MARQUESADO Y PALACIO DE BENAMEJI
POR D. JUAN MENDEZ VARO (AMIGOS DE ECIJA – 1988)

PROLOGO

Nace JUAN MÉNDEZ VARO, en Ecija, y el tórrido calor del verano de su ciudad le inflama desde muy joven con la inquietud del saber. Realiza sus estudios de bachillerato en el Instituto San Fulgencio, simultaneándolos con su profesión de oficial de Notaría. Su ocupación le ofrece la oportunidad de contactar con un rico manantial de cultura y un impresionante legado de datos de la más diversa índole sobre la vida ecijana en pasadas épocas; el archivo notarial. Y lo que para otros podría ser una obligación mal llevada, para el autor de esta monografía es atracción irresistible, lo que le induce a dedicar sus horas libres a la reorganización y el estudio de sus fondos documentales.

Pero su entrega al estudio e investigación no se explicaría ni tendría un fundamento firme sin su indiscutible amor por Ecija. Esa es la razón de que no se conforme con su enriquecimiento cultural personal o con el ofrecimiento de algunas obras para que los demás disfrutemos de ellas, sino que se dá en cuerpo y alma a la acción, y fruto de esa posición es su actuación como cofundador en la ASOCIACION DE AMIGOS DE ECIJA, en la que desempeñó una importante labor como Director y Secretario, en defensa del patrimonio Histórico, Artístico y Cultural y Popular ecijano.

Coordina y hace posible desde esos puestos de responsabilidad diferentes publicaciones sobre nuestra Ciudad, entre ellas las monografías de Palacios e Iglesias de Ecija, Guía Turística y folletos, el libro titulado “San Pablo Apóstol y la Ciudad de Ecija—, reedición de una obra de don Manuel Ostos y Ostos, la Guía de los Conventos Ecijanos, etc… labor que atestigua su indesmayable ilusión y su minuciosa rigurosidad, sin escatimar tiempo ni dedicación por las cosas de su Ciudad.

El autor comienza su trabajo lamentando la falta de investigación sobre nuestro acontecer y pasa revista a las publicaciones sobre Ecija, desde el siglo XVII, hasta la actualidad, en las que eminentes autores ya incidían en este mismo tema. Hace a continuación un homenaje al que podríamos calificar de segundo amor, después de su comprensiva esposa e hijos, el Archivo de Protocolos de Notarías, uno de los más importantes de Andalucía, con el que diríamos que “convive” a diario por dedicación profesional y vocación acendrada, y del que ha extraído la mayor parte de los datos de su obra, poniéndonos en antecedentes de su riqueza documental.

Inicia su trabajo con una introducción a la importancia de la nobleza en Ecija y sigue a través de los testamentos, herencias, contratos y demás documentos notariales, la historia de la familia en su solar ecijano, de su palacio y propiedades, y el entronque con la del Marquesado de Peñaflor y los Condes de Valverde. Bucea en los protocolos de matrimonios y entierros y sobre la aridez de datos y la monotonía de fechas y cantidades tiende un velo de intereses y curiosidad. Utiliza perfectamente la riqueza de la documentación para extraer inventarios que nos acercan al conocimiento de la magnificencia del Palacio con gran minuciosidad, pero sin caer en el tedio.

Nos comunica noticias curiosas sobre visitas reales y nobiliarias a la mansión señorial, y recoge testimonios de diversos autores sobre la arquitectura y construcción de la Casa. Estudia, paso a paso, el proceso de compra del Palacio por parte del Ayuntamiento ecijano a principios de siglo y su cesión ala Remonta, así como la realización de obras de restauración para la instalación del cuartel, todo ello en el marco de un gran esfuerzo de gestión y económico que llevó a cabo el municipio entendiendo que redundaría en beneficio de la Ciudad.

Esta obra es una aportación fundamental, y prácticamente la primera, para resaltar la verdadera importancia del Palacio de Benamejí, por su monumentalidad arquitectónica, y su singularidad artística dentro de los edificios ecijanos.

José E. Caldero Bermudo

MARQUESADO Y PALACIO DE BENAMEJÍ

Permítanme un breve preámbulo a este modesto trabajo dedicado a la familia BERNUY y a uno de los más bellos palacios de Andalucía: el de BENAMEJI. Buena parte de los datos que aquí se exponen están extraídos de dos de los más ricos archivos de la provincia de Sevilla, el de Protocolos y el Municipal de Ecija, tesoros por cierto prácticamente olvidados por muchos de nosotros pese a contener una ingente riqueza documental, que yace empolvada, de esta milenaria, artística y monumental mental Ciudad de Ecija. Porque en nuestros viejos papeles -tanto notariales como los del municipio- se encuentra nuestro pasado, y con ellos tenemos que reconstruir real y fielmente nuestra historia, poner todos los ecijanos nuestro empeño, además de nuestro esfuerzo en su conservación. De ahí que me haya animado a publicar, de forma resumida, parte de la documentación que a través de muchas horas de investigación he podido estudiar de este marquesado en estos archivos y dar a conocer apuntes que pueden ser importantes para nuestra historia. Porque la historia de Ecija, y en especial su SIGLO DE ORO, está en gran parte desconocida. Las escasas publicaciones existentes sobre nuestra ciudad se encuentran agotadas, y en algunas existen importantes lagunas. Veamos lo que dicen algunos autores: El presbítero don Manuel Varela y Escobar, en su obra BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE ECIJA, escribe: “Durante la dinastía de los Borbones hasta Fernando VII no hemos podido averiguar los servicios que Ecija prestara, por habernos sido imposible consultar la verdadera fuente histórica, o sea, el archivo municipal, cuyos documentos, desparramados y confundidos, no se han coleccionado todavía”.

Otro escritor, Juan María Garay y Conde, en su obra HISTORIA DE ECIJA, publicada en 1851, nos dice entre otras cosas: “Habrá, sin embargo, quien note nuestro silencio sobre los acontecimientos ocurridos desde el año 1814 hasta el día, y tenga tal vez por una falta de consideración esa omisión, porque es cabalmente el periodo en que han ocurrido novedades de gran interés en nuestro suelo”.

Todo ello nos anima a seguir investigando y a instar a todos los estudiosos sobre la historia de Ecija a que aporten, aunque sea en modestas monografías, sus trabajos, para tener así un mayor conocimiento de la riqueza histórica de esta milenaria ciudad.

Ya entrando de lleno en materia, y más concretamente en la vida de este Marquesado, comenzaremos con una pequeña introducción a la nobleza destacando la importancia que tuvo en nuestra Ciudad.

Como se sabe, la nobleza, desde sus orígenes, participaba tradicionalmente del poder detentado por el rey. En España, el reformismo borbónico del siglo XVIII le hizo perder parte de su influencia en el gobierno central, pero siguió conservando su poder, riqueza y privilegios.

Las reformas inauguradas por las Cortes de Cádiz llevaron a la abolición de los señoríos jurisdiccionales y de los privilegios, pero asimilaron los señoríos territoriales o solariegos a la propiedad, con lo cual la nobleza sigue siendo una poderosa clase latifundista.

Los títulos de nobleza fueron creados desde la Alta Edad Media: Barón, Conde, Vizconde, Marqués, Duque, etc., y más tarde aparecieron otras nuevas categorías: Hidalgo, Caballeros, Grandes de España. En nuestro país, los títulos nobiliarios comenzaron a usarse en la época visigoda, se suprimieron en la II República y reaparecieron en 1939.

En nuestra ciudad se afincan un buen número de familias nobles.

En los siglos XIV y XV figuran ya avecindadas las casas de los Aguilar, Garcilaso, Sánchez de Badajoz, Figueroa, etc. Y en los siglos XVI al XVIII lo hacen otras familias, entre ellas tenemos i les Cárdenas, Cabrera, Tamariz-Martel, Alcántara y la de BERNUY.

La Familia Bernuy, de origen antiguo y noble linaje, se establece en España desde principios del siglo XV. El más rancio varón de esta casa que está en las crónicas y de que se tiene noticias es GUILLERMO DE BERNUY, Vizconde de Carmain y de Lautrec, que vino a España en los comienzos del citado siglo, nombrado por el Rey de Francia Virrey y Gobernador General del Condado del Rosellón.

Diego de Bernuy, que fue el primero que se estableció en España en la ciudad de Ávila, donde contrajo matrimonio con doña Catalina González Dávila; ambos fundaron el Monasterio de San Jerónimo de Talavera. Este Diego de Bernuy fundó y dotó la capilla del Rosario del Monasterio de Santo Domingo de Avila, por escritura hecha en 25 de abril de 1486 ante el escribano don Alfonso Alvarez, el patronato y entierro donde fue sepultado. En la bóveda se puso una lápida “Aquí yace el muy honrado y noble Diego de Bernuy, el cual dió renta a esta Casa y fue el primero que se enterró en esta Iglesia, año de 1487”. De su matrimonio tuvo 9 hijos. El primogénito de éstos, llamado también Diego Bernuy pasó a Burgos, donde fue Regidor perpetuo y casó con doña Isabel Orense de la Mota, ambos fundaron mayorazgos ante el escribano don Jerónimo Santacruz en la ciudad de Burgos el día 21 de febrero de 1533, del señorío del Castillo de Zumel y su torre en el Valle de Santibáñez, en los Molinos de Palonear, las tierras de Valdecardeña, y las heredades de Villaverde del Monte y las de Villafuentes y Villargómez y su comarca, a las cuales se agregó, por compra posterior, el heredamiento, casa-fuerte y jurisdicción de Tomillo con un dilatado término cerrado, sacándose de ello Real Facultad en 7 de Junio de 1.539. Unióse después a este mayorazgo la villa, señorío y jurisdicción, vasallaje y alcabalas de Alcalá del Valle (Cerca de Ronda), y más adelante se agregó todo el estado de Benamejí en la provincia de Córdoba, con sus diezmos y señoríos espiritual y temporal, incluyéndose el famoso castillo de Gómez Arias. Según Bethancourt (Anuario, tomo de 1885, página 50), el Estado de Benamejí y el Castillo de Gómez Arias, lo compraron a los infantes de España de estos Reinos, por escritura de 24 de diciembre de 1518. El primogénito de los 8 hermanos, Diego Bernuy Orense de la Mota, fue Regidor Perpetuo de Burgos por Real Cédula despachada e18 de julio de 1548.

FADRIQUE IÑIGO DE BERNUY, Mendoza, Altamirano, Quezada, Bazán y Benavides (IV Marqués de Benamejí), Señor de lo Temporal y Espiritual en dicha Villa, Sexto Mariscal de Alcalá del Valle, Señor de la Casa Fuerte de Tornillos, y de la Puebla de Palenciana, Alcaide Perpetuo del Castillo de Gómez Arias, Señor de Zumel en Castilla, Patrono de las Iglesias de Benamejí y del Convento de los Descalzos de ella, del Colegio del Santo Ángel en Sevilla, que es de la misma Orden, y del insigne Hospital de Burgos, sucedió por muerte a su sobrino DON JUAN IGNACIO DE BERNUY (III Marqués de Benamejí) Gentil Hombre de Cámara, y del Señor Rey don Carlos II, y Merino de la Señora Reina doña Mariana.

Fadrique Iñigo de Bernuy era hijo de DON JOSE DIEGO DE BERNUY (I Marqués de Benamejí), mayordomo del señor don Juan de Austria expidiéndose carta con fecha 4 de septiembre de 1.674, y de DOÑA. ANTONIA DE ACUÑA Y ALTAMIRANO, hermana de don Luis de Acuña, IV Marqués de Valleserrato, Notario Mayor del Reino de León. Este marqués don Fadrique Iñigo, por varonía, fue además nieto de don Juan de Bernuy, de la Orden de Calatrava, y hermano segundo de don Diego, de la Orden de Santiago (muriendo en Torrejón de Velazco, caminando a Madrid para casarse con doña Antonia de Mendoza, Dama de la Reina, e hija de los Condes de Castrojeriz.

Con el paso del tiempo tenemos una circunstancia muy especial que hace que este marquesado se afinque definitivamente en nuestra Ciudad. Fadrique Iñigo Bernuy, que es señor de lo Temporal y Espiritual de la villa de Benamejí, Señor de la Casa de Tomillo, Patrono de las Iglesias de Benamejí y del Convento de los Descalzos del Colegio del Santo Angel de Sevilla y del insigne Hospital de la Purísima Concepción, extramuros de la Ciudad de Burgos, entre otros títulos, entra en relaciones con una joven ecijana DOÑA ELVIRA FERNÁNDEZ DE HENESTROSA, hija de don Juan Fernández de Henestrosa y María Pascualá Barrada Baeza, más conocidos por los MARQUESES DE PEÑAFLOR.

Para la residencia de este futuro matrimonio se construye un magnífico Palacio en la calle Cintería, Collación de la Parroquia de Santa María. Ni de los diferentes autores consultados ni de la documentación que he podido localizar, en el archivo Municipal y de Protocolos, señalan la fecha y autores de esta magna obra. No obstante, en el archivo municipal, sesión de 24 de mayo de 1765, el Marqués de Benamejí presenta un escrito en el Ayuntamiento de la Ciudad, ofreciendo una casa, frente a la suya principal, más otras sitas en calle Rueda a fin de destinarlas a ampliar la barrera para que quede libre su Palacio y ganara en vistas. Pese a este vacío de datos respecto a su obra hemos podido sacar algunas notas de una disposición testamentaria respecto a las obras de reedificación de la Casa Principal que son ejecutadas, en cuanto a la escalera, por el Maestro Mayor Francisco de Aguilar, las de carpintería, fruto del taller de Antonio Aguilera, y la de forja o herrería, de las manos artesanas de José de los Reyes.

Del matrimonio formado por Fadrique Iñigo y Elvira, nace JUAN BAUTISTA BERNUY (V Marqués de Benamejí). De este marqués hemos encontrado abundantísima documentación en el archivo de protocolos. Entre éstas hay un extenso documento por el cual se hace cargo por 39.000 reales anuales de la principal finca rústica del Marqués de Peñaflor, el Cortijo de Turullote, con una extensión aproximada de 2.328 fanegas Debido a su abandono, éste acomete grandes obras de reforma, principalmente en su caserío, construyendo nueva enfer mería, dependencias para los múltiples operarios y un buen número de ganados, restaurando y ampliando su capilla a la que fija una dotación de 200 reales anuales para las misas de domingos y fiestas.

Juan Bautista contrae matrimonio con su tía DOÑA JOSEFA FERNANDEZ DE HENESTROSA, hermana entera de do ña Elvira, e hija de los Marqueses de Peñaflor, los citados don Juan Bautista y doña María Pascuala, lo que tiene lugar previa dispensa del Santo Padre. La ceremonia se celebra en la Parroquia de Santa Bárbara el día 17 de mayo de 1747. Previo a esta unión se otorgaron diferentes escrituras de capítulos, dotes, donación y arras. En ellas, además de pactarse la administración de sus bienes, se intercambian un buen número de objetos de gran valor que se reseñan con amplios detalles en los documentos públicos. De esta unión nacen dos hijos, FADRIQUE JOSE BERNUY (VI Marqués de Benamejí), que heredaría todos los títulos y mayorazgos, y María del Rosario Bernuy, que contraería nupcias con Miguel Valenzuela, quienes se trasladan a vivir a la Plaza de Santa María.

Josefa-Rosario Fernández de Henestrosa otorgó diferentes testamentos: uno con fecha 6 de noviembre de 1771 en unión con su esposo, otro el día 18 de Junio de 1792, ya viuda, y un codicilo el día 11 de Agosto de 1792. La segunda disposición testamentaria, la que realiza en estado de viuda, es bastante extensa. Después de declarar todos sus títulos y hacer profesión de fe Católica, Apostólica y Romana, ordenó que en limosnas, obras pías, cera del Santísimo, crianza de niños expósitos, casamientos de huérfanos pobres, entierros y misas, se entregaran diferentes cantidades en metálico que supone un importante desembolso. Ordenó que quería ser enterrada en la bóveda de la Iglesia de la Victoria donde estaban sepultados sus padres los Marqueses de Peñaflor. Con dicho motivo dispuso que se dijeran 2.000 misas, pagando 4 reales por cada una, de las cuales una cuarta parte se debían de aplicar en su Parroquia y 200 en el Convento de la Victoria y Carmelitas Descalzas, y el resto, con un mínimo de 100, en todas las Iglesias de la Ciudad. Entre los legados sobresale el realizado a su nuera, a quien fija un diamante engastado en oro, a su hija un aderezo de esmeralda superior en oro de cruz y zarcillo, y a sus nietas, unos chorros de perlas con diamantes, sortijas de diamantes, un rubí y diferentes joyas más.

A la imagen de la Virgen del Rosario que se venera en el Convento Dominico de Santo Domingo, le dona un guardapiés de tela de plata, y al señor San Francisco de Paula que se venera en su convento, un rosario de nácar y oro. También, las rentas y réditos de varias casas las destina para la novena de San Francisco de Paula y las fiestas de San Alberto. Con respecto a sus servidores, hay un legado en joyas y ropas y casa en la barrera del Torcal, más otros, ya de menor importancia, para los sirvientes que estén con ella el día de su muerte, y a su confesor.

Respecto al Palacio de Benamejí, expone que “era dueña de la mitad del mismo y que éste se labró y dispuso su gran fachada con su suntuosa escalera y demás estrados para que siempre fuese, sin poderse remover, en el primogénito y sucesores que poseyeran estados en los Marquesados de Benamejí para su
perpetuidad.”

Al contraer matrimonio su hijo Fadrique, ella sigue viviendo en el palacio, conviviendo en gran armonía con su nuera, y dice “que lo hace con gran esmero, asistencia y cuidado, atendiéndola en alimentos y en la salud, y que le ha asignado tres asistentas en exclusiva para su persona, así como otros criados mayores, libreas y coches”.

Su hijo mayor Fadrique-José contrae matrimonio con Doña Francisca de Paula Valda y Maldonado, Carros, Boil de la Escala, Mariscala de la Villa de Alcalá del Valle, hija legítima de los Excmo. Sr. Don Cristóbal-Francisco de Valda y Carros, Marqués de Valparaiso, de Villa Hermosa y de Buzianos, Grande de España, Vizconde de Santa Clara de Avedillo, señor de la Casa de Hernán González de Andia de la Balda, Comendador de la Orden de Santiago y Coronel de los Reales Ejércitos de S.M., y de la Excma. Sra. Doña Joaquina Maldonado Boil, de la Escala Rodríguez de las Varillas, Sarnecio, Guzmán, Tapia y Quiñones. La boda tiene lugar en el Real sitio de Aranjuez el día 15 de febrero de 1768, otorgando igualmente escritura de capítulos matrimoniales ante el escribano Real de la Villa y Corte de Madrid, don José-Antonio Payo Sanz, el día 26 de enero de 1768, por cuya escritura de capítulos y entrego se recibieron 81.339 reales, distintas alhajas de oro, diamantes, esmeraldas, perlas y ropa, el que fue ampliado mediante otra escritura de fecha 5 de septiembre de 1777, además de otra escritura de arras y donación que ascendieron a 8.000 ducados de vellón. Fruto de su matrimonio tiene nueve hijos: JUAN BAUTISTA BERNUY Y VALDA, que casa con doña María del Carmen Aguayo y Manrique; Josefa Bernuy, que se casa con don Joaquín Orozco, que residen en Ubeda; Joaquina Bernuy, que se casa con Trinidad Porcel, Conde de Las Lomas fijando su residencia en Sevilla; María de los Dolores Bernuy, legítima consorte de don Gonzalo Aguayo Manrique, Conde de Villaverde; María del Rosario Bernuy, que se casa con Fernando Tamariz y Martel y residen en Ecija en el propio Palacio; Francisco de Paula Bernuy; María Pastora Bernuy, casada con don Marco Castrillo Fajardo; Fadrique Bernuy de la Orden de San Juan; José Antonio, y Dolores Bernuy, que contrae matrimonio con Gonzalo Aguayo y Manrique, que también establecen su residencia en Córdoba.

Juan Bautista Bernuy primer varón, hereda los mayorazgos, Patronatos y los honores de grandeza de su padre. Al contraer matrimonio, fija su residencia en Córdoba, desapareciendo de la nómina de Ecija este Marquesado. María Pastora contraematrimonio como se ha dicho con Marco Castrillo, Primer Alcalde Constitucional de Ecija. Este presenta un escrito al Ayuntamiento de Ecija y se da cuenta del mismo en la sesión celebrada con fecha 29 de Agosto de 1811 en solicitud de que “la casa Palacio de Benamejí, por los justos arreglados fundamentos, se deje libre y para usos que tenga por conveniente de la ocupación en que se halla de Cuartel de las tropas francesas, con cuyo motivo se ve desfigurado este hermoso edificio y su estructura arruinada”. Por consiguiente, solicitaba del Ayuntamiento que durante el tiempo en que duró la ocupación del Palacio por las tropas francesas como cuartel se le abonen las rentas que se estimen justas. La Corporación, tras su estudio y deliberación, acordó enviar el referido escrito al Comandante de la Plaza para su conocimiento.

La otra hija, María Rosario Bernuy, contrae matrimonio con Fernando Tamariz y la boda tiene lugar en la Parroquia de Santa María el día 16 de noviembre de 1796. Un día antes, el escribano público de Ecija señor Molina, comparece en la Casa-Palacio, y en su estrado principal redacta la oportuna escritura de dote. Por ella, los padres del novio entregan a los marqueses de Benamejí 15.000 ducados de vellón en metálico, 1 aderezo de cruz y zarcillo de diamante, 1 broche de diamante, 2 anillos de diamantes, 1 pulsera de oro, 1 reloj también de oro, hasta un total de 38 objetos preciosos. Para la tasación se designan por ambas partes técnicos competentes de la ciudad.

Un año después de esta boda, el Marqués Fadrique-José cae gravemente enfermo. Para atender su enfermedad se recurre a un médico que se trae expresamente de Antequera, llamado Roque María, a quien se le pone a su disposición un coche de la casa. Pese a ello Fadrique-José fallece el día 18 de noviembre de 1797, habiendo otorgado testamento un día antes de su óbito, ante el escribano de número don Joaquín Antonio de Molina, es decir el 17 de noviembre de 1797:

“Manifiesto sea a todos los que este público instrumento vieren como en el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espiritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en el de Nuestra Santísima Madre María Reina de los Angeles, bajo el título de su Purísima Concepción en Gracia y de los especiales Protectores, el señor San Juan Bautista y el Sumo Patriarca, señor San José. Yo Dn. Fadrique José de Bernuy Fernández de Henestrosa, Fernández de Córdoba, Barrada y Portocarrero, Mariscal que soy de la villa de Alcalá del Valle, Marqués de Benamejí, Grande de España honorario, Señor de su estado de la casa Fuerte, término y Jurisdicción de Tomillos, y de los Castillos de Gómez Arias en Andalucía y de Zumel en las montañas de Burgos, Patrono universal de todas las Iglesias y Conventos del término estado de Benamejí, del Hospital de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora Extramuros de la Ciudad de Burgos, y del Colegio del Angel Custodio, Orden Carmelitas Descalzos de la de Sevilla, Vecino de esta Ciudad de Ecija en la collación de la Parroquia de Nuestra Señora Santa María, estando como me hallo enfermo en cama, en mi entero y cabal uso de las Potencias y Sentidos, que Dios Nuestro Señor fué servido de conferirme, de mi espontánea voluntad hago esta mi última disposición en el modo y forma que mejor me convenga y sea permitido que su tenor es como sigue: Lo primero encomiendo mi Alma a Dios Nuestro Señor y criador, suplicándole con la mayor Sumisión y devoción, me la reciba en su misericordia por los méritos de Nuestro Redentor Jesucristo, y por la intención de nuestra señora, y su Santísima Madre María Purísima en Gracia concebida, y de los expresados santos mis protectores y demás coterráneos celestiales, y por haber vivido y vivir hasta de presente firme y verdaderamente en nuestra Santa Fe Católica, Apostólica Romana, sabiendo, creyendo y confesando todos los Misterios y Artículos que me enseña, cree y confiesa, en cuya verdadera y estable seguridad protesto permanecer y quiero morir y por ello repito las más cordiales Gracias y Súplicas”.

En dicha disposición testamentaria ordenó numerosas mandas como era norma y costumbre, entre ellas las obras pías, forzosas y acostumbradas en este Arzobispado:

“Para la cera del Santísimo Sacramento 20 reales de vellón.

Para el reverendo cura que administre los Santos Sacramentos 20 reales de vellón.

Para la cera del alumbrado de la Limpia y Pura Concepción de María Santísima que se venera en el Convento de San Francisco 4 reales de vellón.

Para la educación y crianza de niños expósitos, casamiento de huérfanas pobres y entierro de los de Santa Misericordia a cada una de estas obras 4 reales.”

Ordenó ser sepultado, si se verificase en esta ciudad, en la bóveda y entierro de los Patronos del Convento Provincial de Granada, Orden de Mínimos del Señor San Francisco de Paula, con el título de Nuestra Señora de la Victoria, y si fuera en la villa de Benamejí, en el panteón que posee en aquella Iglesia Mayor, con la asistencia de la parroquia y demás clérigos, comunidades y demás que sean de la voluntad de sus Albaceas “saliendo a recibir mi cuerpo en dicha mi Parroquia, con cruz alta y ciriales, diciéndome el oficio de misa y vigilia, estando mi cadáver presente, según la Constitución Sinodal de este Arzobispado, ordenando se digan por mi alma, las de mis padres y demás del purgatorio mil misas resadas, dándose las limosnas por cada una”.

Declaró que de su matrimonio contraído con doña Francisca de Paula Valda y Maldonado tuvo 9 hijos, designando a su hijo Juan B. de Bernuy sucesor a su fallecimiento de los mayorazgos, Patronatos y honores de Grandeza. Mandó que a cada uno de sus 4 hijos menores, Francisco de Paula, María Pastora, Fadrique y José Antonio, le asista y contribuya su hermano el primogénito Juan Bautista, con mil ducados de alimentos y a su esposa con seis mil ducados cada año, entre otras disposiciones, y encarecidamente “pido y mando al referido mi primogénito hijo cumpla y ejecute sin renitencia, ni demora alguna, cuanto dejo ordenado y prevenido en este testamento, sobre que le encargo la conciencia y demás del precepto que le impongo como padre, estando en todo, a las direcciones, gobierno y consejo de su madre, único medio para que Dios le asista, y le dé su bendición como yo le doy la mía.”

Y para cumplir y pagar todo lo en el testamento contenido, señaló como Albacea a su esposa, a su hermano político José de Valda, Teniente General de los Reales ejércitos, entre otros.

El entierro se lleva a cabo al siguiente día. El Palacio se engalana especialmente para este fin. Un buen número de alguaciles forman guardia de día y de noche en la puerta y escalera principal. Todo el personal de servicio se enluta y los albaceas ordenan con cargo a la herencia lo necesario para que las honras fúnebres tengan el esplendor y categoría del abolengo del Marqués. A la hora fijada se pone en marcha la gran comitiva mortuoria. La encabezan 24 pobres a los que previamente se les ha comprado trajes, sombreros y zapatos, y además se les entrega un donativo. Detrás de éstos, que portan sus correspondientes cirios, arrancan las 8 comunidades religiosas masculinas de la ciudad, más el acompañamiento de las 6 parroquias, con sus mangas, ciriales, incensarios, párrocos y coadjutores, que con sus mejores capas pluviales, forman un gran cortejo funerario que lleva además el acompañamiento musical que dirige Pedro de Orejuela.

Las honras fúnebres, por la gran cantidad de facturas y notas que se incorporan a la herencia, tuvo que ser un gran acontecimiento. Su cadáver es enterrado en el Panteón de los Marqueses de Peñaflor, en el Convento de la Victoria, como había ordenado en su testamento. El aparato mortuorio o catafalco, por la solemnidad de las exequias, estaba alumbrado por 24 blandones de plata.

Son también significativos los gastos originados por el luto de la familia y criados.

De la documentación que se conserva, se desprende que no se escatimaron gastos. De las 18 personas que componen el servicio de la Casa, 6 son designados criados mayores y el resto menores, entre éstos están los despenseros, cocineros, etc. Y así, según su categoría, se les compra el luto, que incluye no solo trajes, sino pañuelos, zapatos y hasta 17 abanicos de charol y ébano, detalle éste que llama la atención, dado que el fallecimiento tiene lugar en noviembre. En total por estos conceptos, los albaceas se gastaron 31.650 reales, cantidad significativa si tomamos como referencia el valor en que fue tasado el mirador de este Marqués, sito en la Plaza de España, que se fija en 54.000 reales.
Veamos algunas de estas facturas que se pagaron con tal motivo:

Por los sombreros que llevaban los 6 criados mayores y los de capataz, despensero, cocineros y de librea, 1.046 reales.

Por 27 pañuelos de seda negros, 9 abanicos negros de charol, 8 de ébano, 19 varas de gasas, 12 pares de medias de estambre y 7 de seda, 1.355 reales.

Por 6 zapatos para criados mayores, por 12 para capataz y criados menores, 384 reales.

Por 12 blandones plateados grandes y 12 blandones medianos, 36 reales. Por llevarlos a la Casa, 10 reales. Por alquiler de todo el aparato de la Iglesia, 200 reales, y por portes de llevar y traer, 20 reales.

Por acompañamiento musical, 300 reales.

Por mandados de los enterradores y bancos para clero y 8 comunidades, 106 reales.

Por derecho y asistencia que tuvo en la encomienda, vigilia, misa y tres pozas que hubo y se hicieron al cadáver, 627 reales.

Por la madera para la caja, 50 reales. Por 5 varas de listón ancho, 60 reales. 60 de listón de medio, 30 reales. 1.000 tachuelas doradas, 50 reales. 200 tachuelas de hierros, 2 reales. 2 piezas listillas celeste y dorada, 50 reales. Clavos de medio alma, 12. 4 oficiales y el maestro, 60. En total, 314 reales.

Por hierro y herraje de la caja, 54 reales.

Por los zapatos de los 24 pobres que se vistieron para el acompañamiento del cadáver del Sr. Marqués, 466 reales.

Por los 24 vestidos de los pobres a 135 reales, 3.240 reales.

La Iglesia de la Victoria que recibe el cadáver y que por disposición del propio Marqués es enterrado en su bóveda, extiende la siguiente minuta:

Se han recibido en este Convento de Ntra. Sra. de la Victoria 668 reales por los derechos pertenecientes a esta Comunidad y Sacristía, en el recibo del Clero y Comunidades que condujeron al cadáver del Excmo. Sr. Marqués el día 19 de noviembre de 1797, hacer su sepelio en el panteón, formar los 7 coros, doble general con todas las campanas y demás adyacentes a un entierro de tan semejante pompa.

Fadrique José es el último Benamejí que fallece en Ecija. Su hijo mayor Juan Bautista, como ya apuntamos, había fijado su residencia en Córdoba, con lo cual, al heredar su título y mayorazgo queda el Palacio en manos de sus hermanas, y posteriormente, la familia que da nombre al mismo será la de VALVERDE.

No debieron ir bien las relaciones entre el primogénito Juan Bautista y su madre viuda doña Francisca de Paula y Valda. Esta tiene que acudir al escribano señor Paula de Sarabia para otorgar un poder especial a favor de 4 procuradores de los Tribunales de Córdoba para reclamar las cantidades que en el testamento de su esposo tenía que entregarle para alimento y por valor de viudedad que ascendían a 6.000 ducados, más 1.000 ducados por razón de orfandad por cada uno de sus cuatro hijos menores, Francisco de Paula, Fadrique, María Pastora y José Antonio, dado que habían pasado 8 meses y aún no había recibido nada de su hijo, el actual Marqués. Indicaba la viuda que libre de pensiones y cargas los Estados y Mayorazgos de la Casa de Benamejí, quedan efectiva y líquidos 50.000 ducados anuales, y que con 40.000 ducados sobran para una y otra asignación.

La reclamación se realizaba desde el óbito hasta la fecha de las rentas vencidas.

A partir de ahora la familia pasa por diferentes crisis. Una de ellas no solo afecta a esta familia, sino a todos los ecijanos: la presencia del ejército francés en nuestra ciudad, y con ello, los problemas políticos, sociales y económicos de la ciudad de Ecija. Un yerno de los marqueses de Benamejí, Marco-José Castrillo, es hijo del Marqués de las Cuevas del Becerro, Jefe del Regimiento Provincial de Ecija. Aunque no tenemos noticias sobre si fue detenido, sí hemos encontrado un documento por el cual, los franceses incautan todos los bienes del militar y designan administrador de los mismos a su hijo Marco-José, el cual, tiene que poner en garantía del buen fin de la administración, todos sus bienes, entre ellos, la parte que le corresponde en el Palacio de Benamejí.

La guerra de la Independencia primero y los problemas políticos después afectaron notoriamente al patrimonio de este marquesado. Su riqueza es esencialmente ganadera, especialmente porcino y bovino. Su número asciende a 3.350 cabezas sin contar el ganado equino, que es también importante. Solo como datos de referencia diremos que el día 24 de septiembre de 1799, con motivo de la feria de San Mateo, se venden 100 cerdos, y que la casa, solo para el consumo propio, sacrificaba 50 cerdos anuales.

La venta de este ganado no solo se efectúa al contado, sino que también hay operaciones a crédito. Por un documento redactado en el propio Convento del Espíritu Santo, la marquesa hace entrega de fiado a dicha Comunidad de 31 cerdos cebones para el mantenimiento de la misma, pactándose que su importe, de 12.483 reales, sería satisfecho en tres plazos, Navidad, Carnestolenda y Santiago, y en garantía del buen fin de la operación, la comunidad dominica designa como fiador a un benefactor que responde con todos sus bienes.

Francisca de Paula Valda y Maldonado, viuda de Benamejí, hija de los Marqueses de Valparaiso, se siente enferma y realiza diferentes viajes a la villa de Carratraca en la provincia de Málaga, donde en su balneario encuentra un lugar de reposo. En uno de estos viajes se agrava su enfermedad y se aloja en una vivienda de la villa de Gilena. Allí solicita la presencia de un escribano, ante quien otorga un poder para testar. Era el día 25 de Agosto de 1805. Un día después fallece esta señora. Su voluntad quedó fijada ante el Notario de Ecija don José de Payba y Sarabia el día 18 de septiembre de 1806, en el que se plasmó su deseo de ser enterrada en la Iglesia de Santa María, amortajada con los hábitos capuchinos. Dejó fijado que se dijeran multitud de misas, tanto en la capilla de su Palacio como en la del Cortijo de Turullote, y señalado que había dado por cuenta y parte de pago a su hija María Pastora el Molino Aceitero llamado de la Victoria con los olivares de su dotación (Molino que estaba situado en lo que es hoy un bloque de pisos junto a la Iglesia de la Victoria, y olivares que ocupan en parte el actual campo de fútbol San Pablo).

Pidió a sus herederos también que, con motivo de las mejoras que realizaba, mantuvieran en su poder a sus criados y que, en caso de que tengan que remitirlos a sus tierras, se les pagasen todos los gastos, y que al fatuo llamado Miguel que había tenido la marquesa en su casa, que se le sostenga hasta su fallecimiento, así como a las tres sirvientas ancianas.

Unos años después del fallecimiento se lleva a cabo la formación del inventario de todos los bienes y la distribución de los mismos. En el cuaderno particional no solo se relacionan los bienes raíces, sino también todo el ganado que se reseña con sus correspondientes nombres, y el mobiliario, que se describe en el lugar donde se encuentra instalado, lo que nos da una idea perfecta de la decoración, dependencia por dependencia, de este magnífico Palacio desde el estrado hasta las habitaciones de los sirvientes con sus muebles, cuadros y lámparas de araña que penden de su artesonado con gran cantidad de detalles.

Así por ejemplo, el estrado principal estaba presidido por un gran lienzo de Nuestra Señora de la Concepción. De su techo colgaban una araña de 3 cuerpos más otras 2 más pequeñas a sus lados. En sus paredes estaban fijados 6 espejos tallados y decorados en oro, canapés forrados de damasco carmesí y otros muebles que harían interminable esta monografía.

Una idea de la magnitud del mobiliario que existía en esta Casa lo tenemos en las sillas, cuyo número asciende a 50. La respostería estaba compuesta por 72 platos de distintos tamaños de Peltre, y para las grandes galas existían 70 cucharas de plata, así como 7 docenas de platos también de plata.

Marco José Castrillo y Navas es nombrado Alcalde Constitucional el día 19 de junio de 1812. Este, como ya dijimos, contrajo matrimonio con la séptima hija de los Marqueses de Benamejí, Pastora Bernuy. De su matrimonio le nacen 7 hijos, falleciendo su esposa el día 7 de abril de 1845.

La otra familia que comparte este palacio es la formada por Cristóbal Tamariz Martel, hijo de Fernando Tamariz Martel y Porcel, casado con otra hija de los mencionados Marqueses, María del Rosario Bernuy Valda. De su matrimonio nacería en 1825, CRISTOBAL TAMARIZ MARTEL NUÑEZ DE VILLAVICENCIO, CONDE DE VALVERDE. A los 27 años contrajo matrimonio con una hija de los Marqueses de Casa Henestrosa, llamada Pilar Fernández Galindo y Julián. Tienen 9 hijos, de los cuales dos mueren de corta edad. Este Conde sería el último noble que muere en este Palacio. Gran parte de sus bienes los recibe de una donación que le hace su cuñada doña Ignacia. El Conde de Valverde fallece el día 29 de Enero de 1874 a los 49 años de edad, habiendo otorgado dos testamentos, uno el día 28 de febrero de 1873, y el segundo el mismo día de su óbito.

El cuaderno particional, extensísimo y rico en datos como los de cualquier noble de aquella época, tiene 217 folios escritos a mano, y para la tasación de sus bienes intervienen 12 personas:

agrimensor, maestro alarife, maestro de carpintería de lo primo, ebanistería, maestro de carruajes, maestro herrero, corredor de frutos, platero, veterinario, guarnicionero y otro denominado “inteligente en todos los efectos de comercio de todas clases”. Respecto a los bienes inmuebles sobresale el Palacio o Casa principal tasado en la suma de 68.091,10 pesetas, y es adjudicado por partes iguales entre sus hijos. En semoviente destacan el número de ovejas, 464; y los borregos, 350 cabezas. En cuanto al ganado equino señala 4 caballos de la ganadería de los Marqueses de Peñaflor, y tanto a éstos como a los bovinos se les clasifica por edad y sexo, así tenemos como se designaba a los jumentos: melliza, zagala, o a los bueyes, que tienen estos curiosos nombres: castaño, perdigón, rubito… En cuanto a los bienes raices aparecen 5 fincas urbanas en Ecija y varios tajones, entre ellos los situados en el Almorrón y Pago de los Callejones. Una huerta en la Isla del Vicario, destinada en su totalidad a árboles frutales y con una noria llamada “La Tobosa”, en torno a la cual existía una gran alameda para proteger las avenidas del río Genil. Posee además molinos como el de Monteameno y otras fincas en término de La Luisiana, Santaella, Aguilar de la Frontera, La Carlota, Fuente Palmera y Jerez de la Frontera.

Entre las acciones posee varias de la Compañía de Ferrocarriles que le fueron entregadas en contraprestación al valor dado en la expropiación de los terrenos de su propiedad para la construcción de la vía férrea de “Marchena-Ecija-Montilla”.

Le sucede en el título su hijo Jerónimo Tamariz Martel Fernández de Henestrosa (1862-1943), quien contrae matrimonio con doña Pilar Viniegra Lasso de la Vega (1868-1953), de cuya unión nacería Fernando Martel Viniegra. Fruto del matrimonio contraído con María Concepción Méndez Rodríguez nacería José Jerónimo Martel Méndez, actualmente Marqués de la Garantía y Conde de Valverde y que hoy reside en Madrid.

Sólo muy brevemente vamos a señalar algunas de las personalidades que han visitado este Palacio y algunas de éstas lo utilizaron para su alojamiento en diferentes ocasiones. Teniendo noticias el Marqués de Benamejí de un viaje que estaban efectuando por Andalucía los Infantes de Francia, el Conde de Artois y el Duque de Borbón, ofrece su Palacio, que había construído de nueva planta. Debió poner este marqués todo su empeño en agradar a estos ilustres visitantes, pues no solo ofreció su casa, sino que, como indica un escrito que se conserva en el archivo municipal, iluminó su interior y exterior, engalanándolo especialmente, agasajando no solo a éstos, sino a toda su comitiva e invitando, tanto a su llegada como a su despedida, a toda la nobleza ecijana.

Fernando VII se hospedó también en él, el día 8 de abril de 1823, según el historiador ecijano Antonio Martel, en su obra “Bosquejo Histórico”. Este monarca fue trasladado desde el sitio conocido por la Virgen del Camino hasta este Palacio por un carruaje, que iba conducido por los hombres del pueblo y escoltado por lo más florido y granado de la población.

Más recientemente lo hacen el Rey Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia en la visita que hacen a la ciudad el día 29 de abril de 1916, quienes muestran su admiración por la belleza del mismo.

La riqueza artística y monumental de este Palacio de Benamejí ha sido y sigue siendo estudiada por arquitectos, historiadores y cronistas; todos coinciden en resaltar su monumentalidad, e incluso alguno señala su analogía de composición con respecto a la fachada del Seminario de San Telmo de Sevilla.

Esta Casa-Palacio, hoy llamada indistintamente de Benamejí o Valverde, se encuentra situada en la Plaza del Capitán Tello González de Aguilar y en sus títulos consta el de Cánovas del Castillo, Prim, Igualada y Cintería, y tiene una superficie de 2.947 m2. Pertenece al Cuartel 1, y disfruta de agua de pie. Sus linderos son: derecha calle Elvira, a la que hace esquina, izquierda con calle Rueda, también con la que hace esquina, y por su fondo, con casas de calle Fernández Pintado. Su distribución es la siguiente: Portal de entrada, patio de ingreso, con pozo y fuente, pórtico y escalera principal, patio porticado, fuente en medio, cochera, cuadra, caballeriza, patio con puerta a calle Elvira, guadarnés, bodega, galerías, jardín, y en su tiempo tenía también bodega, capilla, sacristía, corral con alberca y Noria. Se encuentra dividida en dos zonas bien diferenciadas: la parte señorial, con acceso directo a través de dicha Plaza, con las dependencias nobles y estrados, y la zona de servicio, con acceso por calle Rueda, con otras dependencias auxiliares.

Creo que es interesante traer aquí lo que se ha escrito, en su aspecto más interesante, respecto a este inmueble por parte de diferentes autores y así tener una visión de conjunto de su monumentalidad.

El cronista Garay y Conde, en su obra “Breves Apuntes histórico-descriptivos de la CIUDAD DE ECIJA” (1851) llama a este Palacio de la Garantía, y señala que “Entre los buenos edificios que hay en esta Parroquia (Santa María) sobresale el costoso palacio de la E.S. marquesa viuda de Garantía, pues si es verdad que su recargada estructura no es del gusto de la época actual, la conocida solidez y uniformidad de su muro foral, sus dos torres angulares y la doble portada de jaspe es un trabajo prolijo y esmerado y llaman la atención de las personas que conocen el desembolso que debió ocasionar su construcción. La puerta principal, de gran tamaño, es de caoba con clavazón dorada, tiene un espacioso patio de entrada muy a propósito para el servicio de carruajes, con cuadra de columnas y bóveda capaz y ventilada. La escalera es toda de piedra, con bellos jaspes, correspondiendo sus magníficos salones y comodidades interiores a la suntuosidad de lo demás que dejamos mencionado”.

El Cronista Oficial de la Ciudad, don José Martín Jiménez, en su “Guía del Turista” (1934), al describir este Palacio escribe entre otras cosas: “El aspecto exterior de este Palacio es característico en extremo, llamando poderosamente la atención su enorme fachada por la variedad y riqueza de su ornamentación, por la traza singular y bien dispuesta de todos sus pormenores y por la misma uniformidad y elegancia de sus airosas torres. La seriedad y prolijo de su portada churrigueresca nos ofrece, por cierto, algunos detalles y manifestaciones de rara y singular belleza, avalorado sin duda por la variedad de adornos, follajes, columnas y toda clase de delirantes ornatos, propios de este estilo.”

Las puertas son de caoba, con primorosa clavazón de bronce, cuyos escudetes responden al apellido Bernuy, y nos dan entrada a un espacioso patio, en cuyo frente se levanta la escalera con sus ocho columnas pareadas, con sus delicados capiteles de jaspe de colores; llamando la atención la riqueza de su clásica herrería y la elevación de su cúpula. Más adentro nos sorprende otro magnífico patio de columnas con sus cuatro espaciosas galerías y elegante fuente, correspondiendo en todo sus amplios salones a la suntuosidad de lo que dejamos mencionado.

Fue construido sobre el 1700 por los marqueses de Benamejí. Probablemente por don Iñigo de Bernuy y Altamirano, pasando después a sus descendientes los Condes de Valverde, en cuyo poder estuvo hasta finales del siglo pasado, siendo el último Conde que lo ha vivido don Cristóbal Martel y Fernández de Henestrosa”.

El SEMANARIO “ECO”, en un número extraordinario con motivo del II Año Triunfal editado con fecha 19 de Julio de 1937, dedica una página a este Palacio, sede de la Comandancia Militar. De este trabajo, que aparece sin firma, entresacamos algunas notas:

“Allá a fines del siglo XVII, un Bernuy mandó edificar esta gran mansión digna de un príncipe. La suntuosa portada es de mármoles de variados colores. Sus patios, la gran caballeriza, sus hermosos salones y la amplia y arrogante escalera están en armonía con la magnificencia del exterior del edificio, cuyo aspecto es verdaderamente monumental. Hace unos años, en un concurso de casas solariegas que organizó la Academia de Bellas Artes de Madrid, se le adjudicó el primer premio, y llegó una época en la que el palacio se llamó de Benamejí y después de Valverde. Gran beneficio fué para la Ciudad de Ecija la instalación de la Remonta, y en buena hora fue su llegada. En 29 de Septiembre de 1906, siendo Alcalde don Manuel Ostos Angelina, tomó posesión del Cuartel el Coronel don Luis de los Santos, Primer Jefe de la Remonta”.

El catedrático de la Escuela Superior de Bellas Artes DON ANTONIO SANCHO CORBACHO, en la serie Cuadernos de Artes (Editorial Mundo Hispánico, impreso en Talleres Gráficos de Huecograbado ARTE, de Bilbao, en 1952), en el tomo IV dedicado a nuestra Ciudad, es posiblemente el autor que mejor ha descrito esta gran mansión. Ilustrado con fotografías de J. del Palacio, recoge no solo los edificios civiles más importantes de Ecija, sino también aspectos de nuestra arquitectura popular. Al referirse al Palacio de Benamejí, lo hace con las cualidades de un gran maestro, conociendo el tema, describiéndolo con gran detalle y amenidad, y escribe:

“La Casa de los Marqueses de Benamejí, en la calle Cintería, es otro magnífico edificio que da tono cortesano al caserío de Ecija. Fue construido en el primer cuarto del siglo XVIII, por los señores de Bernuy, marqueses de Benamejí; sus últimos poseedores fueron los Condes de Valverde, y en la actualidad está instalada en él la Comandancia Militar.

La monumental fachada principal es quizás menos ecijana en su organización general que la de los marqueses de Peñaflor. Es de ladrillo en limpio, flanqueada por dos altos miradores a modo de torres que realzan más la acusada horizontalidad de aquella. En la planta baja no tiene huecos, pero en la alta presenta una serie de balcones con elegantes guarniciones de piedra. El conjunto, con la gran portada, tiene indudables analogías de composición y distribución de masas con la fachada del Seminario de San Telmo de Sevilla.

La portada es, sin duda, la más importante de la Ciudad. Construida en piedra blanca y gris se compone de dos cuerpos y remate con escudo nobiliario. El primero se organiza con cuatro columnas situadas en distintos planos, que dan mayor movimiento a la composición, carácter que se acusa más en el segundo cuerpo al adoptar éste forma abocinada, rodeando al balcón una rica guarnición con estípites. La fecha de construcción de esta portada debió ser algo posterior a la del nucleo principal del edificio, como lo prueban la presencia de los estípites citados y la aparición de la rocalla en las aplicaciones de bronce de la puerta, cuyos clavos ostentan como motivo decorativo una barca, emblema de los Bernuy.

La distribución de la planta es asimismo interesante, un gran apeadero da acceso a las amplísimas carroceras y caballerizas abovedadas situadas a la derecha de la entrada, y al fondo, frente a la portada, bajo un enorme arco de ladrillo limpio que sostiene un gran balcón ricamente decorado con ladrillo tallado, se abre la escalera, magnífica construcción de triple arquería lobulada y dos tiros, cubierta con media naranja. Por el centro de ella se pasa al patio principal, que ocupa el fondo del edificio, de dos danzas de arcos sobre columnas y fuente central, decorado con ricos pinjantes de ladrillo.

Inmediata al ángulo izquierdo de la fachada está la casa de labor, con patio y gran cocina que servía de tinelo”.

El Catálogo Arqueológico de la Provincia de Sevilla, volumen tercero, impreso en 1951 en la Imprenta de la Escuela de Artes Gráficas de la Diputación Sevillana, en un trabajo conjunto de los señores Hernández Díaz, Sancho Corbacho y Collantes de Terán, es el que con más extensión ha descrito su monumentalidad. De esta obra, ilustrada con un buen número de fotografía y un dibujo en planta del Palacio, entresacamos algunos aspectos, donde se puede deducir que estamos ante uno de los ejemplares artísticos más bellos de Andalucía. Estos autores lo definen así: “Es también un modelo de arquitectura civil en el barroco español y una de las joyas del gran siglo Ecijano. El examen de su planta revela, como la del de Peñaflor, la sabiduría distributiva en función del servicio de las distintas partes que lo componen. En efecto, a poco de traspasar el zaguán hallamos un amplísimo apeadero, a cuya derecha quedan las caballerizas, al frente el Palacio y a la izquierda dependencias varias del servicio. En segundo plano el patio señorial con las cámaras destinadas a diversos menesteres domésticos, enlazando con la casa de campo, anchurosa y bien compuesta. Un espacioso jardín con su complemento de los baños sirve de desahogo a la mansión y en contacto directo con ella. Los alzados nos revelan una enorme fachada de ladrillo con zócalo de piedra, carente de vanos en plata baja, e hilera de balcones en el piso principal con rica guarnición de cantería. Dos grandes torres en los extremos determinan la nota de verticalidad en el aplomado conjunto, cuya sobriedad y monotonía rompe la gran portada, que como inmenso retablo da tono y enlaza la edificación. La robustez y gracia al par de sus elementos constructivos, la belleza de la guarnición de estípites que enmarca el vano del balcón, la polícroma combinación de materiales, lo airoso del copete con escudos y las acróteras terminales hacen de esta portada un auténtico ejemplar. Sencilla portada de cantería da paso a las caballerizas, distribuidas en tres crujías con bóvedas vaídas sobre arcos de medio punto y columnas toscanas.

En eje con la puerta, un inmenso arco análogo al que da paso al apeadero, descubre la totalidad de la anchura de la escalera y sobre él un balcón rica y graciosamente enmarcado por guarnición de ladrillo moldurado. Tres arcos lobulados apeados sobre dóricas columnas pareadas con sus correspondientes pedestales, todo de jaspe, dan ingreso a los dos tramos de ida de la escalera, entre los cuales queda el de vuelta que desembarca en el vestíbulo superior mediante una organización de arcadas y columnas análogas a las citadas. Una cúpula de media naranja cubre la caja de la escalera en estudio, sobria de decoración pero de indiscutible tono señorial. Bajo la bóveda determinada por el tramo de descenso, ricamente ornamentada, pasamos a través de una puerta de la época al patio del palacio…”.

La obra “Historia de Andalucía, tomo V (Editorial Planeta 1981), en una breve síntesis de la arquitectura Civil, destaca el riquísimo inventario de portadas y patios andaluces, de palacios y casas importantes, fundamentalmente destacadas entre el caserío sencillo y encalado de las calles tortuosas de nuestros pueblos. Como simple referencia de lo que significa este gran capítulo, señala el autor, “recordemos el palacio de los Condes de Valverde en Ecija con hermosa y elegante portada, grande y rica escalera, bello patio de doble piso arqueado y con columnas que hacen del conjunto, muestra importante de la Casa Señorial barroca”.

La “Guía Artística de Sevilla y su Provincia”, editada por la Excma. Diputación Provincial, obra conjunta de Alfredo J. Morales, María J. Sanz, Juan M. Serrera y Enrique Valdivieso (1981), cita brevemente a este Palacio como a otros de la ciudad. Destacan los autores de entre los Palacios más importantes de Ecija el de los Condes de Valverde y el de Peñaflor. El Palacio de los Condes de Valverde, señalan, “es obra del primer tercio del siglo XVIII, ofrece una espléndida fachada de ladrillo articulado por pilastras enmarcada por los volúmenes de dos torres-miradores. Su portada, las más monumental de Ecija, presta una nota de variedad y riqueza a la desnudez de los muros en los que destacan los perfilados balcones del piso alto. Desde el zaguán puede contemplarse el doble arranque de la escalera situada en el apeadero tras un potente arco rebajado sobre el que aparece un artístico balcón. Las dos subidas de la escalera, que presentan arcos lobulados sobre columnas de jaspes, dejan entre ellas un vano libre que lleva hasta el patio. Este presenta una doble galería porticada con columnas de mármol sobre las que se sitúan arcos de medio punto que presentan la clave y las enjutas decoradas por ménsulas y pinjantes”.

El Ex-Secretario del Ayuntamiento de Ecija Don Manuel Alarcón Martín, en un artículo publicado en la Revista ECIJA, en una edición especial con motivo de la Feria de San Mateo (Septiembre de 1965), y que titula “Las Torres Laicas”, señala las otras torres de Ecija, las laicas, situadas en las casas señoriales, que desde que se levantaron solo tuvieron un valor simbólico, el de representar el rango del señor dueño de la casa. -Admiremos primero las torres del palacio de Benamejí-, señalaba el señor Alarcón, caso único en Ecija, son dos en un solo palacio. Y relata un anécdota que dice le contó el Conde de Valverde, don Cristóbal Martel, que es la siguiente: “Cuando se construyó el Palacio (en el siglo XVIII) acertó a pasar por Ecija el entonces monarca reinante (debió ser Carlos III, a quien se suelen atribuir todas las anécdotas constructivas por lo mucho que construyó) y el noble que edificaba el palacio alojó y agasajó al Rey con tal gentileza y derroche que el Soberano, al agradecerle sus atenciones, se creyó obligado a decirle que le pidiera una gracia, y el noble solicitó autorización para levantar una torre en el palacio que estaba construyendo, lo que el Rey le otorgó de buena gana (es de suponer, pues tan poco le costaba). Al cabo del tiempo, ya el palacio terminado y con sus dos esbeltas torres, una en cada esquina, de escurialense sabor, volvió el Rey a pasar por Ecija y se alojó en el Palacio recién terminado, que el noble propietario le mostró con orgullo. El Rey se fijó en las dos torres (¿y cómo no, si son el tramo más bello de la fachada?) y dijo al noble: “Veo dos torres y creo recordar que me pediste permiso, y te lo di, para levantar una”. “En efecto Majestad, dijo el noble, una a la que tenía derecho por mi rango y otra que concedísteis, las dos que veis”.

No podemos pasar por alto uno de los edificios más singulares de la ciudad y que también perteneció a este marquesado, nos referimos a su mirador situado en nuestra Plaza Mayor. Este marquesado, al igual que el de Peñaflor, construyó este tipo de edificios en el siglo XVIII, desde donde poder presenciar los espectáculos que se celebraban en esta plaza, aunque al parecer nunca llegaron a utilizar como residencia, alquilándose en la mayoría de los casos a otros vecinos de la ciudad a excepción de las vistas.

Hemos podido leer algunos contratos de arrendamientos donde se deduce que el fin de éstos era su uso como vista. Así tenemos como en uno de estos documentos, celebrado en 1812, es dado este mirador por plazo de tres años y por renta de 1400 reales, fijándose que la entrega de las rentas fueran en “moneda metálica, sonante y no de otro modo”. Entre las condiciones impuestas a los arrendatarios se señalaba “que no tenían derecho sobre las vistas a la Plaza Mayor, por lo cual las tres terrazas-miradores eran reservadas para la propiedad, “para usar de ellas en las funciones públicas”. No obstante, la propiedad autorizaba al arrendador al “uso de una ventana para disponer de ella y poder disfrutarla con su familia en estos acontecimientos”. Respecto a las condiciones impuestas en la planta baja eran más severas, donde “se prohibía expresamente destinarla a la venta de aguardiente o de masa frita, debido a que el humo o el olor, podían molestar a cuantas personas pudieran contemplar dichos actos”.

Pero este mirador no era el único que disfrutaba esta familia. En 11 de Julio de 1777, Juan Bautista Bernuy arrienda a María Teresa Villalón la casa barrera de Santa María, esquina a la Plaza Mayor, lindando por todos los lados con la Casa Capitular del Ayuntamiento y con la tienda del Marqués de Quintana. Esta casa mirador, que tiene 3 altos con 15 ventanas, todas con vistas a dicha Plaza, es arrendada parcialmente, concretamente los balcones 1.1 y 2.’ con 5 ventanas por planta, con un total de 10 vistas como se señala en el documento. El plazo de duración es de 6 años y el objeto de este arrendamiento es que disfrutara este marqués de todas estas vistas en “todas las funciones de cualquier calidad que se celebrasen”. El precio del arrendamiento se estipuló en 300 reales.

El Marqués de Benamejí adquiere mediante compra judicial parte de su mirador en Juicio Ejecutivo celebrado con don Agustín Cubeles, Alcalde Mayor de Ecija, que autoriza el Escribano Público señor Molina el 10 de junio de 1778, por el cual se embargan los bienes de Teresa Castrillo Fajardo. Este edificio consta de tres cuerpos de ventanas que hacen un total de 18 vistas, adquiriendo en concreto dos de estos balcones en el remate por 6.000 reales de vellón.

Quizás uno de los aspectos más interesantes de la vida de este Palacio sea su dedicación a sede de Comandancia Militar. Se ha podido comprobar cómo antes de la instalación definitiva del Depósito de Recría y Doma en Ecija, existieron otros acuartelamientos militares que en más o menos tiempo y en diferentes inmuebles estuvieron en nuestra ciudad. Así, por ejemplo, en Puerta Cerrada estuvo instalado el Cuartel de las Milicias Provinciales que después se llamó Cívica. En la calle Espíritu Santo, en el solar del extinguido Convento de Dominicas, estuvo otro de Intendencia.

Pero posiblemente lo que es menos conocido es que antes de que se instalara el Depósito de Recría y Doma en la calle Cintería como Comandancia Militar, esta calle ya albergó un acuartelamiento militar. Los datos los obtenemos por una escritura de rescisión de arriendo de una casa en Plaza de Santa María otorgada ante el Notario señor Greppi. Se argumenta en la rescisión del contrato que ella es debida a las malas condiciones higiénicas y de salubridad de la casa número tres en Plaza de Santa María, que estaba destinada a Cuartel. En una sesión de la Corporación Municipal se faculta al Alcalde, don José García, de Castro, para buscar otras dependencias para poder instalar al Regimiento de Infantería de Reserva de Osuna. Las diversas gestiones llevan a la consecución de unas casas sitas en calle Cintería, 24 y Rueda, 2. El Ayuntamiento las subarrienda a José Martín Ríos y cede dicho inmueble al referido Regimiento, que por encontrarlas idóneas las utiliza desde el día 28 de febrero de 1895 hasta el año 1906, con un renta de 2,50 pesetas diarias pagadas por mensualidades.

Pese a la existencia de estos acuartelamientos militares, que por cierto no llegaron a ser grandes acuartelamientos y más bien, como en caso de este último de Infantería de Reserva de Osuna, era un Caja de Reserva o de Reclutas, existían desde hace mucho tiempo en nuestra ciudad fundadas esperanzas de la instalación de un cuartel de forma permanente. Las gestiones vuelven a intensificarse en 1875 para conseguir la instalación de un depósito de instrucción y doma de potros, creado con destino a Ecija por Decreto del Gobierno. Pero diferentes problemas impidieron su éxito. Uno de los locales que se llegaron a seleccionar para su instalación como dependecia militar fue el Convento de la Merced, Convento que no tenía función religiosa concreta y en el cual no existía comunidad religiosa alguna desde la desamortización, y sí estaba cedido a la Sociedad de San Vicente de Paúl, que lo utilizaba como Asilo de niñas pobres y huérfanas.

El Letrado don Antonio T. Martel y Torres, en su obra conjunta con Manuel Varela y Escobar “Bosquejo Histórico de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Ecija (impresa en los talleres de Juan de los Reyes, 1892), nos relata con cierto desconsuelo las muchas dificultades surgidas que hicieron posible no ver en aquellas fechas ubicado en nuestra ciudad el depósito de instrucción de Recría y Doma. “Concedido este local por el Gobierno de la Nación a la Sociedad de S. Vicente de Paúl, con destino al Asilo de Niñas pobres y huérfanas, opusiéronse cuantas personas eran afectas a esta institución a que se le cediera al Depósito, y a pesar de habérsele ofrecido otro edificio apropiado al objeto, tampoco se consiguió que accediesen los individuos y protectores de aquella institución a los deseos unánimes de todo el pueblo, creando con tan tenaz oposición un obstáculo insuperable al establecimiento del Depósito. Pensóse con este motivo en la edificación de un cuartel de nueva planta, mas se vió que era asunto poco menos que imposible, por la carencia de fondos, pues si bien el municipio ofreció el importe de la tercera parte del ochenta por ciento de sus bienes de propios, incluso se llegó a pensar en el levantamiento de un empréstito, tampoco se llegó por haber sido demasiado tarde. Entonces, al surgir tantos inconvenientes “decayó el entusiasmo, los ánimos más viriles y esforzados fueron reconociéndose impotentes para oponerse a las influencias ocultas, renunciándose al proyecto “dejando a Ecija en su postración y empobrecimiento”. Y concluye el señor Varela este tema: “No a otra causa que el egoísmo, entendemos, pudo atribuirse la actitud que determinada clase de la sociedad ecijana adoptó en aquella ocasión sin comprender que los beneficios de semejante mejora habrían alcanzado lo mismo a las clases pobres que a las acomodadas. Cuantos más elementos de vida y de riqueza tenga un pueblo más fácil y pronta es su prosperidad en todos los órdenes. Creer lo contrario acusa un criterio estrecho, una supina ignorancia o una intención perversa”.

El tema de la Remonta vuelve a surgir nuevamente a principios de este siglo de manos del Alcalde, señor Ostos Angelina. Autoridades y ecijanos trabajan en una tarea común y que en esta ocasión tendrá éxito: Que la vieja aspiración de ver la Remonta establecida en nuestra ciudad se haga una realidad. Una prueba de la ilusión que las autoridades ponen en este proyecto lo vemos en el preámbulo del expediente que se inicia con este fin: “De la importancia que tiene que V.E. (el Ministro de la Gobernación) conceda autorización para la instalación de la Remonta en el Palacio de Valverde, bástame manifestar que el Ayuntamiento ecijano ve en este traslado un medio seguro de vida y de engrandecimiento para la ciudad”. Se forman varias comisiones, una formada por labradores y otras realizan gestiones tanto en Madrid como con el Coronel del Establecimiento de la Remonta de Extremadura instalado en la ciudad de Morón. Una de estas comisiones, formada por labradores, lleva el ofrecimiento de varias fincas rústicas con el fin de su explotación con carácter de arrendamiento.

El Alcalde, -sesión de 25 de diciembre de 1905-, expone, y es aprobada la propuesta de que “en caso de que la Remonta apruebe la proposición de arrendamiento de fincas rústicas, se dirija escrito a su coronel ofreciendo Casa Cuartel para las tropas a su mando”. El local que en un principio se pensaba ofrecer es el perteneciente al Ex-Convento de Monjas Blancas sito en la calle Mayor, e invitando a dicho coronel para que forme una comisión que inspeccione dicho edificio, con objeto de hacer en él cuantas reparaciones sean necesarias para el mejor servicio y comodidad.

La sesión de la corporación municipal de fecha 24 de febrero de 1906 quedará como fecha histórica en este largo proceso. El Alcalde, con evidentes signos de satisfacción, toma la palabra tan pronto se abre la sesión y dirigiéndose a los señores concejales les informa de la noticia en estos términos: “Señores, tengo una inmensa y verdadera satisfacción como Presidente y como ecijano amante de mi pueblo. El Ministro de la Guerra, General Luque, ha firmado la resolución por la cual se ordena sea trasladado a Ecija el Establecimiento de la Remonta de Extremadura, hoy en Morón. Tan importante mejora se debe al trabajo de nuestro Diputado don Juan José Serrano Carmona, que en esta ocasión ha demostrado su gran valimiento, su constancia en el trabajo y lo que es más hermoso, su inmenso cariño a Ecija. También ha coadyudado en esta mejora la influencia del Excmo. Sr. Don José Canalejas, Presidente del Congreso, quien no pierde ocasión para demostrar su afecto y cariño a nuestra Ciudad”.

La corporación municipal a partir de ahora pone toda su ilusión y empeño en ofrecer un local decoroso para el Establecimiento de la Remonta. A la secretaría del Ayuntamiento llegan propuestas de ecijanos ofreciendo sus casas para este fin. En una de las sesiones se da lectura a las propuestas presentadas:

* Federico Fernández de Bobadilla ofrece las casas en calle Tetúan números 18, 19 y 21 (hoy Sor Angela de la Cruz), y una casa en Calle Comandante Cirujada (hoy Ancha), en precio de 32.500 pesetas pagadas al contado, siendo de cuenta del Ayuntamiento los gastos de escritura.

* Don Santos Martínez y Martínez, propone la casa número dos de la calle Rodríguez Lagunilla, (hoy llamada la Marquesa) en precio de 27.500 pagadas a plazos.

* Doña Elia Fernández Golfín y Murcia ofrece la suya sita en calle Rejón, 7, y solares agregados a la misma en precio de 35.000, admitiendo el pago en plazos y poniendo entre otras la precisa condición de que se ha de firmar la escritura dentro de los ocho días, recibiendo entonces 10.000 pesetas.

* Y otra proposición presentada por don Cristóbal, doña María y doña Pilar Martel y del Conde de Valhermoso (sic). Proponen la casa palacio de Valverde, situada en calle Cánovas del Castillo, número 18, en precio de 40.000 pesetas, pagándose 30.000 pesetas a la firma de la escritura y el resto cuando justifiquen su participación don Luis y doña Carmen Martel.

Abierta la discusión acerca de las cuatro proposiciones, hace uso de la palabra en aquel acto el Alcalde, para manifestar que desde luego consideraba más ventajosa la proposición referente a la Casa Palacio de Valverde, y además se unía a esto la buena impresión que se llevó la Comisión de la Remonta que la visitó, así como que estaba en el ánimo de todo el pueblo adquirirlo desde hace muchos años, teniendo otras ventajas cuales son, que para el día de mañana, cuando “las circunstancias ignoradas del futuro hagan o puedan hacer que la Remonta no necesite el Palacio, podrá utilizarlo el Ayuntamiento en Escuela, Casa de Correos y demás servicios públicos compatibles con gran economía para el municipio, y ello también, para conservar el mejor edificio de este pueblo”.

Puesto el tema a votación, fué aceptada la proposición del Conde de Valverde por 16 votos a favor y uno en contra de José Aguirre que votó en favor de adquirir la casa en calle Rejón exponiendo que, pese a reconocer que el Palacio de Valverde era mejor edificio, la oferta de Elia Fernández era más ventajosa, no solo por el desembolso que tenía que realizar el Ayuntamiento, sino que la ofrecía a plazos, mientras que la adquisición del Palacio de Valverde ofrecía algunos problemas, entre ellos que varias participaciones indivisas pertenecientes a varios señores podrían resultar de difícil adquisición por el Ayuntamiento, y que pueden proporcionar a éste serias complicaciones. Efectivamente, la oferta presentada por los señores Martel se refería a una participación del 73% del Palacio. Pese a que el tema fue ampliamente debatido y por el concejal don Arturo Ostos Angelina se pidiera a la Presidencia la votación del asunto, pues lo creía bastante discutido, el señor Alcalde argumentó que deseaba oír la opinión de más señores Concejales y dar a esta discusión la mayor amplitud y libertad posible. Puestas a votación las diferentes ofertas, resultó aceptada la oferta del Conde de Valverde como queda dicho.

Inmediatamente de este acuerdo, el Ayuntamiento se pone en contacto con el Conde de Valverde y demás copropietarios a fín de gestionar la transmisión urgente del inmueble. Paralelas a estas gestiones -ya veremos que serán lentas y costosas-, concluyen otras: En Morón se firma la escritura de arrendamiento de diferentes fincas rústicas en término de Ecija, entre ellas el Cortijo llamado de la Estrella perteneciente al Marqués de Montesión; el Cortijo de Alcotrista, con su isla y otras islas llamadas de Villaverde, Ibarra, las Animas y San Bartolomé.

Para hacernos una idea del acoso que recibe el Ayuntamiento en este asunto, basta ver la pretensión del citado Marqués de Montesión. Después de firmar el contrato de arrendamiento de sus fincas con la Remonta en Morón, se dirige al Ayuntamiento y le solicita 5.000 pesetas, importe de la indemnización que ha pagado al arrendatario de su finca “La Estrella”, a fin de dejarla libre y desocupada y a disposición de la Remonta, argumentando este noble que esta cantidad debería de pagarla el Ayuntamiento.

La Corporación, en vista de ello, facultó al Alcalde para que se dirigiera a dicho señor a fin de que se le expusiera la precaria situación del erario municipal por los cuantiosos gastos que tenía que hacer para la instalación del Cuartel y solicitándole que dejara libre al Municipio en ese tema, y que como propietario de la finca pagara él la indemnización por la rescisión del contrato.

Urgentemente se acometen las obras necesarias de restauración y de adaptación, obras que no mutilan su distribución originaria y principalmente se llevan a cabo en la restauración y acondicionamiento de diversas dependencias y que, sin ser de gran envergadura, suponen un importante desembolso. Son diferentes las sesiones donde el Alcalde solicita el aumento de presupuesto de obras y en todas ellas se accede con buen ánimo. En una de ella -sesión de 17 de septiembre de 1906-, se expone que habiendo comenzado las obras, se habían presentado dificultades que no podían estar previstas y que motivaron el tener que ejecutar algunas nuevas. La Corporación, en consideración de la urgencia de la solución, las aprobó, facultando al Alcalde para que en lo sucesivo ordenara la ejecución de cualquier otro trabajo que fuera necesario. Las obras fueron presupuestadas por el Maestro de Obras del Municipio y en una primera fase ascendieron a 9.866,33 pesetas, solicitándose para ello la declaración de excención de subasta para la ejecución de las mismas en fecha breve.

Por otra parte, el Ayuntamiento remite al Gobierno Civil de la Provincia expediente para su adquisición, y cuya compra fue aprobada el día 2 de Abril de 1906. En dicho expediente se expone en uno de sus considerandos que se pretende la compra de este Palacio por “redundar en beneficio de los intereses generales del vecindario, por los nuevos elementos de vida que aporta a la población, sin que con su realización se lastimen intereses de ninguna clase, toda vez que, anunciado al público en forma, no se ha presentado ninguna reclamación y ha sido informado favorablemente por la Comisión Provincial, expediente que se aprueba con fecha 16 de julio de 1906.”

En otra sesión, el Alcalde expone que ya se había otorgado la escritura de compraventa, informando la primera autoridad ecijana, que ya se había concluido con éxito lisonjero la parte más difícil, que como obra humana había producido trabajos y sinsabores, y muy especialmente para el activo Diputado a Cortes señor Serrano Carmona, el cual y como en otras ocasiones, ha demostrado su gran actividad y su cariño hacia nuestra ciudad, por todo lo cual y como elocuente demostración de gratitud del pueblo ecijano para con su dignísimo Diputado, propuso y se acordó rotular con el nombre de Serrano Carmona la calle Comandante Cirujada, ya que este último nombre, si bien muy respetable por ser muy ilustre soldado de la patria, nada recuerda a los ecijanos.
Ya dijimos que la adquisición de la totalidad del Palacio sería lenta y costosa. La razón es bien clara, la titularidad del mismo no estaba en una sola persona y varios de los propietarios de participaciones indivisas estaban en paradero desconocido. De tal forma que la primera escritura de compra de participaciones se firma en Ecija el día 28 de Julio de 1906, y la última en 13 de diciembre de 1923, es decir 17 años después de la primera compra, y por esta razón tiene que abonar algo más de 13.000 pesetas en el precio ofertado. En total, el Ayuntamiento abona por la compra del Palacio la suma de 53.477,22 pesetas.

Finalizadas las obras necesarias, el día 25 de noviembre de 1906, el Notario don Antonio Greppi se constituye en la Casa Palacio de Valverde a requerimiento de don Plácido Ostos Angelina, Teniente Alcalde en funciones de Alcalde-Presidente, para ‘hacer entrega de este Palacio al señor Coronel Jefe del Establecimiento de Remonta llamado de Extremadura, don Luis de los Santos y Fontordera, cesión que se realiza nada más que para uso exclusivo de la Remonta, y mientras ésta subsista en Ecija, y llevándose a efecto dicho acto en ejecución del acuerdo de la Corporación Municipal de fecha 5 de noviembre de 1906, firmándose al efecto el correspondiente inventario por ambas partes.

Con este sencillo acto, el Ayuntamiento y más concretamente la ciudad de Ecija, hace entrega al Ejército Español de una de las joyas arquitectónicas más significativas de la ciudad y que hoy continúa en su uso y disfrute.

Asociacion Amigos de Ecija

DESCRIPCION GENEALOGIA DE LOS MAQUESES DE BENAMEJÍ

I MARQUES. JOSE DIEGO BERNUY.

Mayordomo del Señor don Juan de Austria. Primer Marqués por merced de la Sra. Madre del Rey don Carlos II. Concesión 4 sep. 1674 expedida carta y 23 mayo 1675.
Se casó dos veces: 1. ° nupcias con Francisca Zapata. 2ª. nupcias con Antonia de Acuña Altamirano.

II MARQUES. ANTONIO BERNUY ZAPATA.

Gentil hombre de Cámara del señor Rey don Carlos III y Menino de la Sra. doña Mariana de Austria.
Hijo del primer matrimonio de José Diego.

III MARQUES. JUAN IGNACIO BERNUY.

Hijo único de don Antonio Bernuy (HM.) y de su mujer doña María Henrique de Cabrera. Esta, hija de Juan Gazpar, Duque de Medina Seco, y de Leonor de Rosas.

IV MARQUES. FADRIQUE IÑIGO DE BERNUY MENDOZA ALTAMIRANO QUEZADA Y BAZAN.

Tiene además los siguientes títulos: Señor de lo Temporal y Espiritual de Benameji: Sexto Mariscal de Alcalá del Valle, Señor de la Casa Fuerte de Tomillos y de la Puebla de Palenciana. Patrono de las Iglesias de Benamejí, Convento de los Descalzos del Colegio de Sto. Angel de Sevilla y del insigne Hospital de Burgos y Grande de España, entre otros.

Hijo del segundo matrimonio de José Diego. Contrajo dos nupcias: En 1ª. con Elvira Fernández de Henestrosa, hija de don Juan B. Fdez. de Henestrosa, III Marqués de Peñaflor y Alférez Mayor Perpetuo del Ayuntamiento de Ecija, quien estaba casado con doña María Pascuala Barradas Baeza. Y en 2ª. con doña Ramona Fernández de Córdoba, que al quedar viuda reside en Córdoba.

Fallece en Octubre de 1760.

V MARQUES. JUAN B. BERNUY FERNANDEZ DE HENESTROSA.
Hijo de 1º. matrimonio.

Se casó con su tía, hermana de su madre, doña Josefa Fernández de Henestrosa, en la Iglesia de Sta. Bárbara, el día 17 de mayo de 1747. Hija del Marqués de Peñaflor, hermana entera de dicha doña Elvira. Consiguientemente, hija también del III Marqués de Peñaflor. = Cap. matrimoniales el día 4-10-1746. Ante Frco. Guzmán. 
Testamento 9-I1-1791, falleció ese año, el día 10 de noviembre.
Herencia el 10-2-1792 ante Molina y el 15-11-I796. Tuvo dos hijos, Fadrique José y María del Rosario, casada con Miguel Valenzuela.
Ella otorgó testamentos los días:
6-11-1771 (común), 18-6-1792 (común), 11-8-1792 (codicilo). Ante Molina.

VI MARQUES. FADRIQUE JOSE BERNUY FDEZ. DE HENESTROSA.
(último Benamejí que reside en Ecija)

Contrae matrimonio con: Francisca de Paula Valda y Maldonado, hija de Don Cristóbal Frco. de Valda y Prado de la Casta, Marqués de Valparaiso, Grande de España, Coronel de los Reales Ejércitos e Hija de la Excma. Sra. doña Joaquina Maldonado Boil.
Capítulos matrimoniales: 26-1-1768, en Madrid, ante Escribano Sr. Payo Sanz.
Contrajeron matrimonio en el Real sitio de Aranjuez el 15-2-1768.
El fallece en Ecija el 18-11-1797y se entierra en la Iglesia de la Victoria.
Ella fallece en Gilena el 26-8-1808.
Contrajeron matrimonio en Aranjuez y tienen 9 hijos:
JOSEFA, casada con don Joaquín Orozco Cárdenas, residen en Ubeda.
JOAQUINA, casada con don Trinidad Porcel Muñoz, Conde de las Lomas. Residen en Sevilla.
MARIA DOLORES, casada con don Gonzalo Aguayo y Manrique, Conde de Villaverde, viven en Córdoba.
JUAN BAUTISTA, (hereda el título), casado con M. a Carmen Aguayo Manrique, Condesa Villaverde, Reside en Córdoba.
MARIA ROSARIO, casada en 1782 con Fernando Tamarit Martel y Porcel, 8.° Marqués de la Garantía, viven en Ecija.
FRANCISCO DE PAULA, reside en Madrid.
MARIA PASTORA, casada con don Marco Castrillo Fajardo (1.° Alcalde Constitucional de Ecija).
FADRIQUE, orden de San Juan, y JOSE ANTONIO.

VII MARQUES. JUAN BAUTISTA BERNUY VALDA.
(no reside en Ecija, su residencia la establece en Córdoba).

Se casó con María del Carmen Aguayo. Condesa de Villaverde la Alta.
Nace en 1776. Fallece en 1809.
Su matrimonio tiene lugar en 1793.

MARQUES DE LA GARANTIA Y CONDE DE VALVERDE. DOÑA ROSARIO BERNUY VALDA.

DON FERNANDO TAMARIZ MARTEL Y PORCEL. VIII Marqués de la Garantía. Casados en 1782. Muere a los 60 años el día 3-12-1831. Testó el 29-11-1831 ante José Paula Saravia.

DON CRISTOBAL TAMARIZ MARTEL BERNUY. Casados en 1817. Marqués de la Garantía. Herencia 18-7-1868 ante R. Ortiz.

DOÑA MARIA DEL CARMEN NUÑEZ DE VILLA VICENCIO Y ANGULO.
Nace en 1802. Muere en 1877.

DON CRISTOBAL TAMARIZ MARTEL NUÑEZ DE VILLA VICENCIO. Marqués de Garantía (por su madre) y Conde de Valverde (por su esposa).
Nace en 1825. Muere en 1874, a los 49 años de edad. Testó 28-12-1873 M. Reina Heredia.

DOÑA IGNACIA FERNANDEZ DE HENESTROSA. (Su padre Marqués de Casa Henestrosa) su madre Pilar Fdez. Galindo y Julián.
Nace en 1835. Muere en 1894.
Contrajeron matrimonio en 1857. Herencia 17-11-1875.
Tuvieron 9 hijos: Fernando, Cristóbal, Jerónimo, Luis, María, Pilar y Carmen Tamariz Martel Fernández de Henestrosa, más dos llamados: Camilo y M. a Josefa, que fallecieron con corta edad.

DON JERONIMO TAMARIZ MARTEL FERNANDEZ DE HENESTROSA. Marqués de Garantía y Conde de Valverde. Nace en 1862. Muere en 1943.

DOÑA PILAR VINIEGRA LASSO DE LA VEGA.
Nace en 1868. Muere en 1953.
Contrajeron matrimonio en 1890 (venden el Palacio con sushermanos).

DON FERNANDO MARTEL VINIEGRA. Marqués de Garantía y Conde de Valverde.

DOÑA MARIA CONCEPCION MENDEZ RODRIGUEZ.

DON JOSE JERONIMO MARTEL MENDEZ. Actual Marqués de la Garantía y Conde de Valverde.

DOÑA MARIA ELENA MARTEL ADELER. Residen en Madrid.

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