VERDADERA HISTORIA DE LOS 7 NIÑOS DE ECIJA
POR D. VICENTE DURAN RECIO

2.- LOS NIÑOS DE ECIJA

Las cuadrillas de bandoleros, bien organizadas y con apoyo de todo tipo, actúan sin miedo a sus perseguidores y, aunque son muchos los ladrones que van muriendo o son apresados por las partidas de escopeteros, estas bajas son respuestas inmediatamente por presos fugados y desertores de la tropa de ultramar.

En un principio, como hemos comentado antes, se les conocía, y así está escrito en documentos oficiales, por el nombre de “Ladrones Ecijanos” o “Ladrones de Écija”. Más tarde, por la “Cuadrilla del Padilla” y, finalmente, sobre el año 1816, se les empieza a conocer por “Los Siete Niños de Écija”. Posiblemente, nombre cariñoso que se les da el pueblo, al igual que más tarde a los ladrones de Estepa los llamaron “Los Muchachos” (o si hubieran sido de Córdoba quizás los hubieran apodado “Los Nenes”).

¿Y quienes forman la célebre partida de los Siete Niños de Écija?. Muerto Antonio Padilla, su primer jefe, así como Carmonilla y apresados o muertos Antonio Carillena, Rafael Malecho, José Escalera, Juan Gómez, Juan Romero Peña, Francisco Muños, Felipe Romero Molero, Juan Vílchez, José Piña, Juan y Francisco Álvarez (los Panpidos) y Diego García Martín (el Hornerillo), todos naturales de Écija, nos encontramos reflejados por primera vez los nombres de los Siete Niños en el “ramo separado contra Dª. Gabriela de Castro natural de Osuna. Sacado de la causa principal que se sigue en esta Comisión contra D. Martín Galván vecino de esta Villa y otros acuerdos de receptores y expendedores de efectos robados por la Cuadrilla de Ladrones de Écija”. Este documento, hasta la fecha, es inédito.

La causa principal del Proceso es el robo llevado a cabo por los Niños de Écija el dic 20 de agosto de 1814, entre Marchena y Écija, junto al cortijo de la Tinajuela, y la venta de los productos robados por estos. Es del único robo, llevado a cabo por estos bandoleros, que existe constancia en documentos oficiales.

La declaración que hacen los carreros Pascual Morán y Juan Ancón, el primero de Monfor y el segundo de San Vicente, Reino de Valencia, el día 22 de agosto de 1814 en Écija, es como sigue:

“Manifestaron haber salido de Cádiz cargados con varios efectos para Madrid, y de distintas personas; que al paso por la Isla recogieron algunos muebles con igual dirección y con este cargamento habían emprendido su viaje vía recta con dos carros, uno de cada cual, caminando de día para precaverse en algún modo de los robos que proporciona la soledad de la noche; que el diecinueve del mes de agosto llegaron a la Villa de Marchena de donde salieron a las primeras horas del siguiente veinte, por camino directo hasta el sitio de la Tinajuela dos leguas de esta ciudad, y a las tres de la tarde fueron sorprendidos por cinco hombres montado en bestias mayores y armados; quienes con las escopetas les hicieron cara con pérdida de la vida, y con los demás aparatos que acostumbran los ladrones de profesión, y a cuatro hombres y una mujer que venían en otros dos carros los separaron del camino entre olivos a distancia de cuarto de legua; hicieron descomponer los carros quitándoles las ruedas y escoltados por tres de los hombres presentando siempre las armas de fuego, los otros dos compañeros habiendo hecho evacuar todo el cargamento, descompusieron a porrazos para abrir varios baúles que llevaban, sacando y llevándose de ellos lo que quisieron, y de los demás efectos que otra carga contenía y todo lo que incluía fueron dispersos y robados por los mismos cuanto quisieron; que se llevaron seis cajones con porción de tabaco habano, dos fardos de lienzo, otro cajón con lienzos ingleses, un reloj de plata de un Teniente Capitán que en los otros carros caminaba, que sacaron porción de papel sellado que venia, picando con cuchillos en algunas partes, buscando el dinero; que maltrataron e inutilizaron algunos muebles; y cargadas sus cinco bestias con el robo se fueron; que las alhajas eran preciosas y de considerable valor, en cuyo suceso invirtieron las horas que restaban del día; que al anochecer se marcharon, que las tinieblas de la noche les impedió el recoger determinadas cosas que quedaron en aquel sitio; que al día siguiente veinte y uno gastaron bastante tiempo en recoger los restos que dejaron, que los incluyeron en los carros, y con este antecedente llegaron a la Ciudad, lo que les interesaba acreditar con las circunstancias que fueran posible con los testigos oculares, siendo los otros cinco forasteros, y concluyeron suplicando se les hiciera declaración bajo juramento, en forma preguntándole al tenor de las hechos que quedan expresados”.

A continuación cada uno de los testigos da señas de las vestimentas y caballerías de los ladrones.
Esta declaración que sigue, constituye la única descripción oficial de las señas personales y la indumentaria de los Niños de Écija.

La declaración en la que coinciden los dos carreros y los cinco testigos: D. Rafal Carrasco, vecino de Córdoba, calle de Carreteros, Collación de San Pedro; Benito Frigo, soldado de la primera Compañía del Real Cuerpo de Artillería; Andrés Soril, del reino de Galicia, vecino de Villaciño, obispado de Santiago; Vicenta Pinilla, vecina de Utiel y D. Mariano Velastegui, Teniente Capitán del mismo Real Cuerpo de Artillería, es como sigue:
“Uno, su edad como cuarenta años, cuerpo regular, moreno, pelo largo propio, chaqueta y calzón azul, rehecho con una yegua castaña.

Otro, de la misma edad, su estatura de dos baras, cuerpo recio, nariz pulida, color moreno, calzones y chaqueta de barbotina azul, en una yegua castaña clara.

Otro, mediado de cuerpo, delgado, como de veinte y cinco a treinta años su edad, color trigueño, pelo largo, chaqueta azul y calzones negro de pana, con una yegua castaña; y

El otro, mas de dos baras de cuerpo, edad treinta años, rubio, pelo propio, patillas regulares, vestido también de pana azul, casi alegre, con los labios gruesos, en una yegua castaña parveña; y todos cinco con sombreros redondos portugueses, botines cordobán, dos escopetas cada uno, canana y cuchillo, muchos botones de plata en los calzones y chaqueta, todas las caballerías con sus aparejos redondos, caída de las jáquimas correspondientes al aparejo”.

Estas declaraciones fueron tomadas en Écija, el dia 22 de agosto de 1814.

Según el proceso, las mercancías robadas son llevadas por los ladrones al cortijo del Villar, cuyo dueño era D. Martín Galván. De allí pasan a Osuna a la casa de Dª. Gabriela de Castro (querida de D. Martín Galván) y ésta las lleva al convento de clausura de San Pedro de la misma ciudad, donde había una monja que era tía suya, llamada Dª Teresa Ruiz, monja del coro. Las noticias del robo corren por todo el pueblo, y es tal el revuelo que se forma que la monja llama a su sobrina para que se lleve la mercancía. Una vez sacada del Convento es llevada a Écija por Francisco Polidoro, el Padre Pacheco (dominicano ecijano) y un trabajador de D. Martín Galván, llamado Juan Pedro Angulo. Más tarde, el tal Polidoro y el Padre Pacheco, se encargan de vender la mercancía a comerciantes de Écija y Sevilla.

Francisco Polidoro, consta en el Proceso, era dependiente de ventas de la ciudad de Sevilla, de ejercicio jugador, y que había llegado a la ciudad de Écija recomendado por el escribano D. José Sarabia y que éste también había mediado para que Polidoro tomara en administración el molino de Cortés, propiedad de D. Fernando Landal, y el molino de Sacramento de D. Diego Elías, yerno del escribano D. José Sarabia. Que tenia mucha intimidad con el guarda del campo Aguilar y con el Padre Pacheco, y que andaba de muy continuo con un forastero, como de treinta años, que usaba capa parda y sombrero de copa alta (D. Martín Galván), y con un gitano llamado José Moreno. Que Francisco Polidoro y el Padre Pacheco habían dado en osuna veinte mil reales para detener el procedimiento contra D. Martín Galván cuando se le sumaria por asociación con los ladrones de la Cuadrilla del Padilla. Que, cuando Polidoro estaba en la cárcel, los escribanos Sarabia y D. José de los Ríos, mezclados en los negocios de éste, habían ido a verlo. Que Polidoro y el Padre Pacheco le habían vendido algunos de los objetos robados por la Cuadrilla del Padilla a los comerciantes de Écija: D. Cecilio Lean Landazuri, natural de Vizcaya, con tienda en la calle Mercaderes, y a D. Domingo Campy, natural de la Villa de Soto del Carnero, partido de Logroño, con tienda en la calle del Conde. Que D. Martín Galván estaba en Gibraltar, huido de la justicia, y Dª Gabriela de Castro, su querida, había casado con el Teniente D. Francisco Frasnedo, que vivían en Alcalá de los Panaderos y que aquí fue presa y puesta a disposición de la Justicia. Que, por asociación con D. Martín Galván y la cuadrilla del Padilla, son presos Francisco Cantón de oficio porquero, Manuel Ostos (yegüero), Antonio García (aperador) y Antonio de la Rosa (carrero y guarda), todos trabajadores del cortijo del Villar. Que Antonio de la Rosa dice en su declaración que los ladrones que llevaron al cortijo los efectos robados fueron, Alaya, Mesa, el Pintado, Calzado y dos mas, y que en una ocasión llevo a los ladrones de la Cuadrilla del Padilla cinco mil reales de parte de su señorito D. Martín Galván. Que Manuel Ostos en su declaración dice que los ladrones que llevaron los efectos robados fueron, Ayala, Carmona y Ojitos, que a los otros no los recordaba, y que en una ocasión llevó a estos ladrones mil reales de parte de su amo. Que Antonio García en su declaración dice que D. Martín Galván debía a los ladrones Juan de Alaya, Pablo Aroca y al difunto Carmonilla, treinta y nueve mil reales de una partida de géneros y tabaco habano que les había tomado.

Según estas declaraciones, reflejadas en el Proceso, la Cuadrilla del Padilla, cuando cometieron el robo a que nos estamos refiriendo, año 1814, estaba formada por los siguientes bandoleros: el Padilla, Calzado, Mesa, el Pintado, Pablo Aroca (ojitos), Juan Alaya y Carmona o el Carmonilla.

Luego, basándonos en las declaraciones existentes en el Proceso, podemos afirmar que la cuadrilla del Padilla, antecesora de la que más tarde tomó el nombre de la de los Siete Niños de Écija, estaba formada por siete bandoleros, y paralela a ella actuaba otras de las que, posiblemente, se suministraba la cuadrilla principal, cuando a ésta le mataban o prendían algunos de su miembros.

Muerto Antonio Padilla (no Diego como en algunos libros reza) y Carmona o el Carmonilla, entran a formar parte de la partida Francisco Narejo (Becerra) y José Martínez (el Portugués), quedando formada por los siguientes hombres.

Pablo Aroca (Ojitos) – Juan Alaya – Calzado – Mesa – El Pintado – Francisco Narejo (Becerra) – José Martínez (el Portugués).

Esta lista de siete nombres que formaban la Partida de los Niños de Écija en el año 1815 es recogida en un escrito oficial que se acompaña al Proceso. Es la primera vez que en un documento de la época se hace mención a los nombres de estos célebres bandoleros. Con este documento, existente en el Archivo Municipal de Osuna (Legajo 167), tuve la misma suerte con el botón de plata de Attius Varus, general pompeyano muerto en la batalla de Munda, con la sola diferencia que éste lo encontré solo, y aquél con mi buen amigo e investigador D. Francisco Díaz.

Este escrito que se acompaña al Proceso es un certificado de D. Diego de los Reyes, Teniente Coronel de infantería, y que textualmente dice así:

“Diego de los Reyes, Teniente Coronel graduado de Infantería con destino en el Depósito de Infantería de Ultramar y en la actualidad contra malhechores de estos Reynos de Sevilla y Córdoba, de Orden del Ilmo. Señor Capitán General de Andalucía; certifico que en desempeño de la referida Comisión y a beneficio del verdadero orden de sociedad y Seguridad Pública procedí entre otras cosas en los días dos, tres y treinta y uno de Diciembre ultimo pasado, a la publicación de los tres Edictos que rubricados de mi puño obran por cabeza a lo que se siguió el pedírseme por los Ladrones a lo que se contraen en otros edictos, y por el conducto del Señor Marqués de Alcántara vecino de esta Ciudad, explicación del contenido del artículo quinto del edicto, folio tercero, para decidirse los mencionados Ladrones en el punto de su presentación, y aún quien en aquella época les remití por el mismo conducto y por certificación cuanto apetecían, arreglándome para ello a la Ley Primera, título diez y siete, libro doce, folio trescientos setenta, de la novísima recopilación; y ofreciéndome de que personalmente y sin escolta de un solo soldado los iría a enterar verbalmente, de día o noche, fuera de la Población, en el sitio que acomodase, sucedió de que cambiado de posición otra vez los ladrones por temor a las partidas que le persiguen, no fue posible llegase a las manos el consabido papel, más ocurriendo en este día el que los mismo Ladrones, y por el mencionado conducto del Señor Marqués de Alcántara, suplicasen verbalmente hablarme relativo a su voluntariedad de presentación, sometimiento a las Leyes Reales y Tribunal Militar, no pude menos que prestarme a ello en obsequio de la humanidad, seguridad pública, verdadero Orden de sociedad y del interés que a la superioridad, y al Ilmo. Señor Capitán General de Andalucía, tienen por que se separen del despoblado los malhechores de queda hecha relación, e informando de esta determinación al Caballero Corregidor de esta Ciudad, con el agrado de que me acompañaban a ello el antes dicho Señor Marqués de Alcántara y su hijo inmediato, por cualquiera incidencia que pudiese ocurrir, marché con los relacionados Señores por la parte del camino viejo de Gibraltar y a legua y media de esta Ciudad, en el sitio llamado el arroyo de Alcorín se nos mandó aguardar por el ganadero que servía de guía, insinuándonos de que los ladrones: Alaya, Aroca, Mesa, Calzado, Becerra, el Pintado y un portugués compañeros de los antes dicho, muy pronto se trasladarían al consabido arroyo, por cuanto ya nos habían visto desde los cerros o montes de olivos de la parte de la dueña, de aquel campo en que habían dicho aguardarían mi llegada, y en efecto a breve rato se divisaron por el cerro abajo siete hombres a caballo, los cuales luego que llegaron a el llano se abrieron en forma de guerrilla y a la carrera se vinieron al consabido Arroyo de Alcorín y ya en él, después de saludarnos, se destacó avanzando de espía para su seguridad el que decía ser el Portugués, y los seis restantes echaron pie a tierra, trabando sus caballos y acercándose me manifestaron de que arrepentidos de sus delitos, y bajo la salvaguardia de las Leyes y equidad de las respectivas autoridades y Tribunales, deseaban presentarse voluntariamente en cuyo paso habían convenido deseosos de no aumentar ni prolongar por mas tiempo los crímenes, y también por no ser mala individualmente muertos algún día por otros hombres, tan ladrones como ellos y que los perseguían con el título de la Partida de los Guerras, por cierta crecida suma que les tenían ofrecidas por la práctica de sus asesinatos, pues entre los Guerras había también algunos que habían robado con ellos, y encontrándose también con ellos en el cortijo del Villar el cuarto de noviembre último pasado, cuando tuvieron la refriega con la Partida de Caballería del Regimiento de Borbón, siendo uno de los que estimaban por móviles del armamento de la Partida de los Guerras, Don Martín Galván vecino de la Villa de Osuna, porque les estaba debiendo mas de ochenta mil reales sobre cuyo punto y otros gastos pedían larga explicación, omitían hacerlo en aquel acto por estar próxima la noche y empezando a llovisnear, y concluyeron Alaya y Calzado, con suplicar por la libertad de su mujer Maria Muñoz, por no tener culpa de nada de sus operaciones y para cuidar de sus hijos; el segundo suplica por la libertad de María Salvadora Martínez, insinuando de que esta pobre solo podía decirse de ella de que había salido a verlo dos veces al campo; y siguiendo el Pablo Aroca expresó que el escribano D. José Maria de los Ríos, tenía desde que estuvo preso en Cádiz algunas cosas de su propiedad, y suplicó también por la libertad de su mujer y de su comadre Isabel Carmona, en cuyo estado tratando de consolidar la grande obra, de recoger y separar de su mala vida a estos siete bandidos, también a los que componen la Partida de los Guerras, y al titulado D. Martín Galván bajo un método que al mismo tiempo que a los primeros les hiciera creer había entera confianza en su propuesto de presentación y proporcionase el logro de que no se fugasen ninguno de los restantes; les ofrecí la libertad de la cuatro mujeres, les franqueé también por certificación firmada de mi puño credencial de su cualidad de presentados desde aquel mismo momento, previniéndoles que sin causar ningún género de perjuicio a caminantes ni otras personas; se mantuviesen en los campos de esta ciudad pasivos, hasta la práctica de las interesantes diligencias que me producían sus relatos, pues que evacuadas que fuesen con la brevedad posible se les avisaría para que se aproximasen a la ciudad de noche, y saldría yo en persona con el Sr. Marqués que me acompaña a introducirlos en ella, y colocarlos en el paraje en donde deberían recibírseles las competentes declaraciones hasta cuyo caso se tomarían providencias para que ninguna Partida les incomodase, bien que ya en el certificado de su presentación se encargaba a estas los mirasen como tales presentados, y en todo ello convinieron y se retiraron desmontando iban contentos y satisfechos, y siendo hora interesante tratar de instruir del indicado pasaje, y diligencias que reclama el componente Sumario”.

Por este certificado deducimos que las mujeres de Juan Alaya, Pablo Aroca y Calzado estaban presas en Écija, y que estos tres bandoleros serían naturales de esta Ciudad. Investigados los Archivos resultaron ser ciertas las deducciones sobre Alaya y Aroca, pero no pudimos encontrar nada sobre Calzado.

En el Proceso también se hace mención a la detención de José Escalera, otro de los “Niños” naturales de Écija.
A los bandoleros Alaya, Mesa, Calzado y el Pintado, no se les vuelve a nombrar en escritos oficiales. Posiblemente hacen uso del indulto prometido y son conducidos a los Penales de África, o bien caen muertos en uno de los muchos enfrentamientos que tienen con la Partida de escopeteros, los migueletes y la Partida de los Guerras, pues en los años 1816 y 1817 aparecen los siete nombres siguientes:

Pablo Aroca (Ojitos) – Diego Meléndez – Francisco Narejo (Becerra) – Juan Antonio Gutiérrez (el Cojo) – José Martínez (el Portugués) – Salvador de la Fuente (Minos), y Fray Antonio de la Grama (el Fraile).

De estos, Diego Meléndez, Juan Antonio Gutiérrez, Salvador de la Fuente y Fray Antonio de la Grama, debieron entrar en la Partida a finales de 1815 o principio de 1816.