REEDICION DE LA HISTORIA DE LA GLORIOSA VIRGEN SANTA FLORENTINA
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ – 2008

PARTE -3

3.- DE LA GENTE, DEL NOMBRE Y DE LA FERTILIDAD DE LA CIUDAD DE ECIJA.

Era esta Ciudad muy célebre y tenida mucho por los romanos, que la edificaron y habitaron. Dice Plinio, que era privilegiada y libertada de tributos y no estipendaria como otros pueblos comarcanos; y siendo Chancillería donde acudían de tantas partes a juicio, y habiendo en ella rey particular de Ecija en tiempo de los moros, que se llamó Aben-hue, como aparece en la historia del rey D. Fernando el Santo, es cosa muy verosímil que tenía mucha tierra y algunos pueblos y aldeas sujetas. Y así se hallan instrumentos antiguos, de donde resulta haber tenido treinta pueblos, aunque ahora no tenga ninguno. La cual mudanza no es de maravillar, si consideramos la vanidad de las cosas terrenas y la poca firmeza que en ellas hay; y así vemos, no sólo ciudades, más aún, provincias y reinos que un tiempo han sido muy prósperas y en breve revolución de años se han venido a asolar y quedar yermas.

En España habitaron primero los Fenicios, luego los Caldeos, Persas y Judíos; luego los Godos, los Romanos, los Moros. Philon Alejandrino, trae muy bien otro ejemplo en su libro Deus sit inmutabilis. Buen ejemplo nos serían de esto las dos ciudades más renombradas del mundo; Roma y Jerusalén; la pujanza que en algún tiempo han tenido y las muchas veces que han sido desoladas, que por ser cosa de tanta consideración, lo contó por extenso el noble caballero Pedro de Mejía en su Silva.

Y el maestro Alejo Venegas –que desciende de los Cherinos, un linaje de Ecija- hombre de infinita lección, después de haber hecho un catálogo de ciudades y provincias que se han mudado en el sitio y en el nombre, concluye diciendo: “No pretendemos aquí otra cosa, sino dar una muestra de la mutación de los lugares estantíos, que por quedos que han estado, se los ha tragado ya el tiempo.” ¡Y siendo esto así, esperan los hombres perpetuar sus memorias con ser fieles vasallos del mundo, por el servicio del cual no hay cargo de conciencia que les embarace el estómago, como si la subsistencia de sus cuerpos se hubiese de mantener de las letras que componen sus nombres!. ¿En qué vida de memoria confiará el morador del lugar, cuando vemos que en el pueblo en que moró se ha hundido en el golfo del tiempo, o se ha disminuido o menoscabado en gran cantidad?. De la mutación de las cosas más firmes del tiempo, testifica maravillosamente Lactancio Firmiano, en su libro de De divino premio (lib. VII, cap. 15º), de la asolación del mundo y mutación de los imperios. Porque las obras de los mortales, han de ser mortales. Y Cristo nuestro Redentor, lo enseñó a sus discípulos, hablando de Jerusalén en su mayor triunfo: “Mirad esas piedras y este edificio de templo tan renombrado, no quedará piedra sobre piedra. Y no es maravilla que esto se acabe, pues todo el mundo junto se ha de acabar y consumir”.

De lo cual se podrá fácilmente entender que la Ciudad de Ecija ahora es grande población, pero antiguamente fue en todo mayor y más calificada, y en conformidad de esto tenía Obispo, como después veremos y tenía Procurador y voto en Cortes que ahora no lo tiene.

Allende de esto la gente de esta Ciudad ha sido siempre en las historias alabadas de fuerte y belicosa, como demuestra Antonio de Nebrija en su historia, ensalzando los soldados cordobeses y “astigitanos”, que así los llama; y en la guerra de Granada, en tiempo de los Reyes Católicos, se señalaron mucho. Aunque en este levantamiento que ahora hicieron los moriscos de Granada, no se de qué alabe a los soldados españoles, ya sean de Córdoba, ya de Ecija o de Sevilla, o de cualquier parte.

No ha sido pequeña causa de flojedad, haber gozado España de tanta paz y tranquilidad, con lo cual se han descuidado los hombres y no han hecho ni hacen ejercicio alguno de la milicia. Por lo cual Catón Censorino, fue de parecer que no se acabase de rendir y sujetar a Cartago, sino que estuviese en pie y diesen guerra a los romanos, porque la paz y la ociosidad no les dañasen; como dice Antonio de Nebrija en la Historia de los Reyes Católicos que se hizo en España: “Cuando España se perdió y la ganaron los moros, tenían mucho de descuido y ociosidad, ningún ejercicio de armas ni de guerras, dábanse a vicios y pecados y pudiéronse fácilmente apoderar de ellos los moros”. Como lo nota bien Ambrosio de Morales, hablando de la destrucción de España en su historia (Lib. XII).

Pero como está dicho, antiguamente la gente de esta Ciudad era fuerte y belicosa. Hubo en ella, en tiempo de la destrucción de España, rey moro que se llamaba Aben-huc, y lo era también rey de todos los pueblos de moros que había en esta parte hasta la mar. Y teniendo el rey D. Fernando III, el Santo, cercada la Ciudad de Córdoba, el rey Aben-huc trataba de ir contra él, a favor del rey de Córdoba y por consejo de un caballero de Castilla que se llamaba Lorenzo Suarez de Figueroa, que estaba huido con el rey moro, en desgracia del rey D. Fernando, dejó de ir allá, persuadiéndole y engañándole para que fuese a otra parte donde también le llamaban y le pedían favor, y así dio lugar a que se ganase la Ciudad de Córdoba por el rey D. Fernando que la tenía cercada. Y por este respecto la Ciudad de Córdoba está obligada a ser agradecida a este caballero y a la Ciudad de Ecija de donde salió su remedio.

El nombre de la Ciudad de Ecija no se sabe que principio haya tenido, sino que “Ecija” en lengua arábiga quieren decir algunos moriscos que significa “sarteneja”, como la llaman en Castilla, por el grande calor que hace en ella, como lo suele hacer en tierras fértiles y abundosas. Y no se si por este repecto tiene por armas un sol, porque sus rayos se apoderan mucho de la Ciudad y su tierra. En latín se llama Astigi o Astigia. Y como en estos vocablos haya letras corruptas, por ser tan antiguas y haber habitado diversos moradores y naciones, tiene lugar lo que dice el docto Sepúlveda, arriba alegado, en el capítulo primero, que de Astigi, poco a poco vino a parar en “Ecija”, por mutación de letras. Y esto es lo más cierto.

No falta quien diga que se llama así, porque el principal astro y cuerpo celestial, que es el sol, tiene en esta Ciudad principalísimas acciones y hace en ella influencias maravillosas, con que le recompensa bien el calor que en ella causa, porque la hace fertilísima y abundante de muchos frutos de la tierra, para servicio y mantenimiento de los hombres; y lo que Plinio dice, en el lugar alegado, de toda la Bética y Andalucía: Cunotas provintiarum divit cultu, est quodam fértil ac peculiari xitore praecellit. (Plinio, lib. III, cap. 1º).

Que excede a todas las provincias en ricos frutos y hermosura, se verifica en Ecija, que en esto excede a toda la otra tierra de Andalucía, especialmente se ha hallado que produce esta tierra más de veinte cosas “ultro nacentia”, en los campos en que pueden los hombres ganar de comer y remediar su pobreza, como son espárragos, cardos, alcachofas, alcarciles, turmas, palmitos y otras cosas semejantes, y en lo demás que se cultiva y labra. Es pueblo muy rico y abundante de pan y vino. Tiene gran cosecha de aceite, que de allí se lleva para provisión de muchas partes. Hace arrendado el diezmo del pan, en algún año, en más de cuarenta y ocho mil fanegas y el diezmo del aceite en cincuenta arrobas y dicen que la parte del Obispo vale más de doce mil ducados y que en algún año se han dado al Rey y a la Iglesia más de veinticinco cuentos. Y lo que es mucho de considerar, no tiene de término a la redonda sino tres leguas, poco más o menos, y no tiene aldea alguna al presente, de donde reciba provisión, con tener siete mil quinientos vecinos, en que se podrán hallar cincuenta mil almas, como aparece por la matrícula de las confesiones que se hacen en las parroquias.

Y para esto todo es república suficiente a sí misma; y no sólo le basta para ello, sino que provee a Sevilla sobre lo que ella tiene para cargar en Indias, de trigo y otras cosas, que es buen argumento de cuan fértil tierra es. Hállanse también en ella dos cosas que no se hallan en Castilla, como es el ajonjolí, que se echa al pan y le da gracia y sabor, lo cual se halla en Valencia y gran cantidad de algodón fino, del que se provee gran parte del reino y otros extranjeros. Esta Ciudad está asentada junto al río Genil, que con su corriente bate en los muros, en cuyas riberas tiene muchos molinos y aceñas de pan, batanes para los paños y muy hermosas huertas y frutales muchos de muy crecida fruta, naranjos, albérchigas, gamboas y membrillos y otras. Tiene seis leguas de huerta en la ribera de este río, las tres hasta el término de Estepa y otras tres hasta el término de Palma. Hay muchos caballeros de noble y antiguo linaje, como Portocarreros, que es la casa de Palma; Manriques, Zayas, Galindos, Fajardos y otros. Y allí tienen casa de habitación los nobles de Palma.

Antiguamente esta Ciudad tenía Iglesia Catedral, Obispo propio y voto en las Cortes. Estas preeminencias las ha perdido por la injuriosa mutación de los tiempos, que deshace jurisdicciones, ciudades, provincias y reinos. Y en lo que toca a haber tenido Obispo, hay tradición evidente de ello y ahora se muestra la casa donde vivió San Fulgencio, Obispo, hermano de Santa Florentina, que es junto a la Iglesia mayor de Santa Cruz. Y junto con la tradición hay escrituras e historias, como consta en el Concilio Hispalense, primero, en el que presidió San Leandro, Arzobispo de Sevilla y escriben allí los Obispos a Pegasio, Obispo de Ecija, sobre unos esclavos que su predecesor Gaudencio, Obispo también de Ecija, había libertado y dicen en el capítulo II: Hanc formam non solum vestra, hoc est Astigitana servabit ecclesia, sed et omnes qui per Baeticam provintian, etc. “Esta regla guardará no sólo vuestra Iglesia de Ecija, sino todos los que por la Andalucía se fueron”. También aparece en el Concilio Hispalense, segundo, que presidió San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, hermano de San Fulgencio, y se determinó allí un discrimen que había entre Honorio, Obispo de Córdoba y San Fulgencio, Obispo de Ecija, sobre la jurisdicción de una Parroquia.

Dicen así las palabras del Concilio: Inter memoratos frates nostros Fulgentium astigitanum est Honorium cordubensem Episcopos, discussio agitata est, propter parochiam Basilicae enjusdan, est. Quiere decir: “Entre los sobredichos Obispos Fulgencio de Ecija y Honorio de Córdoba, hubo una cuestión y disputa en el Concilio, sobre la jurisdicción y Parroquia de cierta Iglesia, etc..” Y en este mismo capítulo se refiere en un Canon del Decreto XVI, cuestión 3ª, de Inter. Memorato y el Breviario Placentino, en las lecciones de San Fulgencio lo afirma así, y que sus reliquias santas están en Berzocana, a tres leguas de Nuestra Señora de Guadalupe, como más adelante lo veremos.

Y el no tener ahora Prelado, como antiguamente lo tenía, es causa de gran daño y mal para las almas, porque como la Ciudad es tan grande y poco el remedio y la justicia que en ausencia del propio Prelado puede recibir para tanta gente y tan libre. Hay en el común muy grande ignorancia y otros inconvenientes. Para bien, consuelo y recompensa de esto, hay en la Ciudad muchas cosas buenas que son: devotos de la palabra de Dios. Hay seis iglesias parroquiales, Santa Cruz, que es la mayor, Santa María, Santa Bárbara, San Gil, San Juan y Santiago. Muchos monasterios de religiosos, Santo Domingo, San Francisco, el Carmen, San Agustín, la Victoria y el de Jerónimos; de monjas, Santa Florentina, Santi-Espíritus, Santa Inés, la Madre de Dios, de la Penitencia, Convertidas y otros hospitales, santuarios y lugares de devoción.

4.- DEL MONASTERIO DE NUESTRA SEÑORA DEL VALLE, DE LA SANTA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA Y DE LA HABITACIÓN QUE ALLI HIZO STA. FLORENTINA.

Pues en esta Ciudad está el Monasterio de Nuestra Señora del Valle, de la Orden del glorioso padre San Jerónimo. Y fue así que estaba en aquel sitio una Ermita e Iglesia de tres naves, de extraña antigüedad y singular devoción por una Santa Imagen de la Madre de Dios, que aquí está; y el cuidado y regimiento de esta Iglesia lo tenía Juan de Medina, Prior de las Ermitas, natural de Sevilla y el Sr. D. Luis Portocarrero, señor de la villa de Palma, que aún no era Conde, la pidió y alcanzó para ello licencia del Sumo Pontífice, en el año de 1486, que son ahora ochenta y cuatro años, porque este es el año de 1570.

De esta manera entregó esta Iglesia y Ermita a los monjes de San Jerónimo, -que el vulgo por ignorancia, los llama Isidros, porque tenían en Sevilla un Monasterio insigne llamado San Isidoro-, no obligándolos a más de que asistiesen en ella seis frailes y les edificó un paño de celdas para ello y edificó y dotó la Capilla e Iglesia, grande y nueva que ahora hay, tomando la Capilla para su enterramiento y el de los Condes de Palma, dándoles cincuenta mil maravedíes de renta en cada un año y veinte cahices de trigo. Y con esto él es fundador y patrón de esta casa y lo son sus sucesores los Condes de Palma. Y ahora últimamente, el año 1569, nuestro Sumo Pontífice Pío V, a instancia de nuestro Rey Católico Felipe II, a quien en el Breve llama religiosísimo Príncipe, transfirió esta casa y las demás de los monjes de San Jerónimo que había en España, a la Orden y frailes ermitaños de San Jerónimo de la Observancia, que ahora viven en ella.

Y porque hará bien al propósito y dará contento al lector, se pondrán aquí unas cartas de Su Majestad y del Nuncio de Su Santidad, y del General de San Jerónimo, sobre la dicha reducción, para que se entienda lo que se hizo y el efecto que se pretendió y lo demás:

A LOS DEVOTOS RELIGIOSOS, EL PRIOR Y CONVENTO DEL MONASTERIO DE SANTA MARIA DEL VALLE, CERCA DE LA CIUDAD DE ECIJA.

EL REY.

DEVOTOS religiosos: Sabiendo nuestro muy Sancto padre, Pío, Papa Quinto, que essa vuestra orden avia precedido y tenido su origen de la de San Hieronymo y pareciéndole conforme a lo que yo le escrivi y embie a suplicar, que esse y los otros monasterios de la dicha vuestra orden, estarian mejor incorporados y sotopuestos a la subjecion y obediencia de S. Hieronymo, ha acordado de proveer y mandar que así se haga; y cometido la execucion dello a los Ordinarios donde estuvieron los tales monasterios, juntamente con dos religiosos de la dicha orden de S. Hieronymo, como lo vereys por vna clausula authentica del breve de su Sanctidad, que se os presentara juntamente con esta, por las personas que van a entender en este negocio con la comissión necesaria.

Y pues sola y principalmente se endereza a que vosotros podays servir a nuestro Señor con mas quietud. Rogamos os mucho, que respondiendo a lo que de vosotros y vuestra humildad se espera, hagays y cumplays lo que su Sanctidad con tan maduro acuerdo y deliberación ha proueydo y ordenado, dando y prestando la obediencia, llana, libre y pacíficamente, al padre General, que agora es, y por tiempo fuere, de la dicha orden de S. Hieronymo; para que de aquí adelante, el como superior vuestro os pueda gouernar y visitar, como su Sanctidad lo quiere y manda, que somos ciertos lo hara en todo tiempo con charidad tan paterna, que teneys causa de estar muy contentos y demas que en esto hareys lo que soys obligados y lo que conviene al beneficio de vuestras personas y consciencias, su Sanctidad y yo tenemos dello mucha satisfacion y cuenta con favoreceros en todo lo que os tocare. De Madrid, a veynte de Julio, M.D. lxvij. YO EL REY.- Por mandado de su majestad.- Gabriel de Çayas.

Carta del General de San Hieronymo.

AL REUERENDO Y MUY VENERABLES PADRES LOS PADRES, PRIOR Y CONUENTO DE SANCTA MARIA DEL VALLE DE ECIJA. DEL PRIOR DE S. BARTOLOMÉ.

REVERENDO y muy venerables padres; por la carta de la Magestad Real del Rey nuestro Señor y la clausula authentica del breve de nuestro muy Sancto Padre Papa Pio Quinto, entenderan vuestras Reuerencias, lo que su Sanctidad con maduro consejo y sancto zelo de religión ha mandado acerca de la reduction de essos monesterios de essa orden en estos reynos de España, a la obediencia del General, que es, o por tiempo fuera desta orden de nuestro padre S. Hieronymo, de donde tuvieron su origen y principio. Y aunque esto es añadir trabajo al que ha de regir, como sea obra de charidad y se encamine al servicio de nuestro Señor y bien de la sancta Religión, y lo manda su Sanctidad y lo quiere su Majestad, no he podido dexar de obedecer y hazer lo que se me manda.

Bien podran vuestras Reverencias estar satisfechos, que la union e incorporación de essos monesterios a nuestra orden, no se procuro jamas por mi, ni por persona de esta orden y si a nuestra libertad lo dexaran, no se si lo aceptáramos, pues basta la carga de animas que tenemos, sin cargarnos de otras. La Divina Majestad tenga por bien, pues por ella se acepta, que de todas demos tal cuenta, que sea recebida en el Divino juicio por recta y justa. Vuestras Reverencias como religiosos y siervos de Dios, que son, acepten y tengan por bien esta union, pues se ordena al servicio de nuestro Señor y bien de essos monesterios y honrra de las personas dellos.

Lo que fuere en mi les ofrezco y de parte de toda esta orden les prometo, que en todo aquello que a su consolación y buen tratamiento tocare, me hallaran por muy verdadero padre, y a los religiosos de esta orden por muy verdaderos hermanos, sin que entre los vnos y los otros aya diferencia alguna; porque estoy muy confiado, que vuestras Reverencias no querran, ni pediran, sino aquello que fuere dentro de la observancia de la sancta Religión. Guarde nuestro Señor las Reverencias y muy venerables personas de vuestras Reverencias, para su servicio. De San Bartolomé de Lupiana, diez y seys de Agosto, de mil y quinientos y sesenta y siete. Vestrarum Reverenciarun devotissimus. Indignus Prior Generalis.

Leídas estas cartas en el Monasterio al Prior y Convento y habiéndonos admitido a los que allí íbamos, después del día de San Mateo, veintiuno de Septiembre, el año siguiente de 1568, a hora de tercia, juntos a campana tañida, en presencia de un Notario, se hicieron los autos necesarios, se les leyeron una carta del Arzobispo de Rosano, Nuncio de Su Santidad, en lengua italiana, que venía en lugar del breve, otra de Su Majestad el Rey D. Felipe nuestro Señor y otra del General de San Jerónimo, de las cuales se ponen dos aquí, que son estas:

Carta del Nuncio.

A LOS MUY REVERENDOS PADRES EL VICARIO Y CONVENTO DEL MONESTERIO DE SANCTA MARIA DEL VALLE DE LA CIUDAD DE ECIJA.

MOLTO REVERENDI PATRI.

Oltra quello che sua Sanctitá ordeno nel breve, circa la riforma de le Reverentie V. et di tutti li altri fratri eremiti di sancto Hieronymo che fono in questi regni, ha voluto per maggior declaratione de la mente sua, far mi intendere, como ha fatto, che la intentione di sua Beatitudine, e che non solo si riducano le Reverentie V. a la osservanza et regola di sancto Hieronymo, ma siano conformi loro in tutto, mutando le habito, et pigliando quello di Hieronymi, il che potrono e deverano far, le Reverentie V. senza scrupulo alcuno, e senza aspettar altro ordine, poi, che cossi e, la volanta di sua Beatitudine, et il medessimo ho scritto al patre Generale di sancto Hieronymo accio che dia le ordine, che fara necessario per le essecutione di la sancta mente, di sua Sanctitá, la quale essequiranno, le Reverentic V. con quella tranquilitá di animo, obedientia, et humilita che sono obligati. Et N. S. Dio li dia, la sua sancta pace. Di Madrid li 21 di Iuglio 1568.- Di V. Reverentie Vtifrater.- Archiepisco Rosanus, Nuntius.

Carta de Su Majestad.

A LOS DEVOTOS RELIGIOSOS VICARIOS Y CONVENTO DEL MONESTERIO DE SANCTA MARIA DEL VALLE, CERCA DE LA CIUDAD DE ECIJA.

EL REY.

DEVOTOS religiosos. Por dos cartas que se os representaran juntamente con esta, la vna del muy Reverendo in Christo padre Arzobispo de Rosano, Nuncio de su Sanctidad en estos reynos, y la otra del Reverendo padre fray Francisco de Pozuelo, General de la orden de San Hieronymo, entendereys como su sanctidad ha proveydo y mandando que se os de el habito de la dicha Orden, no obstante que la que hasta aquí aveys tenido era más estrecha, que en esto también ha querido su beatitud, como padre tan benigno, dispensar con vosotros, para que lo podays tomar sin ningun genero de escrúpulo. Y aun que siendo esta voluntad mente de su beatitud, somos ciertos que la obedecereys y cumplireys con la humildad y reverencia que deveys. Toda via os avemos querido escrevir, para que entendays que tendremos contentamiento de que en todo y por todo cumplays la orden, que cerca desta os diere el dicho padre General de San Hieronymo, pues lo aveys de tener, reconocer y obedecer de aquí adelante por vuestro superior y lo que se haze es para vuestro bien y consuelo, y para que tanto mejor podays servir a nuestro Señor. De Madrid a. xxij. De Iulio. M.D.lxviij. YO EL REY.- Por mandado de su Majestad.- Gabriel de Çayas.

Prosiguiendo, pues, nuestro intento y volviendo a él, aunque el principio y fundación de esta causa, cuanto al habitar frailes en ellas, no es de mucha antigüedad, lo es de grandísima y mucha cualidad cuanto a la Santa Imagen de la Virgen Nuestra Señora, que aquí está de tiempo inmemorial y cuanto a haber vivido aquí la gloriosa Santa Florentina, o Florencia según otros, hija del Duque Severiano de Cartagena, o Capitán general con el gobierno de ella y de cuyo linaje, sin haber faltado, descienden todos los Reyes de Castilla y España, hasta nuestros tiempos; la cual fue hermana de los bienaventurados San Fulgencio, obispo de esta Ciudad de Ecija, y de San Leandro y San Isidoro, Arzobispos de Sevilla.

Y esta bienaventurada Santa Florentina, tuvo en esta casa un monasterio de monjas recogidas, siendo ella su Abadesa, y tuvo otros dos o tres monasterios en esta Ciudad, y por toda España mil doncellas, como otra Santa Ursula que andaba a ofrecer vírgenes limpias a Dios, su celestial esposo; y tuvo cincuenta monasterios de personas recogidas, a las cuales todas regía, aunque no se sabe por escrito el hábito y regla que guardaban; pudo ser el hábito de San Benito, porque no había en aquel tiempo otra Orden en España y esta comenzó cien años antes que Santa Florentina, porque la Orden hace en este tiempo mil años que existió y la bienaventurada Santa Florentina novecientos; que fue en tiempos del Papa San Gregorio, de San Ildefonso Arzobispo de Toledo, en los años que el falso profeta Mahoma comenzó a fundar su secta excomulgada.

Contra el cual San Isidoro quiso disputar y proceder con él, más se le fue huyendo y le echó de España y dicen que el demonio le envío a Africa, diciéndole que se la daría porque en España no tenía remedio por el merecimiento y vida de estos santos bienaventurados. De manera que pudo tener el hábito de San Benito, o acaso el hábito y religión que le diesen sus santos hermanos. Y así leemos que le escribían muchas cartas acerca del regimiento de la vida monástica, San Leandro, su hermano Arzobispo de Sevilla, le envío un tratado De virginibus. Después he visto el catálogo de las mujeres ilustres de la Orden de San Benito y entre ellas está Santa Florentina o Florencia, y así no hay que dudar sino que fue monja de la Orden de San Benito.


Así que Santa Florentina regía estos monasterios de monjas y los sustentaba con su patrimonio que era muy rico y con el de sus hermanos, que eran obispos y como santos pasan con poco. Y como a ella le tocase el reino, porque sus hermanos eran sacerdotes y obispos, y ella era la mayor, lo renunció y dejó a su hermana Teodosia, menor, que se casó con el rey Leogivildo, padre del glorioso mártir Hermenegildo, príncipe de la Andalucía, que fue martirizado por su padre porque no quiso recibir la comunión de un obispo arriano, y porque se había casado con una hija de Hildeberto, rey de los franceses, muy católico, como dice Volaterrano. Vivió, pues aquí Santa Florentina en esta casa de Nuestra Señora del Valle, donde yo me pude bien informar, para hablar de esto más cumplidamente, porque en ella estuve por vicario y predicador, que esa merced me hizo Nuestro Señor, de darme el lugar donde habitaron los santos.

La muerte de Santa Florentina no se sabe si fue por martirio, porque entonces había muchos infieles arrianos y especialmente lo era su cuñado el rey Leovigildo, de quien ella y sus hermanos los santos arzobispos de Sevilla y Obispo de Ecija fueron perseguidos, pues a más de haber hecho sufrir martirio a su hijo Hermenegildo por la razón sobredicha, Ambrosio de Morales, en la “Historia General de España”, lib. 2º, cap. VII, refiere como Leovigildo, rey godo arriano, desterró a los santos hermanos San Leandro, arzobispo de Sevilla, y San Fulgencio, obispo de Ecija, sus cuñados y a Mausona, arzobispo de Mérida, porque eran católicos y siéndolo tanto Santa Florentina, es bien de creer la persecución que de él padeciera. No se sabe, digo, su muerte si fue por martirio o de muerte natural, después de haber vivido setenta u ochenta años, porque alcanzó los siete reyes que reinaron, como dice una historia; de las cuales fue el segundo, después de Leovigildo, su cuñado el rey Recaredo, su sobrino, que fue muy católico y haciendo la cuenta parece haber vivido este tiempo, porque el sexto de ellos fue Sisebuto, en cuyo tiempo y de San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, hermano de la Santa vino el malvado Mahoma a España.

Lo que se sabe es que las doncellas que estaban en este Monasterio, fueron martirizadas algunos años después y sacadas de allí, derramando su sangre por todo el camino hasta llegar dentro de la Ciudad de Ecija a la Iglesia Mayor de Santa Cruz. En lo cual este camino se parece al camino de Santa Engracia, Monasterio de nuestra Orden de San Jerónimo, hasta la Ciudad de Zaragoza, que está regado de sangre de mártires en la persecución del Emperador Dioclesiano. Y así fue aquí con estas santas doncellas las cuales fueron martirizadas, o por los herejes arrianos que aquí perseguían a los fieles, aún en tiempo de Santa Florentina, como lo dijimos de su cuñado el rey Leovigildo, que martirizó a su hijo Hermenegildo, o pudo ser cien años después en la destrucción de España, cuando en ella entraron los moros, que de esto hace ochocientos años.

Y entonces dicen que las monjas que allí estaban en el Monasterio, temiendo de los moros bárbaro agravio de su virginidad, se afearon mucho los rostros infiriéndose heridas y los moros, viéndolas tan sangrientas, dieron con sus espadas en ellas, porque como valerosas mártires los salieron a recibir. Y así las mataron todas y rociaron aquel camino de su bendita sangre, que es grande gloria de aquella Ciudad, y de más valor y riqueza que sus campos, con ser tan grandes como hemos dicho. Un hecho semejante de divina fortaleza leemos en la historia de Santa Lucía, virgen y mártir, como lo refiere Filipo Bergomate y Juan Maldonado en sus “Lecciones”, que como el Prefecto Pascasio (y bien pascasio y grosero) le dijese que se había enamorado de la hermosura de sus ojos, la esposa de Cristo, Lucía, se sacó luego los ojos y se los envió en un plato; hecho y hazaña jamás oída en doncella tan delicada.


También en la Historia de España de aquellas siete doncellas nobles, que por no venir a manos de los moros y las vergonzosas injurias que tenían, se cortaron sendas manos, que se guardan en testimonio de su honestidad en la villa de Simancas.

Al mismo propósito cuenta el fidelísimo doctor San Jerónimo, en la vida de San Pablo, primer ermitaño, de un mancebo mártir cristiano, que teniéndole atado le enviaron una mujer deshonesta que le solicitase su limpieza, y él, con sus dientes, se cortó la lengua y se la escupió en la cara; con el cual hecho admirable la apartó de sí muy espantada.

Volviendo pues al punto, pasaron estas cosas arriba dichas, ahora novecientos años, viviendo en este Monasterio de Nuestra Señora del Valle de Ecija, Santa Florentina y teniendo aquí la Santa Imagen de Nuestra Señora, sin que por ninguna vía se pueda saber ni entender que haya memoria del principio en que se puso aquí. Y puédese responder fácilmente a los que alguna objeción o dificultad quisieren poner en ello.

Las cosas sobredichas que aquí decimos, las refieren por gran parte el muy elocuente y el muy fidedigno historiador general de España, el maestro Ambrosio de Morales; porque comunicando yo con él estas cosas, que tenía tan sabidas, por haber vivido en Ecija en este Monasterio, las aprobó y le parecieron dignas de tratarlas en su historia, lib. XII, cap. V, cuando habla de los Santos de España.

5.- DE LAS VIAS Y MEDIOS POR DONDE SE HA PODIDO TENER NOTICIA ENTERA, DE COSAS TAN IMPORTANTES, NO HABIENDO DE ELLO ESCRITURA CUMPLIDA.

Y si alguno preguntare, de dónde o por qué vía pudimos venir en conocimiento de estas cosas, que antes hemos dicho, de la antigüedad y cualidades de esta casa, y de la habitación en ella de Santa Florentina y de la Santa Imagen de Nuestra Señora, o qué razón y fundamento hay para que se de crédito a esta historia, digo, que huelgo responder a esta cuestión, y en la respuesta daremos reglas y doctrina para averiguar y saber cosas de grande importancia.

Y para esto, habéis de presuponer que por dos vías y caminos venimos los hombres en conocimiento de las cosas de nuestra fe, y de las cosas importantes a nuestra salvación. Lo primero, por revelación manifiesta que Dios hizo a los Santos y Profetas, mandándoles que lo pusiesen por escrito, para nosotros, porque para ellos no era menester escribirse; díjose por ellos y escribióse para nosotros.

El segundo camino fue por sucesión de doctrina, que llaman los teólogos “sapientiae traditione”, porque los antiguos lo enseñaron a los modernos; los padres a los hijos, los nietos a los biznietos. De manera que no sólo damos crédito a las escrituras del Testamento nuevo y viejo, a la ley y profetas y a los Evangelios, que es el primer camino que hay de saber y escribir, sino también damos crédito a las tradiciones y costumbres antiguas que recibimos de nuestros padres y mayores.

Y esta es tan gran verdad, que viviendo los hombres con esta manera de doctrina, sin tener otra cosa escrita, dos mil y cuatrocientos treinta y tres años, como parece por la computación de los tiempos, desde que Dios creó el mundo hasta Moisés, en quien comenzó la escritura, y todos los hombres que vivieron en aquellos tiempos se sustentaron y pudieron vivir y servir a Dios y tener conocimiento de Él por esta manera de doctrina, que decimos tradición y sucesión, enseñando los padres a los hijos y los mayores a los menores. Había mejores padres que los hay ahora; tenían cuenta con la voluntad de Dios, sin habérsela dado por escrito; llamaban a sus hijos y deciánles: mirad, hijos míos, que en el principio creó Dios el cielo, la tierra y todo el mundo y a nosotros los hombres a su imagen y semejanza y todo el mundo sujeto a nuestro servicio para que nosotros sirviésemos a Dios; oblígonos con beneficios, tiene infierno de fuego infinito, aparejado para los malos y cielo y bienaventuranza para los buenos.

Estas cosas las enseñaban los padres, sin tenerlas por escrito. Y de esta obra de enseñar a los hijos, podemos entender las alabanzas de Noé, que fue justo con sus hijos y generaciones enseñándolos. De manera que muchos años estuvieron los hombres con sólo la tradición y sucesión de doctrina, sin tener cosa escrita. Y conforme a esto, las tradiciones de la Iglesia y costumbres antiguas de ella, son más antiguas que la Sagrada Escritura y tan importantes como ella, porque son cosas enseñadas de Dios por voz de la Iglesia en los ánimos de los hombres. Y aún ahora, después que tenemos la Sagrada Escritura, quiso Dios que tuviésemos algunas tradiciones y costumbres de la Iglesia, que nos importan y son tan necesarias y tan de fe, como la Santa Escritura y los libros canónicos. Y si alguno me preguntare: ¿cómo sabré y conoceré que alguna doctrina o alguna verdad es doctrina de la Iglesia y tradición suya, para que la reciba por tal?. Para esto se da una regla, que es la de San Agustín, lib. IV, contra los donatistas, por estas palabras: “Lo que toda la Iglesia tiene y guarda, y no le hallamos principio de haberse mandado por algún Concilio o Sumo Pontífice, antes ellos hablan de ella como cosa antigua, con mucha razón juzgamos ser tradición apostólica.

De esta manera es la adoración que hacemos de la figura de la Cruz, en que murió Nuestro Señor Jesucristo, que según dice Damaceno, lo tenemos de tradición y costumbre de la Santa Madre Iglesia, y es de fe, aunque no está en la Sagrada Escritura. Ni más ni menos la perpetua limpieza y virginidad de Nuestra Señora la tenemos de tradición y doctrina de la Santa Madre Iglesia, aunque no lo diga expresamente la Sagrada Escritura, sino por sombras y figuras, y quien lo contrario dijese, iría manifiestamente contra la fe católica. Y así tenemos la tradición de otras cosas de fe, sin escritura; por esto el Apóstol San Pablo nos encarga que reverenciemos las tradiciones de los mayores y así lo escribió a sus discípulos.

Así, que, hermanos, perseverad y guardad las tradiciones de la Iglesia que habéis aprendido.” Y por esta misma causa, dice San Agustín: “En aquellas cosas en las cuales no tenemos cierta determinación de la Santa Escritura, la costumbre del pueblo de Dios, los estatutos de los santos padres, se han de tener por ley y como prevaricadores de las leyes divinas han de ser castigados, así también los menospreciadores de las costumbres eclesiásticas.” Esto lo determinó ahora el Santo Concilio Tridentino: “Si alguno sabiéndolo y entendiéndolo menospreciare las tradiciones de la Iglesia, sea excomulgado. No tenemos necesidad para las cosas de nuestra fe, de expresa palabra de Dios. Por eso los herejes se han perdido, por haber pedido en todas las cosas expresa palabra de Dios, que por escrito lo diga.”

Gran consuelo es, que no tenemos que hacer sino seguir la tradición y costumbre que nos enseñaron los Prelados católicos de la Santa Madre Iglesia, porque la Iglesia es la misma hoy que era hace tres mil años y por eso es testigo de vista de todas las verdades que nos enseña. La verdad y doctrina de las tradiciones, es como el ungüento que está derramado sobre la cabeza, porque como dice David en el salmo (132): “De allí desciende a la barba y todas las vestiduras del sumo sacerdote Aarón”. La verdad de la doctrina se deriva desde la cabeza, Cristo, y su Vicario y Prelados, a todos los cristianos. Y estas son las tradiciones, de las cuales pone muy buenos ejemplos el glorioso nuestro padre San Jerónimo contra los luciferianos. Y da la misma regla y doctrina diciendo: Nam est multa alta quae in Ecclesiis per traditionen observantur, autoritatem sibi scriptae legis usurpaberunt.

“Otras muchas cosas que se guardan en la Iglesia, por tradición, tienen autoridad y fuerza de ley escrita.” Hablaba allí de las ceremonias del bautismo. Lo mismo enseña en una epístola, que escribió a Lucino, caballero de Córdoba, hablando de los ayunos; y lo mismo contra Montano, hereje, hablando del ayuno de la cuaresma. Nos unam cuadragesimam toto anno tempore nobis congruo secundun traditionem Apostolorurn lejunamos. “Nosotros los cristianos ayunamos la cuaresma, en un tiempo escogido de todo el año, según la tradición de los Apóstoles.” Ignorante sería de esta verdad y doctrina el predicador que por honrar mucho de antiguo a la cuaresma, dijese que había sido instituida en un Concilio muy antiguo de la Iglesia, siendo, como digo, mucho antes, de tradición de los santos Apóstoles.

Esta doctrina de tradición de sabiduría, se aplica a nuestro propósito. Y como por esta vía y camino de tradiciones y sucesión de doctrina, tenemos muchas cosas de fe, así también tenemos y creemos muchas otras, que, aunque no son de fe, las habemos y tenemos sin duda alguna y tendríamos por locos a los que en ellas dudasen. Y este es propio oficio de teólogos, enseñar en que grado se ha de recibir la doctrina; las tradiciones de la Iglesia, por cosas de fe; las tradiciones de acá comunes, por cosas que se han de creer, no por fe divina, sino por fe humana, so pena de ser locos. Por este camino sabéis que fulano es vuestro padre y fulana vuestra madre, sin que esté escrito en historia y nunca en ella dudasteis y así creéis que estáis bautizados, porque os los dijeron vuestros padres y parientes y nunca os pasó por el pensamiento dudar de ella, ni hay causa para que dudéis, porque sería desatino.

Y en esta forma recibís las tradiciones y costumbres y devoción de las provincias e Iglesias particulares, y las historias de la vida que los santos hicieron en siglos pasados, sin que lo hayáis vosotros visto por los ojos, ni leído, sino porque os lo dijeron y así vuestros padres y sacerdotes y vecinos fue así pública voz y fama y a vuestros padres se lo dijeron los suyos y seríais locos si no lo creyeseis. De esta suerte tenéis en esta ciudad de Ecija cosas de gran autoridad, antigüedad y devoción, como es esta casa e imagen tan antigua de Nuestra Señora del Valle, que no hay memoria de hombres, ni escritura de quién o cuándo la trajese o pusiese aquí, que es gran argumento de antigüedad y esta es la regla que arriba pusimos de las tradiciones, y para conocerlas basta saber que vosotros la tenéis por cosa antiquísima, y porque tal os la enseñaron vuestros padres y vuestros abuelos a ellos y ninguno dice el principio.

Ayuda también a esto, que hallamos escrituras de ciento y más años, que hablan de Nuestra Señora del Valle, como de cosa muy antigua, como ahora por tal la tenemos, sin hablar de su principio. Y una Bula hay en este Hospital y Cofradía de Santa Florentina, de esta Ciudad de Ecija, que concede a los que visitaren a Nuestra Señora del Valle en sus fiestas y en el día de Santa Florentina, que aquí vivió, cien años de perdón. Concedióse dicha Bula ahora ciento y diez años, en tiempo del Papa Paulo II. Y habla como de cosa antiquísima, como ahora hablamos de ella. Y en una historia y sermón de la gloriosa Santa Florentina, que ahora ciento veinte años hizo Fray Diego de Godoy, dice lo mismo: “Como en aquel tiempo, el día de Santa Florentina, traían aquí, a Nuestra Señora del Valle, su imagen en hábito de abadesa de monjas y la hacían una fiesta solemne los cofrades” y dícelo por la cosa antiquísima, lo cual dura hasta hoy. De donde podemos creer y dar tanta antigüedad a esta Santa Imagen de Nuestra Señora del Valle de Ecija, como a la de Nuestra Señora de Guadalupe, que la dio el Papa San Gregorio al Arzobispo de Sevilla San Leandro, hermano de Santa Florentina.

Y así se puede creer que le dio también y le pudo dar esta imagen santa al mismo santo, en el mismo tiempo, y que su hermano San Leandro la dio a sus hermanos San Fulgencio, Obispo de Ecija y Santa Florentina, para que aquí la pusiesen en su monasterio donde ella estaba y era abadesa con sus monjas. Y a la dificultad que alguno podría poner, de en donde se guardaría esta imagen en la destrucción de España por los moros, que fue cien años después de lo que habemos dicho, es fácil responder, con lo que Dios hace y sabe hacer, para honra de sus santos y más de su benditísima Madre. ¿Dónde, veamos, podría yo preguntar, se guardó la imagen santa de Guadalupe? ¿Dónde se guardó el cuerpo de San Eugenio, Arzobispo de Toledo, tantos años, sino debajo del agua, donde ninguno pensó que se hallara? ¿Quién guardó a Daniel en la cueva de los leones? ¿Quién a los tres niños salvó de entre las llamas del fuego?.

Por el mismo camino y sucesión de doctrina, tenemos muchas cosas tocantes a la vista de esta gloriosa virgen Santa Florentina, en que la alabamos de las virtudes del Santo Evangelio, y conocemos haber sido una de las prudentes vírgenes a quien convidó el esposo, para lo cual, dejándolo todo, le salió a recibir con grande apercibimiento de su lámpara encendida y muy proveída de aceite para cebarla y que no se le muriese; que no fue sino llamada por Dios para su servicio, todo lo dejó y dio por bien empleado, riquezas, honra y linaje; hermosura y regalo, para alcanzar las virtudes y en comparación de la sabiduría de Dios, lo tuvo, como dice el Espíritu Santo, casi por lodo y arena; y así lo despreció, encendiéndose en caridad y amor de Dios, que es el óleo y aceite que tiene siempre viva la lámpara de la buena conciencia, no contentándose con ser ella sola la que esto hiciese, sino haciendo lo mismo con tan gran número de vírgenes y doncellas del mismo propósito que estuvo en este Monasterio y por toda España, en lo cual quiso tener el oficio de santa Predicadora, allegando almas a Dios y convirtiéndolas con sus sermones y doctrina y principalmente con su vida y ejemplo, como lo hicieron aquellas muy celebradas santas vírgenes y mártires, Santa Cecilia, Santa Catalina, Santa Inés, Santa Paula y Santa Eustaquia. Y muchas y las más de estas cosas las tenemos por tradición y doctrina constante de los mayores, desde los cuales muy loablemente, de mano en mano, ha llegado hasta nosotros.