Memorias PAco Rodriguez Ecija

MIS MEMORIAS Y RECUERDOS – XIV (Década de los 50)
2ª PARTE. MI VIDA LABORAL EN EL JUZGADO – UN CASO REAL
Autor: Paco Rodríguez – 2020.

Paco Rodriguez Ecija

Ocurrió, siendo Juez DON ALFREDO GASTALVER ARGOMANIZ. Una mañana acudió al Juzgado un señor, que dijo ser arrendatario de una finca propiedad de Federico Barrachina, padre del funcionario, José Barrachina García de Cuerva, manifestando querer hablar con éste, -ausente del Juzgado, por estar disfrutando un permiso para asuntos propios-, lo atendió Manolo Llagas, quién le inquirió a que le dejase alguna nota para cuando volviese Pepe; aquél hombre le dijo: “dígale que en casa de su tío Don Joaquín Martín Rojas, le dejo los huevos y el pavo de cada año”. Inmediatamente, al enterarse Enrique del encargo, se le ocurre la idea de gastarle una buena y sana broma, con la complicidad de todo el personal, y el respaldo del Juez. Consistía la broma en preparar una cena con el pavo y las dos docenas de huevos, en cuya cena serían comensales todo el personal del Juzgado, y el hermano de Enrique, Pepe González y su novia Adela Écija. A todo esto, Don Alfredo, sugirió… “como me voy a casar dentro de poco, se le dice a Barrachina que voy a celebrar la despedida de soltero en la casa de Antonio Caro”, (éste vivía con su familia en la dependencia baja de la casa-palacio, donde estuvo instalada la sede del Juzgado, propiedad del que fuera Presidente de la Audiencia Territorial de Sevilla, Don ANTONIO RUEDA, que en la actualidad la ocupa Telefónica Movistar, sita en la calle del Conde).

Por lo que, Manolo Llagas y yo, con la bicicleta del Juzgado, nos encaminamos a la casa de los tíos de Pepe Barrachina; allí fuimos atendidos por la señora ama de llaves, que era muy conocida de Manolo Llagas, quién al indicarle que íbamos por el encargo que había dejado a Pepe Barrachina, su colono, de inmediato nos acompañó a un corral, donde estaban el pavo y las dos docenas de huevos. El pavo tenía el aspecto de un avestruz, de lo grandísimo que era, los huevos los más gordos que he visto en mi vida. Todo ello lo subimos al porta-maleta de la bici y lo trasladamos a la residencia de Antonio Caro y su familia, por encargo de éste y de Enrique.

La cena se llevó a cabo una noche fría de invierno. Cocinaron y prepararon la comida, Montaña Chía, esposa de Antonio Caro, con Herminia Méndez , novia de Enrique, y Adela Écija, novia de Pepe González. ¿Podemos hacernos una idea del menú que prepararon?, pues, a base de carne, en abundancia, con arroz y en salsa. Con los huevos se presentaron diferentes platos combinados. Pepe Barrachina, que hasta esa misma noche, había estado al margen de todos los preparativos, por encontrarse en Sevilla, al incorporarse por la mañana al trabajo, Enrique le dijo lo de la cena por la noche, “con motivo de la despedida de soltero del Juez, y que todo era de gañote”; se puso tan eufórico que, incluso dijo: “el vino y el café lo pago yo”.

Fue un hecho memorable en la historia del Juzgado, del cual tuvo conocimiento toda la curia judicial, abogados, procuradores y miembros del Juzgado Municipal. Durante la cena, tanto el Juez como los demás comensales le preguntaban a Barrachina:. “¿qué me cuentas Pepe…? ¿está rico todo?, además, que no sabe a cobre, eh?”. Pepe Barrachina reía y aplaudía con todas sus ganas; estaba convencido de que realmente se celebraba la despedida de soltero de Don Alfredo Gastalver. Cuando llegó el momento, efectivamente, pagó el vino que se consumió, y al acabar la comida fuimos él y yo al Bar de Emilio Cantarero por café para todos.

La cena tuvo como comensales al Juez, Don Alfredo Gastalver, Antonio Caro con su esposa Montaña Chía; Enrique y su novia Herminia Méndez; Pepe González con su novia Adela Écija; Manolo Álvarez Moyano, Manolo Llagas y yo, que en aquél entonces tenía unos dieciséis años.

LA RESACA .- El Show de verdad se formó, a los tres días de la famosa cena; cuando Pepe Barrachina, que iba asiduamente a visitar a sus tíos Joaquín Martín Rojas y su esposa, en la calle Garcilaso, pero que durante unos días no fue a verlos, debido al marcaje tremendo que ejerció sobre él Manolo Álvarez Moyano, que no lo dejaba ni un momento, para evitar que fuese a visitar a sus tíos y se descubriera el “pastel”, no pudo evitar que en un descuido se produjera el encuentro de Pepe con su familia. Una tarde fue a ver a su tía como de costumbre, en ese momento se interesó por el destino que había dado al encargo del colono de su padre. Pepe se extrañó de la pregunta; en ese momento el ama de llaves de la casa, le hizo saber que “lo había entregado a dos empleados del juzgado, que dijeron venían de tu parte”. Dicen que al darse cuenta de la trola que le habían metido, con la cena de días pasados, se puso encarnado y no pudo dormir aquella noche del sofocón que cogió.

A la mañana siguiente, al entrar yo en la oficina, (mi costumbre era la de ser siempre el primero que llegaba), me llevé la sorpresa de que ya estaba en su mesa Pepe Barrachina, que al verme me dice muy enfadado: -¡¡“oye Paquillo!!, ¿quién os dijo que fueseis por el pavo y los huevos a casa de mi tía?”.

-Yo le respondí inmediatamente: -“El Juez y Enrique”-

-“¿Ah sí?, ¿tú no sabías que eran pa mi padre?”.

-“Sí, pero Llagas y yo cumplimos la orden de Don Alfredo y de Enrique y lo llevamos a casa de Caro, A nosotros no nos eche la culpa eh?

Cuando apareció Enrique, al que no vi llegar, por lo tanto no pude advertirle del estado que tenía Barrachina, porque ya lo sabía todo, entró tan campante, con buen humor, como cada mañana, y al tener a Barrachina en la mesa de enfrente, o sea al otro lado de la estancia de secretaria, le dijo, como de costumbre:

-“¿Qué haces carajote te divertiste en la cena de la otra noche?”. –La respuesta inmediata fue, que Pepe le revoloteó una maquinilla de grapas, que casi da en la cabeza a Enrique. A partir de ese momento, aquello se convirtió en un patio de vecinos, dándose voces uno al otro. Intervinieron para mediar Antonio Caro y Manolo Álvarez. Pero ya nadie podía serenarlo, Barrachina no entraba en razones, todos pillamos un repaso. En un momento Enrique muy tranquilo le dijo:

“Pepe, perdona, te íbamos a comprar un pavo algo más chico, porque en la plaza de Abasto, no lo había mayor, con las dos docenas de huevos, también de menor tamaño, porque no los había del tamaño que tenían los que te regalaron, entonces hemos decidido comprarte dos pavos más chiquitos y dos docenas de huevos normales. Eso es lo que le ha dicho Don Alfredo.

En esos días posteriores, Don Alfredo, que estaba en Sevilla, preparando sus cosas para la boda, llamaba por teléfono a Enrique, interesándose por el ambiente, una vez que fue informado de la trapisonda que había formado Barrachina.

Una mañana, Don Alfredo, llegó muy temprano a su despacho, antes que nadie. Cuando supo que Barrachina había llegado lo llamó; éste se puso hecho un basilisco, diciendo barbaridades a voces. Don Alfredo muy tranquilo le dijo

-“Pepe, Pepe, ¡que soy el Juez!”, contestándole Barrachina:

-“¡A mí que me importa, deténgame usted, si quiere!. Es que os habéis comido lo que era ¡¡de mi padre!!”.

A lo que Don Alfredo le replicó: -“tú también comiste incluso pagaste el vino y el café”.

Respondiendo Barrachina: -“¡¡Por eso estoy más indignado aún, que encima yo me haya tenido que gastar, de mi dinero, en mi propia broma, y estoy sirviendo de cachondeo para todo el mundo!!”

Al enterarse Federico Barrachina, padre de Pepe, que trabajaba de Secretario en un Juzgado de Sevilla, lo tomó de buen humor, incluso riéndose, le dijo a Don Alfredo “habéis hecho bien, era mucha comida para mi mujer y para mí, y si os lo habéis pasado bien, me alegro mucho, el año que viene que mi hijo tenga más cuidado y no viaje tanto”.

CONCLUSIÓN: Unos hechos ocurridos en el seno de lo que, en aquellos momentos era considerada como una “¡¡familia judicial bien avenida!!”. No llegó a mayores la broma, pero no cabe duda, (por lo que yo viví en directo), que el hecho le afectó muchísimo a Barrachina. Posteriormente, cada vez que hemos coincidido en un acontecimiento, o comida, con motivo de la despedida de un Juez o toma de posesión de otro, lo hemos referido, tanto Manolo Llagas como yo, y ha vuelto a ponerse indignadísimo, insistiendo: “Lo que me sentó peor es que aquello no era mío, sino ¡¡de mi padre!!,-nótese el énfasis que ponía en la frase- encima tuve que pagar el vino y el café, serví de cachondeo en todas partes que iba, incluso en el Casino era motivo de comidilla, entre los socios y empleados”….

En definitiva, reitero que, según se desprende del relato de la broma, en aquél Juzgado, con aquellas magnificas personas que tuve de compañeros, se vivía una auténtica camaradería, no había celos, ni envidia. Todos a una, cada uno en su sitio, trabajaba sin mirar el reloj, ni día de la semana. Cada domingo por la mañana solíamos citarnos allí, después de la misa de 11 de Santa María, y si había algo urgente que hacer se acometía, sin demora, durase lo que durase. Había domingos o festivos que hacíamos lo mismo que cualquier día de la semana, para procurar que la oficina judicial estuviera al día, en situación de cualquier inspección sorpresa de la superioridad. El Juez, Don Alfredo Gastalver, era el primero en arribar el hombro, si tenía que echar una mano escribiendo a máquina, se arremangaba y…como uno más.-

Si en capítulos anteriores de estas MIS MEMORIAS, he hecho mención y honores a personas anónimas que significaron mucho en la historia de Écija, en aquella década, como no, aquí, hacer un RECORDATORIO muy especial, a aquellos hombres que pusieron de su parte todo lo que pudieron para que el trabajo del Juzgado, y la atención al ciudadano que acudía reclamando justicia, no fuera defraudado, al menos por nuestra parte. Por lo tanto, agradecimiento personal del que suscribe a las personas que me acompañaron en mis inicios en la administración de Justicia: EL JUEZ, DON ALFREDO GASTALVER; EL SECRETARIO, DON ENRIQUE GONZÁLEZ ASENCIO; EL AUXILIAR TITULAR, DON JOSE BARRACHINA; EL AUXILIAR INTERINO, DON MANUEL ÁLVAREZ MOYANO; EL AGENTE JUDICIAL, DON ANTONIO CARO GONZÁLEZ; EL POLICIA MUNICIPAL, adscrito al Juzgado, DON MANUEL RAFAEL LLAGAS MARTÍN, éste último, además imprescindible. Con Manolo era imposible aburrirse ni ponerse triste. La persona que más y mejor me trató en mis inicios y, sobre todo, en mi trayectoria, tanto en el Juzgado como de forma particular. ¡¡TODOS INOLVIDABLES!!, ¡¡TODOS AUSENTES EN LA GLORIA DE DIOS!!, DESCANSEN EN PAZ.

.- En la siguiente fotografía, el personal del Juzgado de Instrucción y del Juzgado Municipal, con sus respectivos jueces; arriba de izquierda a derecha, Paco Rodríguez; Juanma González Asencio; Antonio Siria; Manolo Llagas; Enrique González; Don Alfredo (Juez), Miguel Martín del Real, agente judicial del Juzgado de paz de La Luisiana; Antonio Caro, Manolo Jiménez, Auxiliar del Juzgado Municipal; Don Manuel Somoza, Juez de Paz de La Luisiana; Antonio Hidalgo, Oficial del Juzgado municipal; Don Luis Serrano, Juez Municipal. Pepe Barrachina; Manolo Álvarez; Alfonso Orozco, secretario del Juzgado Municipal; Rafael Ostos, Fiscal Sustituto; José León, Fiscal titular; Francisco Dominguez, Oficial del Juzgado Municipal; Clotilde García, Auxiliar del Juzgado Municipal. José García Carmona, Agente del Juzgado Municipal.- – – – – – – – – – – –

(CONTINUARÁ 3ª PARTE MIS MEMORIAS EN EL JUZGADO)