Memorias PAco Rodriguez Ecija

MIS MEMORIAS Y RECUERDOS – IV (Década de los 50)
TABERNAS, BARES, BODEGAS Y TASCAS DE ECIJA – 2ª PARTE
Autor: Paco Rodríguez – 2020.

Paco Rodriguez Ecija

En la calle Nueva o Avenida Miguel de Cervantes, contábamos con los siguientes establecimientos hosteleros:
TABERNA CREMADES. Regentada por MANUEL Y ANTONIO CREMADES HERNÁNDEZ, éste último se hizo cargo del negocio tras la muerte de su hermano Manuel. Estaba situada a principio de la Avdª, Miguel de Cervantes, acera de la derecha, donde actualmente está el establecimiento MILÁ. Esta taberna fue muy famosa por su cerveza de barril, tenía un sabor muy especial, bien fresquita y muy bien tirada. Tapeo propio de la época. Yo recuerdo sus papas fritas y los boquerones fritos. Exquisito todo, y muy bien de precio para los bolsillos pobres de la juventud de entonces. En un local anexo había una heladería de los hermanos Cremades, herederos de Manuel y Antonio. Sus helados también tenían un sabor y estilo distinto, por la elaboración que daban. En un patio trasero tenia futbolines y mesas de billar, donde más de uno aprendimos algo del deporte de las tres bolas. Aquello, como todo en esta bendita Ciudad del Sol tuvo su final, por la construcción del edificio de pisos y locales comerciales existentes en el presente.

TABERNA “EL TRANVIA”. Situada en la misma calle Miguel de Cervantes, haciendo esquina con la calle Padilla, -junto a “Moto-repuestos Cervantes”- Con un amplio escaparate, de ahí que al parecerse a una ventanilla del tranvía así se le denominó. Lo regentaba JUAN GALÁN. Un lugar coqueto, chiquito, con un mostrador bastante amplio, donde de pié la clientela era atendida con agrado por su dueño. Toda clase de tapas que eran normales en esta Ciudad por aquellos tiempos, sin faltar la ensaladilla, a la cual le daba un toque muy original.- En las décadas siguientes fue lugar muy asiduo de unos amigos y compañeros del Ayuntamiento, Jesús García de Soria, Mariano Garfias, Julián Álvarez Pernía, Carlos B. Elías o Ángel Barbudo, con mi incorporación algunos sábados a mediodía, al salir de mi trabajo. En torno a unas cervezas o copitas de vino, se mantenía una tertulia muy amena, con las ocurrencias de cada uno; sobre todo recuerdo con mucha nostalgia y cariño al genial MARIANO GARFIA: ¡qué personaje más singular!. Estaba en posesión de un sentido de la vida, con una filosofía propia de los genios: sus golpes, las anécdotas de su vida muy naturales le fluían a cada instante, dentro de la conversación que se mantuviese. Inolvidable MARIANO GARFIA. Inolvidables también, Julián Álvarez (qué buen Alcalde tuvo Écija, en el primer Ayuntamiento democrático), Jesús García de Soria, también de una gracia natural; además, aprovecho para mencionarlo como un personaje que hizo mucho por la cultura de Écija, fundador la mejor Peña Flamenca que ha tenido esta Ciudad; trabajador incansable e insustituible en todo lo que hacía. Recordar la seriedad de Carlos B. Elías, persona con una cultura muy desarrollada, él sin proponérselo, con su seriedad y fina sátira, daba un toque humorístico cuando dialogaba con Mariano Garfia. En fin, UNA ÉPOCA inolvidable. Desde aquí, homenaje a la memoria de ellos. Que descansen en paz.

BAR CUATRO VIENTOS. Al final de la Avenida Miguel de Carvantes, donde se encuentra en la actualidad otro establecimiento de hostelería con distinto nombre. Su propio nombre lo dice: tenía cuatro puertas al viento. Un servicio excelente; las características del menú, se diferenciaba poco del de todos los establecimientos del ramo en esta Ciudad. Lo hacía muy especial la amplia terraza que era ocupada tanto en invierno, al sol, como en verano, al fresquito de la noche. Sobre todo era centro de parada obligatoria, si ibas a la feria cargado de familia. Aunque en las mencionadas fechas de feria, era bastante imposible encontrar una mesa y sillas. Yo lo disfruté mucho en mi época juvenil y luego más tarde, ya más mayor.

BODEGA “EL MANICOMIO”, situada en la calle Fernández Pintado, un caserón que había en la parte izquierda de la calle, justo en el estrechillo, su dueño era Gaspar García: unas tapas de boquerones riquísimos, asadura con tomate o cualquier tipo de tapas variadas.- Fue mi lugar durante muchas noches, ya de mayor, para tomarme una botellita de vino manzanilla. Gaspar lo traspasó al cabo del tiempo a Rafael Torres, buen amigo mío. Rafael lo tuvo hasta que decidió trasladarse fuera de la Ciudad, creo que a Bilbao. No he vuelto a saber nada de él.

“CASA REINA”, calle del Conde, también famosa por su vino MANZANILLA y la cerveza fresquita de barril, tapas especiales como la sangre con tomate, ensaladilla, o frito variado de pescado. El café como en ninguna parte, el aroma que desprendía su maquinilla perfumaba toda la calle del Conde.

BAR “EL RINCONCILLO”, en Puerta Cerrada, cuyo dueño fue Don Juan Antonio Écija. No recuerdo los nombres de los dos camareros que estaban en el mostrador, pero eran unos personajes muy especiales: simpáticos y muy serviciales; la cerveza de barril, bien tirada, vermut con sifón era su especialidad, o vinos de Montilla, manzanilla de Sanlúcar, tapeo de fritura de pescado o las clásicas tapas de aquella época; su café concentrado quitaba el sueño si se quería estudiar de noche, como era el caso de ENRIQUE GONZÁLEZ ASENCIO, Oficial del Juzgado de Instrucción, mi primer maestro. El aguardiente era especial, y tenía en Écija auténticos degustadores, que no faltaban a la cita mañanera o al terminar la noche.

LA GRILLERA, de Alejandro Martín. Tenía una cristalera, que era un monumento, nada que ver con los cierres que tienen las terrazas de muchos bares en la actualidad; asimismo la carta de tapeo, era muy atractiva para el consumidor; cerveza fresquita y vinos. Un café excelente. Este lugar fue muy popular en la década de los cincuenta. También, como otros establecimiento, fue lugar de culto para los aficionados a los toros, bartolistas o jaimistas. Creo recordar que no aguantó la década de los sesenta y echaron el cierre. Lástima, porque le daba un toque de distinción al entorno de Puerta Cerrada su cristalera de colores. En Écija, desde luego no se implantó la costumbre de mantener joyas arquitectónica como la vidriera de La Grillera: ¡¡Es el sino de los tiempos!!.

TABERNA “RANCHO GRANDE”, lugar muy emblemático en Puerta Cerrada, situada junto a la Posada de Morales; casualmente, en él me tomé la primera cerveza de mi vida, a la edad de 14 años, el día que se casó mi tío Manolo: y me supo muy amarga, no volví a repetir hasta años más tarde. Este establecimiento, como otros que estoy relacionando, no resistieron el paso del tiempo, por las normas reglamentarias, o quizás la situación económica de sus dueños.

BAR MANOLO, frente a la fuente famosa de Puerta Cerrada; también con un buen surtido de tapas, que maridaban los buenos vinos y cervezas, servido todo con una pulcritud a prueba de revista sanitaria. Manolo, su dueño era un persona muy responsable pero amable con la clientela y todo el que acudiera a su establecimiento. El que lo visitaba por primera vez solía repetir asiduamente. Su hijo Juan Antonio, excelente amigo del que suscribe, muy pequeño aún, echaba una mano a su padre.

BAR PEREA, justo en la barrera de la Plaza de Puerta Cerrada, con puerta a calle San Juan Bosco. Este Bar era muy frecuentado por mi familia: era el más cercano a la calle Avendaño. Su dueño Antonio Perea, con su hijo Antoñito –el más alto de los ciudadanos de Écija, durante mucho tiempo, medía 1,95 m-, atendían a la clientela con diligencia y amabilidad, sirviendo unos condumios en forma de tapas, bien cocinadas por Doña Ana, matriarca de la singular familia. Otro hijo de ella, mi amigo Nicolás, que murió muy joven, en la década de los setenta. Una excelente persona, como todos los miembros de la familia, quién posteriormente regentó la “Imprenta Bersabé” en la calle Carrera.

TABERNA “EL PICAILLO”, junto al Colegio del Carmen, siempre fue, y en la actualidad lo sigue siendo, en manos de sus herederos, un establecimiento emblemático en el Pueblo: su buena cocina, su cerveza fresquita, sus vinos y un café extraordinario, le daban la suficiente popularidad para que acudiera gente de todas partes de Écija. Así es hoy, desde luego, bien remodelado a los tiempos actuales, y una terraza muy del gusto de la gente que acude.

EN LA PLAZA DE COLÓN, fueron muy conocidos los siguientes establecimientos, con un número fijo de clientes:
TABERNA “CASAPAILLA”, esquina de la calle Sevilla. Un lugar sencillamente apetecible de visitar, sobre todo por su jarra de cerveza, de todos tamaños, bien tirada y muy fresquita. Tapas de calamares como en ningún otro sitio, asadura, sangre encebollada y otras especialidades de la cocina ecijana. En la época veraniega daba un placer extraordinario visitar Casa Pailla, porque en el patio interior se estaba muy a gusto y fresco, en razón a la vela-toldo, que conseguía un ambiente ideal para el calor, a cualquier hora del día. Un atractivo más consistía en los precios tan asequible a todos los bolsillo. Por su puesto un personal que te atendía estupendamente.

TABERNA EL CEROTE, frente a la fuente de Colón, con buenas tapas, cerveza fresquita y buenos vinos.- Un sitio que en la Semana Santa, adquiría la categoría de un palco, pues por allí pasaban todas las cofradías. Desde luego el mostrador se ponía hasta los topes. Por algo sería.

BAR EL PUCHERO. Un lugar con una personalidad y encanto ESPECIAL, para el barrio de Colón y sus alrededores. Del dueño del Puchero tengo buenos recuerdos: JOSÉ PRADAS, todo un personaje del barrio, muy amable, educado, simpático y excelente persona. Dones que heredó su hijo JUAN, amigo entrañable de quien suscribe esta crónica; fue socio fundador de la añorada Peña Flamenca, en la década de los setenta; colaborador y trabajador incansable. Tenía una especial habilidad, o intuición comercial y profesional que lo hacía ser diferente a todos los demás dueños de bares Écija. Fue Presidente de la Asociación de Hostelería, donde hizo una gestión insuperable. Además de ser un cocinero imaginativo, que ideaba menús que ni el mejor chef del mundo podría igualarle. Lo digo con conocimiento de causa y del personaje. JUAN se nos fue muy joven, un golpe muy fuerte y muy duro para su familia y amigos. Una lástima que personas así, con unas ganas de vivir enormes y de hacer cosas por los demás, se tengan que marchar sin avisar. FUE ÚNICO, el numero uno se le quedó pequeño. Dios no quiso dejarlo más tiempo con nosotros, hasta que cumpliera todos sus objetivos. D. E. P, tanto él como su buen padre y su inigualable madre ANITA, quién reunía todos los requisitos para haber sido canonizada en vida. Ahora está en los altares de nuestros corazones.

BAR NAUTILU, en la calle Carmen, esquina con Avdª. María Auxiliadora, en el que sus dueños, Juan Concepción, Carmelita, sus hijos Alfonso y Juani, y su sobrina Pepi, con la ayuda inestimable de Valle Varo Encina, que era ayudante y brazo derecho de la familia Concepción: tanto en la cocina como en el establecimiento en general. Todos ellos hicieron confortable y feliz la estancia en el local, o en su gran terraza. El tapeo de categoría, su pescada rebosada, asadura, los callos como en ninguna parte. Todo ello conformaban el ambiente ideal para pasar un buen rato, los precios asequibles resultaba aún más apetecible la visita, convirtiéndose en un lugar obligatorio. D.E.P, tanto Carmelita, Juan Concepción, Alfonso y Valle Varo Encina.

EN PUERTA PALMA, tengo que hacer un recordatorio a las dos tabernas de la familia Marín, una se llamaba “LA PERLA”, esquina calle Mayor y calle Merinos. Frente a ella estaba la de los hermanos “EL NEGRO”. Yo era muy pequeño cuando iba por allí con mis tíos, Manolo o Paco. Ya de mayor también acostumbraba a ir por aquella zona muchas veces. El ambiente animado era el que le proporcionaba el trasiego de los trabajadores que residían en Puerta Palma. El consumo de cerveza fresquita en verano, los buenos vinos de Andalucía y el servicio de tapeo, que era excelente, gracias a la buena cocina que tenían ambos establecimientos, hacía que a las horas punta, estuvieran empetaos, sobre todo los fines de semana. Daba gusto pasear por aquella zona de Puerta Palma. Cómo se destacaba los días de ferias (mayo y Septiembre). Ese barrio, que era uno de los más señeros de Écija, tenía un encanto especial. Su gente de la calle Mayor, Puerta Palma, La Calzá y calle Merino, eran un ejemplo de trabajadores y buenas personas. Les recuerdo con nostalgia, sobre todo a los desaparecidos hermanos Marín: José, Fernando, Pablo, Juan y Antonio. Alfonso (de La Perla) y Juan Marín el de La Perla, -éste aún vive, y por muchos años, pero dedicado a otro tipo de negocio en calle San Juan Bosco. Además de ser “alma matter”, en un evento de su creación: “Tienta Panza”, que cada año, en navidad, adquiere una relevancia sublime, al pasearse por las calles de Écija. JUAN MARIN, además de ser un constante e incansable trabajador, es una persona de grandes ideas y proyectos: su cabeza siempre anda cavilando nuevas realizaciones. Desde aquí le deseo suerte en todo lo que emprenda, por el bien de ÉCIJA y sus tradiciones. De su hermano ALFONSO MARIN, fui muy amigo, también se nos fue muy joven; fue socio fundador de la añorada Peña Cultural flamenca Ecijana. Un trabajador incansable. Además de estar dotado de una inteligencia poco común. En tiempos difíciles de la transición, dio la cara defendiendo el andalucismo. Ellos y toda la saga de los hermanos Marín fueron gente trabajadora y honradas. Lástima que el tiempo y el sino, quiso llevárselos muy jóvenes aún. D.E.P.

TABERNA “EL FEO”, regentada por Manuel Nogueras Fijo, situada justo al final de la calle José Canalejas, en Puerta Palma, en la esquina con La Calzá. Un bar que estaba siempre hasta los topes; sobre todo en la Semana Santa, porque todas las cofradías pasaban por la puerta y servía de parda de los integrantes de la cofradía.

TABERNA LA TORRE, junto a la Iglesia de Santa Cruz.- Muy tradicional el sitio, que también se perdió por mor de ese inexorable motivo, que es el tiempo, la edad del dueño Paco, que hizo que se jubilara. Muy concurrido durante la semana cuando los trabajadores daban de mano al final de la jornada. En días de fiestas, sobre todo en la Semana Santa era muy frecuentado por los feligreses de la parroquia.

BAR EL MONTAÑÉS.- En la Plaza de Giles y Rubios, junto al Puente. Regentado por la familia Bermudo, ha sido siempre un establecimiento muy famoso y concurrido, no solo en el barrio del Puente sino en toda la ciudad, que acudía a degustar las exquisitas tapas y raciones que elaboraba la cocina; muy cómodo y guardando una limpieza pulcra en el servicio. Recuerdo de niño haber visitado aquél Bar acompañado de mi tío Martín Tirado y el Abogado Don Francisco Carrasco, clientes asiduos del establecimiento. Guardo muy buenos recuerdos del patriarca. Todo un señor atento y agradable con todo el mundo. D.E.P.- Actualmente cerrado.

TABERNA “EL PASAJE”, situada en la misma Plaza del Puente o Giles y Rubio. Su encargado, en principio, fue Pepe Silva Martín “El Pirula”. Después se hizo cargo su hermano Vicente, quién lo ha mantenido abierto hasta hace bien poco tiempo. Fue muy conocido y reconocido, tanto por la clientela del barrio como de todas partes de la Ciudad. El condumio era el normal de todos esos negocios: la clásica ensaladilla; las frituras, la asadura con tomate o embutidos. Regado todo ello con una buena cerveza de barril o vinos de Andalucía.

BAR PACO. En el mismo Puente, regentado por Paco Postigo y su familia. Buenas tapas de la gran cocinera que fue su esposa. Cervezas, vinos y el clásico “mañaneo” de café y copas de coñac o aguardiente, del personal que iba para el tajo a trabajar, muy de mañana. A la vuelta cuando daban de mano era parada obligatoria.

BAR MIRAMAR. Regentado por Juan Prada y su señora. En unos tiempos fue lugar obligatorio para celebrar cualquier acontecimiento social, aniversario, onomástica, etc…- Sus raciones, de gambas al ajillo, o de lomo al Jerez eran muy solicitadas y apetecibles: tenían un toque especial. Otros productos, como su jamón, o embutidos varios; frituras de pescado o tortillas..etc.. Excelentemente atendidos, con limpieza, educación, discreción y con agrado por parte de los dueños, era un lugar para visitarlo siquiera una vez a la semana.

LA CASITA DE PAPEL.- Culmino la crónica de Establecimientos de hostelería, que tan populares fueron en la década de los años cincuenta, a la que me estoy refiriendo, con un establecimiento que supe de su existencia, pero que no llegué a visitarlo, independientemente de que estaba lejos de mi residencia y que nadie de mi familia me llevó, es que a finales de la década tuve conocimiento de su cierre, y los dueños marcharon de esta Ciudad a Madrid. Sí conocí a uno de ellos, ANTONIO ANGELINA, porque acostumbraba a ir a la Clínica Veterinaria que tenia Don Francisco Fernández Figueroa, y de verlo entrar y salir en mi casa, pues tenía mucha amistad con mi familia, le cogí afecto. Supe que se dedicó a la canción melódica con una orquesta que había en la Ciudad. También se trasladó a Madrid. No tuve más conocimiento de él. Pero me consta, por mi familia, que era una persona excelente y generosa.

*NOTA.- La calle Miguel de Cervantes, o calle Nueva, terminaba en el Cerro, o sea junto al Parque Infantil. Su prolongación, hasta la desembocadura de la N-IV, tuvo lugar con el impulso que dio a la Ciudad el que fue un ALCALDE inolvidable, DON JOAQUIN DE SOTO CEBALLOS. Con él comenzaron obras y urbanización de viviendas, a ambos lados, que posibilitaron la apertura del Bar avenida, de José Farfán. Al final a la derecha abrió JOSÉ SILVA MARTÍN, lo que sería “Casa Pirula”, luego se convirtió Hotel Ciudad del Sol, con ***. Pero todo ello corresponde, como he apuntado, a la década de los años sesenta.