Memorias PAco Rodriguez Ecija

MIS MEMORIAS Y RECUERDOS – XV (Década de los 50)
MI AUTONOMIA, DON VICTOR, VAREAR LA LANA Y DESPEDIDA DON ALFREDO.
Autor: Paco Rodríguez – 2020.

Paco Rodriguez Ecija

PRIMERA GESTIÓN: Expedientes sancionadores.- Mi andadura en el Juzgado, como meritorio, se iba desarrollando adecuadamente. Cada día adquiría más conocimiento de los trámites de asuntos civiles y penales; más velocidad de pulsaciones en la máquina de escribir Remigton. La preocupación de Enrique y mía, consistía en conseguir, a la par que velocidad, limpieza en los textos que escribía, o sea, evitar en lo posible las tachaduras, raspaduras, incluso borrados sobre el papel. Requisitos sine qua non, para llegar la meta deseada, ganando o aprobando unas oposiciones a funcionario de la Admón. de Justicia, en un futuro. En definitiva: saber más de más de la burocracia que disponían las leyes procesales.

Así es que ante la avalancha de expediente gubernativos, que se incoaron en un breve espacio de tiempo, Enrique estimó llegado el momento de darme cierta responsabilidad y autonomía en el trabajo, por lo que me encomendó la tramitación de tales expedientes gubernativos, desde su inicio hasta su terminación. Se trataba de unos expedientes sancionadores a los propietarios de perros, que no tuviesen en orden la documentación de su mascota, en cuanto a vacuna y licencia de posesión. Ordenándose requerirlos al pago de una multa, en Papel de Pagos al Estado, por el importe que ya venía determinado en el comunicado oficial de la Administración estatal. Nos encargamos, Manolo Llagas de citar a la gente para un día y hora determinado, en el que yo los requería de pago de la multa, dentro de un plazo considerable; apercibiéndoles que se procedería a su cobro por la vía de apremio, si no la hiciese efectiva, procediéndose, por la vía de apremio, embargándosele bienes suficientes para garantizar el importe de la sanción. Una gestión que pude cumplir bien y fielmente, conforme a las instrucciones que se me dio Enrique.

En el transcurso del año 1957, DON VICTOR LOSADA GALVÁN, que era Maestro de escuela, en Las Mínimas, (por cierto muy relevante su labor como Maestro de generaciones de ecijanos, que fueron instruidos por tan ilustre personalidad de la docencia, ecijanos que posteriormente recuerdan con añoranza las maneras de ejercer que tenía Don Víctor Losada), quiso ejercer el cargo de Procurador de los Tribunales, para el que se preparó concienzudamente, hasta obtener el correspondiente título acreditativo. Juramento y toma de posesión que se celebró de forma solemne en la Sala-audiencia del Juzgado, bajo la presidencia del todavía Juez, Don ALFREDO GASTALVER ARGOMANIZ, quién, un tiempo después, manifestó que aquél acto solemne, fue el único en el que vistió la toga con las puñetas de encaje, y el emblema de la Justicia.

La toma de posesión y juramento se convirtió en todo un acontecimiento entre los funcionarios de ambos Juzgados, Municipal y de Instrucción, que no recordaban un acto así. Contó con la asistencia de un número importante de Abogados, Procuradores y otras personalidades de la Ciudad, además de personas allegadas a Don Víctor. Tras el acto del juramento en el Juzgado, todos los invitados asistimos una misa de acción de gracia en la Iglesia de Santa María. Posteriormente tuvo lugar un almuerzo en el Hotel Central, con la presencia de todos los invitados.

(En la siguiente fotografía, los asistentes al histórico homenaje: -En la primera fila, agachados: Pepe Barrachina; Paco Rodríguez; Manolo Llagas; Manolo Jiménez; Placido Dugo Serrano (Procurador), Álvaro Maza (Médico Forense); José Martín Tirado (Procurador); detrás, de izquierda a derecha; Joaquín Martín Rojas (Procurador); Francisco Domínguez (Oficial Juzgado Municipal); Joaquín de Soto Ceballos (Abogado); José Madero (Abogado); Juan Gamero (Abogado); Antonio Caro, (Agente del Juzgado de Instrucción); Vicente Madero y Arturo Farfán (Procuradores); Antonio Hidalgo (Oficial del Juzgado Municipal); Manuel de la Matta (Secretario Ayuntamiento); Eulalio de Pablo (Abogado); Rafael Remesal (Cura de Santa María); Don Víctor Losada (Procurador); Don Alfredo Gastalver (Juez de Instrucción); Santos Valseca (cuñado de Don Víctor); José García Carmona (Agente del Juzgado Municipal); Luis Serrano, Juez Municipal; José Mª Jiménez, Juez sustituto; Don Francisco el cura de Santa María; Manolo Álvarez Moyano; Enrique González; Alfonso Orozco, Secretario Juzgado Municipal; Diego Llamas (Procurador); Juan Bautista Fuentes Torre-Isunza (Notario); Manuel Fernández Gómez (Procurador); Santiago Montaño (Procurador), José Benítez García del Busto (Abogado).-

Homenaje Juzgados de Ecija

Tengo muy buenos recuerdos de aquél día. Como anécdota destacable, el hecho de que los Procuradores José Martín Tirado y Vicente Madero Alaya, que siempre fueron íntimos amigos, desde muy niños, llevaban años sin dirigirse la palabra, por un desencuentro que mantuvieron a cuenta de un mal entendido. Ese día ambos hicieron las paces, dentro de un ambiente grato que se creó en su entorno, por partes de otros profesionales, con la mediación necesaria de Don Víctor. Para mí fue muy emotivo verlos abrazarse con cariño a ambos. Tanto Vicente Madero, como Martín Tirado tenían una fuerte personalidad. Con Vicente Madero precisamente, tuve una estrecha amistad que duró hasta su fallecimiento.

Por cierto que el almuerzo preparado por el dueño del Hotel Central, del que era amigo el propio Don Víctor, fue excelente, por su abundante y variado menú, como era la norma del tan recordado establecimiento hotelero, cuya fama traspasó fronteras fuera de Écija.

VAREAR LANA.- Efectivamente, tal como suena, también aprendí a limpiar y varear la lana para un colchón. “El saber no ocupa lugar”, era y ha sido siempre mi lema. A Don Alfredo, en los preparativos de su inminente boda, se le ocurrió, quizás a instancias de su futura esposa Reyes, comprar unos kilos de lanas, para el colchón de matrimonio. A tal fin, por las indicaciones que le dieron la familia Armenta, había que coger toda la lana y lavarla en una gran pila, de la casa donde vivía Antonio Caro, para luego tenderla en unos colgadizos, hasta que se secara al sol o en el ambiente. Una vez seca, el tratamiento siguiente consistía en apilarla en el suelo, poniendo sobre una pared un buen tablón de madera, contra el cual había que varearla hasta ponerla esponjosa y amoldada para introducirla en el colchón.

Esas operaciones las realizamos los comodines del Juzgado: Manolo Llagas y el que suscribe, siempre dispuestos para “un roto y un descosío”. Entre los dos nos encargamos de la puesta en marcha y ejecución, hasta su total culminación, de la limpieza y vareteo de los kilos de lana que nos sirvieron de parte de Don Alfredo. A dar palos a la lana se apuntaron algunos voluntarios del propio Juzgado. Ese fue nuestro regalo de boda, desde luego. El novio quedó muy satisfecho y agradecido, transmitiéndonos de parte de la futura esposa todo su cariño y gratitud. Debo decir que las faena duraron algo más de un mes, durante el cual, quedaron suspendidas las lecciones practicas en el Juzgado. Salvo que yo, a pesar del cansancio del día, al atardecer me iba al Juzgado, donde estaban todos los compañeros trabajando aún, y me embebía en la práctica de la mecanografía, porque no podía permitirme el lujo de descansar. Cuando decidíamos terminar, y marcharnos a cenar, quedábamos después, en el propio juzgado, para estudiar, ya que tanto Manolo Álvarez Moyano, como Enrique González Asencio, se preparaban para las oposiciones, uno para Auxiliares y Enrique para sacar en propiedad la plaza de Oficial; también se unía a nosotros su hermano Pepe El gafa, que preparaba los exámenes para sacar el titulo de Procurador de los Tribunales, pues hasta ese momento Pepe trabajaba de pasante con el también Procurador Don Arturo Farfán Vega.

JOSÉ GONZÁLEZ ASENCIO, era un ser humano muy singular. Un trabajador incansable, honesto, cumplidor fiel en su trabajo, brazo derecho del famoso DON ARTURO FARFÁN. Entre sus cualidades personales estaban su inteligencia natural, simpatía a raudales, y coloquialmente, se le podría calificar como “un cachondo mental”, pero con mucha gracia. Amigo de gastar bromas, por cualquier motivo, también admitía las que le dieran a él, algunas muy pesadas. Pero ya hablaré de Pepe González, en otros pasajes de MIS MEMORIAS. De verdad que nos profesábamos un cariño mutuo. Él me conocía desde muy chico, pués vivíamos en la misma calle Avendaño.

EN EL RINCONCILLO.- En definitiva, cada noche, y hasta bien entrada la madrugada, yo acompañaba a “los estudiantes” Enrique y Pepe González, Manolo Álvarez, Barrachina, mientras estudiaba los temas del programa para oposiciones a la Administración de Justicia, y practicaba la mecanografía, copiando documentos o textos que me facilitaba Enrique. A cierta hora de la madrugada hacíamos un alto y parada en la Taberna El Rinconcillo, donde nos tomábamos un cafelito, seguido de unas copitas de aguardiente especialidad de la casa. Tremendo aquello. Inolvidables momentos vividos, con gente tan maravillosa y buena, de buen talante, siempre en una gran armonía. Como es lógico y natural, yo siempre iba de “pescue”. Allí en El Rinconcillo coincidíamos muchas noches con otros clientes noctámbulos, por ejemplo con dos dependientes de la Ferretería El Compás, que tenían un genio dispar cada uno, sus chistes o anécdotas del día nos hacían pasar un buen rato. También coincidíamos con un artistazo ecijano, el famoso PEPITO RODA, vecino de la misma calle Avendaño, concretamente vivía frente a la casa de la familia GONZÁLEZ ARMENTA. Escuchar a Pepito Roda, cantando, tocando los palillos, o diciendo sus gracias, eran motivos suficientes para pasar un buen rato, después de la intensa jornada. ¡Qué lengua tenía Pepito!, y ¡qué bien tocaba las castañuelas!. Por cierto que enseñó a bailar sevillanas a muchas mujeres de la época, de balde, o sea, sin cobrar ni un céntimos. Era un gran aficionado Nunca negó su condición de homosexual (él decía muy gracioso “¡¡soy maricón, con acento en la “cón!!”). Aunque no era amigo de exhibicionismo, como hoy se estila. Era respetuoso y educado con todas las personas, jamás se sobrepasaba con nadie, aunque estuviera “piripi”. Un personaje inolvidable de esta Ciudad, que pude conocerlo y tratarlo, gracias al Juzgado.

DESPEDIDA DE DON ALFREDO. Después de estar unos tres años como Juez titular en el partido judicial de Écija, Don Alfredo Gastalver ascendió a la categoría de Magistrado, por lo que tuvo que cesar en el cargo que tan magnífica labor realizó entre nosotros, para incorporarse a un Juzgado de Primera Instancia de Sevilla, creo recordar que fue nombrado para el número 5 de los de la Capital. Un poco tiempo después aterrizó en la Audiencia territorial de Sevilla, de donde fue presidente de la Sala 2ª de lo Civil, si no me falla la memoria: hace muchísimo tiempo de ello.

Con motivo de su cese y despedida los compañeros de ambos Juzgados, le organizamos una cena íntima en los propios locales del Juzgado, concretamente en la Secretaría, que era un salón bastante amplio. Entre Manolo Llagas, Juanma y yo, preparamos el condumio, que consistió en embutidos de calidad, cervezas y vinos. Nada más. No se trataba de tirar la casa por la ventana. En la cena estuvimos presentes, como ya he dicho, los funcionarios del Juzgado Municipal y del Juzgado de Instrucción, acompañándonos también el Fiscal Don José León, y el Sustituto Don Rafael Ostos Benítez. Un acto intimo, donde no hubo uso de palabras por parte de ningún comensal, huyendo del protocolo. Solo al final Don Alfredo se levantó y brindó por todos, especialmente por sus funcionarios. Tuvo un recuerdo especial para cada uno de nosotros. Las palabras tan cariñosas que nos dedicó a Manolo Llagas y a un servidor, las guardo en la retina de mi mente, mientras viva. Años más tarde, yo le estuve visitando, siempre que iba a Sevilla para cualquier gestión; nos tomábamos unos piquislabis, con el correspondiente café, compañero inevitable en la vida de Don Alfredo. Algunas mañanas, cuando por razones de trabajo (político) me quedaba en Sevilla, desayunábamos juntos, si él no estaba ocupado en algún juicio. Lo recordaré como primer Juez que tuve en mi vida, de los muchos que luego vinieron. Algunos igualaron la bondad de Don Alfredo, otros, mejor olvidarlos.: “¡¡Ca uno es ca uno, con sus caunases!!”….

–Instantánea tomada el día de la despedida de Don Alfredo. En ella se puede reconocer a Manolo Llagas, José García Carmona, Juanma González Asencio; el autor de este escrito, Paco Rodríguez; Antonio Siria; Miguel Martín del Real –Agente de La Luisiana- Manolillo Álvarez; Antonio Hidalgo y Antonio Caro.

Despedida Don Alfredo Juzgado de Ecija

En la fotografía la relación de Abogados, Procuradores y personal de los Juzgados de Instrucción y Municipal, con sus respectivos Jueces, Don Alfredo Gastalver y Don Luis Serrano (en el centro, junto al Procurador Don Víctor Losada, homenajeado en su toma de posesión). Abajo, el segundo por la izquierda, el autor de este documento.

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