicatario tenía que construir a sus expensas una plataforma permanente para la banda de música. Obra que consistía en una terraza elevada en forma de elipse con dos escalinatas a sus extremos, con una estancia en su interior para almacenar las sillas y con una barandilla metálica circundante.

Concluido dicho arrendamiento, la hermandad nuevamente se interesó en 1913 en seguir con la explotación de las sillas de la plaza y ofreció al Ayuntamiento construir una artística baranda marquesina de hierro fundido y troquelado en la plataforma. La Corporación aceptó la propuesta, si bien la duración del contrato se limitó esta vez a diez años. Con estas obras el kiosco de la música adquirió su configuración definitiva hasta su desmantelamiento en la década de los años sesenta.

  

LAMINAS 11 al 14. INUNDACIÓN 1892.

Écija, por su situación topográfica, se ha visto a través de su historia sometida a importantes inundaciones que le han llevado a veces a soportar grandes penalidades. Si en ocasiones las avenidas del río Genil ocasionaban grandes daños, en otras ocasiones sufría esta misma desgracia por el río Blanco o Salado. y cuando no era así, el problema llegaba a través del arroyo del matadero, que recibe las aguas pluviales de la zona oeste de la ciudad.

Es fácil encontrar, en archivos, revistas locales referencias o noticias en relación a las sucesivas inundaciones que a través del tiempo hemos venido soportando.

En ocasiones los continuos desbordamientos del río Genil llegaron a ser de tal envergadura que causaron importantes daños materiales a nuestro rico patrimonio artístico. Un ejemplo de ello lo tenemos con el Convento de Nuestra Señora de las Mercedes, que fue fundado en el Mesón de la Foronda, frente al puente del río Genil; y que en 1543 una inundación lo destruyó, salvándose sólo la iglesia, y como consecuencia de ello, se trasladó el convento al lugar que ocupa hoy”. Otro ejemplo lo tenemos con el de Santa Inés que con motivo de la gran riada ocurrida en 22 de enero de 1626 lo puso en peligro otra vez siendo preciso derribar paredes para facilitar el desagüe, y con ello poner a salvo imágenes y enseres de culto.

Traemos a estas páginas algunos testimonios recientes de las importantes inundaciones que ha sufrido nuestra ciudad. La primera de las que tenemos testimonios gráficos se refiere a la ocurrida en el año 1892.

La prensa local se hacía eco del fuerte temporal que azotaba a nuestro término. Tal fue así que las lluvias pertinaces y torrenciales hicieron pronto que el río Genil se viera desbordado y una parte de la ciudad inundada. La zona más afectada fue, lógicamente, la más próxima al río, donde el agua cubrió las puertas de las casas. En similar situación quedó la Plaza de los Mesones y calles adyacentes, inundando todos los pisos bajos de los edificios. Tal fue la virulencia de la inundación que de los molinos existentes en el puente, sólo se alcanzaban a ver los tejados. Cuando cesó el temporal y las aguas volvieron a su cauce natural, quedó la ciudad con una buena capa de limo depositado por el agua, con muebles y enseres destrozados, principalmente de familias pobres, y también muchos animales ahogados que arrastró el río.

Pero si el desbordamiento del río afectó gravemente a la ciudad igualmente ocurrió con las ricas huertas de San Antón, Alcarrachela e Isla del Vicario, que quedaron completamente destrozadas.

Cuando sobrevino esta grave inundación era la primera autoridad local don Antonio Tamarit y Torres, uno de los alcaldes más jóvenes que tengamos noticias que han presidido nuestro Ayuntamiento pues sólo contaba con 31 años.

Al igual que nuestra ciudad venía sufriendo un largo temporal de lluvia y viento, los efectos se dejaban sentir también en toda la provincia de Sevilla. Durante los meses de febrero y marzo de 1892 el temporal llegó a ocasionar importantes daños materiales, viéndose especialmente afectado el campo, que dejó sin empleo a gran número de jornaleros. Conociendo esta circunstancia

S.M. la Reina Regente doña María Cristina, “a impulso de su nobilísimo corazón, apercibida de las calamidades que pesaban sobre Sevilla y su provincia, de su pecunio hizo donación al Excmo. Sr. Gobernador Civil de una cierta cantidad en metálico al objeto de remediar en lo posible tantas desdichas”.

Teniendo noticias el joven alcalde del envío de esa ayuda al Gobernador Civil de la Provincia, se desplazó expresamente a Sevilla al objeto de conseguir la mayor suma posible y con ella socorrer a los ecijanos afectados.

Como fruto de esas gestiones, el alcalde se trajo para la ciudad tres mil pesetas en metálico. Para el reparto de dicha suma constituyó expresamente una comisión que denominó “Junta de Socorro”, que él mismo presidió. De ella formaron parte, además, el Arcipreste don Gerónimo Becerra, el Delegado de Medicina, don José Cobaleda Pino, el Juez Municipal don Felipe Encina y Jordán, el Presidente de la Conferencia de San Vicente de Paúl, don José González de Aguilar, el Presidente de la Comisión de Beneficencia y Teniente de Alcalde, don Cristóbal del Real, el Regidor Síndico del Ayuntamiento don José Montilla y Tamariz, é hizo las funciones de secretario el de la Corporación Municipal, don Juan Armesto y Martínez de Tejada.

Para que quedara prueba fehaciente de las ayudas económicas con que se socorrió a los ecijanos, el alcalde requirió la asistencia de uno de los notarios de la ciudad, don Antonio Greppi Fernández, que en 6 de enero de 1893, en la Sala Capitular extiende la correspondiente acta, donde hace constar la entrega del metálico a su presencia a los damnificados afectados por la gran inundación padecida. Estas ayudas fueron llevadas a cabo según el criterio seguido por la Junta de Socorro. La primera entrega se llevó a cabo en la fecha indicada, a razón de 32 pesetas a cada uno de los 57 hortelanos afectados, y 5 pesetas a cada uno de los 141 vecinos de las casas inundadas de la ciudad. Como quiera que no se pudo hacer entrega de toda la suma recibida del Gobernador porque faltaron algunos, se emplazó a éstos para otro día, concluyéndose el acto a las 7,30 de la tarde, toda vez que de las 3.000 pesetas, sólo se entregaron 2.579, quedando un remanente de 421 pesetas.

Efectivamente diez días más tarde, es decir el 16 de enero de 1893 el alcalde vuelve a solicitar la presencia del fedatario público para que presencie la entrega del resto de las ayudas. En esta ocasión el reparto se llevó a cabo a razón de 1,25 pesetas a los vecinos de las casas inundadas, y a cada uno de los hortelanos se les entregan 10 pesetas, excepción que se hizo con una huérfana a la que se le socorrió con 3,75 pesetas, y con ello quedó completado el sobrante del anterior reparto.

  

LAMINAS 15 AL 20. INUNDACIÓN 1963.

Ya hemos dicho que el tema de las inundaciones a través del tiempo era una constante preocupación. A lo largo de su historia han sido frecuentes los azotes que Écija ha recibido y que la han dejado marcada. La ubicación topográfica de Écija, así como confluir a ella algunos importantes arroyos, han sido elementos básicos para la proliferación de inundaciones, algunas de pequeña importancia y otras de efectos devastadores. En esta ocasión nos vamos a referir a la última inundación de importancia que ha sufrido nuestra ciudad y que muchos ecijanos aún recordamos.

Ésta tuvo lugar en el año de 1963. Efectivamente, desde las navidades del año 1962 nuestro término municipal, al igual que toda la región, venía sufriendo un fuerte temporal de agua y viento, paralizando como consecuencia de ello toda la actividad agrícola, y también en gran parte la economía local.

El temporal siguió aumentando hasta hacer que el río Genil subiera su caudal en proporciones alarmantes. En la noche del día 5 de Enero era tanta la fuerza que llevaba el agua del arroyo del Matadero que se cubrieron los pozos de resalte e imbornales, inundando completamente barrios populares como son Cañato, Puerta Osuna, Santiago, anegándose la parte baja de las casas y ocasionando grandes destrozos en viviendas y establecimientos.

Las fuerzas militares del Depósito de Recría y Doma, Guardia Civil y Policía Municipal tuvieron que trabajar con denuedo para evacuar familias y alojarlas provisionalmente en locales y edificios municipales.

El río siguió subiendo de nivel, inundando el Paseo de San Pablo y barrios completos, principalmente el barrio del Puente, con su Plaza de Giles y Rubio, y calles próximas como Bodegas, Merinos, Puente…

Ante la magnitud de la inundación, se dieron cita en la ciudad diferentes autoridades provinciales, que visitaron las zonas anegadas y lugares en que se albergaban las familias damnificadas, e hicieron entrega a las autoridades locales de una ayuda de 400.000 pesetas en metálico para emplearlas en arreglar las calles.

Pero todo ello fue una premonición. El día 17 de Febrero de 1963 el río Genil se desbordó originando la más importante de las inundaciones de las que van del presente siglo. La revista ferial de Septiembre ÉCIJA de ese año, recogía con este tenor la crónica de los hechos: “…La huerta quedó inhóspita, con las aguas se fueron los frutos de muchos meses y en la ciudad, esta ciudad a la que noche tras noche el Genil arrulla y besa quedó señalada la tragedia de las aguas en muchas de sus calles; desde Puente a Cambroneras; desde Berbisa a Merinos, y desde el Hospital al Paseo de San Pablo; y la miseria se adueñó de todo. Hogares abandonados, casas destruídas, puertas arrancadas y enseres a merced de la corriente fue la noticia del 17 de febrero… “

En las ilustraciones podemos ver los daños de dicha inundación en la zona de la Alcarrachela, Avenida de Andalucía y Paseo de San Pablo. De sus efectos queda testimonio especialmente en la zona de la Alcarrachela, en la que se aprecia el agua cubriendo diferentes edificios y, en especial, la situación en que quedó el Campo de Fútbol San Pablo. Al fondo de éste se puede ver también el estado en que quedó el campo de prácticas del Instituto Laboral Vélez de Guevara; terrenos que fueron adquiridos por el Ministerio correspondiente allá por el año de 1954; zona que comprendía las parcelas denominadas “Huerto de Marín y Tajón de la Alcarrachela”, propiedad de don Antonio García, con una superficie de tres hectáreas y media, en la que fueron construidas las instalaciones modernas y amplias para dicho fin. Del edificio sobresalía una pequeña torre y varias dependencias cuyos restos han permanecido hasta el mes de septiembre de 1993 en que fueron derribados para ampliar el aparcamiento del recinto ferial.

  
  
  

LAMINA 21. PUENTE SOBRE EL RIO GENIL.

Este es el aspecto que presentaba el río Genil, en otros tiempos río de aguas cristalinas, principal aporte de agua del Guadalquivir y en gran parte responsable de su navegabilidad al contribuir con el vertido hídrico de la Cordillera Bética a la regulación del cauce del mismo. Vía de transporte de agua hacia la campiña, de gran riqueza faunística, especialmente densa en especies indígenas que eran exclusivas de nuestro ecosistema de aguas continentales y con gran cantidad de anátidas que anidaban en sus embalses y laderas.

Lámina 21.– Río Genil “… Ya entonces se había empezado a troncar el nombre propio de Singil en Sangil, que después se trastocó a Genil. Cría muchos preces de muy buen gusto: barbos, bogas, anguilas y a veces sábalas…” (Ecija. Sus Santos y su Antigüedad. Martín de Roa. Edición 1890. pag. 304).

La formación de las Ordenanzas Municipales encomendada por la Ley a los Ayuntamientos para el buen régimen de sus respectivos Distritos, en más de una ocasión y con buen criterio fueron editadas y difundidas para el mejor conocimiento de la ciudadanía.

Gracias a ello, hemos podido consultar las Ordenanzas aprobadas en 188830, que, por cierto, sirvieron como base de las que estaban vigentes en Madrid, Sevilla, Valladolid, Bilbao y San Sebastián. De ellas entresacamos las normas establecidas en relación al uso del río Genil.

El capítulo X establece que los baños se dividirán en dos clases, unos con la denominación de Casas de Baños en el interior de la población, y otros en las riberas del río Genil, en cuanto al baño público y lavadero.

En lo relacionado con el baño en el río, (Arts. 343 y 352) el Ayuntamiento estableció que la temporada de baño, quedaba fijada desde el primero de julio hasta el ocho de septiembre. Antes o después de estos meses sólo podían bañarse los que justificaran con certificación , facultativa la necesidad de tomar esta clase de medicamento, adquiriendo al efecto el competente permiso. Cada año la alcaldía, con la debida antelación, fijaba los sitios convenientes para los baños gratuitos, determinando e impidiendo expresamente la reunión de personas de diferente sexo.

Por su parte a los niños menores de diez años les estaba prohibido bañarse solos, pudiendo hacerlo cuando estuvieran acompañados de personas encargadas de su cuidado. Si pertenecían a algún establecimiento de beneficencia se les exigía el permiso de sus jefes.

Prohibición expresa se hacía extensiva a bañarse a las personas ebrias o privadas de razón, así como a “realizar toda clase de juego y alboroto dentro del agua como también todo dicho o hecho contrario a la moral”.

En cuanto al traje de baño, a los bañistas se les encomendaba “usar según su sexo, que la decencia prescribe, colocándose en los lugares de baño unos cajones sujetos en cuanto a su construcción y régimen interior, a las reglas de ornato y moralidad que se encomendaban al Alcalde”.

Durante la época de baño se prohibía igualmente a los tintoreros, latoneros, pellejeros y otros industriales lavar los objetos y útiles de sus oficios e industria en la parte superior del río a donde existían los baños.

En cuanto a los lavaderos públicos en la población las ordenanzas dividían los establecidos al aire libre y los situados en el río Genil. En relación a los que se establecían en el río (arts. 359 al 360) fijaba la necesidad de la pertinente autorización del Ayuntamiento, para lo cual había que marcar las condiciones de higiene y régimen interior a que debían acomodarse para el aprovechamiento de las aguas y de la ribera.

LAMINAS 22 al 24. NIEVE SOBRE LA CIUDAD DEL SOL.

Curiosas fotografías donde se puede ver la ciudad vestida de blanco. Que tengamos noticia, en el actual siglo, Écija, la Ciudad del Sol, ha sido dos veces sorprendida por tan peculiar elemento atmosférico. La primera de ellas, la más copiosa, tuvo lugar en la noche del día 2 de febrero de 1954, amaneciendo al día siguiente, (día de san Blas), la ciudad totalmente blanca. Ni los más viejos del lugar habían conocido cosa igual.

La segunda nevada a la que corresponden las dos siguientes fotografías fue menos intensa, pero no por ello menos sorprendente, pues que caiga nieve en una de las ciudades más calurosas de Europa no pasa desapercibido. La noticia corrió por toda España. ¿Que ha nevado en la Sartén de Andalucía? Sin duda alguna Écija fue punto de atención en toda España.

De indudable documento histórico es la fotografía que corresponde a nuestra Plaza de España tomada a las diez de la mañana el día 8 de marzo de 1971.

  

LAMINAS 25 y 26. FERIA EN LOS LLANOS DEL VALLE.

Reconocida como una de las más importantes y antiguas de España, las autoridades se volcaban cada año en su organización, deseosos de que fuera visitada por el mayor número de forasteros posible. Especial interés tenía dicha feria toda vez que el labrador se surtía de todos los efectos y enseres necesarios para la campaña agrícola que se inauguraba en otoño.

De indudable importancia era la feria de ganado ubicada en el lugar conocido por el Valle. Allí se verificaban las transacciones, donde el Ayuntamiento realizaba todo cuanto era necesario a fin de que las mismas se hicieran con toda comodidad, y adoptándose las medidas oportunas para que los ganados que se exponían a la venta quedaran perfectamente acondicionados, y para ello se instalaban abundantes y cómodos abrevaderos.

Tal era el deseo de las autoridades locales de darle la máxima categoría que no se cobraba a los vendedores que ocupaban la vía pública arbítrio de clase alguna. Para la perfecta ordenación de la feria del ganado el Ayuntamiento de la ciudad, arrendó siete hazas de tierra en el pago de San Cristóbal y ruedo de esta ciudad, con treinta y una hectáreas, veintisiete áreas y sesenta y ocho centiáreas, propiedad del Excma. Marquesa de Peñaflor. Estas dehesas de feria, fueron arrendadas a dicha marquesa mediante contratos de arrendamientos aprobados en sesión plenaria de 19 de agosto de 1927, a razón de 2.320,33 pesetas anuales”.

Según se desprende de los documentos existentes en el archivo municipal, desde la época medieval la feria se celebraba entre la zona comprendida entre la Puerta de Palma y los llanos del Valle, teniendo como nexo de unión una de las calles más bellas de la ciudad, la calle Mayor, extendiéndose además a dos hermosas plazas ecijanas, como son la de Puerta Cerrada y la Mayor. Esta ubicación se mantiene casi invariable desde el año 1652, en que por concesión real, nuestra ciudad tiene facultad para celebrar una feria anual, a partir del día 21 de septiembre, festividad de San Mateo, y con una duración de dieciséis días.

Efectivamente, en el Archivo Municipal, (legajo 208), obra la Real Provisión de 6 de octubre de 1652, por la que Felipe IV concede a nuestra ciudad, el privilegio de celebrar todos los años una feria pechera.

En 1814 la Corporación Municipal, estableció los lugares donde debían de exponer los comerciantes sus mercaderías, señalándose entre otros los siguientes: “…en las calles Arcos de Puerta Palma y Mayor, las tiendas de mercerías, platerías y quincalla: en el camino del Valle, hasta la Ermita del Humilladero, toda clase de ganados; en la barrera de Puerta Cerrada, la madera y esparto, y en la Plaza Mayor, las cebollas y los ajos, como y en los mismos términos que de tiempo inmemorial ha sido costumbre…””.

Volvamos atrás en el tiempo y soñemos que estamos en la feria de septiembre de 1846. Regía nuestro Ayuntamiento el Conde de Valverde, don Fernando Tamariz-Martel y nos disponemos a visitar la feria. Si partiéramos desde la mismísima Plaza Mayor, en el ángulo que forma la Plaza con la de Santa María, allí encontramos los comestibles y buñoleras. Los ajos cebollas, ollas de barro y cristal vidriados, alfarería y demás de esta especie quedaban establecidas en la Plaza del Espíritu Santo. Desde allí nos trasladamos a la Plaza de los Remedios. en Puerta Cerrada, en ella y en su marco incomparable donde se unen edificios como el Convento de los Remedios, la Casa Cilla, edificio que servía para almacenar los diezmos, y el de la Cárcel del Partido. Y en esta bella barrera se sitúa con amplitud la feria de la madera, donde los labradores encuentran cuanto necesitan, útiles para arados, para fabricar carros o carretas, material necesario para reponer las viejas vigas de los muchos molinos aceiteros existentes en nuestro extenso término. La exhibición y venta de madera llegaba hasta la misma calle Cavilla, reencontrándose los puestos de comestibles o verduras sólo en la Plaza de Puerta Cerrada, inmediata a la fuente y abrazando hasta el frontal de la calle Lebrón.

Concluida la visita a esta zona tomamos dirección a la calle La Calzada, y desde la misma calle Cavilla contemplamos, en ambas aceras y sólo dejando expedito el centro para carruajes y caballerías, toda clase de esparto labrado, hecho con manos artesanas transmitidas de generación en generación, hasta llegar a la Plaza de Puerta Palma; desde este punto hasta la propia Plaza de la Concepción queda como espacio libre. En ésta última, en la acera norte, se ubican las más variopintas tiendas de turrones, dulces, frutas y comestibles. En nuestro recorrer observamos como gran número de ecijanos y forasteros deambulan de un lugar para otro, expectantes a cuanto se expone, y que dan un especial colorido a este trazado ferial, y entre el bullir humano: los carruajes que van y vienen de un lugar a otro. Nuestra vista se recrea con los hermosísimos coches ecijanos; coches de todos los modelos y categorías: faetones, jardineras, berlinas, carretolas, manolas; conducidos por cocheros con lujosas vestimenta: sombrero de ala ancha y traje campero, chaqueta corta con chaleco, pantalón a rayas, tirantes y faja, y calzando los botos ecijanos.

Una vez repuestas las fuerzas tomamos nuevamente dirección calle Mayor hacia los Llanos del Valle, donde podemos apreciar cómo prácticamente todas las estancias bajas de las casas se encuentran llenas de comerciantes, mezclándose sin solución de continuidad las tiendas de herrajes, cueros, herramientas de todas clases, veloneros y caldereros. En los zaguanes se instalaban platerías cordobesas, navajas de fabricación ecijana, sombreros, gran cantidad de paños, etc. En los dinteles de las puertas aparecían colgadas con profusión cabezadas de cuerda, típicas jáquimas, monturas con vistosos colores, blancas y morenas zaleas, y así hasta llegar al Cercado de la Misericordia, donde adosado a sus tapias se ubicaban diferentes cantinas, que desde primeras horas de la mañana rociaban el aguardiente en abundancia. Y llegamos a los llanos del Valle, donde se exhibe la gran feria de ganado: un encantador lugar donde pululan lujosos carruajes con los compradores de ganado, mezclándose con el gentío, y algunas gitanas llevando cestos de mimbre en la cabeza. En este lugar, y junto a la ermita del Humilladero instalaba el Ayuntamiento la caseta, donde, a la sombra de la compraventa del ganado, los ecijanos y forasteros bailaban o degustaban el chocolate con buñuelos.

Quizás pocas ciudades podían ofrecer algo tan mágico como nuestra feria. A la par que se podía adquirir cualquier tipo de género o reponer fuerzas, el visitante iba caminando por una ruta sin igual, la Plaza Mayor de la ciudad, bello conjunto artístico aún virgen, para pasar a la Plaza de los Remedios y allí visitar este Convento. Tomando la singular calle Carreras, disfrutamos de las bellísimas casas solariegas que a un lado y otro de la acera se unían en abrazos. De aquí pasamos a la calle la Calzada y seguimos recreándonos con sus bellas edificaciones señoriales, singulares casas genuinas de nuestra arquitectura popular. Y como colofón la calle Mayor. A un lado y otro de la calle, bellos edificios civiles abren paso a Conventos como el de la Concepción, Monjas Blancas, Monasterio de Santa Inés, Hospitales como los de San Juan de Dios y San Sebastián, así como la coqueta Ermita del Humilladero y las ruinas del Monasterio del Valle.

Una de las ferias que tuvieron más esplendor, a tenor de las fuentes consultadas, fue la celebrada en el mes de septiembre de 1912. El semanario Nueva Écija` se hace eco de los actos programados. De la mano del alcalde don Felipe Encinas y Jordán, quiere que la feria de Septiembre ocupe un lugar preponderante dentro de las ferias y fiestas de Andalucía. Y no escatima medios para ello. A fin de conseguir la mayor afluencia de público consigue que la Compañía de Ferrocarriles establezca unos servicios especiales por todas las líneas de Andalucía con grandes descuentos en los billetes.

Entre los actos programados destacaban, además, los clásicos festejos taurinos, con dos corridas de toros, con la participación de los famosos matadores “El Limeño’ “Belmonte” y “Gallito—. las carreras de bicicletas, conciertos de música a cargo de la Banda Militar del Regimiento de Infantería de Granada, y la propia Banda Municipal. Teatro, con la representación de excelentes compañías, de ópera y zarzuela, circo ecuestre, (que se ubicó en la Plaza de la Concepción), con tres días de actuaciones “con unos llenos rebosantes, mereciendo generales aplausos los notables ejercicios circenses ejecutados por los excelentes artistas”. Bailes de sociedad en los tres casinos locales, Artesanos, Ecijano y el Círculo de Recreo. No podía faltar como era lógico los fuegos artificiales que tuvieron lugar tanto el día 22 como el 23, los cuales fueron confeccionados por un inteligente pirotécnico valenciano, que “fueron muy buenos en fuerza detonativa, brillantez, dibujos de las piezas y combinación de colores. Bien lo apreció el público, que, entusiasmado, aplaudió como se merecía la fiesta que presenciaba “.

De entre estas fiestas destacan dos grandes acontecimientos: la inauguración oficial de la calle Miguel de Cervantes, lo que supuso la apertura de una gran vía de comunicación entre nuestra Plaza Mayor y la carretera nacional de Madrid-Cádiz, y el Concurso de Aviación, que no fue tal concurso sino una exhibición aérea.

Respecto al mercado de ganado que se celebró en los terrenos del Valle fueron exhibidos un buen número de animales, siendo el más solicitado el ganado asnal; su precio osciló entre 800 a 1000 reales; respecto a los potros, los 1.800 a 2.000 reales; las yeguas paridas entre 2.500 a 3.000 reales; en cuanto a las vacas las yuntas de 3.000 a 3.200 reales; los carneros se cotizaron a 120 reales; y las ovejas de carne de 75 a 80 reales.

Pero entre tantas fiestas el Ayuntamiento no ocultó su interés por los más necesitados para los que el sustento era su principal preocupación. El Municipio ecijano -según se puede leer en la crónica de los actos, dispuso- “rindiendo culto supremo a un deber tan elemental como altruista, acordó el reparto de una importante cantidad de pan en bonos de medio kilogramo, cuyos vales besaron muchos labios y bendijeron muchas bocas”.

En uno de los semanarios locales de la época se podía leer: “El nombre de Écija pomposamente repercutirá no solamente por Andalucía, sino también por diversos puntos de la Península. Las fiestas siempre popularizan a las poblaciones que las celebran y por tal razón esta importante ciudad se divulgará muchísimo más con las anunciadas en el programa de este año”. Y más adelante señalaba: “Nuestra próxima feria de septiembre resultará, pues, un acontecimiento de los que dejen recuerdos imborrables”.

LAMINAS 27 Y 28. PLAZA DE TOROS.

La plaza de toros de Écija, como se sabe, está construida sobre las ruinas del que fuera anfiteatro romano. Distaba del núcleo urbano unos 500 metros y a dicho circo se accedía a través de la puerta Oeste de la fortificada Astigi, puerta que después en el transcurso de los tiempos, se llamaría Puerta Cerrada”.

La ubicación de dicho anfiteatro se hallaba a menos de 100 metros de la calzada que venía de Hispalis hacia Corduba. Las dimensiones de aquel hermoso edificio eran de 133 metros de eje mayor de la elipse, dirección Este-Oeste y de 106 metros el eje menor, siendo estas dimensiones muy parecidas a las de otros anfiteatros romanos construidos en aquélla época en España, como el de Tarragona de 130 por 102 metros o el de Mérida de 126 por 102 metros.

Abandonado y con el correr de los tiempos pasó a un latente deterioro. A la vista de ello un grupo de ecijanos entusiastas y emprendedores constituyen una Sociedad Mercantil denominada Sociedad de Fomento, que tiene entre otros objetivos, la construcción de la plaza de abastos y la explotación de la plaza de toros.

Las obras de transformación dieron comienzo en 1846 en las que realizó grandes inversiones la expresada Sociedad. Pero las dificultades económicas en que se vio envuelta esta Empresa años después obligaron a su venta. Tal es así que el año 1886 don Enrique López adquiere el coso taurino, llevando a cabo en él nuevas obras de mejora, pero, por el contrario, se reducen los palcos, encomendando dicha tarea a un excelente albañil y de gran actividad en la ciudad don Manuel Pradas. Bajo el mandato del Alcalde don Pablo Coello y Díaz, en plena feria y fiestas de mayo, en concreto el día 8 de mayo de 1889, se lleva a cabo la inauguración oficial”. A tal fin se confecciona un cartel de categoría para aquella fecha: 6 toros de la Excma. Marquesa Viuda de Saltillo para los diestros punteros, Manuel García “El Espartero” y Rafael Guerra “Guerrita”.

En esta corrida murieron 14 caballos de los utilizados por los picadores. Fallecido el señor López, heredan la plaza de toros sus hijos, los hermanos don Antonio, don Enrique, doña María Amparo y doña María del Carmen López Martín, en virtud de escritura de fecha 30 de septiembre de 1895. Y estos señores, por escritura otorgada el día 7 de enero de 1906, se la venden al Notario de Écija don Antonio Greppi Fernández, por precio de diez mil setecientas cincuenta pesetas.

Ya siendo propietarios los señores Pavón Rojas, hacen ligeras reformas, y en su pequeña capilla colocan una antigua lápida conmemorativa que andaba abandonada por el recinto. En dicha placa figura el siguiente texto: “A Écija. Jáctate ya que en tu recinto brilla ostentoso a la vista de la gente solina, el ancho circo que eminente es de propios y extraños maravilla. Felices lidiadores en cuadrilla luzcan en él su agilidad y celo, ora llamando al toro, ora en su anhelo pasándolo y con suerte férrica espada en la cerviz dejándole desvainada, zambra estalle en la gente al caer al suelo. Construyó esta plaza don Antonio Jiménez. Año 1846”. Esto quiere decir que el coso taurino ecijano va a cumplir en 1996 ciento cincuenta años de existencia.

LAMINAS 29 Y 30. AVENIDA DE MIGUEL DE CERVANTES o "calle nueva".

La apertura de nuevas vías urbanas y la configuración de espacios abiertos dentro de las ciudades es una constante a finales del siglo XIX y principios del XX. Frente a calles estrechas y tortuosas, el racionalismo decimonónico propugna vías modernas, prácticas, cómodas y generalmente rectilíneas. Establecida la Plaza de Abastos en el antiguo convento de los Jesuitas, y para forzar la accesibilidad general al centro de la ciudad donde estaba el comercio, se procedió a un corte de la malla existente creando la Avenida de Miguel de Cervantes, o “calle nueva” como seguimos llamándola los ecijanos. Ejemplo de la misma índole se dieron también en grandes ciudades españolas y que configuran hoy sus más importantes vías.

El proyecto de apertura de la calle Miguel de Cervantes en Écija se inscribe dentro de este espíritu renovador que tanto transformó el trazado urbano de numerosas ciudades españolas”.

Su importancia y popularidad se deben a que es una de las calles más recientes y a la vez más importante del casco antiguo de la ciudad. De tal forma que los libros capitulares y la prensa local de aquella época son ricos en datos y comentarios que nos ponen de relieve los diferentes avatares previos hasta su total apertura al tráfico peatonal y rodado.

El proyecto se inicia de la mano del alcalde don Francisco Rodríguez Chacón pero en sesión de fecha 5 de febrero de 1876 lo retorna otro Alcalde, don Evaristo Mejías de Polanco, que, con fecha de noviembre de 1881, ordena al Maestro Mayor de Obras don Francisco Torres, la redacción de los correspondientes planos, memoria, presupuesto etc., que hagan realidad una vía que ponga en comunicación la Plaza Mayor con el lugar conocido por “Cerro de la Pólvora”.

La aprobación definitiva tiene lugar el día 3 de diciembre de 1881, donde se da cuenta del proyecto al Municipio y el cual es aprobado por unanimidad. Una vez concluido este trámite a su vez es expuesto al vecindario por término de veinte días para que durante ese período de tiempo se pudieran hacer las observaciones que tuvieran por convenientes. Efectivamente con fecha 6 de diciembre de 1881 se fijaron los edictos anunciando al vecindario el proyecto, y con fecha 14 de enero de 1882 se certificó por la secretaría no haberse hecho reclamación alguna. Por Decreto de 1 de marzo de ese mismo año se envía al Gobierno Civil, siendo aprobado con fecha 9 de febrero de 1893. Con esta aprobación quedan cumplimentadas las vías legales, pero, desde que el señor Rodríguez Chacón iniciara los primeros pasos, en 1876, hasta su aprobación gubernativa, en 1893, transcurrieron diecisiete años.

Pero si la tramitación del correspondiente expediente duró diecisiete años, los trabajos, tanto los de albañilería como los correspondientes a la expropiación de terrenos, tardaron dieciocho años. En este período, unos alcaldes pusieron todo su empeño en el proyecto y otros menos. Pero lo cierto es que la obra, tildada de obra faraónica, por algunos aplaudida y por otros cuestionada, originó, incluso, el procesamiento del propio alcalde señor Felipe Encina y Jordán.

Durante los años sesenta/setenta del presente siglo fue el lugar elegido por los ecijanos para su paseo dominical. Se paseaba en dos bandas desde el Cerro a la Plaza y desde ésta vuelta al Cerro.

Esto servía de galantería a los mozos pretendientes… A lo largo de las aceras se sucedían los “puestos” ofreciendo productos naturales a modo de golosinas: palmitos, higo chumbo, paladú, cañaduz, altramuces, etc. que además de los “aguaores” que ofrecían el líquido elemento en fresquitos botijos con agua de las diferentes fuentes de la ciudad: las Barrancas, Gallardo, Las Peñuelas… todo ello constituían un pequeño mercadillo ambulante dominical, que le daba a dicha calle un encanto especial.

Fue tal el animado ambiente de nuestra calle “nueva” que en ese periodo de tiempo llegó a contar hasta con cuatro cines de verano, dando ello lugar a que las autoridades locales se vieran obligadas a cortar el tráfico rodado, los domingos y festivos, debido a la gran cantidad de personas que se daban cita en élla.

LAMINAS 31 Y 32. CALLE MAYOR.

Que duda cabe que Écija tiene muchas calles de gran categoría artística, pero entre ellas sobresalen dos: la calle Caballeros, hoy conocida por Emilio Castelar, y la de García de Castro, actualmente rotulada por su primitiva denominación de Mayor. Pocas poblaciones españolas pueden presentar tan alta nómina de edificios artísticos concentrados en una misma calle como ocurre con éstas. De ellas nos vamos a referir a la segunda. Aunque al-unos de sus edificios se han transformado o sólo quedan sus fachadas, bueno es recordar que esta calle contaba con tres conventos: el actual de Santa Inés del Valle, correspondiente a la orden de San Francisco de Asís y regla de Santa Clara, y los extinguidos Mercedarios Descalzos, fundado bajo el título de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, conocido por el de la Concepción, y el convento de Mercedarias Descalzas, conocido por las Blancas. Dos hospitales: el actual de San Sebastián, y el extinguido Convento de San Juan de Dios, que se destinó a hospital militar y que atendía a las tropas transeúntes o residentes en esta ciudad; todo ello además de sus palacios, casas de indudable interés artístico, que hacen que esta calle sobresaliera de las demás.

De las dos fotografías de esta calle que hemos recuperado de los primeros años de la actual centuria, una corresponde a una toma hecha a la altura de la plaza de la Concepción donde se puede apreciar, al fondo, Puerta Palma. Y la otra corresponde a uno de los negocios más populares que existían en esta ciudad, el establecimiento de bebidas y café denominado Casa Sierra, propiedad de don Antonio Sierra Vílchez, situado en los números 19, 21 y 23 de dicha calle. Parece ser que debido a su comodidad, así como la actividad y esmero de su propietario que nada escatimaba en embellecerlo, y la excelente calidad de las bebidas que en él se consumían, hacía que se viera siempre favorecido por enorme concurrencia como queda constancia en la fotografía.

Destacar de este establecimiento haber sido sede de importante tertulia literaria.

De ella nació y sustentó en su regazo el semanario NUEVA ÉCIJA, fundado en agosto de 1910. A la tertulia pertenecían, entre otros, don Cayetano del Real, don Manuel Ostos y Ostos, don Eduardo Muñoz Vizcaíno y don Manuel Figueroa, que constituían la flor y nata de las inquietudes culturales de la ciudad de aquella época.

LAMINA 33. CALLE DEL CONDE.

La calle típica por excelencia de nuestra ciudad es sin duda alguna, la calle del Conde. Al encontrarse comunicada con dos plazas, la Plaza de España y la Plaza de Puerta Cerrada, posibilitó que en ella se dieran cita los más importantes comercios de la ciudad.

Fue tránsito de la carretera general de Madrid a Cádiz, hasta que el municipio de Écija habilitó el trozo de camino que, pasando por las afueras de la población, se unía con dicha carretera en las inmediaciones del matadero.

A mitad del siglo XIX el municipio ecijano, siguiendo el impulso modernizador y reformista de la época, pretendió alinear las fachadas de los edificios siguiendo una línea recta, que iniciada en la Plaza Mayor desembocara en Puerta Cerrada. Este ambicioso proyecto entrañaba innumerables dificultades pues lesionaba los intereses de la mayor parte de los comerciantes vecinos de dicha calle, al hacerse necesaria gran cantidad de expropiaciones.

El proyecto de alineación de la calle Del Conde fue realizado por Balbino Marrón en 1860 y remitido al Ministerio de la Gobernación. En la Real Orden comunicada por este Ministerio, entre otras consideraciones se exponía: “Es calle que necesita y está reclamando su ensanche con la mayor uniformidad posible, no sólo por ser el camino más corto para dirigirse como queda dicho, del centro de la ciudad a la carretera, sino porque los propietarios y agricultores de dicha calle se encuentran embarazados por su estrechez para manejarse debidamente, así como la industria y comercio que también la ocupan. Si a estas razones dignas de atenderse se agregase, la de que la mayoría de las casas de una y otra acera, están llamadas por su arquitectura a alinearse en su largo frente, si se exceptúa el Convento de Santa Teresa en su totalidad y que de aprobarse lo propuesto por el arquitecto municipal se perpetuaría la estrechez e irregularidad de la calle por un tiempo indefinido…””

 

LAMINAS 34 Y 35. CALLE SANTA CRUZ.

Esta calle, una de las arterias principales que pone en comunicación el centro con la zona norte de la ciudad, ha sufrido también importantes modificaciones urbanas. En estas dos fotografías se puede apreciar cómo las nuevas edificaciones vienen a romper con la uniformidad urbanística existente. Las fotografías están tomadas, una desde la calle Santa Cruz y la otra desde la calle Más y Prat. En ambas se puede distinguir el lateral derecho de una hermosa casa solariega situada en la calle Garcilaso y que durante muchos años se utilizó como sede de la oficina de telégrafo. Este inmueble, como otros muchos de los existentes en el centro de la ciudad, que por su emplazamiento eran presa deseada por su rentabilidad comercial, fue pronto abandonado para pasar al estado de ruina, y, acto seguido, ser vendido, para dar paso a viviendas y locales comerciales.

LAMINAS 36 Y 37. CALLE MAS Y PRAT.

En estas dos fotografías podemos ver otra de las calles más populares de la ciudad a la que se accede por la Plaza de España. En ambas instantáneas observamos el edificio perteneciente al famoso Bazar Ecijano propiedad de don Antonio González. En el archivo histórico municipal consta que en 1891 se solicitó licencia de obras en dicho inmueble para la modificación de su fachada sobre edificaciones ya existentes, según proyecto presentado por don Francisco Torres Ruiz (Maestro Torres)”-. Estructuralmente está compuesto de dos casas, como consecuencia de la agrupación de las números 11 y 13 de la actual calle.

La actual vía Más y Prat, también se denominó Zapatería hasta 1868. En esta época se le nombró Topete, que llevó hasta 1873, en que se le puso Fraternidad, cambiándose nuevamente en 1875, a Zapatería, hasta que finalmente el municipio acordó que esa distinción la ostentara el escritor costumbrista, nuestro paisano don Benito Más y Prat, de quien Mario Méndez Bejarano, en su monumental obra Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, dice de él: “no cabe discusión sobre dos verdades: que Benito Más y Prat compite con los mejores poetas de su generación, aventajando a la mayor parte, y que no existe escritor contemporáneo que muestre en su inspiración Y estilo más profundo sello personal”.

Más y Prat, como se sabe, dirigió el diario “El Eco de Andalucía” durante varios años y colaboró asiduamente en “La Ilustración Española y Americana” y en “La Ilustración Artística”.

Si en dirección este-oeste, siguiendo el trazado de la calle Del Conde se iniciaría el decomanus maximus. En sentido contrario, es decir tomando dirección a esta calle Más y Prat, Santa Cruz, tenemos el decumanos cardo. A la vista de ello ambas vías principales, cardo y decomanus, hubieron de cruzarse aproximadamente hacia el mismo sitio en que hoy se encuentra la Plaza de España, centro de la vida administrativa, religiosa y comercial.

Tiene esta calle su edificio más notable con la Casa Gremio de la Seda, obra del siglo XVII que debió tener una entrada de carácter monumental, y hoy se encuentra convertida en escaparate de un establecimiento comercial. Las plantas superiores estan distribuidas de forma análoga a “los miradores”.

 

LAMINAS 38 y 39. MOLINOS HARINEROS.

A lo largo del curso del río Genil a su paso por el extenso término municipal se enclavaban diferentes molinos harineros, norias y batanes. En los últimos años del siglo XIX y primeros del actual comenzaron a proliferar las fábricas de producción de energía eléctrica: San Calixto, San Ramón, Cortés etc., algunas de ellas alzadas aprovechando los puertos de los antiguos molinos harineros.

Uno de estos ejemplos lo tenemos con la denominada “La Giralda” la más próxima al casco urbano y situada en la margen izquierda de dicho río. Para la producción y explotación económica de esta fábrica se constituyó una empresa denominada Hidroeléctrica del Genil, Sociedad Anónima, con domicilio social en Córdoba, con una duración de cincuenta años y con un capital social de seis millones de pesetas, dividido en doce mil acciones de quinientas pesetas nominales cada una.

Su objeto social tenía, entre otros, los siguientes fines: “La explotación del salto de agua del río Genil que se utiliza en la fábrica de electricidad titulada San Calixto, del Batán, y la de harinas y electricidad titulada “La Giralda “, para producir electricidad Y aplicándola a liso de luz 0 fuerza para el consumo público Y particulares, fábrica de productos químicos y de harina, alumbramiento y extracción de aguas Y otras aplicaciones que la sociedad acuerde. La contratación con las corporaciones y particulares del alumbrado público y privado y suministro de energía para fuerza motriz… “.

Pero, posiblemente de entre todos los molinos existentes a lo largo del río Genil, sean los molinos de Escalera los de más importancia. Son conocidos en esta ciudad por Molinos de Escalera los situados en la azuda que existe próxima al puente que dá paso a la carretera Nacional IV. En la actualidad sólo se conservan sus ruinas. Primitivamente existían en esta azuda cuatro molinos maquineros que eran conocidos por “Malvecinos”, “Cuatro Piedras”, “Arbaza” y “Batanejo”.

Los antecedentes históricos que hemos podido recoger de la larga vida de estos molinos nos remontan al siglo XVI. Así tenemos cómo, en 7 de enero de 1568, ante el escribano público de Granada, don Francisco de Córdoba la señora doña María de Morales, viuda de don Alonso de Portocarrero, Marqués de Villanueva, funda el Mayorazgo de Cortes, del cual formaban parte los Molinos de La Arbaza, Cuatro Piedras y Malvecinos.

Con fecha 10 de febrero de 1852 el señor Marqués de Peñaflor, don Fernando Pérez de Barrada Arias de Saavedra, como actual poseedor de dicho Mayorazgo y como representante legal de su hijo don Juan Bautista, menor de edad y sometido a su patria potestad, vende a doña María de la Concepción Custodio, mujer legítima de don Diego García Castillo, el molino llamado Arbaza, con dos piedras, “por precio de 40.000 reales de vellón, los que fueron entregados por la señora compradora, en moneda de oro y plata, gruesa y menuda “, en presencia del escribano público.

Al fallecimiento de don Diego García Castillo y doña María de la Concepción Custodio pasó la propiedad de estos tres molinos a manos de su hija doña María de la Concepción García y Custodio, residente en Sevilla. Esta señora realiza diferentes arrendamientos de estos molinos, entre ellos al vecino de Écija don Tomás Fernández Riego, a razón de 5000 pesetas anuales, al que se le imponen, entre otras, las siguientes condiciones:

“A conservar las máquinas, canales, pozos y piedra, así como aparatos de fábrica. Al finalizar el contrato deberán quedar en pleno funcionamiento los asientos de piedra, así como los aguatoches de los canales, siendo responsables de las paradas y perjuicio que de la falta de estos útiles se puedan ocasionar y con la obligación, además, de encalar los molinos en otoño y primavera y a tener las techumbres limpias de telaraña. “

Respecto al molino conocido por Batanejo tenía privilegio reconocido por la Real Ejecutoria de 1747, que consistía en que si ocurriese escasez de agua en el río, las demás aceñas y molinos de dicha parada deberían de cerrar, bajar y aguatochar una de sus piedras.

Doña María de la Concepción García Custodio y su marido don Ramón López Domínguez vendieron a don José Freire Jiménez y don Francisco Escalera los molinos llamados de Cuatro Piedras, Malvecinos y Arbaza. El Batanejo también fue posteriormente adquirido por dichos señores y reconstruido totalmente en 1912. Mide 275,59 metros cuadrados. En su interior, hasta hace poco, se han conservado restos del antiguo molino y sus siete piedras, de las cuales seis se dedicaban a moler trigo y la otra a moler pienso.

Don José Morales, uno de los más veteranos maestros molineros de esta ciudad, nos recuerda que esta fábrica estuvo en plena actividad hasta 1946, en cuya fecha fue convertida en fábrica de hielo actividad a la que se dedicó hasta el año 1971, que cerró definitivamente sus puertas para caer posteriormente en total abandono.
El Plan Especial de Protección, Reforma Interior y Catálogo del Centro Histórico de Écija preve recuperar los antiguos molinos sobre el Genil, próximos al puente.

Se propone su reedificación y su adaptación a un uso cultural actuándose mediante proyecto de obra. Lamentablemente, esta iniciativa, como otras que recoge dicho Plan, llegan tarde, pues ya hemos perdido para siempre unos edificios que durante siglos tras siglos han formado parte de la historia del río Genil.

LAMINAS 40 y 41. PARQUE DE SAN PABLO.

La necesidad de dotar a Écija de un paseo donde las ‘gentes pudiesen salir a divertir el ánimo por no haber alguno” fue materializada gracias a don Joaquín Pareja Obregón, Corregidor de la ciudad entre los años 1769 y 1774. Justamente en este período se llevó a cabo la construcción de] nuevo Paseo. Para ejecutar la obra se eligió la margen, izquierda del río Genil, Considerada como el lugar más idóneo para el caso, a la vez que serviría de defensa contra el río, que por estos años volvía a aproximarse peligrosamente a la ciudad, llegando incluso, cerca de las casas del barrio del puente.

Según noticias de 1776 el Paseo llegaba desde el Puente hasta la desembocadura de la calle Arabella, pasaba de 900 álamos y se disponía a contar con una noria o “chirríon” en la margen del río para regar su alameda. La conclusión definitiva del paseo se operó en 1777, ordenándose la construcción de la noria, cañerías y pozuelos que debían servir para el riego de la alameda.

Nuestro parque a lo largo de su historia ha pasado por diversos avatares y en algunos casos llegó a quedar en un estado deplorable. Además de las crecidas del río Genil y el abandono en que quedó postrado por desídia de las autoridades locales, el historiador Garay y Conde atribuye, no obstante, a los franceses los más importantes destrozos, entre ellos el derribo de cuatro Triunfos regios que había a la entrada de las calles del paseo, así como de otros adornos que existían en sus inmediaciones: medallones con las armas de la ciudad, rollos de inscripciones etc. Todo ello a fin de evitar obstáculos a la fortaleza que habían erigido en torno a varios mesones de la plazuela próxima.

En la década de los cincuenta se inició un lento y penoso proceso de decadencia, ocasionado fundamentalmente con motivo del ensanche de la carretera nacional Madrid-Cádiz. Entre los años 1953 y 1955 se procedió a una expropiación parcial de la superficie del flanco oeste de la citada vía: se destruyó la entrada triunfal erigida en una de las reformas del siglo XIX y se desplazó el monumento a San Pablo -que desde su creación en 1772 había permanecido fuera del paseo- hasta ubicarlo en el interior del recinto donde hoy se admira.

Debido a la inundación de 1963 el Paseo se vió seriamente afectado, quedando en un desolado estado de postración, hasta que nuevas corporaciones municipales acometieron obras de reforma y acondicionamiento que lo han embellecido notablemente y, con ello, lo han recuperado para el goce y disfrute de los ecijanos.

LAMINA 42. ASILO DE ANCIANOS SAN JOSE.

Del edificio de este asilo hoy sólo se conserva esta magnífica portada, obra del siglo XVIII. Existe constancia que fue fundado en 1878 gracias a la generosidad de doña María Josefa Angulo. Respecto a la iglesia, que parcialmente se puede apreciar a través de la parte superior de la portada, fue edificada a expensas de don Juan A. Osuna.

La Comunidad de Hermanitas de los Pobres celebraron pocos años antes de marcharse de Écija el 1 Centenario de la llegada de esta Comunidad a España. Los actos conmemorativos organizados por las monjitas que regían la residencia de ancianos de nuestra ciudad, se celebraron con un Solemne Triduo en la capilla de la residencia y para predicar en dicho Triduo fueron invitados los sacerdotes don Rafael Rodríguez Remesal y don Esteban Santos Peña, y para concluir, el arcipreste de la ciudad, don Rogelio Rodríguez Naranjo. A los actos acudió el orfeón de “San Pablo”, dirigido por el coadjutor don Ramón González Montaño.

Cerraron esta serie de actos celebrados unas breves palabras del alcalde de Écija, don Joaquín de Soto Ceballos, cuyos actos resultaron sumamente simpáticos y emotivos.

 

LAMINAS 43 Y 44. SOPORTALES PLAZAS DE SANTA MARIA Y DE ESPAÑA.

Una de las características peculiares de las plazas son sus soportales. que no son otra cosa que pórticos a manera de claustro que circundan algunos edificios, o manzanas. Su objeto es preservar del sol y de la lluvia a los transeúntes y sirve de paseo de invierno. En nuestra ciudad tenemos dos plazas que reúnen estas peculiaridades: la de Santa María y la de España.

Respecto a la primera de éstas sólo sabernos de la existencia de soportales en el lado Oeste, que son los que hoy existen, pero sensiblemente modificados por las nuevas edificaciones. Por la fotografía que acompañamos se puede comprobar como eran éstos antes de sus obras de reformas. El edificio constaba sólo de planta baja y principal sobre el cual pisaba una superficie de 42 metros cuadrados de los soportales. Este inmueble que fue propiedad de la parroquia de Santa María, se venía utilizando desde hacía más de 50 años como casa habitación rectoral. Con fecha 11 de junio de 1927 el arcipreste don Francisco Domínguez Fernández, previa autorización de¡ Arzobispado, procedió a su venta en pública subasta siendo rematada en 7.300 pesetas y con el producto de dicha subasta, la parroquia procedió a la adquisición de una nueva casa rectoral.

En cuanto a los soportales de la Plaza Mayor. la fotografía nos muestra los del lado Este, en concreto los que correspondían al Cabildo Viejo. Estos soportales también fueron derribados con motivo de obras recientes v como es el caso anterior sus actuaciones no fueron muy afortunadas tal como se puede apreciar, si cotejamos la realidad con las fotografías que ilustran este trabajo.

LAMINAS 45 Y 46. CASA SEÑORIAL CALLE EMILIO CASTELAR.

Edificio señorial del gran siglo ecijano. Portada interesante del siglo XVIII que da acceso a un amplio patio apeadero, distribuida según el modelo tradicional ecijano. La casa perteneció a los Ponce de León.

Este es otro de los absurdos derribos de casas-palacios ecijanas para la construcción de viviendas de protección oficial. Aunque se ha respetado su portada, no así su interior y su entradaapeadero, que fueron totalmente derribados. ¡Qué distinta hubiera sido la suerte de estas casas si hace, por ejemplo, veinte años, los ecijanos hubiéramos sabido valorar estas cosas!. Hoy estas fotografías han quedado para la hemeroteca.

LAMINA 47. CASA CALLE LA CALZADA.

Traemos hasta aquí un tipo de casas que en Écija, al no existir medidas protectoras fueron desafortunadamente pasto de la acción de la picota. Este edificio se encontraba situado en la Avenida de Alemania, hoy Calzada, señalado con los números 28 y 30, esquina con la calle Reloj. En las obras de nueva planta se reedificaron tanto la torre-mirador como la hornacina, pero los trabajos fueron muy desafortunados.

Esta casa solariega, una de las más antiguas de la calle, con una clásica disposición de fachada, al no existir por parte de las asociaciones locales ningún tipo de exigencia, fue derribada y en su lugar construido un grupo de viviendas, ejemplo seguido por muchas otras casas de iguales características que la ciudad ha perdido para siempre. Pero lo más lamentable de todo ello es que se sigue destruyendo, sin que nadie eleve la voz y la destrucción de nuestra arquitectura civil sigue alterando por completo la configuración de muchas calles de nuestra ciudad.

Señalar que el retablo de San Judas existente en este edificio es uno de los más interesantes dedicados a una devoción particular. Alberga una escultura de bulto redondo realizada en terracota policromada, no estofada, de buena factura y en perfecto estado de conservación. Exteriormente está provisto de un balconcillo de hierro forjado, con interesante ornamentación floral y de ángeles, desapareciendo éstos últimos en las obras de la casa, en las que se modificó también el vano original del retablo, pasando de un arco rebajado a uno de medio punto.

LAMINA 48. IGLESIA DE LA VICTORIA.

Esta iglesia del antiguo convento de la Victoria, de frailes Mínimos de San Francisco de Paula, fue fundada en 1505 por don Francisco Aguilar y Córdoba. Tiene, entre otros datos de interés de nuestra historia, el conservar el lugar de la aparición de San Pablo a Antón de Arjona y la tradición del moral que cita el Padre Martín de Roa, como tradición confirmada con testigos de crédito, que “habiendo ido fray Martín Marmolejo, fraile lego de este Convento a visitar en Tours, en Francia, a San Francisco de Paula, pidióle, a la vuelta, alguna cosa suya que llevar consigo, y no hallándose con ella el Santo, quebró una vara gruesa de un moral que estaba a mano, diciéndole que de ella se sirviese por báculo en el camino y llegado a su Convento, la plantase. Cumplió el religioso el encargo y, llegado que hubo a Écija, plantó su báculo en la huerta, asió en la tierra y creció un hermoso árbol, que aún dura y hasta poco se ha tenido por veneración”.

También, como se sabe, conserva esta iglesia de la Victoria el panteón familiar de los Excmos. Señores Marqueses de Peñaflor. En la primera semana del año 1896 fue enterrado uno de los Marqueses de Peñaflor. Los restos fueron trasladados hasta nuestra ciudad en el tren correo y conducidos a dicha iglesia con acompañamiento de todo el clero de la población y gran número de pobres y notables, cortejo de personas de todas clases sociales que rindieron tributo de afecto a los Sres Marqueses de Peñaflor.

Los albaceas y administradores de este noble dispusieron todo lo necesario para que las honras fúnebres tuvieran todo el ornato que merecía tan singular personalidad. Éstos dispusieron, “además de que el acto se realizase con toda modestia, el reparto de cuatro mil raciones de pan y cocido, en bonos de la Tienda-Asilo entre los necesitados de la ciudad”.

El último enterramiento que se llevó a cabo en esta iglesia fue el de Doña Isabel de Angulo y Rodríguez de Toro, Marquesa viuda de Peñaflor, que falleció en Madrid el 30 de enero de 1958, sin sucesión, la que por disposición testamentaria otorgada en Madrid, estableció dos fundaciones benéficas, y, entre ellas, la que habría de radicar en Écija, bajo el título de Fundación de los Excelentísimos Señores Marqueses de Peñaflor y de Cortes de Graena, con los fines especificados en la cláusula octava del testamento otorgado ante el Notario de Madrid, don Rafael Núñez Lagos, de 15 de febrero de 1950, que consisten en el desarrollo de actividades asistenciales y docentes. Entre las primeras señala la de costear gastos de culto en la iglesia del Convento de la Victoria, y los del panteón que existe en la misma, auxiliar a las instituciones benéficas ya existentes en esta ciudad para que puedan intensificar sus obras peculiares en favor de las clases necesitadas, -dando preferencia a las que se indican-, así como costear anualmente determinadas funciones religiosas, y como actividades docentes enumera el sostenimiento de la casa sita en la calle Caballeros, número 32, de una Escuela Profesional, en la cual se deberá dar enseñanza y formación religiosa, patriótica, social y profesional a varones de clase obrera y artesana, de modo enteramente gratuito.

LAMINA 49. PLAZA DE LOS MESONES.

Una de las gratas impresiones que se llevaban los viajeros al llegar a nuestra ciudad, camino de Sevilla, era el bello conjunto artístico constituido por viejas edificaciones, mesones y la Iglesia de Santa Ana. Su situación hizo que fuera tránsito obligado por los coches de diligencias y correos que diariamente circulaban de Madrid a Cádiz.

No en vano, durante muchos años, esta plaza fue conocida por la de los Mesones, aunque también durante algún tiempo quedó rotulada como Plazuela de Alcolea. Diferentes actuaciones realizadas en estos últimos años han transformado parcialmente su fisonomía, perdiendo gran parte de su singular belleza.

La fotografía, aunque relativamente moderna, nos muestra el lado sur de la Plaza, zona en la que se ubicaban tres posadas: “San José”, propiedad de doña María del Valle Chía, que tenía una extensión de 667 metros cuadrados; la del “Angel”, situada a la derecha de ésta, propiedad de don José Mantilla de la Cueva, y la de “Vista Alegre, regentada por don José María de la Cerda, que quedaba a la izquierdas”. También en esta plaza se ubicaban las conocidas por Posada del Rosario y San Agustín, y en las calles inmediatas las de la Trinidad, la Posadilla Alta y la de la Herradura. Estas posadas sufrieron importantes desperfectos por parte del ejército francés, que las utilizó como cuartel para alojamiento de las tropas que tomaron Écija.

La construcción que caracterizaba a estos edificios era de gran portalón, cocina, patios, habitaciones, cuadras y abrevaderos. Su proximidad al río Genil, y a través del tiempo, hizo que sufrieran importantes destrozos en sus instalaciones, pero a pesar de tantos avatares subsistieron hasta el presente siglo, en el que por diversas circunstancias se vieron obligadas a cerrar sus puertas.