Memorias PAco Rodriguez Ecija

MIS MEMORIAS Y RECUERDOS – XI (Década de los 50)
COMIENZO VIDA LABORAL MI PRIMER EMPLEO, EN UNA FARMACIA
Autor: Paco Rodríguez – 2020.

Paco Rodriguez Ecija

Corría el mes de Febrero de 1956, cumplidos los quince años de edad, había que currar para hacerse un hombre y ayudar al mantenimiento de mi familia, que la componían mi padre, mi madre Luisa y mi hermana Luisa. Recién salido del Colegio Salesiano del Carmen. Culminados los exámenes de ingreso en Osuna y dos cursos de lo que en aquella época se denominada bachiller elemental no pudiendo soportar mis padres el costo de unos estudios más amplios. La situación económica de mi familia era insostenible –como ya he dejado consignado al principio de estas memorias- o sea, los recursos eran más bien escasos, incluso para la manutención de una familia compuesta de cuatro miembros, como era mi caso, mis padres decidieron que había llegado el momento en el que yo comenzara a aprender un oficio. En el mismo Colegio del Carmen, me apunté a dar clase de mecanografía, mientras que surgiera alguna colocación de aprendiz o de meritorio, que pudiera proporcionarme algún ingreso económico, a la vez que madurase. En las clases de mecanografía estuve durante unos seis meses, en los que pude aprender a distinguir el teclado y escribir algunas palabras sin errores.

Los niños de entonces, al cumplir los catorce años, salíamos de la infancia para iniciar una pubertad, ignorando multitud de materias y circunstancias sociales, sobre todo lo referente al SEXO, tema tabú en aquella “sociedad reprimida y temerosa de Dios”. Entrábamos, completamente en blanco, en la más absoluta inocencia, en una “adolescencia” que tendría que estar relacionada con los cambios psicológicos y sociales del niño; sentando como objetivo el hecho de llegar al pensamiento adulto. Según la apreciación que pude percibir cuando tuve más edad.

Farmacia Romero Dueñas EcijaMi primera colocación, como chico de los recados, se produjo en la Farmacia del LICENCIADO DON FRANCISCO ROMERO DUEÑAS, en la que tenía que desarrollar un trabajo, muy contrario con mis escasos conocimiento vitales de todo, y con mi forma de ser tímida e introvertida, además de ser extremadamente “melindre” y escrupuloso. Cada tarde, después del almuerzo, comenzaban mis prácticas para enseñarme a montar en bicicleta, algo que me dijeron era muy necesario dentro de mis deberes en la farmacia. Ayudado por mi padre, quién con mucho esfuerzo y carreras, y a base de caídas y choques contra paredes, puertas, o incluso contra cualquier obstáculo que me encontrara de frente, en dos o tres días conseguimos mantenerme sobre las dos ruedas y conducirla. A partir de entonces, cuando era necesario, había que ir en la bicicleta por medicamentos para la farmacia, al Almacén de medicinas de Molina, en calle Beneficiados, donde tanto JUAN CARDOSO como ANTONIO CHIA, empleados del establecimiento, me proporcionaban cuantas medicinas eran necesarias para la Farmacia, cuyo paquete colocaba en el porta-maleta de la bici. Igualmente debía ir al Salón, a la oficina del autobús de Sevilla, para recoger el paquete que en forma de cajón de gran tamaño, de madera, venía a nombre del establecimiento, y que yo transportaba en la misma forma que he descrito anteriormente.

De esa manera iban transcurriendo los días en la botica. En ratos libres, a última hora de la tarde, con el permiso del jefe, me ponía a mecanografiar en una máquina de escribir portátil, “hispano Olivetti”, hasta que me requerían para cualquier otra faena.

La mecanografía, a lo largo de mi vida, me proporcionaría satisfacciones múltiples. Estaba horas y horas escribiendo, practicando para cuando llegase la hora de demostrarlo en algún empleo o en algún examen de aptitud. Gracias a mi persistente interés, con los años, logré situarme definitivamente en la vida laboral, hasta mi jubilación. “En totá, desde 1956 a 2020, la friolera de 64 años tecleando..” ¡Casi na!

Anécdotas de mi estancia en la botica, bastantes, en mis pocos días que estuve en ella:

1). Las caídas de la bicicleta, con la carga en el porta-maleta, no muchas caídas, pero algunas sí que tuve.

2). Al ir a coger de un bazar un bote de yodo, y por estar muy alto no podía alcanzarlo, a pesar de estar subido en la escalera, se me volcó encima y me puse “precioso” de yodo de arriba abajo, ¡¡bien “enyodado”!!.-

3): La culminación fue la rotura de una probeta o tubo de ensayo, de gran tamaño, que al escurrírseme cuando lo estaba fregando, cayó al suelo y acabé con su longeva existencia en la farmacia -según me dijeron tenía más de cien años-, o sea, ¡¡una joya!!, que mi torpeza o inexperiencia acabó destruyéndola.-

5): Limpieza semanal de cristales de las puertas del local.

6): Reponer las medicinas expuestas en los estantes

4): Faenar con las ranas que moraban en el pilón del patio de la farmacia, cuya narración omito por considerarla demasiado fuerte para algunas sensibilidades animalistas. (El citado anfibio era un ser necesario para el estudio analítico, sobre si una mujer estaba o no embarazada).

Todo sucedió en un tiempo de muchísimo frío de aquél Febrero de 1956; mis manos continuamente mojadas y heladas, por el constante fregado de los utensilios donde se elaboraban medicamentos prescritos a algunos clientes. Ese frío y humedad originó el hecho de que me salieron “sabañones” en los dedos, algunos de los cuales se me infectó. En fin no fue un camino de rosas la primera experiencia laboral .

Transcurrió el mes de prueba, para el que fui contratado, y en la mañana del último día del mes de Febrero, el mancebo Sr. Farfán me dijo tal cual, de una manera cruda y solemne: “Paco, toma las ciento cincuenta pesetas de este mes. No tienes aptitudes para este oficio. Quizás sirvas para otro trabajo. Lo sentimos”.

Aquello me afecto muchísimo. El hecho que me dijeran que no servía para boticario, a los veintiocho días de prueba, y que me lo manifestaran de esa manera tan seca y afable, para mis sentimientos de un niño de quince años, me causó un gran trauma emotivo. “Había fallado a la primera, ¡¡no me lo podía perdonar!!” Tremendo golpe psicológico para un niño recién salido del colegio.

Al llegar a casa y contárselo a mi abuela Lola se puso furiosa con el mancebo Farfán, y quiso ir a la farmacia para hablar con él. Yo me negué a acompañarla, no quería pasar más vergüenza, y todo quedó ahí.

No obstante, esa amarga experiencia la concebí por el lado positivo, desde el primer instante. No me vine abajo, ni mucho menos, supe encajar la contrariedad. Me decía a mí mismo que al menos me había servido para aprender a relacionarme con la gente, me sirvió también a dejar atrás una carga de timidez que me resultaba agobiante. Pero, sobre todo, aprendí a montar en bicicleta, experiencia que recuerdo con gran satisfacción y nostalgia. En el plano afectivo, recordar a los empleados de la farmacia, independientemente de JOSÉ FARFÁN, tanto con CRISTÓBAL MÁRQUEZ como con MANOLO BUDIA, mantuve una excelente relación de amistad, especialmente con MANOLO BUDIA, que era el menor de ellos, le tomé mucho cariño, -más adelante fue uno de mis mejores amigos-. A él le afectó bastante mi despido de la farmacia, máxime por las razones que argumentó el dueño, DON FRANCISCO ROMERO DUEÑAS, insistía que un mes era muy poco espacio de tiempo para advertir la aptitud y capacidad mía.

REFLEXIÓN FINAL. Hay momentos de mi vida que he echado de menos, con nostalgia, aquellos quince años de edad, a pesar de todos los problemas, inconvenientes, contratiempos o tropiezos que tuve, incluso alguna que otra decepción sentimental, –que también la hubo-.

Como dice ese pensamiento tan acertado:

“La vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere. No es perfecta, no es coherente, no es fácil. Pero a pesar de todo la vida es bella”

Sin olvidar una máxima que aprendí de mis mayores: “No hay que apartarse de la línea recta: es la más segura hasta llegar a la meta deseada”. Nadie nace enseñado; hay academias, escuelas, universidades o centros docentes, en los que se pueden aprender todas las materias necesarias. Pero no hay que desestimar que lo que percibes, lo que vives cada día, solo se aprende en la VIDA, comunicándote con la gente. Nunca será buena recomendación encerrarse sobre sí mismo.

El primer paso en la vida laboral ya estaba dado.