MEMORIA DE UNA DECADA – (1960-1969)
POR D. JUAN MENDEZ VARO – 2001

EL CHIRRION.

La climatología de Écija y la condiciones del río Genil por aquellos años hacían de este un lugar de encuentro y divertimiento. Hubo diferentes zonas donde la juventud se congregaba para el baño, (Cortés, el Puente, San Antón, etc.) pero posiblemente el lugar más popular de todos, después de la playa “El Chinar”, fue sin duda “el Chirrión”, que tomó esta denominación por la existencia antaño de una gran noria, que regaba las fértiles huertas del Pago de la Alcarrachela. Como el chinar, fue muy concurrido especialmente por la proximidad a la ciudad, aunque esta zona no tuvo el carácter familiar que tenía la “playa”. No estaba exento de peligro, y de ahí que más de un padre o una madre aparecieran por aquel lugar, correa en mano, en busca de sus vástagos, en unas sesiones que quedaron para el recuerdo de algunos.


En la imagen superior un grupo de jóvenes pertenecientes a la JOC que, tras la celebración de un día de convivencia se trasladaron al río para darse un baño. En la imagen inferior otro grupo de jóvenes posan alegremente para el fotógrafo. Entre ellos José Cortés, Salvador Bermudo, Francisco Lebrón, Manuel Ulloa y José Antonio Benítez.

EL MINISTRO DE AGRICULTURA EN ÉCIJA.

La grave inundación que afectó a Écija, el sábado día 16 de febrero de 1963, dejó importantes secuelas en la agricultura, base fundamental de la economía de la ciudad. Las visitas de autoridades provinciales y nacionales se sucedieron a lo largo del año. Además de la del Gobernador Civil, se trasladaron a la ciudad el Presidente de la Diputación Provincial, el Director General de Obras Hidráulicas, el Vicesecretario de Ordenación Social y el Directo General de la Vivienda. Pero posiblemente la más esperada por parte de los labradores fue la que realizó el ministro de Agricultura, Cirilo Canovas, que venía acompañado de los Directores Generales de Colonización y de Agricultura, Alejandro Torrejón y Antonio Moscoso, así como el Ingeniero Jefe de la Jefatura Agronómica de Sevilla, Juan Antonio Lanzón.


Las instantáneas recogen el momento de la llegada del ministro a las puertas de las Casas Consistoriales, siendo recibido por las autoridades locales. El ministro y su séquito pasaron a la sala capitular, donde se entrevistaron con el Jefe de la Hermandad de Labradores y Ganaderos y diferentes agricultores, quienes le expusieron la situación del campo ecijano.

Después de la reunión, el ministro y sus acompañantes se trasladaron a algunas zonas afectadas por la inundación.

EL ORGANISTA PEPITO GUERRERO.

El organista Pepito Guerrero nació en Écija en 1910 y ejerció como ecijano hasta su muerte en la navidad de 1-986. Tuvo sus momentos de vacilaciones para marcharse a Madrid donde muchos profesionales les auguraban gran porvenir como pianista y compositor. Su hermano mayor profesor del conservatorio de Córdoba y violinista de primera categoría. Su ambiente habitual y familiar era la música.

Ya de niño, con muy pocos años, tocaba la flauta en la banda municipal, y el violín lo manejaba con soltura y maestría. Fue organista de la Parroquia de Santa Cruz. Desde su niñez todas las parroquias iglesias y conventos de Écija, fueron testigos de su buen hacer como organista. En la memoria de muchos ecijanos, ya mayores, son recordadas la misas de doce en la iglesia de San Francisco en cuyo órgano tuvo momentos magistrales.

Tras el paréntesis de la triste Guerra Civil entra a trabajar en el Sindicato Agrario. A continuación hace oposiciones al Instituto Nacional de Previsión a donde pertenece hasta su jubilación. En esta etapa su trato humano y afable hace que muchas personas le recuerden con cariño y afecto.


La fotografía superior fue tomada en la Parroquia de Santa Cruz, en la que vemos a Pepito Guerrero, a la derecha, con corbata y una partitura en la mano, junto con miembros del coro parroquial. Entre sus componentes Juan Cano, Víctor Guerrero, Rafael Fernández, José M. Reina, Francisco Sánchez, Leonardo Neri, Manuel Cobalea, Manuel Ramírez, José Barriga, Hermanos Osuna Fernández de Bobadilla, Rafael Sixto-Tutor, José Guerrero, Manuel Navas, José Cobos…

La inferior pertenece al coro femenino de la Iglesia de San Francisco, del que formaban parte (de derecha a izquierda) Jacinta Mateos, Conchi Garrido, Pilar González, Francisco Garrido, Valle Rojano, Lolita Garrido, Pepito Guerrero, Maria Luisa Linares, Esperanza Flores, Maria Luisa Martín, Lolita Vargas, Cari Martín, Teresa Rabasco, Carmen A. Gallardo y Encarnita Martínez.

EL REPARTIDOR DE PAN DE LORENZO PRADAS.

Desde las ilustraciones que recogemos en la siguiente pagina a los modernos métodos de consumo de pan al instante, en hornadas de barra “baguette” o “Chapata”, hay todo un mundo. Los nuevos hábitos alimenticios están anquilosando el pan de “kilo”, el bollo, la telera o el bobo.

La ciudad contaba con prestigiosas panaderías, instaladas en los propios domicilio de sus industriales. Entre éstas se encontraban las de Manuel Gamero Ruiz, Lorenzo Pradas Rojas, Rafael Guisado Richarte, Fernando Ojeda Osuna, Manuel Osuna Postigo, Antonio Pradas Lucena, Ramón Freire Pradas, Antonio García García, José Villalón Peralta, Rafael Álvarez Molina, Feliciano Durán Durán, Fernando Rodríguez Soler y Domingo Fuentes Plata.

Para la elaboración del pan, por entonces todo manual, se hacía indispensable la presencia de un buen numero de trabajadores, que se clasificaban según su especialidad en: maestro panadero, maestro de pala, oficial de masa o amasador, ayudante, elaborador, oficial de punta de canto, etc.

Entre las panaderías de mayor prestigio y popularidad se encontraba la de Lorenzo Pradas, situada en el barrio del Puente, que llego a contar con mas de veinte profesionales distribuidos en dos turnos. El reparto del pan se hacia mediante carros de tracción animal, de los que había como encargados tres operarios, dos para el casco urbano y uno para el medio rural.


Estas espléndidas y costumbristas fotografías nos traen a la memoria al popular repartidor Andrés Girón Moreno. En la imagen de arriba vemos uno de estos carros, en cuyo interior y en grades espuertas de palma contenían el pan. En la imagen inferior Andrés posa junto a unas clientes habituales, provistas de sus correspondientes talegas que eran un objeto cotidiano y familiar. La talega era una bolsa de tela hecha en casa, con un pasacintas para cerrarla, a veces con las iniciales de la familia bordadas en punto de cruz. Era un objeto multiuso, cuanto ahora se hace con las bolsas de plástico de la compra de los supermercados.


Andrés fue contratado el día 1 de Enero de 1932, con el cargo de repartidor de pan “con carrillo y bestia”, con un jornal de 6,75 Pts. diarias.

EL TELECLUB DE ÉCIJA.

Allá por los primeros años sesenta un grupo de jóvenes dispuso agruparse en torno a un centro cultural que diera rienda suelta a sus inquietudes. Una de las alternativas de aquellos tiempos eran los teleclubs, centros éstos, que estaban auspiciados por el Ministerio de Información y Turismo y que “poblaron” el territorio español. Fue tal el éxito de estos centros culturales que una población, Cañada Rosal, años mas tarde le dedicó una calle.

El primer objetivo del grupo fue tener un local y éste fue conseguido gracias a las gestiones del párroco de Santa María. Abierto en 1962 y en unas dependencias anejas a las antiguas instalaciones de Falange Española era el lugar ideal para sus objetivos. No importó que el inmueble estuviera en ruina, que careciera de corriente eléctrica y agua y de las condiciones mínimas para el destino que ellos tenían previsto. Todo era cuestión de ilusión y de trabajo y lo demás llegaría.


Comenzó su andadura, como recuerda uno de su presidentes, Rafael “Armenta”, en “una sala de diez metros cuadrados, un cajón de cerveza, que servía de mesa, y en torno a la cual, estaban las ilusiones y proyectos”. Allí siete jóvenes, sobre unos ladrillos que servían de improvisadas sillas, y en la puerta de dicha sala, un letrero, escrito en un trozo de cartón, más o menos grande que recaba TELECLUB DE ÉCIJA, inscrito en la Red Nacional, con el número 3322. Cuando estos jóvenes concluían sus estudios constituían en un perfecto equipo de técnicos capaces de transformar las ruinas de un edificio en un centro cultural, sencillo pero de gran contenido, que llegó a tener una indudable importancia en este periodo de tiempo.

Se consiguió del Ministerio de Información y Turismo el reconocimiento oficial del Teleclub, además de la entrega de un TV en blanco y negro y una biblioteca básica, acto que se llevó a cabo en un edificio de la Plaza del Duque, en Sevilla. Ya se disponía de algo: televisión y libros, aunque aquella tuviera que ser vista durante algunos meses sentados sobre improvisados asientos. Se designó la figura del monitor que recayó en el coadjutor de San Gil, Antonio Pérez Daza. Durante su gestión tuvieron un indudable éxito los cineforum. Las películas se proyectaban en el fresco y agradable patio del Teleclub en un proyector Marín, con películas que suministraba la distribuidora San Pablo Film de Sevilla.


Llegó a tener su propio medio escrito DRAGO, Órgano informativo del Teleclub de Écija, que se editaba como espacio abierto para el diálogo, y que se imprimía mediante ciclostil en el archivo de la Iglesia de San Juan, y un grupo de teatro propio “Jarapo”, con una obra escrita por uno de sus miembros “El Perro del Hortelano”, relato directo, sencillo, interesante y popular. Los actores jóvenes del club que actuaban con espontaneidad y sencillez, consiguieron gran éxito no sólo en Écija sino también en otras poblaciones.

EL TROMPO.

La construcción a partir de los años sesenta de diferentes barriadas periféricas –El valle, Santa Ana, Beato Francisco Díaz, Grupo de Pavón, etc- demandó pronto un servicio de autobuses que comunicara la zona centro, eje comercial por excelencia por entonces, con estos nuevos núcleos urbanos que carecían, en sus inicios, de suficientes comercios para cubrir las necesidades cotidianas de sus vecinos.

Aunque ya hubo con anterioridad una empresa de servicio urbano, a cuyo autobús pertenece la fotografía inferior, no fue hasta el 20 de agosto de 1964, cuando el empresario, Vicente Flores, oriundo de Cabra (Córdoba), la consolida definitivamente.

El primer trayecto y por una peseta el billete, fue desde el “Salón” hasta la barriada del Valle pasando por las calles Santa Cruz y Mayor, regresando a través de Puerta Palma, La Calzada, Carreras, Puerta Cerrada y del Conde. Este recorrido urbano tuvo que ser modificado, a las pocos días, debido a las dificultades y molestias que ocasionaba el vehículo por las vías más estrechas.

A continuación se puso en marcha el recorrido desde el “Salón” hasta el Grupo Santa Ana, regresando por la calle Victoria, y desde el “Salón” hasta el Puente, por las calles Merinos y Mayor hasta llegar a la barriada del Valle, con lo cual quedaba integrada la zona norte de la ciudad.


Como se sabe, desde la puesta en servicio del transporte urbano, la población lo denominó popularmente como “el Trompo”, dado que el autobús va y viene de la barriada “la Guita” y da vueltas al “Salón”.

FÁBRICA DE IMPERMEABLES DE PEPE SANJUÁN.

No pretenden estas páginas evocar momentos nostálgicos de una gran empresa industrial y modélica, sino ofrecer un merecido homenaje a la figura de un hombre emprendedor, culto, con voluntad de hierro y sobre todo de extraordinaria humanidad. Nos estamos refiriendo a José Sanjuán Ariz-Navarreta, empresario que aunque no vivió en la década de los sesenta, sí nos legó su estilo, su vocación y su gran tarea industrial, cualidades que se reflejaron en la ejemplar industria: fábrica de Impermeables que llevó su nombre.


No fue una industria especializada en una actividad concreta. En sus instalaciones, debido a la clarividencia extraordinaria y a s la fuente de energía y creación de su fundador, se abarcaron diferentes actividades industriales, entre ellas, las de carpintería, donde se construían carros y carretas par las labores del campo así como coches de caballos de lujo en varios modelos, actividad que fue evolucionando y que Pepe Sanjuán adaptó a los tiempos y necesidades construyendo las primeras carrocerías de madera de las posteriores camiones de carga.

Simultáneamente se distinguió en la construcción dejándonos numerosas obras entre las que merecen destacarse el edificio actual del Palacio de Justicia (1930), y el Teatro Sanjuán (hoy Teatro Municipal), reedificado tras el incendio que destruyó el anterior inmueble en enero de 1.937, y que él reconstruyó para ser inaugurado en 1940, acometiendo a la vez la tarea de empresario teatral.

Es igualmente de destacar la construcción de la capilla camarín de la Santísima Virgen del Valle, obra de la que consta su contribución y desinterés, así como el rescate del subsuelo de las Ninfas renacentistas de la primitiva fuente de la Plaza de España, diseñada por Hernán Ruiz.

Este empresario siempre se rodeó de un buen equipo de profesionales, incluido el personal del proyecto y dirección de las obras, donde Pepe Sanjuán apostó por su encargado jefe Manolo Galisteo, que a pesar de no tener la titulación de arquitecto, fue capaz de desarrollar tan bellas obras, las cuales fueron ejecutadas íntegramente en sus talleres que abarcaban todos los oficios y gremios tales como carpintería, cerrajería, fundición (propia), solerías de baldosa hidráulica (propia), cerámica, cubierta, etc.

En cualquier caso, la actividad que mas fama le dio a este industrial fue, sin duda, la confección de impermeables, que como corresponde a un hombre adelantado a su época, llegó a tener marca comercial con logotipo, denominado “El Dios Neptuno”, generó mucho empleo, especialmente a mujeres en confección de capotes de gran popularidad en toda España. Diseñó y suministró los trajes de los pescadores de los barcos del Norte y Suroeste de España.


Su inquietud le llevó a realizar prácticas con cultivos alternativos, sembrando lino con el que tejer lienzos en sus propios talleres y sembró tabaco, para lo cual construyó unos secaderos, además de otras actividades relacionadas con la aceituna, que bien merecían un estudio monográfico.

En años de guerra y para suplir la falta de suministros, se vió obligado a resolver las dificultades del momento gracias a su ingenio, elaborando e improvisando maquinarias, útiles y materia prima, siendo significativo el pegamento y la cola elaborados por él mismo utilizando procedimientos de los que obtuvo grandes resultados.

Tal era su actividad fabril que llegó a ser el principal cliente del ferrocarril de Écija con vagones completos diarios de mercancías que bien llegaban de Barcelona o salían de la estación para su distribución.

Pepe Sanjuán fue en definitiva un hombre de gran talento y pionero en su tiempo, lo lamentable fue que nos dejara a la edad de 58 años.

FÁBRICA DE LINO Y VIVIENDAS DE OBREROS.

La cooperativa presidida por Enrique Osuna y Gómez del Rosal, como jefe de la Junta Rectora, llegó a un acuerdo con la década de los cincuenta con el alcalde de la ciudad, Ceferino Vázquez Usabiaga, para adquirir unos terrenos de propiedad municipal sitos en el lugar conocido por el Valle. En estos terrenos estuvo proyectada, en primer término, la edificación de una factoría industrial, (fábrica de azúcar y fibras textiles), pues reunían, según los gestores, las condiciones ideales para su actividad, toda vez que además de la proximidad del río Genil, estaba la estación de ferrocarril. La parcela estaba delimitada por tres vías públicas; el camino que desde la Molina conduce a la carretera del cementerio, la propia carretera del cementerio y el camino de la Barranca y a todo ello se añadían las ventajas que daba la proximidad a la ciudad.

A la bendición de las modernas instalaciones de la factoría de fibras, lino y cáñamo, (oficinas, secadero, balsas, agramadora y naves para máquinas y almacenes), acudió el Cardenal de Sevilla Pedro Segura, que también bendijo ese día la emisora de la parroquia de Santa Cruz.


Hubo incluso gestiones, por parte de la Junta Rectora con RENFE para proceder a la construcción de un ramal de la vía férrea, al igual que existís con la algodonera, que permitiese la entrada y salida de vagones a la factoría; pero este proyecto no llegó a prosperar debido a las dificultades que opuso la Red de Ferrocarriles Españoles que ya barajaba la posibilidad de suprimir la línea férrea ecijana.

La fatalidad de esta factoría que daba ocupación temporalmente a mas de cien personas y que tenía una capacidad para el enriado de dos millones de kilos de varilla para obtener de ella fibras, bien de lino o de cáñamo, llegó una mañana del año 1960, cuando un pavoroso incendio la destruyó. Del duro golpe la cooperativa tardó tiempo en rehacerse. Según recuerda Francisco Martín Soldán, portero de las instalaciones y que lleva toda su vida vinculado a este cooperativa, el incendio fue de gran espectacularidad, no pudiéndose hacer nada, dada la fácil combustibilidad de la producción almacenada, haciendo inútil todo cuanto se hizo para evitar la destrucción de las instalaciones.

En la fotografía inferior, viviendas desaparecidas que fueron construidas por la cooperativa para albergar a sus obreros fijos, situadas frente a la fábrica de aceite de la Merced, en la carretera de Córdoba. Estas casas fueron ocupadas por las familias de los operarios Francisco Martín Barca, Manuel Martín Soldán, Rafael Ortiz, José Martín Barca, Antonio Victorio y José Ramírez.


En los inicios de los sesenta las seis casa adosadas fueron derribadas, y sobre el solar, la propia cooperativa, edificó un edificio de 30 viviendas y locales comerciales, cuyo destino fue dar alojamiento a sus operarios.

FESTIVIDAD DE SANTO TOMÁS DE AQUINO.

Los estudiantes del Instituto Laboral festejaban cada año el día de Santo Tomás de Aquino. Los actos daban comienzo con misa cantada por el coro del centro. A continuación se trasladaban las autoridades, profesores, alumnos y gran número de invitados a uno de los patios, donde tenía lugar el desarrollo de tablas de gimnasia educativa. Posteriormente la banda municipal daba un concierto para dar paso al acto literario por los alumnos.


Con la apertura del Instituto San Fulgencio sus estudiantes se sumaron a esta tradición, donde las funciones religiosas y actividades lúdicas presidían los actos centrales de esta fiesta. Cada año se intentaba que el programa fuera mas variado, incluyéndose obras de teatro, como la llevada a cabo en el Teatro Cinema Cabrera, a cargo de los alumnos del Instituto San Fulgencio que pusieron en escena “El Genio Alegre”. Pero lo que más agradó a los estudiantes fue la proyección, en el teatro Sanjuán, de la película “Margarita se llama mi amor”, que por aquel tiempo fue todo un éxito entre la juventud, y la gran cabalgata estudiantil que recorrió las calles de la ciudad, al poner una nota simpática a la jornada por sus ocurrentes y originales disfraces.

FIESTA DEL CARNAVAL EN ECIJA

La sociedad Casino de Artesanos recupera en los últimos años de los cincuenta y primero de los sesenta los Carnavales. Tras varias décadas de olvido y prohibiciones surge esta fiesta, con una importante presencia de la juventud ecijana lo que llega a ser una de las felices recuperaciones del folklore andaluz. Los carnavales se celebran, con las limitaciones propias de los tiempos, pero con toda su autenticidad, su carga crítica, su creatividad, su plástica, con su fuerza satírica y contestataria.

El Casino de Artesanos se puebla de jóvenes disfrazados, en un alarde de vistosidad e imaginación, no faltan las alusiones a los 7 niños de Écija, que integran Juan Wic, Emilio Martín Caballero, Manolo Budia, Jesús Blanco, entre otros.


Y como al equipo de fútbol Sevilla C.F. no le iban bien las cosas en la temporada, un grupo de amigos aficionados béticos, se disfraza con los colores del equipo de Nervión con “farolillo en mano”, cantando canciones que satirizaban a este club. Sus miembros posan en pie. Manolo Mata, Jacinto García, Leonardo Neri, Pepe Barrios, Francisco Torres, Antonio Tirado y Ángel Cáceres. Agachados: Manolo Moro, Emilio Infante, Antonio Alcaide, José Martínez Martínez y Manolo Barrios.


El Casino se transforma estos días en Carnaval, con fiestas cuajadas de concursos y bailes, de ida y venidas, en las que el público se ríe de su sombra y las penas se olvidan…

HOMENAJE A FRAY FRANCISCO XIMENEZ.

El ayuntamiento de la ciudad, la Academia Vélez de Guevara de Écija en unión con las Reales Academias de Sevilla, Córdoba y Cádiz, la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, la Sección de Historia de América de la Universidad Hispalense y el Embajador en España de Guatemala tributaron un reconocido homenaje al ilustre dominico ecijano Fray Francisco Ximénez, primer historiador de Guatemala, con motivo de cumplirse el tercer centenario de su nacimiento.


El acto tuvo lugar el día 18 de diciembre de 1.966, iniciándose con una misa en el Convento de San Pablo y Santo Domingo oficiada por los religiosos de la Orden. A la conclusión de la ceremonia, el Embajador de Guatemala procedió a descubrir una placa conmemorativa en la fachada del templo con este tenor: “ la ciudad de Écija a su ilustre hijo dominico Fray Francisco Ximénez, en el III centenario de su nacimiento (1666-1966). “ Francisco Ximénez llegó a Guatemala en 1.688, como miembro de la orden de frailes predicadores de Santo Domingo. A él le fue recomendada la tarea de escribir la crónica de su Provincia, lo que hizo cuando fue cura párroco en diferentes pueblos. Llegó a ser un excelente lingüista y estudió a fondo varias lenguas vernáculas. Mientras estuvo en Chichicastenango, los indios le enseñaron el manuscrito de los antiguos quichés, el cual es conocido generalmente con el nombre de Popol Vuhj. Fray Francisco copió el original en quiché y lo tradujo al español. Esta copia es la que está depositada en la Newberry Library, de Chicago. Las instantáneas recogen el momento del acto religioso en el Convento de San Pablo y Santo Domingo. Abajo, autoridades y académicos de la Real Academia Vélez de Guevara, en el Casino de Artesanos.

HOMENAJE A UBALDO GONZÁLEZ.

Uno de los personajes más populares y queridos de las años sesenta fue, sin duda alguna, Ubaldo González. Su popularidad y cariño le vienen dadas tanto por su sencillez, como por su entrega a la juventud ecijana. Nuestro personaje llegó al colegio del Carmen de la Ciudad de las Torres en el mes de Septiembre de 1.962, donde impartió clases de primera enseñanza. Participó en las labores encomendadas a los jóvenes de Santo Domingo Savio, organizando conferencias, retiros, sabatinas y excursiones. Pero se hace aún mas popular cuando toma la dirección de un equipo de fútbol, integrado por antiguos Salesianos “El Carmen”. Cosechó muchísimos triunfos, y especialmente en la dirección del batallón infantil, de Cornetas y Tambores de los Salesianos.


Pero no termina ahí su labor, ya que en Navidad dirige el Coro de Campanilleros que sería el encargado de llevar la alegría a muchos hogares ecijanos. En las instantáneas Ubaldo recibe el reconocimiento público por su gran labor, el primero el día 25 de octubre de 1.964, y el segundo por parte de los jugadores del equipo de salesianos; con una comida que se le tributó el día 19 de septiembre de 1967.

INAUGURACION DE LAS INSTALACIONES DE LA COOPERATIVA.

El día 13 de noviembre de 1965, tuvo lugar en las instalaciones de la Cooperativa Agropecuaria e Industrial, del bario Colonda, la inauguración de la nueva almazara, del conjunto de prensas y bombas, así como los depósitos.


Al acto acudió el Gobernador Civil de la Provincia Utrera Molina, que se trasladó a Écija acompañado del Presidente de la Diputación Provincial. Estuvieron también presentes miembros de la Junta Rectora de la Entidad, presidida por el Señor Tamarit Rodríguez, el Jefe Nacional de Cooperativas del Campo, Domingo Solís Ruiz y de la Obra Sindical de Cooperación, Isaías Monforte, el Delegado Provincial de Sindicatos, Julián Calero Escobar; Antonio Calero Escobar, Jefe Provincial de Cooperación; el ingeniero Jefe de Colonización, Grande Cobián y otras personalidades. Entre las autoridades locales se encontraban presentes, el Juez de Instrucción, Comandante Militar y Teniente de la Guardia Civil.

La nuevas instalaciones, en las que se invirtieron unos veinte millones de pesetas, fueron bendecidas por el arcipreste de la ciudad, procediéndose posteriormente a la visita de la almazara, que quedó constituida por 12 prensas hidráulicas entre 1.000 y 1.200 kilos. La molturación era efectuada por seis molederos con una capacidad superior a los 40.000 Kg. de aceitunas.


A continuación las autoridades y socios de la cooperativa se trasladaron a la otra margen de la carretera nacional y procedieron a al inauguración del grupo de viviendas destinadas a los obreros de la cooperativa.

INAUGURACION DEL INSTITUTO SAN FULGENCIO.

El día 5 de octubre de 1965 la ciudad se ve beneficiada con la inauguración, de un moderno centro educativo: el Instituto Nacional de Enseñanza Media “San Fulgencio” , construido en la zona denominada “El Cerro”. Las autoridades fueron recibidas por la Corporación Municipal, en las Casas Consistoriales, y tras ser cumplimentadas se trasladaron al nuevo edificio. El acto tuvo lugar a las doce de la mañana con la presencia del Ministro de Educación, Manuel Lora Tamayo, Gobernador Civil, José Utrera Molina, y del Presidente de la Diputación, Carlos Serrano y Pablo Romero, y el Rector de la Universidad de Sevilla, José Antonio Calderón Quijano.

Tras la bendición por el arcipreste, tomaron la palabra el Alcalde de la ciudad, el Director General de Enseñanza Media y el Ministro de Educación. En la presidencia estuvo su primer director, José Ruesga Salazar, que venía desempeñando la cátedra de dibujo del Instituto Rodríguez Marín de la vecina localidad de Osuna.

Concluidos los actos inaugurales, el Ministro Lora Tamayo y su equipo se trasladaron al Instituto de Enseñanza Media y Profesional Vélez de Guevara, donde fueron recibidos por el director Antonio Fernández Pro, claustro de profesores y alumnos, visitando posteriormente las diferentes aulas y talleres del centro.

JARDINES DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES.

Una de las primeras y felices iniciativas del alcalde Joaquín de Soto fue la construcción de unos nuevos jardines en la zona sur de la población que complementaran a los ya existentes en el Paseo de San Pablo. Los ecijanos quedaron gratamente satisfechos ante el anuncio de las obras. Desde el soterramiento del arroyo del Matadero, la zona de la Alcarrachela quedó incorporada al casco urbano, creándose unas perpestivas idóneas de expansión urbanística.

La franja de terreno paralela a la avenida de Italia (hoy de Andalucía), delimitada en la zona norte por la citada vía y, por otra, por los terrenos privados de Antonio Marín, sin uso concreto, salvo la ocupación durante algún tiempo por el Real de la Feria, reunía todas las condiciones para llevar a cabo este fin.

La inauguración de los bellos jardines tuvo lugar con motivo de la festividad del 18 de julio del año 1961, a las diez y media de la noche. Fueron bendecidos por el arcipreste de la ciudad, y simultáneamente al encendido del alumbrado público, la banda Municipal entonaba el himno de Écija.

Desde entonces y pese a sufrir el cambio de denominación y una posterior reforma, este paseo sigue siendo uno de los principales lugares de recreo de los ecijanos.

JOAQUIN DE SOTO Y ANTONIO ROMERO, HIJOS ADOPTIVOS DE ÉCIJA.

La Corporación Municipal en Pleno, en sesión celebrada el día 29 de mayo de 1.964, tomó el acuerdo unánime de aprobar la moción presentada por el Teniente de Alcalde Rodríguez Nogueras, en la que se proponía el nombramiento de Hijo Adoptivo de la ciudad, a Don Joaquín de Soto Ceballos-Zúñiga. El homenaje popular y la entrega del pergamino por parte del Teniente de Alcalde Lorenzo Ostos, a la que corresponde la instantánea inferior, se celebró en la Sala Capitular, el día 25 de enero de 1.967, coincidiendo con la festividad del Patrón de la Ciudad, con una nutrida representación de autoridades civiles y militares, así como de instituciones locales.


Merecido homenaje fue también el tributado a Antonio Romero Gordillo, un hombre querido y popular, en reconocimiento a su desinteresada y humanitaria labor en pro de cuantos ciudadanos lo necesitaban. En base a ello el Consistorio astigitano, en sesión extraordinaria, celebrada el día 30 de junio de 1.958, le concedió el honor de ser nombrado Hijo Adoptivo de Écija. Pero hubo que esperar hasta el día 10 de diciembre de 1.961, para que el Señor Romero Gordillo, recibiera el título oficial de Hijo Adoptivo. Pergamino que por deseo de la Corporación Municipal, fue costeado por suscripción popular de los ecijanos.


A continuación del acto protocolario le fue ofrecido un almuerzo en el salón de actos en el Casino de Artesanos, que estuvo servido por un restaurante sevillano. El precio del menú, el de la época: 125 pesetas comensal.

LA CARACOLÁ.

En los años sesenta las puertas de la casas en Écija estaban abierta, “de par en par”. Sólo era costumbre entornarlas en caso de luto. La casa era, pues, una prolongación de la calle, pues además de gozar en los paseos se podía recrear con el encanto de los patios ecijanos. Por las noches, a lo sumo, se echaba el cerrojo o bien se cerraba con llave que se dejaba tras la puerta. Si algún vecino llegaba tarde podía cogerla del postiguillo sin problemas. La casa de vecinos, o vivienda plurifamiliar, tenía un amplio corral o patio. Alrededor de éste las habitaciones de desigual tamaño y dependencias: cocina colectiva, retretes y lavadero. Un patio donde se comía, se tomaba el fresco y se hacía vida agradable, o se recreaba en la siesta en las tardes de verano. Las manos femeninas procuraban tener la casa embellecida de toda suerte de macetas, desde el patio hasta la azotea, desde el corral hasta la fachada, geranios sujetos con abrazaderas en las paredes o columnas, otras de gitanillas, o aquellas tinajas o barriles blanqueados de cal, rellenos de jazmín donde un olor agradable que inundaba todo el inmueble. Y en las blancas paredes jaulas de pájaros. En el suelo, sostenida por latas o mil artilugios, más macetas para cultivar flores o tener a mano perejil y hierbabuena.

En los patios de las casas de vecinos, también en este decenio, se celebraban fiestas familiares, bodas, bautizos y se mantenían momentos de convivencia en alegres tertulias. Era una costumbre extendida hacer “las caracolás”, hábito éste que llenaba las tardes y las noches de cordiales camaraderías y con ellas, ponía una nota festiva a tantas y tantas jornadas de duro trabajo. Sirva como ejemplo esta espléndida fotografía que recoge en animada hermandad a estas vecinas de la calle Torcal, preparando los caracoles que compartirán en un día inolvidable.

La imagen es una estampa costumbrista, una muestra etnográfica sobre las formas de vestir, de peinarse, y que, sin duda alguna, estimulará la memoria de quienes lo vivieron.

LA PEM, S.A.

En los años cincuenta las industrias de panaderías estuvieron asociadas en torno a una Sociedad denominada Panadería Ecijana Mecanizada S.A., más conocida por PEMSA. La primera piedra de esta fábrica fue bendecida en el mes de noviembre de 1956 por el arcipreste de la ciudad, Rogelio Rodríguez Naranjo. La fotografía, tomada en los primeros años de la década de los sesenta, recoge el moderno edificio industrial que se alza en unos terrenos próximos a la plaza de Toros, apreciándose también, los terreno baldíos, en los que posteriormente, serían edificadas las viviendas de la barriada Beato Francisco Díaz, extramuros de la ciudad.

El Consejo de la Compañía Mercantil PEM, S.A., estaba formado por Lorenzo Pradas Rojas, presidente; Antonio García García, vicepresidente; Domingo Fuentes Plata, secretario; Fernando Ojeda Osuna, Gerente; y Feliciano Durán Durán, José Villalón Peralta, Rafael Guisado Richarte y Antonio Pradas Lucena, vocales.

El proyecto de esta empresa fue el de llevar a cabo la industrialización de las panaderías ecijanas, que tras un importante auge, desembocó posteriormente en la liquidación y disolución de la Sociedad, y la vuelta a la tradicional tahona de carácter familiar.

Este edificio estuvo varios años sin actividad hasta que el empresario Rafael Álvarez Molina lo adquirió para destinarlo a fábrica de dulces y panadería, la popular “San Martín de Porres”. Sus instalaciones fueron bendecidas por Rafael María Galán Maestre, coincidiendo con la festividad de San José Artesano. Desde aquel día comenzaron las actividades bajo el patrocinio devoto de San Martín de Porres, ampliación y complemento de la bollería y confitería La Gloria.

LA PLAYA DE ÉCIJA: EL CHINAR.

A unos dos kilómetros río arriba, en la carretera de Écija a Herrera, en un remanso tranquilo del río Genil, que tenía las condiciones ideales para el baño, encontraron los ecijanos durante varios años un lugar delicioso para combatir las altas temperaturas de los meses de estío. El ambiente era grato y casi hogareño.


Familias enteras, con tortillas de patatas, picadillo de tomate y abundante gazpacho, se reunían a la hora del almuerzo bajo la sombra de los árboles. Sombra y frescor que confortaban después de las delicias de una baño en las claras aguas del río Genil. Eran tan numerosos los ciudadanos que acudían a la “playa” que un parroquiano instaló un chiringuito, para que el lugar tuviera los ingredientes de una playa de la Costa del Sol. Pero no fue éste el único lugar de moda: San Antón, Las Barrancas, La Molina y el Chirrión, eran también recursos de los que los ecijanos disponían para refrescarse y defenderse del asfixiante calor veraniego.

LOS CONJUNTOS MUSICALES DEL TELECLUB DE ÉCIJA.

Famosos fueron los bailes dominicales con conjuntos en vivo de este Teleclub. Para su mejor desarrollo la junta directiva distribuía, por riguroso orden, los puestos de responsabilidad: control de entradas, teclado de cambio de luces para el conjunto y la barra. Todos salvo uno que era fijo y que recaía en Antonio León, cuya misión era ir al Batanejo, con un carrillo de la “Churreta” para recoger las barras de hielo para abastecer la nevera.

De los diferentes grupos musicales ecijanos que surgieron por aquellos años sobresalió “Dakota” que vemos en una actuación en el Casino de Artesanos. Este grupo integrado por Antonio Chía, punteo, Jesús Chía Rodríguez, cante y guitarra rítmica; Antonio Sogel del Cid, batería y Juan Martín Navarrete guitarra baja, llegó a conseguir gran aceptación por parte de la juventud ecijana.


En la foto inferior el grupo musical “Scounting” formado por Emilio Martín Guisado, Eduardo Hidalgo Romero, José Fuentes, Manolo Vargas y José Carmona en una de sus numerosas actuaciones en el patio del Teleclub, con escenario decorado por Rafael Armenta.


El tiempo fue transcurriendo y ganando el Teleclub prestigio. La simpatía, en primer lugar, de los ciudadanos y, posteriormente, de las autoridades locales vino a avalar el trabajo y el buen hacer de estos jóvenes comprometidos, entre los que se encontraban: Antonio León, José A. Monzón, Antonio Cuevas, Manuel Laguna, Rafael Grande, Rafael González “Armenta”, Juan Méndez, Julio Nieto, José M. González y su monitor Antonio Pérez Daza. Pasado los años se incorporan otros hombres como José Zapico, Paco Serrano, Jesús Dugo, Loli Rodríguez, etc.

El Teleclub polarizó durante los años sesenta y los inicios de los setenta, gran parte de la actividad cultural no oficial que se organizaba en Écija. Con la llegada de la democracia, el Teleclub cierra sus puertas. Algunos de sus miembros, se integraron en la política activa y formaron parte del primer Ayuntamiento Constitucional, otros derivaron hacia la gestión de cooperativas y otras actividades. Y hubo, en fin, quienes siguieron con la idea de que había que formar una asociación independiente que se ocupara de mantener viva la cultura de la ciudad, y de ese núcleo de jóvenes nacería posteriormente en 1979, La Asociación de Amigos de la Ciudad de Écija.

LOS MOLINOS HARINEROS DEL RIO GENIL.

La ciudad de Écija tiene como se sabe unas magníficas facultades de producción masiva en el aspecto agrícola, tanto en lo referente a producción de cereales como leguminosas, fibra, etc. Siendo paradójica la ausencia de industrias que aprovechen todos estos recursos agrícolas, aunque en épocas pasadas se llegaron a contabilizar más de 200 molinos aceiteros diseminados por su término.

Importante fue el número de molinos harineros en el río Genil y entre éstos los conocidos como aceñas del puente principal o escalera: “Malvecinos”, “Cuatro Piedras”, Albaza” y “Batanejo”, que se encuentran interconectados entre sí mediante puentecillos de madera para el tránsito durante el verano. En invierno se utilizaba una barca para el traslado del grano y la molienda. A comienzos del siglo XX sobre los cimientos de los molinos Malvecinos y Cuatro Piedras, situados en la margen izquierda del río se alzó una moderna fábrica denominada Nuestra Señora del Rosario. En el lado opuesto está el molino conocido por Batanejo, que ostentaba el privilegio reconocido por la Real Ejecutora de 1747 de que si ocurriese escasez de agua, las demás aceñas o molinos de dicha parada han de cerrar, bajar y aguatochar una de sus piedras.


Las dos edificaciones aunque sometidas a diversas reformas, pertenecieron a una milenaria actividad mercantil muy entroncada con la historia de la ciudad. En el decenio de los sesenta aún estaba en plena actividad la fábrica de harina de Nuestra Señora del Rosario. En cuanto al Batanejo, se dedicó a fábrica de hielo aprovechando las limpias aguas procedentes del río Genil. En las propias instalaciones se hacía la venta al público. También se realizaba el suministro mediante un carro, cerrado y de tracción animal, a particulares y a los establecimientos de hostelería, para abastecer a un nuevo artilugio que cada día tenía más demanda: la nevera.

Bueno sería aprovechar lo que nos queda de estos molinos, inmuebles de innegable interés etnológico e histórico que fueron un exponente de la industria harinera de la ciudad.