Murallas de Écija...

Como suele suceder en las ciudades andaluzas es evidente la herencia en el parcelario actual del urbanismo islámico, con las lógicas alteraciones que se han sucedido con el paso del tiempo. Según las fuentes escritas islámicas el recinto urbano romano se mantiene hasta su destrucción en época califal (913) como medida de castigo de Abderramán III contra los ecijanos por su apoyo al rebelde Ibn Hafsun. No hay evidencias de que la cerca se reconstruyera hasta la segunda mitad del siglo XII, en el periodo almohade, cuando se hace presente la amenaza cristiana.

La tipología de la muralla almohade de Écija es la característica de las construcciones defensivas de los imperios norteafricanos: lienzos de cajones de tapial construidos con encofrados de madera (tabiya) con torres de planta rectangular con o sin cámara distribuidas en tramos regulares.

El foso de la muralla, normalmente colmatado en época bajomedieval y moderna, y que por otro lado ha dejado constancia toponímica en la calles Cava y Cavilla.

A la cinta muraria original se enlazaron con posterioridad mediante espigones o corachas una serie de torres albarranas de planta poligonal de las cuales la situada en Merino, 38 ha sido excavada en su cimentación. 

Especial atención merece desde el punto de vista poliorcético el recinto del Alcázar, localizado en la zona del actual Picadero, y del que quedan escasos restos debido al proceso de degradación urbana al que se ha visto sometida esta parte de la ciudad. En el interior del Alcázar, en su ángulo suroeste se situaba el llamado Castillo de las Siete Torres, del cual se han conservado escasos lienzos, restos de una torre perimetral y parte de la estructura de la denominada Torre del Concejo.

Fuente: Anexo Recinto Amurallado de Écija.

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