REEDICION DE LA HISTORIA DE LA GLORIOSA VIRGEN SANTA FLORENTINA
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ – 2008

PARTE - 4

6.- DE OTROS ADMINÍCULOS Y FUNDAMENTOS QUE HAY, ALLENDE LA TRADICIÓN, PARA LA VERDAD Y CERTIVIDAD DE ESTA HISTORIA.

De haber vivido en este Monasterio de Santa Florentina, con las demás religiosas, allende la tradición y sucesión de doctrina, hay grandes indicios y significaciones de la antigüedad, que toda la gente tiene muy bien sabidos, como es una torre antigua que aquí está en este Monasterio, que la llaman todos la torre de Santa Florentina, y en medio del claustro hay vestigios y cimientos que parecen y dicen haber sido celdas de las religiosas que tuvo aquí Santa Florentina.

Lo segundo es, que hay en esta Ciudad un Hospital y Cofradía antiquísima, que se dice de Santa Florentina y ninguno sabe de su primera institución y los cofrades de ella traen a esta casa y Monasterio de Nuestra Señora del Valle, con gran solemnidad y clerecía, la imagen de Santa Florentina, vestida con hábito de monja y hacen una fiesta de vísperas y misa y tienen sermón en que se tratan todas estas cosas; y digo que la traen como a reconocer su antigua habitación y morada, por el camino que tiene ella muy sabido, para que vea y reconozca los vestigios que han quedado de su morada y Monasterio y se alegre de verlos y diga: “Holgárame de ver mis reinos, donde yo serví a Jesucristo, a quien es reinar y donde tuve espiritual jurisdicción y reino en el gobierno de las doncellas que aquí vivían y de las que regía desde aquí por toda España.”

Y para traer aquí esta santa imagen de Santa Florentina, no tienen otro mandamiento y principio sino la tradición de sus padres y mayores que lo hacían así; y porque está en esta casa el altar y la capilla de Santa Florentina, que antiguamente estaba todo en pie, aunque la capilla y sepultura antigua no se eche de ver tan claro como antes por el edificio de la nueva iglesia.

Otro sí, vienen los cofrades mismos de Santa Florentina un día en cada una de las tres Pascuas del año a decir una misa cantada en el altar de Santa Florentina, por el mismo respecto.

Por todas las cuales consideraciones que habemos dicho, como se hubiesen dado provisiones en el Consejo real, para que en todas las ciudades se hiciesen reducción de los hospitales a algún pequeño número, para que hubiese mejor hospitalidad, y se hubiera de hacer también la reducción de los hospitales en esta Ciudad de Ecija el año de 1570, para que quedasen sólo tres o cuatro, en que hubiese mejor hospitalidad, Su Majestad el Rey D. Felipe, nuestro señor, que por su benignidad se quiso aposentar en este pequeño y pobre Monasterio de Nuestra Señora del Valle, pasando de camino a visitar su reino de Andalucía, a suplicación mía, que servía en aquella casa, mandó que el hospital antiguo de Santa Florentina no se redujese a alguno de los otros, sino que quedase por sí, como estaba, en la collación de Santiago, para que perpetuamente se conservase la memoria y repetición de tan célebre antigüedad de la santa imagen y de la Santa Florentina, que ella y sus hermanos, los Arzobispos de Sevilla y Obispo de Ecija, son mucha gloria de los Reyes de España y pertenecen a su linaje. De todo lo cual se renueva la memoria en la solemnidad, fiesta y sermón que allí se hace, como ya se deja dicho.

También se confirma esta tradición y sucesión de doctrina, porque los niños en esta Ciudad y todos los que ahora viven, se destetaron con decirles la devoción de Nuestra Señora del Valle y de la santa imagen y de haber vivido aquí Santa Florentina y las santas vírgenes de su Monasterio, y las abuelas decían a sus nietos que tuviesen devoción con el camino del Valle, que se dice el camino de las Vírgenes o del ahulladero, porque todo él, desde la Iglesia Mayor de Santa Cruz hasta el Monasterio, estaba regado de sangre de las doncellas santas que aquí tuvo Santa Florentina y martirizaron los infieles, que fueron los herejes arrianos, o en tiempo de moros en la destrucción de España, como aconteció en Córdoba y aparece en el libro de San Eulogio. Y en el camino hay un paso que se llama la puentezuela de las Vírgenes, que son como las estaciones que se hacían al monte Calvario, por los pasos de la pasión del Señor; y muchas personas devotas traen esta consideración por este camino. Y en la antigua puerta de Palma, de esta Ciudad, están unos mármoles que dicen se regaron con la sangre de las santas doncellas, cuando desde el Monasterio las iban martirizando los infieles. Y antiguamente los maestros de escuela, cuando despedían los niños, los enviaban por allí y besaban los mármoles con gran devoción.

En confirmación de esto, hay memoria en esta Ciudad, de una mujer, que se decía María Alonso la cerera o de la Cruz y aún viven los que la conocieron, la cual afirmaba que una mañana, antes de amanecer, que solía ella a acudir al Monasterio todos los días, se le apareció una procesión de vírgenes, con candelas encendidas y diéronle una de ellas, la cual guardó para la hora de la muerte. Y de esta manera, por reverencia de estas cosas y devoción de tan gran santuario, muchas personas vienen gran parte del camino desde la Ciudad descalzas y otras arrastrando las rodillas por tierra hasta ver con sus ojos la Santa Imagen de la Madre de Dios y el lugar donde vivió la Santa Virgen Florentina con la santa compañía de doncellas mártires de Cristo y su capilla y sepultura.

Hablo de esto no sólo por relación de otros, sino como testigo de vista de dos años que residí en aquel santo Monasterio, donde consideré la singularísima devoción de la gente y el grandísimo concurso que hay de venir allí, especialmente a la misa del alba todos los sábados, que desde antes que amanezca está a la puerta mucha gente devota y con lágrimas y con gran confianza de hallar allí remedio y consuelo a sus trabajos y necesidades. Y lo mismo es en los viernes de Cuaresma, que poco menos que toda la Ciudad hace allí su estación; y por todo el año entero se echa de ver la misma devoción. Y especialmente quedé admirado de algunas mujeres pobres que trabajando y ganando de comer del sudor de sus manos e hilando al torno, no tenían otro cuidado sino el de ahorrar alguna limosna de su pobreza para hacer que se digan algunas misas en el altar de la Santa Imagen de la Madre de Dios, y a esto vienen, y a ponerse en su presencia y orar, con grandes ansias y amor de su corazón. En lo cual hacen gran ventaja a la gente rica y gruesa, que por sus pecados y con todas sus riquezas, en las cosas de devoción son tibios, en la limosna cortos y en la adoración de los santos secos e indevotos; teniendo ellos más necesidad de esto que los pobrecitos y humildes.

Donde tiene lugar la compasión de San Agustín, en caso semejante, donde dice: “Los simples y sin letras se roban el cielo por humildad y devoción, y los poderosos y letrados somos con nuestras y riquezas llevados al infierno.” Con todo lo cual que habemos dicho está bien ayudada y favorecida la tradición y sucesión de doctrina de los mayores, de la antigüedad y devoción de este Monasterio de esta Santa Imagen de Nuestra Señora, de la habitación que aquí hizo Santa Florentina con las monjas y santas doncellas mártires que aquí tuvo debajo de su regimiento sin que sea necesario que de esto hubiese alguna escritura. Y quien de esto dudase aunque no sea hereje, da muestra de que sabe poco de Dios y de los favores que hace a sus santos, para consuelo de sus fieles y de las vías y medios que tenemos para saber la doctrina y verdad. Y ninguno hay que esto lo pueda contradecir, ni tenga fundamento de dificultar sobre ello.

7.- DE CÓMO ADEMÁS DE LA TRADICIÓN Y OTROS ARGUMENTOS, HAY TAMBIEN ESCRITURA DE ESTAS COSAS.

Y esta tradición y sucesión de doctrina, declarada y confirmada por otros muchos medios que se han referido, está favorecida y ayudada de escritura e historia; porque, como antes se dijo, el doctor Fray Diego de Godoy, ahora ciento veinte años, en tiempo del rey D. Enrique IV, escribió mucho de estas cosas y afirma haberlas sacado de la historia de Santa Florentina, la cual ahora no se halla y dice en un libro que dejó escrito de ello y se guarda en los archivos del Monasterio, muchas particularidades de esta gloriosa Santa, como de haber ella criado a San Isidoro, su hermano, por ser el más pequeño y ella mayor, o segunda, después de San Fulgencio, Obispo de Ecija, que fue el mayor de todos los Santos hermanos.

Dice también haberla llamado sus padres Florentina, de flor, porque era hermosísima. Algunos la llaman también Florencia y el calendario de Usuardo, a 20 de Julio, la llama Florenciana. Da también relación de cómo renunció, por meterse a monja, el reino o estado de su padre Severiano, Duque y Capitán General de Cartagena, que fue muy rico y poderoso, porque fue hijo de Teodorico, rey godo, que se enseñoreó desde Italia hasta España. Y como los hermanos Santos Leandro, Fulgencio e Isidoro, Arzobispos y Obispo renunciaron al señorío temporal, así también lo hizo Santa Florentina y por eso sucedió en todo su hermana Theodosia o Theodora, que casó con el rey Leovigildo, también rey godo. Escribe también de Santa Florentina, que no comía carne, ni bebía vino, ni vestía lienzo y hacía gran penitencia y derramaba muchas lágrimas, porque le conservase Dios el don de la virginidad. Esto y otras cosas dice muy notables; y el haber vivido en esta casa y lo demás que habemos dicho tener de tradición. Y cuando de sus reliquias tratemos hemos de ver otras escrituras que de ello hay.

Otro sí: acerca de la antigüedad de la santa imagen de Nuestra Señora, y de la gran devoción que la gente tiene en ella, es buen testimonio los muchos milagros que aquí ha hecho, de lo cual me afirman haber un libro en los archivos de esta Ciudad de Ecija. Y es buena prueba de estos milagros los despojos de enfermos, y cojos, y cautivos que aquí por las paredes están colgados, In significatione accepti beneficii. “Agradeciendo a Nuestro Señor la merced que les hizo”. Y desde Turquía y Africa, se encomiendan a Nuestra Señora del Valle, para que les libre del cautiverio y traen aquí los grillos y cadenas de sus prisiones, a ofrecerlos a Nuestra Señora que los libró de la prisión.

Y estando yo en el dicho Monasterio, vino allí un hombre que había estado cautivo en Marruecos y fue libre y se huyó con el favor de Nuestra Señora del Valle de Ecija, y se vino a servir de gracia en el Monasterio, es decir, sin salario alguno. Hay también en el camino, entre la Ciudad de Ecija y el Monasterio, una Ermita y debajo de ella una fuente, que allí apareció por milagro, y la llaman la fuente de Nuestra Señora; acuden a ella por agua para los enfermos y es una de las estaciones donde hacen oración en aquel camino, regado con la sangre de las vírgenes mártires. Muéstranlo todo esto los vecinos de esta Ciudad y los moradores de los pueblos comarcanos, en las velas ordinarias que allí vienen a hacer, donde suelen pesar a trigo sus hijos pequeñuelos, allí en la Iglesia. Con esto y con decir algunas misas en aquel Santuario, vuelven con grandísimo consuelo y alivio de sus trabajos, porque tienen a Nuestra Señora del Valle de este Monasterio, en que vivió Santa Florentina, por refugio y patrocinio de toda la provincia de Andalucía, como lo es Nuestra Señora de Monserrat en Cataluña, Nuestra Señora de Loreto en Italia y Nuestra Señora de Guadalupe en Castilla; y como lo eran en aquellas ciudades de refugio, de que habla el Testamento viejo, donde se amparaban los que se veían apretados y en necesidad de favor.

El sitio de esta casa es excelente y muy agradable, porque está junto al río Genil, y sobre él y la huerta del Monasterio hacen ribera, y el río cerca para la huerta. Los religiosos se salen de él por una calle de cipreses. Tiene una muy buena Iglesia edificada y delante de ella una grande posesión para edificar la casa si quisieren al Mediodía; aunque como por ser tierra tan calurosa, está bien la Iglesia delante y la casa y habitación al cierzo, como está también San Jerónimo de Yuste. Y por estar tan cerca de la Ciudad y por ser casa de tanta devoción y antigüedad y de tan santos respectos, como queda dicho, y haber tanto concurso de gente y de caballeros que se precian de acudir allí, hay necesidad y obligación que de los religiosos que allí estuvieron haya personas doctas y letrados que puedan confesar y predicar y responder a la devoción del pueblo, y darle ejemplo de mucha santidad

8.- DE LAS RELIQUIAS DE STA. FLORENTINA Y S. FULGENCIO, OBISPO DE ECIJA, SU HERMANO. LO QUE CON ELLAS SE DEBERIA HACER, SU CANOZACION Y AUTORIDAD.

En la villa de Berzocana, a tres leguas de Nuestra Señora de Guadalupe, en la diócesis de Plasencia, están las santas reliquias de los cuerpos de San Fulgencio, Obispo que fue de la Ciudad de Ecija, ahora novecientos años y de su hermana Santa Florentina, que fue abadesa de monjas del mismo tiempo, como antes queda dicho, en este Monasterio de Nuestra Señora del Valle, que ahora es de religiosos de San Jerónimo. Está también con las mismas reliquias una toca de algodón que fue de la misma Santa Florentina y un peine del Santo Fulgencio.

Todo lo que está en una caja de madera y todo ello dentro de un sepulcro de piedra de Aliox, con tres llaves, en una muy pequeña y pobre capilla cerrada con reja de hierro, en la que cabe un solo altar. Y pasando yo por allí, viniendo de la Ciudad de Ecija a Castilla, trabajé para ver estas reliquias santas e informarme de la autoridad cómo estaban allí y de la memoria cómo se habían traído; lo cual, por hacerme Nuestro Señor singular regalo y merced, pude alcanzar del cura y alcaldes del pueblo, persuadiéndoles a ello con obligarme a tratar que en todo se mejorase aquel sepulcro y memoria, y las santas reliquias se pusiesen con más celebridad de toda España. Y con esto las vi y adoré y toqué con mucha reverencia y dije misa en su altar.

En el Monasterio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, dicen que tienen el cuerpo de San Fulgencio, Obispo de quien hablamos, encerrado en el altar mayor. Empero la verdad es, que deben tener alguna buena parte de él y por el santo pundonor de preciarse de las reliquias de los santos, dicen que le tienen entero; como leemos muchas cosas a este propósito. En la historia de San Rufino, mártir, está una grande y reñida contienda que hubo entre el pueblo y el Obispo, y sobre las reliquias de San Liborio, Obispo Cenomanense, hubo gran cuestión entre el pueblo y el Obispo; tanta era la devoción antigua que se tenía con las santas reliquias.

En cumplimiento de mi promesa y por las razones que yo me tenía, procuré dar noticia de esto a su Majestad el rey D. Felipe II, nuestro señor, para que, como tan católico y reverenciador de todas las cosas santas, mande poner aquellas tan santas y antiguas reliquias en lugar más decente y honorable y se haga de ellas mayor memoria. Lo primero, presupuesto, que estos gloriosos santos fueron hermanos de San Leandro y San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, y que todos cuatro santos pertenecen al linaje real, por medio de Theodosia, su hermana, mujer del rey Leovigildo y de Severiano, padre de estos santos, hijo de Teodorico, que también fue rey godo, como de esto se hará demostración en un breve discurso que pondremos al fin. Será cosa muy conveniente que mande Su Majestad que con debida licencia se traigan estas santas reliquias al Monasterio de San Lorenzo el Real, que edifica, donde ya quiere que se hayan de enterrar los reyes. Como por ser tan católico hizo traer los cuerpos de los santos Justo y Pastor, de Huesca a la villa y Universidad de Alcalá, y el cuerpo de San Eugenio, de San Dionís, de Francia, a la Santa Iglesia de Toledo, donde fue Arzobispo.


Y como San Fulgencio fue Obispo de Ecija y Santa Florentina abadesa de monjas en este Monasterio de Nuestra Señora del Valle de Ecija y entre ambos hermanos santos son particulares patronos de aquella Ciudad, sería cosa justa, que volviéndolos a su casa del destierro pasado, darles alguna parte y reliquia para el dicho Monasterio del Valle de Ecija; procurándoles alguna indulgencia para en los días de estos santos, con lo que la gente de aquella Ciudad será muy consolada. Y sería también necesario hacer alguna gratificación a la villa de Berzocana, por el tiempo tan largo que con fidelidad y devoción ha guardado los cuerpos de tan grandes santos de España.


Esta traslación que se hace de las reliquias y cuerpos de los santos, para darles más honra y acrecentar la devoción de los fieles, es muy agradable a Dios y a los mismos santos, como parece en los muchos milagros que Nuestro Señor ha hecho en las traslaciones. Y por esto se celebran las traslaciones de algunos santos en la Iglesia. Y lo que es más, ellos mismos lo han revelado y pedido, como el Patriarca Jacob, conjuró a su hijo Joseph, que yéndose a Egipto se llevase consigo sus huesos y los trasladase y sacase de allí. San Jerónimo pidió ser trasladado de Bethelem a Roma, a Santa María la Mayor, y fue llevado allá en el pesebre en que nació el hijo de Dios, Jesucristo, nuestro Salvador. San Estaban también pidió su traslación.


Y porque Su Majestad quiso saber la autoridad y canonización de estos santos, pondré aquí la satisfacción que acerca de esto me pareció debe tener. Digo, pues, que yo no he visto la bula de ellos, ni aún antiguamente se hacía la canonización de los santos con la orden y ceremonias que ahora. Y de muchos santos antiguos no sabemos, ni habemos visto otra canonización, si no la autoridad y tradición de la Iglesia y sus Prelados, que es bastante testimonio. Allende que ha novecientos años que tienen Iglesia pública y altar donde son reverenciados estos santos.

Pero además de esto es grande la autoridad de las reliquias de estos santos. Porque la Iglesia Plasencia reza a diez y nueve de Enero, de San Fulgencio y Santa Florentina y en el Breviario les ponen lecciones, donde concluyen que sus cuerpos están en el pueblo de Berzocana, de la Diócesis de Plasencia. Yo traje conmigo estas lecciones. También rezan de estos santos en el Arzobispado de Sevilla. Y los frailes y monjes de San Jerónimo, que vivían en el valle de Ecija, hallamos que rezaban de Santa Florentina y lo tenían en su Breviario. Y por los respectos antedichos, en el capítulo general de la Orden de San Jerónimo, el año de 1570, se ordenó que en aquel Monasterio de Nuestra Señora del Valle, se rezase doble mayor el oficio de Santa Florentina, que fue allí abadesa de monjas tantos años y tenía su Capilla y sepultura.

También en la Ciudad de Ecija hay un Monasterio de monjas de Santo Domingo, y la advocación de la casa es de Santa Florentina, y celebran solemnemente su festividad, después de Pascua de Resurrección, aunque su día cae en Cuaresma, a 14 de Marzo. Pues todas estas cosas, el rezar de los santos, dedicarles Capillas e Iglesias y celebrar sus fiestas, no se hizo sin autoridad de algún Sínodo o Concilio provincial y basta proponerlos aquellas Iglesias por santos y celebrarlos por tales, para el efecto de trasladarlos y ponerlos con mayor reverencia. Con estas razones quedó bien satisfecho Su Majestad y con ánimo de hacerlo en su tiempo y comodidad.

La forma y el cuándo estas santas reliquias se trajeron a Berzocana, fue que San Fulgencio murió en Cartagena, donde fue Obispo después de haberlo sido en Ecija, -como lo dice Francisco Maurólico en su “Calendario”, el primer día de Enero y en la “Topografía de los lugares”-, y de allí fue llevado su cuerpo a la Ciudad de Sevilla y sepultado junto con el de San Isidoro su hermano. Y al tiempo de la destrucción de España, que ha más de ochocientos años, los canónigos de Sevilla tomaron sus reliquias y las de Santa Florentina, su hermana, y la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que trajo de Roma San Leandro, Arzobispo de Sevilla y hermano de estos santos, y para más seguridad la llevaron a aquellos montes inhabitados y desiertos de Guadalupe, que no había tierra más despoblada en treinta leguas a la redonda; y los cuerpos de los santos los pusieron en Berzocana. Y esto es fama constante de toda la gente. De lo cual yo hice diligencia en Berzocana y me hallé un hombre muy viejo que oyó decir a su madre, que ella lo había oído a sus mayores, y su madre hacía cincuenta años que había muerto y murió de edad de ciento cinco años. Y lo mismo decían los demás vecinos del lugar..