RECUERDO A “EL ANIS”
REVISTA FERIA DE ECIJA – 2008
Autor: Federico Gómez Franco

Taller el Anis EcijaFederico Franco Márquez, más conocidos por todos como el “Anís”, apodo que le fue otorgado, no porque tuviese un gusto desmedido hacia esta bebida, sino porque su alumbramiento tuvo lugar en el “Molino El Anís”, situado en la carretera de Marchena, a pocos kilómetros de nuestra localidad.

Nos encontramos ante un hombre polifacético e inquieto desde su más temprana edad, participando de joven como chirigotero en los carnavales ecijanos a la vez que trabajaba en las labores propias del campo, como escobero o en el tejar en la fabricación de ladrillos. Al mismo tiempo formaba parte del equipo de fútbol local, donde jugaba como portero, llegando a conseguir a finales de la temporada 1935-36, un contrato con el Córdoba C.F., equipo que por aquel entonces militaba en primera división nacional. Pero la contrariedad se cruzó en su camino y el estallido de la guerra civil impidió su incorporación al equipo, pues fue llamado a filas donde permaneció hasta el final de la guerra, en la que recibió dos impactos de bala.

Tras su paso por el ejército y su vuelta a nuestra ciudad, desempeñó trabajos como el de vendedor ambulante en bicicleta por el campo, manigero o la de churrero, con la instalación de un puesto de churros en las cuatro esquinas del Carmen. De todas sus facetas, la más conocida por todos, fue la de mecánico de bicicletas, la cual desempeñó durante la friolera de 35 años, en su taller situado en la calle del Carmen esquina con la calle San Gregorio, frente a la iglesia del mismo nombre.

Se trataba de un local de planta irregular, con suelo de cemento maltratado por el tiempo y por las labores propias del negocio; paredes encaladas de las cuales sobresalían grandes alcayatas y de donde colgaban ruedas reparadas y nuevas, así como algunas fotografías y algún que otro calendario propio de este tipo de establecimiento. El local, aunque modesto, disponía de todos los útiles necesarios para el desempeño de su trabajo, haciendo especial reseña de la típica pileta de localización de pinchazos y del centrador de ruedas, creado por él mismo, siendo esta una tarea de ardua dificultad que “El Anís” dominaba como nadie. En su trastienda almacenaba indiscriminadamente infinidad de bicicletas revueltas con todo tipo de accesorios y chatarra en general, elementos muy socorridos en la época para buscar soluciones económicas de aquellos clientes cuya situación no les permitían un desembolso elevado o, en muchos casos, ningún tipo de pago. Sobre su fachada no era extraño encontrar grupos de bicicletas desplomadas sobre la pared, agolpadas como si fuesen fichas de dominó, llegando en ocasiones a ocupar casi la mitad de la calzada, circunstancia que al propio “Anís” le abrumaba, hecho que muchos aún recordaran, pues era multitud la chiquillería que iba al garaje para inflar las ruedas de sus bicicletas.

Taller Bicicletas el Anis EcijaEl taller, conocido como e “Garaje del Anís”, era punto de encuentro de los vecinos, siendo muchas las anécdotas que continuamente se sucedían, siendo la más contada por el propio ”Anís” a su allegados “la del sepulturero municipal”, el cual solía hacer con cierta asiduidad una parada para beber agua del búcaro del taller, cosa que él jamás le negó, aunque cuando el enterrador salía por la puerta, el “Anís” golpeaba el porrón con un martillo rompiéndolo en mil pedazos. Y es que en su interior estaba convencido que a la hora de exhumar los cadáveres se desprendían una serie de gases nada saludables; y que ese hombre, al cual veía delgaducho y con mala cara, los echaría sobre su porrón.

Tras la jubilación, siguió vinculado al mundo de la bicicleta, en la que continuó montando hasta sus últimos días junto con su compañero de salidas Pepe Gálvez “Juanillón”. También, tras el cierre del garaje, se acentuó mas en él su faceta artística, destacando como maquetista, principalmente de las torres ecijanas, pasos de Semana Santa, barcos, aviones, belenes vivientes y un sinfín de proyectos que con trabajo y constancia supo llevar a buen puerto.

Por último, hacer saber que de todas sus facetas, en la que sobresalió con brillantez, fue en la de marido, padre y abuelo, en la que demostró en todo momento una entrega y dedicación total hacia los demás, pues era una excelente persona y estaba dispuesto para todo, siendo la alegría de la fiesta y en definitiva estando siempre ahí donde se le necesitaba. De corazón… ¡Gracias abuelo!.