LOS 7 NIÑOS DE ECIJA
( D. Antonio Siria González )

No hay que negar la fama justamente conseguida a través de los siglos de Historia por nuestra ciudad en toda España, por haber sido población de gran importancia, belleza inigualable y madre de numerosos ecijanos que han participado en hechos memorables de la historia del mundo.

Esta fama se ha visto empañada desde hace más de 150 años, por la existencia de un grupo de bandoleros, que fueron pesadilla y motivo de persecución por algún tiempo y que por mas razones que expongamos a nuestro favor, para dar a conocer la realidad de los hechos, no se ha podido evitar que desde entonces entre otras cosas a Écija se la conocida por la ciudad de los 7 Niños.

Para empezar a estudiar el tema, tenemos que buscar el origen del bandolerismo en Andalucía, y las causas, entre otras, principalmente fueron dos: la primera, la gran epidemia de fiebre amarilla que en el año 1800, entrando por Cádiz, asoló a gran parte de la población andaluza y extremeña y, la segunda causa, la invasión de las tropas francesas, y la ocupación por éstas de numerosos pueblos importantes. Estos dos hechos, dieron motivo a que por un lado, ante el temor de contagio y muerte segura, y por otro ante los desmanes de las tropas francesas, todo el que podía, abandonara los pueblos y se “echara al monte” para sentirse mas seguro. Cuando se sufrió la epidemia referida, el numero de fallecimientos en poblaciones fue terrible y como las medidas sanitarias aconsejaban evitar el contagio y distanciarse lo más posible de los enfermos, familias enteras se fueron a vivir al campo. Con la invasión de los franceses ocurrió igual, ya que así se evitaban humillaciones, persecuciones, ultrajes y males mayores. Acabadas las subsistencias, o bien desaparecidas las causas descritas, dichas familias volvían a sus lugares y a sus casas. Pero no siempre ocurrió así, y el caso es, que esas personas, apretadas de necesidades alimenticias o de dinero, cuando se vieron angustiadas, se apropiaron de todo lo que en el campo había, por las buenas o por las malas. Fueron escasos grupos, pero existieron, y así comenzaron a desmantelar cortijos, haciendas y otras viviendas agrícolas. Acabadas también las subsistencias en el campo, optaron por apostarse en los caminos y también a la fuerza, asaltando a viajeros o simples caminantes, conseguían dinero, joyas u otros objetos con que poder seguir manteniéndose.

Estos desalmados vieron fácil este sistema de vida y siguieron practicando el asalto, el robo y la coacción, no ya solo para subsistir, sino para enriquecerse. Eran unos pocos, ciertamente, pero produjeron muchos daños y, sobre todo, cuando comenzaron a juntarse en grupos para organizar los golpes.

Y así fueron apareciendo bandoleros célebres en toda Andalucía y partidas de bandidos que atemorizaron no sólo la campiña ecijana, sino en las sierras de Córdoba, por tierras de Jaén, de Málaga y otras regiones, pero desgraciadamente, de todas estas partidas, la que mas fama adquirió y ha conservado con el tiempo, fue la de LOS SIETE NIÑOS DE Écija.

Que ¿cuál es el origen de este nombre y de esta partida?

Veamos: La palabra NIÑOS, les proviene, de que los participantes en las primeras acciones, eran gentes jóvenes y los asaltados o robados, cuando empezaban a describirlos a las autoridades, comenzaban diciendo que eran… casi niños…. o unos niños… y así se recogió en diversas actas capitulares.
Como la partida de …..LOS NIÑOS… El número de SIETE se debe a un informe del Jefe Superior Político, nombrado por Sevilla para perseguirlos, Don Luis Maria Salazar, que en oficio de 30 de julio de 1813, decía al Corregidor de Écija que…”el día anterior a dos leguas de esta capital, en el camino de Mairena, al sitio Callejón de Pitas… robaron a unos caminantes, una cuadrilla de dos hombres a caballo y siete u ocho a pié; y otra cuadrilla de tres a caballo y cuatro a pié, ha sido vista en la vereda que parte del Almacén de la Pólvora. Estos SIETE últimos, vestían de paisano, con chaqueta y pantalón de pana, sobrero portugués, botín de cordoban y pelo atado..”. El numero de “siete” que precisa el Jefe Superior Político, quedó marcado para la historia: Siete eran los bandoleros, siete, se repite en los posteriores informes, y siete, es la banda de niños que asaltan.

Para completa la frase “siete niños”, con Écija, también intentaré explicarlo. Resulta que para poder combatir a tanto escopetero y salteadores, que en diversos grupos o partidas atemorizaban a gran parte de Andalucía, haciendo inseguros los viajes y los trabajos en el campo, la Capitanía General de Sevilla, con fecha de 25 de enero y 17 de febrero de 1816, creó una contribución o arbitrio de dos maravedíes mensuales por cada fanega de tierra que abonaban los propietarios o arrendadores de las mismas y con el fin de costear las tropas creadas o comisionadas para combatir a dichos bandoleros. Estas tropas al mando del comisionado regio D. José García de la Torre, se asentaron en Écija, por ser la ciudad que ofrecía mayores servicios, y estar en el centro territorial, donde poder hacer sus operaciones de búsqueda. También se centralizo en Écija el cobro de tal contribución y envío de dinero, y aquí me tiene Vds. A los labradores de Marchena, de Dos Hermanas, Utrera, Carmona, Cantillana o de cualquier otro pueblo, quejarse del pago de los dos maravedíes que tienen que mandar a Écija, para lo de los bandidos esos, … los siete niños… para los fondos de Écija, para las tropas que en Écija combaten a los bandidos… para Écija… En fin que quedó Écija, no solo como la recaudadora de fondos o contribución monetaria, sino también con el sambenito de que era para los bandidos conocidos por los SITE NIÑOS y además de Écija.

Que no eran siete ni de Écija, como ferozmente nuestros historiadores han defendido, sobro todo D. Manuel Ostos y Ostos, es tema que trataré con los datos y documentos mas que suficientes para desmitificar una vez mas este desagradable asunto, que no nos podemos quitar de encima a pesar del tiempo transcurrido.

La mejor defensa sobre los SIETE NIÑOS DE ECIJA, se ka oí al padre de un compañero de estudios, cuando yo apenas contaba 17 años y viajaba en compañía de esa familia en tren hacia Madrid. Seguramente la oiría de otra persona:

“Después de un rato de viaje, se comienza a tomar contacto con los demás viajeros y tras las primeras palabras, el padre de mi compañero al presentarse, dijo: –si, nosotros somos de Écija–, inmediatamente uno de aquellos señores, sonriendo preguntó: ¡Ah! ¿Vdes. Son de la tierra de los siete niños?

A lo que secamente contestó: –si señor, de los SIETE NIÑOS DE ECIJA, pero mire Vd., en mi pueblo hemos podido contar a los bandidos o ladrones que han existido, y como Vd. Ha dicho, eran siete. Me puede decir ¿cuántos hay en su pueblo?.

Ni que decir tiene que dicho señor, en buen rato no volvió a abrir la boca cuando nos dimos cuenta se había marchado del departamento.

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A los pocos días de abandonar el ejercito francés, que lo hizo el 28 de Agosto de 1812, dejando tras de sí, desolación, hambre y la irreparable perdida de numerosas obras de arte, la Junta Popular de esta Ciudad celebra reunión en Cabildo el día 10 de Septiembre, y en ella, el Corregidor da cuenta de los frecuentes robos y crímenes, que estaban cometiendo una cuadrilla de malhechores. Esta es, la primera noticia que por documento consta de estos hombres, que después se conocen por bandoleros, En dicha reunión, el Cabildo acuerda crear una partida de escopeteros para combatirlos, y esta compuesta por 40 hombres de a pié al mando de D. José Díaz, siendo aprobado su nombramiento de manera oficial nada menos que por el Capitán General, Conde de Abascal con fecha 24 de noviembre de dicho año de 1812. O sea que Écija, desde el comienzo del bandolerismo toma medidas para evitarlo, combatirlo, y exterminarlo, y con hombres y dinero de la propia ciudad. Los trabajos de este grupo de escopeteros comienzan a dar sus frutos. En la calle Cruz Verde (hoy avenida de los emigrantes), y en una casa de un individuo que era conocido en el pueblo como contrabandista (no como bandolero), se lleva a cabo un registro. Se trata de la casa de PABLO AROCA, conocido por “OJITOS” y en el corral de la misma, enterrados, encontraron, botones de plata, alhajas y unos 5000 reales en moneda de oro. “Ojitos”, escapó y no olviden su nombre, pues con el tiempo aparece como uno de los hombres de la partida de los “Siete Niños” y su último Capitán. Examinados los padrones municipales de los años 1806 y 1807, éste individuo aparece en los mismos, pero nacido en Lucena, aunque casado con una ecijana llamada María Campos.

El cuerpo de escopeteros continua su eficaz trabajo, al mando del Sr. De los Ríos, y en poco tiempo consigue limpiar a los primeros salteadores de caminos que según constan, fueron los siguientes:

Francisco Benavente, Antonio Gregorio López y José García de LA CAMPANA, José de los Reyes de FUENTE PALMERA, Juan Antonio Martínez de LA LUISIANA, Juan Pérez de OSUNA, Andrés de la Torre de LUCENA, Miguel Rodríguez de LOS CORRALES, Antonio Muñoz de VÉLEZ-MÁLAGA y Antonio Reina de LA PUEBLA DE LOS INFANTES.

Este grupo de diez hombres, ninguno de Écija, ni vecino, terminaron su vida en el patíbulo. Si. Operaban por las cercanías de Écija y algún labrador o comerciante sufrieron en sus bienes o sus personas, las “hazañas” de estos malhechores.

Dentro de la población, el trabajo de los escopeteros resulta eficaz. Una madrugada, practican una redada en el café Sol y otra en el café Reina en la plaza de Santa María (lo que es hoy cuartel de la Policía Nacional), y detienen a 26 personas, la mayoría no ecijanas, desertoras del ejercito y sin ocupación especial, todos los cuales son conducidos a Cádiz.

Es en el año 1813, cuando aparece entre las listas de bandidos el primer ecijano. Se trata, de Sebastián Martín “HORNERILLO”, que es puesto en libertad bajo vigilancia, al comprobarse tras su detención, no haber intervenido en hechos delictivos, tras ser conducido a Cádiz. Al poco tiempo se “tira al campo” y ya interviene, como participante en numerosas ocasiones entre los hombres de la partida de los Siete Niños, hasta que es aprehendido el 25 de julio de 1817 y posteriormente muerto en el patíbulo.

Pero el caso es, que a pesar del buen trabajo de los escopeteros de Écija, y aunque el termino de nuestra ciudad, quedo limpio de estos bandidos, los asaltos, robos y algún que otro crimen, siguieron aumentando en las poblaciones limítrofes. Ello da motivo a que por mandato Real se formó todo un cuerpo de ejercito, al frente del cual se nombra como Comandante General a D. Juan de Vergara, y su unió objetivo el de combatir, detener y conducir ante la Justicia a todo malhechor o bandido que opere en Andalucía y así comienza la gran persecución. Entre las muchas partidas, se perseguía a la de los siete Niños de Écija, que en principio estaba capitaneada por un tal Antonio Padillas, pero que, a partir del año 1816 es mandada por José Martínez EL PORTUGUES. En la celebre operación del 25 de Julio de 1817 en Santaella, muere el Portugués y varios mas cuyos nombres no se reflejan y es detenido Sebastián Martín “Hornerillo”, que es ajusticiado en Écija. El comandante Vergara y sus hombres siguen la pista del resto de la partida y a los pocos días, detiene en Aguilar dela Frontera a Antonio de Cegama conocido por “el Fraile”, que era de Osuna, un tal José Alonso “El Rojo”, “El Granaino” y dos elementos que se habían unido a la partida: Francisco Navajas “El Becerra” y otro conocido por “El Candil”. También es detenido otro conocido por “El Curita”, que era de Estepa, a donde es conducido y ajusticiado, al igual que los demás nombrados, que lo fueron en Sevilla, por el celebre verdugo Andrés Cabeza.

Tras estas detenciones y posteriores ajusticiamientos, la cuadrilla de los “Siete Niños de Écija”, realmente dejan de existir. Ante la acometividad del comandante Vergara y sus hombres, se refugian en Sierra Morena, y se esconden, los pocos bandidos que no han podido ser detenidos, entre ellos el celebre “Ojitos”. Durante estos años junto con hornerillo, aparecen en las causas el nombre de dos ecijanos, uno de ellos Juan Romero Peña que vivía en la calle Rojas y, el otro, un tal Felipe Romero, que vivió en el nº 24 de la calle La Victoria. Se desmotró que intervinieron en diversos robos, pero fueron detenidos y ajusticiados en el año 1815, antes de que tomara nombre famoso la partida de los Siete Niños, aunque no se descarta que en alguna ocasión “trabajaran con ellos”.

Fue en el año 1811, cuando, bajo pena de muerte, se le exige al Vicario de Posadas la suma de 4.000 reales. El comandante Vergara, no había olvidado al celebre Pablo Aroca “Ojitos”, el del reconocimiento de la calle Cruz Verde. Ordena a sus hombres presten vigilancia por las cercanías de Posadas y en el sitio conocido por Huerta del Negro, sorprenden a cuatro hombres a los que le dá el alto y se dispersan huyendo, alcanzando el soldado Santiago Semper al celebre Capitán “Ojitos”, con el que mantiene una lucha cuerpo a cuerpo. “Ojitos”, medio ciego y ya mayor, lleva en la lucha la peor parte, y acudiendo también otro soldado Vicente Ramos, acuchilla al bandido, quien malherido es conducido a Posadas, donde fallece y es enterrado el 19 de Mayo de 181, en terrenos cercanos de la barca grande de Palma de Río, y con él se enterró, la célebre partida de LOS SIETE NIÑOS DE ECIJA. Sus tres compañeros huyeron , y nunca mas se supo de ellos, al parecer atravesaron Sierra Morena y terminaron sus vidas por campos de Castilla.

Esta es la versión mas cercana a la realidad, de la célebre partida de los SIETE NIÑOS DE ECIJA, que nunca fueron siete, y como he intentado demostrar no fueron de Écija, pues a ella solo perteneció Sebastián Martín “El Hornerillo”, aunque achaquen como ecijano a su ultimo capitán Pablo Aroca “Ojitos”, que como he dicho, si bien estuvo casado con una ecijana y vivió algún tiempo como “contrabandista” en Écija, era natural de Lucena. Los también nombrados Juan Romero Peña y Felipe Romero, no se acreditó nunca, que formaran parte de dicha cuadrilla.

Mucho se ha escrito sobre el tema del bandolerismo. Yo personalmente he consultado trabajos del Sr. Pastor Petit, de Hernández Gilbal, de Sr. Conde de Colombí, y he comprobado que en ellos hay muchas fantasía y leyendas, con hechos que en algo encumbran y hasta tratan de disculpar las fechorías de estos desalmados. El olvidado D. Manuel Ostos y Ostos, uno de los mejores escritores ecijanos, trató el tema concienzudamente y lo hizo con rigor histórico por dos motivos : porque cuando escribió le eran cercanos los hechos, y porque en su condición de Secretario del Ayuntamiento, tuvo a mano, una serie de documentos redactados por hombres que personalmente intervinieron en las causas, persecuciones, detenciones, y posterior muerte en patíbulo de estos bandidos.

Relato precioso, el del asalto o robo, de una diligencia en la Posada de La Luisiana. No hubo complicidad con el posadero, ni se echo en la comida de los guardias, sustancias que los adormeciera. Fue un robo con armas, cuando sorprendieron descansando a estos guardias y se apoderaron de una caja conteniendo monedas, saliendo a galope por terrenos, para ellos, conocidos.

También bellísimo el de la celebre familia que tenia arrendadas unas tierras a un rico de Osuna y al no poder pagar las rentas, son puestos en el Juzgado, quien ordena el desahucio. La partida de los Siete Niños se entera del hecho, acuden a la calle donde vive el dueño de las tierras y a la fuerzan le arrancan unos 500 reales. El día señalado para el lanzamiento, y cuando el Juzgado esta realizando la diligencia, se persona un hombre correctamente vestido, quien paga la deuda y la familia sigue en la finca. Al volver los funcionarios del Juzgados para Osuna, son asaltados por los bandidos, quienes les roban los 500 reales. A los pocos días, en casa del rico propietario de osuna y en horas inesperadas, se presenta otro señor y en nombre de los bandidos le devuelve la cantidad que le exigieron de 500 reales. Resulta precioso y hasta conmovedor, pero no hay nada de cierto en ello y si lo fuera, no tendría razón de disculpas.

También es preciosa, la leyenda de nuestro compañero D. Joaquín Nogueras, sobre la detención en el postigo de San Rafael del Capitán Luis de Vargas, cuando “pelaba la pava” con su novia. Si fue cierto, que en la del 14 de febrero de 1814, por el propio alcalde accidental de Écija, Don Bernardo Heredia, cuando iba de ronda con varios hombres armados, sorprenden saliendo de una casa de la calle Merinos con la de Dos Pozos, y no precisamente de un casa honrada, ni de ver a su novia, a un bandido al que seguían sus pasos. Se llamaba José Piña, que por cierto era de Lucena. Este Piña, se resistió al darle el alto, y pego un pistoletazo que atravesó la capa del primer Teniente de Alcalde, siendo reducido por la fuerza y terminando ajusticiado. Luego, nada del Capitán Luis de Vargas, ni del Postigo de San Rafael. Este hecho lo recoge, entre otros muchos, con documentos, el historiados D. Manuel Ostos y Ostos.

Algunos os preguntareis ¿Y entonces la célebre poesía de D. Fernando Villalón “Diligencia de Carmona”?.

Yo os cuento: Leedla despacio. Ninguno de los hombres que se citan en ella, aparecen en los documentos e informes de nuestro Ayuntamiento, de la Real Audiencia, ni en los informes del Comandante General que los persiguió y capturo. No niego que fueran celebres bandidos “Tragabuches, Juan Repiso, Satanás y Mala Facha, José Candio y el Cencerro y el capitán Luis de Vargas”, pero con estos nombre o motes, insisto, no aparecen ninguno de los muchos SIETE NIÑOS DE ECIJA, partida que estuvo formada, por cuatro, ocho y hasta dieciséis hombres en ocasiones. Pero, lo mas importante de esta poesía, son los versos que siguen:

“ de aquellos mas naturales
de la vega de Granada”.

Se está refiriendo a sus hombres, y no dice que fueron naturales de Écija, ciudad a la que solamente nombra, en su famosa poesía, en esta estrofa:

“ Vé y dile a los milicianos
que la posta esta robada
y vamos con nuestras novias
hacia Écija la llana…”.

O sea que tanto el Capitán Luis de Vargas, como algunos de sus hombres, tenían a sus novias, cuando robaron “la posta”, cerca de ellos, por eso Villalón dice “vamos con nuestras novias”, pero no dice “vamos a ver a nuestras novias”. Tampoco las novias, eran ecijanas. Rompamos una lanza a favor de nuestras paisanas. El Capitán Luis de Vargas, por boca de Villalón, se acuerda de Écija “la llana”, por ser ciudad grande, acogedora, atractiva, para poder pasarlo bien una noche, con sus novias o cualquiera, porque resulta que nuestra ciudad en aquellos tiempos, como actualmente ocurre, de noche, a la luz de la luna, con la silueta de sus torres hacia el cielo, el encanto de sus calles, presenta un embriagador embrujo, que todavía, no tiene ninguna otra población de Andalucía.