IMAGENES Y RECUERDOS DE LA CIUDAD DE ECIJA
POR D. JUAN MENDEZ VARO – 1995

LAMINAS 98 y 99. CENTRAL MANUAL DE TELEFONICA.

La puesta en servicio del teléfono, de indudable importancia, supuso en nuestra ciudad un extraordinario acontecimiento. Aunque en Écija ya se venían realizando algunas pruebas gracias al ingenio de un ecijano ilustre don Juan Díaz Custodio, no tuvieron la trascendencia necesaria hasta su implantación definitiva por Telefónica.

La Jefatura Provincial de Telégrafos, a través de la estación de Écija, envió una nota informativa a los medios de comunicación locales, por la cual hacía saber la intención de explotar el servicio telefónico en Écija por el personal de Telégrafos. Antes de formar y redactar el proyecto se quería explorar el ánimo de los vecinos para calcular el número de abonados que podría tener la red con el fin de que dicho proyecto se acercara, en cuanto fuera necesario, a las necesidades del momento. Al instalarse las arterias de la red se tendrían en cuenta las nuevas líneas que en lo sucesivo haya probabilidad de que sean solicitadas.

El teléfono -decía la nota- aparte de ser un gran medio de comunicación para las relaciones sociales en general, es más que nada un excelente auxiliar del comercio y la industria y es de esperar que, comprendiéndolo así, nuestro pueblo acuda en sus diversas representaciones, industriales, comerciantes y agricultores, a suscribir el abono que se ofrece para que sea un hecho de tan estimable mejora.
La Compañía Telefónica Nacional de España establece su primera central en nuestra ciudad el año 1920, en una casa arrendada situada en la trasera del monumento de la Virgen del Valle, en la Plaza de Santa María. El acto oficial de inauguración del servicio en Écija tuvo lugar el día 24 de abril de 1920, al mismo asistió el Director del 5° Distrito de la Compañía, don Francisco Gil y Merino. Hasta nosotros ha llegado una de las invitaciones que se cursaron con motivo de dicho acto. En él se incluye el banquete que ofrece la Compañía Telefónica en un Hotel a las autoridades civiles y militares. El menú estuvo compuesto por: salchichón de Vich, langostinos, aceitunas, y morrones, entre otros, como aperitivos. Los platos servidos fueron: consomé a la toní; merluza rellena con salsa museilina; Boulevan de pollo a la financié; Codornices a la cardenal y Rosbiff a la inglesa. A continuación se sirvió dulce compuesto de tarta inglesa, además de helados, una especialidad del hotel Arlequín de fresa y mantecado.

En cuanto a vino, la comida estuvo regada por los cordobeses Cruz Conde y Moriles. Al final del banquete fueron agasajados los invitados con café, licores y habanos. No estuvo mal la inauguración de la central de Telefónica.

El servicio sólo fue usado en aquellos tiempos por algunos organismos oficiales y determinadas familias de economías privilegiadas, pues a su inauguración sólo tiene unos 142 abonados. Para el mantenimiento de la central manual de Telefónica se contrata a tres operadoras: a Carmen Capitán Fernández, que hace las funciones de jefa, Concepción y Matilde Capitán Fernández, además de una joven de 12 años, María del Valle Losada Castellano, que realiza la labor de recoger a máquina de escribir las peticiones de conferencias. La encargada recibe como sueldo 250 pesetas, además de casa, luz y agua: plantilla que se mantiene hasta que la Compañía se ve en la necesidad de ampliar el cuadro e incorpora una nueva operadora la joven Concha Moyano.

De las dos instantáneas de la telefónica, una corresponde al exterior, donde podemos ver detrás del monumento a la Virgen del Valle, el edificio que ocupó la Telefónica, hasta que su servicio se automatizó y trasladó su central a la calle Del Conde. La otra instantánea corresponde al interior y fue tomada el día 3 de abril de 1957. En ella podemos ver a las operadoras de la central manual de Écija en plena tarea. Entre éstas la joven María Dolores Romero, Carmen Cortés, Inmaculada Blázquez (Ada), Patro Armenta, Carmelita Capitán, María Rosa Torres y Rosario Rabal.

LAMINA 100. ALMACEN LA CIUDAD DEL SOL.

En la calle Zapatería, actual calle Más y Prat, donde hoy se encuentra el establecimiento de Campoy, se ubicaba este comercio. Su portada de estilo clásico es una muestra de la categoría del comercio ecijano. Lamentablemente este año, 1994, hemos sido testigos de la retirada de una parte de lo que fue esta bella portada que bien pudo quedar catalogada para la antología comercial. No hemos podido determinar cuando se abrió este establecimiento ni las razones en que se han fundamentado las autoridades locales para autorizar la mutilación de su portada.

La Ciudad del Sol era un establecimiento de mercería y quincalla, siendo uno de sus propietarios don Carlos Freire Jiménez, y, como todo el comercio de la época, en su interior se podía comprar cualquier tipo de artículos que iban desde café de Puerto Rico, moka y caracolillo, hasta conservas o cualquier tipo de camas.

En 1910 este establecimiento llegó a contar con su propio periódico, “La Ciudad del Sol”. Publicación que fue idea de don Manuel Rogel y Fernando Garrido, para anunciar éste su establecimiento y aquél su sastrería. Lo administraba y dirigía el librero ecijano Sebastián Nogueras, pero tuvo poca vida. Su objeto no fue otro que el anunciar sus productos, no obstante en sus páginas aparecieron trabajos literarios de don Antonio Martel y del doctor don Manuel Varela, según escribe en “Nueva Écija” el cronista oficial de la ciudad don Manuel Ostos y Ostos.

 

LAMINAS 101 al 104. COMERCIOS LOCALES.

No suele concederse a los establecimientos públicos ecijanos el valor ambiental que dan a la ciudad, entre ellos a los dedicados al ramo de confección, alimentación, ferretería. etc.

En nuestra ciudad han desaparecido en las últimas décadas muchos de estos establecimientos históricos. Traemos hasta aquí sólo una muestra en el apartado de las tiendas de tejidos y ferreterías. A pesar de los que ya han desaparecido quedan aún algunos de ellos de gran valor ambiental por lo que deberían ser protegidos.

A excepción de los establecimientos de comestibles y bares, las tiendas de tejidos se concentraban en torno a la Plaza Mayor, principalmente en dos calles que copaban la atención del comerciante: calles Del Conde y Más y Prat.

Estas tiendas de tejidos, en unión de algunas ferreterías, barberías, mercerías y esparterías a lo largo del tiempo fueron también lugares de diversas tertulias. Tal era así que, como nos comentan algunos de los antiguos propietarios de estos comercios ” se sabía cuando se abría al público, pero nunca cuando se cerraba, pues a veces quedaban abiertos hasta altas horas de la madrugada”.

Los mostradores de diseño clásico, se extendían a todo lo ancho del local y a la vez hacían de frontera entre el cliente y los artículos expuestos. Sin embargo, esa división era suavizada con la instalación de sillas para el mejor confort de los consumidores. Écija como centro cabecera de una importante comarca, contaba con importantes comercios para las necesidades de una numerosa población. Los edificios que cobijaban a estos negocios eran muestras, también, de la arquitectura ecijana de nuestro siglo como se desprende de algunas de las ilustraciones que se acompañan.

En la segunda década de la actual centuria los comercios ecijanos asisten a un desarrollo importante”. Así tenemos como en 6 de julio de 1925 se llegan a asociar y constituyen la denominada “Unión Comercial”, que quedó formada como sigue. Presidente: Don José Moyano Díaz. Vicepresidente: don Joaquín Muriela Ayala. Secretario: Don Francisco Carrasco Hernández. Contador: Don José Cantero y Cantero. Depositario: Don Antonio Güeto Martínez, que con su gestión y administración reportaron importantes beneficios para el comercio y la industria. A principios de Enero de 1927 la Junta Directiva fue renovada en su integridad, quedando constituida por los siguientes miembros. Presidente: Don Alejandro Martínez Valpuesta. Vicepresidente: Don Manuel Mora Cruz. Secretario: Don Juan Martínez Muñoz. Contador Don José Cantero y Cantero. Y Depositario: don Antonio Güeto Martínez. Esta Asociación que participó de forma activa en el fomento del comercio local, llegó a contar con doscientos cincuenta socios y como asesor jurídico, un abogado de prestigio: don Eulalio de Pablo Gil.

Ni que decir tiene, que la proliferación de las grandes áreas y supermercados ha puesto en jaque a los establecimientos tradicionales. Muchos de ellos para adaptarse a la altura de los tiempos han tenido que transformarse o reformarse para poder subsistir en el futuro; otros, como también traemos alguna muestra, han desaparecido para siempre.

De las cuatro tomas que recogemos en este apartado de los comercios ecijanos, dos corresponden a un establecimiento muy popular en la población: Ferretería Valseca. En ambas hay un elemento común, los clientes se encuentran sentados frente al mostrador. En la fotografía donde el cliente es una señora, podemos ver, entre otros, a don Clemente Moreno, don Santos Valseca Coca, don Ernesto González y don Alejandro Borrella. En la que el cliente es un hombre, se encuentran, entre otros, don Ernesto González, don Clemente Moreno, don José González, don Luis Valseca Coca, don Manuel González Fernández, don Santos Valseca Coca y don Julio Barrios.

Esta ferretería toma la denominación de Valseca, cuando en 1911 los hermanos Valseca Coca, la adquieren a los hermanos Fernández Ledesma. Aunque en realidad este comercio no se dedicaba a la actividad exclusiva de ferretería, como veremos, sino que, como cualquier comercio de antaño, allí se expendía de todo, y si no, leamos la publicidad que inserta una revista local El ANUNCI0. “Luis y Santos Valseca. Ferretería y Droguería. Agua colonia, jabones, pipas, petacas, bastones ¡Ni en una semana entera cantará la ditera lo que hay en estos cajones!. Se venden drogas, zinc, plomo y cristal, bisagras, puntillas para cualquier obra..”. En el número dos de dicha revista local aparece este curioso anuncio del establecimiento: Vi 6.000 objetos juntos y todos son novedades. Hay de todas las edades y para todos los gustos. Tienen quincalla, cristal, corsé y bisutería, loza y marroquinería. ¡Un certamen nacional!.

Las otras dos fotografía pertenecen al Bazar Ecijano, una tomada en su interior en el año 1910, y otra exterior captada en el año 1933. Este Bazar fue fundado en 1870 por los hermanos don Luís y don Manuel Mata, pasando posteriormente a propiedad de la viuda de don José Bueno. Esta señora para la dirección del comercio le encomienda esta tarea a su sobrino el joven don Luis González Tejero, que residía en Torredonjimeno.

Con el correr de los tiempos, Luis González Tejero adquiere el Bazar hasta conseguir un gran prestigio en la población. Al fallecimiento el señor González Tejero acaecido en 1965, le suceden sus hijos los señores don Luis y don Antonio González Riego, quienes en la casa número 11 establecen el negocio de ferretería y en la casa número 13 queda exclusivamente para tienda de ultramarinos.

Aunque actualmente sólo se dedica al ramo de alimentación, hasta hace poco se podía comprar en él cualquier cosa, desde objetos de plata, material eléctrico, juguetes, vajillas, hasta porcelana, cristal, paraguas, bastones, abanicos, objetos de mercería, quincalla, bisutería, géneros de punto, artículos de ferretería, etc…

En la citada revista El ANUNCIO, en su número 5, queda insertado un viejo anuncio que reproducimos de este centenario establecimiento: “BAZAR ECIJA, DE LA VIUDA DE DON JOSE BUENO. Acreditado Bazar de la Viuda de Bueno a cuyo frente se encuentra don Luis González Tejero. Goza en Écija de gran fama por su surtido y la economía que se encuentra comprando en esta casa”.

  

LAMINA 105. CASA VALPUESTA.

Traemos hasta aquí uno de los establecimientos de más arraigo en la ciudad, “Valpuesta y Sobrino”, dedicado a la venta al por menor de tejidos del reino y extranjeros. Ubicado en la calle Duque de la Victoria número 27 (actualmente calle Del Conde), fue fundado en 1845 por don Manuel Martínez Pérez. Posteriormente, en 1880, se hizo cargo del mismo su sucesor don Victoriano Valpuesta Albur. A partir de 1915 quedaron al frente don Macario Valpuesta Albur y sus sobrinos don Alejandro Martínez Valpuesta y don Manuel Valpuesta y Aparicio, formando la razón social de “Valpuesta y Sobrinos”, que es la que figura en la puerta. Situado este comercio en una de las calles céntricas de la población, desde siempre contó con grandes existencias, especializándose en géneros de lana.

En la actualidad este comercio ha sufrido diferentes reformas adaptándose a los tiempos modernos, siendo dirigido por don Carlos Martínez Güeto, a quien le agradecemos la gentileza que ha tenido de cedemos la fotografía que ilustra este texto.

 

LAMINAS 106. COOPERATIVA DE CONSUMO.

La Sociedad Cooperativa de Consumo de Écija se encontraba ubicada en la Plaza de Santa María número 4, edificio que en la actualidad ocupa la Comisaría de la Policía Nacional. Este inmueble, que fue propiedad de dicha Cooperativa, en otros tiempos utilizado como Café , Alhóndiga, presentaba este bello y agradable aspecto en 1919. Fueron los iniciadores de 11 Cooperativa de Consumo de Écija tres modestos empleados, que hicieron partícipes de sus proyectos tos a otros, y a los cuales se unieron personas pudientes que, con sus capitales, ofrecieron ayuda a la buena obra. Se eligió una Junta Directiva en enero de 1918, presidida por don Lorenzo Ostos Martín (alma de la sociedad), junta que fue reelegida por unanimidad dado el acierto y buena marcha que la cooperativa de Écija llevaba.

La Entidad, que tenía fijado un capital social de cien mil pesetas, totalmente suscrito y desem bolsado, hizo grandes obras de reforma en el edificio. Las principales inversiones se acometieron en la instalación de estanterías, mostradores y demás enseres necesarios, y en especial, las obra precisas para acondicionar el sótano, que era por aquel tiempo foco de infección, limpiándose y pavimentándose con cemento. Una vez realizadas dichas obras y desinfectado, fue utilizado pan almacén de chacinas, a cuyo fin fue construida una escalera para hacer fácil la entrada y salida d( mercancías desde la planta baja.

Su actividad no era otra que la de un gran supermercado, pionero de lo que hoy son las grande superficies, pero con la única diferencia de que los socios eran además clientes y consumidores repartiéndose al final del ejercicio los beneficios que ocasionaba su explotación. Distribuidas po las diferentes plantas del inmueble se encontraban las secciones de comestibles, tejidos, calzado y ferretería”.

Cada año, cerrado el ejercicio económico, se celebraba junta general en la que se exponía la memoria anual y se daba a conocer el balance de la Cooperativa.
La Sociedad Cooperativa de Consumo de Écija contaba, según el ejercicio cerrado en 30 di noviembre de 1920, con 582 miembros (socios consumidores), quienes obtuvieron unos beneficio de un dos por ciento sobre el importe de sus compras.

 

LAMINAS 107 y 108. TALLERES DE CARPINTERÍA.

Las actividades artísticas de los gremios ecijanos fueron uno de los pilares del esplendor monumental de la ciudad, especialmente en el siglo XVIII. Posiblemente, una de las actividades constructivas que ha dado mayor gloria a la ciudad ha sido, sin duda alguna, la carpintería.

Su gremio fue de los más pujantes en el terreno artístico, económico y social en la Écija de su tiempo. El mobiliario muestra la importancia de la carpintería de lo “primo”, que contó con tallistas y carpinteros que han dejado un importante legado que a todos nos corresponde defender y conservar.

Basta visitar cualquier iglesia de nuestra ciudad para poder constatar cuanto se expone. Ahí están los retablos, obras de arte con personalidad propia y los artesonados, que contribuyeron sobremanera a forjar un conjunto excepcional en todas las parcelas de la creación. Caso paradigmático es el de los tallistas de la madera, cuyos trabajos en portales, artesonados, canceles, cajonerías, sillerías, atriles, facistoles, marcos y una extensa gama de obras constelan edificios civiles y eclesiásticos. Prueba de ello son los coros de Santa Bárbara y Santa Cruz, y las cajonerías de las iglesias de San Juan y San Gil. Sin olvidar el trabajo en los bastidores de las puertas de muchas casas ecijanas, cuyo “picos” u orejas son típicos de la edificación del siglo XVIII.

La talla de muebles constituye, pues, uno de los aspectos más significativos de la perfección alcanzada por los artesanos ecijanos de la madera, principalmente en los siglos barrocos. A pesar de ser objetos situados en lugares reservados, como sacristías u otras dependencias, y tener más una finalidad práctica que decorativa, en ellos se vuelca la imaginación y la destreza de los tallistas, logrando una finura en el dibujo y el relieve dignas de las creaciones de orfebrería, cuyos motivos utilizan a menudo.

Y saliendo del apartado puramente artístico, también los carpinteros han brillado con luz propia en otras actividades, como es el caso del taller de coches de caballos. Uno de los ejemplos lo tenemos en el taller de los señores don José y don Salvador Soto, que surtieron a la mayoría de los pueblos de esta provincia y la de Córdoba. O como es el caso de las carpinterías de las llamadas “Gruesas” destinadas a la fabricación de carros, carretas y arados y toda clase de artefactos para la agricultura y de las que Écija llegó a contar con importantes talleres. Recuérdese, entre otros, el de Fernando Méndez Reyra, situado en calle Hospital, 16, que posteriormente fue regido por don Francisco Riego González; o el de don Manuel Rivera Gómez, en calle Cambroneras; o el de los señores Rodríguez en la calle Carmen.

LAMINA 109. FIESTA COMARCAL DEL ALGODON.

La entrada en el Ayuntamiento ecijano de un alcalde joven y emprendedor como lo fue don Joaquín de Soto Ceballos, que en unión de algunos concejales ilusionados por las cosas de su ciudad dio un nuevo aire de renovación y transformación, rompe la monotonía que imperaba en los Ayuntamientos que surgieron después de la guerra civil.

La ciudad de Écija no se quería quedar atrás en el tren de la lenta renovación que algunas ciudades andaluzas habían iniciado y se llevaron a cabo obras de vital importancia para la ciudad. En el apartado de las ferias y fiestas se quiso recuperar la brillantez que habían perdido, programándose las fiestas patronales, actividades religiosas, culturales y lúdicas que unían el espacio comprendido entre el día 8 de septiembre, festividad de la Virgen del Valle con el día 21 del mismo mes, correspondiente al primer día de feria, y en ello mucho tuvo que ver un gran ecijanista, don Manuel Gómez García.

Si algunas ciudades cantaban las excelencias de sus materias primas como fue el caso de Jerez de la Frontera con la vid, celebrando la Vendimia, o Arahal con su Fiesta del Verdeo, Écija, quiso también llamar la atención sobre un producto que fue de producción genuinamente ecijano: el algodón. De la importancia que tuvo en nuestra ciudad el algodón, puede valernos la cita que hace el insigne dramaturgo ecijano Luis Vélez de Guevara en su obra cumbre el Diablo Cojuelo, “…y en esta ciudad solamente se coge el algodón, semilla que en toda España no nace, además de otros veinticuatro frutos sin sembrarlos de que se vale para vender la gente necesitada…” El Padre Roa escribe a este propósito en su libro Écija sus Santos y Su Antigüedad “…También se habla del vulgo, que los moros dieron a Écija el nombre de MEDINA ALCOTON, esto es Ciudad de Algodón, porque en sólo ella se coge en Andalucía: mas ni en sus historias, ni en las nuestras, jamás la hallamos con este nombre”.

En el extenso término municipal se venían llevando a cabo cultivos tradicionalmente de secano, pues el regadío quedaba para una pequeña porción de sus tierras pese a contar con un importante río que pasa por su vega: el Genil. A partir de los años sesenta comienza una lenta transformación de los cultivos. La iniciativa privada, mediante concesiones de agua del río, inicia la producción en extensión de remolacha y algodón, este último cultivo el más importante, pues empieza a absorber gran cantidad de mano de obra y frena una gran lacra: el éxodo de ecijanos a otras regiones en busca de trabajo. Écija vuelve a tomar el gran protagonismo que tenía en la producción de algodón y que le hizo merecer el nombre de Medina Alcotón.

La fiesta del algodón, que se celebraba en la Plaza de Santa María, frente al monumento a nuestra Patrona la Santísima Virgen del Valle, tenía como acto principal la bendición de las primicias de la cosecha algodonera y la ofrenda a la Patrona del fruto por la Reina de las fiestas. En dicho acto se hacía entrega de los premios a la mayor producción, mejor selección en el cultivo algodonero y premios a los capataces de las explotaciones distinguidas, que a veces se complementaba con una exhibición de máquinas agrícolas y productos relacionados con el cultivo del algodón.

La Reina y Damas de Honor de las Fiestas, que eran trasladadas por los magníficos coches del Depósito de Recría y Doma, llegaban en primer lugar a las puertas del Ayuntamiento, donde eran recibidas, por la Corporación municipal bajo mazas, pregonero y autoridades, pasando posteriormente a la Sala Capitular para formar el cortejo. Acto seguido se iniciaba el desfile hasta el monumento a la Virgen del Valle, donde se levantaba trono y tribuna bellamente exornados por artistas locales. La reina que ocupaba el estrado principal, era acompañada por sus damas de honor, y en dicho estrado se establecían también los maceros y le daba guardia de honor la Policía Municipal con el uniforme de gran gala.

Estas fiestas, que fueron acogidas con entusiasmo, admiradas por propios y extraños, tuvieron en don Manuel Gómez García su principal baluarte. Estas dejaron de celebrarse debido a deficiencias presupuestarias y a lo precario del estado de nuestra hacienda municipal. Ellas tuvieron su primera edición en 1961, dentro de su programa ferial, siendo su reina la señorita Beatriz Osuna Fernández de Bobadilla y fue su primer pregonero don Manuel Figueroa Rojas. En 1962 se celebró la segunda edición, tomando el reinado la señorita María Cristina Osuna Mínguez y su pregonero don José Luis Campuzano Zamalloa. La tercera edición no tiene lugar hasta el año 1967, que pasa a tener carácter comarcal. La reina fue Dominica Gordon González de Aguilar y su pregonero el poeta don Antonio Murciano. El siguiente año no se celebran estas fiestas, pero en cambio tiene lugar en nuestra ciudad el Segundo Día de la Provincia, proclamándose su reina a la señorita Teresa Moreno de los Ríos y Díaz y su pregonero a don José María del Rey.

 

LAMINAS 110 y 111. FIESTA DEL ARBOL Y MISA DE CAMPAÑA.

Una de las fiestas más entrañables y, además, de gran importancia por su significación de las que se celebraban en nuestra ciudad en las primeras décadas de nuestro siglo fue, sin duda alguna, la Fiesta del Arbol.

Esta fiesta en la que volcaba un grupo de ecijanos toda su ilusión, además de una buena dosis de trabajo, congregados en una de las instituciones modélicas de Écija el Ateneo Astigitano. Este llegó a cosechar grandes elogios tanto en la ciudad como fuera de ella.

Estos hombres ilusionados, no sólo por la tarea de organizar actividades de tipo social, sino por la de elevar el nivel cultural de Écija, vienen a demostrar que en cada época la Ciudad del Sol siempre ha tenido hombres emprendedores que, aunque no en gran número, hacen que la ciudad tenga vida propia.

La Fiesta del Arbol creemos era una de las actividades que tenían mayor incidencia en la ciudad, y hoy debería ser tomada como modelo por autoridades locales, padres y educadores. De las que se celebraron en Écija nos vamos a referir a la del año 1918. Ésta tuvo lugar el día 7 de abril de ese año. Comenzaron los actos con una misa solemne en la Iglesia de Santa María, toda vez que la misa de campaña que estaba prevista campo abierto no fue autorizada por el Arzobispado de Sevilla por “considerarla propensa a irreverencias”.

A los actos asistieron, además de escolares y profesores, las tropas de la Remonta y del Parque Administrativo militar, las bandas de música municipal y la de tambores y cornetas del Colegio Salesiano. Para la mayor brillantez de los actos se invitaba a las autoridades civiles y militares.

Una vez concluido el acto religioso los escolares con sus profesores y elemento oficial se trasladaron al arroyo, en el popular barrio de Cañato. Una vez perfectamente situados los diferentes grupos y determinada la zona de plantación, los escolares cantaron los himnos al árbol, a la bandera y a la patria, para. a continuación, llevar a cabo la colocación de 176 eucaliptos. Merece especial atención la labor extraordinaria llevada a cabo por don Rafael Martínez Uclés y el concejal don José Martín Cortés, por cuanto urbanizaron, limpiaron e higienizaron aquella zona de la ciudad. Pero, además, con esta buena obra se hicieron desaparecer los focos de inmundicias e infecciones de que era centro el arroyo, cambiando su fisonomía, dándole a partir de entonces un nuevo aspecto sano y agradable.

Concluido el acto, los niños fueron trasladados a la Plaza de Toros de la ciudad, en la que se les obsequió por la institución organizadora, el Ateneo Astigitano, con “una abundante merienda al mismo tiempo que se les proporcionó un rato de esparcimiento y divertimento”.

La otra fotografía recoge el acto de la celebración de una misa de campaña en la fachada del Ayuntamiento astigitano, en un altar presidido por un lienzo de nuestro Patrón San Pablo, el día 15 de agosto de 1936, con la asistencia de los soldados del Depósito de Recría y Doma.

LAMINA 112. MOLINO DE LA TINAJUELA BAJA.

Uno de los apartados más olvidados de la arquitectura es, sin duda alguna, la rural. Nuestro amplio término municipal contaba con un importante número de edificios rústicos (cortijos, haciendas, caseríos, casillas, lagares…), algunos de ellos de indudable interés artístico, que hoy lamentablemente han desaparecido en su inmensa mayoría.

Si de muchos de ellos no queda ninguna huella, en otros, al menos, como el caso que nos ocupa, hemos podido recuperar una vieja fotografía que nos acerca a la magnificencia de estos edificios que tenían doble utilidad: una, la de ser segunda residencia del señorío, especialmente en la época de recolección; y la otra, la manufacturación del aceite de oliva. Gracias a este testimonio gráfico podemos tener una visión exacta de él, al menos en su aspecto exterior, y retroceder a una época de esplendor. Obsérvese además de los personajes que en ella aparecen, la vegetación existente en torno al edificio, circunstancia ésta que es de indudable interés, toda vez que el abandono de las haciendas de olivar ha conllevado, además de su ruina, la tala de toda la vegetación arbórea para la recuperación de todo el espacio posible y con ello ocuparlo con la siembra cerealista, en la que hoy se ha transformado la inmensa mayoría de los molinos aceiteros.

El Molino de la Tinajuela Baja se encuentra ubicado en el Pago de Valcargado y Prensilla. La finca total, aunque en la actualidad ha sufrido diferentes modificaciones, llegó a ocupar una extensión de cuarenta y siete hectáreas, sesenta áreas y noventa y cuatro centiáreas, conteniendo algo más de 4000 pies de olivos. El molino compuesto de diferentes hazas, contenía en una de ellas el ruedo del molino y el caserío o molino propiamente dicho. La extensión superficial de este edificio era de setecientos veinticinco metros cuadrados aproximadamente”. Constaba de patio principal, sacristía, capilla con tribuna alta, (en algunas inscripciones registrales aparece que esta capilla se destinó después a pajar), cuadra, molino con viga y artefactos para moler, cocina, sala, corral, patio-almacen para la aceituna, dos cuadras, pajar, casilla, un horno para cocer pan con una superficie de doce metros cuadrados y un algibe cercado de tapia y ladrillos con noventa y seis metros.

LAMINA 113. DIA DEL DOMUND.

La Iglesia ha venido llevando a cabo para sus diferentes misiones apostólicas colectas públicas. El domingo Universal de las Misiones, también denominado “Día Misional”, se estableció en el arzobispado sevillano el año 1924. Su organización dependía del Consejo Diocesano de la Unión Misional del Clero, que hasta 1932 entrega colectas para la Obra de la Propagación de la Fe. En 1933, el Prelado Diocesano, en cumplimiento de prescripciones pontificias, dispuso que la colecta del “Día Misional” se destinara íntegramente a la Obra de la Propagación de la Fe.

En el Arzobispado Sevillano se constituyó una Delegación Diocesana, que era la encargada de su organización. El domingo previo al día Misional, en toda la archidiócesis se llevaba a cabo la predicación, encaminada a sensibilizar a los fieles en tres objetivos: 1. Importancia para la Iglesia Católica del problema de las misiones de infieles. 2. Obligación de pedir a Dios por la conversión de los paganos. 3. Deber de contribuir económicamente al sostenimiento de las misiones.

A tal fin los párrocos recibían esquemas de predicación homilética misional en unión de hojas de propaganda, carteles para ser fijados en las puertas de los templos, calles y establecimientos comerciales, a fin de conseguir la mayor difusión de la campaña.

En la Parroquia de Santa María existían 56 coros, perteneciendo a ellos 675 niños, además de otros 24 coros de niños establecidos en el Colegio de Salesianos de esta feligresía.

Una de las personas encargadas de la organización de dicha actividad durante muchos años en esta Parroquia fue doña María Concepción Muñoz y Mantilla de los Ríos. En la fotografía, los niños posan para el fotógrafo en el bello patio de la casa de esta señora, sita en calle Fernández Pintado, antes de iniciar el desfile alegórico por las calles de la ciudad en el día de la conmemoración del Domund en el año 1954.

LAMINA 114 al 116. FIESTA DE LA FLOR.

La primera vez que se celebró esta fiesta fue con motivo de la Feria de Mayo. Concretamente, el día 9 de dicho mes del año 1921. Su objetivo era recaudar fondos para los pobres enfermos de tuberculosis y en ella participaron gran número de jóvenes de todas las clases sociales que lo hacían desinteresadamente en tan humanitaria tarea. A la población se le convocó para apoyar dicha campaña. En una octavilla que se distribuyó a los ciudadanos se podía leer: “El día 9 de mayo jóvenes de la localidad auxiliadas por una comisión de señoras, pedirán una limosna para tan humanitario fin a cambio de una sencilla flor que se colocará en el pecho de los bienhechores. Cada flor vale una limosna…”.

La organización de esta fiesta estuvo bajo la dirección de la Junta de damas del Real Patronato Antiberculoso, bajo la acertadísima y entusiasta presidencia de doña Asunción González de Ostos.

El párroco de la Iglesia de Santiago el Mayor, que como ya hemos dicho escribía bajo el seudónimo de “El Duende de Cañato”, nos narra así la celebración de este día en una revista editada al efecto.

“A las ocho de la mañana y previo el disparo de sendos morterazos que anunciaban la apertura del festival, comenzaron la labor las ocho mesas petitorias artísticamente engalanadas con ricos tapices, pañolones filipinos y jarrones de plata y tibores rebosando de rosas y claveles; y a renglón seguido, una verdadera nube de mariposas de policromadas alas surcó los espacios, y entre el cascabeo de las risas y el rumor de los piropos no quedó solapa que no tuviera una docena de azules florecillas ni faltriquera que no cantara la palinodia a las primeras de cambio “.

Para recaudar los fondos necesarios las jóvenes se ataviaron con los trajes típicos y, provistas de cestitas, se formaron diferentes mesas petitorias en calles céntricas de la ciudad. Estas fueron situadas en los puntos más estratégicos de la población, es decir: Plaza Mayor, Más y Prat, Real de la Feria, Duque de la Victoria, Casino de Artesanos, Puerta Cerrada…

Por el reputado fotógrafo local don Manuel Salamanca y el señor Trotter se sacaron fotografías de las diferentes mesas petitorias con todo su bello personal. De éstas han llegado hasta nuestras manos tres: la ubicada frente a la fachada del Ayuntamiento, la de Duque de la Victoria y calle Más y Prat, que son las que ilustran este trabajo y que vienen a recoger el ambiente festivo con que los ecijanos recibieron ese día.

La mesa petitoria establecida frente a las Casas Consistoriales, que remedaba un primoroso vergel, estuvo presidida por la Tesorera de la Junta de Damas, la señora Condesa de Torres Cabrera, acompañada de las señoras Rosa González de Ostos, Carmen Vega de Ostos, Caridad Vargas, María Martín de Martínez y doña Dolores Rojas, y como postulantes, las jóvenes Felipa Barrera, Pilar y Vallecita Aguilar Golfín, Fernanda Martel y Cárdenas, Sierra y Margarita González Arroyo, Carmela y Lola Farfán, Mariquita Almansa, Carmen Bilbao, Joaquina Benito, Pastora y Teresa Castrillo, María Ostos González, Angela de Pablo y Gil, Margarita Sanjuán, Carmelita Losada y Asunción Ostos, entre otras.

La situada en la calle Duque de la Victoria era en realidad un rincón del parque sevillano. Figuraban en la presidencia las señoras doña Teresa Ortiz de Castelo, doña María Josefa del Real, doña Carmen Torres, doña Carmen Pozuelos, doña Purificación Mejías y doña Blanca Parejo, viuda de Cañero, y como postulantes, las niñas María Luisa Jiménez Torres, con sus hermanas Luz y Pepita, Conchita Capitán Fernández, Josefina Ríos, María Piñero, María Castelo Ortiz, Concha López del Real, Rosario Benítez del Real, Carmela Real y Pilar Sánchez.

Y la de la calle Más y Prat, en que sobre el pabellón nacional fulguraba el escudo del Magisterio, estaban presididas por las profesoras doña María de Amoli, doña Carmen Silva, doña Isabel Villareal, doña Rosario Fernández y doña Concepción Guerra. Y como postulantes concurrieron, entre otras, Rafaela Caracuel, Dulce Flores, Isabel Muñoz, Carmen y María Peña Fernández, María Martín, Anita y Encarna Casado, Blanca y Aurora Martel, Carmen Caraballo, Sierra Castellano, Carmen Mora, Patrito Jiménez y su hermana Guadalupe, Carmen Gallardo, Lola Pérez, Rosa González, Isabel Somosierra, Carmen Fernández, María y Natalia López, María Jesús Rodriguez, Carmen Delgado y Lolita Villarreal.

De extraordinaria importancia fue también la mesa petitoria instalada en el Casino de Artesanos, presidida por doña Carmen Ostos de Centeno, doña Angela Cárdenas de Escalera, la señora Condesa de Vallehermoso, doña Dolores Angelina, doña Blanca Martín de López y doña Pilar Cañamaque de Toledano. La mesa instalada en la calle Miguel de Cervantes, que simulaba una caseta de feria, estuvo presidida por doña Catalina Gallardo de Ariza, doña Dolores Martín de Benítez, doña Teresa Romero de Jiménez, doña Dolores Díaz de González, doña Trinidad Martel de González, doña Narcisa Graniani de Gamero, doña Rosario Rodríguez de Torres, doña Margarita Valderrama de Díaz, doña Juana Díaz de Encinas y doña Consolación Tovías.

La de Puerta Cerrada, que no desmereció a sus “compañeras de cuatro patas” en el exorno, galanura y ornamentación, estuvo bajo la presidencia de doña Josefa Martín de Ostos, doña Pilar González de Ostos, doña Luisa Velasco de Fernández, doña Pilar Herrero de Cornejo y doña Pastora Marín de Martín.

No se quedó tampoco al margen el Casino Ecijano, que regaló para la fiesta un lote de 600 claveles. Y además cedió sus aristocráticos salones, pues la presidenta general, doña Asunción González de Ostos organizó un baile para homenajear a cuantas señoritas colaboraron tan fructíferamente en tan humanitaria labor.

La recaudación ascendió a 13.247,75 pesetas. En el boletín editado expresamente con tal fin, y al final del mismo, aparece un cuadrante donde se recogen, fechas, presidentas, porcentaje, y los pueblos de la provincia de Sevilla que participaron en esta Fiesta de la Flor. El producto total de estos pueblos, incluido Écija, ascendió a la suma de 58.558 pesetas, de tal forma que en nuestra ciudad fue donde más se recaudó y con notable diferencia con las demás. La que más se acercó fue Morón de la Frontera, con 6.323,25 pesetas, a continuación de ésta quedó Lora del Río, con 4.203,50, y le sigue Osuna, con 3.828,93 pesetas. Alcalá de Guadaira recaudó un poco más de 1.000 pesetas y Dos Hermanas 936,20 pesetas. Esto dio lugar a que la presidenta de la Junta Local, la ecijana Doña Asunción González de Ostos, honrara la portada del folleto, pues con su magnífico trabajo y su espléndida recaudación no fue igualada Écija por ningún pueblo de la provincia de Sevilla.

Solemne y día grande tuvo que ser, pues, el día 9 de mayo de 1921 para la ciudad de Écija, en su feria de primavera, en que la Junta de Damas del Real Patronato Antituberculoso, bajo la entusiasta presidencia de doña Asunción González, celebró “la Fiesta Benéfico Social de la Flor” en nuestra localidad, que puso muy alto el pabellón de su caridad entre todos los pueblos de la región andaluza.

Todo un éxito a tenor de la prensa local 12. Y tal tuvo que ser así que en la siguiente feria, la de septiembre de este mismo año de 1921, se organizó otra que se denominó Fiesta de la Bandera, pero al parecer no consiguió el objetivo deseado. Desde muy de mañana, el primer día de feria, grupos de señoritas salieron a postular. El producto de la recaudación tenía un fin más diverso: contribuir a los gastos de hospitalización de los heridos de la guerra de Africa, subvencionar los gastos de feria, la construcción de la escuela de Recría y Doma y, además, las fiestas religiosas de la Patrona.

Curiosa fue la forma de postular en esta fiesta, que se montó como original respecto a la de la Flor, pues en ella participaron hasta los propios soldados que hacían el servicio militar en Écija. Además de recolectar por la vía pública se acudió a tal menester hasta en la propia plaza de toros. Un semanario local recogía así el acto: se celebraba una novillada el primer día de feria: “se suspendió la lidia y al terminar el tercer cornúpeta, a una señal del presidente, el primer espada tremoló la enseña de la nación, y acto seguido varios soldados del Tercer Establecimiento de la Remonta recorrieron el ruedo recogiendo el dinero que el público tiraba a la arena. Mientras, la banda militar ejecutaba el himno español y los espectadores daban vivas a España y al ejército”.

LAMINAS 117 al 119. ACCION CATOLICA.

Esta organización laica, cuya misión y organización quedaron señaladas en las encíclicas “Ubi Arcano” (1922) y “Rerum Omnium” (1923) y en la “Lettre au Cardinal Bertram” (1926), se constituyó para colaborar con la Jerarquía, y bajo su dirección, en la acción apostólica.

En España la Acción Católica queda establecida en cuatro ramas, bajo la inmediata dependencia en las actividades ejecutivas del apostolado Jerárquico, a saber: la de Hombres y la de Mujeres. Y dos de juventudes, la masculina y la femenina.

A sus miembros les estaban prohibidas actividades políticas, pero sin descuidar por eso la defensa de los derechos de Dios y de la Iglesia donde quiera que fuese atacada. Como tal, no podían actuar como dirigentes o propagandistas en actividades de carácter político ni aún a título personal.

El Reglamento de la Asociación de las Mujeres de Acción Católica” recogía, entre otras, las siguientes actividades. La formación personal de las propias afiliadas y su adiestramiento en el apostolado. Fomento de la instrucción religiosa, moral y social entre las mujeres en general por medio de conferencias, cursillos, retiros, ejercicios espirituales, etc. Campañas contra las tendencias malsanas de las mujeres contemporáneas, como el alejamiento del hogar, el feminismo paganizante, las modas atrevidas, la asistencia a reuniones frívolas y peligrosas y la ostentación de riqueza ante la miseria de los que carecen de lo necesario. Apostolado de sacramentos diferidos, regularización de matrimonios, administración oportuna de los últimos sacramentos a enfermos mal asistidos, bautismo y primeras comuniones de niños o adultos descuidados. Apostolado de la cuna para asistir espiritual y materialmente, en casos de abandono y pobreza, a las madres y a los hijos recién nacidos. Apostolado misional, fomentando las Obras Misionales Pontificias. Apostolado pro moralidad pública, apoyando las campañas que emprendan más directamente los hombres y los jóvenes, para el saneamiento de los cinematógrafos, teatros, playas, centros de diversión etc.

En Écija comenzaron a organizarse estas Asociaciones inmediatamente después de la guerra civil, siendo la Iglesia de Santa María una de las que con mayor aceptación acoge las directrices de las Encíclicas referidas. Tal era la actividad de esta parroquia que, además de las cuatro ramas de Acción Católica, contaba con las siguientes Asociaciones: Adoración Nocturna, Marías de los Sagrarios, Apostolado de la Oración, Apostolado de Enfermos, Conferencia de San Vicente (caballeros y señoras), Damas de la Corte de Honor de la Santísima Virgen del Pilar, Caballeros del Pilar, Hijas de María Inmaculada, Hermandad del Apóstol San Pablo, Señoritas del Ropero, Congregación de la Doctrina Cristiana, Propagación de la Fe, Obra Pontificia de la Santa Infancia, Obra Diocesana del Fomento de Vocaciones Eclesiásticas y Junta Parroquial de Acción Católica.

Las fotografías tomadas en el pórtico de la parroquia de Santa María recogen, en una de ellas, el acto de bendición de la bandera de la Asociación Femenina por parte del arcipreste de la Ciudad, don Francisco Domínguez Fernández. Y en las otras dos, a las juventudes masculinas y femeninas, que posan en unión de su párroco y miembros de la comunidad parroquial el día 29 de mayo de 1953.

LAMINAS 120 al 123. LAS PROCESIONES DE IMPEDIDOS.

Las procesiones de impedidos o las “visitas”, como popularmente se las conocían en nuestra ciudad, se venían celebrando desde tiempo inmemorial. Estas salidas procesionales que antiguamente eran organizadas por las hermandades sacramentales para hacer el cumplimiento pascual, han ido, desafortunadamente, decayendo con el correr de los tiempos y con ellas una de las más antiguas tradiciones locales.

Las Visitas de Impedidos eran un servicio que las parroquias tenían que prestar a las personas enfermas de la feligresía, ya que la Iglesia consideraba obligatorio que se comulgara una vez al año por Pascua Florida, el tiempo que va desde el domingo de Resurrección al de Pentecostés.

De la vistosidad y solemnidad de estas procesiones, a las que también el pueblo ecijano se ha referido como “la Majestad”, son testimonios las fotografías que ilustran este trabajo. Éstas fueron tomadas en las salidas procesionales correspondientes al día 16 de mayo de 1954 y 15 de mayo de 1955; recogen diferentes instantáneas de las “visitas” de la parroquia de Santa María, a su paso por calles y plazas de su feligresía y donde se puede comprobar la importante presencia de fieles que acudían, a las que se unía el carácter festivo del mes de mayo. En ellas el Arcipreste de la Ciudad, don Francisco Domínguez, bajo palio, porta el Santísimo desde el templo parroquial, acompañado, además, de las agrupaciones parroquiales como son la Junta Parroquial, Cáritas, Conferencias de San Vicente de Paúl, Movimiento de Acción Católica y Adoración Nocturna, recorriendo las calles de la collación.

Queda también reflejado cómo los feligreses en esas ocasiones instalaban pequeños altares públicos, ya que era frecuente que en las calles por las que se fijaba la procesión, se adornaran los balcones con colgaduras y se tiraran pétalos de rosa al paso de la comitiva, e incluso en algunas vías se colocaran alfombras con romero y otras hierbas aromáticas.

Lo habitual era que la salida procesional fuera a continuación de la primera misa de cada parroquia, y los fieles acompañaran rezando con cantos tradicionales. Cuando se acudía a casa de un enfermo que iba a recibir la comunión se rezaba el Miserere y a la salida de su casa se cambiaba por el Tedeum para dar gracias a Dios por los dones recibidos.

  

 

LAMINAS 124 Y 125. PROCESION VOTIVA DE SAN PABLO.

Como se sabe, cada año se celebra en Écija la festividad de la Conversión de San Pablo, Patrono de la ciudad, dando con ello cumplimiento al voto hecho en 1436 de acudir en procesión a la iglesia del Convento de San Pablo y Santo Domingo para conmemorar la intervención milagrosa del santo en la persona del joven Antón de Arjona.

Pese a ello, hasta el año 1912 no son aprobadas las Reglas de la Hermandad, que son publicadas en un interesante opúsculo por don Manuel Ostos y Ostos. Obra que es reeditada en 1984, con un magnífico prólogo de don José E. Caldero Bermudo, por la Asociación de Amigos de Écija en su empeño de rescatar, conservar y divulgar las tradiciones de la ciudad.

Remitida al Arzobispado la propuesta de la Junta Directiva, es declarada canónicamente la primera Junta Directiva de la ” Hermandad de San Pablo Apóstol por la Conversión de los Pecadores”, erigida con la aprobación eclesiástica en la iglesia de Santa Bárbara con el deseo de procurar el mayor fomento de tan santo instituto, en la forma que a continuación se expresa:

Hermano mayor: Don José Fernández de Córdoba y Castrillo; Secretario-Administrador: don Federico Fernández de Bobadilla y González de Aguilar; Vocal primero: don Andrés Fernández de Valderrama y Parejo.

De auténtico testimonio gráfico se puede considerar la primera de las fotografías de la procesión de San Pablo, pues recoge el paso de nuestro Patrón frente al Ayuntamiento a su regreso a la iglesia de Santa Bárbara.

La otra instantánea también corresponde al paso de nuestro Patrón por la Plaza de España, camino de la Iglesia de Santo Domingo. La fotografía deja ver aspectos de edificaciones desaparecidas de la esquina a la calle Miguel de Cervantes. La salida procesional corresponde a la celebración en nuestra ciudad del Año Santo Paulino, conmemorándose en Écija el XIX centenario de la llegada a España de San Pablo. Se iniciaron los actos en la Iglesia de Santa Bárbara; allí, revestido de pontifical, el obispo auxiliar, monseñor Cirarda, bendijo el nuevo “paso”, que fue costeado por el municipio ecijano. Se organizó después la procesión, a la que acudió el Ayuntamiento bajo mazas, autoridades civiles y militares y el clero regular. Figuraban también representaciones de Hermandades de Gloria y Penitencia y la policía municipal con sus vistosos uniformes de gala. Cerraba la procesión la banda de música municipal que ese año estrenaba instrumentos. La ciudad lo celebró el día de su Patrón desde primeras horas con fervoroso entusiasmo, y en las calles se observaba un nutrido gentío. Los balcones de las casas aparecían engalanados con colgaduras, el comercio cerró sus puertas y las diversas actividades de la ciudad se paralizaron para sumarse a los actos patronales de este día.

LAMINAS 126 al 128. SEMANA SANTA.

Hemos creído interesante para comentar las viejas fotografías de nuestra Semana Santa acudir a las publicaciones que se editaban en Écija. Y de ellas, hemos seleccionado las correspondientes a los años 1911 y 1912. Y como fuente de información nos remitimos a los datos que obran en el Semanario NUEVA ECIJA, dirigido por el inolvidable don Eduardo Muñoz Vizcaíno.

La Semana Santa del año 1911 comenzó con el tiempo nublado, haciendo temer por su esplendor, dado el persistente temporal que desde mediados de marzo padecía nuestra ciudad. Los oficios celebrados en los templos tuvieron la solemnidad acostumbrada.

El Domingo de Ramos la Corporación municipal acudió bajo mazas, presidida por el alcalde y capitulares, a la Parroquia de Santa Cruz, quienes fueron recibidos por los señores cura y rector. Después de bendecir las palmas y olivos, que fueron repartidos entre las autoridades y fieles, se organizó la procesión que recorrió el templo. La “Procesión de las Palmas” salió por la puerta de calle Espíritu Santo para penetrar por la puerta principal. Al llegar a ésta se verificó la ceremonia de llamar tres veces con el asta de la cruz y a la última se abrió la puerta del templo, cantándose la antífona de ritual. Después de la procesión principal la misa fue oficiada por el diácono y subdiácono, siendo predicada la Pasión por los señores Martínez Capitán, Fernández Camacho y Sánchez Morales. El acto religioso, que duró dos horas aproximadamente, contó con la concurrencia de muchos fieles.

El Jueves Santo continuaron los oficios en las iglesias de la ciudad. La Parroquia de Santa Cruz contó nuevamente con la asistencia de la Corporación Municipal. Dentro de los cultos se organizó la procesión para el traslado de la Sagrada Forma al Monumento instalado en el Sagrario, “que presentaba un aspecto hermosísimo, apareciendo encendidas las lámparas con profusión de velas colocadas alrededor de la magnífica custodia. Al señor Alcalde le fue impuesta la llave del sagrario “.

Como nota negativa señala el rotativo local “la no celebración de la edificante ceremonia de dar de comer y lavar los pies a doce pobres, acto meritisímo de caridad a que se dedicaba una piadosa hermandad”.

El Viernes Santo, que por cierto, “la población presentaba el característico aspecto de duelo, viéndose cerrada la mayor parte de los establecimientos y siendo muy escasa la circulación de carruajes” y -siempre dentro de los oficios celebrados en la Iglesia Parroquial de Santa Cruz-, contó nuevamente con la asistencia de la Corporación Municipal. En ellos se realizó el acto de Adoración a la Cruz, siendo descubierta lentamente, por el oficiante señor Martínez Capitán, que llevó la cruz al hombro, descalzo, hasta el coro donde la colocó, para ser adorada por el clero, autoridades y fieles.

Concluyeron los oficios el Sábado Santo con análoga solemnidad, haciéndose la bendición del fuego, la angélica y la de la pila bautismal. A continuación de la misa y al entonarse el Gloria, se descorrió el velo del altar mayor, dando comienzo el repique de campanas y las fiestas de la resurrección del Señor.
En cuanto a las salidas procesionales no hicieron estación de penitencias las cofradías que tenían que salir el domingo, lunes y martes. El miércoles santo le correspondía a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, pero no pudo hacerlo debido a la lluvia que cayó en la ciudad, haciéndolo, no obstante, el Jueves Santo. A continuación lo hicieron la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre, que procesionaba además con la imagen de Jesús Abrazado, que, a la sazón, se estaba reorganizando como hermandad de penitencia, y a cuyo frente se encontraba don José Martínez. También este mismo día salió la Cofradía del Santísimo Cristo de Confalón, con sus tres “pasos”. La coincidencia de estas tres hermandades el mismo día dio lugar a la presencia en las calles de una enorme multitud de personas.

Durante todo el día del Viernes Santo, hasta las seis de la tarde en que salió la Cofradía del Santísimo Cristo de la Exaltación, no cesó de llover. A esa hora se despejó el cielo y se aprovechó para realizar la salida procesional, la última que lo hizo en esa Semana Santa del año de gracia de 1911.

Respecto a la Semana Santa correspondiente al año 1912; el semanario liberal citado NUEVA ECIJA resalta la solemnidad de la tradicional semana y el ambiente festivo en que se desarrolló. De este semanario leemos textualmente lo siguiente: “Celebróse esta fiesta religiosa con la solemnidad tradicional en el pueblo ecijano y con la simpática nota de la abundancia, del desahogo en las clases populares que son las que ganan N, gastan su dinero, sin pensar en lo pesado y duro que es ganarlo, N- en lo fácil que es gastarlo a manos llenas. Desde el Miércoles Santo hasta el Domingo de Pascua, Ecija, se ha visto rebosante de ecijanos, de trabajadores, de caseros que han venido a la juerguía y que han venido a gastar sin miedo ni asco lo por ellos honradamente ganado con el sudor de su frente”. Ello logicamente dió origen a que “cafés, tabernas, confiterías, tiendas de todas clases se se vieran abarrotadas de público, que gastaban honradamente el dinero que hondamente había ganado ¡Hermoso espectáculo!.. “

El domingo de Ramos acudió la Excma. Corporación municipal a la Iglesia de Santa Cruz a celebrar la festividad del día “con escasa concurrencia de fieles”. El lunes y martes no hubo cofradías. El segundo de estos días debió de hacer estación la que tiene una de las joyas más valiosas entre las esculturas que se conservan en Écija, la Hermandad del Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de los Dolores. Y el articulista se lamenta de este hecho, toda vez que a la misma pertenecían “personas de reconocidas valías—.

El Miércoles Santo, a las cinco en punto de la tarde, salió de la Parroquia de San Gil el Santísimo Cristo de la Salud con tres “pasos”. La Coronación, “que siendo vulgar la talla del Santo Cristo y de los dos romanos que lo coronan de espinas, constituyen algo típico”. Los romanos, según nos refiere el cronista fueron hechos por un artista ecijano, el maestro Alba, a quien conoció viviendo en la calle Recogidas. A continuación los tronos del Santísimo Cristo de la Salud y Nuestra Señora de los Dolores. Acompañaban al “paso'” del Cristo más de doscientas mujeres con la cruz al hombro. En cuanto al origen de la Cofradia remite a la fecha de las Reglas de la Hermandad que datan de 25 de septiembre de 1581. No siempre ha salido San Gil el miercóles santo, pues en alguna ocasión lo hizo el lunes santo por la tarde. Por cierto antiguamente sacaban procesionalmente a San Roque, abogado de la peste, terrible azote de los pueblos en la época en que se fundó esta Hermandad.

El Jueves Santo, a las once de la mañana, el Excmo. Ayuntamiento en Corporación acudió nuevamente a Santa Cruz para asistir a los Santos Oficios. Vuelve este semanario a incidir en la poca concurrencia de fieles y escribe: “notándose la falta de las personas principales, de los que deben estar a la cabeza y no lo están, quizás porque no comprenden la obligación que les impone su posición, su dinero en fin”. Y destaca el gran acierto de la iniciativa del cura párroco de Santa Cruz en colocar en el sagrario de la iglesia el sarcófago cristiano que fue encontrado años antes al hacerse los cimientos para la proyectada capilla de nuestra Patrona.

Concluida la función religiosa comenzó la visita de sagrarios, “viéndose las calles de la ciudad macizas de público”.

La Excma Corporación Municipal, bajo mazas y seguido de la guardia municipal, hizo estación en los Sagrarios de las iglesias de Santa Cruz, Santa Inés, Santa Florentina, Las Marroquíes, Hermanitas de los Pobres, Santa Teresa y Parroquia de San Juan.

Ese año se notó la ausencia del monumento que se instalaba en la iglesia de San Gregorio, cerrada al culto debido a la ruina de la misma. El citado semanario reseña lo siguiente: “Nosotros que conocemos la actividad del incansable don Manuel Montero, párroco de Santa María, nos extraña este abandono de San Gregorio y mucho más conservándose en esta iglesia una escultura de Montes de Oca o Roldán, que no debe estar expuesta a los riesgos de un hundimiento. Si el señor Montero quiere nuestro concurso para hacer una suscripción popular con el fin de reparar esa capilla, cuente con NUEVA ECIJA. Pero no deje por un momento San Gregorio como está, pues ello contradice la fe, el entusiasmo, el trabajo constante a que siempre vemos dedicado al celosísimo párroco señor Montero”.

Sin poner en duda la fe y la valía del párroco señor Montero, lo cierto es que San Gregorio, como todos sabemos, fue decayendo desde esa fecha en un lamentable abandono. La Imagen a que se refiere el articulísta, y que era centro de su atención, es sin duda, la de Nuestro Padre Jesús Cansado, del siglo XVIII y atribuida, según el profesor señor Hernández Díaz, a Montes de Oca.

Ese mismo día, Jueves Santo, a las dos de la tarde, tuvo lugar el lavatorio, patrocinado por la Hermandad de la Paz y Caridad, vistiendo y dando de comer a doce pobres. Aquí el cronista vuelve a poner en evidencia sus dotes de observador al escribir: “¿Es indispensable que esos pobres lleven en la ropa que se les regala el distintivo verde que pregona la procedencia del traje?”.

A las cinco de la tarde hace su salida procesional la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre, que es una de las más populares de Écija. Componen la Cofradía el Niño Jesús, detrás de éste, Nuestro Padre Jesús Abrazado a la Cruz, que es otra Hermandad que para salir se agrega a la de la Sangre. Imagen del Cristo de la Sangre, joya escultórica por la expresión de su rostro. Y concluia la cofradía la imagen de Nuestra Señora de los Dolores.

Respecto a la salida procesional de esta Cofradía señala que al llegar a Colón lo llevaron a su antiguo barrio, donde estaba el Convento de San Agustín, llamando la atención del tiempo empleado en el recorrido a su paso por la calle Carrera: de nueve a once de la noche, y escribe: “la multitud era tal que no se podía dar un paso, viéndose todos los balcones y puertas materialmente atestados de hermosas ecijanas. Las saetas se sucedían sin interrupción…”

Esa misma tarde a igual hora salió del Ex-Convento de la Victoria, la Hermandad de Confalón. El autor del trabajo vuelve a expresar su opinión particular y escribe: “La escultura del Cristo, que por cierto bien poco vale, está rodeada de la leyenda de que fue encontrada en un pozo, y de que los hermanos tienen que ir descalzos, pues de ir uno siquiera calzado, no podrían mover el paso”.

Cita el autor del trabajo a esta Hermandad como la más fervorosa de las ecijanas, destacando de entre los miembros de la Junta de Gobierno a su hermano mayor, el Marqués de Peñaflor, y pasa a escribirnos lo siguiente: “Constituyen la Cofradía tres “pasos”; “Los azotes, obra escultórica de poco valor, el Santísimo Cristo de Confalón, y la Virgen de la Esperanza, que recorre la estación detrás de la hermandad de la Sangre, y que tiene que aguantar a ésta su paso de tortuga hasta que pasan la cárcel. Hay quien dice que los hermanos de la Sangre andan tan despacio para que los otros gasten más cera…”

Respecto al Viernes Santo de ese año 1912, el autor del trabajo resalta que en los Santos Oficios de la Iglesia de Santa Cruz se vio más concurrencia, asistiendo el Ayuntamiento bajo mazas, como era costumbre, siendo el punto culminante de esta solemnidad la adoración a la Cruz.

En la tarde de ese viernes salieron dos cofradías, la establecida canónicamente en la Iglesia de la Merced y el Santo Entierro. La primera “constituida en 1577 lleva tres “pasos”: un Niño Jesús, el Santísimo Cristo de la Piedad y la Virgen de las Mercedes (sic), que es la mejor escultura. Iban perfectamente adornados los “pasos” por don Pedro de Soto.” Concluían las salidas procesionales con la Real Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo. A tenor de lo que le vamos a describir, el recorrido procesional de esta Cofradía sería todo un gran acontecimiento para la ciudad.

Veamos, pues, cómo se desarrolló su recorrido. Abría el gran cortejo una sección de caballería compuesta de capitán y cuatro números, con hermosos arreos, montando briosos caballos, perfectamente enjaezados con estricta sujeción a la época. Estandarte de la Real Hermandad y, a continuación, sección de trece bastoneros llevando trajes compuestos de sotana blanca, planeta con larga cola grana circundada de blanco, cinturón, escapulario, antifaz de terciopelo negro, media y guante negro y zapatos de charol con hebilla que llevaban unos antiquísimos y valiosos cetros de madera tallada. A continuación de esta sección, tres pequeños nazarenos con atributos de la Pasión, el Rey David y dos profetas. La sección de alumbrado de la Santa Cruz, compuesta de doce nazarenos con traje igual a los bastoneros, con la diferencia de ser negra la tunicela.

Inmediatamente después el “paso” de la Santa Cruz, que nos lo describe así: “Presenta un elegante conjunto de primores y riquezas, alzándose la hermosa cruz de concha y plata sobre un elegante monte de madera tallada. Son dignos de admiración en este paso, los cuatro medallones de talla de alto relieve que representan escenas de la Pasión”.

A continuación de este “paso” iban las representaciones de penitencia de la ciudad , con sus correspondientes estandartes, y seguidamente las cruces parroquiales de San Gil, San Juan, Santa Bárbara y Santa Cruz, a la sazón, parroquias de Écija.

Contiguo le seguía un joven representando la Fe, llevando en sus manos el cáliz y la cruz, y diez jóvenes vestidas de Sibilas. Tras ellos, nueva sección de nazarenos, iguales a los de cruz, formando el cuerpo de alumbrado del “paso” del Santo Sepulcro. Trono éste que iba rodeado de una sección de diecinueve guardias romanos de infantería con clarines y dos incensarios.

Respecto al “paso” del Santo Sepulcro, escribe: “Es de una severidad y grandeza sorprendentes. Sobre artístico “paso” va colocada la sagrada urna de carey y plata, con labrados que constituyen verdaderas filigranas. En sus cuatro esquinas figuran buenas esculturas que representan a los cuatro evangelistas. Llaman justamente la atención ocho hermosos faroles de plata antigua, cuya riqueza y construcción son admirables. El adorno del —paso”, cual cumple a su severidad, era sencillo y elegante, constituyendo un derroche de riqueza y buen gusto de su camarera la señora doña Josefa García de González. El “paso” iba escoltado por la guardia civil y de él pendían seis cintas llevadas por seis señores sacerdotes revestidos de ornamentos negros”.

Detrás de este “paso” nueva sección de nazarenos con igual ropa que los anteriores y la banda municipal que daba paso a un coro de ángeles precedidos por San Miguel, la Verónica y tres Marías con lujosos trajes de terciopelo.

Acto seguido presidía la Cruz Parroquial de Santa María. A la Cruz Parroquial de esta iglesia se le daba este lugar preferente dado que la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen pertenecía a su collación y de ahí que no fuera en la formación de las demás parroquias de la ciudad. Le seguía capilla y cantores entonando estrofas del Stabat Mater, y, a continuación, el secretario de la Hermandad llevando las Reglas, que daba paso a la Junta de Gobierno, que estaba compuesta por don Manuel Martínez Capitán, don Enrique González Gutiérrez, don Macarlo Valpuesta Bernáldez y don José Quiñones Domínguez.

Como colofón, nada más y nada menos que el “paso” de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. El cronista de Nueva Écija nos lo describe así: “Sobre grandioso trono aparece esta notabilísima escultura, que se atribuye a Montañés, en que se confunde la majestad y el dolor, formando un “paso” verdaderamente majestuoso. El numeroso conjunto de luces y flores daba un aspecto maravilloso. Su adorno se debe a la camarera doña Elisa Fernández Golfín y sus hijos los señores de Aguilar Golfín.

Detrás de este “paso” y cerrando el gran cortejo iban el preste y diácono, el Tribunal Eclesiástico, y las autoridades: el Excelentísimo Ayuntamiento bajo mazas, representación militar tanto del Establecimiento de la Remonta como del Parque de Campaña, (cuartel que se encontraba situado en la calle Espíritu Santo), juez Municipal, y, cerrando la salida procesional, la guardia municipal”.

Y concluía el articulista: “Todo cuanto se diga es poco de buen gusto y orden con que salió el Santo Entierro. El público llenó materialmente las calles, siendo enorme la concurrencia en la Plaza Mayor. El Ayuntamiento y autoridades se retiraron ya anochecido, después de dar la vuelta a la plaza mayor, en cuyos balcones estaba todo el mujerío ecijano. En resumen: el Santo Entierro ha resultado un verdadero acontecimiento…”

Del archivo fotográfico de las salidas procesionales de la Hermandad del Santísimo Cristo de Confalón, hemos recuperado dos fotografías que nos amablemente nos ha cedido su hermano mayor don Ricardo Viera. En una de ella y ante el “paso” de la Virgen de la Esperanza podemos a ver a fervientes “confaloneros de toda la vida” don Ricardo Viera Guzmán, don José Cáceres Martín, don Ricardo y don Jesús Viera Muraday, don Manuel y don Ricardo López Viera en la salida procesional llevada a cabo el día 15 de abril de 1954.

En la otra fotografía donde se puede apreciar el considerable gentío congregado en la calle Mendoza en la salida procesional de esta Hermandad el día 8 de abril de 1955, podemos distinguir entre otros miembros de la hermandad a don José María Ballesteros Vidal, don Manuel Rivera Paredes, a los hermanos don Manuel y don Juan Bermudo Jiménez y al padre de éstos, don José Bermudo González; a don Antonio Losada Gómez, don Manuel Blanco Martín y don Antonio Muñoz Sánchez (administrador de los Marqueses de Peñaflor).

 

LAMINA 129. ROGATIVA CON EL CRISTO DE CONFALON.

Las rogativas ritos populares católicos en súplica, frecuentemente acompañado de procesiones, se celebran con motivo de necesidades ocasionales. Los ecijanos, a través del tiempo, han acudido a diferentes imágenes de más devoción popular en los casos de necesidades y preocupación generalizada. Y, posiblemente, una de las imágenes que con más frecuencia ha salido con este fin haya sido el Cristo de Confalón, y siempre con una petición secular en nuestra región: implorar su auxilio para remediar la sequía.

Para decidir la salida en rogativa del Cristo de Confalón la hermandad se reunía con carácter extraordinario, e incluso como fue el Cabildo celebrado el día 15 de abril de 1896, la reunión se llevó a cabo en el propio domicilio de su Hermano Mayor, el Marqués de Peñaflor. Esta convocatoria se hace a petición de don Francisco Soria, miembro de la Hermandad de “Luz y Vela”, y varios señores más, y a fin de aprobar la salida en rogativa del Santo Cristo para remediar la grave sequía que se experimentaba. Una vez debatida la petición, y si se accedía a ello, la hermandad ordenaba la salida de su titular y marcaba el itinerario. En ésta a que nos referimos, la procesión en rogativa sale desde la iglesia de la Victoria para continuar por la calle Cambroneras, a cuyo final tomó a la izquierda para seguir por el camino de la Guitarrera en dirección al Cerro de la Pólvora y desde ahí regresar al templo.

La primera salida en rogativa del presente siglo, que tengamos noticias, se aprueba en Cabildo celebrado a las quince horas del día 10 de abril de 1903, después de finalizar los cultos de las tres horas que se celebraban en la iglesia de la Victoria el Viernes Santo. En esta ocasión la convocatoria se lleva cabo a instancia de “varias personas distinguidas de la ciudad y como consecuencia de la época que se atravesaba debido a la sequía”. La hermandad aprueba igualmente su salida, pero en esta ocasión modifica su itinerario efectuándose desde la propia iglesia para tomar la calle Victoria, girar a la izquierda para seguir por la carretera de Osuna, camino de Granada, y regresar por la calle Cambroneras a la iglesia.

La salida en rogativa, que recoge esta fotografía del Cristo de Confalón desde la Iglesia de la Victoria, pertenece a la llevada a cabo con esta misma finalidad el día 4 de abril de 1929. Tiene la originalidad, con respecto a las que se han llevado a cabo recientemente, que el Cristo es portado en el propio “paso” con el que hace su salida procesional el Jueves Santo.

 

LAMINA 130. CRUZ DE NUESTRO PADRE JESUS NAZARENO.

Foto retrospectiva de la Hermandad de Jesús Nazareno a su paso por nuestra Plaza Mayor, con edificaciones desaparecidas de dicha plaza al fondo.

Traemos hasta aquí esta fotografía como testimonio gráfico de la cruz, de una de las joyas más representativas de nuestro rico patrimonio artístico que procesionaba en nuestra Semana Mayor y que hoy lo hace en la de Sevilla.

Lamentarnos hoy de la desafortunada venta de esta joya no conduce a nada. Simplemente sirva esta breve reseña histórica y la fotografía con que ilustramos la misma, como recuerdo de algo que jamás se debería repetir en nuestra ciudad.

Como se sabe, esta cruz fue enajenada por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la Iglesia de San Juan de nuestra ciudad, a la Hermandad de Las Penas de Sevilla.

Sabemos que dicha enajenación fue llevada a cabo por Ricardo Comas Fagundo, quien propuso a dicha hermandad la adquisición un domingo de Resurrección del año 196597. Tan singular cruz que vemos a hombros de Nuestro Padre Jesús Nazareno a su paso por nuestra Plaza Mayor unos años antes de su venta, es de sección rectangular, chapada de concha de carey de buen grosor, unidas entre sí por incrustaciones de plata trabajadas a buril y formando dibujos romboidales en toda su superficie. Documentalmente parece ser que la cruz fue realizada por el ebanista Juan Francisco Pareja, vecino de Andújar, entre los años 1734-1735, trasladándose a Écija expresamente para tal misión por encargo de la Hermandad del Nazareno de San Juan.

Varias autoridades, entre estudiosos y especialistas en arte, emitieron un informe al respecto en relación a nuestra cruz. Alfonso Grosso, director del Museo de Pintura, afirmaba: ” Se trata de una pieza única como trabajo y como valor artístico, que nunca más habrá ocasión de poseer y con la cual el Señor de las Penas, la Hermandad y Sevilla tendrán uno de los conjuntos más bellos de nuestra Semana Santa”. Por su parte, don José Sebastián y Bandarán, presidente, a la sazón, de la Academia de Buenas Letras manifestaba: “De singular belleza y mérito artístico, sería lamentable que tan interesante atributo no fuera adquirido por la cofradía a la que se le ofrece, dejando perder esta ocasión que no se repetirá, de enriquecer la hermandad con esta singular bellísima alhaja” “.

La venta, que contó a instancias de la hermandad sevillana con la oportuna autorización eclesiástica, fue rápidamente concertada, toda vez que los informes no podían ser más positivos.

La enajenación fue aprobada por la Hermandad de Las Penas en Cabildo. Los informes hicieron variar el pensamiento a muchos cofrades de las Penas e inmediatamente se resolvió la adquisición. Efectivamente, si el día 22 de abril de dicho año ya se contaba con la autorización eclesiástica, en sólo tres días posteriores se concertó la definitiva compra.

Acto seguido es trasladada a Sevilla. Ni que decir tiene que la compra fue largamente comentada en la capital hispalense. La propia Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, en sesión de 30 de abril, felicitaría a la Hermandad de las Penas, por la adquisición de dicha cruz de carey y adornos de plata. En 15 de abril de 1969 presidió el altar levantado efímeramente ante el Casino de la Exposición con motivo de la Feria de Muestra Iberoamericana.

Si para la Hermandad de Las Penas la adquisición de la valiosa cruz fue de gran gozo, ni que decir tiene que para la mayoría de ecijanos, cuando tuvimos noticias de su venta, y a la que éramos ajenos, nos invadió una gran pena.

Nos queda a los ecijanos como consuelo la satisfacción de participar de forma especial con una gran pieza artística en la sin igual Semana Santa sevillana.

 

LAMINAS 131 y 132. ALTAR DE CULTOS A JESUS ABRAZADO A LA CRUZ.

Altar alzado con motivo del Solemne Quinario de Nuestro Padre Nazareno Abrazado a la Cruz, que se venera en la iglesia parroquial de Santa Cruz. La hermandad, cumpliendo uno de sus piadosos fines, que era la celebración de los solemnes cultos a sus titulares, elevaba este esplendoroso altar. Siendo hermano mayor don José Martínez Martínez la cofradía fue reorganizada, volviendo nuevamente a llevar a cabo sus salidas procesionales. La predicación de los Solemnes Quinarios, venía estando a cargo desde el año 1928, hasta que falleció, por el reverendo padre don Antonio P. Díaz de Castro, Misionero del Corazón de María de la Residencia de Sevilla, a quien se distinguió con el título de Hermano Honorario, por el aprecio y cariño que dispensaba a la Corporación. Al fallecer el predicador en 4 de abril de 1931, fue sustituido en la ocupación de la Sagrada Cátedra por don Fernando Torralba y García de Soria.

El anual y Solemne Quinario en honor de Nuestro Padre Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz que tuvo principio en 10 de febrero de 1932 con la predicación a cargo del Presbítero y Abogado Dr. Don Fernando Torralba y García de Soria, finalizó el domingo 14 de febrero de dicho año con la bendición del Estandarte de la Hermandad. Una nutrida capilla de orquesta y voces ejecutó un escogido repertorio musical en honor y alabanza de tan Sagrada Imagen.

Si en la reorganización de la hermandad tuvo mucho que ver su hermano Mayor don José Martínez, también a él se le deben las obras de restauración del camarín, capilla y altar, que se alza en la nave del Evangelio de la Iglesia Parroquial de Santa Cruz y donde se da culto a los titulares. La bendición tuvo lugar el domingo 22 de diciembre de 1929 a las once de la mañana, contando con la asistencia, además de su hermano mayor, del coronel del Depósito de Recría y Doma y miembros de la Comisión Gestora de las obras realizadas. Frente a la presidencia ocuparon primeros puestos el hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, don Juan Vargas, el de la Pontificia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, don Manuel Pastor, el de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y Cristo de la Exaltación, don Luis Cardoso, y otros miembros de las hermandades citadas.

Ofició en la bendición el párroco de dicha iglesia, don Fernando Torralba, por delegación expresa del Emmo. y Rvdmo. Sr. don Eustaquio Ilundáin y Esteban, Cardenal Arzobispo de Sevilla, celebrándose a continuación solemne misa cantada por el señor cura párroco, asistido de diácono y subdiácono. La misa solemne contó con la capilla de orquesta y voces dirigida por el maestro Guerrero.

LAMINA 133. ALTAR DE CULTOS A NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD.

De extraordinario interés artístico es esta fotografía realizada a principios de siglo, correspondiente, a un apartado poco estudiado en nuestra ciudad: los altares efímeros, que merecen también un lugar especial dentro de la religiosidad del pueblo.

Esta hermandad, como se sabe, se encuentra erigida canónicamente en capilla propia, que forma una de las naves de la iglesia del que fue Convento del Carmen Calzado hasta la exclaustración, templo que fue regido por la comunidad de Padres Salesianos, y hoy es una de las seis Parroquias de la ciudad.

Su cofradía consta en la actualidad de tres “pasos”. El de la Quinta Angustia o de la Cruz espléndida pieza de carey con remates de plata, en cuya delantera figura un grupo de la Piedad – Virgen con el Cristo sobre su regazo, San Juan y unos Santos Varones-, que algunos autores fechan hacia 1500, pero de policromía reciente. El del Santo Sepulcro, urna de carey y plata de singular mérito artístico y en la que va la imagen de Jesús yacente, importantísima escultura de expresión hondamente patética, también de época idéntica al grupo anterior. Y el trono de Nuestra Señora de la Soledad, titular de la primitiva Cofradía, de gran veneración en el pueblo ecijano y que dio origen a la Hermandad, imagen que fechan en torno al primer cuarto del siglo XVIII.

En su fundación la cofradía fue de penitencia y disciplina. En los tiempos actuales es de luz y sus desfiles procesionales son ejemplo de devoción y recogimiento, impresionantes por su orden y por la compostura y silencio con que el pueblo, que abarrota las calles de su carrera, presencia su paso. En el cortejo figura el elemento oficial y representaciones de las demás Hermandades y Cofradías, pues, por decreto de la Secretaría de Cámara del Arzobispado de 19 de julio de 1879, al agregar a su título antiguo de Nuestra Señora de la Soledad el del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, se decía que se hizo así para que gozase de las preeminencias y consideraciones que por ello le correspondian.

Desde el 23 de noviembre de 1854, en que su Majestad la Reina se honró con aceptar el cargo de Hermano Mayor, ostenta el título de Real.

Joya de la hermandad son los espléndidos faroles de plata decorados en rocalla, de la segunda mitad del siglo XVIII, que llevan los punzones de los plateros Aranda y Castro, y que sin duda alguna, han servido de inspiración y modelo, reproduciéndose por otras cofradías sevillanas para adorno de sus “pasos”.

La imagen de Nuestra Señora de la Soledad que fue restaurada en 1988 por María Ugarte Monasterio, es de rostro bellísimo, de entrecejo levemente fruncido, temblorosos labios, pálidas carnaciones y lágrimas que resbalan por sus tersas mejillas, es un logrado ejemplo de dolor letífico. La corona, de original factura, conserva el punzón del contraste Aranda al igual que la media luna, que lleva también el punzón de Damián de Castro como autor. Y en la ráfaga aparece este último como autor y contraste. Todas estas piezas de platería, decoradas con rocallas, pueden fecharse hacia 1770. La media luna, con una estrella en cada punta, incluye, entre las rocallas emblemas pasionista, por ejemplo, las tenazas, el martillo, el flagelo, la corona de espinas la escalera, la lanza, etc.

Destacar, por último, la capilla de la Soledad y de sus imágenes, uno de los ejemplares más celebrados en la ciudad en orden religioso y en la que reciben culto aquellas, verdadero orgullo de la piedad ecijana y cuya fama traspasa el ámbito de su pueblo, teniendo renombre por toda Andalucía.

 

LAMINA 134. ALTAR DE CULTOS DE LAS SIETE PALABRAS. CRISTO DE CONFALON.

Anualmente en Cuaresma y desde tiempo inmemorial la Real Hermandad del Santísimo Cristo de Confalón viene celebrando en el Ex-Convento de la Victoria y en honor de sus titulares, los Solemnes Cultos llamados de las “Siete Palabras”.
Dichos cultos, que dan comienzo un lunes, se inician con una misa rezada, el rezo del Santo Rosario, y, a continuación los ejercicios del Septenario, para cuyo fin la hermandad encomienda la ocupación de la sagrada cátedra a un predicador de reconocido prestigio de la ciudad o bien de cualquier Congregación Religiosa andaluza, para finalizar con la exposición del Santísimo, Bendición Sacramental y Reserva.

Concluyen los cultos el domingo con la tradicional y Solemne Función Religiosa llamada de “Los Labradores”, pues la intención principal es pedir al Señor por una cosecha abundante. Ocupa la cátedra el predicador que lo ha venido haciendo durante la semana. En el transcurso de los días del Septenario visita esta iglesia el Jubileo Circular de las Cuarenta Horas, que se aplica por las necesidades de España y por los difuntos de la hermandad. El último día del Septenario tiene lugar la Comunión General, con lo cual los hermanos cumplen así con el precepto pascual.

Como testimonio gráfico la hermandad guarda esta interesante fotografía realizada por el fotógrafo local don Manuel Salamanca y que corresponde al altar alzado con motivo de los cultos celebrados el año de 1918. No consta en los libros de cabildos la persona encargada de levantar el altar de cultos que recoge la ilustración. No obstante, pensamos que fue don Emilio Pérez, toda vez que en Cabildo posterior se le encomienda llevar a cabo este trabajo.

LAMINA 135. CARROZA DE LA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA.

La llegada a nuestra ciudad de la Comunidad de Padres Paúles acaecida en 1906, que viene a ocupar el vacío que dejaron los franciscanos en el exclaustrado Convento de San Francisco, supuso, de la mano de jóvenes sacerdotes, que tomaran un importante auge determinadas celebraciones fundamentalmente no festivas, como la conmemoración religiosa de la Medalla de la Milagrosa, que durante tiempo adquirió singular arraigo popular y que transcendió desde el templo a la calle.

Además de la salida procesional de la carroza de la Virgen de la Medalla Milagrosa, cuya ocasión correspondiente al año 1919 podemos ver en los actos preparatorios en el compás del convento, tuvieron también importante auge los “seises” de la Milagrosa, que con indumentaria propia formaban coros en los actos solemnes que se celebraban en honor de la Virgen, así como en sus salidas procesionales. Los “seises ecijanos” que formaron parte de los cultos celebrados en noviembre de 1936, fueron los niños Antonio Valseca Ruiz, Tomás Rojas Wals, Antonio Elías, Manolo Díaz, Jacinto Valseca, Daniel Valpuesta, Santos Valseca y José Valpuesta (éstos dos últimos hoy jesuítas), Manuel Muro, Cristóbal Madero, Francisco Díaz y Juan Valpuesta.

LAMINA 136. RETABLO MAYOR DE SANTA CRUZ EN SANTA MARIA.

Cerrada al culto la Iglesia de la Purísima Concepción, que perteneció a los religiosos Mercedarios Descalzos hasta la exclaustración, pasó después de su secularización a propiedad del Ayuntamiento. El edificio quedó, como consecuencia de su cierre, en un estado progresivo de ruina que no sólo afectó a su estructura sino también a todos los altares y mobiliarios religiosos, especialmente al altar mayor. Se sabe en relación a este altar que en cabildo de 23 de julio de 1726 se “conoció un memorial de P. Comendador y demás religiosos del convento de Nuestra Señora de la Concepción de Mercedarios Descalzos, en que pidieron que en atención a su pobreza y a tener alguna madera para hacer un retablo en el altar mayor para que esté con más decencia el Santísimo Sacramento y Nuestra Señora y demás Santos, les socorra la ciudad con alguna limosna para los costosos gastos de dicho retablo, lo que será muy acepto a los ojos de Dios.

A la vista del peligro que corría este altar y con motivo de los sucesos revolucionarios de 1936, toda vez que a esta iglesia se le estaban dando diferentes usos: almacén, alojamiento de familias damnificadas, etc…, siendo el arcipreste de la ciudad y párroco de la iglesia de Santa María don Francisco Domínguez, dispuso que se desmontase de la Iglesia de la Purísima Concepción y se trasladase a su iglesia, colocándolo en la nave del Evangelio, en cuya hornacina quedó para su culto la imagen de la Virgen del Pilar.

No fue del agrado del párroco de Santa Cruz que este altar mayor fuera colocado en la de Santa María, pese a que el señor arcipreste, y en unión de un grupo de ecijanos, en unas fechas de graves acontecimientos políticos, participaron de forma eficaz en su traslado y su custodia, y con ello evitaron lo que era un fin seguro del altar: su destrucción. Tal fue la insistencia del cura párroco que elevó un escrito de protesta al Arzobispado sevillano, fundamentando su postura en que si había alguna iglesia de la ciudad que tenía que recibir el altar esa era la suya, toda vez que la exclaustrada iglesia de la Concepción pertenecía a su collación, además de la necesidad que tenía la Parroquia Mayor de poseer un retablo de la categoría del altar objeto de controversia.

Tuvieron que ser suficientes las razones del párroco de Santa Cruz que el arzobispado dispuso que el altar fuera desmontado de la iglesia de Santa María y trasladado a la de Santa Cruz, no sin la lógica rabieta del señor arcipreste. Efectivamente, desde 1950 y después de algunas reformas para su adaptación, preside la Parroquia Mayor de Santa Cruz y su hornacina principal la ocupa hoy la Virgen del Socorro, importante escultura que el señor Hernández Díaz atribuye al círculo de Jerónimo Hernández, de hacia 1575.

 

LAMINA 137. ENTRONIZACION DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS.

La espiritualidad de los ecijanos ha tenido múltiples manifestaciones a través de los siglos. Bueno es recordar aquí algunas de ellas:

1.- En nuestra ciudad se fundó el Mes del Rosario por el R.P. ecijano don José María del Rosario Peralta Márquez, domínico. Fundación que tuvo lugar en la iglesia conventual de San Pablo y Santo Domingo hacia el año 1856. El Papa León XIII extendió esta devoción del mes del Rosario a la Iglesia Universal el año 1883. El origen de la devoción del mes del Rosario, fue editado en Sevilla en 1867, siendo su autor el Padre Morán.

2.- Haber sido una de las primeras ciudades que defendió el Dogma de la Inmaculada Concepción. En agosto de 1615 el cabildo ecijano hizo la promesa, voto y juramento de creer, enseñar y defender el misterio de la Concepción Inmaculada de María.

3.- La Iglesia de Santa Bárbara, en 1738, fue la segunda de España en la que se dio culto al Sagrado Corazón de Jesús. A partir de entonces fue enriquecida con privilegios e indulgencias según consta en las Bulas de los Sumos Pontífices Benedicto XIX en 1746 y Pío VI en 1776. Para perpetuar el acto el Apostolado de la Oración establecido canónicamente en dicha iglesia el día 3 de diciembre de 1892, le dedicó la lápida que se conserva en el templo.

Con el fin de dar culto público a los Sagrados Corazones de Jesús y María fueron adquiridas a comienzos del año 1898 por las fervientes devotas doña Francisca Villanueva Prat y la Señorita Concepción Cabrera Domínguez, dos imágenes para ser colocadas en el altar mayor de dicha iglesia de Santa Bárbara.

Esta señoras poco tiempo después, en 23 de junio de 1898, a fin de embellecer y aumentar el culto a dichas imágenes, costearon de su propio pecunio dos pedestales de madera, pintados en blanco con dorados y dos ráfagas, también en madera dorada. Para el exorno del altar mayor sufragaron la construcción de cuatro repisas, pintadas en blanco con dorados para ser colocadas dos a cada lado del altar mayor.

Pero no quedó aquí la cosa. Estas mismas personas sufragaron la instalación eléctrica, con todos los aparatos y accesorios de dicho templo., a excepción de la del pórtico y archivo.
La entrega material, tanto de las ráfagas, peanas como las repisas, fue hecha al párroco de la Iglesia don Antonio Jiménez Blanco, mediante acta notarial, por la cual se reservaron “para siempre, la propiedad y dominio y el derecho de disponer de la instalación, ráfagas, pedestales y repisas, pudiendo retirarlas a su voluntad del templo”, extremos éstos que aceptó expresamente el cura párroco.

Pero el acto más importante del pueblo ecijano tiene lugar el día 26 de mayo de 1926, al consagrarse la ciudad al Sagrado Corazón de Jesús. De este acto queda como testimonio una vieja fotografía, donde se puede apreciar la masiva asistencia de fieles que se concentraron frente al Ayuntamiento.

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús quedó a partir de ese día presidiendo el salón capitular, pero la proclamación de la República en 1931 hizo que esta imagen tuviera que ser trasladada desde las Casas Consistoriales al día siguiente al de dicha proclamación.

El traslado de dicha imagen, llevado a cabo entre un notable clima de tensión, lo recoge un semanario local”. mediante una breve nota de prensa que reproducimos por su interés: “Procesionalmente y bajo palio fue trasladado el Corazón de Jesús que se hallaba entronizado en el Ayuntamiento a la Iglesia de Santa María, acompañado de señoras y caballeros. Debido a un incidente que pudo tener consecuencias desagradables, se nos ruega por la Junta Municipal republicana la publicación de lo siguiente:

“Ciudadanos. Por primera vez la voluntad del pueblo, representada en el Gobierno de la República, se ha tratado de que sea insultada por elementos reaccionarios, contestando a la actitud pacífica y respetuosa para con todo el mundo, con la provocación insolente. Los elementos que en estos instantes supremos para la vida de España representan en este municipio la voluntad popular siempre aconsejaron la cordura, el más absoluto orden y respeto. A esta actitud honrada y pacífica se ha respondido de una forma impropia de personas cultas, el intento de provocación hecho por los elementos clericales fue cortado por la actitud enérgica y serena de nuestro alcalde, habiendo recibido la ciudad las satisfacciones debidas por parte del señor Arcipreste, como representante del clero. Pero tengan presentes los partidarios del desorden, que, si el pueblo al verse atropellado por quien trata de evitar que España disfrute de una vida más humana y más justa, si abandona el camino que se ha trazado y responde con el castigo que merecen, sólo ellos serán responsables de los acontecimientos que puedan derivarse y nosotros no consentiremos en modo alguno que la soberanía popular sea ultrajada. Écija, 15 de abril de 1931. La Junta Municipal Republicana”.

Concluida la guerra civil, el Ayuntamiento ecijano, por acuerdo de la Corporación Municipal, dispuso la reentronización de la Sagrada Imagen que años antes había sido retirada de la Casa Ayuntamiento, a las once horas del día 16 de junio de 1939, para lo cual asistiría bajo mazas la Corporación Municipal a la función que tendría lugar en la Iglesia de Santa Bárbara. Solicitando del Arciprestazgo se cursaran invitaciones al clero secular y regular de la ciudad, como a las Hermandades y Cofradías canónicamente establecidas en la misma, y ordenando repique general de campanas en la tarde del día 15 a las 8:00 horas y a las 10:30 de la mañana del día siguiente.

Entre otros actos previos tuvo lugar una solemnísima novena en la Iglesia de Santa Bárbara, a la que asistió una comisión del Ayuntamiento. A las ocho de la mañana del día 16 de junio de 1939 se celebró la función principal, siendo en ella la Comunión General, a la que asistió la Corporación Municipal bajo mazas, comandante Militar de la Plaza con los oficiales a sus órdenes, Juez de Instrucción, mandos de la Falange, y otras autoridades. “De especial significación resultó el hecho de que las autoridades se acercaran a recibir la Sagrada Comunión, pues era la primera vez que lo hacían corporativamente.

Más tarde, a las once de la mañana en la Parroquia de Santa María, donde la imagen recibía culto desde que fue retirada del Ayuntamiento el día 15 de abril de 1931, por imposición de las autoridades de entonces, volvieron a reunirse las mismas personalidades asistentes a la función de la mañana, además del General de la 2′ División de Caballería don Plácido Gete, y las Parroquias de la ciudad con sus cruces y todo el Clero secular y regular. Expuesto el Santísimo, se cantó un solemne Te-Deum. Acto seguido el Arcipreste don Francisco Domínguez Fernández, se subió al púlpito y dirigió a la multitud de fieles una alocución anunciando la celebración de Santa Misión General para el mes de octubre además de la edificación de un monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el lugar llamado “El Royuelo”.

Desde la Parroquia se organizó una procesión, que dando la vuelta a la Plaza de España, terminó en el Ayuntamiento. Los niños y niñas de las Escuelas, a lo largo de la carrera, entonaron cánticos piadosos, arrojando flores al paso de la imagen.

Ya en el salón capitular, por el señor Alcalde fue leído el acto de consagración, cumpliéndose seguidamente las demás ceremonias prescritas para la entronización, terminando el acto, con grandes y entusiásticas aclamaciones, colocándose por el mismo señor Alcalde, sobre la puerta principal de la Casa Ayuntamiento, la placa que antes existió del Sagrado Corazón, que también fue retirada en la fecha antes dicha, y depositada en la Parroquia de Santa María.

Ignoramos actualmente el destino de esta imagen. Según nos han manifestado con motivo de una reciente exposición realizada en el salón de plenos, fue retirada de su lugar y “cedida” a una iglesia de la ciudad. Ignoramos en las condiciones en que se ha llevado la misma y si dicha “cesión” ha contado con el beneplácito de nuestra Corporación Municipal.

 

LAMINA 138. ENTRONIZACION DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS EN LOS HOGARES ECIJANOS.

Concluidos los actos de reentronización de la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús organizados por el Ayuntamiento de Écija, en la Iglesia de Santa Bárbara se continuaron celebrando anualmente los cultos en su honor. La Excma. Corporación Municipal, en sesión ordinaria de 30 de mayo de 1945, y haciéndose eco del sentir de la petición formulada por la Junta Parroquial de Santa María y Santa Bárbara, acordó por el voto unánime asistir anualmente y bajo mazas a las funciones y procesiones religiosas de tan venerada imagen, y además a las de la Santísima Virgen del Pilar, que se celebraban respectivamente en las Iglesias de Santa Bárbara y de Santa María Nuestra Señora.

Pero además de los cultos, en la iglesia de Santa Bárbara, y salida procesional por las calles de la localidad, los ecijanos celebraban otro acto de carácter mucho más íntimo: la entronización de la Imagen del Corazón de Jesús en sus hogares. El acto consistía en la bendición de una pequeña imagen o cuadro que a partir de entonces ocupaba un lugar preferente en el hogar familiar, colocándose además una pequeña placa en la puerta o cancela del inmueble como testimonio de veneración de las que aún se conservan un buen número en nuestra ciudad.

La fotografía que hemos podido recuperar de tan entrañable acto recoge la entronización privada en el año 1926 en el hogar cristiano de los señores don Daniel Valpuesta Aparicio y doña Dolores Güeto Rivas, sito en calle Del Conde número, 33. En la instantánea podemos ver a los señores Valpuesta-Güeto, con sus hijos, familiares, amigos y algunos sacerdotes de la vicaría de Ecija. Entre ellos, se encuentran don José Jiménez Aguilar, coadjutor de Santa María; don José Bonet, Superior de los Salesianos; don José Ojeda Ruiz, párroco de Fuentes de Andalucía; don José Ballesteros, coadjutor de Santiago; don Francisco Domínguez, Arcipreste de la ciudad; don Rafael Fernández García, Párroco de Santiago; y don Antonio Laorden Hernández, capellán de las Hermanitas de los Pobres.

Para conmemorar el acto era costumbre repartir un artístico “detente” y estampas conmemorativas, que aún recuerdan y guardan con celo muchos hogares ecijanos.

 

LAMINA 139. MONUMENTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL VALLE, PATRONA DE LA CIUDAD.

Dentro del denominado “mobiliario urbano” nuestra ciudad cuenta con dos triunfos erigidos en honor a sus patronos: el de San Pablo, ubicado en el Parque del mismo nombre, y el de la Virgen del Valle, situado en la Plaza de Santa María. A través de ellos se manifiesta la devoción popular y están costeados en su totalidad por donaciones particulares. Ambos se encuentran erigidos en lugares estratégicos, relacionados uno de ellos con la tradición, como es el caso del San Pablo, y en el caso de la Virgen del Valle, en una de sus plazas principales. Estos triunfos fueron construidos en Écija en la segunda mitad del siglo XVIII y en ellos se observa la ostentación decorativa y escenografíca típica de la escuela ecijana trasladada a la piedra, mezclando influencias externas aportadas por maestros canteros procedentes de distintas localidades que poseían en su tradición arraigo del corte y talla de la piedra.

El triunfo de la Virgen del Valle consta documentalmente que fue erigido en 1778 por la devoción del Coronel de Caballería don Francisco Reinoso y Espinosa y en 1868 se le incoó un expediente para su derribo, basándose en que dicho monumento amenazaba ruina, considerándoselo como un obstáculo para personas y carruajes, que quitaba la vista a la puerta principal de la iglesia de Santa María y que servía de muladar a las casas vecinas que estaban en mal estado.

En Cabildo Ordinario celebrado el 7 de noviembre de 1868 se dio cuenta de una solicitud del cura de la Parroquia de Santa María, quien en representación de varios feligreses ofrecía costear la restauración de dicho triunfo. Poco después, el 1 de diciembre del mismo año, la Condesa de Valverde propuso al Ayuntamiento correr con los gastos de su restauración, incluyendo también la colocación de cuatro faroles para la iluminación nocturna, a lo que accedió el Cabildo.

Con posterioridad a esa fecha, y que tengamos noticias, no es sometido a nueva restauración hasta el año 1926. Tal es así, que con motivo de la festividad de nuestra Patrona, el día 8 de septiembre de 1926, y para perpetuar el recuerdo de ese día y del acto, el Cronista don José Martín Jiménez publica un poemario en octavas reales.

“El Duende de Cañato”, seudónimo con que firma el cura párroco de Santiago, en el prólogo de esa obra escribe: “El prodigio liase realizado tras no pocos esfuerzos y sacrificios: y el próximo día 8 de septiembre en que con la Iglesia celebramos la arrobadora festividad de nuestra Reina y Señora, se inaugurará, ya artística y delicadamente restaurado, ese monumento, faro salvador y símbolo perenne de los santos quereres que aquí se profesan a la Madre de Dios.

Y, por último, recordar la restauración llevada a cabo en 1992, en la que por iniciativa municípal se procedió a su limpieza y consolidación, colocándose un nuevo alumbrado público, así como enmarcando su perímetro con marmolillos unidos con cadenas, inspirados en fotografías históricas.