IMAGENES Y RECUERDOS DE LA CIUDAD DE ECIJA
POR D. JUAN MENDEZ VARO – 1995

LAMINAS 50 y 51. PATIO PRINCIPAL IGLESIA DE SANTIAGO.

Este bello patio corresponde a uno de los más interesantes templos de la ciudad. Edificio de fines del siglo XV con agregaciones importantes a principios del siglo XVII y en el XVIII. De este siglo son la torre, capilla sacramental y el patio porticado a que se refieren las dos ilustraciones.

El patio con cuatro galerías sobre columnas toscanas y altos pedestales prismáticos se construyó, probablemente, por el arquitecto Pedro de Silva hacia 1763, cuando dirigía la obra de la capilla sacramental.

Las fotografías que hemos seleccionado de este patio recogen diferentes perspectivas. En una de ellas, tomada en torno a los años sesenta, se puede apreciar el patio exento de vegetación y arriates; y en la otra, el estado en que quedó años después de las reformas llevadas a cabo, en cuya ejecución tuvo mucho que ver un eficiente sacristán, Juan José Méndez Baena, de especial sensibilidad por la jardinería, y que hasta que la muerte le sorprendió demostró un gran cariño por la iglesia parroquial de Santiago.

LAMINA 52. GLORIETA VÉLEZ DE GUEVARA.

La prolongación de la Avenida de Miguel de Cervantes supuso la apertura de una importante vía de comunicación entre el centro y la zona sur de la ciudad. En la intersección que forma con la antigua carretera de Madrid a Cádiz quedaron dos buenos solares que el Ayuntamiento destinó, con buen criterio, a parques públicos. En la fotografía se puede ver el solar situado a la izquierda de dicha Avenida visto desde la Plaza, antes de comenzar las correspondientes obras. El proyecto de ejecución de esta glorieta fue llevado a cabo siendo alcalde don Joaquín de Soto Ceballos, aunque, posteriormente, y por las siguientes Corporaciones, se llevaron a cabo algunas actuaciones de mejora, principalmente las que se refieren a su cerramiento.

Para embellecer dicha glorieta se instaló una artística fuente, en la que se aprovecharon algunas piezas de la fuente de las Ninfas (que como hemos dicho antes se encontraba en la Plaza Mayor hasta el año 1866 en que fue retirada de su emplazamiento).

 

LAMINA 53. EDIFICIO DEL BANCO HISPANO AMERICANO.

La llegada a Écija de la banca supuso, con su poderío económico, la adquisición y transformación de importantes edificios de la Plaza Mayor. Escribía el Cronista Oficial de la Ciudad, don José Martín Jiménez, un artículo que titulaba Écija y su Plaza Mayor. “González Anaya hace de nuestra Plaza Mayor el más bello exponente de los siglos XVII y XVIII, verdaderos siglos de oro ecijanos, donde la fantasía de nuestros antiguos gremios se desborda en ella como en ninguna plaza de Andalucía”. Más adelante, el propio Cronista nos refiere que él presenció derribar, además de la torre de Santa Bárbara, las casas donde se construyeron los Bancos Español de Crédito e Hispano Americano y las casas donde hoy se encuentra el Casino Ecijano.

Pero si él puede dar testimonio de tan importante desaguisado, a nuestra generación le tocó el turno de ser testigo del derribo del edificio del Hotel Comercio, adquirido por el Banco Mercantil e Industrial para ubicar en él sus oficinas, y, más tarde, ser testigo mudo de la demolición, por parte de la Entidad Banco de Vizcaya, de las casas que hacían esquina a la Avenida de Miguel de Cervantes.

El recordado cronista terminaba tan interesante artículo con el siguiente párrafo que traemos aquí por su interés y, que pese a lo mucho destruido, tiene aún hoy vigencia: “Hay que llegar a defender a esta graciosa y presumida vieja plaza para detener en lo posible las modernas edificaciones, dotándola de la belleza de la juventud. Por tanto, hay que ponerla al amparo de la Comisión de Monumentos Artísticos para que sea declarada Monumento Histórico Artístico Nacional como han sido declarados el antiguo Palacio de Peñaflor y la Parroquia de Santiago”.

En cuanto al edificio que vemos de la Entidad Banco Hispano Americano, corresponde a su anterior ubicación en el lado Este de la Plaza, frente al Ayuntamiento. Todo hace suponer que esta entidad bancaria estuvo aquí instalada hasta los años treinta del corriente siglo, toda vez que en el archivo municipal consta que en 15 de diciembre de 1930, por medio de una instancia presentada por los señores Apoderados, interesan autorización para efectuar obras en la casa número 45 de la Plaza Mayor. Les fue concedida, previo pago del arbitrio correspondiente, determinando que por el auxiliar interino de obras del municipio se fije la línea que haya de ocupar la valla circundante del edificio.

 

LAMINAS 54 Y 55. MATADERO MUNICIPAL.

Estas dos fotografías tomadas en el interior del matadero poco antes de proceder el Ayuntamiento ecijano a su venta, y sin solución de continuidad, a su posterior derribo por la empresa inmobiliaria compradora, vienen a ser un testimonio de tan singular edificio, que cubrió en su tiempo un importante papel en el abasto cárnico de la ciudad. Su régimen y administración se regía por un Reglamento General. El aprobado siendo alcalde don Antonio Benítez Fernández, el día 3 de noviembre de 1923; fue mandado imprimir para el conocimiento de la ciudadanía”. En él se establecía lo necesario para su perfecto funcionamiento, de los aparatos de esterilización de carnes y fusión de grasas y de un horno crematorio para la destrucción de carnes decomisadas. De uno o varios microscopios y del material de análisis indispensable para realizar la inscripción micrográfica o bacteriológica; la instalación de las básculas de esfera indicadora, en sustitución de las romanas que se venían utilizando, y el personal.

En el artículo 3.° del referido Reglamento se establecía que el servicio del expresado matadero quedaba compuesto de tres empleados: “el Fiel de la Casa v Carnicerías, el Alcalde de la misma y, el Inspector Veterinario, los cuales tendrían los cargos y atribuciones que se determinaban en el Reglamento. Estos cargos serán siempre provistos por la Excelentísima Corporación Municipal a propuesta de la Comisión respectiva. Habrá también el número de matarifes y auxiliares que permita el presupuesto municipal, movibles por la comisión, dando cuenta de ello al Ayuntamiento “.

Según dicho Reglamento, la carne que se sacrificaba en el matadero debería ser previamente adquirida mediante subasta pública, los jueves de cada semana a las doce del día, en la oficina municipal de la plaza de Abastos, en presencia del Alcalde o del presidente de la Comisión.

El degüello de todos los animales de abasto que se destinaban al consumo público estaba reglamentado efectuarse precisamente en el local del matadero y por los operarios. Éstos realizaban la labor diariamente a excepción de los domingos comprendidos desde el primero de noviembre al treinta de abril según la Ley del Descanso Dominical. Quedaba además expresamente señalado que todas las reses tenían que entrar en el matadero por su pie, permitiéndose sin embargo la entrada de aquellos que hubieran sufrido accidente fortuito, circunstancia ésta que tenía que comprobar debidamente el Inspector.

Su artículo 29.° prohibía “que se toreen, muleteen o martiricen los animales que hayan de ser sacrificados y cuando alguna res llegare al matadero con signos evidentes de fatiga, se tendría en descanso el tiempo necesario, siendo de cuenta del propietario los gastos de su estabulación”. Y en el siguiente, establecía la forma de sacrificar al ganado, para lo cual se fijaba la puntilla para las reses mayores, “degollándose inmediatamente para evitar el mal aspecto que las carnes presentan cuando la sangre no tiene pronta y fácil salida; las demás reses serán degolladas, procurándose que estas operaciones sean realizadas con prontitud y por empleados hábiles a fin de evitar torturas y sufrimiento a los animales”.

Respecto a la conducción de la carne desde el matadero hasta la plaza de abastos, se estableció lo siguiente: “Se hará en carruaje cerrados destinados únicamente a este fin y que reúna las condiciones debidas desde el punto de vista higiénico, quedando terminantemente prohibido conducir las carnes a hombros o en caballerías. Asimismo, queda prohibido que las personas fueran en el interior de los carruajes que conduzcan las reses destinadas al consumo. La colocación de la carne sea tal que no se vea desde el exterior y que no contacten más que con los paños, siempre limpios, de que deben ir provistos, para lo cual los inspectores veterinarios ejercerán vigilancia sobre ellos… “.

LAMINAS 56 Y 57. CERRO DE LA POLVORA.

Al final de la actual calle Miguel de Cervantes hubo en su tiempo una fábrica de pólvora, edificada en una pequeña elevación de terreno, y a causa de ello comenzó a denominarse a ese lugar “Cerro de la Pólvora”, cuya denominación a pesar del tiempo transcurrido, aún perduras’. No mantenía este mismo criterio don Manuel Figueroa y Rojas, que, en la Revista Écija, escribía: “sobre el soterrado arroyo residual del que fue mal llamado Cerro de la Pólvora en el que no había, ni hay, cerro ni pólvora…”.

Fuera o no lugar de fabricación de pólvora lo cierto es que con el tiempo estos terrenos pasaron a tener una importancia vital en los planes de expansión de la ciudad. En la zona comprendida entre la calle Cestería y la prolongación de la calle Miguel de Cervantes existía un gran solar que quedaba separado del extramuros de la ciudad por el arroyo del Matadero. Una vez que se iniciaron las obras de entubado, el solar pasó a ocupar un lugar de indudable interés urbanístico. Tras permanecer algún tiempo convertido en vertedero su propietario, el Ayuntamiento de la ciudad, con buen criterio lo destinó a campo de deportes e Instituto de Enseñanza Media, piscinas y a viviendas para funcionarios, de que tan necesitaba estaba la ciudad.

En las fotografías se pueden apreciar las obras del Instituto San Fulgencio. Su inauguración se llevó a cabo el día 5 de octubre de 1965 con la bendición de las instalaciones por el arcipreste de la ciudad don Rogelio Rodríguez Naranjo y cuenta con la presencia de don Manuel Lora Tamayo, Ministro de Educación y Ciencia, el Gobernador Civil de la Provincia y los Directores Generales de Enseñanza Media, Laboral y Primaria. Otra de las obras que se acometieron años antes, de indudable importancia en dichos terrenos, fue la construcción del campo municipal de deportes “San Pablo”. El partido inaugural tuvo lugar en el año 1961.

LAMINAS 58 Y 59. CHOZA DE JOSE MARIA.

Posiblemente uno de los establecimientos de hostelería más centenario de los existentes en nuestra ciudad sea éste, hoy totalmente trasformado y convertido en un moderno restaurante, conocido por Buenavista. Pero, a pesar del tiempo transcurrido de esa transformación, muchos ecijanos aún le siguen llamando por su legendario nombre “La Choza de José María”. Gracias a uno de sus primitivos dueños, don Antonio Vivas, que tuvo la feliz idea de fotografiar el edificio durante su derribo, hoy podemos contar con un testimonio gráfico de indudable interés, donde nos muestra lo que fue la famosa “Choza de José María”. Establecimiento que, además de ser un lugar de esparcimiento, tuvo su punto de encuentro, como si de una romería se tratase, en la celebración por parte de nuestros antepasados de una fiesta muy singular: La Fiesta de los Locos.

Tenía ésta lugar todos los años coincidiendo con el día 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes. La popular fiesta era motivo de divertimento no sólo para los profanos, “en el día de los inocentes sino también para la gente de la Iglesia, que procuraban conmemorar con algo extraordinario, aparte de lo preceptuado por el ritual'”.

Si dicho día el tiempo acompañaba, numerosa concurrencia se daba cita en la carretera de Sevilla, a las afueras de la población, en el referido lugar conocido como “Choza de José María” y también como el “Ventorrillo”. A tenor de lo que nos relatan las crónicas, tuvo que ser pintoresco el aspecto que ofrecía aquel lugar desde el amanecer. En carruajes, a pie o a caballo, como si se tratase de una romería, pero sin ermita ni santuario, acudía a dicho lugar un importante gentío de todas las clases sociales. Allí se daban cita tanto los aristócratas, ataviados con sus mejores galas, como “el pobre entre los pobres”, pero todos participaban de la común alegría.

Los periódicos locales de la época se hacían eco de tan singular fiesta: “en aquel continuo bullir, en medio de aquel oleaje, se oía sin cesar el griterío de los vendedores, el cantar al acorde de las guitarras y los vociferantes, los gritos, dentro de la cordialidad y familiaridad, de los que tienen mejor chispa. Y de vez en cuando se hacían un alto y resonaban los aplausos ¿a quien se dirigen? !A los locos!. A los héroes de las fiestas; a hombres que visten extraños y abigarrados trajes compuestos de enaguas blancas, muchas cintas multicolores como adorno, sombreros “sui generis”, y a éstos acompañaban a otros más jóvenes que hacen de loca, con rara y extravagante vestimenta”.

La fiesta daba comienzo con la salida del sol y concluía al anochecer cuando el gentío volvía a la ciudad, visitando como por la mañana, los casinos, establecimientos y aún casas particulares a la manera de callejero murguista: “Una tocata especial, que de todo tiene menos de música monótona, marmónica, se ejecutaba mientras bailan ¡Y que baile, Santo Dios!, la parte del cuerpo que entra en acción es la planta y talón de ambos pies, sobre los cuales cae todo el cuerpo del individuo, en los continuos movimientos, en elevación y descenso, en una palabra, una serie de saltos lo constituyen, y ésta es la fiesta de los locos”.

Bien es cierto, -según las crónicas de la prensa local-, que, al regreso, respetable número de concurrentes resultan con menos juicio del que al comienzo de la mañana tenían. Lógicamente como consecuencia de la presencia del abundante aguardiente que corría por el camino de Sevilla.

Y hay más. Existía singular costumbre en determinados conventos de monjas, en la víspera de tan singular festividad, llegada la noche, de celebrar la elección de cargos para el nombramiento de las abadesas de los conventos ecijanos y finalizar el día 28, o sea, 24 horas como consecuencia de los papeles. Tal vez si en dicho cambio era nombrada para el cargo alguna novicia, reinaba completo trastorno a causa de la inversión de puestos.

Otro periódico local, “La Semana”‘, también se hacía eco de tan singular fiesta. Pero éste nos describe cómo era la tan famosa “Choza de José María”, lugar seleccionado para la celebración de tan especiales actos festivos, pero, además nos detalla como era su dueño, el famoso “José María” que le dio nombre a la “Choza”. Este semanario denomina esta fiesta como La Romería de los Locos. Recogemos aqui un fragmento de la crónica en dicho periódico y leemos: “La Venta de José María tiene la número 23, con 25 metros. Un arco sirve de paso a un soportal donde los viajeros y caballerizas puedan resguardarse de la inclemencia del tiempo. Una puerta achatada en la entrada a la venta, que tiene ventanas en todos los costados, y por su fondo y construcción, recuerda en un todo a las ventas descritas en las novelas de bandidajes. Detrás de un mostrador corto y de espaldas a un estante con bota de agua con grosella, José María, hombre fornido y recio a pesar de sus 70 años “.

LAMINAS 60 al 63. BANDAS DE MÚSICA.

Durante los años veinte del presente siglo no existía en Écija una Banda Municipal propiamente dicha. Había, eso sí, dos bandas de música, una la de Padilla y otra de Miguel Galisteo, que contrataba el Ayuntamiento como interinos, según el partido que ostentara el poder municipal, conservadores o los liberales”.

En 1926, siendo Alcalde don Luis Saavedra Manglano, se hizo cargo de la formación de la Banda Municipal un músico militar, oriundo de Écija, (nació el día 13 de mayo de 1882) que aún joven estaba en situación de jubilación del Ejército por padecer una enfermedad nerviosa. Era don José Pérez Herrera. Escogió a los mejores y más disciplinados músicos de las dos bandas hasta entonces existentes, a los que unió los chavales de mayor edad que integraban la banda de música del Colegio Salesiano de Nuestra Sra, del Carmen.

El Ayuntamiento compró el instrumental y se constituyó la Banda Municipal de Música de Écija, cuyos componentes pasaron a integrar la plantilla de funcionarios municipales del Ayuntamiento, gracias a la labor del entonces concejal de cultura Juanito Martínez, industrial del ramo del tejido de nuestra localidad.

La banda tenía asignada, según el presupuesto aprobado correspondiente al año 1929, la suma de 20.043,75 pesetas para sueldos o gratificaciones, y para el entretenimiento y compra de instrumentos de música y adquisiciones de obras y partituras, 2.500 pesetas.

Respecto al sueldo estaba reglamentado su emolumento según su categoría o clase. Así tenemos cómo el director de la banda municipal percibía 2.250 pesetas anuales. (Es decir estaba equiparado en sueldo al que percibían, Secretario, Interventor y Depositario Municipal). Respecto a los músicos, los 9 de primera clase cobraban 730 pesetas cada uno; los 10 de segunda, 547,50 pesetas; los 9 de tercera, percibían 465,25 pesetas; y por último los 6 considerados como de cuarta 273,75 pesetas.

Trabajó mucho el señor Pérez Herrera hasta conseguir una excelente banda de música, con la que se ganó importantes premios en los distintos certámenes en que participó. Al maestro Herrera se le hace entrega en un homenaje de una batuta con el pomo en oro, en un concierto extraordinario que se celebra a las 10 de la noche del día 17 de julio de 1930.

Al estallar la guerra civil en 1936 muchos de sus componentes se tuvieron que marchar al ejército, quedando compuesta la banda sólo de educadores y de los músicos de mayor edad. Al terminar la guerra parte de los músicos se quedaron en el ejército y ésto desmoralizó notablemente al maestro que casi desistió de hacer instrumentistas.

La Ley de Funcionarios de Mayo de 1952 propició la extinción de las plazas vacantes de músico de plantilla que fueron cubiertas por músicos contratados, sin reconocimiento de antigüedad ni pagas extras. Esto llevó a fomentar la discriminación entre el personal contratado y el fijo.

Cuando el Maestro Pérez Herrera se jubiló ocupó el cargo de director el señor Tena Peinado, natural de Valencia de Ventoso (Badajoz), perteneciente al Cuerpo Nacional de directores de Bandas Civiles. Con este director se descuidó bastante la labor de enseñanza y la incorporación de nuevos músicos, ocasionando con las jubilaciones, que la banda tuviera cada vez menos componentes. Bueno es que se sepa que el Himno de nuestra Ciudad está compuesto musicalmente por el señor Tena, y que la letra es obra del médico ecijano don Antonio Morales Martín, siendo aprobado oficialmente dicho himno en sesión plenaria celebrada el día 30 de diciembre de 1955.

Rigiendo la alcaldía don Joaquín de Soto Ceballos y Concejal Delegado de Cultura don Manuel Gómez se compró nuevo instrumental que costó la suma de 750.000 pesetas. El instrumental viejo fue vendido por el Ayuntamiento a precio de chatarra (40 ptas. kilo).

Al cabo de unos años el director enfermó y el entonces alcalde don José Rodríguez Noguera, en el año 1975, da de baja a la banda como Municipal, por problemas económicos. Los músicos que quedaron de plantilla pasaron a la situación de excedencia obligatoria, encargándose ellos mismos de celebrar periódicos contratos con el Ayuntamiento para cubrir los servicios oficiales. En este periodo dificil de nuestra banda se encargó de su dirección uno de sus componentes, el señor Vicente García Ramos. El Ayuntamiento retiraba la dotación económica, los músicos decrecían, y además el local donde se ensayaba en la calle Mayor amenazaba ruina. Provisionalmente se trasladó a las Casas Consistoriales, donde comenzó a estorbar a todos y a nadie agradaba la idea de que se ensayara allí.

En 1979 un grupo de músicos quisieron reorganizar la banda. Se habló con la directiva del Casino de Artesanos para que, bajo su responsabilidad, pidieran los instrumentos al Ayuntamiento. Se formó una comisión y al enterarse de sus propósitos la entonces Delegada de Cultura doña María Luz Méndez, hizo suya la idea de organizar la banda de música, convocando una reunión en la Sala Capitular del Ayuntamiento, donde se acordó reorganizarla, pero como Asociación particular y a cambio la Corporación se comprometía a entregar una importante ayuda económica. Entre los músicos fue elegido director don Manuel Gutiérrez. Con él al frente se comenzó a ensayar y rejuvenecer la banda. El concierto de presentación se dio el día 7 de septiembre de 1980 con 18 componentes y tomando la denominación de Agrupación Musical Ecijana, que es la que hoy ostenta.

Al caer enfermo el señor Gutiérrez tomó la dirección don Enrique López, quien, quitándose tiempo de su trabajo y su descanso y con una gran dedicación totalmente desinteresada, siguió con las clases de solfeo e instrumentos, hasta conseguir que en la escuela de música de la Agrupación se iniciaran unos treinta chavales por año. Gracias al señor López la banda llega a contar con más de 59 componentes, casi todos jóvenes. En la actualidad está dirigida por un excelente profesional, don Manuel Hidalgo, que ha hecho de esta banda una de las mejores de nuestra provincia.

En lo que se refiere a las Agrupaciones de Bandas de Trompetas y Tambores ecijanas, sólo conocemos la existencia de tres. Dos de ellas surgen inmediatamente después de estallar la guerra civil española y ambas tienen su raíz en los brazos políticos del régimen franquista: los Requetés y la Falange. A la banda de tambores y cornetas de los Requetés se le denominaba “los pelayos” y a la de la Falange: “los balillas”. No hemos podido localizar ningún testimonio gráfico de la primera de dichas bandas, que por cierto tuvo poco tiempo de vida al quedar fusionada con la de la Falange.

Respecto a la banda de los “balillas” sí hemos podido recuperar una vieja fotografía, parcialmente mutilada, y que fue tomada en la calle Miguel de Cervantes. Esta banda tuvo como uno de sus primeros directores a don Francisco Espinosa, contando con dos buenos componentes: Francisco González Barrera y Emilio Martín Caballero, que eran, respectivamente cabo corneta y cabo de trompeta. En la fotografía que hacemos alusión ya era director Francisco Espinosa, (que a su vez era músico de la banda municipal) y en ella podemos ver entre otros, a los jóvenes Rafael Sixto Tutor, a quien le debemos esta información; a los hermanos Jiménez Lahorden, Ramírez Pérez y Salvador Carmona. Después de cosechar innumerables éxitos desaparece en torno a los años cincuenta, pero su vacío fue rápidamente ocupado por una de las bandas que más cariño han despertado en la ciudad: la banda de Trompetas y Tambores de los Salesianos.

Nace esta banda siendo director del Colegio Salesiano don José María Uceda. Como Presidente de la misma se nombra a don Emilio Mendoza Rivero y se hace cargo como profesor y director un joven que procedía de la banda de los “balillas”, nuestro amigo Rafael Sixro Tutor. La banda, con la magnífica cantera procedente de los alumnos del colegio llega a conseguir notables éxitos siendo solicitada en múltiples ciudades andaluzas. Sus actuaciones se cuentan por ciento especialmente en la Semana Santa de Sevilla y hasta en las Fiestas Típicas de Cádiz, en las que la hija de Franco fue coronada como Reina.

A partir de 1954 a la banda se le agregan 9 gaitas, novedad que hace que ésta sea la primera de España que incorpore tan singular instrumento. Y cuando hablamos de la banda de los salesianos no podemos olvidar un hombre que estaba íntimamente relacionado con la misma, a don Ubaldo González.

Al dejar la Comunidad de Salesianos Écija, la banda se extingue y sus instrumentos fueron llevados a otra ciudad. A partir de esa fecha se registra un notorio vacío hasta que pocos años después surge la primera banda no vinculada a institución política o religiosa: la de Pablo Reyes, que también en su niñez perteneció como miembro a la de los “balillas”. Banda de Pablo ésta que por ser contemporánea todos la conocemos y huelga cualquier referencia histórica.

 

LAMINAS 64 al 67. LAS ORQUESTAS DE LAS BODAS DE CASA RIVERA.

Concluida la guerra civil, las precariedades económicas de la población eran evidentes. Esta circunstancia tuvo su incidencia en todos los aspectos de la vida cotidiana. Las parejas que contraían matrimonio a lo sumo que podían aspirar como hogar familiar era una “sala” en una casa multifamiliar con derecho a cocina en el corredor o, en algunos casos, dos salas y cocina individual. Los convites de celebraciones matrimoniales eran algo que sólo alcanzaba a determinadas familias de cierta posición social. No existían entonces salones de bodas ni mucho menos esos opíparos banquetes actuales. Había, eso sí, algunas excepciones y muy determinadas parejas celebraban la boda en su propia casa, haciendo extensiva la celebración a sus familiares y algunos amigos más allegados. En los años cuarenta y en los comienzos de los años cincuenta, para amenizar dichas celebraciones, era costumbre la contratación de alguna orquesta. Éstas se formaban preferentemente con los miembros más jóvenes de la banda municipal de música, aunque, también, en algunos casos concurría algún que otro miembro “que hacía sus pinitos musicales, la más de las veces sin conocimiento de solfeo, pero que tenía buen oído”.

Sebastián Luque, José Gordillo y Miguel Aguilar, componentes de estas orquestas, nos recuerdan las dificultades y las penurias de aquellos tiempos. “Además de lo poco que ganábamos, -unos treinta duros a repartir entre todos- teníamos que pagar, también, la megafonía que nos alquilaba Molina, a ésto se añadían las precarias condiciones en que teníamos que tocar, pues, lo hacíamos en patios pequeños, y, a veces, a los músicos nos habilitaban cualquier rincón, incluso en la propia cocina, o bien en lo alto del corredor. Cierto es que tal como iban pasando los años y las disponibilidades económicas de la población fueron mejorando, también comenzamos a notarlo nosotros”.

Durante bastante tiempo, en nuestra ciudad era costumbre la celebración de las bodas en el popular local de don Manuel Rivera Paredes, más conocido por “Casa Rivera”. Éste no era otro que una vetusta nave dedicada a taller y que, circunstancialmente, se usaba para tal menester. Don Manuel, hombre bonachón y trabajador que seguía la tradición de sus padres en la reparación de aperos de labranzas y, en especial, en la de fabricación de carros y carretas, un día pensó que podía sacarle algunas pesetillas a su local, principalmente los fines de semana, que era cuando tenían lugar las celebraciones nupciales.

El alquiler del “salón de boda” rondaba las trescientas pesetas por noche cuando comenzó a utilizarse en 1958, y según fue subiendo el nivel de vida el alquiler, también se fue actualizando hasta cobrar tres mil pesetas por noche. Este “salón” se vino utilizando casi sin interrupción hasta 1974, que fue el último año en que se utilizó para las celebraciones de bodas.

Apuro y de los grandes fue el que pasó don Manuel Rivera cuando se encontró con dos bodas en su “salón” un mismo día. Resulta que era costumbre del señor Rivera tomar como señal y parte de pago una cantidad a los padrinos para señalar el alquiler del local e inmediatamente anotar en un bloc nombre de los novios y día y hora de su celebración. Pues bien, ese día a nuestro amigo se le olvidó hacer la oportuna anotación y … se presentaron a festejar tan señalado acto social dos bodas a la misma hora y con sus correspondientes invitados.

Y del apuro mayúsculo a la solución sana. Los novios, padrinos y el señor Rivera llegaron a resolver el tema: Una celebración se haría en la nave y la otra en el patio descubierto. Problema solucionado, pero a medias, pues vaya lío que se formó con los invitados. ¡Menos mal que entonces las personas eran más sanas!, nos comenta uno de los hijos del señor Rivera. “Si esto hubiera pasado en estos tiempos, las consecuencias hubieran sido imprevisibles”.

Fue tal la fama alcanzada por el local del señor Rivera que rara era la semana que no hubiera celebraciones nupciales en su casa. Las bodas, eso sí, aunque modestas, gozaban de música en “vivo”. Era también costumbre que los padrinos, algunas horas antes, llevaran al local aguardiente, coñac y vino, siempre a granel y en damajuana, para ser servido en bandeja a los invitados, que, generalmente, estaban sentados en unas sillas que se colocaban junto a las paredes. Por otra, a los invitados que regalaban a los novios se les ofrecían puros, a los hombres, y peladillas a las mujeres en unas bolsas que también se preparaban días antes por la madrina.

A fin de que “no se colaran jóvenes intrusos en la celebración”, toda vez que por aquella época no se conocían las discotecas ni pubs o cualquier otro tipo de lugar juvenil, las familias de los novios contrataban los servicios de un policía municipal (fuera de su horario laboral) y que solía hacer las funciones que hoy tienen encomendadas los vigilantes jurados.

Ya los jóvenes conocían las posibilidades que tenían de poder entrar en la boda desde lejos. Si en la puerta había muchos jóvenes, la cosa estaba difícil, porque, o bien “se habían tomado medidas por parte de los padrinos, o bien en la puerta estaba un guardia que su celo impedía su acceso. De seguro allí estaba aquella noche “el chiquili”. Vaya con “el chiquili” ¡cuántas noches nos estropeó a más de uno!. ¡Hombre, reconocemos que él cumplía con su labor, y si ésto no era así, aquello se salía de madre! pero… los jóvenes de entonces ¡qué pocas oportunidades teníamos de diversión y las bodas eran una de ellas!.

Lo cierto es que no existían por aquellos tiempos orquestas profesionalizadas propiamente dichas. No obstante, sí hubo una banda que llegó a mantenerse durante algún tiempo y se hizo famosa en la ciudad: La Orquesta Río. Sus componentes, algunos, como queda dicho, miembros de la banda municipal de música, y tal como podemos ver en las fotografías, no son siempre los mismos, incluso con el tiempo cambiaron de instrumentación. Así vemos como en la actuación de ésta en Casa Rivera, en una boda celebrada en 1962, la orquesta está integrada por Francisco Báez García, Enrique López Gómez, Antonio Alcantarilla, Sebastián Luque Pozo y Miguel Aguilar García. En una actuación con motivo de la Verbena de los Pisos de Juan Pavón, que tuvo lugar el día 24 de junio de 1958, forman parte de ésta, además de los citados Miguel Aguilar, Enrique López y Sebastian Luque, Antonio Yelamo y Manuel Chía.

Otra formación que también acudía con frecuencia a las bodas que se celebraban en casa Rivera, estaba formada por José Carmona (Pío), Francisco Pérez Llamas, José Manuel Correas, Antonio Alcantarilla y Manuel Gutiérrez. O la orquesta que se formó expresamente para la Verbena del Puente, integrada por el propio maestro de la banda municipal de música, el señor Tena, José R. Carmona, Sebastián Luque, Enrique López y José L. Grao.

A la vista de la mayor demanda de este tipo de grupos musicales, debido a la proliferación de verbenas, bailes de carnaval, fiestas de navidad, etc, comenzó a tomar cuerpo una orquesta que obtuvo importantes éxitos, tanto en nuestra ciudad como fuera de élla: “Los cinco Dinámicos”. Formación ésta integrada, claro está, por algunos miembros de la banda municipal, y por otros jóvenes músicos locales. Sus componentes, Francisco Báez, Sebastián Luque, José Asencio, José M. Chía, José Gordillo y Enrique López, llegaron a cosechar importantes éxitos.

Respecto al repertorio de estas bandas, lógicamente iban con la música de la época, preferentemente tocaban Sevillanas, Mambos, Boleros, Cha Cha Cha, Tangos, Pasodobles… ¿Pero quién no recuerda esas bodas de Casa Rivera -que la mayoría de las veces se bailaba “agarrad’ a los sones de “Ramona”, “El Cordón de mi Corpiño”, “Muñequita Linda”, “El Rico Mambo”, “Me lo dijo Pérez”, ” Mira que eres Linda”, “Al Uruguay”, “Cuando Calienta el Sol”, “España Cañí” …, Y cuando concluía la actuación, el pasodoble “Valencia”?.

  

LAMINAS 68 al 71. GUARDIA MUNICIPAL DE TRAFICO.

Que tengamos noticias, los primeros guardias urbanos que hacen acto de presencia en las calles de nuestra ciudad lo hacen con motivo de la Feria del III Centenario en el año de 1952. A partir de esa feria, el Ayuntamiento, ante el constante aumento del tráfico rodado y a la vista del peligro que suponían diferentes cruces estratégicos en el casco urbano, le encomienda a la policia municipal regular el paso peatonal y viario. Provistos de cascos y correajes blancos, realizan estos servicios en dos turnos, de mañana y tarde, asignándole entre ellos la Plaza de España, cruce de la Victoria, (por entonces carretera general de Madrid-Cádiz), Puerta Cerrada, Puerta Palma y Plaza de Colón. Posteriormente se cambia el guardia del cruce de Colón a la calle Cañaveralejo en el cruce de la calle Victoria con la de San Benito.

Estas curiosas fotografías, aunque todas ellas están tomadas en la Plaza de España, vienen a recordar una imagen que era usual de la ciudad y hoy está totalmente olvidada: la regulación del tráfico por la policia municipal urbana. Se da la circunstancia que cuando teníamos guardias urbano no había apenas tráfico y ahora que ha aumentado éste considerablemente no tenemos guardias. Curiosa paradoja, pero así es. Cierto es que estos hombres han sido sustituidos por semáforos, (lo que nos parece bien, debido a que tenían que soportar la dureza del clima ecijano), pero sólo en dos lugares de los cinco en los que estaban establecidos.

Una de las costumbres más arraigadas en la ciudad y que el pueblo llevaba a cabo como muestra de agradecimiento por el buen hacer de estos hombres, era el agasajo navideño. Efectivamente con motivo de las Navidades los agentes municipales de tráfico eran agasajados con numerosos aguinaldos que se depositaban en sus puestos de trabajo. Los aguinaldos eran entregados, en su mayor parte, por los automovilistas. Como se puede ver, junto a cada guardia aparecen diversos artículos, que al final de la jornada se distribuían entre los agentes encargados del tráfico urbano.

  

LAMINAS 72 Y 73. POLICIA MUNICIPAL.

La vigilancia y seguridad de Écija ha estado principalmente, además de la Guardia Civil, a cargo de la Policía Municipal, hasta que ya más reciente se ha instalado en nuestra ciudad la Comisaría de la Policia Nacional, cuyo objetivo cumplen según sus competencias.

Si la Guardia Civil y Policía Nacional son fuerzas de seguridad del Estado, y consiguientemente, dotadas de presupuesto Estatal, la Policía Municipal tiene competencias estrictamente locales y la remuneración de su personal corre a cargo del municipio.

Siendo Primer Alcalde Constitucional de la ciudad Don Juan Batista Castrillo y Bernuy, Vizconde de Benaojan, ordenó la redacción de un Reglamento para la Guardia Municipal de la Ciudad de Ecija, que se aprobó en Cabildos de 2 y 9 del mes de Julio de 1853, y por el cual se debía de regir`. En dicho Reglamento se dispuso que dicha Policía se divida en dos secciones denominada una de vigilancia y la otra de serenos.

A la sección de vigilancia en su artículo 18° se le encomieda “mantener el orden y el de evitar y corregir toda clase de excesos que se intenten cometer en el radio de esta población, para lo cual arrestarán y conducirán al depósito municipal a todo aquel que se ecuentre perpetrándolos o sepan los hayan cometido o que traten de alterar en lo más mínimo la tranquilidad pública. Este servicio (artículo 19), la sección de vigilancia, se dividirá en parejas que constantemente recorreran la población desde la retirada de los serenos hasta la salida de los mismos y en la forma o distribución que el cabo determine”.

El artículo 21° trata sobre la vigilancia de los lugares públicos, especialmente posadas, fondas, cafés, tabernas, con el fin de que se observen las disposiciones gubernativas y de que los dueños de los mismos cumplan con las prevenciones que a esto les imponían las leyes o Reales Ordenes.

En el artículo 26°, en sus apartados primero y segundo, se establece, la de “dar a todos los vecinos que lo reclamen, pronto y eficaz apoyo, tratándolos con el decoro que corresponde y sea conciliable con la exactitud del servicio. La de hacer observar con exactitud todos los bandos y buen gobierno y disposiciones de la autoridad”.

En los artículos 47° y siguiente, se les prohibe, “exigir retribución alguna por los servicios particulares que preste, y desde luego se les prohibe percibir por ello gratificación de ninguna especie. Y también les estaba prohibido entrar, sino en actos de servicio, en tabernas y casas sospechosas”.

Si tomamos como referencia los presupuestos ordinarios correspondientes al año 1948, la plantilla de la policía local le importaba a las arcas municipales la cantidad de 178.815 pesetas anuales, además de la remuneración de cuatro guardias municipales designados para prestar servicios del campo, manutención equipos de caballerías y vestuario que se fijó en 14.000 pesetas, así como 500 pesetas para gastos menores.

Es decir, al municipio le costaba toda la policía municipal anualmente la cantidad de 196.965 pesetas. Plantilla que estaba compuesta en ese año 1948 por 31 miembros: Un jefe, Manuel Carbajo Caballero, que ganaba 8.350 pesetas anuales. Dos cabos, Miguel Hidalgo y José Majón, que percibían cada uno 6.187 pesetas. Y 28 guardias, que venía cobrando cada uno de ellos 5.125 pesetas anuales más sus correspondientes antigüedades.

Las fotografías corresponden a la primera comida de hermandad que se organizó en honor del patrón de la Policía Municipal. Acto celebrado en unas dependencias del señor Ojeda Osuna y al que asistieron algunas autoridades locales. El fotógrafo estaba allí y perpetuó el acto, dejando constancia de ello: era el día 19 de marzo de 1962.

LAMINAS 74 y 75. RETAMAR DEL RIO.

Sin duda alguna el tema que más dio que hablar en nuestra ciudad el año 1959 fue el rodaje de una película. Y aunque Écija fue ya anteriormente escenario cinematográfico, sólo lo había sido para algunas esporádicas secuencias. La productora Argos Films seleccionó a nuestra localidad como lugar ideal para el rodaje de la película Bajo el cielo andaluz, por reunir nuestros palacios, iglesias, casas y calles, el marco idóneo para tal fin. Pero la razón del rodaje de la película en Écija nos la da su director en una entrevista que le hizo una revista local.

A la pregunta ¿Por qué eligió Écija para rodar “Bajo el Cielo Andaluz”? contestó:

-Le explicaré. Casi todos los años me doy una rápida vuelta turística por Andalucía y siempre paro al llegar a Écija. Me gustan sus torres, sus calles, sus palacios y sus iglesias y aproveché la ocasión de esta película para dar a conocer a los demás lo que hay aquí… Eso que ustedes, de tanto tenerlo delante, no ven… “.

Efectivamente la ciudad de Écija se convirtió en escenario cinematográfico un bello mes primaveral. El rodaje comenzó en el mes de mayo de 1959, bajo la dirección de Arturo Ruiz Castillo, protagonizada por Marifé de Triana, secundada por el actor argentino Alejandro Re, en unión de los nombres famosos de María Arias, Aníbal Vela, Ena Sedeño, Roberto Camardiel, Carmen Sánchez, Emilia Rubio, Sergio Mendizábal, Pepe Orgaso y los periodistas madrileños Tico Medina y Yale, así como un gran número de “extras”, todos ellos ecijanos y ecijanas (que trabajaron gratis).

Indudablemente las incidencias del rodaje, que fueron llevadas a cabo en diferentes lugares de la ciudad: Casino Artesanos, Palacio del Marqués de las Cuevas del Becerro, Iglesia de Santa María, talleres y calles ecijanas, fueron presenciadas por un número considerable de ciudadanos, especialmente aquellas intervenciones en directo desde el Casino de Artesanos a cargo de Marifé de Triana, o durante el rodaje de exteriores en algunas calles y sobre todo a la salida de “la boda” en la plaza de Santa María.

La película rodada en Eastmancolor que tuvo una duración aproximada de dos meses, fue apodada por los ecijanos con el título no oficial de: “Marifé, la Cabra y Caracuel”.

La revista quincenal ESPACIO se hacía eco de tan señalado acontecimiento dedicándole la primera página de su información así como un amplio reportaje sobre el rodaje. De dicho medio informativo hemos podido conocer su ficha técnica, que reproducimos a continuación:

Título: Bajo el Cielo Andaluz. Producción Española. Productora Argos Films, S.L. de Madrid. Rodada en Eastmancolor. Guión: Jaime G. Herrans. Dirección: Arturo Ruiz Castillo. Jefe de Producción: Enrique F. Sagaseta. Script. José Luis García Leoz. Cámara: Emilio Foriscot. Foto Fija: Joaquín Frutos. Decorador Ambientador: Román Calatayud. Maquillaje: María Luisa de la Torre. Montaje: Mercedes Alonso.
Las fotografías que hemos rescatado del rodaje de dicha película corresponden, una al momento de la “celebración de la boda” de Marifé de Triana, cuya “ceremonia” corrió a cargo del párroco de Santa María don Esteban Santos Peña, asistido por los sacristanes José Alvarez y Manuel Rosa, y de los monaguillos hermanos Javier y José Luis Santos Verdugo. La otra instántanea corresponde a la salida de “los novios” por una plaza de Retamar del Río, pueblecito andaluz a veinte kilómetros de Sevilla, que es como se conocía a nuestra ciudad en el guión de la película.

 

LAMINAS 76 y 77. PLAZA DE PUERTA CERRADA Y FUENTE DE LOS DELFINES.

Sin duda alguna una de las plazas más coquetas de la ciudad es la de Puerta Cerrada. En ella, como se sabe, estaba alzado el Convento de los Remedios y frente a éste se conserva aún un viejo caserón conocido por Casa Cilla, edificio que servía para almacenar los diezmos. Allí también estuvo situada la vieja cárcel de Écija, otro bello edificio hoy en estado de ruina. En esta “barrera” se establecía, como ya antes hemos escrito, la feria de la madera, donde acudían los labradores para adquirir cuanto necesitaban, desde madera para arados, carros y carretas y hasta los útiles necesarios para los numerosos molinos aceiteros existentes en nuestro extenso término municipal.

A lo largo del siglo XVI gran parte de las ciudades hispanas conocieron una profunda transformación de su fisonomía. Mediante una serie de intervenciones puntuales, pero de alto valor emblemático, surgieron nuevas construcciones acordes con los principios renancentistas y se produjeron importante cambios en la abigarrada trama urbana medieval, capaces unas y otras de originar una nueva imagen urbana. Entre las operaciones de renovación emprendidas destacan las correspondientes al suministro de aguas, entendido como servicio público y expresión de un claro interés por la higiene, pero también rentabilizable estética y urbanísticamente por cuanto permitía la construcción de fuentes ornamentales, auténticos hitos transformadores de la ciudad”.

El periódico local La Semana” se hacía eco de la acuciante necesidad del agua potable en la ciudad. Las fuentes públicas que abastecían a la población no daban para proveer a sus necesidades primarias. Dicho periódico recogía así una estampa que se repetía con frecuencia: “Hemos visto el espectáculo poco edificante que se da en la fuente de Puerta Cerrada; hay vecinas que acuden a llenar a las diez de la mañana y les oscurece allí. Y no es ésto lo peor, sino que el pilón está vacío, es un verdadero foco de infección. ¿No pudieran limpiarlo? Las conversaciones que allí se oyen dejan en muy mal lugar al encargado del suministro del agua, (entonces llamado “cañero”). Se dice que, salvo algunas personas con “suerte”, el resto de la población está próximo a la rabia”.

Otra publicación local, La Opinión Astigitana, se refería a otras fuentes públicas, pero en otro sentido. “Nuevamente recordamos a nuestros ediles la conveniencia de colocar una cubierta o marquesina en las fuentes de Colón y calle García de Castro, que resguarde algún tanto de las inclemencias del tiempo a las pobres mujeres que acuden a dichas fuentes para proveerse de agua potable. Es inhumano dejar que, por no hacer ese pequeño gasto, esas infelices personas tengan que sufrir en el invierno las crudezas de la lluvia y en el verano los asfixiantes rayos del sol…” Los vecinos que acudían a la fuente de Puerta Cerrada tenían, al menos, la gran suerte de contar con la vegetación que le ofrecían los frondosos árboles situados en su alrededor.

De esta singular fuente astigitana las primeras noticias que se tienen son en relación a la adjudicación de las obras a Hernán Ruiz y se remontan al Cabildo celebrado en 20 de febrero de 1584, ordenando a Hernán Ruiz, en quien se remató la obra de la traída de agua y de las cuatro fuentes, que deposite las fianzas legales dentro del término marcado.

Se sabe que la fuente de Puerta Cerrada fue en diferentes ocasiones desmontada, incluso en alguna ocasión arrinconada en la misma plaza y hasta retirada a dependencias municipales. “Atendiendo a la mayor comodidad que resulta para el vecindario de que la fuente llamada de Puerta Cerrada permaneciera en el sitio donde estaba colocada, al que mandó con motivo de las 54 corridas de toros que hubo en los años 1774 y 1775, el Cabildo acuerda que se quede allí”.

Naturalmente ello degeneró en un paulatino deterioro. Ya al principio del pasado siglo, y a la vista de su precario estado, el Cabildo de 3 de junio de 1817 acuerda pedir a S.M. el Rey Fernando VII que le conceda a esta ciudad 30 corridas de toros, para que con sus beneficios se puedan entre otras cosas: …reparar las fuentes públicas que están muy deterioradas y no daban agua…”. Entre los graves desperfectos que sufre, algunos de ellos de gran importancia, se encuentran la pérdida de la figura humana que remataba la fuente, y tres de las cabezas de sus cuatro delfines.

En 1987 se lleva a cabo en los talleres de Oñoro un importante trabajo de reforma y restauración, quedando en el estado que hoy todos conocemos. En una reciente visita que hizo su Majestad la Reina Doña Sofía a la Yeguada Militar le fue mostrada una exposición de fotografías antiguas de la ciudad, especialmente aquellas que tenían relación con el mundo del caballo, toda vez que esta fuente cumplía con tres funciones: la de abastecer a la población, ornato público y abrevadero, encontrándose entre ellas las dos que ilustran este trabajo.

LAMINAS 78 Y 79. EL ABASTO DE REFRESCOS EN ÉCIJA.

Estas imágenes, que eran clásicas en la vía pública, nos recuerdan a populares personajes con los hoy vetustos vehículos que se usaban para el abasto de la hostelería de la ciudad. Entre ellos vemos a un viejo motocarro de los señores Barrios, a su paso por la Plaza de España.

En la otra fotografía, otro vehículo, pero éste de tracción animal, que durante muchos años se utilizó para el abastecimiento de tabernas y bares ecijanos, que llegó a gozar de gran popularidad, pues con él se efectuaba el reparto de sifones por su propietario Pablo Riego auxiliado por Antonio Reyes Rivero. Aquí vemos a ambos aupados en las varas del carro tirado por “Peluso” por una calle de la ciudad y antes que llegaran las multinacionales de las bebidas refrescantes. Nos recuerda Pablo Riego cómo la gran mayoría de las gaseosas que se consumían en Écija se producían en la propia ciudad. Su industria surgió el día 15 de agosto de 1942 y nos trae a colación el famoso refresco de naranja y limón, de producción propia, “Zeppelín”, y el popular sifón conocido por la “Barrena”, del cual llegó a vender en un solo día más de 1.500 unidades, con motivo de una corrida de toros en la que toreaba en nuestra ciudad el diestro Arruza.

 

LAMINA 80. FIESTA EN EL CASINO ECIJANO.

La fotografía nos retrotrae a una época donde los casinos tuvieron una importante actividad social en la ciudad. Aquí vemos cómo un numeroso grupo de jóvenes ecijanos, ellas ataviadas con el traje regional, posan en el salón principal del casino con motivo de la feria de Septiembre de 1935.

La decoración elegante y gran decorado artístico, así como vestíbulo espacioso, salón de lectura, además de una importante biblioteca con multitud de volúmenes de los más destacados autores, hicieron que este casino estuviera a la altura de los mejores de Andalucía.

El Casino Ecijano fue fundado el día 13 de abril de 1899 con el fin de proporcionar a sus asociados toda clase de actividades culturales y recreativas compatibles con la moral y buenas costumbres.

En sus vigentes estatutos se recogen entre otros sus fines esenciales:

Crear un ámbito de comunicación e intercambio de experiencias profesionales entre los asociados.

Posibilitar procesos de formación permanente en técnica de dirección.

La Asociación es ajena a toda actividad religiosa, política o mercantil, no pretendiendo para sí o para sus asociados lucro de ningún género, que no sea el interés general.

En 1915 formaban su Junta Directiva don Eduardo García de Castro Bernasqué, vice-presidente, don Pablo González y González; depositario, don Enrique González Gutiérrez; contador, don Cayetano del Real Benítez: y secretario, don José Capitán Fernández.

Como ya hemos indicado anteriormente, su edificio alojaba también el Ateneo Astigitano, así como la Cámara Agrícola. Según una entrevista realizada por el semanario local La Semana, en 27 de julio de 1919, al presidente de dicho casino, hablaba de que dicha Entidad contaba con 385 socios, con una nómina de 20 empleados, de los cuales 13 eran hombres, 4 niños y 3 mujeres. Desde su fundación hasta la fecha de la entrevista, -que habían transcurrido más de 19 años-, el establecimiento no había cerrado ni dos horas. Es decir, su actividad social se mantenía durante las veinticuatro horas del día sin interrupción.

 

LAMINAS 81. INAUGURACION DEL CENTRO TRADICIONALISTA DE LA REPUBLICA.

En abril de 1931, fracasada la solución Primo de Rivera y la pretendida vuelta a la normalidad constitucional preconizada por la Dictablanda de Berenguer, la Monarquía liberal de Alfonso XIII dejó de existir. El carácter plebiscitario de las elecciones municipales celebradas el 12 de abril de 1931 y el rechazo de la institución monárquica que sus resultados reflejaron fueron reconocidos por el propio Rey, quien emprendió el camino del exilio, mientras en Madrid y en las principales capitales del país era proclamada, en medio de jubilosas manifestaciones, la República Española.

Frente a la hegemonía de republicanos y socialistas la derecha ecijana no comenzó a encuadrarse en organizaciones políticas hasta 1933. Al auge creciente de dichas agrupaciones contribuyó de forma palpable lo que los órganos conservadores denominaban “ataques constantes contra la religión y la propiedad”. Medidas como la adoptada por el Ayuntamiento astigitano en diciembre de 1932, creando un impuesto especial “sobre el uso inmoderado de las campanas” o los incendios de edificios religiosos como los que afectaron a la iglesia de san Gil o el Convento de Los Descalzos, perpetrados en octubre de 1932, influyeron considerablemente en la gestión de la reacción conservadora.

Los primeros actos organizados por la derecha en Écija se celebraron en 1932, promovidos por la Comunión Tradicionalista. Sin embargo, hasta el 2 de abril de 1933 no se constituyó la agrupación local del Partido Republicano Conservador, presidida por Plácido Ostos González, y que contó entre sus principales directivos con José J. Gómez Ravé, Manuel Centeno Ostos, Lorenzo Ostos Pérez de Mena, Manuel Ostos Angelina y José Osuna Escalera.

El Centro Tradicionalista de Écija se inauguró oficialmente el 21 de mayo de 1933, siendo sus principales dirigentes Fernando González de Aguilar (Jefe Local); Cristóbal de Aguilar y Fernández Golfín (Marqués de Sauceda); José Acedo Castilla (presidente de las Juventudes); Francisco Vega Ostos; Luis Bohorquez (presidente del Círculo de Estudio) y Juan Díaz Custodio (presidente del Centro). Desde su fundación la Comunión desplegó en Écija una intensa actividad propagandística, celebrando entre mayo y octubre de 1933 al menos ocho mítines y actos públicos.

En la fotografía, y rodeando al arcipreste de la ciudad don Francisco Domínguez, podemos ver en el patio de la Iglesia Parroquial de Santa María a miembros de dicho Centro el día de su inauguración. Gracias a unas anotaciones al dorso de la fotografía y a la identificación con guarismo de los personajes fotografiados, hemos podido identificar a éstas personas, salvo los señalados con los números 5, 7 y 13 que no constan.

Siguiendo el orden establecido en el retrato tenemos: 1) al Arcipreste, antes mencionado. 2) Don Manuel Fal Conde. 3) Don Juan Díaz Custodio. 4) Don Manuel Gastón y Gastón. 6) Don Pedro González Aguilar. 8) Don José Fernández Romero. 9) Don José Elia Ruz. 10) Don Antonio Tamarit Martel y Arcos. 11) Don Juan Fernández Romero. 12) Don José Acedo Castilla. 14) Don Francisco Vega Ostos. 15) Don Luis Bohorquez Palacio.

 

LAMINA 82. PERSONAJES POPULARES.

Écija no es sólo una ciudad de personajes ilustres. Nuestra localidad es, además, una constante nómina de personajes populares. Aquí vemos un animado aspecto de un grupo de conciudadanos junto a una caldera en un corral con empiedro. Además del primitivo artilugio, destacar el elemento humano con la distinta indumentaria de sus respectivos quehaceres, que han posado premeditadamente para el fotógrafo.

 

LAMINAS 83 y 84. REPARTO DE CARTILLAS Y PREMIOS.

Finalizada la guerra civil nuestro país quedó postrado en la más completa de las miserias. La Iglesia, a través de las asociaciones de caridad, realizó una actividad importante en una etapa muy difícil para la vida de muchos ciudadanos.

Estas asociaciones, principalmente las Conferencias de San Vicente de Paúl en sus ramas de caballeros y señoras, celebraban juntas semanales para la ejecución de sus fines caritativos. En la parroquia de Santa María contaban con 20 parejas visitadoras y unas 50 familias acogidas. En 1954 se invirtió en socorrer a familias necesitadas en ropas, comidas, medicinas, viajes, etc., la cantidad de 78.503,45 pesetas, que fueron aportadas por las siguientes Asociaciones: Conferencia de San Vicente (caballeros y señoras), Ropero de San Vicente, Apostolado de Enfermos y Secretariado Parroquial de Caridad.

En dicho año la parroquia adquirió el trigo y barricas de leche en polvo necesarios para sus repartos ordinarios. No tenemos constancia de los kilogramos que se entregaron, ni el número de personas beneficiadas de estos productos. No obstante sí consta, en el informe parroquial haber socorrido en el mes de febrero a diferentes familias pobres con 590 kilogramos de pan.

En un informe llevado a cabo por la Asociación de San Vicente de Paúl (caballeros) con motivo de su XV Asamblea Parroquial, en 1954, se reflejan las penurias económicas de nuestros ciudadanos. Esta asociación estaba integrada por don Francisco Domínguez como presidente de honor, don Mariano Rodríguez de Torres presidente; don Eulalio de Pablo Gil, vice-presidente, don Lorenzo García de la Mata como Tesorero, don Francisco Fernández Gaute como secretario, y don Mariano Valdecantos García vice-secretario. En una crónica de sus actividades fechada en 30 de diciembre de 1954, podernos leer: “El socorro tradicional .Y corriente en estas asociaciones, leche y pan todas las semanas, se ha incrementado con las cuentas de farmacia en cantidades que desnivelan por completo la debida proporción entre ingresos Y gastos, y. así llegamos al final del año con una existencia en caja muy inferior ti la del año (interior, que permite muy poco optimismo, pero con la ayuda de Dios, que nunca nos ha faltado, seguiremos cumpliendo lo mejor que sepamos nuestra caritativa labor dos, tres, cuatro ti, hasta cinco veces en el año”. Los repartos extraordinarios que se llevaron a cabo en esa parroquia y a lo largo de ese año fueron 25 de abril, 19 de julio, 8 y 24 de diciembre.

Las fotografías recogen el acto de entrega de estas cartillas y premios en la sala de tacas de la iglesia de Santa María por parte de miembros de estas asociaciones el día 15 de agosto de 1956.

LAMINA 85. PATIO ECIJANO.

Los patios ecijanos, hoy desgraciadamente en fase de desaparición, bien merecen un apartado especial. Durante estos últimos años hemos visto cómo la picota ha hecho desaparecer algunos de ellos de impresionante belleza y empaque señorial. No era raro ver una casa, según su condición social, que no tuviera un patio que no fuera acogedor, bonito y alegre. Sin duda alguna, ellos constituyen también una parte integrante del tesoro histórico y artístico de la ciudad.

Hemos recuperado, gracias a la gentileza de una familia ecijana, una bella estampa que era clásica en la ciudad hasta que irrumpió en la misma “el pisito y la tele”. Y en un trabajo que tiene como base el recuerdo de nuestra población no podíamos omitir uno de los patios ecijanos. Pero de entre ellos no hemos seleccionado a éste por su aspecto artístico, sino por el humano. La fotografía creemos que es toda ella poesía: la familia Cañete González. Un lugar de paz y convivencia: macetas, hamacas, animales domésticos y viejos recuerdos…, y todo ello rodeado del ambiente romántico y señorial de la época.

 

LAMINAS 86 y 87. HOMENAJE A MAESTRAS NACIONALES.

En este apartado hemos querido hacer también, un pequeño homenaje a los maestros de escuelas y, en especial, a las maestras nacionales. Su trabajo a partir de la conclusión de la guerra civil fue de indudable mérito. Con escaso material, o ninguno, y en unas instalaciones deplorables, vetustas casas o en viejos caserones, llevaron a cabo una labor que han dejado huella indeleble en muchos hombres y mujeres de hoy.

El pueblo ecijano ha sido agradecido siempre con aquellos profesionales que, a través de su trabajo diario, se han entregado a esa noble tarea de la educación. Nuestro callejero tiene rótulos de algunos de estos extraordinarios profesionales a quienes el pueblo expresó su agradecimiento dedicándole una calle. Ahí están los casos de Evaristo Espinosa, Maestro de Primera Enseñanza Normal de Sordos, Mudos y Ciegos y titular de la Escuela Pública Superior de Niños de Écija`. Don Rafael Celestino Montero Rodríguez, Director del Colegio San Fulgencio, a quien el Ayuntamiento también le otorgó el título de Hijo Adoptivo”. Y ya más reciente tenemos al salesiano don Rafael Flores…

En una de las fotografías podemos ver el acto de homenaje celebrado en el salón principal del Casino de Artesanos, en la imposición de una medalla a doña Carmen Cañete. En la otra fotografía, guardada con celo por doña María Luisa Villalón, un grupo de maestras se encuentran reunidas en el pórtico de la iglesia de Santa María, entre ellas doña Concha Guerra, doña Valle Martín, doña Carmen Cañete, doña Angeles Cruz, doña Ana Cardoso, doña Isabel Muñoz Espinosa, doña Margarita Palazón, doña Valle Chaparro y doña Carmen López Díaz.

 

 

LAMINAS 88 y 89. COLEGIO DE SALESIANOS.

La Comunidad de Salesianos llega a nuestra ciudad el día 2 de julio de 1897, en que Écija le abrió sus brazos a los Hijos de San Juan Bosco. En el mes de septiembre de 1956 tomó posesión de la dirección del Colegio de Salesianos y de la Iglesia del Carmen don Luis Valpuesta Cortés. Gran satisfacción produjo la noticia, ya que por su ascendencia ecijana es queridísimo en la ciudad. Sucedió en el cargo a don José María Uceda.

Rica y fructífera fue la actividad salesiana en nuestra ciudad durante el tiempo en que estuvo con nosotros. Entre las numerosas actividades recordamos la celebración de la festividad de la Inmaculada Concepción, en la que tenían protagonismo especial los alumnos de primera y segunda enseñanza con los jóvenes del Círculo Domingo Savio y Antiguos Alumnos. Después de la novena que se dedicaba a la Patrona de España, era costumbre la celebración de una velada en el salónteatro del Centro. En 1962 contó con la presencia del director don Antonio Martín Notario, juntamente con los presidentes de los antiguos alumnos, don Alberto Fuentes Plata y don Gerardo Callejón García y el salesiano don Ubaldo González, quienes impusieron distintivos a los componentes de la asociación. En el salón de actos se celebró una función teatral dedicada a los padres de los alumnos, en la que intervinieron además la rondalla de los bachilleres, los campanilleros del colegio y componentes del cuadro artístico del Círculo Domingo Savio.

Pero la festividad por excelencia de los Salesianos era la de la Virgen María Auxiliadora. Además de los actos deportivos y culturales se celebraba con gran esplendor la procesión de la titular. La Iglesia del Carmen quedaba engalanada profusamente, así como sus alrededores en los que se podía ver gran número de banderas y gallardetes. Las calles del recorrido también participaban de la festividad, pues los balcones aparecían con multitud de colgaduras. Abría la procesión una sección de soldados del Deposito de Recría y Doma, a la que seguía la banda infantil de cornetas y tambores de los propios salesianos. En la comitiva figuraba también la imagen de San Juan Bosco, acompañada por asociaciones religiosas, representaciones de hermandades de penitencia y entidades parroquiales, además del acompañamiento de jóvenes con mantillas y la presencia masiva de numerosos fieles. Cerraba la procesión la imagen de María Auxiliadora seguida de las autoridades locales y la banda municipal.

Era costumbre que a los alumnos salesianos se les entregara un cartoncito, a modo de cartilla cuadriculada, en el que se iba rellenando con unos sellitos, dando lugar ello a obtención de puntos de asistencias y puntualidad. El día de María Auxiliadora, esos puntos daban lugar a premios mejores o peores, según el número de puntos conseguidos con dicha cartilla. Los sellitos eran en forma de cruz, que se fabricaba con un corcho”.

Llegada la Navidad el colegio celebraba veladas literarias musicales en honor de los padres. Los actos celebrados en 1962 contaron con la presidencia del director don Antonio Martín Notario. La velada se abría con la interpretación de la Rondalla del Colegio. Acto seguido se celebraba el certamen de Religión y Geografía entre los alumnos de ingreso y de la clase tercera, respectivamente, y a continuación interpretaban diversos villancicos por el coro de campanilleros dirigido por el salesiano don Ubaldo González. Como obras escénicas se representaron “Nochebuena” y “Estrellita de Oro”.

No podemos omitir de entre las actividades salesianas las deportivas. Bueno es recordar que el Club Deportivo Circulo de Domingo Savio se proclamó campeón de Écija. A sus componentes, 22 jugadores que formaban la plantilla, se les agasajó con motivo de dicho éxito. Jugadores y directivos fueron invitados a unas copas en la “playa del río Genil”, donde “los invitados pasaron un día inolvidable alternando el baño con abundantes tapas variadas, vino y cerveza”, según recoge un periódico local.

Por la tarde se sirvió un gazpacho andaluz y finalizada la fiesta los deportistas volvieron a sus respectivos hogares “en una furgoneta que cedió expresamente Manolín Écija, para trasladar todo el convoy desde la playa del río Genil”. ¿El alma de todas estas fiestas? Un gran entusiasta del fútbol: Eloy Gómez. Que así conste.
Y todo transcurría hasta que… aquel mes de agosto de 1967 en que las fachadas blancas de cal, en la hora de la siesta para hacer menos ruido, decían adiós a los últimos salesianos”.

La comunidad se llevó no sólo una parte de nuestra historia sino también, con destino a otras casas, pupitres, telones de teatro, ornamentos… viejos recuerdos de aquel Centro de Antiguos Alumnos, incluso trofeos deportivos que figuraban en las vitrinas del glorioso Carmen Balompié..

El adiós de los salesianos dejó un gran vacío que invadió aulas, salones y patios de recreo. Su edificio fue pronto punto de mira de constructoras y especuladores, (no en vano el colegio del Carmen se encuentra ubicado en una zona magnífica de nuestra ciudad, con fachadas a dos vías importantes: San Juan Bosco y calle Carmen). Pero un ejemplar sacerdote, don Esteban Santos Peña, luchador infatigable, con una comisión de padres en 1967 acudió a los P.P. Salesianos para salvar de la piqueta tan añorado colegio.

Con diferentes avales de padres de alumnos y aportaciones particulares consiguió que hoy tengamos ya remozado el edificio bajo la dirección de las Escuelas Parroquiales de Santa María, que vienen a ocupar el vacio dejado por los salesianos.

Del Colegio salesianos traemos dos fotografías, una de los antiguos alumnos, donde se encuentran junto al director don Antonio Saldón, entre otros a Diego Canales, José Bravo, Alberto Fuentes y José Ruiz. En pie los antiguos alumnos, Antonio Herrera, Miguel Grao, Ignacio Atenciano, Joaquín Herrera, Domingo Martínez Márquez, José Ballesta, Daniel Díaz y Antonio Parejo Zamora, entre otro. Y la otra fotografía por ser testimonial, toda vez que corresponde a los últimos alumnos que cursaron estudios en el Colegio de los Salesianos. En ella podemos ver a su director don Antonio Rodríguez Jiménez, al profesor don Juan Guisado, y entre los alumnos, a Ignacio Soto, Antonio Flores, José-Domingo Villalón, Lorenzo Pradas, Ramón Aguilar, Juan Herrera, José Pedro Reina, entre otros..

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LAMINAS 90 al 92. PARVULARIO DE SAN RAFAEL ARCANGEL.

El Anuario Ecijanos correspondiente al año 1865 nos da las primeras noticias acerca de los colegios ecijanos. Según dicho Anuaria las escuelas públicas, como primer elemento de civilización de los pueblos cultos, eran locales pequeños y ruinosos. donde pocas familias enviaban sus hijos para proporcionarles algunos principios de educación.

Existían un gran número de “amigas” para los párvulos. dirigidas por mujeres que aún leer sabían, y sólo algunas ideas de doctrina cristiana, y acaso la adquisición de malas costumbres eran los conocimientos que obtenían los párvulos en sus primeros años.

En esa fecha había escuelas de uno y otro sexo dirigidas por profesores con sus correspondientes auxiliares, donde recibían varones y hembras, los primeros elementos de una educación ordenada y se preparaban para entrar en las escuelas y academias, dirigidas por maestros aprobados y autorizados con arreglo a las leyes vigentes, costeándolas los fondos del Ayuntamiento.

Por ese tiempo se fundó en nuestra ciudad el recordado colegio de segunda enseñanza denominado de “San Fulgencio” bajo la dirección de don Modesto del Castillo, cura de la parroquia mayor de Santa Cruz, el cual estaba agregado a la Universidad de Sevilla, dándose cinco años de estudios preparatorios por catedrático dotado al efecto.

Este colegio, que se encontraba ubicado en el Palacio del Marqués de las Cuevas del Becerro, próximo a la iglesia de Santa Cruz, estaba arrendado con este objeto y disponía “de espacio suficiente ya para clases ya para el uso de los internos”.

El municipio ecijano tenía en los años veinte no sólo que procurar los edificios para la ubicación de los colegios públicos, sino también las viviendas de los maestros. Entre las subvenciones que el Ayuntamiento de nuestra ciudad destinaba a instituciones escolares, tenemos la dotación de 600 pesetas con que se ayudaba al Colegio de los Padres Salesianos, según acuerdo de 6 de febrero de 1922. Respecto a las Enseñanzas especiales, se aportaban 5.000 pesetas al Colegio de Segunda Enseñanza “San Fulgencio”, por recibir clase en el mismo doce jóvenes pobres de la ciudad, según acuerdo tomado en 6 de agosto de 1927.
Por estas fechas se atendían con los presupuestos municipales los siguientes colegios de instrucción primaria: El ubicado en la casa número 2 de la calle José García de Castro, como grupo de Escuelas Nacionales de niños graduados; y los existentes en calle Pulgosa número 2, Tetuán, 9, Calzada, 18, Serrano Carmona números, 6 y 16 y Evaristo Espinosa, 10, que se destinaban tanto a escuelas, parvularios, como a casa-habitación de sus maestros.

En 1964 contamos ya en nuestra ciudad con los siguientes colegios particulares, de primera y segunda Enseñanza. Nuestra Sra. del Carmen, en calle San Juan Bosco; María Auxiliadora, en calle Merced, 4 y Nuestra Sra del Valle, en General Weyler. Respecto a los de primera enseñanza se contaba con: Patrocinio de San José, en calle Canalejas; San Felipe Neri, en calle Santa Cruz y Santa Teresa de Jesús en calle San Juan Bosco.

Respecto a las escuelas elementales o primarias existían, entre otras, según un censo aparecido en el semanario de Información Local ECIJA e19 de febrero de 1965, los siguientes: José Antonio Primo de Rivera, en calle G. de Castro; Calvo Sotelo, en calle Comedias, García Morato, en Plaza de la Concepción; San Agustín, en Barriada San Hermenegildo; General Mola, en Secretario Armesto; dos guarderías, existentes en la calle María Auxiliadora y calle Hospital, además de otros colegios más pequeño, denominados unitarios, distribuidos tanto en la población como en las pedanías y centros rurales. En total, nuestra localidad contaba en ese año con 71 maestros, de los cuales 37 eran varones y 34 hembras, que atendían a un total de 3.250 alumnos.

El colegio que recogen estas ilustraciones pertenece al denominado “Amiga” (porpularmente también conocido por “miga”) San Rafael Arcángel. Su fundadora, Rafalita Campoy Rueda, no era profesional de la enseñanza, pero las deficiencias existentes de centros escolares como de profesionales de la enseñanza tras finalizar la guerra civil, dio origen, como el caso que nos ocupa, a la proliferación de algunos centros privados mixtos. Rafalita Campoy abrió su “Colegio” en la guerra civil, en tomo al año 1937, en unas dependencias de la calle Flores, para unos años más tarde trasladarse a la calle Palomar. En el año 1946 establece su colegio en su casa sita en calle Marchena, a cuyo centro pertenecen las fotografías que ilustran este trabajo. Aquí permaneció bastante tiempo hasta que se trasladó el colegio a la calle la Merced, donde se jubiló Rafalita Campoy.



LAMINAS 93 al 95. COLEGIO DE LAS HERMANAS CAÑETE.

Este colegio de gran prestegio en la ciudad se encontraba situado en la calle Ancha, esquina a la calle Guerra. Allí estuvo bajo la dirección de doña Carmen Cañete, -profesora titular-, aunque también realizaban tareas docentes sus hermanas Doña Rosario y doña Valle, a quienes vemos con sus respectivas alumnas.

Recordamos cómo cada domingo todas las alumnas del centro escolar, con el baby de salida o de lujo (baby blanco, cuello duro blanco y lazo rojo), acudían acompañadas de sus respectivas maestras, formando pareja a la Iglesia Parroquial de Santiago a oír la Santa Misa. Hasta allí se iba en perfecta formación, tras partir desde la misma Escuela y recorrer la calle Ancha y Plaza de Puerta Osuna. En el templo (donde todos domingos los colegios acudían con sus profesores a oír la Santa Misa) había habilitado un lugar expreso para los alumnos.



 

LAMINA 96. ESCUELAS PARROQUIALES DE SANTA MARIA. "LAS MINIMAS".

Estas Escuelas Parroquiales fueron fundadas por el que fue Arcipreste de nuestra ciudad don Francisco Domínguez Fernández un 14 de enero de 1935 y ocupando unas dependencias pertenecientes a la extinguida Comunidad de Mínimas de san Francisco de Paula. Antiguo convento de religiosas que atendía a las mujeres descarriadas que tomaron el nombre de Recogidas de la Visitación. En 1726 toman la Regla de San Francisco de Paula y ofrecen iglesia y casa a las Mínimas, que la ocuparán hasta los tiempos de la Segunda República”.

Un año antes de su fundación el arcipreste de la ciudad solicitó y obtuvo de su Eminencia el Cardenal Arzobispo de Sevilla, Monseñor Ilundáin y Esteban la cesión de parte de ese convento para la instalación de unas Escuelas Parroquiales y centro de las distintas ramas de Acción Católica, lo que se lleva a cabo mediante Decreto de 20 de mayo de 1934.

En junio de ese mismo año ocupan el convento las Religiosas de María Santísima de los Dolores y San Felipe Neri, conocidas por Filipensas tomando posesión definitiva en plena guerra civil española.

En las Escuelas Parroquiales se han formado generaciones de ecijanos, gracias al entusiasmo y celo apostólico de don Francisco Domínguez, el cual, en tiempos adversos para la enseñanza religiosa, puso en pie esta obra que perdura en nuestros días con gran vigor, continuada por su sucesor al frente de la Parroquia de Santa María, don Esteban Santos Peña, aunque ahora en los nuevos locales del antiguo Colegio del Carmen 71.

De este Colegio Parroquial de Santa María recuperamos una vieja fotografía donde podemos ver al profesor don Víctor Losada Galván, en el patio de dicho colegio rodeado de sus alumnos, entre ellos a Eulalio de Pablo, Juan Ostos, Arturo Gullón, Santiago Montaño Fernández, Agustín Martín Foyo, José Caballero, Enrique Caldero Martín, Juan y José Valpuesta.

LAMINA 97. COLEGIO DE SANTA TERESA.

Uno de los colegios que han dejado más profunda huella en la ciudad ha sido, sin duda alguna, el colegio de Doña Hortensia Palazón, situado en la calle de San Juan Bosco.

De la importancia de este colegio y de la extraordinaria talla humana, cristiana y profesional de doña Hortensia nos da debida cuenta la huella que ha dejado en sus alumnas. Después de haber acudido a antiguas alumnas del centro para recabar algunos datos para redactar estas líneas, creemos sinceramente que doña Hortensia no se merece esta breve reseña. Su extraordinaria labor a través de una vida plenamente entregada a la enseñanza, considerada por sus alumnas como “un apóstol de la enseñanza que murió en olor de santidad”, creemos se merece algo más que estas líneas.

Sirvan pues, estas notas como homenaje a la figura de esta gran profesional con la esperanza de que algún día la ciudad de Écija le ofrezca un merecido homenaje póstumo y se haga justicia con esta maestra que tan profunda huella humana ha dejado en gran número de sus alumnas.

Este colegio fue fundado en 1910 por doña Hortensia Palazón González, que tenía título de magisterio y lo puso bajo la advocación de la Santa española Teresa de Jesús. Le ayudaba en el desempeño de la labor su hermana doña Margarita. Estuvo inicialmente establecido en la casa número 22 de la calle San Juan Bosco. En los años de la República vió profanado el silencio que reinaba en su colegio por las voces de una taberna existente frente al mismo. Los voceríos y blasfemias que se oían desde su clase llegaron a preocupar de forma manifiesta a doña Hortensia. Esta circunstancia se vio reflejada en el ánimo de nuestra maestra y una amiga de ella le brindó una casa hermosísima para trasladar allí el colegio: la casa número 13 de la propia calle San Juan Bosco, donde permaneció hasta su cierre.

Al fallecer doña Hortensia el día 20 de mayo de 1950, (contaba 61 años de edad) siguió el colegio abierto por su hermana doña Margarita ayudada por su colaboradora la señorita doña María del Carmen López Díaz. El entierro de doña Hortensia fue toda una verdadera manifestación de dolor. Muchísimos ecijanos y principalmente la gran mayoría de sus alumnos asistieron al sepelio con la bandera del Colegio y le acompañaron hasta la misma sepultura, que por ciento aún algunas alumnas y pese al tiempo transcurrido, la siguen visitando como testimonio de veneración y agradecimiento.

Doña Guadalupe Valpuesta Güeto, una ex-alumna del colegio, y a quien agradecemos sinceramente la valiosa información que nos ha facilitado, nos recuerda emocionada la personalidad de
su maestra: “Doña Hortensia fue austera con ella misma Y lo fue durante toda su vida. Iba a diario a misa a las siete de la mañana a Santa María. Nunca tuvo brasero ni ventilador, pues no quería para ella privilegios que no disfrutaran sus alumnas. Vistió siempre hábito del Carmen. Restaba tiempo al descanso para poder hacer todos los servicios a los demás. Citando en Écija por los años 30 se fundó la Juventud de Acción Católica, abrió esta asociación una escuela nocturna para niños pobres en el local de Las Filipensas, en calle Santa Cruz, 6, Y se le nombró como directora, dirección que desempeñaba por cierto sin percibir cantidad alguna”.

Pero no queda aquí su labor altruista y humanitaria, nos recuerda con emoción doña Guadalupe, “durante la guerra hubo que hacer unos baberos para los niños pobres ecijanos. Ella durante las noches los confeccionaba y los distribuía a personas buenas ecijanas para que se los cosieran”.

Su hondo sentido religioso lo transmitió a sus alumnos y aún quedan huellas…” Se rezaba cada día el Angelus y se hacía diariamente el Cuarto de Hora de Oración. Cada sábado se rezaba el Santo Rosario y se lo inculcó de tal manera que alumnas suyas son hoy religiosas, en su Congregación tienen fama de no dejar nunca la oración… pero no sólo del colegio nacieron religiosas, sino que también brotaron vocaciones sacerdotales y antiguos alumnos son hoy misioneros-sacerdotes.

Un testimonio de la religiosidad de doña Hortensia queda demostrado en un Certamen que hubo en la Iglesia de Santa María sobre el “Catecismo de Ripalda”. Al mismo asistieron todos lo, colegios de Écija. De los tres premios instituidos el primero y el tercero fueron para su colegio. y el segundo para el un colegio religioso el de las Salesianas”.

La fotografía que hemos recuperado de este colegio corresponde al acto de la bendición de su bandera, donde podemos ver a doña Hortensia y su hermana doña Margarita, rodeadas por un grupo de alumnas. El acto de bendición tuvo lugar un domingo de abril de 1945 en la Iglesia Parroquial de Santa María, que contó no sólo con la asistencia de todas las alumnas del colegio, sino que también se sumaron antiguas alumnas y familiares de éstas. Terminada la Santa Misa, efectuóse por el Arcipreste y párroco de Santa María, don Francisco Domínguez Fernández, la bendición de dicha bandera.

Desde la Parroquia fue llevada en corporación hasta el colegio, en cuyo patio se celebró una velada teatral a cargo de niñas del colegio y ex alumnas del centro.

Los actos programados comenzaron, con un grupo de niñas rigurosamente uniformadas” cantando el himno a la bandera. Después fue recitada una hermosa poesía titulada “A Santa Teresa” a cargo de la alumna Encarnita Roldán Flores, para dar paso a la puesta en escena “Bazar de Muñecas”, interviniendo las alumnas Carmen Acedo, Valle Cilla, María Herrera, Loli Valpuesta, Estela Durán, Mari Dulce Roldán, Elodia Caracuel, Ani Valpuesta, Pepita Villalón, Pepita Cruz Soto, Rosario Torrero, Carmen Roldán, Mari Elena Mármol, Amelia Guisado, Sofía Chamorro, Margarita Cárdenas y Valle Cardoso. A continuación “Las Cocineras” coro infantil integrado por un grupo de las niñas ya citadas. Seguidamente se puso en escena el drama titulado “Las Muñecas”, por las niñas Pastora Martín, Lolita Valpuesta, Eloisa Caracuel, Asunción Cilla, Guadalupe Valpuesta, Carmen Acedo, María Herrera Porras, Loli Giménez Cruz, María del Carmen Lucena, María Luisa Osuna Saavedra, Encarnita Roldan Flores, Rosa Alfieri, Pilar Fernández, María del Valle Torrero y Pilar Porres. A continuación, “Me han robado—, sainete cómico interpretado, además de dichas alumnas por María Teresa Ortiz, Pepita Muñoz, María del Carmen Valseca y Anita Vacas. Le siguió “Triqui Traca”, canto rítmico interpretado por un coro formado, entre otras por las alumnas, María Cilla, Antonia Vaca, Rosario Madero, María Teresa Rodríguez, Lolita Tejero, Anita Sanz, Tere Torrero, Rosario Osuna y Valle Beaterio. Y por último se puso en escena el juguete cómico “Tres millones”, interpretado por María del Carmen Valseca, Anita Vacas, María Herrera Porras, Marcelina del Cid, Valle Cilla, Carmen Acedo Castilla, María del Carmen Cruz Soto, Conchita Durán, Inmaculada Blázquez, María Teresa Ortiz y Pepita Muñoz.

En la crónica aparecida en el Semanario ECOS, el autor cierra su trabajo con el siguiente párrafo, que viene a sintetizar el concepto que este colegio tenía en la población: “Felicitamos muy sinceramente a las señoritas Palazón por su meritorio trabajo, que gracias a su celo y gran labor docente han conquistado para el Colegio de Santa Teresa de Jesús la justa y merecida fama que hoy goza en nuestra ciudad”.

Ocurrido el fallecimiento de doña Margarita, el día 3 de febrero de 1972, se cerró definitivamente este colegio, que tanto bien hizo a los niños y jóvenes ecijanos y del que todos guardan imborrables recuerdos.

Pese al tiempo transcurrido, los antiguos alumnos mantienen “vivo el espíritu de doña Hortensia”. La imagen de santa Teresa que presidía el colegio fue traslada al Convento de “las Teresas” y donada a la Congregación de Carmelitas Descalzas. Cada año, la víspera de la novena es sacada al templo por las antiguas alumnas, en una sencilla y sentida procesión para ser colocada en un altar en la Iglesia, donde es expuesta para su veneración y rezarle durante el Jubileo.

El primer día de la novena, y durante todos los años, se aplican estos cultos por los antiguos alumnos y alumnas fallecidos. “Son estos detalles, -nos dice Doña Guadalupe Valpuesta- rescoldos que ella nos inculcó y nunca perderemos, la semilla de virtudes que con su ejemplo depositó en nuestras almas…”