ECIJA, SUS SANTOS Y ANTIGUEDAD (ECLESIASTICA Y SEGLAR)
POR EL PADRE MARTIN DE ROA – 1890
Copia de la que en 1629 publicó su autor

LIBRO I - ( De la antigüedad de Écija y de sus Fundadores )

CAPITULO I. ( NOMBRES VULGARES QUE DAN A ECIJA, MUESTRANSE CUAN FINGIDOS SEAN, Y SIN AUTORIDAD)

Fue la nobilísima ciudad de Écija: hoy aunque tan ilustre, apenas es comparada la grandeza, que tuvo en su estado, con la declinación en que la hallamos. Merced del tiempo y sus mudanzas, que si no consumen, gastan. Envidia de la fortuna, que por no dejar de ser quien es a ninguno deja ser lo que fue. Juega con las cosas humanas: lo fuerte, lo flaco, lo grande, lo pequeño, lo sensible, lo insensible, igualmente sienten sus vueltas; y de estas ni las piedras escapan. En vano haría ostentación de ejemplos extraños, teniendo tan a los ojos los propios. Écija población fue en los siglos mejores de las mas lucidas, y principales en la España Andaluz, y pocas o ninguna de esta, ni en todo el resto de la provincia donde mas hubiesen empeñado los Romanos, o su ambición, o su vanidad.

Que soberbia de edificios, que variedad de ornamentos!. Cuanta muchedumbre de aras y estatuas! Cuanta de columnas y mármoles! Cuanta de inscripciones galanas! Cuan monstruoso colosos!. Pudieran competir con su Roma, si a su imagen, lo mas de esta hermosura no estuviera envuelta en cenizas de su ruinas.

Desenvolver ahora sepulcros de olvido, dar calor a cenizas frías, resucitar memorias muertas, desvanecidas ya con la longura de los días, presunción fuera mal segura, si no la apadrinara la obligación. Algunos sin otra que la común de haber visto la primera luz en este suelo, aspirado han a dar vida a sus antigüedades, Ardor, que ayudado de mejor conocimiento de ellas, pudiera esperar buen suceso; el no haberlo tenido no puede atribuirse a falta de industria. No es fácil descubrir luz en medio de tinieblas, seria ceguedad, presumir de haberla encontrado, no habiéndola. No cuidaré de hablillas, ni fábulas, aunque he oiddo y leido no pocas, Cuesta poco inventar a quien con los sabios no pierde opinión, y la gana con los ignorantes. Rocas son donde peligrar suelen los que navegan estos discursos: haré por huirlas, y procuraré tomar siempre puerto donde mas abrigo hallare de autores, y acostaréme donde llamáre el farol de la Historia, de razones o conjeturas, que en este viaje, si en otro alguno, se pueden seguir.

El nombre y fundación de esta Ciudad, la misma fortuna ha padecido, que otras de su linaje, insignes por su grandeza, nobles por su antigüedad. Extremóse en ella la ambición de su poseedores; después la furia de los enemigos, la que humillaron estos engrandecieron aquellos. Reinaba en unos la codicia ya de honra, ya de interés: en otros el ódio de tiranos y enemigos; que nunca les parece, que pueden levantar su estado sino derribando el ajeno. Borraron aun los nombres de las tierras que conquistaron, para que no se conociesen sus dueños naturales, antes tuvieron por propios a los extraños que las usurparon. Los descendientes de aquellos, restituidos a su libertas, esfuerzanse a recobrar el lustre que con ella perdió su patria.

El apellido que hoy tiene Écija, no es el antiguo, aunque tuvo en él su principio: y aun este sus quiebras ha padecido, sus mudanzas, sus trueques, entre los Griegos, entre los latinos, entre los Árabes y Españoles: Strabon le dá nombre de Astenas, no conocido de los de su profesión, ni recibido de historiadores. Guardando las ciudades de Andalucía dice: Después de estas Cádiz, Córdoba, Sevilla y Betis: sucede Itálica (Sevilla la vieja aunque no lo fue) Ilipa o Peñaflor, asentadas ambas sobre la ribera del Guadalquivir; y algo apartadas del Astenas, Carmona y Porcuna. Añade Casaubono en sus notas a este autor, que en su Epítome, y libros escritos de mano, en vez de Astenas, leen Astina: y por éste se ha de sustituir por Astiga, que es lo mismo que Astigi; porque así acostumbra Strabon pronunciar el recto, o primer caso de estos nombres; como lo hizo en el de Tánger, ciudad de África, que llamándola todos Tingi, él solo la nombra Tiga.

El maestro Pedro de Medina, en las grandezas de España, tratando de Écija, dice que los moros le dieron este nombre, que en su lengua significa lo que en la nuestra, Sarteneja. Parecióle también al Padre Fray Rodrigo de Yepes, morador que fue un tiempo del Religioso Convento del Valle, profesión de S. Jerónimo en esta ciudad, que se persuade, haberse fundado en esto, tener el Sol por armas esta ciudad, por los muchos calores que hace en ella. Fábula verdaderamente vulgar; porque cuando así fuera, que deslumbrados sus primero moradores, hubiesen querido hacer honra de sus agravios, y ostentación de las molestias que recibía del Sol, cuando también el nombre de Écija fuese de origen árabe, como mal piensan, no significa en su lengua lo que ellos imaginan, sino lo mismo que en la nuestra, a esta ciudad, que de su propio nombre Astigi, degeneró en el que ahora tiene de Écija. Cuantos más que si los Árabes así la llamaron, mejor origen, y mas bien fundado tuvieron en la lengua hebrea, a quien es tan semejante la suya, en ambas pudo tomar el nombre de los olivos y sus frutos; que tan copiosas y ricas cosechas dan a sus ciudadanos, aventajadas en calidad tanto como en abundancia, no solo a las de Espala sino también a las de Europa. Porque los hebreos y Árabes igualmente a la oliva llaman Zaita y Zeit al aceite. Ni se aleja mucho el nombre de Écija al de Zaita, habiendo pasado con tantos siglos, mudanzas de imperios y leguas, de Zaite a Zcija, y últimamente en Écija. Dice con este pensamiento Amiano Marcelino que en su libro 23 hace memoria de otra ciudad de este nombre, y le dá la misma interpretación. Profecti exinde, dice: zaitam, locum, qui olea arbor interpretatur. “ Partiendo de aquí venimos a Zaita, lugar que se interpreta Oliva”.

Quien le dio el nombre de Sarteneja, algún pasajero fue, que arribando allí en Caniculares pasó la siesta en mala posada, pero alojado, por ventura en el aparejo de su jumento al calor del establo. No puede negarse sino que el sitio del valle descubierto al oriente y Mediodía, cubierto de cerros al Poniente y al Norte, expuesto ésta a ser herido del Sol, y lo sea, mas no en tal extremo, que no lo sean otros tanto o mas en Andalucía. Si la experiencia hace crédito en esta materia, pasado he veranos en varios lugares de esta provincia, con mas y menos calor del que he sentido algunos en este Ciudad. Ayudan las marcas del río Genil, que son muy frecuentes, y las muchas fuentes, que corren en casi todas las plazas y casas, después que con la insigne maquina de rueda, que los moros llaman Abolafia, se condujo el agua del río, con que el aire y suelo se han refrescado.

También es habla del vulgo, que los moros dieron nombre a Écija de Medina Alcotón, esto es Ciudad del Algodón, porque en sola ella se coge en Andalucía: mas ni en sus Historias, ni en las nuestras, jamás la hallamos con este nombre. Mucho menos con el que otros con mas piedad que razón, la nombran ya Sanduñaz ya Sandoñad, como si dijéramos Santas Dueñas. Significado den este renombre el excelente título que las vírgenes del Convento de Santa Florentina, alcanzaron de la muerte y de los moros, en la pérdida de España. Mas si bien la tradición constante de aquellos tiempos al nuestro, persuade haber sido cierto este vencimiento, el nombre de Sanduñaz, o Sandoñad, no tiene otro fundamento, que andar en lengua del vulgo, y el mas común, sin haber hallado entrada en los que son algo mas cultos. Que cuando este nombre quisieran fingirle, pudieran cortarlo de mejor talle, llamándola Santidueñas, a semejanza de Fontidueñas, y otros que hallamos tales en nuestra lengua.

Otros huyendo de esta hablillas, mal contentos de la humildad de estos nombres, otro le dan de gran lustre y sonido llamándola la gran Soldina. Pudieran añadir, fundación del gran Soldan de Egipto, que tanto fundamento tiene que aquello como esto. Así se habla, así se escribe, cuando en materias semejantes, dejada la historia, se sigue el antojo. Yo con algún encogimiento las refiero, por el respeto que se debe a personas doctas, a cuyas manos podrán llegar estos escritos, mas es obligación deshacer el engaño a los simples y cortar la libertad a los presumidos, de vender fábulas en hábitos de verdad.

Es así, que en esta parte no se hallan tan desnudos de razón y defensa como en otras. Cual dice que mereció este apellido por la grandeza de su población, por la fertilidad y hermosura de su tierra. De manera que será tanto decirla Soldina, como Ciudad digna del Sol. Favorécense de una letra que según dicen, esta en una pared del Cabildo viejo, de esta Ciudad, con esta sentencia:

“Sol de justicia con su claridad
Alumbre a Soldigna, que es esta Ciudad.”

Que por esta causa le dieron al Sol por armas, porque en ella mas que en otras de esta región, con muy favorables y particulares influencias, obra este real planeta maravillosos efectos de fertilidad, y abundancia de todos frutos. Cual, aspirando a levantar su patria a mayor alteza de gloria, afirma que és esta ciudad del sol, la que en las Historias Griegas se llama Heliópolis, y en las hebreas sagradas Betsames. Han alentado este parecer algunas personas si doctas en letras superiores, nada ejercitadas en las Historias, que lisonjeando a la Ciudad en ocasiones de obligación, liberales de lo ajeno le han comunicado este nombre, que sin duda puede dársele, como diré en otro lugar, no por propio sino prestado, y con propiedad; pero no lo tuvo.

Es Heliópolis, ciudad célebre en el Egipto, puesta en la siniestra ribera del Nilo, junto al torno o vuelta de este río, que por la forma en que la lance semejante a la D griega, llamaron Delta. Hay de esta gran memoria en la Sagrada Escritura, donde se llama Ciudad, o casa del Sol, por el insigne templo que en ella había de este planeta. Los hebreos según escribe S. Jerónimo, la llamaban ON, y los LXX dicen que la edificaron los hijos de Israel, aunque esto no se halla en los autores, ni historias hebreas; y con razón, porque mucho antes que Jacob entrase en Egipto estaba edificada esta Ciudad y fue sacerdote en ella Petephren, suegro del patriarca Josef, a cuya sombra, como tan deudo de su caudillo, muchos de los hebreos poblaron en ella y la acrecentaron de manera, que pudieron decir los LXX que la fundaron. Caía como seis leguas de la gran Babilonia: y en medio del camino está una fuente, donde por fama continuada de aquellos tiempos hasta los nuestros la Santísima Virgen lavó muchas veces los pañales del niño, y junto una piedra en que los tendía, cuando estuvo retirada en Egipto, veneradas hoy igualmente de moros, que de cristianos. Que haya tenido Écija el mismo nombre, no lo hallamos y tenemos el suyo; que pudiera tenerlo por la misma razón, que la de Egipto lo tuvo, fácilmente me persuado, y que por la misma tomaron por armas al Sol. Diremos de esto adelante. Que haya habido en Andalucía Solia ó Selia, y no muy lejos de donde está Écija, Ptolomeo lo afirma, que la pone en los Túrdulos y añaden otros qué ribera del Betis, vecina de Ilipa o Peñaflor: y de ella hace mención Dextro años CCC.S

CAPITULO II. VERDADEROS Y PROPIOS NOMBRE DE ÉCIJA DESDE SUS PRIMEROS SIGLOS HASTA EL NUESTRO, QUE SIGNIFICAN, Y QUE FUNDADORES SE LOS HAYAN DADO

Desechados los nombres postizos, busquemos los propios, aquellos que conoció la antigüedad, enseñan las piedras y celebran los escritores.

El primero que nos lo dá sin menoscabo, ni alteración alguna de lo que fue en su principio, es Plinio en el libro 3º. De lo natural Historia, cap.1, donde algunas veces nombra a esta ciudad Astigi, ya con uno ya con otro renombre. La primera dicen algunos, que refiriendo las ciudades, que llama celebérrimas, y no otras mas populosas, de mayor vecindad, la tierra adentro de Andalucía, algo mas apartadas del mar; añade que eran Elíberi, por sobrenombre los Liberinos; Ilipula por sobrenombre de Laus; Astigi, por sobrenombre de los Julienses. Mas engañólos el yerro del molde, que dijo Astigi; debía decir Artigi, como luego diremos.

Después tratando del río Genil, añade que baña los muros de la Colonia Astigitana, Augusta Firma de Sobrenombre. De aquí sacaron, que esta Ciudad no solo tuvo el título , que todos los escritores le dan de Augusta, sino también de Julia, aunque olvidado en todas historias. Mas de esto hace fe una singular piedra, que se halló en una de las torres del Alcázar, si bien gastados algunos renglones y letras, no tanto que no se entienda claro lo que contiene:

……………………………………………….
…………. AD. MVNDAM. F. P…..
ASTIGI……COL….SVI. N….. ……..
AVG. FIR. ..E. ….ME…. COM…. VIT
ET. MVROS. REPAR.

Supliendo pues lo que se descubre que falta, la traslado así.

C. IVLIVS. C.ESAR. IMP.
VICTO.AD. MVNDAM. F. POMP.
ASTIGITAN. COLON.UI.NOM.IVL.
AVG. FIR. DE. SE. MER.COMMVNIVIT.
ET. MVROS. REPAR.

En nuestro vulgar dice que “Cayo Julio Cesar Emperador, habiendo vencido al hijo de Pompeyo en la batalla de Munda, fortaleció a la colonia de su nombre Julia Augusta Firma, que se lo tenía bien merecido, y reparó sus muros”.

Tiene sus dificultades la piedra, porque el nombre de Augusto él no l tuvo, no otro alguno antes, sino Octaviano su sobrino, y sucesor en el Imperio: así no pudo decir con verdad, que la Colonia Augusta Firma tenía su nombre. Mas la respuesta es muy fácil, porque esta piedra se puso, como parece cierto, en tiempo de Augusto o de otro Emperador, con relación de lo que Cesar había hecho antes en esta Ciudad.

Don Diego de Avalos en sus Misceláneas añade, que con el sobrenombre de Julia, le dí también el de EMERITA: mas sin autoridad que se lo asegurase. Engañáronle las tres letras EME, de la piedra: donde tengo por cierto que se ha de leer: DE.SE.MERITAM, que como dije, se lo tenía bien merecido, porque siguió su parte contra Pompeyo, y cuando vencido Gneyo Pompeyo su hijo, su hermano Sexto se retiró a Osuna, los de Écija la defendieron esta frontera, de que también hay memoria en otra piedra que se halló en el camino de Granada, poco mas de una milla de la ciudad de Écija, junto a la torre de la vencida; hoy gente rústica, hortelanos, habiéndose antes servido de ella para golpear lino, en el edificio de una casería la tienen gastada. Copióse antes así:

QVAN. VARIA. HOMINVM. FATA.
ORTVS. IN. MARSIS. DOMIT. THO-
RANIVS. VLTIMAS, ADII. TERRAS.
ARMA. SEQVT. INFELICIA. GN.
POMPEI. HIC. OCCVBVI. VVLNE-
RE. L. OPTATI. ASTIGITANI.
NEC. DII. NEC. CAVSA.MELIOR.
ME. MISERVN. AN. VIX. ATING.
XX, A. MORTE. ERIP. TANDEM. L.
THORANIVS.NATVS. THVSCVLI.
SVBITO. CONLECTITIOQ. IGNE.
ME. CONCREM. ET. III. DEM. MEN.
CIPPVM. EREX. TAM. LONGE. A.
PATRIA.

“Que varias, dice, son las fortunas de los hombres”
“Yo Dominico Thoranio, que nací en los Pueblos Marsos de Italia, vine a estas tierras postreras del mundo, y siguiendo las desdichadas armas de Gneyo Pompeyo, dí aquí la vida a manos de Lucio Optato, ciudadano de Écija. Ni los dioses, ni la mayor justificación de mi parcialidad, me escaparon de la muerte, cuando apenas tenía veinte años de edad. Al fin Lucio Thoranio, natural de Tusculis, haciendo de lo que mas a mano halló, fuego, quemó mi cuerpo, y tres meses después puso esta piedra sobre mi sepultura; tan lejos de mi patria”.

Parece llanamente por esta piedra, y la de Munda, que Écija siguió siempre la parcialidad de Cesar. Al contrario que Osuna, que muerto Gneyo de la rota de Munda, fue la que sola tuvo el nombre de su padre; y a este se retiró su hermano Sexto Pompeyo, donde le cerco Quinto Fabio, y la ganó a costa de mucha sangre de los Cesarianos, como lo refiere Dión. Así viene bien lo que dice la piedra de Domicio Thoranio, que le mató junto a Écija Lucio Optato, natural de ella, siguiendo por ventura el alcance de los que huyeron del cerco de Osuna; o en algunas escaramuza, contra la guarnición de los que llevaban bastimentos a los cercados.

La familia de este Lucio Optato era tan principal como natural, y propia de España en Andalucía, bien que una u otra memoria se halla fuera de ella. En el Castillo de Alhonoz, en la dehesa de las Suertes, como seis millas o legua y media de esta ciudad, está otra piedra, sepulcro de una señora de este nombre: Lucia Optata, que yo no he visto, y la copia no está bien sacada, y así la dejo por dar otra de la Alameda, caserías en ruinas antiguas, donde entre otras piedras hay esta:

C. MEMMIVS. OPTATI. .F. QVIRINA.
SEVERVS. STATVAS. DVAS. AEREAS.
VNAM. NOMINIS. SVI. ALTERAM.
FILII. SVI. PONI. IVSSIT. C. MEM-
MIVS. RVFVS. HAERES. FECIT

“Cayó Memmio Severo de la Tribu Quirina, hijo de Optato, mandó que se pusiesen dos estatuas de bronce, una a su persona y otra a su hijo. Púsolas Cayo Memmio Rufo su heredero.”

En Peñaflor, la insigne ciudad en otros tiempos Ilipa (no Niebla como sin fundamento pensaron algunos), puesta como señalaba Strabón en la Ribera occidental del Guadalquivir, cinco leguas de Écija, a la puerta de la Iglesia, está una piedra de mármol blanco, basa de una estatua, con esta letra:

Q. AELIO. Q. F. OPTATO. AELIA. Q. F.
OPTATA. E. TESTAMENTO. PONI. IVSSIT. C.
APPIVS. SVPERSTES. ANINIVS. MONIANVS.
H. P. C.

“Aelia optata, hija de quinto Aelio Optato mandó en su testamento, que se pusiese esta estatua a su hermano Quinto Aelio, hijo también de Quinto, y Cayo Apio Supertite Aninio Moniano cuidó de ponerla en este lugar”.

También puede significar la H que Cayo Apio fue su heredero, y como tal tuvo cuidado de ejecutar lo que Quinto Optato dejó mandado en su testamento. En esta misma Ciudad estaba otra piedra sepulcral con: un epitafio de tanto donaire, que aficionado a ella nuestro insigne ciudadano y cronista, Ambrosio de Morales, la hizo pasar a Córdoba su patria:

Q. MARIUS. OPTATVS.
HEV. IVVENIS. TVMVLO. QVALIS. IACET.
A ………..
QVI. PISCES, IACVLO. CAPIEBAT. MISSILE.
DEXTRA.
AVCVPIVM. CALAMO. PRAETER. STVDIO-
SVS. AGEBAT.


Vuelto en nuestra lengua dice así:

“Aquí yace Quinto Mario Optato.
Ay! que mancebo aquí enterrado yace!
Con dardo arrojadizo, que elevaba
Los peces diestros, y a seguir las aves
Con reclamo en la caza aficionado.”

Y tenía muy buena comodidad par lo uno y par alo otro en el Guadalquivir, abundantísimo por aquella parte de todo género de peces, que crían ríos mayormente de albures, y sábalos, a su tiempo; y en Genil, Guadatorcillo y Bembezar que cerca entran en él. La Sierra morena a cuya raíz está sentado el lugar, tiene gran caza de perdices, zorzales y otras aves, que hoy día cogen con cierto instrumento de reclamo que llaman chifle. Imitación de Plauto, que a otro propósito dijo en su Asinaria, según interpretan algunos:

Pescar con red en el aire
Y con dardo en medio del mar.

Mas también hemos visto en estos días, quien con mucha destreza y facilidad, cazaba aviones con caña y anzuelo, en el aire.

En Alcaudete, noble villa de los Condes de este título, a la puerta de la fortaleza ó castillo, está un gran pedestal de mármol cárdeno muy bien labrado, con esta dedicación, que muestra bien la mucha calidad de estos Optatos en la provincia:


Q. VALERIVS. OPTATVS.
AVGVSTALIS. PERS.
HVIC. ORDO. MVNICIPII. FRA-
VASON. LIGITANORUM.
CENAS. PVBLICAS. DECRE-
VERE. ET. LOCVM. IN. QVO
STATVAS. SIBI. VXORI, LI-
BERIS. Q. PONERTE. LOCO.
ASSICNATO. PONEN.
DAS. CVRAVIT.

“Quinto Valerio Optato, Capellán Perpetuo de los Emperadores, habiéndole concedido el Regimiento del Municipio Fravasonense de los Ligitanos, lugar en los banquetes públicos y sitio para poner su estatua, la de su mujer y sus hijos, él las puso en el lugar señalado.”

En Castro del Río lugar bien conocido en la antigüedad por las fortinas de las guerras civiles entre César y Pompeyo, con nombre de Reales de Psthumio, que en la lengua romana se dijeron CASTRA POSTVMIANA, en el cementerio de la Iglesia Parroquial está la basa de una estatua, que Optato, liberto de Reburro, levantó a su costa a Claudio Cesar Augusto, y acompañado de sus dos hijos Optato y Reburro, la dedicó. En recompensa le hizo merced el Senado, que tuviese siempre lugar en todos los actos honrados de la República, como fiestas, banquetes y juegos, etc. He puesto en número de esta familia, a este Liberto, para que se vea cuán extinguida era por esta provincia y aunque liberto, era poderoso y rico por honrar con estatua a su emperador: demás que los romanos por esclavos contaban a los que vencían en la guerra, por nobles que fuesen, y aun a los hijos de su misma nación nacidos de españoles y romanos, aunque libres ambos y en legitimo matrimonio según las leyes naturales; porque según las suyas de los romanos, vedados estaban de celebrarlos con extranjeros. Tan bien hallamos en Sevilla otra memoria de otro Optato, marido de Tacia, en la torre de San Lucia, y en Lisboa, de otro CAIO ARRIO OPTATO, que puso estatua el Emperador Cesar Augusto, cuya basa está en la Iglesia de Santiago.

Mas sobre todo es insigne la de otro Lucio Optato varón por su persona y hechos por sus oficios, riquezas y liberalidad con la ciudad de Barcelona, tan señalado en tiempo de los Emperadores Marco Aurelio Vero y Antonio, que habiendo sido cuatro veces legado o teniente de Capitán general, Aedil y Sacerdote en Roma, de los Dioses y Emperadores, dejó a su patria, Barcelona, cien sestercios, que según la cuenta de Budeo suman sesenta mil escudos de a diez reales, para que de lo que rentasen, puestos a censo ó a cambio, se hiciesen ciertos juegos o fiestas públicas cada un año, y se diese a todos los que fuesen aquel día a lavarse en los baños, aceite para ungirse según su costumbre. La inscripción es tan cumplida que fue necesario juntar muchas piedras para escribirla. Hace mención de ella nuestro ilustre historiador, segundo Tito Livio Juan de Mariana, en el Lib. 4, cap. 6, y el maestro Ambrosio de Morales Lib. 0, cap. 38. Fuera de España una piedra he visto con nombre de Optatos en Roma en un jardín, donde se nombra a Claudia Optata; otra en casa de Mafeo, que podrá verse en la tabla sepulcral veinte y dos de Thomás Porcachi, italiano, en sus funerales. Junto a la Iglesia de San Juan Bautista está otra de entierro de Virgilia Optata mujer de Cayo Papirio Cesto, y otra dedicación al genio de Tito Optato, junto a S. Juan Laterano.

CAPITULO III. AVERIGUACIÓN DE LA PIEDRA DE LUCIO OPTATO, SU VERDADERO SITIO Y TITULO.

Mucho nos ha divertido la familia de los Optatos; no pude excusar henchir el deseo de los que piden saber la calidad y nobleza de los que habitaron su patria, y debo desengañar a los engañados por estos, y otros semejantes apellidos a los romanos, piensan que todos son de ellos y no españoles.

Yerro que a cada paso convenceremos en estos discursos; mas aún no es tan fácil desembarazarnos de lo que resta; porque esta piedra ha sido de escándalo en nuestros tiempos. Levantólo ya la lisonja, sino la malicia de algunos, ya la sencillez y bondad de otros, que hicieron lugar en la piedra, no pudiendo haberlo en ella, a un titilo hecho a mano para solo acreditar un engaño con color de verdad. Leyóse en la láminas del Monte Santo de Granada este nombre, no conocido verdaderamente en el tiempo que se escribieron: para asegurar, que entonces lo tenía esta ciudad, valiéronse de esta piedra cuyo principio pusieron de esta manera:

PROPE. ASTIGIM. NOM. LONGE. A. PVBLICA
VIA. AVAE. DVCIT. GRANATAM.

Quisieron persuadir con esto, que ya en tiempo de las guerras de Pompeyo había ciudad con nombre de Granada en Andalucía. Dio ocasión el P. Fr. Rodrigo de Yepes, del sagrado orden del gran doctor de la Iglesia S. Jerónimo, que en lo que escribió de Santa Florentina puso esta piedra con lo añadido de arriba.

Su bondad abrió camino a la malicia de otros, que por ganar gracias o internes con el verdaderamente insigne prelado D. Pedro de Casto y Quiñónez, que de la Catedral de Granada subió a la de Sevilla (benemérito, por su santidad, letras y celo de la gloria de Dios y bien de su Iglesia, de otras mayores), no contentos con esta ficción, pretendieron con otras tales lisonjearlo, como si lo sólido de aquella verdad delas reliquias de aquel Sacro Monte, calificadas con mas solemnidad aun de la que pide el derecho, pudiera tener entivo en la vano de sus invenciones.

Que este título sea falso y no se halle en la piedra, es fácil convencer porque ultra de ser muy fuera del estilo romano de aquellos tiempos, de que no se dará ejemplo que le parezca, veráse en las muchas copias que de ella se hallan en los autores. El primero que la publicó a luz, Ciriaco Anconitano, sin este título la imprimió, porque no lo tuvo; contóla entre las de Caparra, ciudad famosa en aquellos siglo, no lejos de Plasencia, ya no mas que unas ventas y el nombre. En la misma forma la trasladó, y por del mismo lugar, mas sin aquel título, el Maestro Ambrosio de Morales Lib. 8 cap. 48, y el Maestro Fray Juan de la Puente, del Sagrado orden de predicadores, Cronista de su Majestad, Lib. 3, cap. 19, de las dos Monarquías. Por de Écija la refieren el obispo Fran Rodrigo de Yepes, ya citado, Don Diego del Castillo cap. 10, éste sin aquel principio, y con el Fray Juan de Morales, de la religiosa familia del glorioso San Francisco de Paula en el Epítome historial de su orden, en la fundación de su convento en Écija.

La verdad es, que esta piedra se halló en Écija y conozco muchos que la han visto pasada la puente de Gilena, camino de Granada, a la mano izquierda; mas afirman todos que no tiene el principio que le han fingido; de mas que para asegurar la verdad, teniendo a mi cuidado el Colegio de nuestra Compañía en esta ciudad, envié personas propias que la viesen y no hallaron en ella el título que le inventan.

Fue sin duda así, que le primero que encontró y copió aquella piedra, puso en aquella forma para memoria el lugar donde la había hallado. Después los que sacaron copias, sin reparar, o por sencillez o por ignorancia, trasladaron seguidamente lo que el inventor halló en la piedra y lo que añadió para que se supiese donde la halló. Los que se veían atajados con la dificultad del nombre de Granada, viendo salida por esta piedra, sirviéronse de ella, sin mas averiguación de lo necesario; bien así como lo que se ahogan en el agua que se asen a lo primero que se encuentran, aunque sean los filos de una espada. Que satisfacción se haya de dar a la duda del nombre de Granada, hallado en aquellos libros del Santo Monte, cuando ella no pudo tenerle, por que no era, no es de este lugar, y hánla dado varios de superior erudición a la mía: el doctor Gregorio López de Madera, del Çonsejo supremo de Castilla, el doctor Bernardo Aldrete, Canónigo de la Catedral de Córdoba, y otros conocidos por sus escritos.

Además, Juliano, en sus Adversarios, numero 163, dá nombre y fundación a Granada antes del tiempo de Julio César, y dice que el nombre se lo dieron sus fundadores, ciudadanos de Damasco; y le había conservado de manera que S. Cecilio unas veces se nombraba Obispo de Ilíberi, otras de Granada, sino algún castillo por ventura con ese nombre que aumentado después de las ruinas de la celebrada Ilíberi, ha subido a la grandeza ñeque hoy la vemos. Porque confundir a Ilíberi con Granada gran yerro sería, y no menor ignorar que S. Cecilio fue Obispo de aquella y no de esta. Bien que en los siglos postreros, haciendo consideración de que Granada creció, o, por mejor decir, nació de las ruinas de Ilíberi, le hayan dado a S. Cecilio el nombre de aquella. Así dice el mismo autor que a S. Fulgencio llamaban unas veces Obispo de Cartagena, otras de Murcia, porque destruida aquella, se mudó la silla a esta otra.

Dije que con esta ficción y otras tales, quisieron algunos lisonjear al arzobispo D. Pedro, porque tengo por de este jaez otras dos piedras que afirmaron haberse descubierto no lejos de Granada, en que se hace mención de la ciudad de Ilípula, por sobrenombres LAUS, nombrada en Plinio junto con la de Ilíneri; y de los Antistios Turpiones, que hacen naturales de ella, y otras muchas invenciones, todas contra la verdadera historia y razón de los tiempos; solo a fin de asegurar el nombre de la Torre Turpiana y del Monte Iliputiano, bastantemente probado con la autoridad de las láminas, y confirmado con la de Plinio y otras memorias antiguas. He hecho demostración de que es hechiza esta piedra de los Antistios, y otra de la mudanza de no se que lugares de los Pelignos y Calicratos, que dicen son las aldeas de Peligros y Calicrás, hechas de centones de otras, como lo mostré con evidencia en Granada, y saldrá a luz en otra ocasión. Ahora daré fin a lo que pertenece a nuestra piedra de Écija, donde se nombran Domicio y Lucio Thoranios, que en la piedad, que este usó con el otro, demás de las semejanza del nombre, parece que eran parientes, cercanos y descendientes de Lucio Dominio Thoranios, Prector que fue en España en tiempo de Quinto Metelo Pio, cónsul en compañía de Lucio Syla, y que murió a la entrada de España en Cataluña, con Hirtuleyo, capitán de Setorio, setenta y ocho años antes del nacimiento de Cristo. Este otro murió en Écija, treinta y cinco años después, en las guerras de césar contra los hijos de Pompeyo, cuando toda la fuerza de la guerra andaba en estas partes de Córdoba, Castro, Espejo, Montemayor, y algunos otros que se acabaron, y finalmente en Osuna, que teniendo siempre el nombre de Pompeyo, y estando asolada la invencible Estepa, era fuerza que tuviera César en Écija plaza de armas, como la mas fuerte y la mas fiel en esta comarca, y que muchos de los sucesos de esta guerras hubiesen sido muy cerda de ella, cuando no en ella. Tanto mas de admirar, que no se lea su nombre en estas historias, como ni el de Córdoba en las de Tito Livio; vengo a pensar que en los autores que las escriben anda cubierta debajo de aquellos nombres de ciudades que ahora no conocemos; porque siendo ella el paso forzoso de esta Andalucía, donde cargó todo el peso de la guerra, era imposible no encontrarse con ella, como se ven en los caminos del emperador Antonio, que no solo el de Sevilla a Córdoba, sino también el de Mérida, lo guía por esta ciudad. ¿Qué diremos de los que venían desde Carmona a Córdoba, y pasaban el lugar que Hirico llama “Segovia”, y el río Silicense, que nuestro cronista piensa ser el Salado, que llaman de las Algámitas, y de las sierras de Ronda corre por la campiña a no tres leguas de Écija?. Si ya no es que en Hiricio estuviese Silicense por SINGIliense, y fuese Genil; de que ninguno podrá maravillarse, sino el que por ignorancia de las historias e historiadores antiguos no supiere cuan truncados anden, y aun hechos otros, los nombres de los lugares. No por eso mudó el nombre de Silicense, que en nuestro vulgar pudo llamarse Sil, como otro de Galicia que entra en el Miño. Mas de esto hablaremos después tocando en Genil.

Dije también que aquel título de esta piedra PROPE. ASTIGIM. Etc., no es conforme al estilo de aquellos tiempos, por que no he visto jamás su semejanza en ninguna; sí que tal vez se señale el lugar en alguna, mas no tan sin sal y sin sazón como en esta. Junto a la ciudad de Vich, en Cataluña está un sepulero de Aulo Mevio, y dice que Aula Mevia su hermana la puso:

HIC. SEPVLCRVM. CVM. STATVA. PO-
SVIT. SECVNDO. A. CIVITATE STADIO. IN
LOCO. PATRLE. PVBLICO. QVO. OMNES.
VRBEM. ADEVNTES. IN. LACETANIAM.
Q. REDEVNTES. PERTRANSIBVNT

Cuya sentencia es, que “ Aula Mevia puso aquí en el sepulcro de su hermano Aulo Mevio de esta estatua, dos estadios de la ciudad en el concejil de su patria, por donde todos los que de la Lacetania vienen a la ciudad, y de ella vuelven a Lacetania, han de pasar”.

Cuando en la nuestra se hubiera de señalar de donde fue muerto Dominio Thoranio, no era a propósito el principio, porque no hacía bien lo que se seguía; y sino que sentido hace? Cerca de Écija, no lejos del camino real de Granada. Que varios son los hados de los hombres!; si aquello se hubiera de poner, su lugar tenía donde lo señala la piedra, diciendo: “hic occubai etc. “. Aquí, junto a Écija, no lejos del camino real que va a Granada, caí muerto de una herida que me dio Lucio Optato, ciudadano de Écija. Así está en otra piedra de Galicia, que trae don Mauro de Castela, en el Lib. 31, cap. II, de la Historia de Santiago:

MEDAMVS. ARCISI. F.
HIC. SITVS. CASTELO.
EST. MEIDVNIO.

Vuelvo ahora, aunque tarde, a lo que dejé comenzado de los nombres de esta ciudad.

CAPITULO IV. OTRA VEZ DE LOS NOMBRES PROPIOS DE ÉCIJA. HUBO DOS CIUDADES DE ESTE NOMBRE, ÉCIJA LA VIEJA Y LA COLONIA. LUGAR DE FUNDACIÓN.

Entre las ciudades mediterráneas de alguna cuenta nombrar algunos textos de Plinio, Astigi, quod Julienses, que si no estuvieran errados, como parece llegado a verdad, mucho asegurára el renombre de Julia que leímos en la piedra del muro, y refieren algunos historiadores. Prueba Abrahamo Ortelio, con autoridad de otros que cita en su tesoro, que en este lugar de Plinio no debe leerse Astigi, sino Artigi, que es la que con nombre árabe llamamos Alhama; y parece bien acordado que nombrado a Ilíneri, ciudad vecina a Granada, y a Ilípula, Laus, que también le caía cerca, pusiese después de ella a Artigi, convecina famosa siempre por la comodidad de sus baños. Esta tuvo renombre de Julia, como todas las ciudades principales de Andalucía y muchas otras provincias lo tuvieron a devoción de Julio César, que por lisonjear al emperador Octavio su sobrino tomaron sobrenombre de Augustas; aunque muchas de las que tuvieron los dos títulos, de IVLIAS y AVGVSTAS, los tomaron no por memoria del César sino por honra de Augusto, que también se llamó Julio, y de su mujer que llamaron IVLIA AVGVSTA, MADRE DEL ORBE, que a tanto subía la vanidad de ellos y de ellas, y a tanto bajaba la sujeción y servidumbre de los que vivían tiranizados de su imperio, como vemos en varias monedas de aquellos tiempos, y tengo algunas halladas en esta ciudad. Mas no obstante que sea verdad, que no es Écija a quien Plinio dá nombre de Julienses, no se puede negar que lo tuvo, como lo muestra la piedra cuyo testimonio es sobre todo calumnia.

Del nombre propio Astigi, formaron los romanos el apelativo Astigitano; que el Astiagense que leemos en los Martirologios de Usardo, Maurólico, Galesino, Alejandro, Boronio y otros, trocado está por no saber con certeza el lugar del martirio del glorioso S. Crispín, Obispo de esta Ciudad, y lo pasaron todos sin otro examen. Menos apruebo el que algunos han trasladado de una piedra, de que hablaremos en su lugar, donde leen ASTIGIAM; hoy tan gastada está con que con ninguna diligencia se ha podido entender lo que dice; mas estoy persuadido que se engañaron y de lo gastado de las tres últimas letras, que eran TAN para que dijeran ASTIGITANA, hicieron ellos Astigiam.

Fian el apellido Astigitano las piedras, y los autores que han escrito después de Plinio, y el himno antiguo de S. Crispín, donde se nombra a Écija ciudad astigitana. Las piedras que yo he visto, ultra de la escrita, una es que está en Roma, y otra en Córdoba: una columna, dentro de una casa, dedicación al Emperador Aureliano por la Ciudad de Écija:


IMP. C. ES.
LVC. DOMINIO.
AVRELLANO. PIO.
FELICI. INVICTO.
A V G. RESP.
ASTIG. DEVOTA.
NVMINI. MAIES.
TATIQ. EIVS.

“Dedico esta columna al Emperador César Lucio Domicio Aureliano, Pio, feliz, invicto, Augusto, la ciudad de Écija devota a su deidad y majestad.”

Al otro lado dice:

IMP. CAES.
FLAVIO. VAL.
CONSTANTIO.
FEL. INVICTO.
A VG. TRIB. PO-
TESTATIS.

“Al Emperador César Flavio Valerio Constancio, Feliz, invicto, Augusto, Tribuno del pueblo, etc”, lo demás no se puede leer.

Esta columna o bien se trajo de Écija a Córdoba, o la puso aquella en esta otra como en cabeza de la provincia que podía dar su beneplácito para ello.

Otra en la Alameda, lugar antiguo, honrada población en estos siglos, si creemos a su ruinas; ahora humildes caserías con nombre de las arboledas de su frescura, que és y parece haber sido grande. La piedra dedicación era de estatua, mas ya quebrada y con solas estas letras:

IVS. ASTIGIT.
OR. D. D.

La primera nota parte es quebrada de la M, como se vé por su forma, que con las demás letras muestra ser la última sílaba de uno de aquellos apuestos o títulos que solían darse a los cabildos, y dice:

SPLENDIDISSIMUX, ASTIGITANORUM.
ORDO. DEDICAT.

“Dio y dedicó esta estatua el Ilustrísimo Cabildo de Écija”.

Cual?. El de la Colonia Augusta Firma, o el de Écija la vieja? Que ambas como hemos dicho hace memoria Plinio. Porque contando los lugares de la Chancillería y jurisdicción de Écija pone entre ellos a ASTIGI VETVS, pueblo hidalgo, no pechero a los romanos; bien que en llamarle libre Plinio, entienden otros no sujeto a sus leyes y magistrados, y que se gobernaba por las suyas y sus jueces; que pudo ser así, aunque el hacer contraposición tan luego de los pechero, parece confirmar la primera interpretación.

El asiento donde este lugar estuvo fundado, ni puede seguramente colegirse de Plinio, ni se hallará en los que profesan Cosmografía. Sienten los de Écija que es un sitio de Valcargado, donde se descubren destrozos de edificios antiguos, a quien favorece el nombre de CIVITA VIEJA que hasta hoy tiene. Pretenden otros que sea el mismo lugar y sitio donde se halla en la misma Alameda aldea de los Marqueses de Estepa. Da fuerza a este pensamiento el que hoy lo es don Adán Centurión y Córdoba, caballero tan nombre por letras como por su sangre, con la muchas que hace el crédito de aquella piedra que, como parece, no es de sepulcro sino dedicación; y estas, como advierte nuestro cronista el maestro Ambrosio de Morales, en los discursos de las antigüedades, hacen mas certidumbre que ningunas otras de los sitios y lugares de las ciudades y poblaciones que nombran. Hallándose, pués, tan claro el nombre de Écija en la piedra de la Alameda, no debe dudarse sino que allí fue su primer asiento. Razón por cierto que si no tuviera excepción, probara aún nomás de lo que pretenden. Es así verdaderamente, que las dedicaciones, igualmente como las medidas de caminos, aseguran los asientos de los lugares cuyos nombres en ellas se leen; si empero se sabe que, o no se mudaron del lugar donde se pusieron, o se conoce el donde primero estaban. Tales son aquellas cuya grandeza y bruteza no da lugar ni ocasión a mudarse; mas un trozo o parte pequeña, cual es la que aquí tenemos, no pudo dificultar su mudanza. Cada día acaece que estimado unos lo que otros olvidan, se llevan de una parte a otra estas piedras y sus dueños de ellas hacen ostentación.

Mas demos que la Alameda fuese donde primero se puso, y ahora se halla. Dirán, que dado esto, no puede negarse lo demás que se pide, que allí sea Écija la vieja porque la nombra: que ni puede alegarse en contrario, que la Colonia Astigitana hiciese dedicación en lugar fuera del suyo, como también lo afirma nuestro cronista. Probáran sin duda lo que se proponen, si como leemos en la piedra. Splendidissimus ASTIGIT. OR. D. D. levéramos, SplendidissiMVS. ASTIGIT. VETERVM. ORDO., advertencia, que en casos menos necesarios, guardaron en aquel tiempo como se vé en una piedra de Tarazona, donde se dice que los ciudadanos viejos y nuevos, de la ciudad de Tarazona, pusieron en la plaza de la diosa Minerva esta estatua a Cayo Livonio, hijo de Cayo, por lo bien que se portó en el oficio de Seise de su gobierno: lo mismo enseña otra dedicación en Arcos, puerto de Castilla a la entrada de Aragón, donde también se particulariza que los vecinos antiguos y nuevos de Arcos, pusieron a Publio Sextio, hijo de otro del mismo nombre, una estatua en la plaza. Esfuerza con mas ventajas esta opinión, la que se llevó Cazlona a Linares y está en la puente de Guadalimar; que si como hace ella evidencia de lo que probamos, pudiéramos hacerla de lo que dice, hiciera fin la dificultad.

VNCINO. SEVERO. S. EPE. VICTORI CAL-
CEDONENSIS. FORI. VETERIS. ROM.E.

“Levantóse esta estatua a Vncino Severo, vencedor muchas veces de los juegos que se hacían en la plaza Calcedonense de Roma vieja”.

No dificulto el sobrenombre de vieja en Roma, por que lo hallo en Cornelio Tácito, al libro 15 de sus anales; no por que hubiese otra Roma de la que conocemos, sino por que a la población antigua que se estrechaba en solo el monte Capitolino y Palatino, con los valles de en medio y solas tres puertas, se añadieron después los otros cinco y se enriquecieron de soberbios edificios a quien llamaron Roma la nueva., Como También al Capitolio, que edificó Tarquinio Prisco, llamaron el nuevo, respecto del que primero había edificado Numa Pompilio, y le nombraban el viejo como escribe Varron. De ambos hizo memoria Valerio, Lib. 4, cap. 4., y nuestro poeta Marcial, Lib. V, epig. XXIII, en Radero. Y hoy también se conservan en Roma los nombres de vieja y nueva, cuyos términos se verán en el autor del libro intitulado “Mirabilia Romae”. Muy semejante ejemplo y sin excepción nos dá otra piedra que trae Resendio Lib. 4, y dice la leyó en Maurán o Mora, lugar insigne y dice así:

IVLLAE. AGRIPPIN. E.
CAESARI. AVG. GERMANICI.
. . . MATRI. AVG. NOVA
CIVITA. ARVCCITANA.

“ La nueva ciudad de Arucci dedica a Julia Agripina madre de Germánico César Augusto, etc”. Arucci la vieja es la villa de Aroche. Así llama Cicerón “Cartago Vetus” a la de África, a diferencia de la de España.

Cuanto a la plaza Calcedonense, podríamos pensar que, como se han perdido de la memoria y nombres de otras de aquel tiempo, también esta hubiese padecido la misma fortuna. Bien que a otros podría parecer que si se hubiese puesto esta piedra después de edificada Constantinopla, a quien llamaron Roma la nueva, a diferencia de es otra fundación tan antigua pudieron llamarle la vieja; como si a nuestra España llamásemos vieja respecto del reino de Méjico, que se llama la nueva. Así las llamó Zonaras en la vida del Emperador León, Roma vieja y nueva, sin dar a esta el nombre de Constantinopla. Mas extraño la plaza Calcedonense de quien no se halla memoria en Roma. No por esto padece quiebra nuestra respuesta, que solo está en que si esta piedra fuera de Écija la vieja debería tener allí este apellido para diferenciarse de esta otra. Sólo puede restarles de que valerse, diciendo que se puso en tiempo cuando aún la nueva no estaba fundada; y así no fue necesario añadirle aquel título, pues no había otra de quien distinguirla. Mas ni aun esto les aprovecha, por que siendo como son todas estas dedicaciones romanas, no pudo esta ponerse en tiempo que nuestra Écija aun no estuviese fundada; pues aun el mas moderno principio, de los que le señalan historias y autores, excede a la primera entrada de los romanos, no sólo muchos años sino muchos siglos de años.

No arraigan mas de fianza esta opinión con lo que añaden de nuestro cronista Ambrosio de Morales: que no podía un lugar poner en otro dedicaciones; por que él mismo concede que podían ponerse, alcanzando licencia para ponerlas, sin que se pidiese el lugar donde se ponían. ¿Quién duda si no que la Chancillería de Granada, o el Consejo real, pudiera mandar poner una piedra y título en cualquier lugar de su jurisdicción, sin que él interpusiera su autoridad?. Así pasada entonces y pudo pasar en esta de la Alameda, aún cuando fuera cierto ser el lugar que Plinio nombra “Astigi Vetus”, pués él mismo la cuenta entre los pueblos del Convento o Chancillería de Écija. Daremos ahora algunos ejemplos.
En Murviedro, la antigua y famosa Sagunto, dedicó estatua la Provincia o Chancillería de Tarragona, a Marco Acilio Rufo de la Tribu Auiense, procurador de los Emperadores.

En la misma cabeza de la provincia Tarragona, pusieron estatua, los ciudadanos de Lérida, a Marco Fabio, natural de su ciudad, habiendo alcanzado licencia y lugar para ello de aquella Chancillería.

En Fuenteabejuna una de las MILENARIAS antiguas, lugar que fue de la Chancillería de Córdoba, a quién olvidado el origen de su nombre, que fue la abundancia de la miel que allí se cogía, llaman ahora Fuenteobejuna, siendo el propio Fuenteabejuna; dedicó la Audiencia de Córdoba una estatua y el Cabildo del lugar añadió el gasto del entierro, oración fúnebre y dos estatuas a caballo, a Cayo Sempronio, su ciudadano, capellán en Andalucía de los sagrados Emperadores. Así lo muestra la piedra que está a la puerta de la fortaleza, y se verá en Ambrosio de Morales.

Descuidóse nuestro amigo el Licenciado Rodrigo Caro, en sus notas a la Crónica de Flavio Dextro, diciendo que Porcuno es una de las dos MILENARIAS que hubo en Andalucía: no siendo esta, sino Fuenteabejuna. Y tienen ambos lugares ejecutoriados sus nombres en nuestras piedras: Porcuna el de VOLCÓ Y MVNICIPIO PONTIFICENSE; Fuenteabejuna el de MELLARIA: donde dice Dextro, que padeció S. Firmio insigne martirio. Si bien le toman por suyos los de la otra MELLARIA, a la costa del Mediterráneo, “Verger de la miel” Y ambos tomaron los nombres de la abundancia y bondad de la miel que en ellos se cogía: como se coge ahora por aquella tierra de Fuenteabejuna.

España lo mismo que arriba claramente otra piedra de Roma en la plaza que llaman Naona, o in Agone, en que a Lucio Aurelio Symarcho se la dio, por decreto del Senado, una estatua dorada y facultad para que en Constantinopla pusiese otra tal: “Hac quoque alddidit (Senatus) ut alteram statuam pari splendore, etian apud Constatinopolim collocaret”.

Dice con esto lo que Juliano escribe en sus Adversarias, número 524, que en dos principales conventos o ciudades de España, donde los había se juntaban Diputados de todas las Colonias, municipios y principales ciudades de su término, a imitación del Senado romano, y se llamaban Concilio. Y que este decretaba estatuas en las plazas de su jurisdicción y proveía capellanes o sacerdotes de Roma, de los dioses y de los Emperadores.

No por esto niego que no puede haber sido Écija la vieja donde hoy es la Alameda: sólo no admito que haga fé cierta de haberlo sido aquella piedra. Mas el hallarse allí estas con otras y muchas señales de edificios antiguos, ser el sitio apacible y acomodado para cualquiera honrada población, bastante prueba es de haberla tenido, aunque ahora no conste cual fue y pudo ser que fuese la que se pretende “Astigi Vetus”, Écija la vieja.
Persuádelo la ocasión que puedo haber, o razón de mudarse lo principal de ella de aquel sitio al que tomó la Colonia, por estar aquel mas apartado del río
Genil y sus comodidades que son muchas, como se verá adelante, y caer muy a trasmano del camino de los emporios mas celebrados de España: Cádiz, Sevilla y Córdoba, donde era el mayor y mas rico comercio de España, en cuyo concurso quedó Écija situada, si ya no es que sin mudarse los moradores del un lugar al otro, se edificó otro de nuevo con el mismo nombre, y después para diferenciarlos le dieron al primero el nombre de viejo. Aquí de los uno ni de lo otro puede haber certidumbre, sino la opinión que en cosas tan inciertas pueden fundar conjeturas. Aseguraría mas esto, si fuese así, como afirman que llegaba su población hasta el río Genil, con que no tuvieran razón de mudarse, gozando en él de las comodidades que ahora tiene la nueva.

Solo obsta la persuasión, aun que no tan común de sus ciudadanos, que tienen por tal un parte de Valcargado, tierra de olivares, a quien llaman “Civita vieja”, donde, como dijimos, se encuentran muestras y cimientos de edificios antiguos. Mas esta sola conjetura no aprieta a creer que allí fuese, pues puedo haber sido alguno de muchos lugares que hubo por allí en tiempo de romanos y moros, de que ahora no queda memoria donde estuviesen. Ni hace fuerza el sobrenombre de vieja, ni aún lo hiciera cuando lo tuviera con el propio de Écija; pués consta del engaño que padece esta conjetura en los de Córdoba y Sevilla la vieja, que es cierto haber sido muy diferentes lugares, y con diferentes nombres la una y la otra. Favorecen mas a la Alameda, que a “Civita vieja” las piedras antiguas que allí se hallan y hemos puesto en otro lugar, no habiéndose encontrado en “Civita Vieja” ninguna, sino algunos ladrillos al uso romano. Calidad aquella muy conocida de lugares de cuenta, cual fue “Astigi Vetus”, aventajada a la nueva y a muchos de Espala en que siendo pecheros, ella era libre. Ventaja que persuade haber sido su población tan espléndida casi por tres cuartos de legua hasta tocar en Genil, como dicen, y lo muestran los cimientos de edificios antiguos que por allí se descubren. El sito de “Civita vieja” nada apacible es y poco a propósito para asiento de lugar populoso, seco , sin ríos, ni fuentes, falta que basta para hacer inhabitable un lugar. El de Alameda tantas comodidades tiene que pudo muy bien convidad y sustentar la frecuencia de gran ciudad.

De Écija la vieja y su fundación ninguna otra cosa sabemos, sino que fue primero que esta otra, como la testifica el sobrenombre de vieja; de su fin tampoco hay memoria que pudo ser en las guerras, que tantas veces, por tan largos tiempos y tanta inundación de extranjeros infestaron a España. Sólo Plinio hizo de ella mención y la cuenta en los pueblos libres que interpretan algunos a nadie sujetos, exentos de ajena jurisdicción y dueños de su gobierno; que tenían sus leyes, sus magistrados, que se regían por sus fueros y administraban justicia sin recurso a otros superiores. Esto dicen, significa la palabra libre, no exención de tributos y otras cargas que la significaba esta: immunis. Así los de “Astigi Vetus” no se podían decir sujetos a los romanos, sino amigos y compañeros. Mas esta diferencia de inmmnes y libres, ni es constante ni firme; porque muchas veces tan unas son en su fuerza que para significar uno mismo, indiferentemente la usan los escritores. Pudiera excusar los ejemplos, pués tan a mano se tienen daré algunos para quién no gustare emplear el tiempo en buscarlos.

Los jurisconsultos, libres llaman las casa que no pagan pecho ni servidumbre; otros con la misma palabra entienden aquellas, de que alguno puede usar como suyas. El príncipe de la lengua latina, ordinariamente junta y significa lo mismo con los dos vocablos: “Immunita y libertas, immunis y liber”. Llama inmunes y libres los campos, las ciudades y las provincias, y éstas caro es que siéndolo, eran hechura de los romanos, y aunque fuesen libres de pechos, no lo eran de su jurisdicción. En el tercero de sus oficios dice que se había ordenado “ut civitates, quas Lucius Sylla acepta pecunia Senatus consulto liberanisset,ea rursus vectigales essent”: que las ciudades a quién Lucio Syla por dinero o composición había hecho libres aún con acuerdo del Senado, volviesen a ser pecheras. Con la misma palabra y en la misma significación dice él, hacer libres los campos, las casas, etcétera, y con la mismo nosotros libres, decimos, las que son francas.

Cornelio Tácito, en el Lib. 15 de sus Anales, hablando del tiempo de Nerón, dice que Italia, las provincias, los pueblos amigos y aún las ciudades libres, esto es, francas y no pecheras, estaban destruidas a puras contribuciones. Otros autores lo mismo usan, como se verá en Alejandro de Alexando, cuando trata de los pueblos pecheros y libres, y en lugar de Plinio lo enseña, porque hace diferencia de los unos a los otros:”oppida libera quatuor etc. Stipendiaria autem etc”: contrapone los libres a los tributarios, los francos a los que no eran; no obstante, que propiamente la libertad en las ciudades y reinos mas consiste en no reconocer ajenas leyes ni magistrados. Mas igualmente se llama libertad la franqueza, como también servidumbre la de los pechos y siervos lo que los pagan.

CAPITULO V. ANTIGÜEDAD DE LA FUNDACIÓN DE ÉCIJA, SU PROPIO APELLIDO NUEVO Y ANTIGUO, SUS AUTORES Y SIGNIFICACIÓN. DESENGAÑO DE MUCHAS FUNDACIONES DE ESPAÑA.

Entramos camino donde son peligrosos los pasos, los guías no muy seguros, la salida difícil. Que si bien se muestran pisadas de autores que intentaron andarlo, tan confusas, tan encontradas están, que apenas uno puso pié, donde halló impreso el de otro; cada uno hizo su senda, ninguno abrió camino; el que descubrió este cegó aquél; casi todos, (así debemos creer), en seguimiento de lo mejor, no todos con el acierto que desearon. ¿Quién de tan necia presunción que pueda prometerse mejor suceso, donde tantos y tan diestro caminantes se encuentran atajados, saliendo de vereda a vereda, sin halla la real?. No yo, a quien la dificultad de estos discursos, tantas veces tentada, tantas veces ha desengañado de poder arribar a lo cierto: sol aspiro a lo verosímil. Pasarán otros por ventura con mas larga vista, por donde la mía de corta y cansada se queda.

El origen, la fundación de un reino, de una familia, de una nación, de una ciudad, prenda es de mucha estima, blasón muy ilustre, calidad de grande ventaja. ¿Qué gentes hay en el orbe que no pretendan autor de nombre, que no se gloríen de principios y fundaciones por todas partes cualificadas?. Pasó tanto la raya esta vanidad que en algunos, que pasaron a dar divinidad a los hombres, de quién descendían, para hacer soberano su nacimiento. ¿Quién ignora como se portaron con Semíramis los babilonios, y con Rómulo los romanos, queriendo persuadir que aún vivos fueron trasladados al cielo, a fin de asegurar a los venideros haber sido divino su origen?. Dejemos naciones extrañas; en nuestra España, ¿qué lugar hay de cuenta que no apellide fundadores ya fenices, ya griegos, trocando lo natural por lo forastero, como si confesando ellos mayor antigüedad en la policía y letras de España, ganaran mas calidad en nacer de ellos que de españoles?. Demás que para creer esto o decirlo, ningún otro fundamento tienen, muchas veces, que la vecindad y consonancia de los apellidos, que piensan ser descendientes de unos y herederos de otros. No dicen, que los salaminos de la Isla de Chipre fundaron a Salamanca? Que a las Asturias, Astur? Que Diómedes, hijo de Tydeo, a Tuy? Que a Sevilla Hércules? Que Tiberio Graco, a Gracuris o Agreda, como hoy la nombramos? Que Cecilio Metelo a Cáceres y Medellín, por que a la una llamó Castra Cecilia, y al otro Colonia Metelinense, etc. Siendo así que muchos siglos antes hubo poblaciones donde ahora están estas, aunque con diferentes nombres de los que les dieron sus ganadores.

No hallo que tenga otro fundamento lo que de Ludovico Núñez, en el cap. 18 de su España, refiere Francisco Tarafa, que hace a esta ciudad fundación Astyr, cochero o paje de armas que fue de Memmón, a quién fingieron los poetas hijos de la Aurora. De este escriben, que habiendo perdido a su señor en la infelice guerra de Troya, vino con otros de los vencidos a España, como a tierra tan conocida de los fenices y griegos y habiendo dado nombre a las Asturias, por la principal ciudad que se fundó en aquellas partes, “Astúrica”, que casi conserva el nombre en Astorga, bajó a la Bética donde fundó otra con apellido de Astyga, que trocando la R en G. Llamaron “Astyga o Astigi”. De esta venida de Astyr en España, dejó memoria nuestro español poeta Silio Itálico, en el Lib. 3.

Es así, que en algunos restos de Strabón, de quien lo tomaron otros autores, en ves de “Astyga”, leyeron “Astyra”; mas, ¿Qué fundamento es este para afirmar o pensar que “Astyr” hubiese sido fundador de Écija, mayormente no dándole aliento a esta opinión autor alguno de los antiguos, como lo dan algunos al nombre de Asturias?. Hay quien diga que la fundaron los Almonides, nación hasta hoy no conocida, que si bien algunas de nuestras historias los nombran, cual los hace alemanes de Suecia, cual gitanos o egipcios soldados de Hércules, llamado Orón Libio; otros sospechan que griegos y naturales de Atenas; pues ya en la relación de sus hechos y señalar el tiempo en que vinieron a España, tan varios, tan encontrados andan, que hacen sospechoso cuanto de ellos se escribe.

Hacer la fundación de romanos, no se en que puedan fundarlo, sino en ignorar su principio y parecerles honroso ser hechura de los señores del mundo. Mas no fueron ellos tan poco ambiciosos de sus memorias, ni tan poco los lisonjeros de su potencia, ni tan poco título de su gloria una ciudad por tantos ilustre, que la hubieran dejado en tinieblas, sin sacarla a luz y vida de sus escritos. Mal favorecen sus pensamiento con el nuevo apellido que le dieron los romanos, aunque tan calificado como el de COLONIA AUGSTA FIRMA; por que este prueba ser el nombre romano, no la ciudad. ¿Quién hizo a Sevilla de origen Romana, pro que tuvo el nombre de Colonia Rómula o Romúlea? ¿Quién a Córdoba por el de Patricia? ¿Quién a Cádiz por el de Julia Augusta? ¿A Espejo por el de Claritas Julia? ¿Quién a tantas otras en Andalucía, Portugal, Aragón y Castilla, en España, en todo el orbe, donde llegaron las armas romanas, por que las dieron nombres de su lengua?. Pues sabemos el que tuvieron muchos, aun antes que hubiera Roma en el mundo. Oyen en los nuevos orbes nuevos apellidos de ciudades, ríos y montes tomados de los de España, ¿quién dirá son poblaciones de nuestra nación, sino quien ignorase la costumbre universal de los vencedores? Que como quitan y ponen leyes a los vencidos, quitan y dan nombres a sus lugares. Algunos a despecho de sus señores, aunque no pudieron sacudir del todo el postizo, conservaron juntamente el antiguo. Uno de ellos es Écija que antes y después del imperio romano, retiene su propio nombre “Astygis”, tanto, que como se ha visto en las piedras, los mismo romanos la llamaban COLONIA ASTIGITANA y como añade Plinio, AUGUSTA FIRMA por sobrenombre.

Nuestro historiador Florián de Ocampo le dá por fundadores a los galos-celtas, que habiendo poblado en la Luisiana por los años novecientos y treinta antes del nacimiento de Cristo, después entraron en Andalucía y fundaron muchos pueblos en ella. Eran estos los franceses de la provincia de Narbonense, a quien los romanos llamaron Galica Braccata, con quien tuvieron amistad y casamientos muchos españoles, que forzados de una gran seca, dejada su patria pasaron a aquella provincia.

Cuando volvieron, vinieron con ellos muchos de los naturales de Francia, cuyos descendientes por la mezcla de ambas naciones, iberos y celtas, se llamaron celtiberos, gente tan valerosa como estimada en aquellos siglos. Señalan en esta provincia muchas poblaciones de estos mestizos, entre ellas a Écija, quinientos y ochenta y un años antes de que naciera Dios-hombre. El nombre antiguo Astygis mas favorece a los griegos, cuyas fundaciones en España, mayormente la Andaluza, en número, gran riqueza, en calidad, excedieron a las que en ella hicieron otras naciones. Y es habla entre los que en Écija se han tocado de curiosos, que su fundador fue Gargoris, rey de los Curetes, gente de la isla de Candía, que en otros tiempos se llamó Creta. De estos dice Justino, que poblaron en tierra de los tartesos o andaluces, donde es famosa que los gigantes dieron batalla a los dioses, cuyo rey antiquísimo Gargoris fue el primero que halló el modo de sacar la miel. Este fue natural de Candía, no como algunos piensas de España, sin autoridad de antiguo que haga sombra a su opinión.

Que griegos hayan poblado por esta parte de Andalucía, ultra de otras razones que hacen fe, favorécelo Plinio en el Cap. 1, de su libro 3, donde dice que riberas de Guadalquivir había ciudad de nombre “Laconimurgi”, apellido que dieron los Lacones a otras que fundaron en los confines de Castilla la vieja, hacia Vizcaya. Mas todo esto no persuade que Écija haya sido fundación de los griegos, por que el nombre de Astygis tan romano es como griego y pudo ser español; que no es nuevo encontrarse las lenguas en una o en otra palabra, sin que se hayan comunicado de unas a otras. Y cuando el de Astygis sólo sea griego, no convence que lo sea la ciudad; que nadie ignora a cuantas dieron nombre de su lengua de las que hallaron edificadas, teniendo ellas sus propios de la nación como poco ha dijimos de los romanos y hemos dichos en otros escritos. Menos puede valerles lo que Plínio dice de la ciudad “Laconimurgi”, fundada de los griegos por estas partes, pues de otras dos que hubo del mismo nombre no lejos de las ventas de Caparra, ciudad en otros siglos bien célebre, otra en Extremadura que después se llamó Concordia, dice Florián que la fundaron los celtas que se llamaron Lacoos. Demás que no hace consecuencia haber sido una fundación de estos para que s entienda haberlo sido otras. No niego por esto que Astigi sea nombre griego, puesto de los que primero vinieron a Andalucía, y nos comunicaron sus leyes, su policía, sus costumbres, su lengua, que aun se conserva con la natural, con la romana y gótica, cuando los árabes entraron en España, como escribe Tarif en la pérdida de ella, y duran hoy innumerables palabras suyas entre las nuestras, ultra de las que dimos nombrando ciudades, ríos y montes de España; sólo niego que baste estoa para argumento de fundación.

Aquí fenecen los discursos de la fundación y antigüedad de esta ciudad; su nombre así interpretan algunos que sea compuesta de “Asti”, vocablo griego, que significa ciudad, y “ge”, tierra, y será lo mismo que ciudad de tierra, dicha así por excelencia, por que sus edificios, muros, sus torres son de ella, y tiene hoy sesenta y cinco de terrapleno, que después de tantas edades permanecen y se sustenta en admirable altura y grandeza contra las injurias del tiempo. Mas esto no fue particular a esta ciudad, sino común a muchas de España, de que con admiración escribe Plínio en su historia. Mejor otros, que deduciendo el “ge” de “Astigi” del verbo “geo”, que en lengua latina es “fundo” y aplicado a la tierra significa fertilidad y abundancia, dicen que en esta consideración “Astigi” lo mismo será que ciudad fértil, ciudad abundante, como lo es en todo género de frutos de tierra. Pero mejor aún y mas cercanos a lo verosímil de estilo griego, lo que hacen este nombre compuesto de “Stygin”, que en esta lengua significa aborrecer, y entristecer, o del nombre “Stigios”, cosa aborrecible, odiosa; y de la partícula “A” que llaman privativa, y es lo mismo que en español nó. Sería en esta consideración “Astygis”, lugar no triste, no aborrecible, y vale tanto como decir muy alegre, muy apacible, muy de gozar. Bien así como para , encarecer los malos hechos de alguno solemos decir, que no hará cosa buena, significando en esto que hará todas las que no lo son. Uso de hablar de que en las sagradas letras tenemos muchos ejemplos. Del hombre enojado dice Santiago, que justitiam dei non operabitur, que no hará con que buena sea; para enseñar que hará las mala. A los jueces dice, que no es bueno dejarse llevar en el juzgado de particulares respeto, perdiéndolo a la justicia, y es decir que es malísimo. En esta forma se dice Écija tierra no triste, y verdaderamente todo este sitio con sus vecinos de lo mas agradables es de Andalucía, o de España que todo es uno. Digo uno porque siendo por voto de todos los escritores la mejor parte la Andalucía, y siendo Écija de los mejor de ésta, también lo sería de aquella., Favorece también el nombre de Carmona, griego de origen, y es lo mismo que gozo, en nuestra lengua, o alegría; calidad muy ajustada en estas partes al terreno de Andalucía.

He dicho las opiniones y hablas que he hallado en esta materia; he dado las razones, autores y conjeturas que pueden hacerles crédito, y algunas que deben quitárselo; diré ahora una vez lo que juzgo. Yo, guardando todo respeto a graves historiadores, así siento: Todos los lugares, ciudades y poblaciones de cuenta en sitios calificados, de cuya fundación no ha quedado memoria cierta en los hombres, especialmente en los naturales todas estas hechuras son de sus primeros pobladores, o sus descendientes, no de naciones extrañas. Los que todas las mas célebres, mas ricas, mas populosas atribuyen a griegos, fenices, celtas, romanos, cartagineses, etc., sin duda imaginaron acabada en todo la gente española, desierta la tierra de su nacimiento, par que de nuevo pudiese poblarla tanto extranjero. Dirán que fueron pocos los naturales, y bárbaros, que como tales vivían salvajes en las montañas, sin gusto ni conocimiento de las comodidades de su patria, nada inferior a las mejores de Europa. Mas convencerlos ha Strabón de ignorancia. Seis mil años de a cuatro meses, o dos mil de los nuestros dá de antigüedad hasta su tiempo a la sabiduría y policía de costumbres de España; especialmente aventaja en esto a los andaluces, por que tenían universidades donde se enseñaban las ciencias, y conservaban en sus archivos historias o libros antiguos de mucha estima y gobernaban por leyes que aun teñían escrito en verso. No dice esto con lo que dicen; menos lo que diré en su muchedumbre. De Filón refiere Pineda en su Monarquía, que diez años antes que muriera el patriarca Noé, 340 después del Diluvio, contaron los principales pobladores la gentes de sus familiar y hallaron llegar a setecientas y treinta y dos mil, setecientas dos personas. De estas dicen que cupo gran parte a Tubal poblador de España.

Desde su primera entrada, hasta que en ella hicieron pié lo griegos, primeros de las naciones que la tentaron, pasado habían mas de mil y cuatrocientos años; pues ¿a cuanto número habrían subido sus descendientes, no habiendo sacado colonia ni gente alguna fuera de España?. Ponderó bien esto el maestro Fray Juan de la Puente, en su “Concordia de las dos monarquías”. Al principio que con sus armas infestaron esta tierra los romanos, era bien poca la que reconocía su imperio, y en esa poco dejó Scipión sujetas ochenta ciudades. De Paulo Emilio, dice Plutarco en su vida, que sujetó doscientas cincuenta, y de Catón, en solo Andalucía, que cuatrocientas. De Tibero Graco, escribe Polybio, que destruyó trescientas en sola la Celtiberia, que eran los moradores del Ebro. Bien que parece a Strabón, que por lisonjearle, dio Polybio nombre de ciudades a castillos y aldeas. Mas el mismo, aunque con algún recelo, añade que había mil en estas provincias; y pudiera dejarlo, pues de los españoles que habitaban las riberas del Guadiana al mediodía, dice que eran innumerables sus poblaciones, y las doscientas famosas. Cicerón, Veleyo, Paterculo, y Vegecio, afirman que hacen ventaja los españoles a los griegos, franceses y africanos, numerosas naciones en muchedumbre y esfuerzo. Vengamos a nuestros tiempos: ¿no es innumerable la gente que ha producido España de cien años a esta parte?. Díganlo los que han sacado sin número las guerras de Flandes, de Alemania, de Francia, de Italia, de Lombardía; dígnalo los presidios y ejércitos para defender o poblar las tierras conquistadas. Hablen las islas de Sicilia, Cerdeña, Ibiza, Mallorca. Menorca con las demás del Mar Mediterráneo y Océano, en particular las doce Canarias, las siete de los Azores, donde hay casi tantos españoles como en su España. Si los que en tantos reinos, tan extendidas provincias, los que en Europa, en África y sus fronteras, los que en Asia, en su India, en la América, en sus dos populosos imperios, Méjico y Tierra firme; en oriente y poniente, han fundado y acrecentado lugares estuvieran hoy en España, ¿qué rincón hubiera en ella, por mas áspero, mas estéril que fuese, que no hirviera de poblaciones?. ¿Qué tierras los pudiera tener, o que parte pudiera de ella estar yerma, si los hubiera? ¿Y será posible, que en tantos siglos como pasaron hasta que en ella entraron extranjeros, sin haber los españoles sacado pié de su patria, ni conocido otras tierras, no hubieses poblado el mas rico, mas alegre, mas fértil y mas templado terreno de esta provincia, la Andalucía, o los mas principales lugares de ella? ¿quién se persuadirá que en dos mil y mas de doscientos años, que corrieron desde la primera población de España, hasta el que señala el cronista español a la de esta ciudad, no hubiesen llegado los naturales a fundar en un sitio tan poco apartado de nuestro mar, donde hicieron sus primeros asientos, tan dispuesto, como ahora gozamos, para todo género de comodidades que puedan desearse en la vida humana, cielo alegre, suelo fértil, río caudal, vegas hermosas, apacibles collados, tierras par labor, para arboledas, viñas, sembrados; asiento en el corazón de la Andalucía, que según escriben los antiguos, y gozamos sus descendientes, aventajado es el resto de España, y envidiado de otras naciones?. Agravio cierto y muy conocido hacen a su patria y a España, los que otro piensan de lo que en esta razón persuade.

Engendrará escrúpulo, sino indignación, en algunos de los que asidos a lo que hallaron dicho, sin otro examen de las razones por que se dijo, o pudo decirse, por crimen tienen buscarlas y por mayor dejarlo si no se hallan. Apellidarán el respeto que se debe a los que primero abrieron camino a la historia, como si fuera descortesía proseguirlo, donde ellos dejaron o hubieron echado grillos a los discursos de los que habían de sucederles para que no dieran paso delante de donde ellos quedaron. Clamarán que negar estas fundaciones tan celebradas de fenices, griegos, romanos celas, cartaginenses, etc., no es adelantar lo que comenzaron, sino atajarlo; no descubrir el camino sino cegarlo. Mas ni todas se niegan porque son ciertas algunas, muy pocas, y no pueden probar que no sean muy inciertas las que se niegan; aquellas especialmente que mas parecen hechas a mano, que nadas de razón y verdad; como muchas que solo estriban en afinidad de nombres y parentesco. Creyeron del fácil algunos historiadores, lo que encontraron escrito del origen de muchas poblaciones de España, no advirtiendo que aquellos dieron título de fundación al aumento y llamaron fundadores de ciudades a los que las engrandecieron y acrecentaron. Probé bastantemente esto con historias sagradas y humanas en el Principado de Córdoba, en la España andaluz y en nuestra Málaga, y pudiera amontonar testimonios. De Graco dicen que fundó la villa de Agreda y la llamó de su nombre “Graccuris”, y es cierto que allí había lugar con el nombre de “Iturcis”. De Itálica que Scipión, y Apiano dice que se llamó antes Sancio. De Cádiz que Hércules, y sabemos todos que halló allí población con diferente apellido del que el le dio. Mas dejo esto y pregunto: ¿la Fenicia, la Grecia, las demás naciones que hacen autores de tantos lugares, son por ventura mas fecundas que España, de mejor temple y mejores calidades de mantenimientos y disposiciones de hombres, y cosas necesarias para la humana propagación, para que faltando a nosotros sucesión que poblase nuestras tierras, pudiesen venir tantos ha habitarlas de las extrañas? ¿O eran mas estrechos sus términos que los nuestros, para que arrojados de aquellos acudiesen a éstos?. Cierto es, que ni esto es así, porque todos poseen mayores regiones, y son menos espaciosas las nuestras; que de la mayor fertilidad de Andalucía ellos mismos dan testimonios, y el poeta antiguo la llama fecunda en varones, y es tanto, particularmente en Écija, que si es muchas partes hay mujeres que ofrezcan dos niños de un vientre, aquí ha habido quien dé cinco de un parto.

Acabo y repito, que Écija fue una de las primeras ciudades que fundaron los primeros pobladores de España, y pudo ser que la acrecentasen los griegos, a quien tanto favorece su nombre, después los celtas con que se satisface al cronista Florián de Ocampo, y últimamente los romanos, que no sólo con el ilustre título de Colonia Julia Augusta Firma la ennoblecieron, sino con haber puesto en ella uno de sus Conventos jurídicos o Audiencias, para buena administración de justicia; y con tan lustrosos y soberbios edificios, como levantaron en ella de manera que le dá Pomponio Mela título de Clarísima, poniéndola a par de Cádiz, Sevilla y Córdoba.

CAPITULO VI. MEMORIAS ANTIGUAS DE ÉCIJA: CALLE DE LOS MÁRMOLES; COLUMNAS DE HÉRCULES EN SEVILLA, DE DONDE SE LLEVARON.

Si las grandezas, cuyas prendas mas al acaso que por consejo, o providencia de sus moradores, se conservan en esta ciudad, estuvieran hoy en el ser que las gozaron los siglos honrados, entibiaran ciertamente, sino apagaran, el ansia de los curiosos, que tanto suspiran por las que humillaron los bárbaros en la cabeza del mundo. Allí ví y lloré sus agravios; aquí con mas razón, por que se ofrecen a cada paso a los ojos y me toca el parentesco de la nación. Cuentánse hoy mas de ochocientas columnas en Écija, ultra de las que se descubren debajo de tierra que son muchas y de mucha grandeza; no bajo de tierra que son muchas y de mucha grandeza; no todas en la que tuvieron en los siglos romanos; las mas destrozos son de insultos bárbaros, lenguas mudas y piedras con lenguas de la braveza de los godos, nacidos para lo sangriento de la guerra mas que para lo aseado de la paz. ¿Qué soberbia hubo que no derribasen; que lustre que no afeasen? ¿Qué lindezas que no manchasen?. No les pareció que podían harta el odio, que a los romanos tenían si ejecutándolo en los hombres, perdonaran sus piedras. Las memorias, que en estas levantaron aquellos, esas mismas dejaron ellos derribándolas. Quebrantaron mármoles, desplazaron estatuas, asolaron edificios, sepultaron la majestad y luz de las ciudades en sus ruinas. Vivieron, a pesar suyo y del tiempo, muchas hasta la entrada de los moros en España, mas su barbarie, su furia, ¿qué cosa dejó enhiesta?. No hubo, dice Rasis, ciudad ni villa buena en España que no la destruyesen los moros. Testigo es hoy esta ciudad, que con su libertad perdió juntamente la hermosura y aseo, que por tantos años habían procurado resucitar sus naturales, después que, expelidos los romanos, la entraron los godos. Vemos despedazadas columnas y estatuas de que apenas restan cual o cual pedestales y aras; y para mayor sentimiento, descarnadas no tanto a fuerza del tiempo, cuanto a golpes de piedras, las letras que pudieran ser alivio de las memorias perdidas a la justa curiosidad de los mejor entretenidos. Por que estar asidos a lo presente, sin dar un paso a lo pasado, ¿qué otra cosa es, como dijo el príncipe de la elocuencia romana, sino siempre ser niños?. Al fin contra tantas injurias, edades, guerras y tiranías, permanecen ahora doscientas columnas enteras, ultra delas quebradas, que donde se quiera se encuentran casi sin número. Entre estas muchas hay que suben doce varas en alto, tres y media en redondo; tienen otras diez varas de largo y de círculo tres; otras de diferentes tamaños. Las mayores sustentan los templos de Sta, Bárbara y Santa María, de los mas antiguos de la ciudad, aunque las basa cubre la tierra son muchas varas de su grandeza.

Quieren algunos que muchas de éstas sean del edificio de las casas y palacio de la Chancillería de Écija, que tuvo en tiempo de romanos, y que estaban éstas donde hoy la iglesia de Santa Bárbara, y corrían desde ella hasta la calle de los Caballeros, torciendo por ella hasta frente de la de Estepa, y de allí a la Plaza, en forma cuadrada; hermoso sitio para el dibujo de un arquitecto. Aquí imaginan ricas portadas, lonjas, patios, salas de habitación y de audiencia, con pavimentos de losas blancas, oficinas y escaleras en proporción, con muchas, muy airosas ventanas de agradable vista a la plaza, donde sacan la puerta principal del palacio. Discurso fundado en las ruinas y memorias antiguas, que en esta parte de la ciudad, mas que en otra se hallan, cuando abren zanjas para edificios; mas no tiene otro fundamento, que esta conjetura, en que sustentarse. Lo cierto es, que apenas hay casa, ni calle, ni plaza, ni esquina donde no la hagan trozos de mármoles que en el que ahora tienen, bien muestran lo mucho que les quitaron.

De los enteros uno aunque no de los mayores, lugar a dado al común proverbio, que de España ha pasado a las naciones extrañas, odio de los mal hechores: EL RROLLO DE Écija. Del roleo, vocablo de arquitectos, llaman rollo los españoles, lo que es redonda. Es una hermosa columna fijada buena parte debajo de tierra, que de la plaza donde primero estuvo, se trasladó y puso sobre la ribera oriental del río Genil, pasada la puente, donde comienza el arrecife camino de Córdoba. Tiene en cuadro repartidas otras cuatro columnas menores, trabadas con sus cadenas, para detener al pueblo que no haga estorbo a los ejecutores de la justicia. Sobre el capitel un león de mármol blanco, en las garras el escudo de las armas de la ciudad.

Hay calle particular con apellido de los Mármoles, aquella por donde se entra derechamente desde la puente, por la puerta que dijimos de Santa Ana, por la muchedumbre de los que allí se hallan debajo la tierra en edificios antiguos que por todo este sitio se descubren; cuyas ruinas muestran la grandeza que tuvieron. Hoy día se vé la frente de un mármol o columna, que siguiendo su tamaña para sacarlo, se halló que tomaba tres casas de largo. Vénse además de esto cabando dos varas, pavimentos o suelos de grandes losas cuadradas con pulimento. Hay opinión que hubo en este lugar algún edificio público, de algún circo, templo o curia.

Y siendo esta la calle mas principal y la entrada de la puente a la ciudad, tan frecuente de naturales y forasteros, no es de maravillar que ell mas que ninguna otra estuviese enriquecida de estos arreos, de que tan ambiciosos eran los romanos y sus moradores.
También es fama que las columnas que llaman de Hércules en Sevilla, aunque no fueron de él, tan celebradas por su grandeza, se llevaron de esta aquella ciudad, Persuádanse de un acuerdo que se halla en los libros de Cabildo, el año mil trescientos ochenta y siete que dice así:

“Por quanto les fue dicho, que Alfon Fernández del Marmolejo, veinticuatro de Sevilla, hazía prenda en la dicha ciudad en bienes de vecinos de Écija, por ocho mil maravedíes, que el Consejo avía a dar de los quince mil marauedís, que prometiera el Rei en servicio, e al Arçobispo los cinco mil, los quales son, los que oi ovo a dar el dicho Arcediano por los dos mármoles, que estavan en la Puerta Cerrada desta Villa, que del Concejo compró. E que por que desto non vengan mal ni daño a los vecinos de la Villa, ni sean prendados por ello, ordenaron que se embien estos dichos ocho mil maravedis al dicho Arçobispo, e que se paguen luego de la rentas, e propios del Concejo, e que recudan con ellos a Marcos Fernández Mayordomo del Concejo, que en el dicho Cabildo estaba, para que los lieve al dicho Arçobispo, e los de a el, o a el que el mandare, e traya carta de pago dellos, e de los dichos cinco mil maravedis de los dichos mármoles, que el dicho Arcediano pagó. Lo qual el dicho Marcos Fernández dixo, que le plazía; e mandáronle dar para su espensa sesenta maravedís”.

Dichosos tiempos, cuando con sesenta maravedís se socorría lo que hoy no se hace con sesenta mil. Lo que fue precioso en todos tiempos y todas naciones, tan vil es ahora en la nuestra, que ninguna mas que la moneda que corre; mercaduría es, lo que era preciso para comprarla. Tan pródiga ha sido España de sus riquezas, como avarientos los reinos donde se llevan. Jamás sale de ellos lo que una vez entra, ni se permite sacarlo. Madrastra es de sus hijos y madre de los extraños. ¿Qué reino, que nación hoy conocida en Europa, a quien no haya echo rica la nuestra?. El oro, la plata, los finos matéales que en siglos pasados dieron las ricos venas de nuestra tierra, romanos, griegos, fenices y muchas otras gentes nos la robaron; lo que ahora descubrimos y ganamos, en los nuevos mundos, nuestros enemigos lo gozan; y no hacen guerra con nuestras armas. No digo bien; nosotros se las ponemos en las manos, les convidamos con ellas, y mal así, como otro Diómedes y Glauco, las de oro, las de plata trocamos por cobre. Ha llegado el daño a estado, que deseándose y procurándose el remedio, apenas s halla otro que el de los desahuciados, dejarse morir.

El tan justo como común sentimiento me ha divertido de mi propósito; vuelvo a el y digo, que aquellas columnas dicen que se llevaban para la fábrica de una iglesia y piensan era la de Santa María Subterránea, que llaman ahora del Soterraño. Paréceles que no pueden ser otras que aquellas dos tan insignes, sin menoscabo, entonces en la entereza y hermosura que les han quitado las injurias del tiempo; por que ninguna otras hay semejantes en Sevilla, ni que pudieran costar precio tan subido de cinco mil maravedí, tercera parte del donativo con que servía esta ciudad a su rey. Ni se sabe que haya otro lugar en España de donde aquellas pudieses llevarse. En esto estriba la persuación de que sean aquellas columnas que se llevaron de esta ciudad. Mas otras se hallan en Sevilla, si bien de no tanta grandeza, de quien se puede conjeturar, que son las que de Écija se llevaron.

CAPUTLO VII. PIEDRAS, ESTATUAS, IDOLOS, COLOSOS, SEPULCROS ANTIGUOS DE TIEMPOS ROMANOS. MARCELO, PADRE DE DOCE HIJOS MÁRTIRES, ANDALUZ NATURAL DE ASTA, JEREZ DE LA FRONTERA, NO DE LEÓN.

Entrando del camino de Córdoba, por la puerta de la puente, que los moros llamaron Bibiluad, y nosotros ahora de Santa Ana, por la ermita de este título que tiene al lado; en la esquina de contra se vé, no sin dolor, una hermosa basa, si no es ara, de mármol, muy bien labrada, vara y media de largo y una muy poquito menos de ancho; sentada en el suelo, pies por cabeza, que tan bárbaro fue el oficial que la puso, y tan inconsiderados los que vieron ponerla, si la vieron algunos, que no repararon en ella; las letras casi todas rasgadas están a pedradas de muchachos traviesos; las que se van del talle son de los mejores siglos de los Emperadores, abiertas en todo proporción a compás. El título son las siguientes:

D. S. D.

En el cuerpo de la dedicación, que tenía muchos renglones, solo se ha podido leer el nombre de Augusto y de la ciudad, y si fue el primero de este nombre, como se puede entender, mas fácil sería de alcanzar lo que fue. Digo pues, que sin duda es ara consagrada a algún dios, y cuanto puedo conjeturar al Sol, a quien fue tan devota esta ciudad, que le tuvo siempre y le ha tenido por armas como diremos. El título parece claramente decirlo. Así interpreto aquellas letras: D. S. D., DEO. SOLI. DICATA. “Altar o ara consagrada al dios Sol”. Dedicación que se hallaré en muchas piedras y monedas antiguas, donde leemos estas u otras semejantes, que se hallarán recogidas por Huberto Goltzio en su Tesoro. En la ciudad de Astorga está una ara en las casas del Cabildo, dedicada al Sol. con esta letra:

L. O. M.
SOLI. INVICTO. LIBERTO. PATRI, etc.

“Esta ara consagró Quinto Manilio Capitolino a la luz de todos los mortales, al Sol invicto, al padre Baco, al genio del Pretorio, por la salud de su persona y de su casa”.

Así declaran las tres letras, L. O. M., y podría decir, “Luci Orbi Máxime”, “Al mayor planeta del Orbe”. Otros descifran así las tres letras: “Libero Optimo Máximo”; mas este título es de solo Júpiter, el mayor de los dioses gentiles; demás que después se nombra Libero con su título de Padre.

Ayuda mucho este pensamiento el nombre de Augusto, que solo se lee en la piedra; el cual fue celebrado por hijo del Sol, por que al tiempo de su nacimiento pareció en sueños a Octavio su padre, que del vientre de Accia su mujer, nacía el niño coronado de rayos de luz, en carrosa de cuatro caballo blancos, cual se pintaba al Sol y pintó al rey latino el poeta Virgilio, porque era hijo de Ciree, que fue tenida por hija también del Sol.

Y Escribe Veleyo Patérculo, Lib. II de su Historia, que sabida la muerte de su tío Julio Cesar, aceleró Augusto su camino a Roma, y entrando en ella le vió innumerable muchedumbre coronado de sol, en forma y color del arco del cielo, pronóstico del imperio que le esperaba.

De aquí las costumbres de coronarse de rayos los reyes, y llamarse soles también como se llamaban los persas. Tan antigua fue esta adulación en los súbditos y tan ciega la vanidad de los que mandaban, que a dos hijos, varón y hembra, que tuvo Marco Antonio de Cleopatra, reina de Egipto, al uno llamó Sol y a la otra Luna.

Favorece también esta opinión la grande honra y veneración, que siempre dio Augusto al Sol. Sujetado Egipto, trasladó de la ciudad de Heliópolis dos columnas, obeliscos de soberbia grandeza, y dejó otra tercera, haciendo escrúpulo de moverla, por estar dedicada con particularidad al Sol. Una de las otros dos que había levantado al rey Sesóstris, dedicó al Sol en el campo Marcio con este letra:

IMP. CAESAR.
DIVI. F. AVGVSTVS, etc.
SOLI. DONVM. DEDIT.

Vista esta dedicación, podría pensar alguno que las letras de nuestra piedra D. S. D. pueden descifrarse diciendo: “Donum Soli Satum”, don ofrecido al Sol. Mucha luz diera a lo que tratamos un coloso de notable grandeza semejante al del Sol en Rhodas, de quien solo ha quedado un pié, quebrado poco sobre el tobillo, que medida la planta de el hace media vara, y a proporción había de subir el cuerpo siente tantos; treS varas y media.

Llevólo de Écija a Málaga en años pasados un caballero ciudadano de ella, D. Luis de Torres, tan discreto como noble, y como tal aficionado estimador de las antigüedad, y se conserva en sus casas. La tradición es, que por esta piedra era basa de un ídolo, y asó lo muestra el pié del coloso, sin sandalia, de las que vemos en otras estatuas; y lo mas cierto del Sol. Obliga a pensarlo así, la calle del Sol, apellido que conservaron los moros y retienen hoy los cristianos, es esa la que está a la puerta de la puente; tan vecina como vemos a esta otra donde está hoy la basa o ara del Sol. Cuyo ídolo, como el mas principal pusieron los antiguos a su costumbre, a la puerta mas principal, y de mas general concurso de naturales y forasteros, cual es y ha sido la puente, de donde aquella calle se alzó con el nombre de Sol.

En la calle de la Paloma, en una puerta de casa, está una cabeza de estatua en medio relieve, de muy buena escultura y grandeza. En su aire, en la gravedad y majestad del semblante, bien representa persona imperial o divina; y es lo que mas me persuado, por no ser de relieve entero; y parece debía estar en la pared de algún templo sobre el altar.

En Alhonoz, pueblo en otros tiempos o aldea de ésta ciudad, ahora solo un castillo y el nombre, cerca de ella, a las riberas del río Genil, el año mil quinientos y sesenta y seis se descubrió un edificio donde se hallaron muchos ídolos y estatuas de alabastro, algunas de estado de un hombre, especialmente un hermoso Cupido, que se repartieron entre algunos curiosos, y ya no parecen. No las estimaron los dueños, que atentos, cuando a las armas, cuando a las granjerías, lo que para aquellas, o para estas, no les servía, poco o ningún cuidado les daba. Duélense ahora, ya tarde, de haber perdido lo que tan sin gasto ganaron y tan sin el conservaban. Pagan la desestima con el pesar; remedio de desdichados.

Los que de otros lugares conocían estas prendas, compráronlas de los vecinos de Écija a precio solo de ruegos; lleváronse fuera muchas piedras escritas; las que han quedado unas sirven de quicios, otras de umbrales de puertas, otras de cimientos de edificios, otras sepultadas en ellos. Descuido común en nuestro tiempo a muchos lugares.

En el compás de la segunda puerta de la Iglesia de Santa Bárbara, que sale a los naranjos, esta una piedra basa de estatua, tan gastado lo escrito y cubierto lo último en el edificio, que son muy pocas las letras que se pueden leer. Mas de lo que con buena diligencia pude copiar, se entiende que es dedicación a persona muy de cuenta.

La piedra es esta:

SEX. AELIO. M. . . . . . . . .
C. N. TITI. CILER . . . . . ..
C . . . . C . . . A. . . . . . E . . . . . .
FL. M . . . . D . . OR. AVGVS. .
CONCI . . C. . . A. . . . . . . . . NIS. . .
CONS . . . . . . . ENE . . .
. . . . . . . . . STATVAM.

Y conjeturando lo que falta de lo que tiene, parece se puede suplir de esta manera:

SEX. AELIO. M. GALERIA
C. N. TITIO. CILERNENSI.
CVST. COR. AUGVS. CAESARIS.
FLAMINI. DIVOR. AVGVST.
CONCIL. COL. AVG. F. ORDINIS. Q.
CONSENSVS. AENEAM.
CVM. BASI. STATVAM.
DECREVERE.

La sentencia es así: “ Esta estatua de bronce se puso a Sexto Aelio Titio Cilernense, hijo de Marco y nieto de Cayo, que fue capitán de soldados de guarda, y sacerdote de los sagrados Emperadores.”.

De esta familia hubo gente muy noble en Andalucía, como se vé en algunas piedras de esta comarca. Junto a Carmona, ocho leguas de Écija, se lee en una:

L. AELIO. BAETICAE. PROCOS, etc.

“Esta estatua colocaron a Sexto Aelio, Procónsul en Andalucía y a los Regidores de los lugares ó municipios de su patria, por la gran bondad y el valor con que gobernó la provincia por el sacro Emperador Maximiano, Herculoso, César Augusto”.

Viene con esta otra que está en la villa de Montemayor, la antigua ciudad Ulia, tan defendida por César, como infestada de Pompeyo, cinco leguas de Écija:

P. AELIO. P. F. FABIANO.
PATRI. AED. II. VIRO. Etc.,

“Levantóse ésta estatua a Sexto Aelio Fabiano, el padre, que había sido edil, y uno de los gobernadores de esta Ciudad, capitán de Cayo César dos veces. Pontífice de los sacrificios de los dioses y capellán del sacro Augusto”.

En Cintra, ciudad de Portugal, hay memoria en un sepulcro de otros tres de este linaje, y a la que parece por nombres, parientes los unos de los otros; y aun del hijo de Sexto nombrado en la de Écija, como probablemente parece. Lo que dice es que allí están enterrados Lucia Aelio Aeliano, hijo de Lucio, y Lucio Aelio Séneca su padre, hijo de Sexto; y Aelia Amena hija de Lucio, todos tres de la tribu Galería. De esta misma familia fue el Emperador español Aelio Adriano, hijo de otro del mismo nombre, primo de otro Emperador Trajano, también español.

De mucho mas lustre para España, y en particular de Andalucía, es el haber sido de esta noble familia el insigne capitán Publio Aelio Marcelo, mártir juntamente con su mujer y doce hijos, a quien algunos menos consideradamente hacen natural de León, habiendo sido su nacimiento en la ciudad de Asta, en Andalucía, que como probemos en su lugar es la misma que Jerez de la Frontera. Su verdadero nombre, su misma patria, sus oficios, su martirio y causa de el, escribe el arcipreste Juliano en su “Crónica”, por los años CCXCVIII (298), diciendo: “Publio Aelio Marcelo, natural de Asta en Andalucía, primer capitán de la vanguardia en la legión séptima, Pia, Feliz, que convertido a la fé por la predicación de Decencia, Obispo de León, junto con su mujer y doce hijos, creyó en Cristo. Celebrando, pués, los soldados el día del nacimiento del Emperador y ofreciéndole sacrificio el no quiso hacerlo. Preso por es y llevado a Tánger ante Agricolao, teniente de Prefecto del Pretorio, confesóse por cristiano, y que había arrojado de sí el tahalí de soldado, crimen entre los romanos muy grande; fue degollado por ello”.

No de balde hicieron algunos a S. Marcelo natural de Astasia, y conjeturó bien D. Francisco de Padilla en el tomo I de su “Historia Eclesiástica, Cap. XXIII, de la Centuria III,” diciendo que no se sabe de Astasia que lugar sea, sino es Asta; mas de esto diremos en su ocasión. Ahora tómela de este linaje de los Aelios españoles, para que no cubriese el olvido tan grande honra de España.

CAPITILO VIII. DE MUCHAS OTRAS PRENDAS DE LA ANTIGÜEDAD DE ÉCIJA Y HONRADAS FAMILIAS QUE LA HABITARON.

En la plaza, dentro de una tienda, en el cimiento de una pared, bien mal olvidada, está una ara de la buena fortuna, que aunque desechada en tinieblas, no dá poco luz a la antigüedad y grandeza de esta ciudad:

BONI. EVENTVS.
APONIA. C. F. MONTANA. SACERD.
DIVAR. AVGVSTAR. COL. AVG.
FIR. EDITIS. OB. HONOREM. SA-
CERD. CIRCENSIBVS. ET. OB. DEDI-
CATIONEM. ALIIS. EX. ARG. LIBRIS.
CL. D. S. P. D. D.

“Ídolo y altar del Buen suceso, el cual dedicó Aponia Montana, hija de Cayo Montano, sacerdotisa de las saeras Emperatrices, en la Colonia Augusta Firma, con gasto de ciento y cincuenta libras de plata, habiendo hecho fiestas públicas de caballos en el circo: una vez en hora de sus sacerdocio, cuando le dieron este oficio y otra cuando dedicó este ara”.

Des este dios del Buen suceso había templo en Roma. Con ocasión de las cifras, o abreviaturas, COL. AVG. FIR., algunos aficionados a buscar lustre a su patria, inventaron colegios y monasterios de sacerdotisas y vírgenes consagradas a esta. Interpretaron la cifra, aun que tan clara que no se necesitaba intérprete: COLLEGII. AVGVSTAE. FIRMAE. De este yerro, se deslizaron a otro, persuadiéndose y publicando que había en Écija conventos de estas sacerdotisas, cosa muy ajena de la antigüedad romana, y de lo que dice la piedra.

Esto es que Montana era sacerdotisa o capellana de las Emperatrices con la Colonia Augusta Firma, que es Écija, interpretaron ellos a su gusto: “Aponia Montana, Sacerdotisa de los doncellas Divas Augustas, hija de los Augustos Emperadores”; y se alargaron a hacer a esta Aponia Abadesa y primera en orden del Monasterio. Con el mismo fundamento que si por hallar escrito, que en Écija estuvo don fulano, capellán del Emperador Carlos V, afirmásemos que hubo en ella Monasterio de Capellanes. Confianza es, decretar lo que no se sabe: ¿qué será afirmar lo que no pudo saberse, por que no fue?. Aponia sacerdote fue para ofrecer los sacrificios, que al uso romano gentílico, se ofrecían a las Emperatrices en la Colonia de Écija, mas no abadesa de doncellas divas Augustas, hijas de Emperadores; porque, ultra de no haber tal declaración en la piedra, todo es falso lo que se propone; que ni hubo tan Colegio en Écija ni en España, ni lo hubo en el Orbe. ¿Cuándo se oyó jamás, que en aquel tiempo los Emperadores tuviesen sus palacios fuera de Roma, o que enviasen a España sus hijas, y fundasen Monasterios para ellas en ella?., Baste esto para desengaño: si es que puede bastar la verdad a quien sabe mejor el engaño; mayormente que está esta fábula en algunos de Écija con tan altas raíces, que unos la conservan escrita, otros en la memoria, y la refrescan en conversaciones, y son oídos como mas eruditos los relatores.

Bien es verdad que Guillermo Choul, varón de singular erudición en lo que escribe de la religión de los dioses de los gentiles, colige de otra piedra semejante, que hubo en León de Francia, Colegio de sacerdotes o capellanes de los Emperadores, que llamó Augustales Tiberio César, su primer instituidor. Este templo se consagró a Augusto como escribe Strabón; mas no por esto se ha de entender que estos colegios fuesen como casas de religión donde viviesen juntos los sacerdotes. Llamábanse Colegio como ahora la Universidad de los Beneficiados, y Cabildos de la Iglesias que sirviendo una misma tiene cada uno su casa particular, y llamamos algunas colegiales y Colegio también el de los cardenales.

Esta matrona Aponia Montana no podía ser menos que muy principal y poderosa, pues tan espléndidamente y con tantos gastos celebró su sacerdocio, y la dedicación del ídolo de su buena fortuna, con peso de ciento y cincuenta libras de plata, que a razón de doce onzas por cada una según usaban y usan ahora los romanos, hacen doscientos y veinte y cinco marcos de los nuestros. Sobraba entonces la plata, que ahora falta. De Drufilano Rotundo, criado del Emperador Claudio y su tesorero en España, escribe Plinio, que mandó labrar una fuente de plata de quinientas libras. Y pregunta el con razón, ¿cuánto número de hombres sería necesario para moverla, o en que convite podría servir?. Pues las fiestas que Aponia hizo no podían costarle menos que gran suma de plata. Eran las que del lugar donde solían hacerlas se llamaron circenses.

Circo es el nombre romano, a quien con mudanza de sola una letra, decimos CERCO los españoles, aunque también le llamamos “cercado”. Su forma era ovalada en medio de una gran plaza, con gradas alrededor, capaces de gente casi sin número, de que tenemos alguna muestra en la antigua Itálica, a quien por la mucha vecindad llama el común de la gente Sevilla la vieja. Cuyas ruinas lloran sus agravios, que aun no las dejan descansar en su desdicha, antes las fuerzan a servir en edificios ajenos, afeando el que tan hermoso fue en los siglos pasados. Que aún hasta las piedras combate la envidia; bien que el de Itálica es anfiteatro. Lo largo del cerco, la carrera de un caballo, fabricado todo de cantería ricamente labrada. En la una punta, o frente, estaban unas columnas pirámides y correspondientes a la otra las cárceles. Así llamaban el lugar donde como en prisión estaban detenidos los caballos hasta el tiempo de la carrera. Y las fiestas eran, que partiendo de aquí diestros cocheros en carrozas despalmadas de dos, de tres o cuatro caballos, corrían en torno, con este aviso y destreza, que el que primero y mas junto de las columnas pasaba, sin tocas en ellas, ese llevaba la gala de la victoria. Precedía una solemnísima procesión, a que ellos llamaban POMPA, cuyo acompañamiento y aparato tan grande era, tan lustroso y de tanto gasto, cuanto se podrá ver en Dionisio de Halicarnaso, y en otros autores que lo repiten.

Era este cerco consagrado al Sol, padre de Circe la encantadora, de quien dice Tertuliano que tomó el nombre de “Circo”. Su templo estaba en medio, y en lo alto su imagen; lo demás de estas fiesta no es de este lugar. Lo dicho sirve a fin de que se entienda la majestad de esta ciudad y el caudal de sus moradores; pues uno solo no contento con haber celebrado la honra de su sacerdocio con tan costosas fiestas, después hizo otras en la dedicación del ídolo de su buena suerte, no menos que con doscientos y veinte y cinco marcos de plata. Con la idolatría de los romanos, pasaron estos juegos a las provincias, bien que no se hacían en ellas con tanto aparato como en Roma.

Parece que en esta ciudad, como consagrada y devota al Sol, se usaban mas regocijos, que era dedicados al Sol ellos y el lugar donde se hacían. Aprendieron la costumbre y estilo de hacerles nuestros españoles de los romanos, y como tan buenos hombres de a caballo y tan aventajados en los caballos de la tierra, hacínales ventaja en hacerlos.

En Cazlona hallamos memoria de Uncino Severo muchas veces vencedor en los juegos de Roma, y en Tarragona de otro Fusco, famoso en ellos y en la misma ciudad.
También está allí el sepulcro de Eutichete esclavo de veinte y dos años, diestro cochero en el circo, a quien sus dueños pusieron una piedra con siete dísticos de harto buen aire, que se podrán gozar en las antigüedades de este lugar, que recogió nuestro cronista el maestro Ambrosio de Morales. Y en ellas se hallará memoria de Lucio Numicio Montano, caballero muy principal de esta familia Montana, que ultra de todos los oficios de honra que tuvo en su patria, fue también sacerdote de toda la España tarragonesa, y uno de los dos varones que tuvieron a su cargo celebrar los juegos Quincuatrios a la diosa Minerva. Tuvo dos estatuas, la una que le puso en la plaza Lucia Numicia Victorina, su hija; la otra que toda la provincia le dedicó. También tenemos en Córdoba otra piedra en las casas que fueron del doctor Agustín de Oliva, insigne médico, hermano del Maestro Ambrosio de Morales; basa de estatua que Montaño Rufo puso a su padre Quinto Herecio Rufo.

En el lienzo de pared donde tiene el altar mayor la Iglesia de San Francisco, por la puerta de fuera en la calle que sale a la plaza, se leen hoy en dos tablas de mármol dos dedicaciones no menos honradas, sino tan costosas, y en la una de ella el nombre de la ciudad:

P. NVMERIVS. MARTIALIS. ASTIGI-
TANVS. SEVIRALIS. SIGNVM.
PANTHEL TESTAMENTO. FIE-
RI. PONIQVE. EX. ARGENTI. LI-
BRIS. C. SINE. VLLA. DEDVCTIO-
NE. IVSSIT.

“Publio Numerio Marcial, natural de Écija, uno de los seis Capellanes o Sacerdotes de los Emperadores, mando por su testamento hacer y colocar este ídolo del dios Pantheo, de cien libras de plata, sin que de ellas se sacase cosa ninguna”.

Y advierte esto por que los Emperadores tenían la veintena de toda la hacienda de los difuntos. Tributo no menos odioso que grave. Los herederos, en satisfacción de este daño, sacaban también la veintena de todos los legados, y mandas, y no quiso P. Numerio, que de las cien libras, o ciento cincuenta marcos que vales, se sacase nada de esta imposiciones, sino que se supliese de su hacienda de manera, que de ella se pagase a los tesoreros del Emperador la veintena que le tocaba; y tenían en todas las provincias criados que las cobrasen, y escribanos de rentas, como ahora en las ciudades que son cabeza de partido. Así lo muestra una piedra de sepulcro que puso a Feliz esclavo ahorrado de Augusto, escribano de la veintena de herencias en la España Citerior, su compañero en la esclavitud y libertad Hilario, que tenía el mismo oficio en la de Portugal. Esta imposición quinto a nuestro español Trajano, Emperador, y de ello le alaba Plinio el segundo en su “Panegírico”.

Resta saber que ídolo fue este Pantheo, porque todos leen en las fiestas que escriben los autores del “Flos Sanctorum”, cuando llegan a la que es común a todos en el primero de noviembre, que en Roma edificó Marco Agripoa un soberbio templo en figura de círculo, que hoy dura muy otro en la riqueza y ornato de lo que fue. Consagráronle a Júpiter, y a todos los dioses que en el se cifraban y era el Sol., cuyos efectos, como diremos en las armas de esta ciudad, significaban en los nombre de los demás, con que la ciega gentilidad de un solo dios levantó innumerables. No se ha de entender que el ídolo de este ciudadano de écija, fuese alguna figura de este templo, como alguno pensó. Fue, no hay duda la estatua de Júpiter a quien principalmente se dedicó; de quien halló memoria en una ara antigua, con este título; D. PANTHEO. EX. V.; “Altar dedicado a Júpiter, por voto”, o en cumplimiento de un voto. También se halló en Sevilla otra, donde está la fuente del Arzobispo, que Lucio Lucino Adamante, consagró a PANTHEO AVGUSTO, y es lo mismo que decir: al Sol, o Júpiter, que es todos los dioses. Después que la soberbia humana rompió el feto y acometieron los hombres a la divinidad e hicieron guerra los gigantes al cielo, símbolo de la locura de aquellos, que siendo hombres, y no de los buenos sino de los peores del mundo, quisieron ser tenidos por dioses; también salió de madre la lisonja y adorándolos como a tales. Drufila, la mujer de Marco Lépido, fue declarada diosa con título de PANTHEA, y consagraron templo a su nombre.

En otro piedra que se halló de esta otra parte del río Genil, al Oriente, hay memoria de otro Publio Numerio, natural también de Écija, pariente a lo que parece del pasado, aunque con sobrenombre de Aquiles, y con la razón porque se puso:

P.NVMERIVS. ACHILLES.
ASTIG. ANN. XC. VIII. PIVS.
INSVIS. H. S. E. ILLI VIS.
CORP. MAGNA. MERITO. ILLI . R.

Insigne ciudadano por cierto, en la valentía, en la edad, en los hechos, que mereció por ellos el renombre de Aquiles. Y bien muestra lo que la piedra dice de su grandes fuerzas, que no era nombre aquel de familia, sino de su valor, que como ahora al que lo tiene decimos que es un Aquiles, o un Cid, también lo decían antiguamente. Valeria Máximo en el cap. I de su Lib. III, escribe de Metelo el vencedor de Macedonia, que traía por su teniente a Quinto Cocio, valeroso soldado, a quien por su grande esfuerzo llamaban Aquiles. De sus hechos hay memoria en las Historias de España, porque estuvo en ella. El fin de esta piedra, “MERITO. ILLI. RQVIES.,” se puso con buen acuerdo; porque con mucha razón reposaba en la tierra un hombre, que sobre tantos lances de fortuna ay trabajos como suelen acaecer a los valientes, los había sufrido dos años menos de ciento.

Dice después el sepulcro:

“Publio Numerio el Aquiles, natural de Écija, de noventa y ocho años de edad, agradable a los suyos, está aquí sepultado. Hombre de grandes fueras que con razón descansa en tierra”.

Que aun los gentiles tenían por descanso la sepultura, y pensaban que reposando el cuerpo en la tierra, volvía el alma al cielo como a su origen. Así lo muestra una piedra en Vicencia, que trae Manucio en su “Ortografía: In. Eo. Quidem. Cadáver. Quies. Esto. Alió. Autem. Revertito. Animus”.

El nombre de Marcial también la hallamos en Andalucía en una piedra de sepulcro que está en Cádiz, donde se dice que allí está enterrado MARCIAL, niño de cuatro años. También parece del nombre de Numerio otra piedra que se halló en una torre de la muralla de Écija, con estas letras, que tienen dificultad:

M. N.
ISTORICVS. L. PEDAGOGVS.
D. S. D.

Pensó alguno que esta fue ara, y la declaró en esta manera: “ Marco Numerio, ayó e historiador de Lucio, la ofreció a los dioses sagrados”. Mas es engaño manifiesto, porque ni las cifras últimas D.S.D., significan en aquel lugar lo que dice; ni ISTORICVS es allí historiador, ni PEDAGOGVS, es ayo, ni Lucio la L.; es basa de estatua que puso a Marco Numerio, su liberto Histórico Pedagogo, que como se ha dicho, es esclavo ya libre, y las cifras últimas dicen, “De suo dedit, o dicavit”, que la puso e hizo de su dinero. Que ISTORICVS, no sea historiador el faltarle la H del principio lo persuade, porque con ella se escribe el que lo es, y lo mismo se puede decir PADAGOGVS, a quien falta en la primer silaba el diptongo AE. Demás que no es nuevo hacerse nombres propios de apelativos. Todos son conjeturas, estimaré las mejores. Bastará para este capítulo. Diremos en el siguiente lo que resta de esta suerte de antigüedades.

CAPITULO IX. ARAS DE MARTE Y DE LA PIEDAD, CONSAGRADAS EN ÉCIJA, Y VARIOS SEPULCROS Y FAMILIAS DE CIUDADANOS HONRADOS.

En la parroquia de San Juan, en las casas del Baño, que así se llaman por que lo hubo allí en tiempos pasados, descubriéndose unos edificios muy antiguos, se halló una ara del dios Martes con esta dedicación:

DEO. MARTI
SEP. TIMENVS
R. P. A. EX. VOTO
S. POSVIT.

“Séptimo Timeno, por voto que había hecho, dedicó este altar al dios Marte, a devoción de la ciudad de Écija”.

Esto es, para que en el pudiese ofrecerles sus sacrificios y si eran los que en los primero siglos de la idolatría usaron los españoles, ninguna gracia le hizo, si aun duraba en este tiempo aquella bestial costumbre de sacrificar hombres, introducida en España por los griegos, fenices y cartaginenses, especialmente al dios Marte; que si bien procuraron desterrarla los romanos aun no lo estaba del todo en tiempo de Nerón, como se colige del Concilio Iliberitano, Can. III.

En la misma pared de la Capilla de S. Francisco está otra piedra con esta dedicación a la diosa Piedad:

CAECILIA. TROPHIME. STATVAM. PIE-
TATIS. TESTAMENTO. SVO. EX. ARG. P.
C. AVO. ET. CAECILII. SILONIS. MARI-
TI. SVI. NOMINE. PONI. IVSSIT.
D. CAECILIVS. HOSPITALIS. ET. CAECI-
LIA. D. F. MATERNA. ET. CAECILIA PHI-
LETE. HAEREDES. SINE VLLA. DEDV-
CTIONE. XX. POSVER.

“ Cecilia Trophine, mandó en su testamento, que en nombre suyo y de su marido Cecilio Silón, se hiciese y colocase una estatua a la Piedad, que pesase cien libras de plato. Decio Cecilio Hospital y Cecilia Materna hija de Decio, y Cecilia Filete sus herederos, la hicieron sin sacar de ellas la veintena, que pagaron ellos de mas a los Emperadores”.

El nombre de Trophine no lo he encontrado sino en sola una piedra que se halló en Denia, en la ermita de Sta. Paula, donde se dice que Trophine hija de Lucio Valerio, teniente de capitán general, puso estatua a su padre. Tráela Antonio Beuter en la “Historia de Aragón”. En Roma se halló del mismo nombre a Cecilio Tropimo, Lucio Tarquicio Trophimo, Lucio junio Trophimo, a Trophimes Hermes y por último a Ennia Trophimena.

Los que, como arriba dijimos, por hallar en Écija matronas sacerdotes de Emperadores, inventaron colegios y monasterios en ella, por haber encontrado estas dedicaciones y estatuas de dioses, también afirman que hubo templos de todos ellos; no con mas fundamento esto que lo primero. Verdad es que hubo en Roma templo del Buen suceso, de Marte y de la Piedad y en ellos estaban sus estatuas, mas estas también andaban fuera de sus templos. No pensaran esto si advirtiera que entre los gentiles, las plazas, los cantillos de las calles, las puertas de las ciudades, los zaguanes de las casas, todo estaba lleno de dioses. No dudo que hubiese en Écija por aquel tiempo muchos y muy insignes templos, como lo muestran las grandezas que en edificios sepultados se descubren, y la riqueza de sus vecinos tan celosos en la superstición de gentiles, que tan liberales mandas dejaban en sus testamentos, y tantos gastos hacían en sus ídolos y en las dedicaciones de ellos; mas no hacen argumento las estatuas de los dioses, de que los haya habido, donde las hubo, si no le dan fuerza otras razones o conjeturas, cuales aquí no se muestran. Mayormente, que las dedicaciones, si fueran juntamente de estatuas y templos, o colocadas en ellos, en ellas se declarara; de que pudiéramos dar muchos ejemplos; mas daremos uno o dos, que bastan, y sea el primero el que traen Pedro Apiano, Antonio Filandro y Ambrosio de Morales, y dicen que es lamas antigua de España, que se halló en Roma, y dice así:

“Lugar consagrado a Palas vencedora. Aquí desbarató y venció Catón a sus enemigos y dejó edificado un templo., aunque pequeño, maravillosamente labrado, con una imagen de bronce de la diosa Palas”.

En Murviedro, la antigua Sagunto, en la Iglesia de la Santísima Trinidad, está una piedra que dice:

M.MARTIVS M. F. CELSVS
HERCVLEM.
CVM. BASI. ET. ARA. ET.
SVBSELIIS, etc. DD.

En Cazlona pone Ciriaco Anconitano otra muy a propósito, que se verá en el mismo autor y en ella dice que los de Cazlona levantaron aras y templos a los Cipiones.

Todas las dedicaciones que hallamos en Écija, aunque de modo lustre y grandeza, no pasan de aras o memorias de ciudadanos insignes; de que también tenemos gran número en los sepulcros, cuyas piedras, aunque no todas de particular calidad me pareció poner aquí juntas, porque no las lleve, como a las demás, el olvido, La de mejor aire se halló en la calle que dicen de Pedro Barba, el año mil quinientos sesenta y seis.

Púsola una mujer a su marido:

L.PETRONIVS. L. PRIMVS
HIC. SITVS EST.
VXOR CHARA. VIRO MONV-
MENTVM. FECIT. AMANTI
POTARAM. IN. MANIBVS. CONIV-
GIS. OCCIDERE.
QVUEM. QVIA. FATA. NIMIS. RAPVERVNT
TEMPORE. INIQVO,
OSSIBVS. OPTO. TVIS.
SIT. PIA. TERRA. LEVIS.

“Lucio Petronio Primo, hijo de Lucio, está aquí sepultado”.
“Una mujer de su marido amada,
Que deseó en sus manos dar la vida,
Aquí dio a su marido sepultura.
Y ya que a tan mal tiempo el fiero hado
Le arrebató importuno; la piadosa.
Tierra, deseo, que le sea liviana”.

En san Pedro de Villacorza, no lejos de Reina, hay memoria de un Lucio Rufino Primo, y mas cerca, en Utrera, la hay en otra piedra de FLAVIA PRIMA, que murió de veinte y dos años y medio y fue mujer de Cayo Aurelio Ampliato, que le puso el título. Frente de las puertas de D. Miguel de Eraso, en el compás de las casa, está en la pared una tabla de mármol blanco, que dá gran noticia de una noble y poderosísima familia de los Bebios en Andalucía y dice así:

VALIA. M. H. PAVLA. ANN. XXXXV. H. S.
E. S. T. T. L.
M.VALIVS PRISCVS. M. BABEBI. L. ANN. XXII.
M.VALIVS. BASSVS. M. L. ANN. XX.
M.VALIVS. ROMANVS. M. L. ANN XXXII.
BAEBIA. M. F. CRISPINA. ANN. XX. H. S. E.
T.T. L.

En lo bajo del primer renglón, en lo que restaba sin letras se añadió otro, que por olvido se le debió quedar al cantero, y lo abrió tan mal, y con tanta confusión de letras mayores y menores, y de tan diversas formas, para que cupiese, que no puede entenderse bien lo que dice. Lo demás está claro, si bien pude dificultarse en la H, que pudiera descifrándose decir MARCI. HAERES; mas en este lugar juzgo que dice, Mater Horum, con esta sentencia:

“Valia Paula, madre de los abajo escritos, está aquí sepultada, a los cuarenta y cinco años de edad, séale la tierra liviana; y con ella también están sus hijos Marco Valio Basso, liberto de Marco, de veinte y dos años; Marco Valio Prisco, liberto de Marco Bebio, de veinte y dos años; Marco Valio Romano, liberto también del mismo, de treinta y dos años, y últimamente Bebia Crispina, hija del dicho Marco Bebio; no le dé pesadumbre la tierra”.

Esta familia de los Bebios, en España y fuera de ella, fue de las mas nobles y honradas y poderosas de aquellos tiempos. El año de la fundación de Roma 536, fue enviado por embajador a Aníbal, Quinto Bebio Pánfilo. Muchos años antes, ciento y noventa antes del nacimiento del Redentor, vino con oficio de Petror a España Marco Bebio Pánfilo, y trece después vino con el mimo oficio Lucio Bebio Divite, aunque no entró en posesión de él, porque en una batalla que tuvo en el Genovesado, salió mas herido y murió retirado en Marsella. También corrió la misma fortuna Cayo Bebio Pánfilo en los insubres de Francia, con mas de seis mil seiscientos soldados. Otro Marco Bebio, hermano de Gneyo Bebio, había sido cónsul el año 573 y había tenido muchos oficios en la paz y en la guerra. De estos eran descendientes los que hallamos de este nombre en España, Aulo Bebio, uno de los tres caballeros que cubiertos de plata, ellos y sus caballos, como refiere Hircio en las guerras civiles, se pasaron de Asta al campo de César. Dos Publios Bebios, padre e hijo, que como dice una piedra que se trajo del río Javalón a Almagro, hicieron la puente que tiene. L. Bebio Pardo, en Murviedro, donde puso epitafio a Gemina Mirsine, que se hallará en las Antigüedades del maestro Ambrosio de Morales. Bebio Probo Andaluz, que fue ministro de Aulo Cecilio Clásico, Procónsul en Andalucía y condenado con el en Roma por los cohechos que hicieron, en destierro de cinco años y restitución de lo mal llevado. Finalmente en la villa de Linares como a una legua de Cazlona está una piedra, que se trajo de aquel despoblado con estas letras:

BAEBIA. M. F. SABINA. H. S. E.

que corresponden a las del último renglón de la nuestra, BEBIA. M. F. CRISPINA. H. S. E., y parece se podría conjeturar, que eran hermanas, hijas de Marco Bebio, ciudadano de Écija, tan principal y de tanto caudal, como muestra el mucho numero de libertos que refiere la piedra.

Mayor gloria tiene España por el glorioso mártir San Venusto, que juntamente con Faustino y Timoteo, padeció en Roma imperando Nerón. Era natural de Oreto, ciudad antigua no lejos de Calatrava, y llamábase Publio Bebio Venusto, que después de muchos oficios honrados, fabricó la puente sobre el río Javalón, en honra de la Santísima Virgen, para dar paso a su templo, que conserva el nombre de Santa Maria de Oreto. Así lo escribe Julián Pérez en sus “Adversarios”, número 150, y así lo confirma la piedra que puso en su dedicación a la puente. Hallaráse en las Antigüedades de Ambrosio de Morales, al título Oreto, donde advierte, que esta piedra se llevó a la Villa de Almagro.

No es de menos calidad, y tan espléndida o mas en Andalucía, la familia que muestra otra piedra que se halló en la Cintería, una de las calles de esta ciudad, de las que entran por la parte de Oriente de la plaza; en casa de Cristóbal de Figueroa, presbítero. Dice así:

L.VIVIVS. L. F. PAP.
RVSTICVS. H. S. E.
S.T. T. L. IN. F. P. XIIII:
IN. A. P. X.

“Lucio Vivio Rústico, hijo de Lucio, de la tribu Papia, aquí está sepultado. Tiene su sepultura por la frente del camino catorce pies, y por lo ancho el campo adentro diez”.

Estos Vivios tan ilustres eran y tan poderosos, que en su nombre batían moneda, privilegio de solas personas imperiales o que por su nobleza y merecimientos los habían alcanzado. Antonio Beuter, en su historia, hace mención de esta familia como muy principal en España; testigos las piedras de Valencia, Alicante y Murviedro. No son menos las de Andalucía: en Cádiz fue vecino y natural, Lucio Vivio, uno de los seis capellanes de los Emperadores, y Aulo Vivio Rufo, hijo de otro del mismo nombre. En Jaén Sempronia Fusca Vivia, hija de Aurelio Fusco Vivio, en compañía de Cayo Sempronio Semproniano, trajeron a su costa el agua de los baños, y dieron para ello trescientos pies de sitio de un bosque suyo, donde nacían las aguas.

El sobrenombre de Rústico, no es lo que algunos por yerro declararon y escribieron, hombre de campo, sino apellido propio de Lucio Vivio, no menos honrado que el primero en España. Hallo memoria en Tarragona de Lucio Ovinio Rústico, que siendo español, había sido Petror, Tribuno y electo Cónsul en Roma, y en Misia la inferior teniente de las legiones. Está la piedra en la Iglesia de San Miguel, y porque nos acerquemos a Écija, en Cartama hay otra piedra, donde se refiere que Junio Rústica reparó allí las lonjas públicas, que estaban arruinadas; dio solar para un baño; desempeñó los propios de la ciudad; puso estatua de metal al dios Marte; labró un estanque con otra del dios Cupido, y cuando las dedicó, hizo fiestas y dio mesa franca al lugar. Puso estatua a su abuela, a Cayo Fabio Juniano su marido y a su hijo del mismo nombre: y últimamente la suya, y celebró su dedicación. La historia de estos hechos dice las riquezas y generosos ánimo de la matrona Junio Rústica. Y paso a Castro del Río, lugar tan vecino, donde Marco Clodio Rústico, y Clodio Marcelo, dedicaron un templo al Emperador César Vespasiano Augusto, a su costa. También junto a Utrera en el cortijo Zarracatín, donde fue el antiguo Municipio Siario, puso estatua al Emperador Adriano, M. Cucio Prisco Missio Rústico. Y en Antequera la puso a Galo Maximiano, Procónsul, Cayo Fabio Rústico; en Alcolea, poco delante de Lora, Fabia Rústica dio sepultura a su hijo. En Córdoba tuvo Porcio Ladrón, aquel famoso orador, un pariente llamado Rústico Porcio. Dextro, en 117, hace memoria de S. Marco Bolano, hijo de Rústico Bolano, español que fuñe Cónsul juntamente con Pisón, año de Roma 864. En Villalva, nueve leguas de Sevilla, en la iglesia mayor hay una dedicación a la diosa Juno, cuya estatua hizo de cien libras de plata Marco Calpurnio Séneca Fabio Turpión, capitán de la primera legión del Socorro; procurador de la provincia de Portugal y Vetonia, general de la armada Pretoria de Rávena; en cuya dedicación dio mesa franca a hombre y mujeres, su mujer Sucronia Rústica, hija de Cayo.

En el convento de S. Francisco, en la pared de la huerta estuvo otra piedra de sepulcro, que ahora no se donde está, aunque he procurado hallarla, porque lo último de ella no puede entenderse bien lo que signifique: ella es así:

MARCVS. ARMILIVS.
LV. F. MAVRVS.
PVDENTIS. NEPOS.
H. S. E. FECIT.
Q. STATVAM:
FVNERI. XII. A.

“Marco Emilio Mauro, hijo de Lucio, y nieto de Pudente, está aquí sepultado y dejó hecha estatua para su entierro. El número XII con la A, interpretó el que la copió, el doctor Carranza de Valdenebro, a quien se debe el haber copiado éstas y muchos otras piedras que ahora no parecen, porque parte se han llevado curiosos a otros lugares, parte se enterraron mal advertidamente en los edificios; éste, digo, la interpretó: “que hizo la estatua de niño de doce años”. Pudiera entenderse que es número de los piés, que tenía de ancho el sepulcro, y que no leyéndose lo demás decía IN. AGRO, que, como ya se ha dicho, significa lo que el sepulcro tomaba de sitio religioso al campo adentro, y faltaba lo que tenía de largo por la frente del camino. Tengo por cierto que después de la A. Falta una P, que es muy verosímil, y será la materia y peso de ella, con que se hizo la estatua. Con este sentido: “Fecitque statuam XII argenti pondo”. Que hizo una estatua, que pesaba doce libras de plata, para que se pusiese sobre su sepulcro; cosa no permitida sino a pocos, como lo significa Cicerón en su IV Filipica, donde dice, que estatuas se concedían a muchos, pero no con sepulcro. Tito Livio en el libro VIII, de su IIII Década, dice, que en Roma y en Lynterno había sepulcros de Scipión y sobre ellos su estatua y añade que en Lynterno la tenían los dos Scipiones y el poeta Quinto Ennio. Del linaje de los Aemilios, sabido es cuan calificado fue entre los romanos. El de los Mauros también lo fue en Andalucía, de quien hay memoria en otro piedra, que se halló en el castillo de Alhonoz, con el título, que falta en otras:

D. M. S.
L. MVMMIVS.
MVRUS. AN. LXX.
VII. PIVS. IN
SVIS. H. S. E.

En Sagunto, o Murviedro, hay otro Marco Cornelio Mauro.

CAPITULO X. PROSIGUE LO QUE RESTA DE LAS ANTIGÜEDADES ROMANAS DE ÉCIJA.

En el osario, sitio deputado para entierros, que se extendía fuera de los muros desde la Puerta de la Verdad, que ahora se dice de Palma, porque sale al camino de ella, hasta la Puerta Cerrada, casi siempre que para edificios se abren cimientos, se han descubierto muchas piedras de sepulcros y otras antigüedades. Uno estaba bien labrado de ladrillos grandes colorados, que llamaban tégulas, o tejas, los romanos, y dentro una urna pequeña al uso antiguo, y un anillo de oro con una amatista; la losa de encima tenia escrito:

D. M. S.
C. FANIVS. VENVSTVS.
AN. XXXXV.
PIVS. IN SVIS.
H. S. E. S. T. T. L.

“Memoria consagrada a los dioses de los difuntos. Aquí yace Cayo Fanio Venusto, de cuarenta y cinco años de edad, bien acondicionado para los suyos; no le abrume la tierra”.

En Fuenteavejuna en la puerta del castillo, la hay también de Venusta, mujer de Cayo Sempronio Sperato, capellán en Andalucía de los sacros Emperadores, a quien puso estatua el cabildo de este lugar; es muy honrada la piedra.

En otra parte se descubrió un edificio, y en él algunas estatuas con el vestido a lo griego, y una piedra en esta manera:

L. BERCIVS. APER. NOV. MONV.
II.VIR. FILLAE. ANN. XX.
CVM. AVRE. MA. SINEIE.
AN. LX. PII. IN. SVOS.
H. S. S. S. V. T .L.


En otro traslado que he visto, en lugar de APER, está mejor ASPER, que sin duda era sobrenombre de Lucio Bercio. La dicción IVRE, no se ha entendido que significase. Mas advirtiendo que no es I la primera, sino línea segunda de la A, se vé claro que dice AVRE, y es abreviado de Aurelia, con que no tiene la piedra dificultad y dice:

“Lucio Bercio Asper, uno de los dos gobernadores de Écija, abrió un nuevo sepulcro a una hija suya de veinte años. Ella y su madre Aurelia Sineye, que era de sesenta, ambas muy buenas para su gente, están aquí sepultadas. No las moleste la tierra”.

Del sobrenombre ASPER, hallo nombrado en Covarrubias a Lucio Ligurio ASPER. En el mismo lugar se hallaron las siguientes:

SABINA. VEROTIS, ME-
DICI. VXOR. AN. L. M. VI.
PIA. IN. SVIS. H. S. E.
T. T. T. L.

“Sabina, mujer de Verotis, médico; de edad de cincuenta años y medio, apacible a los suyos, aquí está sepultada. No le haga peso la tierra”.

En Castro de Rubias, en Galicia, se halló pocos años ha una estatua de piedra, desnudos los brazos, con un fajo militar ceñido con un tahalí grabado, embrazada una rodela, o escudo redondo con su punta en medio, que llamaban los romanos “Umbo”, con este letrero:
“ADRONO. VEROTI. T.”, y en la basa de la estatua dice así:

FVRNIA. AVCTINA.
ANN. XXXX.
PIA. IN. SVIS. H. etc.

“Aquí yace sepultada Furnia Auctina, mujer de cuarenta años, etc.”

LVCIVS. CALLIVS. PHILO. CYPRI-
VS. MUTICARIENNSIS. PIVS.
MVLIERES. LIBERTVS.
H. S. E.
ANN. XX. SIT. TIBI.
TERRA. LEVIS.

“Lucio Calio Filón, natural de Chipre, agradecido liberto de una mujer llamada Muticariense, aquí está enterrado. Tenía veinte años; no le sea pesada la tierra”.

Persuádome que la copia de esta piedra está errada y pudo leerse: “PIVS. MVTLE. CAVRIENSIS. MVLIERIS. LIBERTVS. “Liberto de una mujer llamada Mucia, natural de Coria”. O bien CARINSIS, que también hallamos lugar de este nombre en una piedra de Tarragona, donde se nombra Psthumia Nepociana, o Marceliana, capellana del lugar de Carense.

Dentro de la Puerta Cerrada se halló en edificios antiguos una losa de alabastro finísimo, que decía:

IVLIA. SEXTA.
TIBERII. STABILIS.
ANN. XXV.
H. S. E. D. Q. L. S. T. T. L.

La dificultad que tiene esta piedra son las tres letras D. Q. L., que no se hallan entre las notas de los sepulcros, y yo las declaro así: DESIGNATO. QVIDEM. LOCO.
Dice pues:

“Julia Sexta, mujer de Tiberio Stable, de veinte y cinco años aquí yace, en el lugar que le señaló la ciudad, etc”; y estuvo bien advertido que tuvieron licencia de la ciudad para enterrarla allí, donde no había costumbre de enterrarse fuera del osario. Y era calidad particular el ser también particular el lugar. A Lucio Porcio Stilo, hombre principal en la ciudad de Obulco Pontificense, que hoy es la villa de Porcuna, le dá el Cabildo, LOCVM. SEPVLTURAE. IMPENSAM. Lugar para su sepulcro, el gasto del entierro, oración, o sermón en su alabanza, y estatua de su persona a caballo. En la villa de Alcolea, municipio en tiempo de romanos llamado Flabio Arvense, hace el Cabildo la misma merced a Quinto Trayo Areyano como parece escrito en la basa de su estatua en el mismo lugar y se halla en muchas otras.

A la Puerta de Osuna, abriendo unos cimientos se halló esta piedra:

D. M. S.
CALLISTVS.
ANN. . III.
M. X. P. I. S.

“Consagrado a los dieses de los difuntos, con dolor del corazón. Calisto, ¡ay dolor!, niño, ¡ay dolor!, de tres años y diez meses, agradable a su gente, está aquí sepultado”.

Otro tendrá por galantería de la piedra los corazones; como gustare.

En la calle de la Paloma, que va a la misma Puerta se halló otra, que dice:

D. M. S.
VERSONIA.
FELICITAS.
ANN. LVIII.
PIA. IN. SVIS.

“Aquí yace Versonia Buenaventura, de cincuenta y ochos años de edad, señora de buen trato con su gente.”.

En el mesón nuevo, que estos años pasados se edificó de la otra parte del río Genil, camino de Córdoba, se hallaron dos piedras de mármol blanco pequeñas. La una está sobre la puerta de un aposento en el Zaguan de la casa, y dice así:

D. M. S.
CORDVITA. CRESTINA.
C. LIB. ANN. XXIII.
PIA. IN. SVIS. H. S. E. S. T. T. L.

“Aquí yace Corduita Crestina, esclava ahorrada de Cayo; era de veinte y tres años, y servicial a los suyos”.

En Roma hallo el mismo nombre de Crestina, ama de Marco Aurelio Antonio, Emperador. La piedra la trae Manucio en su “Ortografía”, verbo CAERELIVS.

La obra está quebrada, y aunque le faltan algunas letras, se entiende bien lo que dice:

S. M. …
SILIA. EROI…..
ANN. XXXIII. …..
IN. SVIS. H. S. E.
S. T. T. L.

“Aquí yace Silia Heroína, de treinta y tres años, apacible con los suyos, etc”.

Muy semejantes a los nombres de estas dos piedras, son los de otras dos de Roma, donde en la una está Eros Coruncania Chreste, liberta de Quinto; en la otra, Cresta esclava mujer de Célado Antonio, médico cirujano de Drufo.

En la parroquia de Santiago, en la calla de la Palma, que hoy no existe, sirve de quicio una piedra en que se lee:

L. CONER. HIC.
SITVS. EST.

De esta familia de Cornelios, nobilísima de las primeras y mas antiguas de Roma, hubo en Andalucía muchos y muy ilustres varones, de que hablamos en nuestra Málaga.

No son de menos antigüedad los ladrillos, tejas y vasos que en esta ciudad se hallan, de que tratamos el Capo. IV. Porque en la hechura, color del barro, título y sello, se conocer ser romanos. Tales son los que poco años ha vimos en una bóveda muy bien labrada, que se descubrió en un tejar de la calle de San Cristóbal; grandes, de carro colorado y por una y otra parte relevado este nombre: LVCI; que se llamaba Lucia el artífice que los hizo. Uso recibido de los romanos, como los advierte Guillermo Filandro en las notas al tercer capitulo del segundo libro de Vitrubio, y del fidelísimo cronista de España, nuestro gran amigo y ciudadano Ambrosio de Morales, en el primer punto del discurso general de las antigüedades, donde pone otros ejemplos semejantes.

Habrá quince o diez y seis años, que junto al muro de Santa Florentina se descubrió una piedra de sepulcro de vara en largo, y media en ancho, y con ella una docena de ladrillos antiguos, relevado en todos el nombre de su artífice. LVCRETIVS, y era el mismo cuyo era el sepulcro:

D. M. S.
LVCRFETIVS. IRER
TVS. ANN. LXX.
P. I. S. H. S. E. S. T. T. L.

Los ladrillos serían del sepulcro, que como diremos llamaban latericio,. Demás de esto había gran cantidad de tejuelos del tamaño de un cuarto de los reformados, que parecían de piedra, blancos y morados oscuros, y quebrados, muestran ser pasta de muy finos esmaltes.

Para que fin se hubiesen hechado en la sepultura sólo podemos conjeturar, que como en algunas solían encerrar joyas y cosas de precio con los difuntos, así pudieron poner estos esmaltes con éste.

Lo mismo he visto en Málaga en algunos ladrillos de aquel tiempo, que tenían el nombre del artífice revelado alrededor. Y en Badajoz vió el doctor Rodrigo de Dosma muchos vasos con estas letras: L. M. F., y es decir, Lucio me labró. Otros ejemplos se verán en el cronista Ambrosio de Morales.

CAPITULO XI.INSIGNE MEMORIA DE LOS BAÑOS DE TIEMPO DE ROMANOS QUE SE HALLO ESTE AÑO MDC. XXVIII.

Queriendo dar este libro a la estampa, este año mil seiscientos y veinte y ocho, a los postreros de Julio, en la Parroquia de Santa Maria, desbaratando el altar mayor y sus gradas, para dar mas espacio al Presbiterio, descubrieron una gran losa de mármol blanco, con vetas cárdenas, larga tres varas y media, ancha una y tres cuartas, un jeme de grueso, y en ella por lo largo de la moldura que tiene de relieve a un lado, estas letras en reglón:

IVS. M. F. PAP. LONGINVS. II. VIR. BIS. PRAEF. TER. LACVS. X. CVM. AERAMENTIS. DEDIT.

Al principio falta una letra que parece ser P, y dice así:

“Pío Longino, hijo de Marco, de la tribu Papia, que había sido dos veces uno de los dos Diputados del gobierno, y tres Juez de pleitos, dio a Écija diez pilas, o baños, con las estregaderas y demás instrumentos necesarios de cobre, o bronce”.

Que le nombre de Prefecto se haya de entender el que tenía la judicatura de pleitos, colígese de Suetonio en su “Claudio”, y lo afirma Pomponio con los demás jurisconsultos. Después habiéndose dado este nombre a muchos otros oficios, diferenciábanlos especificando sus particulares jurisdicciones, o comisiones. Al Tesorero llamaban Prefecto del Erario; al Juez, Diputado o Comisario de bastimentos, Prefecto de Annona; al de pleitos, Prefecto del Juzgado, etc.

Que LACVS, sea el baño, la pila, la alberquilla, o cuba donde se lavan, bien se colige de Plinio en el libro XXXVI, cap. XV, donde dice que Marco Agripa hizo setecientos lagos; esto es, baños o pilas, donde los romanos pudiesen lavarse antes de comer, según su costumbre. En esta misma significación usa Vitrubio de estas palabras, y Budeo, en sus “Pandectas”, por las pilas donde suelen las mujeres lavar la ropa. Y generalmente puede darse este nombre a cualquier lugar donde se recoge el agua, a las arcas de ella, a las presas que hacen las mujeres para lavar en los arroyos; a los estanques o albercas de donde se riegan las huertas.

De la misma manera se llamaban LACVS, los estanquillos o alberquillas de donde caía el agua en los tres cubos, o vasos de cobre, que Vitrubio llama Frigidario, Tepidario y Vaporario, y decimos nosotros, enfriador, templador y calentador, cuya forma se hallará dibujada en Guillermo Choul, francés de nación, varón de grande erudición, en el discurso que hace de los baños y antiguos ejercicios de romanos y griegos. Así se debe entender los setecientos lagos de Marco Agripa, que sean los que los autores llaman “Alveo, Labro, Ofosa”; nosotros “Tina o Cuba”; porque de él escriben que hizo ciento setenta baños, esto es, salas o piezas, donde estaban repartidas las setecientas pilas para bañarse.

De estos lagos, o estanques, se halla en Roma una piedra en el pórtico de Santa Maria, donde se dice, que Lucio Vetulieno, entre otra cosas que hizo por orden del Senado, fue un LACUM. BALINEARIVM. Un estanque de baño, que a veces serán tan grandes, aun en casas particulares, que podían nadar en ellos. Tal dicen, fue el que Cicerón mandó hacer en su casa a su esposa Terencia, advirtiéndola que fuese tan ancho, que holgadamente pudiese nadar en el sin estorbo.

Dice con la declaración de nuestra piedra la palabra AERAMENTIS, general para todos los vasos e instrumentos que se usaban en los baños, que comúnmente eran de cobre, como las STRIGILES, que diremos nosotros estregaderas, que servían para raer los aceites con que en los baños se ungían; y los cubos en que se calentaba el agua, que universalmente llama AHENA, Vitrubio.
Bien que los mas poderosos se estregaban con oro o plata, y los mas delicados con esponjas teñidas en grana, o blancas con arte, y eran las mas estimadas.

Semejantes donaciones de baños solían hacer algunos ciudadanos a su patria, de que dejaban memorias en piedras, cuyos ejemplos se verán en la “Ortografía” de Paulo Manucio. Y mas cerca, en nuestra Andalucía, lo tenemos ilustre de semejante liberalidad: en Jaén en los baños que dicen de D. Fernando, poco mas debajo de la Magdalena; de donde se llevó a S. Miguel una piedra, que está sobre la puerta de la Iglesia, dos varas en largo, de mármol, y en donde dice lo que arriba: Que “Cayo Sempronio Semproniano, hijo de Cayo, de la Tribu Galeria, que dos veces fue uno de los dos Diputados del gobierno y Pontífice máximo, y Sempronia Fusca Vivia, hija de Aurelio, labraron a su costa, sin ayuda de nadie, aquellos baños, condujeron el agua y dieron la fuente de ella, y la selva por espacio de trescientos piés, etc”.

En Cártama hay otra insigne memoria en una hermosa piedra, en labor y grandeza, donde se dice, que Junia Rústica, hija de Decio, capellana perpetua principal, entre otros grandes beneficios que hizo a su lugar, le dio solar para un baño, hizo la piscina o estanque, y junto a él las estatuas de Marte y Cupido, y celebró la dedicación con fiestas y mesa franca.

La familia de Longinos tan calificada era, que apenas se hallará en la Historia Romana, persona de este nombre que no tenga muchos títulos de honrados oficios y dignidades, y son muchos los ennoblecidos con ellas: Cónsules, Procónsules, Pretores, Questores, Capitanes; etc. En una piedra de Roma hallamos a uno con todos estos títulos y muchos más, que se podrá ver también en Paulo Manucio.

Resta conjeturar de que sirviese en el baño esta piedra; yo, después de haber escrito de ella por relación, la ví muy despacio, y se echa de ver claramente que por lo bajo, también como por lo alto, tenía sus letras y la misma moldura; mas derribáronla picándola los nuestros, para que les sirviese de altar, abriendo en medio lugar para el ara, y asentáronla sobre cuatro trozos de columnas quebradas, y una de ellas tiene algunas letras, que hasta ahora no hemos podido leer. Considerada, pues, la hechura, grandeza y color de la piedra, no puede dudarse, y convienen en esto arquitectos con quien lo he conferido, sino que sirvió en la fachada de las casas de los baños, como hemos visto otras de semejante tamaños, en los antiguos de Roma, y se le parece la de Jaén. Que en estos lugares tan públicos, era costumbre poner las dedicaciones, por memoria y honra de los que hacían tales beneficios a sus Repúblicas.

CAPITULO XII. ARMAS DE ÉCIJA, UN SOL. CONJETURAS DE SU ORIGEN, FERTILIDAD Y ABUNDANCIA DE FRUTOS, Y ALGUNOS PROPIOS DE ESTA TIERRA.

Deshice al principio las hablillas vulgares, de los que hacen a esta ciudad, la del Sol; que si como es célebre en todas historias, sagradas y profanas, hubiera sido la nuestra, excusáramos de discursos y del peligro del poco acierto en ellos, a que fuera temeridad, sino fuera obligación, aventurarse. Tiene por armas un sol; cuando o porqué causa se le hubiese dado, o lo hubiese tomado esta ciudad, ni se halla en historias, ni en memorias de sus moradores; sólo saben que las mismas tuvo en el imperio de los moros; así le hallaron pintado sus ganadores, y lo han conservado sus descendientes. Ignorase de donde tuviese principio. Muy humilde es el que arriba apuntamos, de alguno que fatigado algún día de los calores del estío en este lugar, así pensó y así lo dijo, que por esto debieron de darle por armas al Sol, por lo mucho que le hiere con sus rayos en aquel tiempo.
Pensamiento que consigo trae su censura; no hay para que detenernos en dársela.

Las armas, los blasones de las ciudades, así como los de las familias, de algunos hechos, virtudes o calidades suelen tomarse, que, o sobraron o se hallen en ellas, y las armas las representan. Tantos ejemplos hay, cuantos son los linajes que los tienen, y los lugares; no es de este ni del mío explicarlos. Que correspondencia con esta ciudad hagan sus armas del Sol, diránlo sus propiedades, aquellas que mas resplandecen en ella; la fertilidad, la riqueza de este pueblo en Andalucía, conocida es en España, no la ignoran los extranjeros por lo que de ella sacan a sus provincias.

De ésta el mas natural y propio símbolo es el Sol, cuya imagen se ve en Roma en las casas del marqués de Jovio; un bello mancebo de medio cuerpo arriba coronado de luz, un festón al pecho de toda suerte de flores, frutas y plantas, ceñidas las puntas a dos bastones de Hércules, y a la vara de Mercurio que llaman caduceo. Representación todo de la fertilidad, cuyo autor y padres es el Sol. El dá calor en invierno a los sembrados; en el verano hace que rompan en yerba y se vistan de flores los campos; en el estío y otoño perfecciona las plantas y sazona sus frutos.

Esto significaba aquel ramo de oliva, que ceñido de lana, pendiente de todo genero de frutas, colgaban los atenienses a la entrada del templo del Sol, que nombraran Apolo, en las fiestas que por Octubre se celebraban y llamaban “Pianepsia”. Por esto el príncipe de los poetas, para significar la facilidad del suelo de Sicilia, fingió que los bueyes del Sol, que también representa fertilidad, se apacentaban en ella, y por la misma razón hacen dueño de ellos al Sol; y con la misma significación los vemos en muchas monedas de España, por ser ella entre las de Europa la más fértil. En los cimientos que, por mandado de la reina Dido, se abrieron para nuestra ciudad de Cartagena, dice la “Crónica general” del rey D. Alfonso, en la primera parte, cap. LII; que se halló una cabeza de buey, y preguntados los agoreros, dijeron, que en aquella cabeza se significaba que aquella población había de ser fertilísima de todos frutos, y abastecida de tantos bienes que todos tendrían gusto de venir a poblarla.

Entre las monedas de Augusto, he visto una con este símbolo de dos bueyes arando, con el nombre de Écija: COLONIA. ASTIGI. AVGVSTA, y verdaderamente ningún lugar en ella cuyo suelo tan grueso, tan rico sea, tan abundante de todo lo que sirve a la vida humana, como el de Écija, que en solo tres leguas de término tan abastecido está de todos frutos, cuanto ningún otro de Europa.

La cosecha de aceite en abundancia, bondad, color y gusto, a ninguna de España cede y excede a las mejores del orbe. Plinio a la oliva Licinia, de su patria, dá el primer lugar; la competencia del segundo deja entre la nuestra y la de tierra de Istria, la que riega el Danuvio. Críanse muchas diferencias de ellas en esta ciudad, lechines, que algunos piensan son los licinios de Plinio, de quien hace también mención Colmuela; plata de estima entre las demás, porque cargan de fruto y dan mucho aceite; manzanilla y gordal, apetecidas en las mesas y su regalo, picudillas y judiegas para las haciendas de los molinos.

Estos mismo autores, Plinio en el libro XVII, cap. XXIV, y Colmuela en el Lib. II, hacen memoria de unos gusanos que llamaban “erucas”, esto es, roedores, que destruyen las olivas y suelen criarse algunos años en Écija, en algunas Cañadas, habiendo llovido. Mas en el Ajarafe de Sevilla y lugares vecinos, mucho mayor daño hace el malhojo, perniciosa planta, de cierta semilla que a los pájaros se cae el pico, y tan tenazmente se ase en las ramas, que lo tiraniza, agosta todo su verdor y virtud, y atrayéndola a sí, despoja al árbol de toda su frescura, derriba sus hojas y lo hace estéril; quedando el tan fresco, tan verde como si estuviera plantado a la corriente del agua.

Ocupan los olivares tres leguas antes y otras tantas después de la ciudad. Los que están de esta parte de Genil hacia Córdoba, llaman la banda morisca; los que de la otra hacia Sevilla, Valcargado, porque excede en abundancia de fruto a ese otro, y en bondad. Es tierra gruesa, fértil, de color bermeja y en parte alvero; ésta ya se tiende en espaciosas vegas, ya se levanta en cerros, ya se quiebra en valles, dispuesta como por naturaleza, así por influencias del cielo para criar estos árboles tan frescos, tan copados, tan hermosos, que cuando muestran su fruto verde, dorado y negro, colores que toma el maduro y pasado, y a veces se hallan todos tres juntos, es una de las mas agradables vistas, que pueden gozarse. Dan muchos años ochocientas mil arrobas, y sobre ellas, de aceite; el de 1574 subió el diezmo a ochenta mil; el de 1625, pasó de cincuenta y cinco mil; otros de sesenta mil, y no se ponen en número los que por particulares privilegios no pechan diezmo, no algaribos, ni escusados, ni los desperdicios y gastos, que si se pusieran en cuenta, hicieran gran suma.

Las vigas donde se exprimen son mas de quinientas, donde muelen otros tantos caballos, cuyo sustento, en cinco meses, de una cosecha ordinaria, pasa de treinta mil fanegas de cebada, y sube a proporción cuanto mas se alarga que suele suceder hasta el mes de Agosto.
Beneficiánlo de dos mil hombres arriba, con mas de veinte mil ducados de paga, además de sus gobiernos; así llaman a lo que se le dá para mantenerse, que son por cada tarea que muelen, de quince fanegas de aceituna, dos reales a cada uno, y al maestro, por lo mismo, tres ducados al mes; dos al moledor; quince reales al husillero, y al que cuida de la bejina, o alpechín, un ducado.

Así era en años pasados, que en los presentes subido han los precios en todo mas de una tercera parte. Mucho mayor es el gasto de los tareros, que así nombran a los que cogen la aceituna; gente casi sin número, que aún desde Castilla, la Mancha y Extremadura vienen en cuadrillas, hombres, mujeres y niños, y pasan a veces, según hallo escrito, de ochenta mil. Las caserías son tantas, tan bien labradas las mas de ellas, con tantos cumplimientos, torres y miradores, que juntas formaran una muy bella ciudad.

Dentro de la ciudad también hay gran número de molinos, que aún no bastan los quinientos de fuera para el grueso de la cosecha. Y porque el alpechín, o bejina, que así la llaman, no se derrame por las calles y las afee, además de la ofensa que pudiera hacer con su mal olor, es costumbre que los oficiales, a quienes toca este cuidado, la saquen y derramen al río en lugar donde no llegan los aguadores a tomar el agua para el servicio de la ciudad. En años pasados, algunos pobres, tan ingeniosa es la necesidad, comenzaron a hacer una represas, a manera de esteros de sal, donde recogiendo la bejina, sacaban con vedijas de lana el aceite que nadaba encima, que siempre el agua se lleva alguno, y había entonces a quien le valía treinta y cuarenta arrobas su diligencia. Envidió la codicia este interés y con honrada capa del bien público, cubrió alguno el suyo particular. Representó arbitrios a la ciudad, por ventura, para hacerse el rico de los bienes comunes. Acordóse un nuevo oficio de bejinero público, que arrendado rinde a quinientos ducados en cada un años a sus propios.

Cogía el arrendatario sobre mil arrobas de aceite, y fuera aun mayor la ganancia, si pudieran reducirse a lugar determinado las bejinas del campo; mas son tantas y en tantas distancia que no se les puede dar cobro. Ya perdidas con el tiempo y descuido, como otras obras públicas, el cercado y balsas donde el alpechín se recogía también se perdió el interés público y particular; ni a la república es de provecho, ni a los pobres de socorro, como solía.

La cosecha de pan y semillas, copiosa es en su proporción en el mismo año 1574: se diezmaron cuarenta y seis mil ochocientas y cincuenta y ocho fanegas; de sus tercias y demás rentas, cupieron al rey, veinte y dos cuentos, ochocientos y noventa mil, doscientos treinta y un maravedís. Otros años suben de treinta mil. El diezmo del vino pasa de veinte mil. Y es cierto que es mucho mas lo que se coge, asió porque las religiones y otras personas privilegiadas no diezman, como porque todos no pagan. Ni entran en número las limosnas, que con largueza se dan, especialmente de aceite, no solo a los conventos, hospitales y lugares píos de la ciudad, sino también a los forasteros.

Es inestimable la variedad, copia y bondad de las frutas, que se dan en las huertas que en ambas riveras del Genil se extienden por cinco legas. Pues ya las que de suyo produce la tierra, en gran socorro de la gente menesterosa, pudiera hacer estimado otro suelo. Diré de sola la grama, ornato en otros tiempos de solo los reyes, ahora tan común por la mucha abundancia que de ella se halla. Cógese aquí muy fina en una dehesa concegil y baldía, que llaman Mochales, de la que sacan cada año, los pobre, de nueve a diez mil ducados, pagando cada fanega en grano, noventa reales, o poco mas, que la en polvo subo mucho mas de este valor. Esta misma dehesa dá caza y leña por sustento de pobres y gasto de la ciudad.

Aún restan otras ventajas, igualmente maravillosas que grandes, no vistas en lugar alguno del reino, y dudo, que en los extraños; una parte de tierra llana, que llaman Alcarrachela, de doscientas y sesenta aranzadas, cada una de ocho celemines de sementera, el color de un buhedo oscuro, en partes cubierto de lima. Tiene al oriente al río Genil, que riega toda aquella ribera donde ella se extiende, vestida en gran parte de álamos, sauces y mimbres de agradable vista; al mediodía, campiña de huerta; al poniente, unos cerros levantados, y al septentrión la ciudad. Hay en ella muchos jardines con grande variedad de árboles frutales, innumerable solería de todo género de hortalizas y plantas, cuyos frutos en copia, gusto, color y grandeza, exceden a todos los de la provincia, y duran por todo el año. Su fertilidad es tanta, que lo sembrado responde en ella a cuarenta por uno. Y en un mismo año suelen cogerse cuatro diferencias de frutos: saina, o panizo; trigo, o cebada; ajonjolí y nabos, de una tan gran delicadeza y sabor, tan fuera de la que suelen tener los comunes, que por ellos son muy estimados y se sacan por regalo a lugares distantes hasta Sevilla.

Lo mas singular de esta tierra es el algodón que se dá en ella por oculta virtud suya, y particular influencia del cielo, que no hallamos en algún otra del reino, y , lo que es más, en ninguna otra de la ciudad, aunque sea tan cercana como la que le corresponde en la otra ribera del río, o la inmediata continente con ella.
La semilla de esta planta son unos granos pequeños, donde se cría y ase aquel vello con tanta fuerza, que con ninguna industria se puede quitar, de manera que no quede acompañado de alguno.

Siémbrase en todo Marzo y Abril; no se le dá riego hasta los veinte y cuatro de Junio, y entonces de ocho en ocho días. Nace en solas dos hojas redondas; luego trueca y poco a poco se viste de mucha rama poblada de muy vistosa hoja y crece hasta medio estado de hombre.

Sus flores, que aquí llaman empeines, son de color muy fino amarillas, sembradas de unas pintas coloradas. En medio de ellas salen una vainas redondas a manera de castañas, que los naturales llaman allozas, no mayores que nueces pequeñas. Estas se abren en triangulo por el mes de Septiembre, al modo que el erizo de la castaña; dentro muestran la semilla envuelta en los copillos del algodón.

Maduro ya el fruto, abiertas las allozas, y descubierto el vellocino de nieve, todo el campo donde se siembra representa una muy agradable vista a los que le miran. Acuden muchas tropas de gente de todas edades, la mayor parte niños y mujeres a cogerlo; desnudan las allozas de la simiente con aquel vello, echando a mal las vainas en que se cría.

Traído a casa para alijarlo, esto es, para apartar el vello de la simiente, tiéndenlo en unos zarzos de cañas como dos horas al sol, para que pierda la humedad, si alguna cobró del rocío; después lo pertegan, y es lo mismo que aparejarlo; dánle con una espada de fino grueso, al modo de los que sacuden lana, tantos golpes, cuantos bastan para que se levante aquel vello y quede hueco; el artificio con que se saca tan ingenioso es y singular, que apenas podrá entenderse de mis palabras, si no se vé ejecutar en la obra. Pónenle sobre una tabla gruesa de peral blanco, que no puede servir de otra madera, una tercia de ancho y largo una vara.

El alijador tiene atado a las muñecas un palillo de taraje, que de otra madera no es de provecho; redondo, de una tercia en largo, y asidos a las puntas unos herrezuelos que llaman arrequifes; debajo de estos instrumentos, que se dicen almarraes, rueda una varilla rodando por cima de la simiente en la tabla, la deja en ella, y el algodón cae limpio a los pies del alijador. El que mas limpia de una tarea hace ocho libras, que se sacan de dos arrobas. Sembraránse como veinte mil de grano y cógense ocho mil de algodón. La simiente sirve de pasto al ganado vacuno cuando hay falta de otro, y su precio común es un real por arroba. De la rama se hace ceniza probada para los paños. Heme divertido en referir esto por curiosidad de algunas que desean leerlo.

CAPITULO XIII. NUEVAS CONJETURAS EN EL ORIGEN DE LAS ARMAS DE ESTA CIUDAD, ANTIGUA IDOLATRÍA DE LA GENTILIDAD DE ESPAÑA, EL SOL. SU ADORACIÓN, QUIEN LA INTRODUJO, SUS ARAS Y TEMPLOS.

No me persuado, que irán mas lejos de semejanza de verdad los que guiados de otras conjeturas atribuyesen las armas de esta ciudad a la antigua superstición de la gentilidad Española, que reverenció al Sol y le adoró por dios. Y es así que ninguna idolatría hubo en el mundo, ni mas antigua, ni mas extendida, que la de este astro, a quién el poeta latino llama el mayor de los dioses. El santo Job, de esta sola hizo memoria, y de ella nació el tomar tantas ciudades el nombre de Heliópolis o Apolonias, como casas del Sol, con cuyo apellido se honraban. En el nuevo mundo del occidente, la imperial ciudad de Cuzco, corte de los famosos reyes Incas, consagrada era por casa del Sol. Este solo ídolo veneraban en su real templo fabricado de oro fino, en tan enorme grandeza, que llenaba todo el lienzo de testero, donde en los nuestros se pone el altar mayor. Riqueza, que sola bastó, por parte de los increíbles despojos que se hallaron en aquel reino, a uno de los capitanes que mas sirvieron en su conquista. Mas el le dio tan buen cobro, que una noche lo jugó todo. Raro ejemplo de lo que arrebata este vicio hecho dueños de un hombre, hasta despeñarlo en extrema y aun infame pobreza. No de balde se dice que dio lugar al proverbio español, con que de tahúres desesperados decimos, que juegan el Sol antes que amanezca. Nuestros españoles, mas que nación otra alguna en el orbe, tan dados fueron a esta falsa religión, introducida por los extranjeros, que solo al Sol tuvieron por Dios, y a él adoraron en los demás ídolos, significando en tan varias figuras y nombres sus diversos efectos. A Marte pintaban con rayos, especialmente los de Guadix, como de un manuscrito antiguo lo refiere nuestro cronista. De todos los españoles escribe esto Macrobio, y que los de Cádiz debajo de el nombre de Hércules, en aquel su insigne templo adoraban al Sol. Confírmalo el raro suceso de la armada con que Therón, rey de España tarragonesa, navegó hasta Cádiz, a destruir y saquear el templo, con tan mala fortuna que habiéndose travado entre ella y la de Cádiz cruda batalla, cuando mas dudosa estaba la victoria, sin inclinarse mas a una parte que a otra, la del rey súbitamente se puso en huida, y sobreviniendo un improvisto fuego, todos se abrasaron. Los pocos, que de los enemigos escaparon, afirmaban que estando las cosas en aquel balance, aparecieron en todas las proas de las naves de Cádiz unos leones, que arrojándoles rayos encendidos, las acabaron.

Engendraron esta superstición las fábulas de los poetas, que de ponerse al sol en estas partes, le dieron a España por casa de su reposo. Fingían que cansado de caminar todo el día, descansaba la noche en la isla de Cádiz; allí en la orilla del Océano lavaba su rojo cabello, y las diosas marinas quitando a los caballos los frenos, les daban pienso en aquellos prados. Cosa de que tanto se preciaron en aquel siglo los españoles, que entre sus monedas batieron algunas con la imagen del sol, en la forma que se veré en las antigüedades de Cádiz. Calidad de tanto peso en la opinión de Claudiano, poeta, que no la encarece menos que diciendo:

Quid dignum memorare tuis Hispania terris
Vox humana valet; primo lavat equore solem
India: tu fessos exacta luce iugales
Proluis, inque tuo respirant sidera fluctu.

“¿Qué cosa igual, España, a tu grandeza
Contar podrán humanas alabanzas?
La india al sol en su oriental ribera
Primero baña; tu, cuando fenece
La luz del día, bañas sus caballos
Ya de recorrer cansados; en tus ondas
Respiran, y descansan las estrellas”.

La misma estima hace esta ventaja el poeta Stacio, en el Lib. II de sus “Silvas”, donde celebrando el nacimiento de nuestro poeta Lucano dice:

Felix, hue, nimis, et beata Tellus,
Quoe pronos Hyperionis meatus
Summis Occeani vides in undis
Stridoremque roloe cadentis audis.

“¡Oh muy dichosa y bien aventurada
Tierra, que cuando cae, en su carrera
A Febo en tu mar ves, y a la caída
Crujir oyes el carro en tu ribera!.

Bien se que en el último verso en vez de “cadentis” leyó alguno “candentis”, aludiendo a la fábula de los que pensaron, que encendidas las ruedas con el grande y continuo ejercicio del camino del Sol, se apagaban al entrar en el mar con el ruido que suele hacer el hierro ardiendo, si se arroja en el agua, como de Possidonio lo escribe Strabón en el libro tercero de la descripción de la tierra, tratando de la isla de Cádiz. Mas si bien es así, que tuvieron o fingieron este engaño algunos antiguos, aquí no lo significa el poeta, ni llama “candente”, esto es, que cae al ponerse el Sol: ni sufre otra cosa la medida del verso en aquel lugar.

De aquí nació la costumbre, que el mismo autor refiere en su libro segundo, de los ciudadanos de Cádiz, que hacían conocidos sus navíos por la insignia de un caballo, y aun llamaban con este nombre los mas ligeros; que como hacía tanto aprecio de que allí fuese albergue del Sol, y estada de sus caballos el mar y sus riberas, quisieron honrar con esta divisa sus navíos y darlos a conocer entre los demás. Bien que pudieron también haber tenido respeto a que el caballo por su ligereza era propia victima y sacrificio del Sol, como de los persas lo advierte Ovidio en sus “Fastos”, y de los lacedemonios Pausanias.

Tan espléndida estuvo en España la veneración de este astro, que llegaba desde su principio al fin, desde la punta, o cabo de Finisterre, que antiguamente se llamó “Nerio promontorio”, hasta la isla de Cádiz. Que como en ésta hubo templo del Sol, adorado con nombre de Hércules, así también lo hubo en aquel cabo con título de ARA SOLIS, de que hace mención Claudio Ptolomeo en su geografía: el mismo donde ahora está Nuestra Señora de Finisterre. D. Juan, Obispo de Gerona, en el libro que intitula “Paralipomenón de las cosas de España”, dice a este propósito en lengua latina, lo que yo diré en castellana, con la puntualidad que esto pide, por no estragar el gusto a quien no la entiende:

“Después del puerto de Galicia, sigue Compostela, que antiguamente se llamaba Templo del Solo, aunque mas conforme a la verdad es, que el lugar o sitio del Templo del Sol, sea lo último del cabo, donde está la iglesia de Nuestra Señora de Finisterre. Porque Compostela dista del cabo y templo del Sol doce millas. Y es así, que los antiguos iberos habiendo bajado de los términos de los caldeos, donde adoran al Sol, determinaron seguirle desde su nacimiento hasta su occidente; y habiéndole seguido hasta los últimos fines de la tierra, viendo que no podían pasar adelante, allí le pusieron altar como a Dios, cuya adoración dejaron a sus descendientes. Mas como viesen salir por aquella parte la estrella Hespero, a quien los astrólogos llaman de Venus, otros de Juno, o de Isis, o Cybeles, madre de los dioses; como a favorable en aquella tierra la llamaron Compostela, esto es, campo de la estrella.”.
Hasta aquí el Obispo.

No examino esto, ni lo demás, que no toca a lo que me propuse; tomo solamente la devoción del Sol, tan extendida como antigua en España, y bien así como en aquellas partes de Compostela tuvieron tan favorable el lucero de la tarde, y los andaluces el de la mañana; estrella que con razón se puede llamar del Sol, pues se le anticipa en su aurora, y en su occidente le sigue. Los de Carmona, lugar célebre en la antigüedad, la tienen por armas, y a la entrada del río Betis en el mar, le fabricaron templo, donde hoy está la insigne ciudad de Sanlúcar, que se llamó “Fanum Luciferi”, Tempo del Lucero. La de Toledo tuvo por arma dos estrellas, que representaban a Mercurio, y, como se ha dicho, es el mismo Sol, hasta que el emperador Romano D. Alonso, habiéndola recobrado del poder de los moros, las trocó en la imagen de un emperador sentado en su trono imperial.

Pues como estos lugares tomaron por armas, Toledo estas estrellas, y la ciudad de Cádiz a Hércules, que es lo mismo que el Sol, a título del insigne templo que allí tenían dedicado a su nombre; así también pudieron los de Écija tomar el sol, por el gran coloso que de el tenían, como en su lugar escribimos. He dicho mis conjeturas, sin firmar al pié en ninguna, por que no hallo autor, ni memoria que lo asegure; oiré muy de gana cuantas se trajeren mejores.