ECIJA… LA PASION SEGUN LOS EVANGELIOS
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ – 2008

PROLOGO

Cuando mi amigo Ramón Freire Gálvez, aun conociendo que no soy hombre de letras, me pidió unas palabras que sirvieran para prologar este libro, confieso que me sentí, por una parte inmerecidamente halagado, de otra muy satisfecho y al propio tiempo me quedé perplejo, porque alguien, a quien mucho aprecio, hable y escriba, una vez más, sobre nuestra Semana Santa.

Halagado, porque siempre es un privilegio y un honor hablar, aunque sea muy poco, de algo tan nuestro como es la Semana Santa de nuestra Ciudad, que llevo muy dentro desde mi más tierna infancia.

Muy satisfecho y feliz, porque nuestra Semana Santa, por su singularidad, su belleza escultórica, la hondura de su vivencia religiosa y su manifestación pública, arraigada en siglos de historia, se merece ser tema de constante reflexión y materia para plumas creyentes y literarias, que bien conozcan y sepan transmitir a los lectores, la transcendencia real del gran Misterio de nuestra Salvación y Redención.

Y perplejo, porque, desde hace varios meses, el Consejo de Hermandades y Cofradías, que me honro en presidir, viene trabajando por y para la recopilación, redacción y publicación de un libro, cuyo único objetivo es dar a conocer, desde dentro, nuestra singular Semana Santa, y al mismo tiempo, intentar estrechar lazos de fe, vínculos de unidad y de colaboración entre todas las Hermandades de la Ciudad, sus Hermanos Mayores y todos los hermanos cofrades, como un testimonio cristiano de lo que, para nosotros, supone la Semana Mayor de Pasión y Resurrección de Jesús, el Hijo de Dios.

Que Ramón Freire Gálvez, recio y cabal cristiano, fértil y prolijo escritor ecijano, que vive desde siempre la fe que recibió de sus mayores y crecido a la sombra del Santísimo Cristo de la Sangre y Nuestra Señora de los Dolores, coincida en el tiempo con el Consejo, o éste con aquel, en escribir sobre el mismo tema, es una feliz coincidencia que a todos debe llenarnos de satisfacción cristiana y ecijana, por lo que ello supone de profesión pública de la fe recibida de nuestros mayores y que todos compartimos con la celebración de nuestra Semana Santa. Con este libro, el autor, nos deja constancia de sus vastos conocimientos del mundo cofrade de Écija, así como de sus vivencias religiosas personales como creyente comprometido en la fe.

Fotografías de todas las imágenes que procesionan, textos evangélicos, reflexiones y comentarios, reseñas históricas de cada una de las Hermandades y los escudos de las mismas, forman un conjunto de fácil lectura que, así lo esperamos, han de servir para pregonar y dar a conocer como siente y como vive Ramón Freire Gálvez, la Semana Santa de la Ciudad que lo vio nacer hace cincuenta y cinco años.

Francisco Fuentes Ávila.
Presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Écija.

INTROITO

Cuando decidí realizar esta publicación, no podía quitar de mi pensamiento las desgracias que, a diario y con demasiada frecuencia (y que en nosotros se están instalando rutinariamente), asola a esos países que llamamos del tercer mundo, por lo que quiero hacer pública mi más sincera admiración hacia esos grupos de voluntarios, personal sanitario, miembros de O.N.G. misioneros, misioneras, y, en definitiva, a todos aquellos que, con su desvelo, golpean en el corazón de los que vivimos en el llamado primer mundo, puesto que su actitud hace que nos acordemos que existen esos seres humanos necesitados, de esos que, nosotros, sólo y exclusivamente nos acordamos, cuando les ocurren grandes desgracias, ya sean provocadas por la naturaleza o por la dictadura del hombre; situaciones calamitosas que ellos viven a diario con esa bandera inigualable de la Caridad verdadera, siempre junto a los más necesitados y pobres, compartiendo sus necesidades y pobreza, desde lo más profundo de su corazón, hasta el extremo, de no querer nunca abandonarles a su suerte, por muy grande que sea el peligro que corren, incluso con la pérdida de su propia vida; vida, que en muchas ocasiones entregan, por ese prójimo al que hicieron hijos y hermanos suyos, cuando tomaron la decisión de realizar su bendita misión en dichos países.

Ellos y ellas sí que son auténticos hijos e hijas de Dios y rememoran a diario la pasión de Cristo en toda la magnitud de la palabra, quienes, como ángeles pasionarios, estoy seguro, serán de los elegidos a la hora de entrar en el reino de los cielos. Dicen y creo que nosotros podemos dar testimonio de ello, porque lo conocemos de forma directa o indirecta, que el mayor realismo de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, año tras año, se produce en Andalucía, sin que con ello quiera desmerecer las celebraciones que se llevan a cabo en el resto de España. Quizás la climatología, el carácter del andaluz, el aroma del azahar, la brisa mediterránea o las mareas atlánticas, la idiosincrasia explosiva y jubilosa de este pueblo, y sobre todo ello, el espíritu, la fe y las firmes creencias en Jesús como Hijo de Dios hecho hombre, hacen que nosotros le demos a la rememoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, un escenario distinto, impregnado de dolor y sentimiento, de júbilo y alegría, expresando mejor que nadie la pena por el dolor y por la muerte, y la alegría por la resurrección.

Y dentro de esta Andalucía nuestra, Sevilla, como parte de aquella región tartesa, y en el interior de su provincia, nuestra ciudad, Écija, la que en sus cimientos tiene huellas de más de tres mil años de antigüedad y cultura de varias civilizaciones. Écija, la que en época romana fue nombrada Astigi, época precisamente en la que Jesús sufrió su Pasión y Muerte allá en Jerusalén, celebra su Pasión según los Evangelios. Algunos autores locales escribieron, que, debido al calor que siempre ha disfrutado y padecido Écija, algunos miembros de las legiones romanas que intervinieron en la Pasión y Muerte de Jesucristo, podrían haber sido oriundos de nuestra ciudad, dada la mejor adaptación de los soldados de la Astigi romana a la también dominada Jerusalén.

Pero yo quiero pensar, que de ser verdad lo anterior, aunque dichos soldados se sintieran romanos, estoy seguro de que por el hecho de haber nacidos en la Astigi romana, ninguno de ellos escupió, abofeteó, azotó y muchos menos le abrió el costado a Jesucristo, luz y faro de toda nuestra vida, dado el pacífico sentimiento de esta tierra nuestra y de los nacidos en ella.

El pueblo andaluz, del Nazareno, Crucificado y la Dolorosa, ha hecho la personificación visible de su propia tragedia y en ellos ha visto su propio dolor enaltecido en apoteosis. El drama evangélico ha llegado a ser su drama y la Semana de Pasión se ha convertido en su Panateneas, señalando la época anual en la que se siente pueblo.

En definitiva, también el pueblo ecijano entero, desde pequeño, se convierte en cofradía, dando muestras, una vez más, de esaFarol de plata cofrade religiosidad intrínseca que lleva en su sangre y que viene predicando desde que se iniciaran las Hermandades allá por el siglo XIV. Esa religiosidad alcanzó su máximo esplendor en el siglo XVIII, bien llamado siglo de oro ecijano, cuando Écija llegó a contar con cerca de cincuenta cofradías, formadas por un gran número de hermanos de sangre y de luz; siglo, en el que dicha religiosidad, provoca la presencia en nuestro suelo astigitano de casi mil sacerdotes y más de trescientas monjas; siglo, que engrandeció notablemente el patrimonio artístico, cultural y espiritual ecijano, y dentro de ese patrimonio, jugaron un papel muy importante nuestras Hermandades y Cofradías desde que cada una de ellas se fundase, dado que las Imágenes que como titulares en sus Advocaciones tienen, salieron de las gubias de los mejores imagineros como Gaspar del Aguila, Pedro Roldán y Montes de Oca entre otros; su orfebrería y platería, de los mejores orfebres y plateros, destacando Damián de Castro; bellos bordados como los de Rodríguez Ojeda, habiendo llegado dicho patrimonio a nuestros días como importante legado, que no sólo se ha conservado y custodiado por las juntas de gobierno contemporáneas, sino que ha sido aumentado, ofreciéndonos actualmente la oportunidad de admirar las brillantes y valiosas obras que han realizado artistas ecijanos, como fueron Joaquín Ojeda y Pepín Asencio, junto con los contemporáneos Rafael Amadeo Rojas y Jesús Rosado, entre otros.

Así, año tras año, el mundo cofrade de Écija sale a la calle como catequesis andante, y en el centro de ella Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, que ha sufrido y muerto por nosotros, y aquí en Écija, el Hijo de Dios será orado, vitoreado, cantado y llorado, al verlo Cautivo de nuestros pecados, Azotado en la columna de nuestra indiferencia, Coronado con las espinas de la insolidaridad, Abrazado y Cargado con la cruz de nuestras culpas, en la que llegamos a crucificarle para que su sangre fuera la redención de nosotros, que seguimos llamándonos su pueblo cristiano, dándonos cuenta, cuando le vemos, muerto, entre los brazos de su Madre, lo que significa el amor materno.

Y ese mismo pueblo, en tarde de negro luto, embargado por el mayor dolor, asistirá al entierro santo de Cristo; pueblo ecijano, primero en el orbe que defendió la Concepción Inmaculada de María Virgen, que no olvida en ningún instante las Lágrimas derramadas en Caridad, por los Dolores de toda mujer que es madre, ni la Amargura de esas calles que en muchas ocasiones nos lleva al propio Calvario, que sólo se ve atenuada por la Piedad y Misericordia que brota del corazón materno, siempre lleno de Fe y Esperanza, virtudes que seCara Nazareno de San Juan Ecija convierten en un mar de inmensa Alegría, cuando se ven amparadas en la siempre triste y oscura Soledad de la vida.

En el centro de esa catequesis andante, como hemos calificado nuestra semana mayor, encontraremos la figura de Jesús de Nazaret, y alrededor de Él, a multitud de discípulos. Desde ese pequeño que por vez primera, viste la túnica de su hermandad, hasta ese hermano añejo que,Cara Virgen de la Soledad en Ecija. aunque no puede ir de «revoto», toma su vela y acompaña a Cristo o María desde la salida hasta donde su salud le permite llegar, pero que cuando se retira del cortejo, mira frente a frente al que le da la vida y contento, con lágrimas en los ojos, musita: «Gracias Dios mío, por haberme permitido estar contigo un año más.»

O a esa mujer u hombre que, imitando a Cristo en el camino del Calvario, viste su hábito y con la cara cubierta, carga con la Cruz sobre el hombro, abrazándola en esa parada obligatoria de la procesión, al tiempo que da gracias a Cristo por la ayuda recibida para quien la pidió. O también a aquel o aquella que, a cara descubierta, pregona con su presencia a cuantos están como espectadores, que también es agradecida de Cristo por la gracia recibida, caminando tras El, como peregrina de amor. Y a cuantos más podríamos citar como personajes que, alrededor de Jesús de Nazaret, forman parte de esa catequesis a la que me refería. Desde el chaval que anuncia con su corneta o tambor el inicio de la cofradía, hasta esa persona, anónima, que porta el pabilo, la pértiga o el agua para los costaleros. Todos, forman un rosario de alabanzas junto a esa persona, que de improviso, ante Jesús o María, adelanta unos pasos y con poderosa voz, emana con fuerza, armonía y musicalidad, una oración que se convierte en saeta. Es la fe a gritos, salida de una garganta que la mayoría no conocen y que hace resbalar lágrimas de los que allí están congregados. Se escuchan murmullos de aprobación porque el pueblo es vibración pura, para cuando termina el saetero, verle congestionado por el esfuerzo que se refleja en su rostro y como se retira tembloroso santiguándose, para perderse otra vez, en el anonimato de muchos de los que le rodean.

Tras el aplauso espontáneo que ha brotado, suena el martillo hacia el cielo ecijano. Tres golpes continuados en el tiempo y la voz del capataz que raja el silencio. ¡Niños, que voy a llamar! ¡Puestos!, responde enérgicamente uno de los pateros. Y antes de que el eco del golpe que el martillo del capataz ha ejecutado, se pierda entre las estrellas, al unísono y de forma acompasada, suenan bambalinas con varales volando hacia el firmamento y corazones con alpargatas vuelven a ponerse en camino; un caminar lento y melódico, cadencioso y rítmico, a compás y todos a una, que, para entenderlo, hace falta haber sido costalero o haber nacido en esta bendita tierra. Pero también nos servirán esos momentos para recordar una semana de Pasión blanca y pura que celebran aquellos quienes nos inculcaron este espíritu desde la cuna de nuestro nacimiento y que hoy promulgamos. Esos seres más queridos, que por haberlo dispuesto el Ser Supremo, están acompañándoles allá en las tribunas del cielo, y, para quienes, siempre tenemos nuestro agradecimiento y cariño más sincero.

Esa Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret, más de dos mil años después de su nacimiento, es la que quiero recordar nuevamente en esta publicación primaveral del año 2008 después de Cristo.

Dedicatoria:

A mis maestros y amigos, Manolo Gómez García y Juan Antonio Gamero Soria, quienes me educaron en el sentimiento cofrade que me inculcó mi padre y que hoy, todos juntos, gozan de un lugar privilegiado en el palquillo del Cielo, junto al Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Con mi más sincero reconocimiento.
EL AUTOR