REEDICION DE LA HISTORIA DE LA GLORIOSA VIRGEN SANTA FLORENTINA
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ – 2008

PARTE - 2

PROPOSICION DE TODA LA OBRA

A LA S.C.C. REAL MAJESTAD DEL REY D. FELIPE

Nuestro señor, próspero suceso y largos años en este gobierno de amplísimos reinos y defensa de nuestra santa fe católica.

Lo que algunos años atrás ofrecí a V.M. católico Rey y señor, estando en la Ciudad de Córdoba, acerca del linaje de los Reyes de España, que por divino beneficio ha sido conservado, por medio de Santa Florentina y los santos Arzobispos de Sevilla y Obispo de Ecija, sus hermanos, por más de ochenta generaciones y otras cosas de notar del servicio de nuestro Señor, honra de estos santos y estimación de la monarquía de España; me pareció ahora, habiéndolo puesto en toda claridad con más extensión, ofrecerlo de nuevo a V.M., porque como esta casa de San Jerónimo el Real sea fundación de los reyes sus progenitores y sustentada con ordinarios beneficios de V.M., los que en ella vivimos debemos a V.M. todo lo bueno que hiciéremos.

Porque muy justo es, que la fruta del árbol se ofrezca al que le plantó y al dueño y señor de él. Y la misma obligación y respeto debo yo y todos los religiosos de nuestra orden de San Jerónimo, por la singular devoción que V.M., le tiene y la protección y amparo que le hace, como a Orden natural, nacida y criada en estos sus reinos; según por palabras claras lo testifican los reyes católicos, cuando le ofrecieron las primicias de su devoción, con el Monasterio de la Victoria, que ahora está en Salamanca, por la que nuestro Señor les concedió del adversario de Portugal. Y también por ser V.M. tan honrador de los santos y de sus reliquias, y de todas las cosas sagradas y celoso del bien de las religiones; por todo lo que nuestro Santo Padre Pio V le intituló en un “Breve” Religiosísimo príncipe.

De este su Monasterio de San Jerónimo el Real, de Madrid, a 31 de Enero de 1584.
B.L.R.M. DE V.M.
SU CAPELLAN INDIGNO
F. RODRIGO DE YEPES


Gaspar Saucius é Societate Jesu

IN CENTUMPUTEOLIS ORTUS, PRO D. FLORENTIN E VIRGINIS

MIRIFICIS GESTIS EXPLICANDIS, PIUM, AC

SATIS ELEGANS ENCOMINUN EDEBAT

Hostile exacuens cognata in vulnera ferrum, Barbarus á Gthica nobilitate satus. Esfera dum rabidam spirant pracordia cadem, Nec vesana suum, respicil ira genus. Quol mala, quot casus; quol Florentina tulisti, Inuida consiliis vulnera facta tuis? Nempe pios animos, sancique insigne pudoris. Perfida non facile sustinet impietas. Sint licet hec magna, atque humeros praesura viriles, Est, quod te potuit laedere Virgo magis. Nan te tam Gothicus traxit furor, inscia quam te Laesit,si potuit laedere posteritas. Nam dum mente graves agitat rex Barbarus aestus, Adstruit ad laudes ampla theatra tuis. Sed libi quae virtas, quae rex monumenta paravit, In tenebris vitio posteritatis eranl. Angelicis inserta choris, sat cognita divis, Haerebas nostro in pulvere nota minus. Qui corpus condil lumulus, tua fact legebal. Vix levis é tanto nomine fama fuit. Donec al his labréis frater Rodericus inauras. Te vocal oblatum dum ciet autor opus. Apparet lux ialla olin clarísima et ampla. Gloria quae gennuit, redditur Hesperiae. Emicat intacta cum virginitate venustas. Miraque non ullo gurgite mersa FIDES. Regia progenies servilibus obvia curis. Mens caelo, el térrea sordibus apla manus. Tantaque faemino vivens in pectore virtus. Quanta nec in mognis forte reperta viris. Si mens multorum curae vix sufficil uni. Quid si se in partes distrabat una ducas. O decus ó longe ante alias spectanda virago.O lux Hesperici delitiaeque soli. Haec quisquaginta moderata est afemina coetus. Milleque si jubeas, mille subire queat. Assumpsit niveos casta de virgine mores. Deque vivo promptum robur et officium. Vel mage virtutem, alque aminun transgressa virilem. Quod vir non posset reddere, virgo dedit. Indignae o latebrae, longique incuria secli. In quibus Eoae delituistis opes. Sed gratus, Roderice, animus, pietasque, fidesque, Virginis obsequium, et religionis amor. Egere ad sancti sublimia caepta laboris. Nullaque susceptum cura reflexit iter. Nec solum insequeris caecae vestigia famae. Que prima ignotae semina lucis habetn. Altius invectus, latebrasque admissus in imas. Facta aperis, ipsis eruta visceribus. Ergo quod Hesperiite, Florentina triumphent, Fecisti meritis officiosa tuis. Quodque ídem egregriae mirentur virginis acta. Acceptum referent, ó Roderice tibi.

Liusdem ad modum religiosi


AC PERDOICTI VIRI É SOCIETATE IESU,
INNOCEUTIS MARTYRIS AC D. FLORENTINAE
VIRGINIS INGENIOSA COLLATIO IN AUTHORIS
CONMENDATIONEN.


Quod prius in puero veteris simulacra doloris Edideris vepres, vulnera, flogra crucem. Qualis erat quondam Christi patientis imago. Ut talem Isacidum facerit invidia. Nunc Florentinae, quos splendida facta sequaris. Flortiaque infirme spicula fracta manu. Scilicet hoc praestas, ut quae natura negarit. Divino fieri numine posse probes. Nemoque iam Christi victricia castra seculus. Corruat aetatis conditione suae. Vel cum virginitas cum simplicitate canatur. Commendas animi caelica dona tui. Quae tibi se adglomerant studia in caelestia cogunt. Candida Virginitas, aurea simplicitas.

El Padre Gaspar Sánchez
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, AL BENÉVOLO LECTOR


SONETO

Goza lector el célebre apellido
De la sangre real, que conservada,
Y por ochenta edades derramada
Tiene el suelo español enriquecido.
De Florentina el pecho no vencido,
De Leovigildo la fiereza osada,
Al fin en breve suma rescatada
Grande presa del reino del olvido.
Si preguntas, quién es el que ha cifrado
Tanta copia en volumen tan estrecho?
Es quien mayores mostruos ha domado:
Trabajo, ingenio y celo del provecho,
Un ánimo fogoso y no cansado,
Un religioso, un docto y santo pecho.


PROPOSICIÓN DE TODA LA OBRA

Para proponer al pueblo cristiano la vida y santidad de la bienaventurada Santa Florentina, que por algunos se llamó Florencia, hermana de los santos Prelados San Leandro y San Isidoro, arzobispos de Sevilla, y San Fulgencio, obispo de Ecija, cómo pertenece al linaje real de los reyes de España, cómo vivió en el monasterio de Santa María del Valle de Ecija, siendo allí Abadesa de monjas, ahora novecientos años y para tratar de la muy antigua y devota imagen que en el dicho monasterio está de la Virgen Nuestra Señora, en quien el pueblo cristiano tiene singularísima devoción, no sólo en aquella Ciudad, sino en la provincia de Andalucía, y por quien nuestro Señor hace muchos milagros, y para perfecto conocimiento de las demás cosas que aquí se tratan, es necesario dar noticia de la Ciudad de Ecija y del dicho monasterio de Nuestra Señora del Valle, de esta manera.

1.- DE COMO LA CIUDAD DE ECIJA FUE EDIFICACION Y COLONIA ROMANA

La Ciudad de Ecija es un pueblo de los más antiguos de la provincia de Andalucía y es edificación de los romanos. Y conforme a la costumbre de los que ganan algunas tierras o edifican de nuevo algunos pueblos, o los engrandecen, que ponen allí sus nombres y memorias, como dice David, pusieron sus nombres en sus tierras; como Jerusalém, según dice San Jerónimo, se llamó AELIA, del emperador Aelio Adriano, que la reedificó, y Constantinopla de Constantino, Emperador, la cual se llamaba antes Bizancio.

Así esta Ciudad se llamó Julia Firma, que es propio nombre y edificación de romanos. Y no sólo fue edificación suya, sino cosa muy preciada y estimada de ellos, y la hicieron Colonia de Roma, lo fueron Mérida y Badajoz, y otros pueblos, en los cuales los romanos que se quedaban a vivir, después de los trabajos de la guerra, de donde se llamaban Emeriti milites, soldados jubilados, como llaman en la Universidad de Salamanca catedrático jubilado al que pagan la renta y estipendio público en su casa sin trabajar ya, por haber regido y leído la cátedra veinte años.

De esta manera en aquellas Colonias de los romanos, los que allí se quedaban después de las victorias y triunfos que con tanto trabajo habían ganado en las guerras con los españoles, gozaban de los privilegios, inmunidades y franquezas de ciudadanos romanos y no pagaban tributos. De los de Mérida y Badajoz, dice una ley; Pacenses et emerenteneses jiuris italici sunt. Los de Badajoz y Mérida, Colonias de los romanos, gozan del derecho de Italia. De donde el elocuentísimo Juan Genesio de Sepúlveda, cronista de su Majestad, en una epístola a nuestro rey católico D. Felipe, siendo príncipe número 37 de las suyas, hablando de estas Colonias y del privilegio de franqueza que tenían, declara la derivación de este nombre hidalgo, tan recibido en España por el hombre noble y que no es pechero.

PUNTO I.- Del principio y significación de este nombre hidalgo.- Y dice, que se llamó hidalgo, como quien dice itálico, que goza del derecho y privilegio itálico, del cual habla la sobredicha ley del Digesto, entendiendo por el derecho itálico la inmunidad y franqueza de ciudadanos romanos, que es semejante a la que España da a los que se llaman hidalgos. Y verdaderamente hay tan grande vecindad en el sonido y letras de estos nombres, hidalgo e itálico, que casi no se diferencian en nada; que por la corrupción de una o dos letras, no es una misma cosa italici, italci, idalgi, hidalgui. La cual diferencia y corrupción de letras acaeció en muchos nombres de España, así por la mutación natural de los tiempos, como por la habitación de los infieles moros que todo lo corrompieron; y así de Pax Augusta hicieran Baxagus, y después a poco Badajoz. De Astigi, nombre antiguo, poco a poco se vino a decir Ecija, y de Segobriga, Sepúlveda; de lo cual pone muchos ejemplos y da la razón el antedicho Sepúlveda. Conforme a esto, es muy verosímil lo que dice, que hidalgo se dice de itálico, del que gozaba del derecho de inmunidad y exención de Italia, como ahora los hidalgos de Castilla.

PUNTO II.- De otra declaración de hidalgo.- Bien es saber otra derivación que trae una Ley de Partida, (Ley 2ª, Tít. XXI, Part. 3) diciendo que hidalgo se dice y significa tanto como hijo de bien, que quiere decir, hombre muy bueno y virtuoso, conforme a la regla y frases de los hebreos; que por no tener superlativo, a una cosa a quien le compete mucho una cualidad, la llaman hija de ella; como al Anticristo le llama San Pedro hijo de perdición, muy perdido (Ep.2ª a los Tes.II). Al hombre pacífico, hijo de paz, muy pacífico. Y en el primer libro de los reyes, David, profeta y rey, llama hijo de muerte al que tal delito hubiese cometido (Lib. I. de los reyes, c. 21), no sabiendo que daba sentencia contra sí.

Como quien dice: muy digno es y merecedor de la muerte. Y a David, entre otros epítetos que se le dieron muy honrosos, contando la muerte del gigante Goliat, se dice de él: A Deo datus, filius saltus plymitaris, bethleemites (Lib. II de los reyes, c. 21) “Dado por Dios para el bien de Israel, hijo del bosque y de los montes”, porque de allí lo trajeron siendo pastorcillo tras su ganado y porque anduvo escondiéndose entre los árboles y breñas huyendo de Saúl. Llamáronle Polymitario, como quien dice, gran bordador y oficial de ornamentos eclesiásticos, porque venía del linaje de aquel gran artífice Beseleel, en tiempo de Moysén, y por tanto amplificó el culto divino. Llámasele Bethleemite, porque era natural y nació en Bethleé. Así que llámanle hijo del bosque y del monte, porque le conviene bien, por ser muy aficionado al campo y al bosque, y por haberse criado en él mucho tiempo. De esta manera la Ley de Partida al hidalgo o hijodalgo le llama así: como quien dice, hijo de bien; porque algo, en la lengua antigua española, quiere decir bien, y así se llamaban los algos de tal parte, como quien dice, los caballeros de Salamanca.

PUNTO III.- Una exortación a los caballeros e hijosdalgos.- De donde saco yo una ponderación para los nobles e hijosdalgo de nuestra España, cuanta obligación tienen de ser muy aficionados al bien y a la virtud, que es la verdadera nobleza, como han de ser padre de los pobres, de las viudas, de los huérfanos, muy sufridores de los trabajos, amparo de la república, fieles ministros de los reyes, devotísimos a Dios y servidores y favorecedores de las Iglesias y sus cosas. Como lo eran aquellos hijosdalgo y caballeros antiguos que se llamaron el Cid Rui Díaz, Pedro Bermúdez, el Conde Fernán González, Mudarra González, los Infantes de Lara, y en nuestros tiempos el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, Antonio de Leiva y otros de quienes hablan las historias de España.

Mal pecado, pocos vemos de estos hidalgos, antes olvidados de la virtud y bien de sus padres, de quienes heredaron la nobleza, como se hallaron nacidos y criados en aquella estimación, paréceles que se les debe, que la tienen sueltos de toda obligación, sin deber nada por ella a Dios. Críanse regalados, comedores y bebedores y hacen estado y grandeza, que desde niños se les lleve el almuerzo a la cama, que no puedan ayunar, que se anden de caza todos los días, aunque sean de cuaresma, ayuno y fiestas, y los que no son amigos del campo, que se den al juego de la pelota, del naipe, del dado y lo que peor es, otros se dan a vicios y pecados de la sensualidad, tan desenfrenadamente, que incurren en grandes miserias y flaquezas de sus cuerpos, con que habían de pelear y defender la república, y así, ni pueden ir a la guerra, ni yendo a ella hacer lo que sus padres, de donde descienden y por quienes tienen la nobleza y riquezas que hicieron.

Y así se andan perdidos en las cortes de los príncipes, sirviendo sólo a la vanidad y deleites, a los cuales justificadamente les serían quitadas las preeminencias y privilegios de que gozan por la virtud de sus mayores, como lo tiene proveído el derecho, de los que usan mal de la gracia y privilegios concedidos. Y los que de ellos pretenden hábitos de las órdenes militares y hacerse cruzados, que había de ser motivo para señalarse más en el bien y virtud y afamada caballería, toman el hábito y la cruz por vanidad, para traerlas y hacer demostración de ellas en los pechos. Muy olvidados de que son verdaderos religiosos y que hicieron votos de castidad, obediencia y religión, que traen consigo grandes obligaciones. ¡ Oh, gran olvido de la nobleza de España, que no mira que los que tenían sus bienes y haciendas libres, por el hábito y cruz que tomaban y profesión que hacían, las hicieron comunes de la orden y religión que tomaban para no poderlas gastar sino con orden y licencia, de donde resultan escrúpulos de conciencia y restituciones que no se hacen!. Lo cual mucho encarece con lágrimas, el doctísimo y muy religioso Martín de Alpizcueta Navarro, en su “Tratado de cómo se han de gastar las rentas eclesiásticas”. Y aunque en este me he detenido más de lo que pensé, holgarase el lector de esta digresión, por habernos dado ocasión a ella la susodicha ley de Partida, que tan de propósito dice que hidalgo se llama hijo de bien, y como los hidalgos se han de preciar de esta etimología de su nombre.

Otra denominación trae el Ilustrísimo, presidente, nuestro coterráneo Obispo de Segovia Covarrubias, en su libro lleno de varia erudición llamado “Varias resoluciones”, donde dice, que se llama hidalgo, como quien dice, hombre de estimación, porque “algo”, este nombre, así en griego como en latín, significó cualidad, estimación y respeto, como aparece en las Actas de los Apóstoles (capítulo V), donde un Theodas se levantó contra la iglesia y dice que se estimó y ensoberbeció diciendo que era “algo”, como quien dice, entre nosotros, caballero hidalgo, persona de gran estima, gran profeta. Así lo afirma Marco Tulio Cicerón en una epístola ad Atticum: “Procurad, como lo hacéis que yo sea ALGO, pues no puedo llegar a ser el que fui en tiempos pasados”. Dejo otras cosas que trae al propósito Otalora en De Nobilitate, que fue en esto y lo demás muy curioso. Basta esto para decir, como la Ciudad de Ecija fue una de las Colonias de los romanos, y del privilegio de hidalgos que gozaban los que en ella vivían.

2.- DE LA HABITACION QUE HICIERON LOS ROMANOS, TESTIMONIOS Y VESTIGIOS.

En esta Ciudad, que así hicieron los romanos, pusieron Convento, que llamamos Chancillería, como la hay ahora en Granada y Valladolid, porque como escribe Plinio (Lib. III, cap. 1º y 3º), en la España llamada Citerior o Tarraconense, pusieron siete Chancillerías y de otras siete Chancillerías que los romanos establecieron en la España que llamaron Ulterior, de los montes Pirineos acá, las cuatro de ellas, como audiencias grandes donde se determinaban los pleitos de toda la Andalucía, pusieron en cuatro pueblos que fueron Cádiz, Córdoba, Sevilla y Ecija.

Y allí concurrían a juicio ciento setenta y cinco pueblos, entre los cuales, ocho eran poblaciones de los romanos y en la parte de La Lusitania, que se dividía por el río Guadiana, pusieron las otras tres (Lib. IV, cap. 22). De donde está clara la habitación que los romanos hicieron en esta Ciudad de Ecija. Aparecen ahora en ella señales y vestigios de algunos edificios que los romanos en ella hicieron y así mismo piedras y mármoles muy hermosos, de admirable grandeza y altura, que sirven de columnas en las Iglesias, y hay una calle que se llama la calle de los Mármoles, de donde se han sacado muchos y de un grande mármol de éstos es la horca, para la ejecución de las justicias; que por su grandeza y proceridad hay común noticia y proverbio de él en Castilla.

Aparece también la habitación de los romanos en esta Ciudad, en la policía y buen aderezo de los caminos que de ella van a Córdoba, a Carmona y Sevilla; porque los romanos eran amigos de las obras públicas. Y así, para en tiempo de invierno hay caminos particulares que llaman arrecifes, levantados en alto con piedras y arena, que fueron obras muy costosas, por ser tan largos como ya se ha dicho. Y lo mismo hay en otras muchas partes de España, donde quiera que les pareció necesario a los romanos, que en ser virtuosos y buenos republicanos hacen ventaja a todas las naciones que ha habido en el mundo. Y por eso, dice San Agustín, que les dio el Señor tanta prosperidad y jurisdicción en él.

Y el medio que para hacer esto con mucha facilidad tenían, era, que todos los criminales que habían de ajusticiar los condenaban a las obras públicas, para que trabajasen allí sin jornal, o para siempre, o por el tiempo que merecía el delito; como se hace ahora con los que condenan a que sirvan en las galeras de Su Majestad, sin sueldo ni paga alguna. En lo que hacían dos cosas de mucha discreción; la una, que daban mayor castigo al culpado que con azotes y muerte, por la afrenta y vergüenza que allí pasaban trabajando en público en pena de su pecado. Y no sólo ellos padecían esa afrenta y vergüenza, sino también sus deudos y amigos; y era mejor y más provechoso castigo para excusar los delitos y que no se cometan, que es el principal fin que ha de pretender la justicia. Y cuando a alguno por pena de sus culpas lo azotan o matan, ese castigo para ellos es breve y lo mismo para sus deudos y amigos, y no dura tanto el ejemplo del castigo como si cada día lo viesen trabajando en las obras públicas. Lo segundo en que se mostraban discretos los romanos en esa manera de castigar, era, que así hacían casi de gracia y de balde tan grandes e insignes edificios, como parece en las historias, y quedan todavía rastros del Capitolio y Coliseo y las Termas de Dioclesiano, y se ven en muchas partes de España.

Entre Osma y Aranda, junto a Coruña, llamada antiguamente Clunia, estuvo la Ciudad de Castro, en un alto cerro, donde ahora está una devota Iglesia que se llama de Nuestra Señora de Castro, por la Ciudad que allí estuvo, llamada Castrum Julij, el castillo de Julio César. Y allí se hallan vestigios de grandes edificaciones y un ancho Coliseo, y las cáveas o cuevas de las bestias fieras que allí metían para los públicos espectáculos. De manera que ellos hacían sus obras públicas de templos, pueblos y caminos de balde, sabiendo castigar así a sus delincuentes. Y es cosa de harta lástima de los españoles, hinchados y presuntuosos, que haciendo los romanos tan largos y costosos caminos, si ahora se quiebra o se desbarata un pedazo del camino, en diez o vente pasos, no somos para remediarlo, aunque allí se maltraten y reciban daño todos los caminantes, y ni tratan de ello los reyes y príncipes, ni tampoco los gobernantes de la república.

Y no es maravilla que no reparen las cosas caídas o maltratadas de los caminos, porque están fuera de las ciudades, pues en las cosas de dentro hay tan poca policía, en la limpieza de las calles, en quitar los ociosos y vagabundos, en poner tasa en los edificios demasiadamente costosos de los hombres particulares, en los trajes y vestidos tan desordenados, y sobre todo, en la mala educación y crianza de los niños pequeños y mozos grandes, que andan perdidos por las calles y plazas, hechos mataperros y holgazanes, sin saber oficio, ni tener ocupación virtuosa, de donde nacen grandes vicios y pecados, como lo dice el Espíritu Santo por el Eclesiástico (cap. XXXIII): “Muchos males enseñó la ociosidad” y del adulterio de Egisto con la mujer del rey Agamenón de Grecia, no da otra causa el poeta, sino la ociosidad:

“Quae ritur Aegistus quaere sit Jactus adulter in promptu causa est desidiosus eram”. “Es preguntado Egisto, por qué cometió adulterio. En la mano está la respuesta: porque estaba ocioso.”

Y entre otras causas que en el Génesis se dan de la destrucción de aquellas abominables ciudades y de los delitos que en ellas se cometían, es una la ociosidad. Pues para desterrar los romanos este semillero de tantos males, como es la ociosidad, y quitar los otros abusos dichos, creaban al principio del año unos censores, que andaban por el pueblo reprendiendo y castigando estos desconciertos, y especialmente proveían que no anduviesen los niños ni mozos perdidos, sino que todos tuviesen y aprendiesen oficios, y sobre ello castigaban a sus padres, hasta desterrarlos de la república si no lo remediaban. Y para este efecto daban mucha autoridad a los censores, como dice una ley de las Doce Tablas, según lo refiere Marco Tulio Cicerón, en la oración pro Clodio:

Censores populi, civitatis soboles, familias, pecunias que censento, urbis templa, vias, aquas, aerarium, vestigalia tuentor, populi partes in tribus distribuunto, equitum peditumque; prolem, describunto, celibes esse prohibento, mores populi regunto.

“Tengan jurisdicción los censores, de corregir lo que les pareciere, en la familia, en la casa, en el pueblo, en los hijos, y cosas a ello concerniente, etcétera.” Así lo hacían los romanos, empero muy poco se nos ha pegado de esta su policía, aunque somos cristianos y profesamos la fe y doctrina evangélica, donde resplandece y de donde procede toda buena policía y gobierno, aunque, como está dicho, los romanos vivieron entre nosotros.

Allende los vestigios y rastros sobredichos, de haber tenido habitación los romanos en esta Ciudad de Ecija, hay otros muy grandes, porque aparecen muchas piedras con letras cavadas, con inscripciones y epitafios de romanos que morían allí y hacían legados y mandas para obras pías, como se hace ahora en los testamentos, como parece esto claro en dos piedras que al presente están fijadas a la espalda del monasterio de San Francisco. Dice así la una:

PVB. NVMERIVS MARTIALIS, ASTIGITANVS,
SEVIRALIS, SIGNVM PANTHEI, TESTAMENTO FIERI,
PONIQVE EX ARGENTI LIBRIS, C. SINE VLLA
DEDVCTIONE IVSSIT.

Que quiere decir:

“Publio Numerio Marcial, astigitano o natural de Ecija, uno de los Sevirales o Seises de la república, mandó en su testamento que se hiciese una estatua del Pantheon, de plata, de peso de hasta cien libras, sin que de ello se sacase alguna deducción o derecho para el Rey.”

Estos nombres propios de Publio Numerio y figura de oficios, Seviral o Triunviral, y la estatua del Pantheon, de aquí se habla, era plática de los romanos y la deducción que dice que no se haga, porque no se disminuya la manda pía, se declara por la ley final C, de edicto de D. Adriano, tollendo. Porque el Emperador de Roma, Adriano estableció la imposición de que de todos los legados píos se le diese la vigésima parte. Y esta deducción muestra haber cesado en aquella ley Justiniano, y de haber quitado semejante imposición alaba Plinio en su Panegírico al emperador Trajano. De que esta deducción e imposición fuese la vigésima parte, con las otras cosas que vamos probando, decláralo otro epitafio que está en el mismo lugar. Dice así:

CAECILIA TROPHIME STATVAM PIETATIS, EX
TESTAMENTO SVO, EX ARGENTI PONDO CENTVM,
SVO, ET CAECILI, MARITI SVI NOMINE PONI IVSSIT.

Que quiere decir:

“Cecilia Trophime, mandó en su testamento que por sí y en nombre de Cecilio Sylon, su marido, se hiciese y pusiese una estatua de la diosa de la piedad, que pesase cien pesos de plata.”

Síguese luego la ejecución de lo dispuesto en ese testamento, de este modo:

DECIVS CAECILIVS HOSPITALIS, ET CAECILIA, DECII
FILIA MATERNA, ET CAECILIA PHILETE HAEREDES
SINE VILLA DEDVCTIONE XX. POSVERE.

Que quiere decir:

“Decio Cecilio Hospital y Cecilia, su hermana de madre, y Cecilia Philete, todos herederos de Cecilia Trophime, pusieron la dicha estatua, sin desfalcar, ni quitar la vigésima que se suele dar al Emperador.”

Hay también otro epitafio muy de notar, que se halló en el campo, en una heredad, saliendo de Ecija, camino de Granada, que va derecho a Estepa. Hace mención de Gneo Pompeyo y el difunto era un italiano de la provincia de Marso. Dice así el título:

PROPE ASTIGIM NOM LONGE A PVBLICA VIA QVAE
DVCIT GRANATM. QVAM VARIA HOMINVN FATA,
ORTVS, IN MARSIS DOMITIVS TORVAS, VLTIMAS ADII
TERRAS, ARMA SECVTVS INFOELICIA GN. POM. HIC
OCCVBVI, VVLNERE LVCH OPTATII ASGITANI. ME MI
SERVN, NEC DII NEC CAVSA MELIOR, VIX
ANNVMANTTINGENTEM XX, A MORTE ERIPVERE,
VALERIVS THORANVS NATVS TVSCVLI, SVBITO
CONLECTITIOQVE IGNI, ME CONCRETAMEVIT. III.
DEMCMMENSE BASIM ERXIT, TAM LONGE A PATRIA.

Quiere decir:

Este epitafio está cerca de Ecija, no muy apartado del camino de Granada.”

“¡Cuan diferentes son los hados de los hombres!. Yo Domicio Torano, nacido en Marso, vine y peregriné a estas últimas tierras, siguiendo las infelices armas de Gneo Pompeyo, viene a morir aquí con una herida que me dio Lucio Optato, astigitano (ecijano). ¡Ah! Desventurado de mi, que ni los dioses, ni tener mejor causa y justicia, me libraron de la muerte, siendo tan mozo que apenas llegaba a los veinte años. Valerio Thorano, nacido en Thusculo, por hacerme beneficio, me quemó con fuego súbito y recogido, para guarda de mis cenizas. Y finalmente, de allí a tres meses, me levantó esta basa y piedra, en testimonio y memoria. Y así quedo aquí tan lejos de mi patria.”

En este epitafio es de notar lo que dice, que desde Italia vino a las últimas tierras, con estar en Ecija, y después añade, que vino a morir y sepultarse tan lejos y apartado de su patria. Y dice esto porque entonces no había noticia sino hasta el estrecho de Gibraltar, donde puso Hércules las dos columnas señalando el fin de la tierra. Pero ahora que se ha descubierto el nuevo mundo de las Indias occidentales, – por lo cual el Emperador D. Carlos V tomó por armas las dos columnas de Hércules, diciendo Plus Ultra, “mucho más adelante”- no pudiera decir el italiano que había llegado a las últimas tierras, por llegar a Ecija.

Así, pues, consta de lo antedicho, la habitación que en esta Ciudad de Ecija hicieron los romanos y los testimonios que de ello hay.