MONUMENTOS HISTORICOS Y ARTISTICOS DE ECIJA
POR D. JOSE MARIA MARTIN JIMENEZ (Cronista de Écija)

PREÁMBULO ARTÍSTICO

Escudo de EcijaÉcija, por todas estas circunstancias apuntadas, debiera de conservar como prueba irrefregable de su egregia historia, una serie de monumentos pertenecientes a las épocas romana, arábiga y en particular al amudejárica que debió de ser muy rica; mas apenas guarda algunos restos de estos periodos. No obstante, conserva un verdadero tesoro artístico de los siglos XV, XVI, XVII, que fue una de sus mejores épocas; cuando floreció en Écija la exaltante ornamentación del gótico, del renacimiento plateresco y del genial arte barroco.

Así es que bajo el punto de vista de las artes, ofrece mucho a la admiración del turista; en arquitectura numerosas y bien conservadas iglesias y un sin fin de notables palacios, y en imaginería y pintura gran número de esculturas, tablas y lienzos diseminados por los mismos templos, debido a la magnificencia de los antiguos magnates, donde se manifiesta el gusto altamente aristocrático de la época.

En esta Andalucía, que fue en los pasado siglos emporio de las artes, y donde ciudades produjeron monumentales templos y crearon la reputación de eminentes artistas; en esta maravillosa región, donde a mas de Carmona y Lebrija, encontramos a Sanlúcar la Mayor y a Osuna, Estepa, Utrera y la genial Sevilla; Écija, una de las más aristocráticas y fastuosa, se destacó siempre por su genialidad artística, como lo demuestran la seria majestad de sus palacios y templos y el arrogante señorío de su afiligranadas torres.

Muy notable es por cierto el arte retablero de nuestra ciudad, cuyos templos encierran una verdadera riqueza, casi siempre dentro del churriguera, que en todos los retablos ha sido empleado con regia y exquisita suntuosidad.

La arquitectura, es quizás la mas notable de las artes; pero no constituye el arte todo. Basta dar una vuelta por la ciudad y entrar en sus palacios y templos para asegurar que también existen otras bellas artes. Me refiero a la gigantesca obra que han legado a la posteridad los antiguos gremios ecijanos; tales como alarifes, canteros, ensambladores, rejeros, orfebres, pintores, imagineros y estofadores.

Para enumerar y describir con alguna detención los monumentos y tesoros artísticos que encierra Écija, sería necesario emplear y llevar un grueso volumen. No es esto mi propósito, pues además me creo incapaz de semejante empresa.

Iglesia de Santa CruzSolo el estudio de las iglesias de Écija, algunas en su origen templos bizantinos, otros mezquitas transformadas en iglesias cuando la reconquista y un sin fin de edificios que alzó la piedad de los ecijanos, constituyen un número tan crecido de conventos de religiosos, de bellísimos templos abiertos al culto, que un día albergaron a casi todas las religiosas, desde la de San Agustín, a la de Santo Domingo, y de tan respetable numero de parroquias, que se hace punto menos que imposible el hacer ni aún someramente, una descripción detallada de tantas y valiosas edificaciones.

Écija en esta gran época artística, vivió un periodo de verdadero genio y libertad dentro de la arquitectura, y a la vez que construyó suntuosos templos, edificó una muchedumbre de palacios, que si bien interiormente son galas del mejor trazado y simetría, por fuera aparecen totalmente retados, ocultando a los ojos de la indigencia, la ostentación y el gran lujo tan característico en aquella época.

No es decir esto que los palacios de Écija estén de todo punto desprovistos exteriormente de adornos, pues se encuentran en su recinto muchos de ricas construcciones con magnificas portadas de granito y atrevidas torres, mas modernos, pues los primeros pertenece a la época de la reconquista.

La ciudad en sí, con sus calles estrechas y empedradas, mas bien responde a una época antigua que moderna; mas las casas en general responden con su exterior blanco y uniforme, con su aire común de alegría y bienestar a un pueblo rico que le sonríe la dicha y la prosperidad. Sus plazas son extensas y alegres. Su hermoso paseo es agradable y artístico.

Escudo palacio Alcantara EcijaEn esta ciudad que han abundado las familias aristocráticas, todo en ella es rico y todos sus monumentos y obras de arte llevan ese sello característico que los eleva y distingue de las cosas vulgares. Hay ciertamente mas de cincuenta palacios, que revelan el buen gusto; hay mas de treinta iglesias dignas de todo encomio; hay un teatro grande y cómodo, hay un buen puente sobre el Genil, hay, por último, dos estatuas o monumentos, dedicados a los patronos, acusando todo ello un aire mas aristocrático y mas noble que tiene de ordinario los demás pueblos.

Bastante dilatado es el circuito de Écija, y su fuerte moro encerró en otro tiempo un gran pueblo. Que si bien fue grande por el número, mas grande todavía lo fue por el espíritu, como ya hemos dado a conocer por su historia. En muchos de sus extremos la muralla subsiste, aunque sus numerosas torres, célebres, históricas algunas, hayan desaparecido con los años. Por algo se ha dicho que el tiempo borra las piedras; no obstante, la grandeza de Écija no acabará nunca, pues vivirá con la gloria de sus sabios y artífices, a través de los sublimes versos de sus esclarecidos poetas.

Écija en lo personal, fue una población de numerosa aristocracia, debido ello al haber sido fronteriza de Granada y al establecimiento del cuartel general de los Reyes Católicos, pudiéndose asegura que fue albergue de casi toda la nobleza castellana, y a su vista se adivina que ha sido cuna de la Andalucía. Y si es cierto que fue un pueblo de aristocracia, también lo fue de escritores y poetas, de curiales, de clérigos, de hombres de ciencia, de artistas y menestrales, siendo por algún tiempo el mas importante centro del saber, de la riqueza y de la industria, en Andalucía.

Pergamino Garci Sanchez de BadajozNo solo ennobleció a esta ciudad la musa de Garci-Sánchez de Badajoz y Vélez de Guevara, sino que también fueron huéspedes de Écija, en mas de una ocasión los esclarecidos poetas castellanos Jorge Manrique y el marqués de Santillana, el primero como hermano que era del valeroso Alcaide de la ciudad don Federico, y el segundo, como hijo político de don Lorenzo Juárez de Figueroa, que mandaba la Frontera, sin olvidar, de paso, que unos bellos ojos ecijanos supieron cautivar primero y prender después, al mas valeroso capitán de su tiempo: al Gran Capitán.

Asombra el considerar, siquiera sea de paso, al engrandecimiento que llegaron las ciencias y las letras aunque ya de por sí se adivina, pues estas manifestaciones son propias de toda ciudad poderosa. Solamente teniendo a la vista un documento del año 1583, en que lo mas granado de la población pide al Cabildo el establecimiento del Colegio de la Compañía de Jesús, se ve el numero tan considerable de licenciados y doctores que tenía Écija, pues como tales firman el documento, y entre los que aparece el Ldo. Vélez de Dueñas, padre del famoso escritor Luis Vélez de Guevara.

También se distinguió Écija a través de su historia por su floreciente industria, de lo que se vislumbra el esplendor y pompa de su famosos gremios, pues abruma la cantidad de productos y objetos de arte que encierran nuestros templos.

Las fastuosa vida de Astigi, nos la muestra el arte del hierro forjado, el de la seda y sus múltiples manufacturas, el del ensamble, talle y sus similares, el de la pintura, escultura, estofado, dorado, etc.; sin olvidar otras muchas manifestaciones o artes, como el de los plateros, faroleros, violeros, canteros, alarifes, tapiceros y maestros de coches, que a veces se imponían con sus productos a los artistas de la metrópoli. Buena prueba de ellos es la fastuosa carroza de Alcántara, que se admira en el palacio de Oriente, como objeto de museo, y los famosos faroles de la Hermandad de la Soledad, que sirven mas tarde como modelo para los que hoy ostenta orgullosa la rica Hermandad del Gran poder de Sevilla.

Ningún pueblo de Andalucía dejó sentir como Écija los efectos de sus gremios, llegando incluso a crear en arquitectura un tipo peculiar, según vemos en algunos de los edificios de Écija, y muy particularmente los que rodean la hermosa plaza Mayor, y que en su mayoría pertenecieron a los mismo gremios.

Y ahora, con la minuciosidad perfecta, que no llegue a convertirse en ostentosa, pero sí con todo género de detalles, empezaremos nuestra descripción artística, pero teniendo en cuenta que todo el elogio que hagamos es pobre para inopinar o para transmitir el sentimiento de tanta y tanta belleza como encierra la ciudad.

PERIODO ROMANO

No consideraríamos completa esta guía, si antes de dar comienzo a nuestra descripción artística, no dijésemos algo de los monumento de fábrica romana y arábiga que existieron en Écija y que encierran tantos y tantos recuerdos.

No es nuestro ánimo recorrer estos dos grandes periodos de la historia de Écija, para Pomponio Mela hacer un verdadero examen de sus monumentos; se trata solamente de la enumeración de algunos de ellos. Si fuese una digresión, será ciertamente una digresión artística muy disculpada por la índole de esta obra.

Pompoli MelaTrasladados a la época romana, en la que sobresale y predomina el arte en todas sus manifestaciones, nos encontramos a Écija erigida en Convento Jurídico o Audiencia, ennoblecida con el ilustre titulo de Colonia Augusta Firma, y llena de soberbios edificios y fastuosos templos. De ahí que  le da titulo de Clarísima, poniéndola a par de Cádiz, Córdoba y Sevilla.

Entre los templos eregidos en Écija que se pueda hablar de ellos con algún fundamento, se encuentra uno dedicado al Dios Sol y el eregido a Jano Augusto en tiempos de Octavio, haciéndose frecuentes dedicaciones de monumentos y estatus de plata hasta de ciento cincuenta libras, a otros dioses, como Marte, Pantheo (Júpiter), de la Merced y del Buen Suceso.

En la puerta que los árabes llamaron de Bibiluad, existió una hermosa basa de mármol, muy bien labrada, como de vara y media de largo, y perteneciente a los mejores tiempos de Roma, con el siguiente titilo:

“Deo Solo Dicata. Altar o Ara consagrada al Dios Sol”.

En un lienzo de pared de la iglesia de San Francisco habo hasta hace poco otra piedra de mármol que traducida decía:

Plubio Numerio Marcial natural de Écija uno de los seis capellanes o Sacerdotes de los Emperadores, mando por su testamente hacer y colocar este ídolo del Dios Pantheo, de cien libras de plata sin que de ellas se sacase cosa alguno y celebró la dedicación de ella con juegos circenses.

En la misma pared de dicha iglesia hubo otra piedra que decía:

Cecilia Trophima, mandó en su testamento, que en nombre suyo y de su marido Cecilio Silón se hiciese y colocase una estatua de la Piedad que pesase cien libras de plata.

En las llamadas casas del baño, en la parroquia de San Juan, se encontró también este otro ara, dedicado al Dios Marte:

Séptimo Timeno, por voto que había hecho, dedicó este altar al dios Marte a Devoción de la Ciudad de Écija.

También corresponde a Écija la lápida que sigue, que fue encontrada en unas excavaciones:

Mascarilla FunebresLucio Lucrecio Fulbiano. Flamen de las Colonias inmunes de la provincia Bética. Pontífice perpetuo de la casa Augustral, mandó poner esta estatua de Plata de peso de cien libras a la Piedad Augusta en memoria del honor del Pontificado de Quinta Lucrecia Campana, hija de Lucia, Flaminica perpetua de la Casa Augustral y celebró la dedicación de dicha estatua con banquete público y con espectáculos teatrales y circenses por cuatro días. Lucrecia Campana añadió de su parte a esta dádiva una corona de oro.

La importancia y grandeza que tuvieron los templos romanos en Écija, nos lo confirma el que uno de sus sacerdotes fuese agraciado con el grado de Cónsul, según nos dice la lápida siguiente:

A sesto Alio Mamereo pontífice perpetua de la colina Astigitana, Flamen de los divos Augustos y honrado con el grado consular.

Y esta otra:

Ídolo y altar del buen suceso, el cual dedicó Aponia Montano, sacerdotisa de las sacras Emperatrices en la Colonia Augusta Firma, con gasto de ciento cincuenta libras de plata, habiendo hecho fiestas públicas de caballos en el circo: una vez en hora de su sacerdocio, cuando le dieron el oficio, y otra cuando dedicó este ara.

Todo esto demuestra, no solamente la fastuosidad y riqueza de los templos, sino la amplitud y magnificencia del Circo, donde con tanta frecuencia se celebraban regocijos públicos y representaciones teatrales, ora para celebra las victorias y conquista de las armas, ora para dedicaciones de monumentos, estatuas, etc.

El circo romano estuco enclavado en el sitio conocido por la Rehoya, sobre cuyas ruinas se levantó la actual plaza de toros.
Estas clases de edificaciones solo podían llevarla a efecto los pueblos ricos o estipendiarios como Écija, cuyo Convento Jurídico abarcaba un extenso ámbito territorial.

A todo esto no hay que olvidar las magnificencia de las casas y palacios, entre ellos el de la chancillería, que según todos los datos, estuvo donde está hoy Santa Bárbara, y otros muchos monumentos y estatuas esparcidos por la ciudad, siendo buena prueba de ello las siguientes lápidas:

Dedico esta columna al Emperador Cesar Lucio Domicio Aureliano, Pío feliz invicto, Augusto, la Ciudad de Écija devota de su deidad y Majestad.

Y la que sigue, hallada en el patio de los naranjos de la parroquia de Santa Bárbara:

Esta estatua de bronce se puso a Sexto Aelio Titio cirlenenses, de la Tribu Galería, hijo de Marco y nieto de Cayo que fue capitán de soldados de guarda y sacerdote de los sagrados Emperadores.

También es muy notable la siguiente basa de estatua, que se encontró en una de las murallas de Écija:

A Marco Numerio, Histórico Pedagogo, dedicó esta estatua de su dinero.

Y estas otras encontradas en las cercanías de Écija:

Cayo Memmio Severo de la Tribu Quirina hijo de Octavio, mandó que se pusiesen dos estatuas de bronce una a su persona y la otra a un hijo. Púsola Cayo Memmio Rufo su heredero.
Dio y dedicó esta estatua al ilustrísimo cabildo de Écija.

Torres Ecijanas en Alameda Hercules SevillaNo eran menos suntuosas las puerta de la ciudad, pues a la llamada Puerta Cerrada pertenecen las dos columnas de los Hércules de la Alameda de Sevilla, las cuales hizo prenda de ellas el arcediano de Écija, por ocho mil maravedíes que la ciudad debía al arzobispo, siendo trasladadas a la capital, como puede verse por los libros del cabildo.

Hasta hace muy poco tiempo, han estado abandonadas en Écija infinidad de columnas de granito, como las ocho que hoy vemos en el palacio de Villaseca y templo de Santa Bárbara, dos en la salida del Puente, dos al pie de la torre de Santa Maria, dos en la calle Cestería, y dos que aun todavía pueden verse al final de la calle Cervantes. Algunas de estas columnas tenían hasta doce varas de alto, por tres y media de redondo.
Todas estas columnas y otras muchas que aún admiramos en Écija, debieron de pertenecer al pórtico o columnario del palacio de la Chancillería.

En la calle que hoy se llama Mármoles y en todo el recinto de la calle Caballeros hasta Santa Bárbara, debió de haber una verdadera muchedumbre de palacios, donde abundaran las ricas portadas, los fastuosos pórticos, los patios, las salas y otras dependencias enriquecidas de mármoles, incluso en sus pavimentos, pues en todos estos lugares se descubren infinidad de columnas, basas, capiteles y restos de estatuas, apenas se ahonda algo debajo de tierra; así como ricos pavimentos de grandes lozas cuadradas. Una de estas columnas trató de sacarse en una ocasión, y siguiendo su tamaño se halló que tomaba tres casas de largo.

Portal Santa Barbara EcijaRecorrer los amplios soportales que rodean la plaza Mayor y la plaza de Santa Maria, donde se admiran infinidad de columnas de granito, de distintas formas y tamaños; recorrer Écija toda, donde apenas hay casa ni plaza, ni rebate, ni esquina, que no lo hagan trozos de mármoles.

También estuvo Écija perfectamente dotada de pilas o baños públicos, según el uso y costumbre de los romanos, pues además de los muchos restos de estos instrumentos encontrados en la casa del baño y otros lugares, lo demuestra la lápida que sigue:

Pio Longino, hijo de Marco de la Tribu Papia, que había sido dos veces uno de los dos diputados del gobierno, y tres Juez de Pleitos, dio a Écija diez pilas o baños, con las estregaderas y demás instrumentos necesarios de cobre o bronce.

Estos instrumentos eran, según Vitrubio, los tres cubos o vasos de cobre o bronce, adonde caía el agua de los estanques o alberquillas llamados frigidario, tepidario y caporario, o sea enfriador, templador y calentador,

No son menos importantes las piedras de sepulcros que se encontrado en Écija, pertenecientes a ilustres personas de la nobleza romana.

En la parte que se extiende fuera de los muros, que media entre la puerta de Palma y la puerta Cerrada, lugar dedicado por los romanos al osario o entierro, aparecen muchas piedras como las que siguen:

Julia Sexta, mujer de Tiberio, Stable de veinte y cinco años aquí yace en el lugar que le señaló la ciudad.

Amazona Herida EcijaLucio Bercio Aspe, uno de los dos gobernadores de Écija, abrió un nuevo sepulcro a una hija suya de veinte años. Ella y su madre Aurelia Sineya que era de sesenta ambas muy buenas para su gente, están aquí sepultadas. No las moleste la tierra.

Aquí yace Fanio Venusto de cuarenta y siete años de edad.

Sabina, mujer de Verotis, médico, de edad de cincuenta años y medio, apacible a los suyos aquí está sepultada.

Marco Emilio Mauro, hijo de Lucio y nieto de Pudente, está aquí sepultado, y dejó estatua para su entierro.

Lucio Petronio Primo, Hijo de Lucio, está aquí sepultado.

Y estas otras encontradas fuera de este lugar:

Yo Domicio Toranio que nací en los pueblos Marzos de Italia, vine a estas tierras postreras del mundo, y siguiendo las desdichadas armas del Gueyo Pompeyo, di aquí la vida a manos de Lucio Octato, ciudadano de Écija.
Lucio Virio Rústico, hijo de Lucio de la Tribu Papia, aquí esta sepultado.

Por todo lo expuesto, ya se puede formar idea de la Écija suntuosa y artística de esta época, y reconstruir en la imaginación su circo, sus templos, palacios, pórticos, arcos, estatuas, etc,.

Además le vemos constantemente distinguida por los emperadores romanos. He aquí lo que dice una piedra que se hallo en una de las torres del Alcázar, lugar donde probablemente estuvo la gran plaza de Armas:

Cayo Julio Cesar Emperador, habiendo vencido a Pompeyo en la batalla de Munda, fortaleció a la Colonia de su nombre Julia Augusta, Firma que se lo tenia bien merecido y reparó sus muros. 

PERIODO ARABE

periodo ArabeNo hay duda que Écija, bajo este período, alcanzó un gran florecimiento en las artes, pues los árabes, que la distinguieron con el nombre de Medina Estighia, que quiere decir ciudad rica, la enriquecieron con todo lo que su alta civilización traía.

Construyeron acueductos, acequias de riegos, abrevaderos, repararon sus torres y murallas; edificaron el Alcázar y plaza de Armas, y en el lugar que existió el antiguo templo bizantino de Santa Cruz de Jerusalén, levantaron una hermosa mezquita con elegante minarete, sobre cuyo arranque se construyó después la torre actual.

El recinto de la ciudad tenía siete puertas, que atravesaban, mediante puentes, el foso de agua que la ceñía: la del Sol, la de Bibiluar o del Puente, la de la Verdad o de Palma; la Cerrada, llamada así porque cuando vinieron los moros a conquistar Écija, asentaron su real en la fuente de los cristianos, por cuyo motivo permaneció cerrada todo el tiempo que duró el asedio, estando las otras abiertas; la de Osuna; la de Estepa, y últimamente, la del Agua, que es la de la Calahorra ó Alcázar.

Posteriormente se añadieron otras tres puertas mas: la de San Juan, en la calle Arquillos; la Nueva, y la de Sevilla, quedando el recinto de la ciudad demarcado en esta forma:

La puerta del Sol se hallaba situada en lo mas alto de la cuesta de la calle del mismo nombre, dando entrada al Alcázar por la calle Rojas. De aquí partía la muralla por la Sinagoga, hasta la Puerta de Babiluad o arco de Santa Ana, siguiendo por la calle Bodegas a la puerta o arquillo de San Juan; es este punto, en que se ven las torres y adarves mas inmediatos que ningún otro sitio, seguía por la calle adarve, torre de Quintana, calle Merinos, puerta de la Verdad o de Palma, y por el centro de la manzana, entre las calles Santa Florentina y Calzada, a la torre de la Albarrana y arco o puente de Sevilla; de aquí continuaba por la calle Carrera al arco de los Descalzos, puerta Cerrada, calle Ancha, hasta la puerta de Osuna, desde la cual se marcaba el ámbito de la población por la torre de la Hendida, calle Cava, puerta de Estepa a la torre de la Mazmorra, que es la del ángulo opuesto, hasta la puerta del Agua, y desde este punto, a la torrre de la Calahorra o del Rastrillo, atravesando las calles Mostaceros y Céspedes, concluía en la Puerta del Sol, donde dio principio.

Foto antigua Iglesia de San Gil EcijaEl Alcázar se hallaba situado en lo mas alto de la población y comprendía desde el arco que estaba a la subida de la calle Cadenas, que era su puerta.
El aspecto exterior de este palacio, es característico en extremo, llamando poderosamente la atención su enorme fachada, por la variedad y riqueza de su ornamentación, por la traza singular y bien dispuesta de todos sus pormenores y por la misma uniformidad y elegancia de sus airosas torres.

La seriedad y prolijo de su portada churrigueresca, nos ofrece, por cierto, algunos detalles y manifestaciones de rara y singular belleza, avalorado sin duda por la variedad de adornos, estatuas, follajes, columnas y toda clase de delirantes ornatos, propios de este estilo.

Las puertas son de caoba, con primorosa clavazón de bronce, cuyos escudetes responden al apellido Bernuy, y nos dan entrada a un espacios patio, en cuyo frete se levanta la escalera con sus ocho columnas pareadas, con sus delicados capiteles de jaspe de colores; llamando la atención la riqueza de su clásica herrería y la elevación de su cúpula.

AL FardMas adentro nos sorprende otro magnifico patio de columnas, con sus cuatro espaciosas galerías y elegante fuente; correspondiendo en todo a sus amplios salones a la suntuosidad de lo que dejamos mencionado.

Fue construido sobre el año 1.700, por los marqueses de Benamejí. Probablemente por don Iñigo de Bernuy y Altamirano, pasando después a sus descendientes los condes de Valverde, en cuyo poder estuvo hasta finales del siglo pasado, siendo el ultimo conde que lo ha vivido don Cristóbal Martel y Fernández de Henestrosa.

PALACIO DE ORDUÑA

Palacio Almenara AltaMuchos palacios de verdadero mérito ha creado la fantasía del genio ecijano, pero en el palacio que nos ocupa, el ingenio humano excede a toda ponderación.

La hallamos en la calle Mármoles.

Actual Palacio de Almenara Alta.En su interior se halla todo revestido de las mayores fantasías que nos puede ofrecer lo más admirables ornatos; es un alarde de riqueza y originalidad, que nos ofrecen sus paredes de finos alizares, sus puertas de primorosa juguetería de lazo, y sobre todo, sus techos, cuya maravillosa labor de tracería mudéjar, no desdeñaría el autor de los ricos alfarjes de las Marroquíes y las Mínimas.

Es tal la magnificencia de sus salones, que si tratásemos de describirlos, se agotaría todos los adjetivos ante sus raras decoraciones.

La severa fachada es toda de ladrillo, sobre la que corre una esbelta galeria abierta en arcos y coronando la portada, aparece una hermosa capilla con un lienzo de Nuestra Señora de la Soledad. Es fundación del siglo XVII, construido por los señores de Orduña, antigua linaje ecijano. Hoy pertenece a los Señores de Albornoz.

PALACIO DE GARCILASO

Palacio GarcilasoLa calle en que se levanta este histórico palacio, no podía por menos de llevar el nombre de Garcilaso de Vega; pues de aquí y en unión de otros intrépidos capitanes, salió este famoso paladín para ir a la conquista de Granada.

En su interior no se conserva nada notable debido ello a modernas transformaciones, pero en cambio su artística portada, renacimiento plateresco de admirables proposiciones, conserva su primitiva traza.
Sobre las jambas de exquisitos revestimientos, aparecen dos singulares heraldillos a caballo con sus típicas cuernas.

Corona esta clásica portada el blasón de tan esclarecida familia.

Otro palacio encontramos en la misma calle, perteneciente a la misma familia en su enlace con los Juárez de Figueroa, cuya elegante portada nos muestra los mismo paramentos platerescos, pero algo más pobre en su ejecución; no obstante los caprichosos lambrequines que rodean el escudo de armas, en gallardía supera a todos los de su clase.

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Otras muchas casas y palacios se conservan en Écija dignos de ser visitados, no solo por las bellezas arquitectónicas que atesoran sus suntuosos patios de columnas, sus escaleras, sus portadas, sino también por los recuerdos que nos ha legado la tradición y la historia.

Entre estas elegantes manifestaciones, son dignas de mención la de los Aguilares, en la calle Tetuán, que después de la restauración hecha por su actual propietario, don Antonio Osuna, nos muestra con más detalles los rasgos característicos de la época; la de los Galindo, en la calle que lleva su nombre, ligada tan íntimamente a la historia de Écija, y cuyo actual poseedor, don Antonio Benítez Fernández, conserva una valiosa colección de cuadros de la época; la de los marqueses de Alcántara, procuradores en cortes y regidores perpetuos de la ciudad, en la calle Caballeros; la de los marqueses de la Garantía, con su clásico rincón brujo, en la calle Santa Florentina; la de los marqueses de Santaella, con su típica hornacina de la Virgen de Valvanera, en calle Ignacio de Soto; la de los marqueses de Quintana, con su histórica torre romana, y la de los marqueses de Arellano, Villaverde, Cortes Graena, Arenal, conde del Águila, Luque, Cárdenas y tantos otros.

TEMPLOS DESAPARECIDOS DE ECIJA

LOS JERÓNIMOS

En el histórico lugar que en lo antiguo existió el primitivo santuario de la Virgen del Valle, se levantó este fastuoso monasterio del orden de San Jerónimo, fundado el año 1.485, por Don Luis Portocarrero, conde de Palma y su mujer –Doña Francisca Manrique.

Constaba el templo de una sola nave del más puro estilo ojival, la mayor de su clase, pues tenía desde la puerta el altar Mayor sesenta y cinco varas, y trece de lado y catorce de elevación, cuyo techo lo componía un enmaderado de lacería mudéjar.

Dividía la iglesia con la capilla mayor un elevado arco apuntado, a la que seguía una cubierta cóncava toda formada de artísticos recuadros neugados y figuras poligonares. El retablo se componía de tres graciosas cuerpos con frontispicios apilastrados de bellas proporciones, cuya ornamentación, toda ella en excelente talla dorada, podía considerarse como una de las mejores obras del gótico. En el centro se hallaba el hermoso camarín en que se custodiaba nuestra Patrona, llegándose a él por una artística escalera de jaspe encarnado, de cuyo material era el balaustrado pasamano.

El coro, en alto, estaba situado al pie de la iglesia, sostenido por cuatro arcos del mismo estilo,
Una elegante portada gótica, facilitaba la entrada al claustro, hermoso en extremo, cuyas columnas hemos admirado en aquellos lugares hasta hace poco. Tenía una elevada torre de ladrillos de forma piramidal, compuesta de tres airosos cuerpos.

Además de la imagen de Nuestra Señora del Valle, que en el año 1835 pasó a Santa Cruz, guardaba una buena escultura de Santa Florentina.

SAN AGUSTÍN

El extinguido convento de San Agustín, se alzaba en la plaza de su nombre, al final de las calles Cruz Verde y Zamorano, y fue fundado el año 1491 por Don Juan de Henestrosa y Moscoso, señor de Cortillos, el cual labró también el retablo mayor e hizo otras varias donaciones.

El templo era de una sola nave bastante espaciosa, con excelente coro y buenos retablos.

En uno de sus lados, se admiraba uno de los mejores retablos de Écija, en cuya capilla se veneraba la imagen de un notable crucificado, bajo el título de Cristo de la Sangre, que es el que hoy se encuentra en la parroquia de Santa Cruz, en su mismo retablo.

Digno de mención era también, el retablo de la capilla mayor, del mismo estilo, enriquecido en su ornato, varios años después, por doña Maria de Morales, marquesa de Villanueva del Fresno y Barcarrota.

Entre sus esculturas, guardaba una muy notable de San Agustín, otra de Nuestra Señora de Regla, y una de Santa Rita, colocada solemnemente el año 1.685. Además conservaba los cuerpos de los mártires San Julián y San Mario.

Tenía una graciosa torres de tres cuerpos.

LOS REMEDIOS

En la calle que lleva este nombre, se encontraba el convento de Carmelitas descalzas, bajo el titulo de Nuestra Señora de los Remedios.

Su templo, que se levantó el año 1.507, era de una sola nave, de escaso mérito, pero con buen coro y algunos retablos de mérito.

Guardaba una magnifica escultura de Nuestra Señora del Carmen.

SAN JUAN DE DIOS

Al final de la calle Mayor, se encontraba el convento u hospital de San Juan de Dios, fundado el año 1.626, por el jurado de Écija Bartolomé Robledano y su mujer doña Florentina del Carmen, dotándolo de mucha renta.

Durante varios años asistieron ellos mismos con sus criados, a los innumerables enfermos y convalecientes, con mucho amor y cuido, pero el año 1637, sacaron bula y vinieron los hermanos Hospitalarios, tomando posesión en nombre de la orden, el padre Fray Jerónimo de Lucena.

Tenia un hermoso claustro y magníficos salones, siendo la iglesia de una sola nave, con buenos retablos.

Poseía una buena imagen de San Rafael Arcángel, al que hacían todos los años una novena, y otra muy singular del Patriarca de la orden.

ESPIRITU SANTO

En las inmediaciones de Santa Cruz y en la calle que lleva su nombre, se hallaba el convento de las Dominicas del Espíritu Santo, fundado el año 1518, por caballeros Eslavas.

Era su iglesia de una sola nave, buen coro y excelentes retablos, muy particularmente el de la capilla Mayor, fundación de Don Cristóbal Feliz de Eslava, y enriquecido después por don Alonso de Eslava y Ayora y don Garci-Tello de Eslava y Henestrosa.

Tenia un magnifico patio claustrado, y fue uno de los conventos más ricos de Écija, pues en 1629 albergaba ciento sesenta religiosas.

SAN FULGENCIO

En la calle Compañía, y en el lugar que hoy ocupa la plaza de Abastos, se levantaba un templo que perteneció a la Compañía de Jesús, fundado el año 1627, por el cabildo de la ciudad.

La iglesia se componía de una sola nave, con suntuosos retablos y una elegante torre de tres cuerpos, construida por el alarife ecijano, Diego Álvarez.

En su capilla Mayor se veneraba una hermosa imagen de San Fulgencio, antiguo Patrono de la ciudad, donada por el cabildo, y cuya fiesta se celebraba todos los año con gran pompa el día 8 de enero.
Del Sagrario, dice el padre Roa: “El Sagrario o Tabernáculo donde se guardaba el Santísimo Sacramento, en fábrica, en labor y hermosura, excedía a los más aventajados de España”.
Poseía una artística y valiosa cajonería en sus vestuarios, que es la que hoy admiramos en la parroquia de san Gil.

En su colegio se leía la gramática en tres clases o generales, un curso de artes o filosofía y otro de teología. Uno de los maestros que mas se distinguieron a mas del padre Roa, fue el beato Juan de Ávila.

LAS BLANCAS

El convento que perteneció a las Mercenarias descalzas, se hallaba situado en la calle Mayor del Valle, esquina a la de Aguayo, y fue fundado el año 1644, en las casas particulares de don Diego de la Escalera, jurado de Écija; siendo su fundadora, doña Lucía de Aguilar, mujer de don Pedro de Valderrama, la que, muerto su marido, se entró monja, dejándoles su caudal, y el patronato a su sobrino don Pedro de Aguilar y Cerda.

La iglesia era de una sola nave, con buen coro y un primoroso retablo en la capilla Mayor, donde se admiraba una excelente escultura de Nuestra Señora de las Mercedes.

SAN GREGORIO

En la plaza que lleva este nombre, se alzaba este pequeño templo, que en lo antiguo fue morada de la orden seráfica de San Francisco, hasta que el año 1732, a expensas de don Antonio Sevillano y don Juan José Álvarez vecinos del barrio.

Antes de terminar estas memorias insignes de la legendaria ciudad de Écija, quiero traer a cuento los recueros, siempre gloriosos, de algunos templos que en mi descripción ha prescindido de ellos, por no haber apuntes más pesados, pero que me he de limitar siquiera sea, a señalarlos.

La Concepción, cuyo hospital existió al final de la calle del Conde, donde hoy día puede admirarse la magnifica portada de su capilla; y la histórica ermita del humilladero, que aun bastante derruida, puede hoy contemplarse su bella traza mudéjar, en el camino del Valle.

Todavía, en el recinto de la ciudad, existieron hasta hace poco, las capillas de Nuestra Señora de Belén, en la calle Abendaño; la de la Salud, en la calle Puerta Nueva; la de Consolación, en la calle Zamoranos, y la de la Concepción, en la calle Carrera.

También existieron otros hospitales, como el de Unciones, el de Santiago, el de Venerables, el de Niños Expósitos, el de Niñas Huérfanas, el de Santa Florentina y el de Nuestra Señora de las Flores.

En las afueras de la ciudad, hubo en tiempos varias ermitas: San Cristóbal, San Benito, Nuestra Señora de los Ángeles y Nuestra Señora del Camino.

RESUMEN HISTORICO

Escudo de EcijaÉcija, llamada la ciudad de Sol, es la mas importe de la provincia de Sevilla, situada en fértil valle en la ribera formada por el caudaloso Genil, en el camino de Córdoba, y entre perpetua verdura, pues sus frondosos olivares, su extensa y feraz campiña y sus pintorescas huertas, hacen de nuestra ciudad una de las mas deliciosas de Andalucía.

Confina con el N. Y E. Con la provincia de Córdoba; al S. Con los partidos de Estepa y Osuna; al S.O. con el de Marchena; al E. Con el de Carmona y se halla a 83 kilómetros de Sevilla.

Desde la antigüedad tuvo gran importancia mercantil y social, por su excelente posición topográfica, convirtiéndola los griegos en un gran centro comercial de extensa zona, favoreciéndola su gran vía fluvial para comunicarla con los demás pueblos, a cuyo puerto afluían los distintos productos de su comercio, por las aguas de legendario y caudaloso Genil.

El Blasón que la ciudad ostenta es un radiante sol, llevando corona mural sobre su escudo, orlado por la palabra Astigi y el lema Civitas Solis Vocabitur una, palabras proféticas de Isaías en el capitulo XIX, v. 18 que significa: Écija, Una sola será llamada ciudad del Sol; pregonando su primitivo nombre que fue Astigi, su gran abolengo como tierra de ciudadanos.

Bajo el periodo latino fue Convento o Jurisdicción Astigitana y en honor del emperador Augusto, los romanos llamáronla Augusta Firma, que fue quien la declaró colonia y capital del Convento Jurídico de su nombre.

Su importancia mercantil y social se extiende en el largo periodo comprendido por las dominaciones fenicias, griegas, cartaginesas, latinas y aun del imperio visigótico y del arábigo, bajo el cual se llamaba Estadja.

Su reconquista se verifica por San Fernando, el día de la Cruz del año 1.240, y prueba del espirito social de este gran monarca, fue la concesión de barriada para los vecinos, que forman en el ciudad su morería y judería, concediéndole a la vez el fuero de Córdoba, así como después Don Pedro I le otorga el de Sevilla.

En su primitiva fundación, estuvo Écija rodeada de murallas y altos torreones de cuya fábrica se conservan enhiestas dos de sus torres y algunos lienzos de muralla de labor romana, habiendo tenido la ciudad nueve puertas.

Donde hoy se levanta la plaza de toros, se hallaba los vestigios de un gran circo romano, descubriéndose al hacer su cimentación, gran profusión de columnas, mármoles, restos de estatuas, frisos y lápidas.

Durante la dominación sarracena, fue importante ciudad autónoma, con reyezuelo independiente, abierta al comercio de las gentes, mereciendo el dictado de Clarísima, que podía competir con Gades, Corduba, y hasta con la misma Hispalis, siendo conocida por los árabes por el nombre de Medina Alcotón o Ciudad del Algodón, y por el de Medina Estigia o Ciudad Rica.

La cristiandad de Écija fué desde los primeros años del Evangelio, como lo demuestre el haber tenido sede episcopal desde el siglo III, siendo su primer obispo San Crispín, sucediéndole, entro otros, Gaudencio en el VI, Pegacio y San Fulgencio, en el VII; Esteban Theodulfo, Daubart y Arbidu, en el VIII; por cuyo periodo ocurre la invasión sarracena, no obstante, fuéronlo en el X Martino y Servando, de su numerosa mosarabia.

Algo más tarde de dos siglos estuvo siendo Écija fronteriza con Granada y resistió dentro de sus límites los continuados encuentros de los árabes, como lo prueba entre otros hechos de armas, el de Don Nuño González de Lara, en el cual perdió la vida el caudillo moro, lo que motivó una tregua, con lo que se evitó Écija una segunda irrupción mahometana; las célebres jornadas de Tebas, Archidona y Ronda; la renombrada batalla de Salado, donde los bravos astigitanos capitaneados por Fernán González de Aguilar, dieron alcance a las fuerzas berberiscas cerca del río de las Yeguas; su asistencia al famoso cerco de Algeciras, que tantos cruzado extranjeros atrajo por la perseverancia con que se sostuvo y en otras ocasiones mas que merecieron que el rey Don Pedro I de Castilla otorgara a Écija los fueros y privilegios que tenía Sevilla.

Debidas a estas señaladísimas pruebas de especial confianza, le concedió Don Juan I tener voto en Cortes, llamándola por Real Cédula de 26 de junio de 1386 para las de Segovia, concurriendo también a las de Ávila; y reinando Don Enrique III, asistió a las tendidas en Madrid, a las de Burgos, a las de Segovia y por último a las de Toledo; restituyéndole el mismo Rey en 31 de marzo de 1.404, el título que tenía de Ciudad y que había perdido cuando la invasión sarracena.

Algún tiempo mas tarde vemos como tuvieron lugar dos grandes batallas ganadas a los moros, en la que intervinieron los ecijanos: la memorable de la Sierra del Madroño, donde mandaba las cuatro compañías llamadas Guardas de Castilla, el Alcaide de Écija Diego García Castrillo, y la que se libro cerca de la misma Ciudad, en el sitio llamada Puente de Gilena, por cuyo motivo se erigió la parroquia de Santiago, donde también origen al apellido Matamoros; no siendo menos importarte el papel de esta plaza en el asalto y sorpresa de Alhama y Zahara, cuando el intrépido caudillo ecijano Martín Galindo, se descolgó a la plaza; en la batalla de Lucena, en el bloqueo de Baza, en la acción de Loja y, últimamente, en el sitio y toma de Granada, el ecijano Gracilazo fue uno de los quince capitanes de frontera que ayudaron a Pérez del Pulgar a defender el famoso pergamino del Ave Maria. Ya en el sitio de Coín, otro valiente ecijano, Tello González de Aguilar, salvó la vida al Rey Fernando V, trocando con el su armadura y dejándose matar por su patria y por su rey.

Todavía la edad moderna comprende para Écija una época gloriosa. En la Rambla la vemos manifestarse contra el movimiento de los Comuneros de Castilla, y les mereció agregar a su título de Muy Noble, el de Muy Leal, que ya tenía la Ciudad. En este periodo admiramos las valientes aventuras del ecijano Jerónimo de Aguilar, el intérprete de Hernán Cortés, en la Conquista del Nuevo Mundo; las de los intrépidos marinos Pedro Carrillo de Henestrosa, y Diego de Tártalo contra Barbarroja, en tiempos de Carlos I, y el arrojo de Tello de Aguilar, Juan Fernández de Henestrosa, y Juan de Monsalve, en la sublevación de los moriscos.

También vemos a Écija conteniendo la invasión de los turcos, señalarse en el combate naval de Lepanto, donde se distinguieron sus bizarros hijos Diego de Henestrosa, Luis, Francisco y Pedro de Aguilar, el que cita Cervantes en la Vida del Cautivo, (Quijote, parte I, capitulo 39), y en los campos de Flandes lucieron su bravura los Zayas, los Henestrosa, Los Mercados y los Aguilares.

Agréguese a todo esta las diversas compañías de hombres con que acudió Écija en diferentes ocasiones para la defensa del reino y las espléndidas donaciones que hicieron los caballeros particulares, y se verán los motivos que tuvo Felipe IV, cuando concedió a este municipio el tratamiento de Señoría, y que pudieran usar dosel en la sala Capitular.

Proclamada la dinastía de Borbón, Écija mandó como diputado a Don Juan Fernández de Henestrosa, y amenazada en 1702 la plaza de Cádiz, envió dos compañías de cien hombres, al mando del Marqués de Peñaflor. Y Como las turbulencias por aquel entonces fueron continuadas, Écija no dejo de franquear a favor del reino, sus propios caudales, incluso la sangre de sus hijos; así es que al proclamarse en Barcelona por rey de España al Archiduque de Austria, organizó un movimiento de milicias, yendo por coronel el ecijano marqués de Alcántara del Cuervo.

Si a todo lo aquí recopilado se agrega el acendrado patriotismo que los ecijanos desplegaron en su Batallón de la Virgen del Valle, en la guerra de la independencia, tiene Écija bien merecido los títulos de Fidelísima, Leal y Constante, que con fecha 8 de septiembre de 1.710 le llama el rey Felipe V.