REEDICION DE LA HISTORIA DE LA GLORIOSA VIRGEN SANTA FLORENTINA
POR D. RAMON FREIRE GALVEZ – 2008

PARTE - 5

9.- EN EL QUE SE HACE UNA CONSIDERACIÓN DEL LINAJE Y CUALIDAD DE LOS REYES DE ESPAÑA.

Grande es la antigüedad y excelencia del linaje de los reyes de España, por tener en él tales joyas y riquezas, porque es linaje de sacerdotes y de reyes. Del hombre temeroso de Dios y que tiene gran deseo de cumplir sus mandamientos, dice David: “Poderoso fue en la tierra el principio de su linaje, su generación será bendita, habrá gloria y riquezas en su casa. (SALMO II).” Aplicase esto a bien a Santa Florentina y sus santos hermanos, porque así como a ellos por ser temerosos de Dios y cumplir sus mandamientos, se les dio gloria y riqueza en su casa y conservación de tan gran linaje, de esta manera los reyes de España, pues Dios les ha dado esta gloria y riqueza y linaje, sean temerosos de Dios y guarden sus mandamientos, para que Dios les conserve tanta gloria y potencia, y para que como a aquellos santos les fue un género de premio temporal, así a nosotros y a los reyes de España nos sea motivo para merecer la conservación de ello y principalmente el reino celestial.

Buenos ejemplos se hallan en este discurso, de como favorecía Dios a los buenos reyes y a los malos e injustos los castigaba, hasta que por los vicios y pecados de Vitiza y de D. Rodrigo y de otros, hubo Nuestro Señor de destruir del todo a España, por mano de los infieles moros. Porque como dice el Espíritu Santo: “Múdale el reino de una gente a otra, por las injusticias y maldades y engaños que en él se cometan por los reyes y vasallos” (Eccl. X). Y por el contrario, “el reino se conserva y fortalece haciendo justicia y por la observancia de las virtudes” (PROV. XVI). De aquí se concluye, “que los que se deleitan con las presidencias y oficios, no pueden tomar mejor arte para perpetuarse en ellos que amar a la sabiduría, la justicia y la virtud” (SAPIEN. VI). Que pensar en perpetuar el reino y el mando por mañas y tiranía, es locura y camino de perderle.

Mirad como quiso Dios pagar en esta vida a estos santos hermanos, con tanto poder, honra, bendición y gloria y riquezas, como se hallan en las casas de los reyes. No se halla linaje, después del de Jesucristo, que con el de Santa Florentina y sus hermanos, y por ellos con el de los reyes de España se pueda comparar. Suele en los linajes hallarse una gran fertilidad de varones excelentes, como acaece en los campos y heredades buenas. Pero tal fertilidad de linaje como esta no se puede hallar. Muchos grandes hombres hemos visto en el mundo no dejar linaje alguno. En ellos se comenzó y en ellos se acabó. El gran Tamorlan, que vivió por el de 1390, fue señor de mil quinientas leguas, y en aquel tiempo el mayor del mundo, que se pudo bien comparar con el gran Alejandro; antes de esto había sido ladrón abigeo, que andaba a hurtar carneros y cuando mucho, como otros dicen, fue un boyero o pobre soldado. Murió después como tirano, con heridas y no dejó sucesión alguna que algo durase, sino dos hijos miserables en quienes todo se acabó. Otros tuvieron muchos hijos, pero allí se acabó su linaje, como el rey Acab, que tuvo setenta hijos y todos fueron en vida degollados.

Y lo mismo es de Gedeón, que no le quedó heredero que merezca memoria y le mataron en su día otros tantos sobre una piedra. El santo Moisés, a quien hablaba Dios como amigo muy familiar cara a cara, tan gran profeta y caudillo, que tenía más de seiscientos mil hombres de pelea, dejó dos hijos, tan para poco, que no hacen mención de ellos la Escritura. Julio César, Octaviano, Augusto y Alejandro, tan grandes monarcas no dejaron hijos. Pero fue el linaje de Santa Florentina y de estos santos, grande, magnífico, poderoso, lleno de reyes y de santos y sacerdotes, que no se halla en linaje del mundo. De manera que lo honró Dios con linaje aventajado en bienes de naturaleza, de fortuna y de gracia, como parece, haciendo la computación rectamente en las historias, por la continua sucesión de la sangre de los godos, que es la cosa más prodigiosa, en linaje, que jamás se vio, ni se ha visto linaje tan antiguo, ni tan guardado en el mundo.

De suerte que son hasta ochenta grados de generaciones, comenzando desde Ataulfo, el primero de los godos y las cuenta y prueba Palacios Rubio. Y para que más cumplidamente se diga linaje de santos y rectos, allende los sobredichos, ha habido también otros santos y otros que han merecido títulos y aclamaciones de virtud y amor. San Hermenegildo, príncipe de Andalucía sobrino de estos santos, hijo de su hermana Theodosia y del rey Leovigildo, mártir, de cuya cárcel y estrecha prisión y muerte escribe elegantísimamente su muy devoto Ambrosio de Morales, agradeciendo los milagros que Dios ha hecho por él, por medio de este santo mártir. El rey don Fernando el Santo, primo hermano de otro santo, San Luis rey de Francia, hijos de dos hermanas Dª Blanca y Dª Berenguela, hijas de D. Alonso VIII. Bendita sea tal generación de reyes, sacerdotes y santos donde se juntó el sacerdocio y el reino y la santidad, como en el linaje de Jesucristo Nuestro Señor. Y de la manera que en el linaje de Cristo, Roboan y Manisses, Raab, Bersabé y otros no dañan la perfección del linaje, ni se hace caso de ellos, ni Dios los estima en una paja, en comparación de los que allí hay, así en este linaje, aunque algunos fueron malos y perversos, no se hace caso de ellos, ni quitan la perfección de este linaje, ni las cualidades ni excelencias que tiene.

Los que tuvieron títulos y aclamaciones excelentes, allende los santos, son los que siguen:

Los godos, de donde comenzaron, fueron francos, liberales, verdaderos, etc.
Recaredo, I, llamado “Glorioso”. Sisebuto, Recesvindo, Cindasvindo, Sisenando y Ervigio, “Católicos” que hicieron celebrar muchos concilios. D. Alonso I “El Católico”.- D. Alonso “El Casto”.- D. Ramiro I, monje, “El Bueno” por quien peleó Santiago.- D. Alonso III; que renunció en su hijo, porque a él le dejasen pelear con los moros. D. Fernando “El Magno”, devotísimo de la Iglesia. D. Alonso VI “el de la mano horadada”, que ganó a Toledo.- D. Sancho “El Deseado”.- D. Alonso VIII “El Bueno”, el de el triunfo de la Santa Cruz. D. Alonso X “El Sabio”. D. Alonso X!, que ganó la batalla de Bellamarín a trescientos mil moros y se celebra en la Iglesia de Toledo.- D. Fernando V y Dª Isabel, “Reyes Católicos”.- D. Carlos I, invictísimo césar.- Y nuestro rey D. Felipe II, que hoy vive, para beneficio de sus reinos, heredando la virtud de sus mayores, ha merecido ser intitulado y llamado “religiosísimo príncipe” por el Papa Pio V en un Breve.

Toda la perfección de este linaje de reyes, sacerdotes y santos y otros títulos amables, se debe atribuir a la cepa y principio que tenían de Santa Florentina, que vivió en este Monasterio del Valle de Ecija y sus santos hermanos.

Por todos los respectos dichos, como el año pasado de 1570, Su Majestad el rey D. Felipe nuestro señor, estuviese en la ciudad de Córdoba y habiendo de pasar a Sevilla y visitar otras partes de su reino de Andalucía, yo que al presente vivía en este Monasterio del Valle de Ecija, le fui a dar relación cumplida de estas cosas tan agradable e importantes y de los medios por donde se le daba de ello tan cierta noticia. Y juntamente le supliqué fuese servido de camino irse a aposentar a aquel Monasterio, aunque de humildes edificios, pues por tantas razones era suyo, y se podía decir casa real; así por haberle hecho reducir a nuestra Orden de San Jerónimo, -como se dijo más arriba,- como por haber sido de sus progenitores y mayores de su linaje, de más de novecientos años atrás. Su Majestad lo oyó con la humanidad y clemencia que suele cosas semejantes, de lo cual es ejemplo raro entre los reyes y príncipes. Dijo iría Su Majestad por allí, haciendo el camino a Sevilla y así lo puso por obra.

Y por esto fue a la vuelta de allá y en el Monasterio, que está al Septentrión, -respecto de la ciudad-, se hizo una puente de madera, para que Su Majestad pasase el río Genil, saliendo del Monasterio para entrar en Ecija por la puerta de Córdoba. A la entrada y recibimiento en el Monasterio, hice poner en alto, en lugar patente, estos tres epígrafes e inscripciones, en que brevemente se comprenden las cosas dichas, y son las que siguen:

PARA LA ENTRADA DEL REY D. FELIPE, EN EL MONASTERIO DE SANTA MARIA DEL VALLE DE ECIJA, AÑO DE 1570.

Primer epígrafe o inscripción.

“Haber habitado en esta casa, ahora novecientos años, Santa Florentina, virgen, hermana de los santos obispos Fulgencio, Leandro e Isidoro, siendo aquí abadesa de monjas, pruébalo constantemente la común tradición de la ciudad de Ecija.”

Segundo epígrafe o inscripción.

“Que todos los reyes de España traigan su origen de Santa Florentina, virgen y de sus hermanos los santos obispos, por su hermana Theodosia, mujer del rey Leovigildo, y que se haya conservado su linaje de la sangre famosa de los godos, en ochenta generaciones, la verdad de las historias lo manifiesta.”

Tercer epígrafe o inscripción.

“Conforme a esto, la virgen real y religiosísima Florentina, al rey D. Felipe, religiosísimo, de las Españas, que viene a visitar su antigua morada y entrada en ella, le recibe y abraza con gran voluntad y alegre rostro, como a hijo carísimo y predilecto.”

SERMÓN HISTORIAL DE SANTA FLORENTINA VIRGEN, DICHO EN EL MONASTERIO DE SANTA MARIA DEL VALLE DE ECIJA, EL DIA DE LA SANTA, A LA HERMANDAD, COFRADÍA Y PUEBLO ASTIGITAÑO. AÑO DE 1569.

THEMA: Prudentes vírgines acceperunt o.eum in vasis suis cun lampadibus. – Math. Cap. 25.

La devoción singular que todos tenéis a la gloriosa virgen Santa Florentina y el deseo de hacerle servicios agradables en esta santa hermandad que de su titular y nombre y gloria de nuestro Señor está instituida en esta ciudad de Ecija, desde tiempo inmemorial, os ha movido en este día de su festividad, guardando la costumbre de vuestros mayores que lo hacían así, a traer la imagen de esta Virgen Florentina a esta casa y Monasterio de Nuestra Señora del Valle, que fue su antigua habitación, para que reconozca su morada y reciba contentamiento en ver los edificios donde ella en los siglos pasados reinó, y en compañía de las otras vírgenes que estaban en su obediencia y regimiento, hizo a Dios tan agradables servicios. Bien conoce este camino y los vestigios y señales quedado, de sus aposentos, su capilla y su altar. Alegrarse ha en todo esto y podrá decir: regocijándome he en ver mis reinos, donde yo serví a Dios y mi esposo, a quien servir es reinar; donde menospreciado y dejado el reino temporal que podía recibir de mis progenitores, tuve espiritual jurisdicción y reino gobernando a gran número de doncellas en este Monasterio y por toda España, enderezándolas en el camino de su salvación.

A esto nos habemos aquí ayuntado y juntamente a tratar de sus alabanzas y virtudes, de manera que no sólo redunde en honra suya, sino también sea exhortación de nuestra vida y ejemplo grande para el aprovechamiento de nuestras conciencias. Para tratar a este propósito de algunas cosas en historias de la antigüedad que tenemos por tradición y doctrina de nuestros antepasados, es necesaria mucha diligencia, y principalmente para la declaración del santo Evangelio, es necesario el favor del cielo. Empero tenemos a la reina de los ángeles muy de nuestra parte a que nos de el favor, por el grande parentesco y amistad y semejanza que tiene con la santa virgen Florentina; no sólo porque es virgen inmaculada y santa y porque desciende de reyes, prelados y sacerdotes, como la Virgen nuestra Señora, más también por haber vivido en esta casa misma dedicada a los reyes del cielo y por derecho de vecindad. Sin tantas razones nos suele la Virgen alcanzar la gracia, áralo ahora de muy buena gana. Ave María.

El tema sobredicho es la prudencia y discreción que tuvieron las vírgenes en disponerse a recibir dignamente el esposo, encendiendo sus lámparas de aceite y proveyéndose de hilo en otros vasos para irlas cebando, que no se le muriesen. Este Evangelio que se nos ha propuesto es una lección que trata de las diez vírgenes, cinco prudentes y cinco locas, en cuya declaración de todos los santos doctores y entre ellos San Agustín, con juicio tan delicado hallan grandes dificultades y aún grandes temores. Porque dicen que esta parábola habla del final juicio y de lo que allí sucederá a los cristianos buenos y malos, y así la tienen por muy temerosa y terrible, para que veáis la necesidad que tenemos del favor de Dios y cuanto nos importa, abrir los ojos y prestar atención.

Veremos, pues, como esta gloriosa virgen Santa Florentina fue de las prudentes vírgenes, que salieron a recibir al esposo, y como empleó toda su honra y riquezas y vida en tener bien proveida su lámpara. Lo segundo, cuanto nos importa a nosotros hacer lo mismo. Servir a todo ello para consolar y animar a los hermanos de esta cofradía religiosa en su santo y antiguo propósito.

Toda la letra del sagrado Evangelio es una parábola que Nuestro Redentor predicó a propósito del cuidado que habemos de tener en el estar apercibidos al tiempo de salir de esta vida y dijo que el reino de los cielos es semejante a diez doncellas, a quienes estaba encargado se hallasen presentes en unas bodas, saliendo a recibir al esposo; y era condición –porque la venida y entrada del esposo era incierta, no se sabía el cuándo y era de noche, y el haber de venir era muy cierto-, que todas habían de llevar lámparas encendidas en las manos, y para eso era necesario tenerlas siempre a punto, porque con estas ceremonias se hacían los casamientos en Palestina, cuya parte principal es de Judea. Las cinco de las doncellas eran de poco recato y de poco asiento y menos aviso, que es cosa en las doncellas de grande lástima y peligro, y con todo eso es muy común. Llegada la hora, viéndose en afrenta por la falta de aceite, acudieron a sus compañeras prudentes y discretas, para que repartiesen con ellas de lo que tenían.

Ellas como sabias, respondieron: “cosas nos pedís que quisiéramos dar, pero es a tiempo, que sería posible que todas cayésemos en falta. Está el esposo a la puerta, imprudencia sería daros lo que habemos de menester para su recibimiento. En la plaza hay tiendas donde se vende, idlo a comprar.” Las doncellas livianas creyéronse de ligero; en lugar de perseverar en su petición y oración, que fuera posible repartieran con ellas de lo poco que tenían, o por lo menos, su buena compañía aprovechara a alcanzar del esposo algún término breve en que se proveyesen, volviéronse de la plaza vacías como se fueron y hallaron la puerta cerrada. Dan presteza al esposo que las abriese. Y no dice el Evangelio, si traían ya comprado el aceite o si habían sido tan escasas que por endurar sus blanquillas no se atrevieron a comprarlo, teniendo en más el dinero que las infinitas riquezas que perdían.

Como ha acaecido, en buen romance, a muchos hombres poderosos y ricos, que no queriendo acabar de creer que se mueren, dilatan la confesión y el testamento al punto de bloquear y dejar las arcas y los bolsones bien proveídos de los cuarentas y cien mil ducados, a los pies de la cabecera de la cama, dejando escandalizados a los amigos y al pueblo, y quejosos a los pobres y llévaselo el fisco y el colector, y sus almas van al infierno. Dióles el esposo una respuesta, cual plegue a Dios que ninguno de nosotros la oiga: “No os conozco, vírgenes eran, lámparas tenían y algunas buenas obras hacían, que eso es ser vírgenes y tener lámparas, pero faltábales lo principal, que es la caridad y el amor. Y así hallaron la puerta del cielo cerrada, sin remedio alguno.” Amenazas para nosotros y castigo para ellas justísimo, en pena del desagradecimiento al inmenso amor que nuestro Dios nos quiso mostrar, en darse por esposo de nuestras almas.

Es Dios tan amigo de la salvación de los hombres, y de traernos a sí por amor, que no se compara a juez tan de voluntad para movernos con amenazas, como a padre y a esposo para aficionarnos y enamorarnos. Y así dice, que el reino de los cielos, la vida de los cristianos y la pretensión que todos principalmente tenemos en salvarnos en la predicación del Evangelio, en que somos regidos por el Rey del cielo, y caminamos al cielo y somos sustentados con beneficios del cielo, es semejante a lo que acaeció a las diez doncellas, diez vírgenes, cinco prudentes y cinco locas. Todos los cristianos se dicen vírgenes y doncellas en el alma, por la integridad y limpieza que guardamos a Dios en la fe, no adulterando ni recibiendo idolatría e infidelidad de muchos dioses, por lo cual el alma hace traición a Dios; y así todos los turcos, moros y gentiles son adúlteros y almas fornicarias, y así los llaman los profetas.

De donde se sigue una de las razones porque este Evangelio es temerosísimo, porque nos muestras los muchos que se han de condenar, porque no se pone en plática a los infieles que es inmenso número, cualquier ellos sean; ellos condenados están. El que no cree condenado está. Y como no son almas doncellas y limpias en la adoración de un solo Dios, así tampoco no pertenecen al reino de los cielos. De manera que sólo se trata aquí de los cristianos y de ellos dice que de diez, por lo menos los cinco son excluidos del cielo, y son vírgenes locas. Para que entendáis el nombre que se les da a los pecadores, aunque sean reyes y príncipes y muy discretos de mundo, que no son sino locos y mentecatos. Los locos no estiman las riquezas ni la honra, ni su propia salud, todo lo arrojan y destruyen y se maltratan, y así es menester tenerlos atados y guardarlos. Los pecadores hacen esto, olvidan a Dios, conculcan los sacramentos, pierden sus almas y temporalmente derraman sus haciendas y dañan su salud e incurren en innumerables enfermedades por sus vicios y pecados. Son locos de atar, ignorantes e insipientes y tales los llama el filósofo, son vírgenes locas.

De manera que este Evangelio habla con sólo nosotros los cristianos y lo primero nos pide que los que han de agradar a Dios, han de tener gran lealtad, no adulterando contra la fe y conocimiento de Dios que le debemos. Hanse de desposar con El por la fe, como se ha dicho por un profeta: “Recibirle he por esposo mediante la fe.” Y este es el vino primero que produce la viña de la santa Iglesia. ¿La fe qué nos predica y enseña?. Que a un solo Dios conozcamos, y quien no tuviere esta integridad, no puede entrar en este reino de los cielos, de esta Iglesia militante. Y por eso dice San Juan en el Apocalipsis, que seguían a Dios gran número de vírgenes, que son todos los fieles y que le iban cantando un motete muy gracioso, que ninguno le podía cantar sino fuese de aquellas vírgenes, si no tuviese fe y siguiese al cordero. Pues a estas diez vírgenes, que son todos los cristianos, convida el esposo celestial le salgan a recibir con lámparas encendidas, porque no bastará la fe, ni el ser cristiano para celebrar las bodas festivales del cielo, si no tuvieren las lámparas vasos de aceite para cebarlos, que son las buenas obras, las buenas conciencias, con la luz y fuego sustentado de la caridad y amor de Dios, que este es el fuego que Dios mandaba que ardiese siempre en su altar.

Y en esto consiste la prudencia de las vírgenes sabias, saber apreciar el cristiano el llamamiento de Dios, que le convida con su infinita Majestad, siendo quien es, a quien por tan grandes títulos y obligaciones nosotros debemos todo lo que somos, en quien nos empleamos mejor que en nosotros mismos, saber apreciar el grande premio que nos promete en el cielo. Y así con su divina prudencia y sabiduría, dejarlo todo, nuestra hacienda y vida y honra y salir de nosotros mismos, dejando nuestras codicias y contentamientos para recibir al esposo de nuestras almas. Esta es la verdadera prudencia y sabiduría que resplandece en estas vírgenes del santo Evangelio, que salieron de sus casas y reposo como gente que entendía que en dejarlo todo hacían y dejaban poco y se empleaban muy bien por hallar a Dios.

Esta fue la prudencia y discreción de Abraham, que salió de su tierra, parientes y casa, y fue peregrino a donde Dios le llamaba y a ejemplo suyo, llamados de Cristo y en su divina virtud, salieron todos los santos que escogieron el yermo y la soledad, no queriendo de todas las cosas de esta vida sino hallar a Dios. Así leemos en la vida de San Bernardo la santa porfía que había entre él y sus hermanos sobre dejar todos la hacienda de su padre y renunciarla el uno en el otro que no había quien la heredase. Eso hizo el rey D. Alonso IV, dejar el reino y entregárselo al rey D. Ramiro II, su hermano, entrándose él de monje de San Benito en Sahagún. Esto hizo el rey D. Bermudo I, dejar su mujer con quien estaba casado, pero sin dispensa, siendo de orden sacra y dejar el reino y darlo al rey D. Alonso, su primo, metiéndose él también a monje en San Benito, en Sahagún.

Lo segundo es que también mostraron su prudencia aquellas vírgenes y en lo que la faltaron las cinco locas, fue en que miraron adelante y proveyeron lo necesario. La virtud de la prudencia, no se contenta con mirar lo presente, si no provee adelante y se llamó así a procul videndo, porque mira de lejos, habiendo de salir con luz a recibir al esposo. No se contentaron las prudentes con ser vírgenes, ni con tener encendidas las lámparas, sino de proveerse de aceite en sus vasos para echar de cuando en cuando. No se ha de contentar el cristiano con la fe, ni con hacer algunas buenas obras por amor y caridad y estar apercibido para la hora de la muerte, con muchas limosnas, ayunos y oraciones.

Tener el óleo de la caridad, estar en gracia y amistad de Dios, porque a las vírgenes locas esta prudencia les faltó. Eran doncellas poco recatadas y honestas, andaban a la vanidad del mundo, no pretendían otra cosa, vino la hora de la muerte y cogiolas en pecado. Cerróseles la puerta del cielo, que ni bastó pedir favor a las vírgenes prudentes, ni valió la intercesión de los santos porque no era tiempo de ella. Allegárase a ti Señor cualquiera de los santos en el tiempo de la misericordia. Empero en el diluvio de las muchas aguas, en el juicio fianl, no habrá intercesores, ni santos que rueguen. Y esto es lo que dicen las prudentes: “Pero acaso no bastará para nos y para vos”. Lo cual mucho pondera San Jerónimo. En el día del juicio no podrán las virtudes de unos aliviar las culpas de los otros. Jeremías en el tiempo de la cautividad de Babilonia no pudo ayudar a los pecadores. En aquel día cada uno tendrá solicitud por sí mismo. Tampoco aprovechará llamar a Dios, alegando que son cristianos, sino que quedarán excluidos de las bodas que para siempre se celebrarán en el cielo. Y pídenos aquí San Gregorio que hagamos tres ponderaciones y consideraciones, en que se comprende toda la substancia del Evangelio: “Mirad, dice, lo primero, de cuanta admiración es el oír. Notad que viene el esposo, salid a recibirle. Mirad de cuanta dulcedumbre es oír. Y entráronse con El a las bodas. Mirad de cuanta amargura.

Y cerróseles la puerta, sin remedio de abrirla.” Las vírgenes prudentes, salieron a recibir al esposo, hicieron muchas buenas obras, vivieron de tal manera, que siempre se aparejaban para la muerte. Vino el esposo Jesucristo a recibir sus almas y fuéronse con El al cielo, mientras Dios fuere Dios, que será siempre, quedándoles a las otras cerrada la puerta para siempre, en lo que sólo hay la pena de daño de hallarse burladas, para jamás no ver a Dios, pero halláronse a la puerta del infierno, en la pena de sentido, donde serán atormentadas mientras Dios fuera Dios. ¡Ay, ay de mi!. ¡ay de vos! si en este olvido nos coge de sobresalto con el sueño de muerte la venida del esposo.
Pero veamos en particular, como esta gloriosa Santa Florentina tuvo todas estas partes de prudencia y lo dejó todo para recibir al esposo y tuvo su lámpara encendida y bien proveída del óleo de la caridad Lo primero lo consideramos en esta gloriosa Santa, la nobleza de su linaje y generación, hija de reyes y príncipes, cercada de prelados y sacerdotes, como lo fueron los tres hermanos, los Arzobispos de Sevilla San Leandro y San Isidoro y el Obispo de Ecija San Fulgencio y su hermana Theodosia, reina de España, mujer del rey Leovigildo, de los godos, cuyo hijo fue San Hermenegildo, mártir, sobrino de esta Santa y lo mismo el glorioso y muy católico rey Recaredo, de quien como aparece en las historias, suceden todos los reyes de España legítima y justamente, por más de novecientos años, sin haber salido el linaje, sino de padres a hijos, de hermano a hermano, de tío a sobrino, o primos, de la misma sangre de los godos.

De lo cual se pueden gloriar y ponerlo sobre sus cabezas y coronas los reyes de España. Y así parece el linaje, nobleza y riquezas de Santa Florentina y todo ello lo convirtió en santidad y virtud, y en hacer más noble su humildad para confundir nuestra soberbia. Que sea humilde un hombre de baja suerte, un oficial, no es de mucho, porque no tiene de que ensoberbecerse, pero humildad de tanta honra y tanto linaje, es grande humildad. Para eso quiere la Santa Virgen la grandeza de su linaje, para ser más santa y más humilde. Y vos no tenéis en su comparación de que alabaros, tan hinchado y soberbio, que no hay quien os hable. ¿A mí me había de decir fulano tal palabra? ¿A mí se me había de atrever? ¿Y quién sois vos, para que cuando eso sufriéreis en paciencia penséis que hacéis algo? Pues nuestra Santa lo deja todo, la riqueza y poder del Estado, que le venía por legítima sucesión, siendo ella hermana mayor, porque como los Santos Obispos, sus hermanos, lo renunciaron en ella, ella lo renunció en su hermana Theodosia, mujer del rey Leovigildo y se encerró entre dos paredes en este Monasterio, para ser como una de las otras monjas.

¿Qué habéis vos dejado por amor de Dios? No sólo no dejáis algún bien temporal, pero ni aún lo que tiene especie de bien, no dejáis la mala costumbre de jurar, de murmurar, no dejáis el enojo ni la venganza, ni queréis salir a recibir al esposo. Santa Florentina todo lo deja, y aunque es tanta gloria ser de linaje tan guardado y antiguo de reyes y tener tan larga sucesión, después de ella, de reyes, más se precia de ser linaje de santos que de linaje de reyes. Ha habido muchos santos de su linaje, sus tres hermanos santos, su sobrino Hermenegildo, mártir, San Luis, rey de Francia, hijo de Dª Blanca de Castilla, y su primo el rey D. Fernando el Santo y otros muchos reyes que han resplandecido con títulos amorosos de virtud: “el Casto, el Sabio, el Deseado, el Magno, el Católico.” Bendita sea tal casta y tal generación. San Bernardo tuvo tres o cuatro hermanos como él, y su madre los criaba para santos y no hubo más. Acá hay gran ventaja. “La generación de los santos y buenos” dice David, debe ser alabada. “Gloria y riquezas hay en su casa”. Parece que hablaba el profeta de Santa Florentina. Y su justicia permanecerá en los siglos de los siglos. Hasta el fin del mundo habrá memoria de su justicia y santidad. Aunque más de reyes fuera Santa Florentina, si no fuera santa, no hubiera más memoria de ella que hay ahora de los que vivían en Ecija en su tiempo y de los romanos que tenían aquí su colonia, que no sabemos sino que fueron, o de los que vivían en Córdoba, o Sevilla la vieja, que todos se acabaron. No hay otra honra, sino ser santos.

Rogad a Dios os haga santos, si queréis fama entre los hombres. El justo en hora buena él vaya, para siempre nos acordaremos de él. Que buen hombre era fulano, que limosnero, que buenas obras hacía, ninguno dice mal de él. El malo, todos dicen, antes había de ser muerto. Dios me libre de tan mal hombre. Ninguno de acuerda de él. Mirad lo que dice Cristo de la Magdalena: “A donde quiera que fuere predicado este Evangelio, en todo el mundo se dirá lo que esta mujer hizo, para memoria de ella misma, que es mucho de ponderar”. Rogad a Dios que os haga santos, a vos, a vuestro marido y a vuestros hijos y a vuestro linaje, y seréis de muy buena casta, como Santa Florentina. Como virgen prudente, por ser santa y merecer dignamente recibir al esposo, todo lo deja y menosprecia. ¿Qué más prudencia tuvo?. Que como supo menospreciar todas las riquezas temporales, fue recatada de no perder las virtudes y riquezas espirituales. Llamamos a un hombre prudente, cuando sabe bien guardar y no despreciar su hacienda. Supo bien guardar su limpieza y honestidad. Va la doncella cargada de riquezas, hace de guardar de los ladrones.

Era hermosísima en el rostro exterior y por tal sus padres le pusieron por nombre Florencia o Florentina, de flor; que ninguna antes de ella lo había tenido, para que la sabiduría junta con la hermosura la hiciesen más amable. Porque estas dos cosas pocas veces se hallan juntas. Y allende de esto, tanto lloraba cada día y tantas vigilias y abstinencias hacía, como si fuera la más pecadora del mundo, rogando a Dios que le guardase el don de la virginidad que había profesado y ayudábase de su parte, no comía carne ni bebía vino. De esta manera se guarda la limpieza y honestidad, que no andando picalviento y con afeites y paseos vanos y con regalos y hartura de deleites. Era virgen prudentísima, hablaba con su alma y con Dios, antes que hablase con la lengua. De las vírgenes locas se dice: “Hablan antes de haber pensado, el pensamiento traen en la lengua, son parleras y atrevidas. Piérdese también la limpieza por la vista, como la perdió Eva, nuestra madre, por mirar curiosamente la fruta del árbol velado, y como se perdió Dina, hija de Jacob, por ir a ver curiosidades muy puesta de veinticinco alfileres. La virgen prudente Florentina, encerrose en un Monasterio, que como habemos dicho es este el de Nuestra Señora del Valle, donde ahora estamos y ahí aparecen los cimientos y señales de las celdas de la Santa y de sus monjas. Que esta merced nos hizo Dios, de darnos el lugar que tuvieron los santos y nos obligó a las alabanzas de Santa Florentina, para movernos y edificarnos con su ejemplo, que gran prudencia y sabiduría tuvo en el regimiento de tantas doncellas.

Tuvo aquí trescientas en en esta Ciudad de Ecija y más de mil repartidas por toda España,en cincuenta Monasterios, que estaban a su cargo, como lo afirma un doctor en su historia, que escribió ha más de ciento diez años. Y vos no seréis para regir cuatro hijuelos en vuestra casa y luego os afligís. No tenéis caudal ni prudencia, ni os ayudáis de la oración. Esta virgen tenía el coro de las virtudes teologales y morales y ayudábase del consejo de sus hermanos San Leandro, Arzobispo de Sevilla, uno de ellos, le escribió dos libros; uno de la virginidad y otro del menosprecio del mundo. Y ella también escribía a sus monjas. En lo cual padeció grandes trabajos y persecuciones, porque su cuñado el rey Leovigildo, tuvo al principio el error arriano y perseguía a los católicos. Y no es maravilla persiguiese a la cuñada santa, pues al hijo, San Hermenegildo le hizo mártir. Ella pasaba todos estos trabajos y sustentaba los Monasterios con su hacienda y patrimonio y con la riqueza de sus hermanos los Obispos. Mitad la concordia y amor que entre sí había, la liberalidad y largueza de dar la hacienda y la policía, de dar los varones sus bienes a las hermanas Theodosia y Florentina. ¡Cuán al revés se hace ahora en esta miserable edad de hierro! Et gratia fratum rara est. ¡Qué discordia entre los hermanos, por dos maravedís de la herencia, se sacaron los ojos sobre quién los ha de llevar! Es muy alabado a este propósito de estudio de paz por San Crisóstomo, el patriarca Abraham, que dio a escoger lo mejor de su tierra a Lot, por no tener ocasión de discordia con él, siendo él tío y el otro sobrino y habiendo razón de escoger y tomar lo mejor.

Dice San Jerónimo, que Santa Paula, en el camino que hizo a Palestina y a la tierra santa, echó de ver y se admiró cómo Josué, siendo el repartidor y distribuidor de la tierra entre las doce tribus, para sí se tomó la peor parte, la tierra más estéril y menos fructuosa. ¿De dónde salía eso?. De que eran vírgenes prudentes y aguardaban por horas la venida del esposo, que es la muerte, en que todo lo habían de dejar. Facile contemnit omnia qui se semper cogital esse moriturum. “Pues a quien lo ha de dejar por fuerza, o de voluntad, lo poco sobra –relicturo satis-, que traía por divisa y letrero un Obispo discreto de Osma. Y eso sin esperar las bodas del cielo y el premio del esposo, lo hacían los gentiles filósofos. ¿Qué mucho que lo hagan los cristianos? Crates, dejó y arrojó las riquezas como superfluas. Demócrito, las escarneció como vanas y de burlas. Heráclito, las lloró como caducas y miserables. Y nosotros con toda nuestra cristiandad, las buscamos y nos son raíz de todos los males, que así la llama San Pablo a la codicia. Santa Florentina y sus santos hermanos Obispos, lo dejan todo para salir desembarazados a recibir al esposo, que como la venida es a hora incierta y a sobresalto, como de ladrón, y aquí vino a la media noche, no se atrevieron a dormir de propósito y pierna tendida, sin dejar recado en su lámpara, como hicieron las vírgenes locas. Y eso es lo que dice el Evangelio.

Dormitaverunt omnes est dormierumt. La primera parte podemos aplicar a las vírgenes prudentes, y la segunda a las necias. Las unas cansadas del trabajo, descabezaron el sueño, dieron algunas cabezadas. Las otras, echáronse a dormir y roncar a pierna tendida. Y si el dormir tomamos por el sueño material y corporal, viene muy bien, porque los santos duermen poco, porque también comen poco. San Basilio fue de parcísimo sueño, grande abstinencia, muchas vigilias. San Bernardo decía que el hombre dormido, no es hombre y no podía sufrir al ver a uno roncar. San Jerónimo dice que habemos de dormir tan poco, que nos cayamos de sueño, dando algunas cabezadas sobre el libro. Dormienten te, carta excipiat. Pero el hacía aún más que eso: Si cuando me imminens somnus oppresisset nudae homo, vix ossa haerentia collidebam. “Si me oprimía el sueño, que no le podía resistir, arrojaba en el suelo desnudos los huesos casi desencasados de flacos.” Esta es la cristiandad, esta es manera de vivir de los santos.

Este es esperar que a la media noche nos despierta la matraca y ruido, que viene el esposo. Y no vuestro comer y beber con excesos bestiales y luego caeros dormidos hasta los medios días, y húndase todo el mundo y piérdanse los negocios y no vuestras alcobas y camas de campo y colchones sobre colchones de plumas. Expende, ¡oh hombre loco! que venir el esposo y hallarte así, no es sino hallarte en la muerte, en que todo se acaba, en el juicio de Dios, donde seas condenado en el infierno, donde para siempre arderás en vivas llamas con los demonios. Mira lo que de eso sienten los santos. San Hilarión, a la hora de la muerte, casi quiso temer: ¿Qué temes alma. Sesenta años has servido a Dios y no osas salir? San Jerónimo tenía atronados los oídos con el juicio y voz del Angel. ¡Levantaos muertos, venid a juicio! Por ventura le quedó este temor de una vez que en aquel tribunal fue azotado por bien fácil ocasión. San Bruno, fundador de los cartujanos tembló del juicio que se hizo con aquel gran letrado que se levantó tres veces de las andas, queriéndole enterrar y dijo: “En el justo juicio de Dios soy acusado, en el justo juicio de Dios soy juzgado, en el justo juicio de Dios soy condenado.”

Mirad como hablan los experimentados. ¿Y del infierno no hay ninguno que nos de nuevas por experiencia? El rico glotón y regalón de su carne, que no podía estar sino allá. Venga, dice, Lázaro pobre déjeme refrigerar al menor de los dedos, que me estoy abrazando en esta llama. ¡Oh, cristianos! ¿y con esto os queréis hartar de comer y de dormir?. ¡Oh, si os abriese Dios los ojos para ver vuestro daño y peligro! Si estuvieseis durmiendo, muy descansados, en una pieza llena de víboras y serpientes, que vos no la hubieseis visto ¿qué merced os haría el que os despertase y diese luz? ¿Cómo saltaríais exclamando: ¡Jesús, Jesús! Aquí estaba yo?. Con esto, no os espantéis de lo que hicieron los santos y de lo que hizo Magdalena. Ut cognovit. En el punto que conoció , o por mejor decir, que le abrió Dios los ojos para conocer donde estaba, mirad los extremos que hizo y la mudanza que hace. ¿no os parece que los santos tienen razón de dormir poco y contentarse con descabezar el sueño?. Dice Aristóteles que los buenos no se diferencian de los malos sino en la mitad de la vida, porque parece que el tiempo que duermen los unos y los otros no se diferencian.

Pero yo digo que se diferencian en toda la vida entera, porque los santos y los justos duermen muy poco en la cantidad del sueño, los pecadores duermen mucho. Y principalmente porque los sueños de los hombres templados son limpios y honestos, así por los buenos ejercicios y pláticas, como porque la carne no tiene fuerzas ni descanso para más. Los malos del mundo, sus sueños son pecados y deshonestos, por las pláticas y pensamientos de la vigilia y por la abundancia del manjar, y así el sueño se les convierte en pecado y durmiendo pecan, que es cosa bien contraria a la regla de conocer el pecado, que es menester que haya libertad en el que le comete y el que duerme no la tiene. ¿Pues, cómo peca? En su causa antecedente. Y si de ello se huelga, mucho más. De manera que los santos sólo dormitan, duermen poco. Las vírgenes locas duermen de propósito. Y así el sueño entendemos del pecado; los buenos si dormitan y dan algunas cabezadas es un pecado venial y luego despiertan de él. Los malos duermen, pecan mortalmente, es menester que Dios los despierte por su infinita misericordia. Pues a ejemplo de Santa Florentina, estemos velando y esperando al esposo celestial, que en su venida nos dará gracia y gloria.

Y vosotros, hermanos cofrades, en particular, sabed que como tomáis a cargo de servir a la prudente virgen Florentina el beneficio y protección que hace a esta ciudad, así ella tendrá en cuenta el haceros particulares mercedes, alcanzaros el favor de Dios, para que gocéis de los frutos de esta santa Hermandad. Hace Dios grandes mercedes a las congregaciones, a los que se juntan para el bien. En donde se juntan dos en nombre de Cristo, allí está El. Cosa es que mucho resplandece en la Iglesia las hermandades y congregaciones. Y de esto alabó el esposo a su esposa. ¿Qué veréis en la Iglesia sino capitanías y ejércitos de cristianos, que alaban a Dios? Aquí la congregación de los santos Concilios, de los Obispos, de los sacerdotes, aquí la de los religiosos de San Francisco, allá la de Santo Domingo, aquí la de San Jerónimo, la Hermandad y Cofradía de Santa Lucía, la de Santa Bárbara, la de Santa Florentina.

Recibiréis, hermanos, el provecho de los que se ayudan en las buenas obras. Ayudaros habéis con la limosna, con las oraciones que hacéis en esta hermandad, con los sacrificios, con enterrarse unos a otros. Dice David: “Bienaventurado el pueblo que sabe jubilación.” Quiere decir, que se ayuda y anima a pelear contra los vicios. Porque jubilación es la grita de los que acometen en la guerra. Los unos con los otros os habéis de hacer mejores, como dice San Jerónimo se ha de hacer en los Monasterios. De uno aprendas la humildad, de otro la paciencia, de otro el ayuno, de otro la oración. Como se ayudaban los santos hermanos Fulgencio, Leandro, Isidoro y Florentina. ¿No sabéis lo que le acaeció a Saúl? Llegose una vez a una compañía de profetas, que estaban cantando y profetizando, y luego, sin ser otra cosa en su mano, comenzó a cantar y profetizar. Este es el fin y provecho que nuestra santa madre Iglesia pretende de las hermandades y cofradías.

OTRO SERMÓN HISTORIAL: DICHO EL DIA DE SANTA FLORENTINA, EN EL MONASTERIO DE SANTA MARIA DEL VALLE, A LA HERMANDAD Y COFRADÍA Y PUEBLO DE ECIJA. AÑO DE 1570.

THEMA: Potens in terre erit semen ejus, generatio rectorum benedicetur, gloria est divitiae in domo ejus, est justitia ejus manet in seculum seculi . PSALMO CXI

Muchas son las razones por las cuales nuestra santa Madre Iglesia, regida por el espíritu divino, celebra las festividades de los santos, que en esta vida sirvieron a Dios, y gozan ahora de la bienaventuranza en premio de sus trabajos y todas ellas se concluyen en tres fines y respectos. Lo primero para alabar a Dios, que es glorificado en sus santos. Lo segundo para honra y gloria de los mismos santos. Dice David: “En mi estimación, Señor, muy dignos de honra son vuestros amigos.” Y promete Jesucristo que su Padre los honrará en el cielo. Y así es muy justo que nosotros los honremos en la tierra. Lo tercero para grande aprovechamiento nuestro por el ejemplo e imitación que habemos de tomar en sus virtudes, como dice San Pablo: “Sed imitadores de mí como yo lo soy de Jesucristo.” Y el mismo Apóstol en otra parte dice: “Para que así os diésemos forma y dechado para que nos imitaseis.”

Y también por el patrocinio y favor que de ellos recibimos en nuestras necesidades y trabajos. Como Abraham patriarca, rogó por el rey Abimelech, por la oración de San Pablo, nuestro Dios concedió la vida a doscientos y setenta y seis hombres que peligraban en la mar. Todas estas causas nos piden a los cristianos que hagamos y celebremos las fiestas de todos los santos. Empero algunos hay a quienes esto se debe por particular razón y obligación. En Antioquía honran a San Pedro, porque vivió allí y fue obispo suyo siete años. En Roma porque allí estableció la silla del sumo pontificado y la cátedra de la Iglesia, y allí fue martirizado, aunque lo más de su vida gastó en otras partes.

A San Pablo le honran en la isla de Malta, porque llegó allí a predicar, cuando le quisieron morder las víboras y sanó de las cámaras incurables al hijo del príncipe de la isla. Y en esta ciudad de Ecija por el milagro en que se apareció, dando aviso para enmienda de los pecados, pero también nació, vivió y murió en otra parte. Y por solos estos respectos, estos gloriosos santos se dan por patrones de aquellos lugares y se tienen como obligados a favorecer sus habitadores cuando los invocaren en sus necesidades. Y siendo todo esto así, cuánta razón y obligación tienen todos los vecinos de esta ciudad de Ecija a celebrar la fiesta de la gloriosa y bienaventurada Santa Florentina, la cual nació, conversó, vivió y murió en esta ciudad de Ecija y cuanta razón y justicia es que esta gloriosa virgen sea nuestra patrona y sintámos su favor y amparo cuando devotamente se lo pidieren.

Dice la esposa en los Cantares: “Puso el celestial Esposo en mí su amor ordenado”. Hay orden en la caridad, que somos más obligados a nosotros y a lo nuestro, y a nuestra Patria. Pues estando ella ahora en el cielo, donde la caridad está en perfección, mostrárase muy señalada en rogar a Dios por los suyos y por los moradores de su ciudad, y muy especialmente por sus hermanos y cofrades, que ha tornado a su cargo el honrarla, trayendo aquí, a este monasterio, su imagen en hábito de religiosa monja, donde de tiempo inmemorial acá se hace está fiesta por vuestros padres y antepasados, por tener entendido que vivió aquí en esta casa de Nuestra Señora del Valle en compañía de las vírgenes que en este camino fueron martirizadas por los infieles; pues para cumplir con esta costumbre tan antigua y para tratar las alabanzas y honra que se deben a la bienaventurada Santa Florentina, es necesaria la gracia y pidámosla con el favor de la Reina del cielo, pues fue moradora de su casa. Ave María.

Trataremos de los grandes favores que Dios hace, no sólo en el cielo, sino también en esta vida, a sus santos y a los que con fidelidad le sirven. De la grande antigüedad y nobleza del linaje de Santa Florentina, en que hubo sacerdotes, reyes y santos y de su santa vida y conversación en esta casa de Nuestra Señora del Valle, para que imitándola merezcamos su patrocinio. Muchos son los caminos por donde Dios nos lleva a sí y procura nuestra salud. Ama a las criaturas que por sola gracia y bondad crió y desea mucho que alcancen el fin para que fueron criadas, porque no parezca haber sido hechas en vano, y por esto nos lleva por diversos caminos a este fin, unas veces por amenazas y espantos, poniéndonos delante las penas de los condenados, los infortunios y miseria de los malos, el insufrible tormento que trae consigo el pecado y la malicia; porque es cosa de infinita miseria tener Dios por el contrario y enemigo. Si las amenazas no bastan, envía el castigo por obra. Con freno y hierro rompe las mejillas y se lleva a sí a los que de él se apartan. Y si por este camino se endurece más nuestro corazón, regalanos con mil favores y halagos, acrecentando los dones, multiplicando las mercedes y acumulando beneficios en ataduras de amor, porque quien hizo beneficios halló cuerdas y lazos para traer a los hombres a sí. Dice un filósofo: “Con los dones es razón que nos provoquemos al amor de quien los da.”

Y si esto parece poco, promete otras cosas mayores, trayéndonos a la memoria la gloria que tiene aparejada a los que le aman y a las muchas gracias y favores que hace en esta vida a los que guardan sus mandamientos. Por estas y otras muchas vías, amonestando, persuadiendo, reprendiendo, halagando, prometiendo, dando y amando, como padre clementísimo, procura nuestra salud, no dejando cosa ninguna que no nos pueda aprovechar. Y así dice por el profeta: “¿Qué más podré hacer por ti, Ephraim? ¿Qué quieres que yo haga más, oh Judá? Y en otro lugar: ¿Qué más debía yo hacer por mi viña y no lo hice?”. Donde dice el devoto Bernardo: ¿Más que obligación teniades vos, Señor, con vuestra viña para hacerla así? ¿Cómo vuestra viña os pudo hacer deudor, a la cual por sola gracia y bondad plantasteis? ¡Más hay de vuestra dureza y porfía de corazón! Todos estos incitamientos y blanduras menospreciamos, como si de derecho se nos debiesen. Ni tememos con los espantos, ni nos corregimos con los azotes, ni nos ablandamos con las caricias, beneficios y promesas. ¿Qué responderemos en el juicio al desprecio de tan gran amor?. Cuan justamente se queja Dios de nuestra ingratitud por el profeta: “Ninguno así amó, ninguno así tuvo celos como Dios, y ninguno así fue despreciado.”

Y con todo eso, ¡oh, inmensa bondad de Dios! Tan grande majestad menospreciada de su criatura no se encoleriza, ni se va para no volver, antes bien dice: Adostium sto est pulso. Quedó a la puerta repitiendo y llamando. Y en los Cantares de Salomón: Aperi mihi soror mea, sponsa mea, inmaculata mea, quia caput meum plenum est rore, est cincimi, mei guttis noctium. Convida a nuestra alma a que sea virgen prudente, que tenga apercibida su lámpara para recibir al esposo: “Abreme para que a ti te vaya bien, yo no tengo necesidad de tu posada, pues en el cielo tengo tan anchos palacios; tu tienes necesidad del beneficio de tan grande huesped. No busco mi provecho, sino el tuyo. Abreme para que recibas la paga de la posada, en alegría y usura espiritual, porque mi cabeza está sudando precioso bálsamo de alegría, con que siendo ungida tengas sanidad y mis cabellos gotean el purísimo rocío de las gracias para que seas limpiada”. Todo eso se ha dicho para mejor entender las palabras propuestas de nuestro tema y el principio del salmo donde se tomaron, porque recuenta en el Espíritu Santo por la boca del profeta, con grande perfección y diligencia, los frutos de la virtud y justicia y el provecho de la santidad y que bien y mejoría trae consigo la buena vida, para que siquiera movidos por tan grandes aprovechamiento espiritual y temporal, sigamos la justicia, la virtud y servicio de Dios, y por alcanzarla demos por bien empleada la hacienda, la honra, el linaje, el menosprecio del mundo y de nosotros mismos, como la gloriosa virgen Santa Florentina, como prudente y sabia lo hizo, para nuestro ejemplo.

Bien nos había de bastar la hermosura de la misma virtud, para amarla y seguirla; empero porque los hombres mundanos, que son las vírgenes locas, se mueven por los favores, deleites y bienes que ven, quiso Dios poner todo eso en la virtud. Dice, pues, David en el principio del salmo: “Beatus vir qui timet Dominum in mandatis ejus cupit nimis”. Tres grados y manera de bondad y virtud nos pone delante para gozar de la bienaventuranza y buena dicha. El primero, en el temor del Señor. El segundo, en la guarda de sus mandamientos. El tercero, en el amor grande de los mismos mandamientos. Comenzamos desde el menor, aprovechamos en la guarda de los mandamientos y en el amor acabamos y llegamos al punto de la perfección. En el temor del Señor comenzó el salmo precedente y en el temor comienza este. Es inestimable margarita el temor del Señor, bienaventurado el que lo poseyere, que luego será enriquecido de todos los otros bienes. A timore tuo Domine concepmus est cuasi parturivimus spritu salutis. Este nos hace apartar del mal, este nos enfrena en el bien, ata los sentidos y pensamientos, las manos y pies y los apetitos del corazón, para que no se derramen las cosas ilícitas. Congregans sicut in utre aguas maris. Encierra como en un cuero las aguas del mar, las pasiones y las olas del corazón, para que no cubran ni ahoguen la razón y luz de nuestro juicio. Por lo que dice San Agustín, hablando de su madre: “El temor casto era en su corazón como una faja pectoral para reprimir los pensamientos, en la boca, como freno para detener la lengua, en la obra, como espuela para no empezar, en todas las cosas como una regla para no exceder la medida.” Y pues vos tenéis tan libre el corazón para juzgar a vuestro prójimo, para arrojaros en el mal y la imaginación tan libre y cerrera para devanear, la lengua tan suelta para murmurar y decir injurias, para jurar y blasfemar, echar maldiciones y en todas las cosas tenéis exceso y atrevimiento, es claro que no tenéis temor de Dios, ni principio de convertiros a Dios.

Queriendo nuestro Dios alabar a Job, dijo a Satanás: ¿Nunquid considerasti servum meun Job, quod non sit similis es in terra, homo simplex est recedens, a malo? ¿Has echado de ver a mi siervo Job, que no hay otro que se le compare en la tierra, hombre sencillo y recto, temeroso de Dios, que se aparta del mal? Es tan grande este temor, que no sólo por él se aparta el hombre del mal, sino que recibe también perfección en el bien, según aquello: Qui timent Deum custodiunt mandata illius. Hace guardar sus divinos mandamientos, que es el segundo grado de la justicia y virtud, en que consiste nuestra salvación, porque al que le preguntó a Jesucristo que es lo que había de guardar para alcanzar la vida eterna, le respondió: Si vis ad vitan ingredi, serva mandata. “Si quieres salvarte guarda los mandamientos.” Pero no es perfecto, si los guarda por temor y no los abraza con amor, si a más no poder lo hace por no condenarse. Ha de ser esta observancia por amor, como decía David: Quomodo dilexi legem tuam Domine tota die meditatio mea est. ¡Oh, Señor, cuanto he amado vuestra ley y todo el día estoy meditando en ella! Y en otra parte: Ideo dilexit mandata tua, super antum est topacio. “Amé vuestro mandamiento, más que el oro y piedras preciosas.” Esta santidad dijo el glorioso Pablo: Condelector legi Dei secundum interiorem hominem. “Guardo la ley de Dios con gusto y deleite, porque es buena y no porque es forzosa.” No porque es provechosa para el siervo, sino porque en ella se sirve al Señor.

Pues el que comenzando en el temor y aprovechando en la gurda de la Ley de Dios, llega a encenderse en su amor y en sus mandamientos se deleita, llama bienaventurado David y muy dichoso. ¿Por qué le llamó dichoso y bienaventurado? Por las palabras de nuestro tema: Potes in terra erit semen ejus, generacio rectorum benedicetus, gloria est divitiae in domo ejus, est justicia ejus manet in seculum seculi. Bienaventurado, aunque ningún provecho temporal de allí sacase. Pero, ¿quién podrá contar los bienes que de esto se siguen?. Lo primero, el principio de su linaje y generación será bendito en la tierra y será multiplicado, tendrá grande señorío, será muy poderoso, según aquello del Génesis. “Poseerá tu descendencia las puertas de sus enemigos.” Y por el merecimiento y respecto de sus padres y mayores, con quien Dios tiene mucha cuenta, será enriquecido y coronado. Como parece en el “Eclesiástico”, donde habiendo encarecido las virtudes de Abraham, le promete Dios honrarle en sus sucesores y por eso con juramento le prometió Dios gloria en su linaje y que creciese como un monte muy alto y se engrandeciese con las estrellas y que tuviese posesión de mar a mar y desde el río hasta los últimos fines de la tierra.

Y lo mismo, dice el texto, hizo con Isaac, por respecto de Abraham, su padre. Así dice aquí David: Aura grande, gloria y riquezas en su casa, muchos tiempos y largos después de ellos, porque aunque el justo muera y vaya de esta vida, su justicia permanece en los siglos. Tamen justitia ejus manet in seculum seculi. A sus hijos y a sus nietos les irá bien en la tierra. ¿No véis como Dios es más inclinado a misericordia con los que están en esta vida, que a justicia y castigo? Suele castigar las maldades y pecados de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, pero las virtudes de los padres, premiarlas en muchas generaciones. Mirad lo que dice: “Yo soy tu Señor y Dios celador, que castigo los pecados de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación con los que me aborrecen y que hago misericordia en muchos millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.” No es como la venganza la gracia, sino mucho más grande y extendida y derramada por muchas generaciones. ¡Oh, buen Dios, con cuántos bienes y favores, aún temporales, regaláis a los vuestros aún en esta vida! ¡Y que maravilla! El que aquellos eternos e inefables bienes les aparejó. ¿Cómo les había de negar estos mínimos temporales? Aunque muchas veces no los da a sus escogidos, o porque no les convienen, o porque no gustan ni curan mucho de ellos. ¿Para qué son más riquezas que las necesarias?.

No se saca de esa carga, sino más cuenta y recibo, más gastos y más alcance. Y por esto es bien, estas palabras del salmo, declararlas espiritualmente en San Agustín, entendiéndolas más de principal a la generación del corazón que a la del cuerpo, porque aquella es más verdadera y más propia generación nuestra, según la parte más principal que hay en nosotros, por la cual somos hombres, que es la razón. Potens in terra erit semen ejus. Aquella semilla y grano de quien dice David en otra parte, que la iban derramando y sembrando con lágrimas, pertenece a esta generación espíritual. Euntes bant est steban mittentes semina sua. Sembramos obrando bien en la vida, cogemos el fruto en la muerte. Sembramos en la tierra y ponemos en el granero y alholí del cielo. De esta manera de simiente y de sembrar habla el Apóstol: Qui parce seminat, parce est metet, est qui seminat in benedictionibus, de benedictionibus est metet. El que es corto y miserable en dar limosnas, pocos merecimientos tendrá. Este grano de buenas obras que se siembra en la tierra será poderoso en el fruto que se coge en el cielo. Y esto es lo que dice adelante David: Venientes autem venient cum exultatione, portantes manipulos suos. Por celemines, cogieron cahices, por granos manojos, por una fanega un ciento.

Maravillosa es la virtud del grano y semillas y grande su potencia, a donde de tan pequeña sustancia, se levanta tan grande cuerpo, como parece en los árboles, principalmente en la mostaza, en que puso ejemplo Nuestro Redentor, que con ser como un arador el grano, el árbol crece y se extiende tanto. Dice el filósofo que los principios en cantidad son mínimos y en virtud y potencia son máximos; pero mucho más resplandece este poder en la semilla y grano espiritual. ¡Qué cosa más poderosa! Dais una blanca en limosna y os dan el reino. Dais unos zapatos viejos y os dan el cielo. Dais un gemido por vuestros pecados y os dan el gozo sempiterno del alma. “El reino de los cielos, dice San Agustín, tanto vale como tienes.” ¡Oh, como nos espantaremos después, cuando viéremos de tan pocas y pequeñas obras de justicia, levantarse tan grandes mieses de gozos celestiales! Porque de los buenos trabajos, glorioso es el fruto. Aquí en esta vida y después en el cielo, aquí en abundancia de merecimientos y allí de premios. Porque en saliendo de esta vida, no es tiempo ya de obrar, ni de merecer, sino de coger el fruto y merecimiento. Como nos dice Cristo Nuestro Señor: “Trabajad mientras dura el día, porque venida la noche ninguno podrá trabajar, ni merecer.” El que aquí no lo mereciere, no lo tendrá allá. Este es el primer fruto de la santidad en la potencia de los merecimientos por las buenas obras exteriores. Podemos poner el segundo espiritualmente en la fertilidad del corazón, dice David: “Generatio rectorum benedicetur. “Será acrecentada y multiplicada la generación del corazón.” ¿Qué cosa hay más abundante que el corazón de los justos?.

Está manando, afectos buenos, deseos buenos, deleites de gozos y consolaciones de amor espiritual y otras riquezas que suelen nacer y criarse en los corazones de los siervos de Dios. Los corazones de los malos son estériles, sin afección, sin amistad, sin compasión, sin amor, sin buenos deseos, secos, desconsolados. ¡Qué gran mal este, cuanta miseria, estar en el alma sin sentido y movimiento, vivir una vida sin vida y estar muertos en el corazón! Factus sum tanquan vas perditum, tanquan mortus a corde. “Hemos hecho como un vaso roto sin suelo y como muerto en el corazón.” El tercer fruto es en la honra. El cuarto en las riquezas. Y por eso dice: Gloria est divitiae in domo ejus. En su conciencia, porque esta es la propia casa en que el justo habita, retirado y apartado de todas las cosas sensibles, en la cual descansa, seguro del naufragio de las olas y tempestades del mundo. Nuestra gloria, dice San Pablo, consiste en el testimonio de nuestra conciencia. ¡Oh, que honra y gloria de Dios a sus santos en esta vida!. A muchos de ellos dio dominio sobre las criaturas que estaban debajo del cielo, y que se les amansasen las fieras, como a Daniel en el lago de los leones y como consta de la historia de San Jerónimo, del león amansado y rendido que se pinta a sus pies y le acaeció a San Francisco, con las aves, que las mandaba callar y cantar según les parecía. Y a Josué con el sol, que le hizo detener. ¡Qué honra y gloria, tener a Dios por amigo y alcanzar de El lo que quisiere! Estar su nombre escrito en el cielo, tener silla y dignidad señalada, no entre los canónigos de una catedral, sino entre los ángeles del cielo, ser hijo de Dios y cuidando de su corte. Esto es de la honra y gloria espiritual.

¿Qué diremos de las riquezas, también espirituales? San Pablo dice: “Todas las cosas son vuestras, porque el que nos dio a su propio hijo, ¿cómo no nos dará todas las cosas con Él? Cuando Jacob acabó consigo, a petición de sus hijos, de enviar a su amado Benjamín, para que le llevasen a Egipto, al gobernador dijo que llevasen con él presentes y de los frutos más escogidos de la tierra. La abundancia de dones y gracias que Dios da en las almas de los buenos, no se puede decir. El que les da las riquezas naturales, los enriquece de las gratuitas. Al que tiene, dice Cristo, y lo agradece y merece, daranle más, hasta que le sobre. ¡Oh, dichosos corazones de los justos, porque por su natural virtud son fecundos y por el don espiritual enriquecidos. Y más adelante pasan sus bienes. Et justitia ejus manet in seculum seculi. No sólo pertenece y dura su justicia al justo en fruto y aprovechamiento, sino que se extiende por el mundo en ejemplo; en el mundo permanecerá por imitación, para que otros fructifiquen y Dios no se olvidará de premiarle en el cielo.

Pero habiendo tantas y tan justas alabanzas que decir de la gloriosa y bienaventurada Santa Florentina, no es razón que más nos detengamos en esta doctrina general, sino que de la especulación vengamos a la práctica y sepamos como resplandecen esas virtudes en Santa Florentina, y como le pagó Dios en esta vida con honra y riqueza y nobleza y antigüedad de linaje, allende del infinito premio de que goza en el cielo. Tuvo lo primero los tres grados de santidad, que es temor de Dios, la guarda de sus mandamientos y grande amor y caridad. Y así mereció la bienaventuranza que por David le da el Espíritu Santo. El temor de Dios se parece en quitar de sí todas las cosas que le podían apartar de su servicio, que este es propio temor filial de hijos, que trabajan de no ofender a sus padres. Todo lo quitó, porque ya sabéis que fue hija de Severiano, duque de Cartagena y de Theodora, de la ilustre sangre de los godos, porque su padre fue hijo del rey Tehodorico, señor de toda Italia y Francia y España. Tuvieron tres hijos y dos hijas, estos nobilísimos godos. San Fulgencio, obispo de esta ciudad de Ecija, y San Leandro y San Isidoro, Arzobispos de Sevilla, a Santa Florentina, que fue la segunda que nació de sus padres y a Theodosia que fue la menor, mujer de Leovigildo, rey de España. Pues siguiendo sus tres hermanos la Iglesia, venía el reino a Santa Florentina por ser la mayor, y esto digo que dejó por temor a Dios, porque no tuviese ocasión de ofenderle.

Muchas veces el favor del mundo, el regalo en que son criados los príncipes, las riquezas, el poder, la libertad, es tropiezo y motivo de pecar y de olvidar a Dios. ¿Qué habéis vos dejado por no ofender a Dios?. Antes buscáis estas cosas que deja la gloriosa Santa. ¿Dejáis las riquezas?. Antes con grandes ansias y modos ilícitos las andáis procurando. ¿Los deleites? Antes vuestro cuidado es en la comida abundante y curiosa, en la bebida pura y fría, en la cama blanda, en el vestido precioso y en los contentos brutos de la carne, que por su fealdad no se dicen. ¿Dejastéis, por ventura, la libertad?. Antes vivís sin ley y sin freno, como un potro nuevo que pace donde quiere y como quiere y va saltando y tirando pernadas, sin que de razón podáis ser sojuzgados y puestos debajo del yugo de la ley de Dios. Pues veréis aquí el juicio y la sabiduría de los santos; a las riquezas, Jesucristo las llama espinas. Y San Pablo, en comparación de servir a Dios, dice que todo es lodo. Omnia arbitro ut stercora, ut Christum lucrifaciam. Y el Espíritu Santo, en el libro de la “Sabiduría”, Nec comparavi illi lapiden pretiosun, est divitias nihil esse dixi in comparatione illius.

Todo lo deja Santa Florentina. Y porque el temor de Dios, de su naturaleza da encogimiento, este la metió dentro de un Monasterio, donde cerró los ojos a la vanidad del mundo, las orejas a las falsas músicas de las sirenas encantadoras, enclavó las manos en una cruz, puso grillos a sus pies y candado a sus labios, como lo propuso David: Dixi custodiam vías meas, ut non delinquam in lingua mea. ¡Ah, señoras y doncellas, si queréis guardar la honestidad, ¿para qué son esos ojos levantados a los hombres, por el camino y por las calles? ¿Ese querer y procurar ser vistas y componeros profanamente, eso oír lisonjas y adulaciones? Eva, por mirar la fruta y oír a la serpiente, se perdió a sí y a nosotros. Diana, por ser curiosa y salir de fiestas, mirad lo que le acaeció. No digo que vengáis tapadas, descubriendo unos ojuelos, por usar de más libertad, que esos encubrimientos son cocos del demonio y procurar más de ser vistas.

Mejor sería ir descubiertas y abajados los ojos. Y los que queremos guardar honestidad ¿por qué nos descuidamos en medio de los enemigos? Difficilia sunt praelia castitatis, ubi continua pugna rara victoria. “Dificultosa son las batallas de la castidad, en donde la pelea es continua y rara la victoria.” Traemos grandes riquezas en vasos quebradizos. Por eso la santa virgen Florentina, viendo que el vaso era frágil y andaba en peligro, hízole una vasera. Encerrose en el Monasterio, guardó suma limpieza a Dios, con ser hermosísima, que por eso sus padres la llamaron Florentina, de flor. Tuvo gran temor de Dios, grande observancia de sus mandamientos. Y bien se parece como los guardó, pues añadió a ellos la vida de los consejos, haciendo votos monásticos de religión, pobreza, obediencia y castidad. Su grande amor y caridad, parece en el grande número de doncellas y otras personas que tuvo a su cargo para que sirviesen a Dios, dando para ello su patrimonio y el de sus hermanos eclesiásticos, que era muy grande, y sufriendo grandes persecuciones de los arrianos, herejes, por espacio de más de setenta y ocho años que vivió, porque afirma el doctor Fray Diego de Godoy, hablando de su historia, que alcanzó siete reyes, de los cuales algunos fueron tocados de la secta arriana y persiguieron a esta Santa y a sus monjas religiosas. Y así, con razón, le conviene el título de bienaventurada, por el temor de Dios, por la guarda de sus mandamientos y por su amor y caridad.

Por lo cual le quiso Dios dar en esta vida el fruto y premio, que dice David que da Dios los justos, la raíz y principio de su generación poderosa en la tierra. Lo cual, entendiéndolo espiritualmente en esta Santa, significa la grande muchedumbre de sus merecimientos y la excelencia de sus virtudes, que en ella son de más estima que en otra. Su virginidad es muy preciosa, porque fue muy hermosa y rica. Y las que así son en el mundo, luego se casan o padecen gran peligro en su honestidad viviendo libres. Dice graciosamente San Jerónimo, aunque no sin gran reprensión de la impiedad de los mundanos, que cuando tienen un hijo cojo o tonto, o de poca habilidad, luego aquel quieren que se meta a fraile, y si una hija pobre, fea o con alguna falta, aquella la dedican a Dios y quieren que sea monja, pareciéndoles que Dios no merece más y que los que tienen parte de riqueza y hermosura, se emplean mejor en el mundo que en Dios. ¡Oh, grande maldad y abominación! Florentina hermosa y rica, métese monja y fue tan rica que el patrimonio de su padre llegaba desde Cartagena a Tarifa. También su humildad fue grande, porque era tan noble y alto su linaje, que suele ensoberbecer a los vanos del mundo y se quiso bajar a servir en el Monasterio en ejercicios bajo de servidumbre.

Y así tan excelentes obras en la tierra, eran poderosa simiente para coger gran fruto en el cielo. Fue en ella bendita y alabada su generación. Dos generaciones hay; una temporal, según la carne, otra espiritual. Esta fue la más excelente de Santa Florentina. De esta dice San Pablo: “Hijos míos, a los cuales otra vez deseo engendrar y parir, hasta que Cristo sea dibujado y formado en vosotros.” Pues en esta generación fue bendita y abundante la gloriosa Santa Florentina, porque en esta ciudad de Ecija tuvo a trescientas doncellas recogidas y por toda España mil vírgenes consagradas a Cristo y cincuenta Monasterios de personas recogidas. ¿Vistéis tal generación espiritual? ¡Bendita sea ella! Generatio rectorum benedicetur. Pues cual fuese su generación y linaje temporal, ya está sabido de atrás, en que hubo reyes, príncipes y sacerdotes. Y así podrá decir con la Virgen Nuestra Señora: Beatam me dicent omnes generationes. Todas las generaciones, espiritual y temporal, me llaman bienaventurada.

Pues este era el valor de Santa florentina, esa su prudencia y caridad y al estar proveída del aceite del amor de Dios y encendida su lámpara, como se dice en el Evangelio de las vírgenes prudentes que aguardaban al esposo. No se contentó con ser ella sola virgen prudente. Era flor y quiso engendrar fruto maravilloso de honestidad y limpieza. Flores mei fructus liquoris est honestatis. Engendró gran número de vírgenes prudentes a Dios. No se contentó ella de ser de casta y generación de Santos, sino tener generación espiritual de Santos. San Pablo, de los que convertía con doctrina y ejemplo, decía que eran hijos espirituales que engendraba. Per Evangelium ego vos genui. Pues todas aquellas doncellas eran hijas espirituales de Santa Florentina.

Vírgenes prudentes que recibieron al esposo con luz de buenas obras, y muchas de ellas quebraron los vasos de sus cuerpos, por el martirio, en el cual derramaron su sangre y su santo óleo, que dio suavísimo olor al cielo y a la tierra. Porque por la vía de tradición y sucesión de doctrina, sabemos las monjas que aquí estaban de Santa Florentina, por mano de los bárbaros, ora fuesen los godos arrianos, ora los infieles moros, en la destrucción de España ha más de ochocientos años, haber sido sacadas de este Monasterio y sacrificadas a Dios por martirio en todo este camino que hay de Nuestra Señora del Valle hasta Ecija, santificando y enriqueciendo con su sangre bendita la tierra y el polvo, para que más os consoléis de pisarle y andarle muchas veces, que cierto, según esto, se parece este camino al que hay desde Santa Engracia, Monasterio de nuestra Orden de San Jerónimo, en la ciudad de Zaragoza, que está regado con la sangre de innumerables mártires, que derramó el cruel Dioclesiano. Y asdí lo habréis siempre oído a vuestros mayores y con esta leche se han criado los hijos en esta ciudad. De esta gloriosa Santa no sabemos si fue mártir por cuchillo de tirano, pero sabemos que lo fue por martirio largo de persecuciones, resistiendo a los enemigos corporales y espirituales, que como dice San Crisóstomo, es altísimo género de martirio. La vida de un buen fraile, de una buena monja, de un buen cristiano, es un martirio prolongado.

Veis aquí las mercedes que Dios ha hecho a esta ciudad por sus santos y los patronos que tiene en el cielo y los ejemplos de virtud que les dan en la tierra. ¡Oh, buen Dios, que cuidado y providencia tenéis de vuestra Iglesia y como cumplis muy bien lo que dijisteis! Ego vobiscum sum usque ad consumationem seculi. “Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”. Estáis, Señor, con nosotros en el Santísimo Sacramento del altar, por especial asistencia y manera de estar, para mantenernos, como estaba el árbol de la vida en medio del paraíso terrenal. Y estáis con nosotros, dando en todos los tiempos vuestros santos, para que nos enseñen y defiendan de errores y amparen en la Iglesia, con la gracia y sabiduría que les distéis. Notadlo, hermanos, mirad las edades de la Iglesia.

En la edad de cuatrocientos años, después de la Encarnación, envió Dios un San Jerónimo, un San Ambrosio, un San Crisóstomo, un San Agustín, y unos Basilio, Gregorio Nacianzeno y el Nisceno, Atanasio y Epifanio. Mirad como aún sólo los nombres llenan la boca y satisfacen el gusto y cuan bien defendieron la Iglesia. En la edad de seiscientos años, envió a San Gregorio, Papa, a San Leandro, a San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, a San Fulgencio, Obispo de Ecija y a su hermana Santa Florentina. En la edad mil y cien años envió a San Bernardo, a Hugo de San Victor, a Ricardo de San Victor y Sigiberto, monje benedictino. Y como envió en todos los tiempos santos que amparasen la Iglesia, así envió y dio especiales santos, que amparasen ciertos lugares y provincias. Dio a Alcalá los Santos Justo y Pastor, a Córdoba, San Acisclo y Santa Victoria, a Sevilla, las Santas Justa y Rufina, y a esta ciudad de Ecija les dio a San Fulgencio y a Santa Florentina y las vírgenes que aquí fueron martirizadas, de quienes se pueden gloriar y alabar a Dios y aprovecharse de su protección.

Volviendo a nuestro propósito, grande generación fue esta de esta Santa Virgen Florentina, de poder ofrecer a Dios tanta limpieza suya y de sus doncellas. ¡Oh, que deshonesto está el mundo, que poca limpieza hay! ¿Por qué no hacen diligencia en guardarla? Santa Florentina derramaba grandes lágrimas, pidiendo a Dios la continuación de su virginidad, ayunaba, no comía carne, no vestía lienzo. Ninguno se descuide consigo mismo. Dice Séneca a Lucilo: “Antes podrás regir y gobernar las bárbaras naciones y a los hombres silvestres y a las bestias fieras, que no regirte a ti mismo y a tu corazón y ser señor tuyo”. Las guerras forasteras, aunque sean grandes, no son cada hora, ni cada día, ni a la continua. Cien años de guerra y uno de pelea. Es menester gran temor de Dios. El que está en el mundo y el sacerdote que en su ordenación prometió implícitamente a Dios castidad y se anda hecho bausan y duendo por las calles y plazas y entre las ocasiones, ¿cómo las guardarán? Pídalo a Dios. Ninguno puede ser continente si Dios no se lo diere.

Esta gloriosa virgen, con su buen regimiento, no sólo en sí guardó limpieza, pero también en tan gran número de personas. ¿Qué virtudes había menester para esto? Túvolas todas, teologales, morales, intelectuales. Los que tienen conversación espiritual han menester con cada uno de los que rigen un seso – sí, así lo digamos-. Con los flacos ha de ser flaco; con los fuertes, fuerte, con los letrados, letrado, para ganarlos a todos, como dice San Pablo. Hizolo todo esto con gran destreza, por cartas y amonestaciones, que enviaba a sus hijas. Por nuestros pecados, ya no hay quien una casa sola bien rija, ni aún de ejemplo de doctrina a una persona, cual se debe dar de mayor a menor, de padre a hijo. La mujer riñe con el marido, dos hijuelos que tiene no se puede valer con ellos sino a puras maldiciones. ¡Qué capacidad para regir tanto número de mujeres en vida espiritual, como lo hizo Santa florentina! No se lee tal cosa de santa ninguna en el Testamento viejo, ni Sara, ni Rebeca, ni Rachel; para sí solas eran buenas y cuando mucho para sus casas, más no tuvieron regimiento de otras. Santa Florentina de infinitas. Y así todas las religiosas y las mujeres, la habían de tener por abogada. Pues luego poderoso fue su linaje y generación espiritual en la tierra.

Lo mismo se puede decir de su generación y linaje temporal. Mirad que antigüedad tan grande y que excelencia de linaje de santos, y de sacerdotes y de reyes. Poderoso fue en la tierra el principio de su linaje, su generación será bendita, áura, gloria y riqueza en su casa. Ved como quiso Dios pagar, aún en esta vida a esta gloriosa Santa con tanto poder, tanta bendición y tanta honra, gloria y riquezas, como se hallan en las casas de los reyes. No se halla linaje después del de Jesucristo, que con el Santa Florentina y reyes de España se pueda comparar. Véase aquí lo dicho en el principio de la relación y discurso del linaje de los reyes de España, que con esta va ya de impreso.

Pues veamos donde vivió y conversó y estuvo y murió, y donde están ahora sus reliquias y en qué tiempo pasó. Satisfaciendo muy en breve estas preguntas, digo que ha novecientos años, en los días del Papa San Gregorio y de San Ildefonso, Arzobispo de Toledo. Y según esto entenderéis que fue monja del hábito de Santo Domingo . La cual Orden de Santo Domingo se había instituido cien años antes, ahora hace mil y cien años. Vivió y conversó Santa Florentina y estuvo y murió en esta ciudad de Ecija y la vida pasó en este Monasterio de Nuestra Señora del Valle, que es su antigua morada y habitación. Y es grande consuelo para los religiosos que aquí estamos, suceder en su casa y lugar. Su cuerpo y el de San Fulgencio, están en Berzocana, junto a Guadalupe, que los llevaron allí los canónigos de Sevilla en la destrucción de España. Y yo los he visto y adorado y dicho misa en su altar. Y si me preguntáis ¿Padre, de dónde sabéis todas estas cosas? Respondo, que ahora un año probamos, por la vía de las tradiciones y sucesión de doctrina esto y otras cosas de la antigüedad de esta casa y de la santa imagen de Nuestra Señora.

Todas estas cosas nos quiso Dios dejar por tradición de los mayores, sin escritura, como lo han hecho en cosa de fe. Y quien de gracia lo quisiere dudar, da muestra de cuán poco sabe de Dios y de los favores que hace a sus santos y de las vías y maneras que tenemos para saber la doctrina y la verdad. De aquí sacamos, siendo esto así, cuanta es la gracia de la antigüedad y con cuanta razón la amamos y queremos todos. Lo primero, porque es cosa segura y muy aprobada de muchos entendimientos. Sabéis que vuestros padres y vuestros abuelos fueron cofrades de Santa Florentina, con razón vosotros lo queréis saber. Porque para dejar las cosas antiguas, ha de haber evidente utilidad, como lo dice Ulpiano en la ley II, cap. De Constitutionibus principum. Lo segundo, porque la antigüedad es un gusto y prueba de la eternidad y perpetuidad del cielo. Seis mil años ha que Abel está en el cielo gozando de Dios y no ha pasado un día por él y Dios es el mismo que antes era.

Novecientos años ha que Santa Florentina goza del cielo, etc. De donde también sacamos, debiéndole nosotros tanto en esta ciudad y siendo tan nuestra, que somos negligentes en hacerle servicios. Había de ser su día, fiesta de guardar. Los cofrades también antiguamente eran muchos y vanse disminuyendo. El oficio divino y la misa le dicen aquí de corrido los padres y sacerdotes. Y esta es la guerra de todos los años, dar prisa y que se acabe todo presto. ¡Por amor de Dios, enmendemos todos esta indevoción y comencemos los sacerdotes a afrentarnos de ver una mujer y tantas doncellas santas con tanto rigor y abstinencia y ayunos y nosotros tan flojos! Afrenta nuestra es, que nos lleven ventajas las mujeres tan flacas. Y esto quería decir que mandaba Dios en la ley, que a la puerta del templo hubiese una bacía en que se lavasen los sacerdotes y estuviese llena de espejos de mujeres. Todos miremos su ejemplo; pidamos socorro para tantas necesidades. Esta guerra de Granada, que tan mal sucede, la falta de agua, que nos muestra Dios los nublados y parece que nos los quita, como quien dice: Velos aquí, pero no lo comerás. Videbis et inde noa comedes. Pidamos el favor a esta Santa. Hagamos penitencia, alcanzaremos gracia y gloria. AMEN.

Ramón Freire Gálvez, nace el mes de Junio de 1952, en la Ciudad de Ecija (Sevilla). Cursa sus estudios primarios en el Colegio Salesiano de Nuestra Señora del Carmen en su Ciudad natal, examinándose de la prueba de ingreso en Osuna, para iniciar y terminar el Bachillerato en el Instituto “Luis Vélez de Guevara” de la citada Ciudad astigitana.

Funcionario de profesión, fue premiado por su trabajo titulado: “La Inmaculada Concepción”, convocado por el Regimiento de Infantería “Melilla 52” de Málaga, durante la prestación de su Servicio Militar. Ganador del accésit en los Juegos Florales de 1989 y 1991, convocados por la Real Academia de Bellas Artes, Buenas Letras y Ciencias “Luis Vélez de Guevara” de Ecija, por sus obras: “Las cigüeñas de las torres ecijanas vieron llegar el tren” y “Sueño en el Valle”, respectivamente.

Ha sido pregonero de la Semana Santa de Ecija en 1990; de la I Exaltación a la Virgen del Valle (Patrona de Ecija) en 1993; de la Semana Santa de Fuentes de Andalucía en 1994; de la Hermandad de la Virgen del Rocío de Ecija y de Mairena del Aljarafe (Sevilla) en 1997 y 1998 respectivamente; pregonero del Carnaval ecijano en 1994.

Desde 1982 a 1992 ostentó el cargo de Hermano Mayor en la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre y Nuestra Señora de los Dolores de Ecija.

Miembro de la ejecutiva en la comisión organizadora para la Coronación Canónica de Nuestra Señora del Valle, Patrona de la Ciudad de Ecija año de 1999, así como en la formada por el CL Aniversario de la Virgen de los Dolores en la Hermandad del Stmo. Cristo de la Sangre, a la que pertenece desde su nacimiento.

Es autor del guión y locución de los videos realizados por la Televisión Municipal de Ecija, titulados: “María del Valle Coronada”, “Historia de Ecija” y “Bosquejos”. Autor de la letra del himno del Ecija Balompié, con motivo del cincuenta aniversario de su fundación, entidad deportiva en la que colaboró como Relaciones Públicas y representante ante la Liga de Fútbol Profesional, durante la militancia del club en la 2ª División del Fútbol español.

Cuenta con numerosas intervenciones en exaltaciones cofrades, tertulias y coloquios, dentro y fuera de su Ciudad natal.

Es autor de las siguientes publicaciones:

• “Fundación e Historia de la Hermandad de la Sangre (Ecija)”
• “Los títulos que el pueblo concede –Apodos ecijanos (I y II parte)”
• “Siete Cortos Relatos”
• “D. Juan N. Díaz Custodio –Ecija, de siglo a siglo”
• “Historias intrascendentes de un Sr. Marqués”
• “Poemario Sangre y Dolor en Jueves Santo (coautor)”
• “XXV años de la Hermandad del Rocío de Ecija”
• “Bosquejo de un tenor de ópera ecijano (Fernando. Valero Toledano)”
• “Diario eclesiástico, necrológico y social –Iglesia de Santa Cruz”
• De la reedición del libro “Ecija, Sus Santos y su Antigüedad”
• “Ayer y hoy de las Hermandades y Cofradías ecijanas”
• “Bosquejos – Manuel Salamanca Tordesillas y José Sanjuán Ariz-Navarreta”
• “Écija, lo que perdimos y lo que no conocimos”
• “Ecija en sepia”
• “El aceite de oliva ecijano Tierras del Sur”
• “Ecija, la pasión según los Evangelios”

Esta nueva publicación, reedición del que quizás podamos considerar, es el primer libro, que si bien no se escribe concreta y específicamente sobre Ecija, si aprovecha Fray Rodrigo de Yepes, en su “Historia de Santa Florentina”, para dejarnos testimonio escrito respecto a la historia, no sólo de dicha Santa sino de la propia España y de sus reyes, y al propio tiempo, de nuestra propia Ciudad, donde el mismo estuvo ejerciendo su misión de monje jerónimo (Vicario) en el Convento de dicha orden, en los años 1569 y 1570, catorce años antes de que viese la luz su obra. Con esta reedición, su autor, Ramón Freire, consigue aportar, para conocimiento de los ecijanos y demás interesados, el contenido de tan preciada y antigua publicación, de muy difícil localización y que, como bien dice el propio autor, sigue los pasos que en los últimos años del siglo XIX hiciera el impresor Juan de los Reyes.

Ya hizo Ramón Freire lo mismo con la obra del jesuita Padre Martín de Roa, titulada: “Ecija, Sus Santos y su antigüedad, eclesiástica y seglar” de 1629, por lo que quizás, con la que en esta ocasión lleva a cabo, haya conseguido dos logros de los más importantes dentro de la literatura ecijana, pues ésta y la citada del Padre Martín de Roa, no sólo por su mucha antigüedad y de muy difícil acceso a las mismas, sino por el contenido que ellas encierran sobre la ciudad de Ecija y su historia, hasta la fecha en que están escritas o publicadas, son dos de los libros que todo ecijano debió y debiera, sino poseerlo, por lo menos conocerlo, aunando Ramón Freire esos dos deseos, que son los mismos que el tenía, pero como siempre, en su afán de compartir cuanto investiga y localiza, lo pone a disposición de todo aquel que esté interesado en conocer nuestra propia historia, pues como se ha dicho en más de una ocasión, un pueblo que no recuerda su historia, no tiene pasado, presente, ni futuro, pues aquella sirve para desechar y repudiar lo mal hecho, sin reconres ni venganzas y al propio tiempo, para intentar recuperar lo bueno y valioso que se perdió o se destruyó, con alegría y satisfacción para las generaciones futuras.