Memorias PAco Rodriguez Ecija

MIS MEMORIAS Y RECUERDOS – XIII (Década de los 50)
1ª PARTE. MI VIDA LABORAL EN EL JUZGADO (1956 – 1959)
Autor: Paco Rodríguez – 2020.

Paco Rodriguez Ecija

Con el devenir del tiempo, tras mi paso por el Registro de la Propiedad, donde estuve seis meses. A primeros del mes de Septiembre de 1956, con la edad de dieciséis años, mi padrino José Martín Tirado, con su mejor criterio, consideró que mi futuro debería estar en la Administración de Justicia. Por lo que, aceptando la indicación de ENRIQUE GONZÁLEZ ASENCIO, a la sazón Oficial en funciones de Secretario del Juzgado de Primera Instancia é Instrucción, tomé contacto con él, que me animó a que me formara como meritorio, y en un futuro, mediante unas oposiciones, formar parte de la plantilla de un Juzgado, como funcionario en propiedad. Enrique me dijo que se iba a encargar de mi, enseñándome todos los vericuetos que hacían falta hasta lograrlo. Por lo tanto, y aceptando su consejo, ingresé en calidad de “meritorio” en el Juzgado, cuyas instalaciones estaban situadas en la Plaza de Santa María, en el edificio que en planta baja ocupaba la “hermandad sindical de labradores y ganaderos” de la antigua falange. Concretamente el edificio fue CASA SOLARIEGA DE LOS PAREJA. Las oficinas estaban situadas en la planta alta del edificio.

ENRIQUE GONZÁLEZ ASENCIO fue mi MAESTRO y consejero, en todo lo relativo a los intríngulis y tareas de la oficina CIVIL. Además me inyectó en vena de una forma brutal, la vocación por trabajar al servicio de la Administración de Justicia. Maestro excepcional, una de las ¡MEJORES PERSONAS DE LAS QUE ME HE TOPADO EN MI LARGA VIDA!. Gracias a su interés y dedicación hacia mí, para que aprendiese lo más básico en una oficina judicial. Le debo lo muchísimo que me ayudó en aquellos inicios; su constancia; la paciencia infinita que tuvo conmigo. Su talante y su forma de tratarme, con respeto, sin malos modos, como si se tratase de un familiar suyo, es recordado por mí con mucha nostalgia. Nunca, nadie, me ha tratado de esa manera Él siempre insistiéndome, para que no dejase de escribir a máquina. Asesorándome sobre la manera que debía teclear, sin mirar al teclado. Dándome a copiar documentos, a los que les daba forma de “testimonios”. No consentía que se me utilizase como “chico de los recados”, sólo para lo más necesario y urgente. Me facilitaba libros de temas relacionados con los exámenes a la Administración de Justicia, en los que indicaban los distintos artículos de ls Leyes procesales civil y penal. De vez en cuando me hacía exámenes de mecanografía y de temas teóricos.

Un ejemplo de cuanto expreso anteriormente, a título anecdótico, recuerdo cómo uno de mis primeros tecleos de utilidad, consistió en copiar, -lo que después supe que era un pleito declarativo de mayor cuantía- en forma de testimonio o certificación judicial, todos los documentos públicos y privados que contenía el referido expediente. Recuerdo que éste tenía más de 1000 folios. En la tarea de escribir a máquina, desde la mañana a la noche, con el descanso a medio día para el almuerzo, repito, en esa tarea me ayudó muchísimo el inolvidable amigo MANOLO LLAGAS, quien a un ritmo adecuado, me dictaba leyendo cada documento. Fue algo que lo tengo en la retina de mi memoria, porque se trata del primer trabajo serio al servicio de la Administración de Justicia, que me encargó ENRIQUE GONZÁLEZ ASENCIO, y me fui muy útil dicho trabajo para desarrollar más velocidad con la Remigton. Una de las veces que me cronometró Enrique, llegué a dar 300 pulsaciones/minutos. (Aún tengo en mente que una de las partes del citado pleito o expediente, era la “FUNDACIÓN DE LOS EXCMOS. SEÑORES MARQUESES DE PEÑAFLOR Y CORTE DE GRAENA. PEÑAFLOR). En fin, con todos los consejos que me daban tanto ENRIQUE, como MANOLO LLAGAS, o cualquier otro compañero de la oficina, se consiguió que yo llevara una línea adecuada y completa en mi preparación y conocimientos, que en un futuro aún lejano, servirían para aprobar unas oposiciones de ingreso en la Administración de Justicia, en el Tribunal Supremo de Madrid, en el año 1965.

A las pocas horas de haber tomado contacto con el papel de oficio, encontrándome sentado en una mesa, con la máquina de escribir REMIGTON, se acercó ENRIQUE hacia mí, con un manojo de papeles, que formaban un expediente judicial, y dejándolo sobre la mesa, junto a un ovillo de hilo, aguja y lerna, y me dijo “toma, cose este expediente y llévamelo después”. -Se marchó a su mesa, mientras yo me quedaba estupefacto, observando todo lo que me dejó sobre la mesa. No tenía ni repajolera idea de lo que tenía que hacer, de cómo se cosía aquello. En fin, que a los pocos segundos le dije: “Enrique ¿cómo le meto mano a esto?”. Riendo a mandíbula batiente, al verme la cara de espanto que pude poner, me indicó amablemente como se cosían los expedientes en un juzgado.

El personal del Juzgado, en el año 1956, estaba compuesto por ENRIQUE GONZÁLEZ ASENCIO, que era Oficial, en funciones de Secretario, por vacante. Llevaba la carga de la responsabilidad del funcionamiento de la oficina judicial, lo que hacía con sobrada competencia y responsabilidad. Ejercía el control sobre todos los expedientes, tanto civiles como penales. Su capacidad de trabajo no tenía límite ni cansancio. Si había que estar hasta las tantas de la tarde-noche, se estaba, y nadie rechistaba, porque entonces había una armonía entre compañeros, sin rencillas, envidias o celos, componiendo una gran familia judicial. ENRIQUE Fue felicitado en cuantas ocasiones, recibió la visita de la Inspección de Tribunales y Juzgados del territorio nacional.(1)

(1).El Consejo General del Poder Judicial, aún no estaba fundado. Hasta 1978, ejercían las funciones de Inspección, el Presidente de la respectiva Audiencia Territorial o Provincial.

Como Auxiliar de plantilla, estaba JOSÉ BARRACHINA y GARCÍA DE CUERVA. El Agente Judicial, era el mítico ANTONIO CARO GONZÁLEZ. Auxiliar interino MANUEL ALVAREZ MOYANO. Como adscrito al Juzgado estaba MANUEL- RAFAEL LLAGAS MARTIN, Policía municipal. También era auxiliar titular de este Juzgado DOLORES RODRÍGUEZ LIBRERO, quien estaba, en comisión de servicio, en la Audiencia Territorial de Sevilla, por lo que su plaza estaba reservada y no podía ser cubierta en propiedad por nadie.

LA FORENSÍA en un primer momento, estaba siendo ejercida por el Médico DON JOSÉ ALVARO MAZA ÁLVAREZ, que actuba como Médico Forense sustituto, por vacante. Meses más tarde, tomaría posesión de la plaza de médico forense titular, DON HUMBERTO DIAZ RENESES, natural de Arenas de San Pedro (Ávila).

El Juez titular fue DON ALFREDO GASTALVER ARGOMANIZ. Un Juez muy peculiar y competente, impartiendo justicia. Un señor, en toda la extensión de la palabra, con un sentido de la justicia muy severo pero flexible, en la interpretación de las Leyes, que aplicaba cuando era necesario. Persona muy agradable en el trato. Se hospedaba en el Hotel Central, era soltero y tenía a la novia y a la familia en Sevilla, a donde se desplazaba en autobús de línea, cada fin de semana, para volver el lunes a primera hora de la mañana, salvo que tuviera que intervenir para actuaciones urgentes, como levantamiento de cadáver o detención y puesta en libertad de los encausados, en cuyo caso, no se iba a Sevilla ese fin de semana.

A modo de ejemplo y de la capacidad de trabajo del Juez Don ALFREDO GASTALVER, narro un hecho puntual que ocurrió en el Juzgado, y Don Alfredo como protagonista principal.

Una mañana, se celebró una “vista pública y solemne”, en la sala-audiencia del Juzgado, en cuyo acto los abogados de las partes litigantes, exponiendo cuantos argumentos consideraban pertinentes, en defensa de sus respectivas tésis, con la venia de Su Señoría, quién a continuación se quedaba con las actuaciones para dictar sentencia. que eran escuchado por el Juez, antes de dictar la correspondiente sentencia, dentro del plazo legal, según lo establecido en la Ley Procesal Civil. Y al terminar la vista pública, como quiera que Don Alfredo se fue a su despacho, para quitarse la toga, le dijo al Secretario Judicial, que les notificara a las partes intervinientes “que esperen un momento, a que se les notifique la sentencia”. Como así ocurrió.

A Don Alfredo le gustaba fumar tabaco negro, que en forma de tableta, compraba en el estanco. Él me dio como misión limpiarle el contenido de la tableta, que consistía en:

Desmenuzar todo el tabaco en un plato hondo, quitándole las “estacas”, minuciosamente con las manos, que tiraba luego a la basura.
Una vez libre de estacas o elementos extraños, lo iba dejando caer en una especie de espumadera o colador, en un plato hondo, y
Tras zarandearlo todo limpiado todo el polvillo adherido al paquete, guardaba todo el contenido de tabaco, ya limpio, en una caja o cofre de madera de roble para ser consumido por él.
Así era la operación limpieza del tabaco.

Otra costumbre de Don Alfredo consistía en coger el autobús para Sevilla, que salía del Salón a las 13.30. Unos diez minutos antes, llamaba a Antonio Caro, para que le llevara la cartera llena de papeles, pero siempre, al pasar por el Bar Herrera, le decía “vamos a tomar café”; Caro le decía: “Don Alfredo que falta muy poco para que arranque el autobús”, entonces él pedía el café y si estaba muy caliente, lo echaba en un vaso con agua, y salían corriendo hacia el autobús. Siempre tenía que esperar el chofer la llegada de Don Alfredo. Muy despistado para algunas cosas pero muy centrado a la hora de dictar resoluciones o hacer justicia, como he dejado escrito anteriormente. En la Audiencia Territorial de Sevilla, elogiaban de forma continua, en los razonamiento de las sentencias de apelación, “lo acertado en las formas de exponer los fundamentos jurídicos del juez de instancia”. Todo ello en el orden CIVIL, ya que entonces, en materia PENAL, solamente se instruían las causas o sumarios, en los juzgados, aún no se tenían competencias para celebrar juicio oral, ni por tanto se dictaban sentencias; todas las causas eran resueltas por la Audiencia Provincial correspondiente. En la actualidad el Juzgado de instrucción tiene otras funciones en la jurisdicción PENAL.

Así llegamos al año 1957.

(FOTO de una máquina REMINGTON similar a la que yo aporreé durante algún tiempo, a mi entrada en el Juzgado de Écija, en Septiembre de 1956.-)

 

(Continuará en el siguiente capítulo, la segunda parte en el Juzgado….)