VERDADERA HISTORIA DE LOS 7 NIÑOS DE ECIJA
POR D. VICENTE DURAN RECIO

4.- MUERTE DE PABLO AROCA

La muerte del último jefe de la Partida de los Niños de Écija se encuentra reseñada, con toda clase de detalles, en el acta del Cabildo de 9 de Junio de 1818 del Ayuntamiento de Carmona que incluye en ella el parte que el capitán Don José Velada dirige al Coronel D. Nicolás Chacón para que éste lo haga llegar al Sr. Corregidor. Textualmente dice así:

“El Teniente graduado de Capitán Don José Velada Comandante de una partida de este Regimiento destinada a la persecución de malhechores, con fecha de ayer, me dirige el parte siguiente:= Numancia segundo de Cazadores. = En virtud de las instrucciones que de V.S. tengo, y por aviso que me pasó el Capitán Don Vicente Abad para que me dirigiere al pueblo de Almodóvar con mi partida, lo efectué el diez y siete, saliendo de ésta con dicha dirección; pero habiendo tenido noticias en el camino de que la cuadrilla de ladrones conocida por los Niños de Écija habían exigido la cantidad de cuatro mil reales al Vicario de la Villa de Posadas, pasé inmediatamente a dicha Villa a informarme por extenso de esta ocurrencia, y avisándome con el señor Vicario de ella, supe por éste, que el día quince, hallándose en una de sus posesiones de Sierra Morena llamada Barrera, llegaron los referidos ladrones, y asegurando su persona, le obligaron a que mandase un criado al pueblo por cuatro mil reales que le pidieron, amenazándole con quitarle la vida si no lo hacía así, por lo que se vió precisado a mandar por dicha cantidad y entregársela. Y sabiendo por dicho Sr. Vicario que hacía ya ocho días que los ladrones no salían de aquellas inmediaciones, pasé al instante a casa del Caballero Corregidor; a fin de que me facilitase un guía práctico en el terreno, mandando entretanto dar un pienso a los caballos, y que la tropa tomase un bocado, marchando luego, que se me presentí el guía, dirigiéndome a la Sierra; y después de haber andado toda la noche recorriendo las cabañas de los pastores, fui a amanecer al sitio llamado la Huerta del Negro, en donde volví a dar pienso a los caballos. A cosa de las cuatro de la mañana, volví a ponerme en movimiento con dirección a unos pastores que anteriormente me habían dicho que los ladrones habían estado con ellos el día anterior al ponerse el sol; y habiendo andado como media legua, ví cuatro hombres a caballo a distancia de algo menos de un cuarto; y penetrándome desde luego que aquellos hombres en un paraje tan escabroso y áspero como aquel, no podían menos de ser la gente que yo buscara, cerciorándome mas en mis sospechas que yo llevaba, diciéndome que efectivamente aquellos eran los ladrones, por lo que, mandé a mi tropa atacarlos con la prontitud posible dando la voz a uno de ellos, rompiendo todos a este tiempo al escape, penetrando las grandes matas y malezas de que todo aquel monte esta cubierto sin presentar por parte alguna camino, senda, vereda, etc. Todos se disputaban a porfía al que mas podía adelantar, porque cada uno tenia los mas vivos deseos de venir a las manos con aquellos picaros; pero el cazador Santiago Samper que por casualidad encontró una senda seguida que le facilitaba mas desembarazo, tomó alguna delantera, siguiendo todos a este aire como legua y media, y cada vez mas cerca de los ladrones, hasta que Samper alcanzó a uno de ellos, amenazándole y diciéndole se rindiese sin hacer uso de su arma, por tener la gloria de cogerlo vivo, persuadido se le rendiría por ver hacia él los demás soldados; pero a esto el ladrón se avalanzo a él, y los dos agarrados cayeron al suelo luchando mutuamente por desarmarse, llegando en este momento el cazador Vicente Ramírez, el que dio una cuchillada en la cara del ladrón, y al mismo tiempo recibió Samper una puñalada de este en el carrillo izquierdo, la que sin duda le hubiera dejado en el sitio, si el facineroso no hubiera estado fuertemente sujeto y oprimido por él; y repitiéndole Ramírez dos cuchilladas más en la cabeza, lo hubiera rematado en aquel acto si yo no hubiese llegado entonces y mandado que no lo acabasen de matar. Todo esto pasó en solamente momentos, y viendo el estado en que quedaba el ladrón y el cazador herido, mandé al Alférez Don Marcos Vela se quedase con cuatro o cinco cazadores y condujere a los heridos a una casilla que no estaba muy lejos de allí, para proporcionarles el alivio posible, siguiendo yo con los demás de la partida a los tres restantes, pero no fue posible darles alcance por los pocos momentos que me detuve con el aprehendido; y habiéndolos perdido de vista por haber pasado el río, y no tener esperanzas de poder dar con ellos, por las espesura en que habían entrado, determiné volver a donde había dejado a el Alférez con el cazador herido y el ladrón, dirigiéndome con todos a la Villa de Posadas, por ser la población mas inmediata. El ladrón murió a la media hora de haber llegado al pueblo, habiendo sido reconocido por el Cirujano, el que desde luego dijo moriría al instante, y no se le pudo tomar declaración alguna, por no poder absolutamente hablar, ni tampoco pudo responder religiosamente a un religioso que se llamó para que le asistiese en aquel trance. El cazador Santiago Samper fue curado y asistido con toda puntualidad, al que tuve que dejar en aquel pueblo por disponerlo así el Cirujano a cuyo cargo ha quedado su curación, y me segura que su herida no es peligrosa. Tengo la satisfacción de comunicar a V.S. que el ladrón aprehendido por mi partida es el terrible Ojitos, comandante de la cuadrilla de facinerosos nominados los Niños de Écija, hombre que llevaba treinta años de ladrón, vanagloriándose siempre de este indigno y valísimo oficio tan perjudicial a la sociedad, y de ser el terror y espanto de toda esta provincia, asegurando en todas que mientras él viviese no faltarían Niños de Écija; con cuya aprehensión me parece decaerá mucho el ánimo de estos forajidos, viéndose privados del director de sus maldades, y que en el día se ven reducidos al corto número de tres, todos bastantes endebles, razones por las cuales me prometo que si permanecen por este país, no tardarán mucho tiempo en caer en nuestras manos. No puedo menos de presente a V.S. la bizarría con que toda la partida seguía a porfía a estos malvados, queriendo cada uno ser el primero que diese con ellos; y particularmente recomiendo a V.S. al valiente Santiago Samper que por lograr el gusto de cogerlo vivo se abrazó a él para desarmarlo y dar lugar que sus compañeros llegasen, y que si no hubiese sido por el bizarro Ramírez, que llegó a tiempo, quizás hubiese sido victima de su valor por el desesperado Ojitos. También me parece digno de consideración de V.S. el cazador Vicente Ramírez por haber sido el instrumento de que la divina providencia se ha valido para librarnos de semejante facineroso. Es imposible manifestar a V.S. bastantemente el regocijo que esta prisión ha causado en todos los pueblos de esta comarca. Todo recíprocamente se felicitan por verse libres del peor de los hombres = Lo traslado a V.S. para su inteligencia y en justo obsequio a la satisfacción que le resultará de un acontecimiento tan feliz que ha quitado de la sociedad a este hombre malvado, que tanto años ha sido el terror y espanto de las gentes, y que con él no había honro, vida ni propiedad segura; debiendo añadir, que habiendo hecho la inspección al cadáver, se la ha encontrado pintada encima de la tetilla izquierda a una imagen de Nuestra Señora del Carmen, y por bajo un letrero que dice Ojitos. Sin embargo es tal el horror e indignación de todas las gentes, que se han opuesto a darle sepultura eclesiástica, y ha sido enterrado en la tarde de ayer cerca de la barca grande en Palma del Río. = Dios guarde a V.S. m. A. Carmona 20 de mayo de 1818 = El Coronel Nicolás Chacón. = Sr. Corregidor de esta Ciudad de Carmona.”

Por este escrito que el teniente graduado de Capitán Don José Velada, comandante de una partida del Regimiento de Numancia destinada a la persecución de malhechores, con sede en la ciudad de Carmona, dirige a su jefe el Coronel D. Nicolás Chacón, esta ciudad quiere llevarse la gloria de ser la que pone fin a la célebre cuadrilla de “Los Siete Niños de Écija”. Esto, al igual que también le ocurrió a la ciudad de Écija, que quiso atribuirse la misma gloria, no es cierto. La extinción de la célebre pandilla, y de todos los bandoleros que andaban a su alrededor, fue debida al esfuerzo combinado de Escopeteros de Andalucía, de las partidas formadas en los distintos pueblos y del Regimiento de Numancia y, todos, bajo la dirección del Coronel Juan de Vergara nombrado para tal fin por el Capitán General de la Provincia. Parece que a D. Juan de Vergara no se le quiso reconocer por el Ayuntamiento de Carmona este triunfo como podemos comprobar por el Cabildo de 2 de julio de 1818 de la Ciudad de Écija, donde se lee lo que sigue:

“El Señor Corregidor manifestó que por el Capitán Don Pedro Gil, a la hora de las nueve y cuarto de la mañana de este día, a presencia del señor Don Francisco de Sales Angulo y otras personas, se le entregó a SS, un oficio del Coronel Don Juan de Vergara con los documentos que acompaña para el Ilustre Ayuntamiento; pero no estando en la cédula la citación este asunto, espera se acuerde si se ha de tratar o no de ello. El Síndico Personero dice que como su anunciada proposición trata del mismo asunto, no ve inconveniente en que se trate de ello. Acordado así, de conformidad, continuó este Cabildo en la siguiente forma. = Habiendo oído la Ciudad la proposición que por escrito hace el Caballero Síndico Personero Don Marcos Castillo, y el oficio del Sr. Coronel Don Juan de Vergara con los documentos que acompañan, cuyas realidades que se sientan por uno y otro son indudables y que pueden justificarse documentalmente, no puede menos que mirar con el mayor dolor la impresión que ha causado en el Real ánimo de S.M. una partida malévola compuesta de varios individuos de que hizo cabeza y dio principio a esta ultima partida Antonio Padilla, quien según noticias no era hijo de esta población, y el que asociado con otros causaron los males que últimamente se han sufrido particularmente los labradores de este término. Son infinitos los perjuicios que han sufrido los propietarios, pues a costa de ellos se mantenían como es notorio, pasando a otros males de muertes, heridas y golpes que han sido públicos, teniendo la desgracia Écija de que, siendo compuesta dicha ultima partida de bandidos o ladrones naturales de Córdoba, Granada, Lucena, Estepa, de otros distintos pueblos, y aun de Portugal, fuese nominada por la de los Niños de Écija: no se trata esta Corporación de sincerar por ello que en el número de sus vecinos no hayan habido y contenga en el día hombres de reprobada conducta, mal que por nuestra desgracia, y de resultas de las pasadas guerras, se sufre en toda la Península; pero no por esto puede dejar la Ciudad de manifestar los conatos de sus Magistrados y moradores bien intencionados, aplicando todos sus esfuerzos en la extinción de los malhechores, muchos hechos pueden presentarse así por parte de los señores Jueces y de varios vecinos que han concurrido con sus personas e intereses a tan laudable objeto; para lo cual, y que en todo se justifique con documentos que lo acrediten, acuerda la ciudad nombrar por su Comisionados a los señores Don Francisco de Sales Angulo, Don Marcos Castrillo y Don Marcial de Reyna. Y en atención a los conocimientos que tiene y de esta poseída de la laudable conducta del Sr. Coronel Don Juan de Vergara, no le queda la menor duda de su exacto cumplimiento y particularísimo conato en la extinción de dicha cuadrilla de ladrones, última que ha existido, y que tomó a le dieron el nombre de Niños de Écija.

Le hemos visto, a pesar de su aguda enfermedad, no omitir toda su principal atención y trabajo en la persecución de los malhechores; consta igualmente que por avisos particulares que ha tenido, inmediatamente ha dispuesto por sí y con sus tropas, la persecución de ellos, exponiéndose a los mayores riesgos y peligros; que por el mismo Caballero Coronel y sus tropas, han sido presos varios de los ladrones, y que sin desatenderse el mérito contraído en la última acción por el Capitán Don José Velada y valientes soldados que le acompañaban, fue muerto el llamado Pablo Aroca (a) Ojitos. Pero esta que logró este hecho de tanta satisfacción, estaba al mando disposición del dicho Sr. Vergara; y que sus acertadas disposiciones y providencias fueron causa de las expresada muerte, la que, y sucesiva del llamado Candiles, ha sido la extinción de dicha cuadrilla de ladrones. Omite la ciudad de tratar de cuanto la de Carmona se apropia de servicios y hechos que ni conoce ni consta a esta, y solo repite el gran mérito que en su particular inteligencia ha contraído el citado Sr. Coronel Don Juan de Vergara. El Sr. Corregidor añade en honor de la verdad, que dicho Sr. Coronel Vergara no ha perdonado medio ni fatiga renunciando a su propio descanso y comodidad para no omitir el logro del fin de su comisión que verdaderamente ha conseguido, pues la cuadrilla nunca paso de siete pero se reponía cuando le prendía o mataban un con los desertores de los presidios y de la Tropa de ultramar: que la acción del día veinte y cinco de julio del año pasado de mil ochocientos diez y siete, fue el golpe mas terrible que se le ha dado, pues en ella murió el bien conocido por sus crímenes, llamado el Portugués; fue preso Sebastián Martín alias el Hornerillo y de sus resultas en la villa de Aguilar y por la partida de Tiradores de la misma el conocido por el Fraile, llamado Fray Antonio de la Grama, por el Teniente de Escopeteros de Andalucía Don José Rodríguez, el conocido por el Rojo por el Subteniente Don Juan Bautista Núñez, el conocido por el Mino, todo esto de resultas y de dicha acción y haberse dispersado; también fue preso por el Subteniente de Escopeteros Don José Maure, Juan José Gutiérrez conocido por el Cojo; últimamente apareció muerto el llamado el Candil; y los dos que quedaban se han desaparecido, como también el llamado Becerra, que ninguno de los preso por la Tropas de Numancia, y sí muerto el conocido por Ojitos pero por ls que estaban bajo el mando de dicho Sr. Coronel; que las partidas del mismo Regimiento mandadas por los Capitanes Don José Velada y Don Vicente Abad, han estado en varias ocasiones en el término de esta Ciudad y en él han sido auxiliadas como consta de sus recibos; han trabajado con tesón valentía pero no resulta hayan preso ninguno de los principales cuadrilleros; y que en el concepto del que habla, la acción del veinte y cinco de julio ya citada, dispuesta y mandada por el mismo Sr. Coronel, y las posteriores, son las que han deshecho la cuadrilla con el auxilio de los Magistrados de esta Ciudad, sacrificios de los mismos, y vecinos deseosos del mismo fin, que nada han perdonado a que han contribuido sobre manera las acertadas disposiciones del Sr. Don José García de la Torre, de Consejo de S.M. su Fiscal del Supremo y Cámara de Castilla, Comisionado Regio en esta, y que el Sr. Coronel consta cuanto va manifestando; y que se inserte este particular en el testimonio que ha de dársele. En cuyos términos y siendo muy cerca de las dos de la tarde se mandó suspender este Cabildo para continuarlo en otro día, y lo firmaron los Srs. Comandantes de que damos fé”.
Después de firmado el Cabildo por lo Sres. Capitulares y los escribanos Franco García y Sarabia, éste último, según se despende del Proceso a Don Martín Galván y Doña Gabriela de Castro, unido o cómplice de los Niños de Écija, continúa el Cabildo que textualmente dice así:

Señores:

¿Hasta cuando querrá el hombre coronar sus sienes con laureles ajenos? ¿Hasta cuando engalanarse con plumas de vistosos colores, para después el viento de la verdad las haga desaparecer?. Si los tiempos antiguos nos presentan ejemplos de estos, hay mismo tenemos a la vista lo que la ciudad de Carmona ha manifestado a S.M. tributándose así la gloria de haber extinguido la famosa cuadrilla de los Niños llamados de Écija, cuyos hechos tenían penetrado el corazón del Rey. Y bien, Señores ¿podríamos mirar con indiferencia que nuestra patria, que el suelo en que vimos la primera aurora, que sus Magistrados, y autoridades, que sus vecinos, queden mancillados con una nota que la intriga les supuso?. Fijos los ojos de todos los Tribunales en Écija se persuadieron mas de una vez que sus vecinos abrigaban estos facinerosos, y que era el asilo seguro de sus iniquidades, preocupados muchos pueblos, nos miraban con ceño; y en el interior, ¿Qué hacía Écija?; contribuir como ningún pueblo a sus exterminio. EL Magistrado se desvela por la captura de los criminales; se prodigan crecidas sumas, se levantan partidas persecutoras; y cuando estaban más temibles sin arredrarse por sus atrocidades, se forman públicas Juntas de Parroquias para proporcionar fondos hasta concluir con ellos. Écija sostiene tropas; al fin sufren muerte sus vecinos, pérdidas y perjuicios; se enlutan unas familias, se arruinan otras, y a pesar de ello, había quien sostuviese que Écija protegía los facinerosos; pero al fin la constancia, el celo y actividad de los Comandantes, y últimamente del Coronel Don Juan de Vergara a quién Écija ha visto infatigable, puesto siempre al frente de sus partidas, hacer servicio activo y no dejar descansar un momento a los malvados; su constancia, repito, los oportunos avisos y noticias interesantes de los sus Magistrados, proporcionan la muerte de los unos, que sean batidos los otros, y que llegue el día de las prisiones de los mas para morir en un cadalso. Así desaparecieron los mas esforzados de ellos y que los capitaneaban; Alaya, Mesa, El Portugués y el Fraile con los demás que gobernaban la cuadrilla, de que quedaban los menos y al frente de ellos el casi ciego y nada valiente Pablo Aroca (a) Ojitos, que desahuciado unas veces, encerrado otras en Sierra Morena, vino al fin a ser muerto por una de las partidas del Comandante Vergara, que por sus conocimientos la había colocado en términos de encontrarlos precisamente. Murió Aroca a manos de un valiente cazador de Numancia a las órdenes de dicho comandante; Carmona se atribuyó el triunfo; lo creyó dimanado del Coronel de aquel cuerpo acuartelado en dicha Ciudad; le tributó, digo, le hizo un elogio a aquel Jefe, le tributó homenaje de gratitud, y se elevó esto a S.M. Pero Écija en el interior se sepulta en el olvido, no se hace memoria de aquellos otros tantos compañeros muertos o presos en este suelo, no se acuerdan de Farnesio, no de los Escopeteros, no de las fatigas, desvelos y actividad del Comandante Vergara, no de este vecindario, y no de las autoridades que nos gobiernan. ¡Que desgracia!. Yo como hombre del Común, invoco la verdad es tiempo ya, señores, es tiempo de que Écija levante su cerviz, de que llegue a los P. del Trono, y con documentos auténticos, manifieste los servicios que tiene hechos en esta ocasión, en esta serie de años, y en honor de la verdad de los jefes, manifiesto lo que cada uno haya contribuido al exterminio de esta cuadrilla; el mérito contraído que se haga público a la faz de todos los pueblos, para que S.M. premie el verdadero mérito y se penetre de que la Ciudad de Carmona ha faltado a sus Reales respetos y querido fundar sus glorias sobre ruinas ajenas, sin que por esta sea visto borrar el mérito del Caballero Oficial y del Cazador, que si fue de Numancia, pudo ser de otro cuerpo de los que tienen partidas a las ordenes del Coronel Vergara, que ninguna lleva su nombre. El objeto mío, señores, esta indicado: si en el concepto de V. SS. Merece alguno, el tiempo urge, y los momentos son críticos. S.M. debe tener conocimiento de ello, para que su Real Piedad premie el justo mérito de los que han contribuido y se han expuesto par la extinción de estos bandidos, que en ningún país han infectado ni dañado mas que este V. SS. resolverán lo que estimen, mereciéndoles yo que esta proposición conste en el libro Capitular, para que el público ni carezca de su noticia, ni deje de observar que su Síndico hará cuanto esté en las veras de su corto y pequeño talento. Écija 2 de julio de 1818. = Marcos Castillo.”.

El acta de este Cabildo de 2 de julio de 1818, continúa con la copia de un escrito dirigido por el Coronel de Numancia A D. José Velada, Capitán de dicho Regimiento, que comandaba la partida que terminó con la vida de Pablo Aroca (alias Ojitos) y con la del Candil o Candiles. Dice así:

“Numancia.= El Excmo. Sr. Capital General de Andalucía en 23 del corriente, me dice lo que copio.= Después de copiar al Excmo. Sr. Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra el parte que me ha dirigido V.S. con fecha 20 del corriente, de lo ocurrido en la prisión y muerte del famoso capitán de ladrones Ojitos, le digo lo que sigue: = Lo que tengo el honor de trasladar a V. E. Para que exhibiéndose elevarlo a noticias de S.M. se digne agraciar al Capitán D. José Velada, del mismo cuerpo, y comandante de dicha partida, en la forma que sea de su soberano agrado, no pudiendo menos que recomendar muy particularmente el bizarro valor del cazador Santiago Samper y el de Vicente Ramírez, dignos en mi concepto del grado de Sargento segundo el primero, y el de primero el segundo, con más de dos escudos de ventaja a cada uno y venera de plata que expresa el articulo 5º del Regimiento de la Real y Militar Orden de San Fernando, reputándose este servicio de los comprendidos en el 2º de dicho Reglamento, puesto que la acción poco común de haber arrestado y muerto al famoso capitán de la citada cuadrilla y terror de la Andalucía, merece este premio para estímulo de sus compañeros de armas, que son los únicos que han conseguido ventajas sobre aquellos malévolos.= Lo que digo a V. Para su inteligencia y satisfacción, y de los bizarros cazadores Samper y Ramírez.= Dios guarde a V. Muchos años.= Carmona 28 de mayo de 1818.= Nicolás Chacón.= Señor Don José Velada”.

El acto del Cabildo continúa con la copia de otro documento acompañado por D. Juan de Vergara. Este documento es una proposición del Corregidor de Carmona y acuerdo adoptado por aquel Ayuntamiento en 9 de junio de 1818. Dice así:

“Señores = V. SS. Saben muy bien los felices resultados de la persecución de los malhechores, y particularmente de la cuadrilla que se titulaba de Los Niños de Écija, desde que la tomó a su cargo el Sr. Brigadier Coronel del Regimiento Caballería de Numancia estante en esta Ciudad, no solo le consta los infinitos gastos y diligencias hechas en vano por otros Regimientos, Partidas de Tropa y paisanos destinadas al mismo fin sin haber conseguido ventajas, sino también, que desde el mismo día, puede decirse, que Numancia tomó a su cargo la persecución, desaparecieron los bandidos del término de esta ciudad, cesó la continua y considerable exacción de cantidades que hacían a los vecinos labradores y hacendados, y dejaron de cometerse los enormes delitos que llenaban de horror y pavor a los habitantes de las haciendas y caseros del campo, e impedían a su dueños cuidar por sí de sus intereses, por miedo a ser sorprendidos por dichos bandidos, como sucedió mas de una vez. Por virtud de la actividad, celo y eficacia del expresado Sr. Brigadier, de los oficiales empleados en este servicio y particularmente del muy bizarro capitán Don Vicente Abad y de la Tropa destinada a él, cesaron estos males, y con la extinción de la referida cuadrilla, debemos prometernos que desparecieron de una vez VV. SS. No pueden manifestarse indiferentes ahora, cuanto tanto interés han tomado hasta aquí en la persecución de los bandidos, y cuando esta y sus felices resultados se deben en mucha parte a los sacrificios pecuniarios hechos por esta Ayuntamiento para sostener las partidas a cargo del referido Capitán Don Vicente Abad, sin cuyo auxilio era imposible hubiese hecho el servicio a que se le destinó y continúa haciendo; además he satisfecho cuantos gastos han ocurrido en el pago de guías, expresos y otros muy considerables y frecuentes. V. SS, repito, no pueden menos de manifestar su gratitud hacia el cuerpo a quien se deben tantos beneficios, hacia sus jefes y oficiales destinados a dicho objeto, y finalmente, respecto de los dos militares aprehensores de Pablo Aroca (a) Ojitos, Cabeza y último resto de la cuadrilla ya citada. En su virtud hago al Ayuntamiento proposición para que se sirva acordar se den gracias al Señor Brigadier Coronel del Regimiento de Numancia por su celo y actividad en la persecución, que se eleve noticia a S.M. el servicio hecho por dicho Cuerpo Militar, y recomiende el mérito contraído para el citado Capitán Abad, y que V. SS. En Cuerpo o en particular, gratifiquen a los individuos aprehensores de Aroca. Pido se inserte y se de por testimonio con lo que se acordare. = José Maria Tirado. En cuya virtud, hecho cargo la Ciudad de lo propuesto por el referido Señor Presidente, animada de los mismos sentimientos de gratitud, acordó de conformidad se dan las gracias al Sr. Brigadier Coronel del Regimiento de Numancia a nombre de la Ciudad por el Sr. Corregidor Presidente, y por el celo y actividad con que ha tratado la persecución de malhechores y particularmente la partida de bandidos nominada Los Niños de Écija, cuyos felices resultados en dicha persecución, con la detención del que hacía cabeza de dichos bandidos, han llenado de satisfacción a los habitantes de esta provincia, y así mismo, se eleve a conocimiento de S. M. Por medio del Excmo. Sr. Capitán General, el mérito de dicho Cuerpo Militar, recomendándose el contraído por el Capitán Don Vicente Abad y demás oficiales destinados en tan importante servicio; y en consideración y justo premio de los dos individuos militares y aprehensores de la cabeza del bandido Pablo Aroca, encargó y comisionó la Ciudad a su Caballero Síndico Procurador Mayor para que se les gratificare por sus mucho mérito y valor, pasándose a dicho Sr. Brigadier Coronel, testimonio de este acuerdo y de la propuesta hecha por el Sr. Corregidor Presidente la que queda unida a este Cabildo. = Se le pasó al Coronel con fecha 10 de junio el oficio con testimonio de la proposición y de este acuerdo.= Carmona 11 de junio de 1818. = Se haya unido al Cabildo de 9 de junio de 1818 el testimonio del parte que dio Velada de la aprehensión de Pablo Aroca.

El acta del Cabildo finaliza con la copia del oficio que Don Juan de Vergara dirige al Ayuntamiento de Écija. Dice así:

“Comandancia General para la persecución de contrabandistas y malhechores en Andalucía”. = Apenas empezaba a gustar el fruto de mis incesantes fatigas en la persecución de la famosa cuadrilla llamada de los Niños de Écija; cuando me lisonjeaba de serme deudora esa Provincia de la tranquilidad que disfruta con la extinción de aquella, llegaron a mis manos el oficio y acta capitular de que acompaño copia literal. Mi primer movimiento fue el desprecio que merece una intriga que choca abiertamente con la misma evidencia; pero reflexionando después el desacato que se hace a S.M. queriendo sorprender de un modo tan escandaloso; que la Ciudad de Carmona mal aconsejada quiere arrebatar a esa y demás pueblos de la Provincia la gloria de haber contribuido al exterminio de los malhechores; y finalmente que mi opinión esta comprometida, atribuyendo falsamente las resultas de mis desvelos a quien ni el menor influjo ha tenido en ella; determine desengañar a S. M., y hacerle ver el poco respeto con que es tratado por unos vasallos que debieran dar tono y ejemplo. Creo por demás recordar a V. SS. Que cuando el Rey nuestro Señor (9.d.c.) me confió la general persecución en los cuatro reynos, señoreaban despóticamente los referidos niños todo el País, burlándose escandalosamente de las Partidas que se les oponían, aterrorizando todo el Reyno y causando toda clase de insultos y vejaciones, así al pacífico labrador como al inocente caminante. Estos hechos, aunque con asombro son demasiados notorios en toda la Nación; y consta a V. SS, que empeñado yo en el desagravio de tan repetidos ultrajes, la emprendí del modo más enérgico, fatigando sin cesar a los malhechores personalmente, sin perdonar trabajo ni fatiga alguna, y sufriendo en ocasiones unas peligrosas calenturas; cuya constancia les impuso en términos de verse mas de una vez forzados a desamparar la campiña, que ellos miraban como su mas seguro asilo, a pesar de la falta de caballería y otros recursos, que me obligan a duplicar los desvelos; en fuerza de los cuales conseguí derrotarlos en la campiña de Santaella por el mes de Julio del año anterior, matando a su capitán el famoso Portugués prendiendo a Sebastián Martín y dispersando desarmados a los restantes, de cuyas resultas fueron continuamente presos en varios puntos los llamados el Fraile, el Granadino, el Rojo y Minos, quedando reducida la cuadrilla asolo cuatro individuos capitaneados por el llamado Ojitos.= V. SS. Mismos me prodigaron mil alabanzas, asegurando era el único que había conseguido ventajas sobre dichos forajidos, y presintiendo de tan felices principios su total exterminio. No era otro el objeto que incesantemente me ocupaba; y aunque a veces me ví reducido a mandar solo catorce hombres por no habilitárseme más tropas, y siempre se me ha escaseado la caballería, arma la mas propia para la persecución, saben V. SS. No descasé un momento obligando a dichos restos de la cuadrilla a dejar la Campiña e internarse en Sierra Morena de donde no se atrevían a salir, y en cuyo paraje los batí varias veces, hasta que en uno de los movimientos generales que hice logré la muerte de dicho capitán Ojitos por la partida de Numancia que sirve a mis ordenes; hallándose después muerto el conocido por Candil, y ocultándose los dos restantes, con que se completó la extinción de esta funesta gavilla. Ni V. SS, ni otros pueblos de esa Provincia han sido unos meros espectadores de estos gloriosos acontecimientos, sino que han contribuido a ellos, presentándome las noticias y auxilios que han estado a su alcance. ¿Y podía yo dejar correr impunemente tan malvada intriga? ¿Qué ha hecho el Coronel de Numancia ni otro Jefe contra los Niños? ¿Cuáles de ellos han preso? ¿Cuáles los han derrotado?. Por el contrario, mientras el citado Coronel descansaba tranquilamente en Carmona yo velaba en lo más espeso de Sierra Morena; y cuando aquella Ciudad ignoraba hasta la existencia de los malhechores, V. SS, y otros buenos ciudadanos me animaban a la empresa y contribuían a ella del modo posible. Esta consideraciones, repito, me estimularon a representar a S.M. suplicándole se digne suspender el juicio hasta yo pudiese elevar a sus Reales Manos una abundante justificación de la verdad de los hechos; y como V. SS, han sido files testigos de ellos, espero se sirvan fijar su informe a continuación de este oficio, de la insinuada cuadrilla, ventajas progresivas y únicas que se han conseguido sobre ella, movimientos generales que ha efectuado contra la misma; muerte del referido Ojitos en uno de aquellos, y su total extinción, sin que en nada se haya mezclado otro jefe. Dios guarde a V. SS, muchos años. Lucena 29 de junio de 1818,= Juan de Vergara = Sres. Justicia y Ayuntamiento de la Ciudad de Écija.”

Esta acta Capitular de 2 de Julio de 1818, tan importante para conocer parte de la historia de los Niños de Écija, como: la muerte del Portugués en la campiña de Santaella, la detención de el Hornerillo, el Fraile, el Rojo, el Granadino, el Minos y el Cojo, el nombre de este bandolero que era Juan José y no Juan Antonio, la muerte de Ojitos y el Candil en Sierra Morena, etc,etc. Fue en su día falseada a capricho por Don Manuel Ostos y Ostos en su libro “Alfajores de Écija”, publicada en Sevilla en 1909. Al tratar de los Siete Niños de Écija, en su capitulo “Ni eran siete… ni eran de Écija”, a toda costa quiso demostrar lo que no era cierto y, para ello, Ostos y Ostos dice: “… Yo solo aseguro que se leer copiar, que no me equivoco al tomar datos y fechas, y que respondo de la autenticidad cuanto aquí se diga, pues todo irá fundamentado con documentos oficiales. Luego… procédase a un cotejo entre este Alfajor y la página 173 del Bosquejo, y se verá quien es el que lleva el gato al agua”.

Pues bien, después de decir estas cosas, el Sr. Ostos y Ostos copió el Cabildo d 2 de Julio de 1818 como quiso y le convino, creyendo, posible que después de lo escrito por él sobre los Niños de Écija, estaba todo dicho y nadie volvería a investigar sobre ello. Engañó a todos sus lectores y, lo que es mas triste, a los escritores que, posteriormente, trataron la Historia de estos bandoleros y a los que el libro de Ostos y Ostos les sirvió de base y así ocurre en la Pág. 331 de Alfajores Ecijanos, donde la frase literal dice: “la famosa cuadrilla de los Niños llamados de Écija”, la transforma en: “la ultima y famosa cuadrilla de bandidos impropiamente llamada de los Niños de Écija”. Otras veces, añade a textos literales, párrafos enteros que no están en el escrito del acta, así en la pagina 326, línea décima, después de la palabra “ladrones” viene dos puntos, y continúa: “Le hemos visto..”, él añade íntegro lo de: “ultima que ha existido, y que tomó ole dieron el nombre de Niños de Écija”; en las páginas 332, 335, 336, 337, 338, en otras frases coloca palabras a capricho como; equivocadamente, nuestro término, honrados, larga, conveniente, hace y hará, última, existencia, realizando, deteniendo, bandoleros, habérseme, esos bandidos, de los bandoleros, los mismos, etc., y todo, para llevar el gato al agua. Pero no solo falseo este Cabildo, también lo hizo con uno de los expedientes del legajo nº 591 del Archivo Municipal de Écija. En este expediente se narra la captura de José Piña y, Ostos y Ostos, para ocultar que este bandolero era de Écija, modifica totalmente el referido expediente. Igual hace con partida de defunción de José Martínez el Portugués.

En este Cabildo, también podemos observar el protagonismo de que hacen gala las ciudades de Écija y Carmona. Écija queriendo demostrar que los bandidos en su mayoría eran naturales de Córdoba, Granada, Lucena, Estepa y otros distintos pueblos. No quieren entender el porqué de “los Niños de Écija”. Carmona, quiere llevarse la gloria de la extinción de la partida y Écija no quiere perderla. Ambos olvidan la colaboración de Osuna, Marchena, Fuentes, Lora del Río y otro pueblos.

Nosotros creemos que ni Écija ni Carmona tenían razón: Écija, por que la mayoría de los ladrones que durante los años 1812 a 1818 formaron la cuadrilla de los Niños de Écija, eran naturales de dicha ciudad; y Carmona, porque solo era la ciudad donde estaba el Regimiento de Caballería, Numancia, al que pertenecían los Capitanes D. José Velada y Don Vicente Abad, que comandaban partidas en persecución de malhechores, pero a las órdenes de D. Juan de Vergara, Comandante General para la persecución de contrabandistas y malhechores en Andalucía.

La extinción de la partida creemos fue debido principalmente a los suculentos premios que, la Sentencia de primero de Julio de 1817 de la Audiencia de Sevilla, concede al que prenda o mate a algunos de los bandoleros perteneciente a la cuadrilla de los Niños de Écija. Prueba de esto, es que en tan solo veinticuatro días están a punto de exterminarla, cuando ya llevaban cinco largos años actuando impunemente.
Por último, a este Cabildo está unida la narración con toda clase de detalles, de la muerte del ultimo jefe de la cuadrilla de los Niños de Écija, la de Pablo Aroca (alias Ojito).